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Desde que somos chicas 

Por Malena Mendoza Venier

No hay mujer o niña que no haya pasado por una situación de violencia machista, un abuso, una agresión sexual, o por sentir el miedo y la incomodidad al estar sola con un hombre del que desconfía o al que desconoce. De mandar la ubicación en tiempo real al estar en un taxi, del famoso “ya llegué” y el miedo de no recibir —o no enviar— ese mensaje.

Hoy en día es imposible no haberlo vivido en carne propia. Incluso, en muchos casos, sin dimensionar la gravedad del asunto: pasarlo por alto, entender años después que algo estuvo mal, o incluso no llegar a hacerlo nunca. Estamos acostumbradas a ser juzgadas y culpadas, aun cuando somos las víctimas.

No es normal que una nena de cinco años reciba un discurso de su madre cuando empieza la escuela —cuando tendría que estar pensando en jugar y divertirse— diciéndole que nadie tiene derecho a sobrepasarse con ella. Poniéndola en alerta, porque así vivimos. Tampoco es normal que, cuando algo ocurre, su familia la castigue o ponga en duda su relato. Un entorno que eduque sobre sexualidad y sobre abuso es casi tan importante —o más— que el acompañamiento psicológico ante una posible situación.

Precisamente hoy, con la marcha, y en una sociedad atravesada por un hecho tan terrible como el de Agostina —como el de tantas otras niñas y jóvenes que no llegan a mediatizarse—, es cuando debemos tomarnos el tiempo de preguntarnos qué estamos haciendo mal. A once años de la primera marcha del Ni Una Menos, no bajan de 200 los femicidios anuales registrados. Inconmensurables las situaciones de violencia, reportadas o no. 

Y tantas más que quedan calladas por miedo o vergüenza; después de todo, la más expuesta es la víctima, a quien le ponen cara, y no el victimario, del que se muestra el rostro difuminado.

Año tras año, alguno de esos casos se vuelve una cuestión mediática. Y es entonces cuando las mujeres atravesamos la inexplicable sensación de angustia, porque otra de las nuestras vivió nuestra peor pesadilla. Porque a otra de las nuestras le arrebataron esos sueños por cumplir, esas metas por alcanzar. Este año le tocó a Agostina Vega. 14 años, toda una vida por delante. Su profesor de música compartió su primer trabajo, su sueño de ser psicóloga se vio frustrado por un hombre que se aprovechó de su inocencia y decidió terminar con su vida. 

Tenía seis años cuando fui consciente de un femicidio: Candela Sol Rodríguez, 11 años. Tuve ocho cuando encontraron sin vida a Ángeles Rawson en un contenedor. Estaba en el último año de primaria cuando llevaron el cuerpo de Lucía Pérez a la sala médica, sin signos vitales. Todavía hoy recuerdo a cada una de ellas, y cada caso nuevo me genera la misma angustia, el mismo dolor y ese sentimiento indescriptible en el cuerpo. Por ellas y por todas, Ni Una Menos.

 

Fotografía: Federico Oliver Pardo

Los 30 momentos más icónicos de la historia de los Mundiales

Por Multimedia 2g tt

Coordinadores: Celeste Roa, Iñaki Eliceche y Alexandra Jara

A lo largo de la historia de los Mundiales, el fútbol regaló momentos que quedaron grabados para siempre en la memoria de millones de personas. Goles inolvidables, atajadas históricas, festejos eternos y escenas llenas de emoción transformaron a cada Copa del Mundo en mucho más que un torneo. En esta nota repasamos algunos de los momentos más icónicos de la competencia, aquellos que marcaron generaciones y convirtieron al fútbol en una pasión universal.

 

1- Zaire 1974: jugar para sobrevivir

Por Lucas Svaluto

En el Mundial de 1974, la selección de Zaire —hoy República Democrática del Congo— vivió una de las historias más oscuras del fútbol. Tras caer ante Escocia, y ser humillados 9-0 por Yugoslavia, los jugadores recibieron amenazas de muerte del dictador Mobutu Sese Seko: si perdían por más de tres goles frente a Brasil, no volverían a su país.

Con el 3-0 en contra, Mwepu Ilunga irrumpió en un tiro libre rival para demorar el juego y evitar el cuarto tanto. Lo logró: Zaire sobrevivió, pero sus futbolistas terminaron olvidados, y en la pobreza.

 

2- El baile de Sudáfrica en su casa

Por Juan Cruz Sanchez 

Siphiwe Tshabalala hizo estallar a Sudáfrica. A los 55 minutos del partido inaugural ante México, marcó el primer gol del Mundial 2010 con un zurdazo inolvidable al ángulo. La hinchada local rugió como nunca: era el anfitrión abriendo su propia Copa del Mundo.

Después llegó el baile junto a sus compañeros, casi tan famoso como su zurdazo; una celebración que se volvió símbolo de alegría, orgullo y pertenencia africana. Aquel grito trascendió el resultado: fue el momento en que todo un país se sintió protagonista del planeta fútbol.

 

3- Corea 2002: hazaña bajo sospecha

Por Alexandra Jara

El Mundial organizado por Corea del Sur y Japón quedó marcado por una historia inesperada: la sorprendente campaña del conjunto surcoreano. Los locales avanzaron hasta semifinales, eliminando a gigantes como Italia y España.

Pero el cuento épico tuvo un costado polémico. En el partido ante Italia, el árbitro Byron Moreno fue señalado por decisiones controvertidas, incluida la expulsión de Francesco Totti. Luego, frente a España, dos goles anulados encendieron aún más la discusión.

Corea del Sur hizo historia al llegar a semifinales, donde cayó ante Alemania. Sin embargo, su recorrido quedó en la memoria no solo por lo deportivo, sino por un debate que aún hoy divide opiniones: ¿hazaña inolvidable o ayuda arbitral?

 

4- Zidane y un penal a lo “Panenka”

Por Celeste Roa

En la Final del Mundial 2006, apenas comenzaba el partido cuando Marco Materazzi derribó a Florent Malouda dentro del área italiana. El árbitro argentino, Horacio Elizondo, marcó penal para Francia. Frente a Gianluigi Buffon, Zinedine Zidane eligió la audacia: picó la pelota con una “Panenka” que golpeó el travesaño y cayó detrás de la línea, dentro del arco. Los franceses reclamaron el gol mientras que los italianos dudaban. Finalmente, el juez validó la jugada y el estadio explotó festejando el 1-0 en Berlín.

 

5- La atajada del Dibu Martínez a Kolo Muani

Por Pedro Fay

A los 122 minutos de la final de la Copa Mundial de Qatar 2022 entre Argentina y Francia, cuando el partido parecía escaparse, apareció la figura de Emiliano Martínez. Randal Kolo Muani quedó cara a cara y sacó un derechazo letal. El silencio invadió por completo al Lusail; instantes después, explotó.

Dibu salió enorme y, con la pierna izquierda, desvió una pelota que tenía destino de red. Fue una atajada histórica; un reflejo salvador que mantuvo viva a la Argentina para ir a los penales, que terminaron en el tercer campeonato del mundo. Esa reacción quedó marcada para siempre, y está en el recuerdo de los grandes momentos en la historia de los Mundiales.

 

 

6- Pelé campeón del mundo a los 17 años

Por Solange Pizarro

Con apenas 17 años, Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé, deslumbró en la Copa Mundial de Suecia 1958 y dejó una marca imborrable en el fútbol. El 29 de junio, en la final ante Suecia, el joven brasileño marcó dos goles en el triunfo 5-2 que le dio a Brasil su primera Copa del Mundo. Dueño de una técnica brillante y una madurez sorprendente, Pelé se convirtió en el jugador más joven en ganar un Mundial, una marca que aún no fue superada, y dio inicio a la leyenda del eterno “Rey del fútbol”.

 

7- Just Fontaine: el récord eterno de 13 goles en un Mundial

Por Joaquin Otranto 

En la Copa Mundial de 1958, el francés Just Fontaine protagonizó una de las mayores hazañas del fútbol al convertir 13 goles en solo seis partidos, un récord que sigue vigente. Su actuación más recordada fue ante Alemania Occidental por el tercer puesto, donde anotó cuatro goles en la victoria 6-3. También brilló frente a Paraguay con un triplete clave. Con su olfato goleador y eficacia, llevó a la Selección de Francia al tercer lugar y quedó en la historia.

 

8- El triplete de Mbappé en una final del mundo

Por Julieta Nicodemo 

En la final del Mundial disputada en Qatar el 18 de diciembre de 2022, el francés Kylian Mbappé protagonizó una actuación pocas veces vista. A los 80’ descontó de penal para poner el 2-1 frente a Argentina y, apenas 97 segundos después, empató 2-2 con un gol de volea. En el alargue, minuto 118, volvió a convertir de penal para sellar su triplete y llevar el partido al 3-3. El delantero francés se convirtió en el segundo jugador en anotar tres tantos en una final del mundo, algo que solo había conseguido Geoff Hurst en 1966. Sin embargo, el triunfo fue para Argentina tras la definición por penales.

 

9- El único gol olímpico en la historia de los Mundiales

Por Bruno Gomez Campos 

El 3 de junio de 1962, Marcos Coll convirtió el primer y único gol olímpico en la historia de los Mundiales. Ocurrió en el estadio Carlos Dittborn de Arica, durante el partido entre Colombia y Unión Soviética por la fase de grupos de la Copa Mundial de 1962. El conjunto soviético ganaba 4-1 cuando, a los 23 minutos del segundo tiempo, Coll ejecutó un tiro de esquina desde la izquierda. La pelota ingresó directamente al arco defendido por Lev Yashin, sin tocar a otro jugador. Luego de ese gol, Colombia marcó dos veces más y el encuentro terminó empatado 4-4.

 

10- La mano que cambió la historia en Sudáfrica 2010

Por Agustín Jiménez

En los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010, Uruguay y Ghana igualaron 1-1 en un partido cargado de tensión y dramatismo. A segundos del final del alargue, Luis Suárez evitó sobre la línea un gol con la mano y fue expulsado.

Mientras el estadio explotaba entre insultos y sorpresa, Asamoah Gyan falló el penal que podía darle a Ghana el pase histórico a semifinales. Uruguay sobrevivió en los penales y avanzó; fue una noche que convirtió a Suárez en héroe para unos y villano para otros.

 

 

11- El bidón de Bilardo ante Brasil

Por Ignacio Mazzo

En los octavos de final del Mundial de Italia 1990, el defensor brasileño Branco bebió agua con tranquilizantes proveniente del banco de la Selección Argentina, comandado por Carlos Bilardo, en el Estadio Delle Alpi de Turín. El futbolista afectado, quien manifestó haber sentido mareos en el campo de juego tras ingerir el líquido del bidón, denunció públicamente una maniobra intencional para perjudicar su rendimiento físico.

Aunque el cuerpo médico argentino de aquella época desestimó las acusaciones y la posterior confesión de Diego Maradona sobre el uso de sustancias reactivó una de las polémicas más recordadas en la historia.

 

12- La salida de Ahn Jung-Hwan del Perugia tras eliminar a Italia

Por Ignacio Mazzo

Durante el Mundial de Corea-Japón 2002, el delantero Ahn Jung-hwan fue despedido del Perugia de Italia tras anotar para Corea el gol de oro que eliminó a la selección italiana en octavos de final. Minutos después del partido, el presidente de la institución, Luciano Gaucci, anunció la rescisión de su contrato argumentando que el jugador había arruinado al fútbol italiano. El atacante, que ya sufría por la mala relación y las burlas de sus compañeros de equipo, declaró sentirse herido en su orgullo y juró nunca regresar a la Serie A.

 

13- La amenaza de Mussolini antes de la final de 1934

Por Maximiliano Gerstel

En el Mundial de Italia 1934, antes de la final del mundo, Benito Mussolini presionó a la selección italiana para ganar el torneo. Los jugadores recibieron mensajes con amenazas y frases como “Ganen, si no, cash”, haciendo un gesto con la mano similar a que les iba a cortar la cabeza. El dictador quería usar el fútbol para mostrar poder y orgullo nacional. Muchos futbolistas sintieron miedo y jugaron bajo una gran presión. A pesar del ambiente tenso, Italia se coronó campeón 2-1 frente a Checoslovaquia y el Mundial quedó marcado por la influencia política del fascismo.

 

14- El primer país africano en ser semifinalista de un Mundial

Por Rodrigo Silva

Marruecos hizo historia en la Copa Mundial de Qatar 2022 al convertirse en el primer país africano en alcanzar una semifinal en la historia de la competencia. Logró la hazaña tras derrotar a Portugal por 1-0 en los cuartos de final, con un gol de Youssef En-Nesyri.

En las semifinales se enfrentaron a Francia donde cayeron 2-0, los goles los convirtieron  Theo Hernandez y Randal Kolo Muani. Después se midió ante Croacia por el tercer y cuarto puesto, donde cayó 2-1.

 

15- La mano de Dios y el gol del siglo

Por Paulina Ciezar

En el Mundial de 1986 y a cuatro años de la Guerra de Malvinas, Argentina e Inglaterra se volvieron a enfrentar en un partido cargado de emoción y simbolismo. Diego Armando Maradona escribió allí una de las páginas más inolvidables del fútbol. A los 51 minutos llegó la Mano de Dios: un salto entre defensores ingleses, una mano disimulada y un gol que el árbitro convalidó mientras Inglaterra reclamaba. Apenas cuatro minutos después, nació algo todavía más grande. El Diego tomó la pelota a mitad de cancha, dejó rivales en el camino y gambeteó hasta al arquero antes de definir. Años más tarde, la FIFA nombró aquella jugada como “El gol del siglo”. En pocos minutos, Maradona convirtió un partido en leyenda eterna.

 

16-  El Maracanazo de 1950

Por Iván Martínez

El 16 de julio de 1950, la historia del fútbol cambió para siempre en Río de Janeiro. Brasil solo necesitaba un empate ante Uruguay para coronarse campeón mundial en su flamante estadio Maracaná. Ante casi 200 mil almas, el local abrió el marcador y la fiesta parecía asegurada. Sin embargo, la garra charrúa desafió al destino. Con goles de Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia, Uruguay dio vuelta el partido 2-1. El pitazo final desató un silencio sepulcral en el estadio y un luto nacional en Brasil, consolidando la hazaña más grande de los Mundiales.

 

17- Lucien Laurent, el hombre que abrió la historia de los Mundiales

Por Agustín Jiménez

El 13 de julio de 1930 comenzó el primer Mundial de fútbol en Uruguay. En el estadio Pocitos de Montevideo, Lucien Laurent quedó para siempre en la historia al convertir el primer gol en una Copa del Mundo.

El delantero de Francia marcó ante México, tras una rápida jugada colectiva, y desató el festejo francés. Aquel remate no solo abrió el partido; también inauguró una historia que, décadas después, transformaría al Mundial en el evento deportivo más visto y seguido del planeta entero.

 

18- Luis Monti, el único finalista con dos selecciones diferentes

Por Santiago Fleitas

Roma, 1934. Cuatro años después de haber jugado la primera final mundialista con Argentina en Montevideo (derrota ante Uruguay), Luis Monti volvió a disputar el partido decisivo de una Copa del Mundo, aunque esta vez vestido de azul italiano. 

Nacionalizado por la “Azzurra” y bajo la presión del régimen de Benito Mussolini, el aguerrido mediocampista fue pieza clave en la victoria 2-1 sobre Checoslovaquia en tiempo suplementario. Italia conquistó así su primer Mundial y Monti quedó en la historia como el primer futbolista en jugar dos finales con selecciones distintas.

 

19- La vez que Alemania enfrentó a Alemania

Por Valentín Rodríguez Costich

Tras la división de Alemania en Democrática y Federal consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, ambos equipos se enfrentaron por primera vez en la fase de grupos del Mundial de 1974 para definir quién ganaba el grupo. El encuentro no solo era un enfrentamiento de fútbol, sino que era un choque de ideologías, el lado democrático se caracterizaba por el socialismo y el territorio Federal por el capitalismo. Con el gol de Jürgen Sparwasser, el duelo terminó 1-0 a favor de la República Democrática Alemana que a pesar de ganar el grupo quedó eliminado en la siguiente ronda, mientras tanto la República Federal de Alemania se coronó campeón ganándole a Países Bajos en la final.

 

20- El penal de Roberto Baggio

Por Santiago Fleitas

Pasadena, 1994. El calor aprieta y el silencio pesa en el Rose Bowl. Tras 120 minutos sin goles, la final del Mundial entre Brasil e Italia se definió por penales. Roberto Baggio, héroe italiano durante todo el torneo pese a jugar lesionado, camina hacia la pelota con un país entero sobre los hombros. Del otro lado espera Cláudio Taffarel. El “10” toma carrera y remata alto: la pelota se pierde en el cielo californiano. Brasil festeja el tetracampeonato y Baggio queda inmóvil, cabeza baja y manos en la cintura. Una postal eterna del fútbol.

 

 

21- La mordida de Luis Suárez

Por Pedro Ayerdi

Mundial de Brasil 2014, Luis Suárez llega con hambre tras una lesión en su rodilla izquierda. Uruguay se juega la clasificación a octavos frente a Italia. Los charrúas salen a la cancha con los cuchillos entre los dientes para ganar como sea. Minuto 78, el marcador está empatado 0-0, Suárez y Giorgio Chiellini forcejean cerca del punto de penal y el Pistolero decide cambiar sus armas por los colmillos, tirándole un tarascón en el hombro como perro con rabia. El árbitro no lo ve y dos minutos después Diego Godín anotó el gol que le dio la clasificación. Finalmente esa mordida feroz le devoró 4 meses de fútbol.

 

22- Italia y Argentina, sedes en dictadura

Por Mateo Tempone

En 1934, Italia organizó un Mundial atravesado por las propagandas del fascismo. Las tribunas, las banderas y hasta los triunfos deportivos quedaron ligados a la imagen que el régimen quería mostrarle al mundo. Décadas después, en 1978, Argentina también convirtió el Mundial en una vidriera política mientras que el terrorismo de Estado avanzaba en silencio. En ambos casos, el fútbol fue usado como un escenario de celebración nacional y como herramienta para ocultar el miedo, la censura y la violencia que marcaban en la vida cotidiana.

 

23- El cabezazo de Zidane

Por Farid Esper

El 9 de julio de 2006, en la final de la Copa del Mundo, Francia e Italia empataban 1-1 en un partido muy tenso. Zinedine Zidane, capitán francés y una de las máximas figuras del torneo, disputaba el último encuentro de su carrera profesional. En el segundo tiempo suplementario, tras una discusión con Marco Materazzi, Zidane reaccionó con un cabezazo en el pecho del defensor italiano. El árbitro lo expulsó y Francia terminó perdiendo la final por penales. 

 

24- El gol que nadie vio

Por Nicolás Giulietti

En 1930, el fútbol se vivía con pasión, pero también con incertidumbre. No existían repeticiones ni cámaras que confirmaran lo sucedido; cada decisión del árbitro podía convertirse en verdad absoluta. En ese contexto, un partido quedó marcado por una jugada que sembró discusión y asombro en todo el mundo entero.

Inglaterra vs. Alemania Occidental fue protagonista del llamado “gol fantasma”: un remate de Inglaterra que parecía no haber cruzado la línea, pero que el árbitro convalidó sin dudar. Desde entonces, ese gol quedó como un símbolo de las injusticias del fútbol, y de los errores que pueden cambiar la historia.

 

25- La atajada de Casillas ante Robben

Por Tomás Golfo

En la final de la Copa del Mundo de 2010, Arjen Robben tuvo el triunfo para los Países Bajos, ya que a los 16 minutos el estadio quedó paralizado. Se hizo un silencio, y el jugador neerlandés trasladaba la pelota con su botín izquierdo, pero, a la hora de definir, Iker Casillas salió rápidamente a achicar y se estiró con todo su cuerpo. La pelota se estrelló en su botín, el estadio estalló y todos los aficionados españoles gritaron su nombre. Fue tal el envión anímico que, a los 16 minutos del segundo suplementario, llegó el ansiado gol de la victoria para la Roja.

 

 

26- La lesión del Tata Brown

Por Ciro Franco

En la final del Mundial de México 1986, José Luis “Tata” Brown protagonizó una de las imágenes más recordadas de la historia del deporte argentino. A los 23 minutos del primer tiempo, el defensor marcó de cabeza el primer gol de Argentina contra Alemania Federal; minutos después, una mala caída le provocó la luxación del hombro derecho.

Sin cambios disponibles, Brown se mordió la camiseta, rompió la tela con los dientes y metió su dedo a través del agujero; así improvisó un cabestrillo para inmovilizar el brazo. Su entrega se convirtió en símbolo de sacrificio, y ayudó a que Argentina ganara 3-2 y levantara la Copa del Mundo.

 

27-  El cambio de pelota en la primera final mundialista

Por Tomás Cepeda

Uruguay y Argentina fueron los protagonistas en la primera final del Mundial en 1930. En aquella instancia, en el estadio Centenario de Montevideo, se utilizaron dos pelotas distintas en cada tiempo porque ambas selecciones no se ponían de acuerdo. John Langenus, referí belga de aquel partido determinó mediante un “cara o cruz” que en el primer tiempo se iba a utilizar la pelota de Argentina, donde el visitante se fue ganando 2 a 1. En la segunda mitad se jugó con la pelota uruguaya y finalmente la selección local se terminó coronando del primer mundial ganando por 4 a 2. 

 

28- El 7-1 que paralizó al mundo

Por Thomas Bagnuolo 

El Mineirão fue el escenario de una goleada futbolística que congeló el alma de todo Brasil. Aquel 8 de julio de 2014, en la semifinal del Mundial entre Alemania y el local, los teutones no tuvieron  piedad y desmantelaron  la ilusión del pentacampeón con frialdad. Cinco goles en apenas 29 minutos transformaron la fiesta en un velorio colectivo. Müller, Klose, Kroos y Khedira demolieron una defensa fantasma. Brasil, sin Neymar, que fue lesionado en los cuartos de final ante Colombia, se despidió con un 1-7 histórico que dejó lágrimas en las tribunas y una herida eterna en el orgullo brasileño.

 

29- El asesinato de Andrés Escobar 

Por Benjamin Caloia

La participación de Colombia en la Copa del Mundo 1994 estuvo marcada por el homicidio de Andrés Escobar luego de la tempranera eliminación en grupos. El gol en contra del defensor en la derrota 2-1 ante Estados Unidos, por la fecha 2, confirmó que la selección ya no podía avanzar a 8vos. Al volver a su país bajo un clima tenso, fue increpado por los narcotraficantes Pedro David y Santiago Gallón, y luego del cruce, el chofer de los hermanos Humberto Muñoz Castro disparó 6 veces contra Escobar, quien murió poco después. Investigaciones posteriores relacionaron el asesinato con apuestas deportivas.

 

30- Maradona y la enfermera 

Por Iñaki Eliceche

El Mundial de Estados Unidos se quebró en un instante. Maradona, que había vuelto con goles y destellos de genio, fue apartado tras el control antidoping. La imagen de Diego tomado de la mano de la enfermera, sonriendo frente a la cámara, se convirtió en símbolo de un adiós inesperado. Argentina perdió a su capitán y el torneo quedó marcado por esa postal: el ídolo caminando hacia la salida, mientras el sueño mundialista se desmoronaba.

La Revolución deportiva de Australia

Por Nahuel Savelli Ridella

La transformación deportiva de Australia comenzó luego de un fracaso histórico. En los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 consiguió solamente una medalla de plata y quedó muy lejos de las potencias mundiales. A partir de ese momento, el gobierno australiano decidió cambiar completamente su modelo deportivo y en 1981 creó el Australian Institute of Sport (AIS), un centro de alto rendimiento ubicado en Canberra destinado a profesionalizar el entrenamiento de atletas y futbolistas.

El país se transformó en una potencia olímpica. Pasó de un momento crítico al solo ganar una medalla de plata a obtener 98 de oro -desde Sidney 2000 hasta París 2024- y supo mantenerse entre los más competitivos en Juegos Olímpicos, destacándose especialmente en natación, ciclismo, hockey y remo.

Antes del AIS, Australia tenía una estructura deportiva amateur, con poca inversión, escasa preparación física y casi ningún apoyo científico. En el fútbol, la situación era aún más limitada. Australia solo había disputado un Mundial, el de Alemania 1974, y durante décadas quedó lejos de competir al máximo nivel internacional. Además, el país sufría constantes eliminaciones en repechajes como la vez que en 1993 perdió por un global de 2 a 1 frente a la Argentina de Alfio Basile, que contó con la vuelta de Diego Maradona.

Con la creación del instituto comenzó una revolución deportiva. Incorporó tecnología aplicada al deporte, entrenadores especializados, preparación física avanzada, nutrición y programas de detección juvenil. En el fútbol, el AIS desarrolló academias nacionales que fueron fundamentales para formar a la llamada “Golden Generation” australiana, integrada por jugadores como Harry Kewell, Mark Viduka, Lucas Neill y Tim Cahill. Muchos de ellos llegaron a competir en las principales ligas europeas y elevaron su nivel internacional.

El cambio se reflejó rápidamente en los resultados. Australia pasó de estar 32 años sin jugar un Mundial a clasificarse de manera consecutiva desde 2006 hasta 2026. El momento más importante ocurrió en 2005, cuando derrotó a Uruguay en el repechaje y logró volver a una Copa del Mundo después de más de tres décadas. Ese partido es considerado uno de los eventos más importantes de la historia del fútbol australiano.

A nivel local, el fútbol también atravesó una profunda transformación. Durante muchos años la antigua National Soccer League tuvo problemas económicos, poca convocatoria y escasa proyección internacional. Sin embargo, en 2005 se creó la A-League, una nueva liga profesional que buscó modernizar la estructura del fútbol. Con mayores inversiones, estadios más preparados y una mejor organización, el torneo logró crecer y atraer futbolistas extranjeros de renombre,como Alessandro Del Piero o David Villa.

Uno de los jugadores más recordados de la liga australiana es Marcos Flores, mediocampista argentino que dejó una huella importante en el Adelaide United. Gracias a su talento y creatividad, el ex Unión y Newell’s Old Boys, se convirtió en figura del campeonato y fue elegido como el mejor jugador de la A-League en la temporada 2010-2011. Su estilo de juego ofensivo y su relación con los hinchas hicieron que sea considerado un ídolo del club.

Para clasificar al Mundial 2026 superó las eliminatorias asiáticas de la AFC, competencia que juega desde que abandonó la Confederación de Oceanía en 2006 para enfrentar rivales de mayor nivel competitivo. De cara a esta competición, Australia integrará el Grupo D junto con Estados Unidos, Paraguay y Turquía.

 

  • Mundiales jugados: 1974 – 2006 – 2010 – 2014 – 2018 – 2022
  • Mejor ubicación: Octavos de final en 2006 y 2022
  • ¿Cómo se clasificó? Segundo del grupo C asiático
  • Jugador con más presencias: Mathew Leckie: 10
  • Jugador con más goles: Tim Cahill: 5

El “Operativo Volpato” y los dos desconocidos: la insólita lista de Australia para el Mundial

Por Agustín Jiménez

El armado de una lista mundialista suele ser el resultado de un proceso de cuatro años de un seguimiento minucioso, entrenamientos acumulados y un grupo consolidado a través de las Eliminatorias. Sin embargo, la Selección de Australia decidió patear todos los manuales de la lógica deportiva para este Mundial de 2026. Su director técnico, Tony Popovic, sorprendió al planeta al anunciar una nómina de 26 futbolistas que incluye un golpe de efecto: la inclusión de futbolistas que jamás vistieron la camiseta nacional y el borrado de referentes históricos que daban por sentado su pasaje en el avión.

La curiosidad más impactante y que se transformó en foco de debate es el “Operativo Cristian Volpato”. El talentoso atacante de 22 años, que actualmente milita en el Sassuolo de Italia, nació y se crió en Sidney, pero pasó toda su adolescencia y carrera formativa defendiendo la camiseta de la selección italiana en las categorías juveniles. De hecho, apenas tres meses antes de la cita mundialista, el jugador declaró públicamente que su sueño seguía siendo jugar para la Azzurra de mayores. Sin embargo, en un giro cinematográfico, Popovic viajó en secreto a Europa, lo convenció de cambiar de bando, y la federación australiana logró tramitar su pasaporte a contrarreloj. Volpato aterrizó en la concentración en Estados Unidos directo para meterse en la lista final, sin haber jugado jamás un solo minuto con la camiseta de mayores de Australia.

Esta incorporación express desató un efecto dominó que generó indignación en un sector del plantel. Para hacerle espacio a este “italiano” recién llegado, el entrenador sacrificó de manera implacable a Martin Boyle, delantero histórico, referente del vestuario y pieza fundamental en el proceso de clasificación. La decisión dejó en claro la postura del cuerpo técnico: en el fútbol de élite no hay espacio para el sentimentalismo. La urgencia por sumar el talento y la jerarquía de la Serie A italiana pesó muchísimo más que la lealtad hacia los soldados que sudaron la camiseta en el barro de las Eliminatorias asiáticas.

Pero las excentricidades de la lista australiana no terminan en el pasaporte de Volpato. El técnico redobló la apuesta al convocar a otros dos futbolistas que jamás jugaron un partido internacional absoluto, una rareza absoluta para un torneo de la magnitud de una Copa del Mundo. El primero es Tete Yengi, un delantero que juega en la liga de Japón con el Machida Zelvia y que se metió en la consideración gracias a una racha goleadora tardía en la Champions de Asia. El segundo es todavía más llamativo: Lucas Herrington, un defensor central de apenas 18 años que pasó de las divisiones inferiores a asomar como probable titular en el debut mundialista ante Turquía, sin escalas previas en amistosos de preparación.

Para equilibrar esta balanza de apuestas insólitas y debutantes absolutos, Popovic tuvo que apelar a la vieja guardia para sostener el peso institucional del vestuario. El arquero Mathew Ryan y el histórico delantero Mathew Leckie alcanzaron un récord nacional al ser seleccionados para su cuarto Mundial consecutivo, igualando las leyendas de Tim Cahill y Mark Milligan. Ellos serán los encargados de guiar a un plantel ultra renovado que cuenta con nada menos que 17 futbolistas haciendo su debut absoluto en el máximo escenario del fútbol mundial.

En conclusión, la lista de Australia para el Mundial 2026 es una de las propuestas más arriesgadas y curiosas del certamen. Mezcla la adrenalina de un futbolista que hasta hace semanas se sentía italiano, la frescura de dos jóvenes debutantes desconocidos para el gran público y la rigidez de un entrenador que prefirió el impacto inmediato por sobre la lógica del proceso. Los Socceroos desembarcan eminentemente en la cita mundialista decididos a romper los pronósticos, bajo las órdenes de una lista que se armó más en los escritorios de migraciones y en llamadas secretas que en el propio campo de juego.

 

Agostina Hein: la nadadora argentina que le gana al tiempo

Por Celeste Benítez

Agostina Hein conoció su amor por la natación a los cuatro años. Al principio comenzó con un simple juego: buscar elementos que estuvieran en el fondo de la pileta. Esta actividad recreativa fue su primer vínculo fuerte con el arte de nadar. Aunque la oriunda de Campana siempre tuvo contacto con el agua: durante sus vacaciones viajaba a Entre Ríos con sus padres para disfrutar del río.

Hein es alegre, responsable y renegada. Tiene una dieta estricta por su carrera, pero es dulcera. Es una chica a la que le interesan las cuestiones coyunturales del país: mira el noticiero y lee artículos, sobre todo de su ciudad natal. Al momento de entrenar le gusta escuchar rock, por lo que tiene una playlist con un orden definido: reproduce Deep Purple cuando hace ejercicios de movilidad y los Guns N’ Roses para las precompetencias. Es un orden que no puede variar, esa música la ayuda a enfocarse y a controlar los nervios. Además, es hincha de River, como su familia. Sus papás, amigos, su novio, su equipo y su entrenador, la acompañan y son las personas cuyas opiniones tiene en cuenta, porque al final del día son su mayor apoyo.

Desde pequeña era difícil que pudieran sacarla del agua. “Es mi lugar feliz, siempre lo amé. Me genera mucha paz y tranquilidad“, expresó la nadadora. El Club Ciudad de Campana se convirtió en una segunda casa, en el que esperaba con ganas las clases de natación, que luego se transformaron en el deseo de iniciar los entrenamientos para mejorar los tiempos. A los siete años compitió en los torneos organizados por la Federación de Aficionados de Natación del Norte de la Provincia de Buenos Aires. Allí, conoció a su entrenador, Sebastián Montero, quien mencionó que desde el primer momento que la vio nadar, sabía que era una chica que tenía mucha garra, ganas de aprender y el hambre de tener cada vez más conocimientos para pelear en las grandes ligas.

La responsabilidad y constancia forman parte de la personalidad de la joven nadadora, que a los once años pasó al Club Independiente de Zárate y empezó a entrenar dos veces por semana, con el objetivo de clasificar al Sudamericano Juvenil. Hein se levantaba a las cuatro de la madrugada, antes de ir al colegio, para desayunar e ir al club. Una rutina que se había vuelto parte de su vida y que estaba conformada por una hora y media de gimnasio y dos horas de pileta. Aunque el entrenamiento fue duro, la motivaba saber que tenía un torneo por delante, al igual que contar con un grupo que estaba en la misma situación que ella. “Desde chica me enseñaron que si te ponés con algo, lo tenés que hacer responsablemente. Me costó entender que soy una nadadora que necesita nadar muchos metros, a mí me iba bien en lo que era fondo y ahí requería mucha distancia”.

Al poco tiempo participó en su primer Torneo Nacional: ganó cinco medallas de bronce y tuvo un click que la hizo querer ir por más, pero llegó la pandemia y pasó tres meses sin meterse a un natatorio. Sin embargo, esto no fue un impedimento para ella y empezó a nadar en su casa: se ataba con una soga a uno de los pilares del quincho y así volvió al ruedo. “Al mirar hacia atrás me genera emoción, me acuerdo el esfuerzo que hicieron mis papás para comprar la pileta de lona y calentar el agua, a veces no quería meterme por lo fría que estaba y lo hacía igual”, expresó con afecto.

Su entrenador, quien para ella es una pieza primordial, destacó la capacidad y el potencial de la joven. Además, mencionó que a su corta edad Agostina decidió elegir el deporte y tomó conciencia de que es una atleta de alto rendimiento las 24 horas, todos los días de la semana.

Hein se enfoca en la natación dentro y fuera del agua: le gusta ver distintos estilos, más de velocidad y no tanto de fondo. Se especializa en: mariposa, espalda, pecho, libre y se destaca en las pruebas combinadas. Aunque le cuesta cambiar el ritmo en los de coordinación, no se da por vencida e intenta respetar los procesos y mejorar. Tiene referentes de quien toma nota, entre ellas, admira a la ex nadadora argentina, Georgina Bardach, y mira a la canadiense, Summer McIntosh. “Delfi Pignatiello, en mí está presente en los récords y en todo, la tomo como algo a lo que yo quiero ser, las marcas que tenía eran impresionantes”, afirmó la campanense.

Tras horas de entrenamientos bajo el agua, la joven nadadora ha participado en Juegos Panamericanos Junior y en los Suramericanos de la Juventud, en los que ganó varias medallas de oro, plata y bronce. A partir de 2025 comenzó a romper récords: primero lo hizo con el de Bardach, tras consagrarse campeona del Mundial Junior en los 400 metros combinados, con un tiempo de 4m34s34. Posteriormente, hizo lo mismo con la marca de Pignatiello, y logró terminar los 400 metros libres en 4m06s25, lo que fue un nuevo hito histórico en el país. Montero señaló que la motivación y las ganas de su deportista es lo que la llevó a ser lo que es hoy y a generar ruido a nivel mundial. “Que en Argentina tengamos una exponente con las cualidades de Agostina, y con el hambre y la humildad que tiene se ve muy poco y es una sensación muy linda”.

Todo este esfuerzo y dedicación fueron las bases que la llevaron a ser la atleta más joven de la delegación argentina, en los JJ.OO de París 2024, en los que compitió en los 400 y 800 metros libres. “Cuando volví, me tatué los aros olímpicos en el hombro. Es llevar conmigo el recuerdo más hermoso de toda mi vida”, contó Hein, quien decidió inmortalizar el símbolo, a través de la tinta, en su hombro izquierdo. Dos años más tarde, logró romper un récord de medallas en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá 2026, tras ganar nueve medallas de oro y una de plata a sus 17 años.

Un mes después finalizó el Circuito Mare Nostrum y obtuvo dos oros, cuatro platas y un bronce, en el camino al objetivo mayor. “En los Ángeles 2028 queremos soñar con una final”, fueron las palabras de Agostina Hein, quien va por nuevos desafíos.

Willian Pacho: el líder silencioso que conquistó Europa y dejó a Ecuador en lo más alto

Por Blanca Duarte

Mientras Budapest se rendía ante el nuevo rey de Europa y las cámaras perseguían a las estrellas del Paris Saint-Germain que festejaban una noche eterna de gloria tras vencer al Arsenal, un sudamericano volvió a posicionarse en el centro de la historia.

En la noche más importante del fútbol europeo, Willian Joel Pacho Tenorio levantó la Champions League por segunda vez consecutiva y transformó una hazaña inédita en costumbre. Si en 2025 había derribado una barrera al convertirse en el primer ecuatoriano campeón de Europa, este 30 de mayo decidió ir todavía más lejos: conquistó nuevamente la Orejona y se convirtió en el primer futbolista de su país en ganar dos veces el torneo más prestigioso a nivel de clubes.

Pero la dimensión de Pacho no puede medirse únicamente a través de los títulos. Porque el defensor no fue actor secundario dentro de la era dorada del PSG, fue uno de sus pilares. Mientras las luces enfocaban a Dembélé, Vitinha o Kvaratskhelia, el ecuatoriano construyó su lugar desde el silencio, la regularidad y la autoridad.

Porque hay defensores que juegan bien y hay otros que ordenan equipos.

A los 24 años, Pacho se transformó en el jefe de una defensa repleta de figuras. Aunque la cinta le pertenezca a Marquinhos y a Hakimi, dentro de la cancha su voz se volvió una referencia permanente. Transmite una sensación cada vez más extraña en el fútbol moderno: seguridad.

Su importancia quedó reflejada en los detalles. Fue uno de los futbolistas con más minutos disputados en la temporada (1560), una pieza prácticamente irremplazable para Luis Enrique y el central elegido para liderar una de las líneas defensivas más sólidas del continente. En un equipo acostumbrado a vivir bajo la presión de ganar, Pacho respondió como si llevará toda una vida jugando finales.

Nada de eso ocurrió por casualidad.

Su recorrido está lejos del camino tradicional de las grandes estrellas sudamericanas. No apareció en las portadas de los diarios de adolescente ni protagonizó traspasos millonarios desde temprana edad. Formado en las inferiores de Independiente del Valle, institución donde debutó, dio el salto al Royal Antwerp de Bélgica cuando todavía era un desconocido para buena parte de Europa. Allí ganó una liga y una copa nacional. Luego llegó al Eintracht Frankfurt, donde apenas necesitó una temporada para llamar la atención de los gigantes europeos.

El PSG apostó por él en 2024 como una inversión a futuro. Dos años después, aquella apuesta parece una evidencia por su rendimiento y adaptación. El club encontró mucho más que un defensor con condiciones físicas privilegiadas. Encontró un futbolista capaz de sostener una idea de juego.

Pacho reunió todo lo que Luis Enrique pretende de sus centrales: inició ataques, asumió riesgos con la pelota y fue capaz de sobrevivir en espacios abiertos. Esto explica que haya completado los 17 partidos de la última edición de Champions League.

Su crecimiento también explica una transformación más profunda dentro del conjunto parisino. Durante años, el club intentó conquistar Europa acumulando nombres: Messi, Neymar, Zlatan y Mbappé, entre otros. Pero el proyecto encontró estabilidad cuando dejó de depender exclusivamente del talento individual y comenzó a construir un equipo.

En ese nuevo PSG, el ecuatoriano se volvió indispensable y no necesitó goles decisivos ni gestos exóticos para ganarse un lugar. Lo hizo a través de una virtud que muchas veces pasa desapercibida: la confianza. Entrenadores, compañeros e hinchas sabían qué esperar de él cada partido, y casi siempre cumplía.

Quizá por eso su historia resulta tan singular. No llegó a Europa con el cartel de superestrella ni con millones de seguidores esperando cada movimiento.

Lo que comenzó como el sueño de un chico de Quinindé terminó transformándose en una referencia para todo un país. Durante décadas, Ecuador produjo delanteros, mediocampistas y futbolistas capaces de destacar en las principales ligas del mundo. Sin embargo, ningún ecuatoriano había logrado ocupar un rol tan determinante en un campeón de Europa.

Pacho no solo abrió una puerta. La derribó.

El PSG encontró la gloria con Luis Enrique. Ecuador encontró un símbolo. Y mientras el club parisino celebra su segunda Champions consecutiva, Willian Pacho sigue escribiendo algo todavía más grande: una carrera que ya dejó de ser una sorpresa para convertirse en legado.

Julian Nagelsmann, el prodigio que quiere devolver a Alemania a la cima

Julian Nagelsmann, DT de Alemania
Julian Nagelsmann, DT de Alemania

Por Victoria Tourn

La carrera de Julian Nagelsmann va contra el reloj. Mientras la mayoría de los hombres de 38 años todavía están viendo cómo cerrar su etapa como futbolistas, él ya pasó por los clubes más grandes de Alemania y hoy tiene el trabajo con más presión de su país: dirigir la selección nacional.

Su historia no empezó con trofeos, sino con un gran golpe. A los 20 años, jugando para la reserva del Augsburgo, una grave lesión en la rodilla lo obligó a retirarse antes de debutar en Primera. En ese momento, el mundo se le vino abajo, pero fue Thomas Tuchel quien le dio una oportunidad para analizar rivales. Ahí nació el técnico que hoy conocemos, alguien que Jürgen Klopp resumió al decir que es un joven muy seguro de sí mismo.

No es el típico entrenador serio y aburrido. Con su metro noventa de estatura y pelo claro, Nagelsmann es quien llega a los entrenamientos en una Harley-Davidson o en skate, y quien en sus vacaciones prefiere hacer paracaidismo o esquí antes que quedarse descansando. Su pelo siempre despeinado refleja la intensidad con la que vive el fútbol.

A los 28 años, cuando asumió en el Hoffenheim, se convirtió en el técnico más joven de la historia de la Bundesliga. No le tuvo miedo a los jugadores que eran mayores que él. Los convenció usando la tecnología: instaló pantallas gigantes en el campo de entrenamiento para mostrarles los errores en el momento.

Pero esa seguridad extrema también le trajo problemas. En el Bayern Múnich, su estilo moderno, su forma informal de vestir y sus ganas de controlarlo todo chocaron con los líderes del vestuario. La forma en que lo echaron del Bayern fue difícil de creer: se enteró de que estaba despedido por las redes sociales mientras estaba de vacaciones esquiando en Austria. A eso se le sumó su divorcio tras 15 años de pareja. De repente, pasó a ser el centro de las noticias, no solo por lo deportivo, sino también por su vida privada.

En vez de esconderse, aceptó el desafío más grande de todos: tomar las riendas de una selección alemana que venía de tocar fondo tras quedar eliminada en la primera ronda de los últimos dos Mundiales.

La apuesta de la Federación Alemana por “Baby Mourinho”, apodo que le puso Tim Wiese, es total. Aunque su contrato inicial era corto, los resultados y su forma de renovar el vestuario convencieron a todos, y ya extendió su vínculo hasta el Mundial 2026. Su sistema 4-2-3-1 busca que el equipo recupere agresividad y también darles lugar a los más jóvenes, como Lennart Karl. Su impacto fue rápido: logró triunfos clave contra potencias como Francia y Países Bajos, que le devolvieron la ilusión a la gente.

Liderar la selección es la gran revancha de Nagelsmann. Su filosofía es simple: el fútbol es un 30% táctica y un 70% psicología. Por eso se enfoca en la cabeza del jugador más que en cualquier esquema. La meta es que Alemania deje de vivir de los recuerdos y vuelva a dar miedo por su juego actual.

El Mundial 2026 es el objetivo final para demostrar que su juventud es un motor y no un problema. Ganar ese trofeo sería la cura definitiva: la forma de que, por fin, esa rodilla rota deje de doler.

Alemania, una potencia mundial entre la historia, la cultura y el deporte

Selección Alemania 2026
Selección Alemania 2026

Por Mateo Vegezzi

Con sus 84,7 millones de habitantes, Alemania es el segundo país más poblado de Europa, por detrás de Rusia. Más allá de sus éxitos deportivos, con cuatro Copas del Mundo y los siete campeonatos mundiales de Michael Schumacher en la Fórmula 1, la nación posee una enorme riqueza histórica y cultural.

Su capital, Berlín, es la ciudad más poblada, con casi cuatro millones de habitantes, seguida por Hamburgo y Múnich. A nivel intelectual, ha sido cuna de mentes brillantes como Albert Einstein, cuyas teorías transformaron la física moderna, junto con Karl Marx, filósofo y creador del marxismo.

La historia de Alemania estuvo marcada por dos guerras mundiales. La más trágica fue la Segunda Guerra Mundial, provocada por el régimen nazi de Adolf Hitler, que sembró el terror en Europa. Tras la derrota, el país se convirtió en el epicentro de la Guerra Fría, simbolizada por los 155 kilómetros del Muro de Berlín. Este dividió al país entre la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) hasta su histórica caída en noviembre de 1989, que dio paso a la reunificación.

La gastronomía alemana varía según la región. La cerveza es la bebida nacional por excelencia y cada zona defiende su estilo: la Kölsch en Colonia, la Altbier en Düsseldorf o la Weissbier (de trigo) en Baviera.

El pan es otro pilar fundamental, con más de 3.000 variedades. Destaca el ritual del Abendbrot (pan de la noche), compuesto por panes artesanales acompañados de embutidos, quesos y manteca. Asimismo, la charcutería es legendaria, con más de 1.500 tipos de salchichas (Wurst), entre las que sobresalen la Bratwurst (a la parrilla), la Weißwurst (blanca de Baviera) y la omnipresente Currywurst, ícono de la cocina urbana berlinesa.

Las fiestas en Alemania son una parte esencial de su identidad. Más que simples eventos recreativos, son celebraciones de la historia y las tradiciones locales.

Entre las más conocidas destacan:

  1. Oktoberfest (Múnich): es la fiesta popular más grande del mundo. Aunque suele asociarse con octubre, comienza a mediados de septiembre. Destaca por su vestimenta tradicional: el Dirndl (vestido femenino) y los Lederhosen (pantalones de cuero masculinos).
  2. Karneval (Colonia, Maguncia y Düsseldorf): oficialmente inicia el 11 de noviembre a las 11:11, pero sus jornadas más festivas tienen lugar en febrero, especialmente durante el Rosenmontag (Lunes de Rosas). Es famoso por sus desfiles de carrozas desde las que se lanzan caramelos (Kamelle) a la multitud.
  3. Mercados de Navidad (Weihnachtsmärkte): desde finales de noviembre, las ciudades se iluminan y se llenan del aroma del Glühwein (vino caliente con especias) y de artesanías hechas a mano.

En el ámbito deportivo, Alemania es una potencia mundial. Es una nación que ha ganado la Copa del Mundo tanto en categoría masculina (cuatro títulos) como femenina (dos títulos). A nivel de clubes, el Bayern Múnich es el máximo referente, con seis Champions League y 35 Bundesligas, y ha contado en su historia con figuras como Thomas Müller, Philipp Lahm, Gerd Müller, Manuel Neuer y Oliver Kahn.

En automovilismo, el dominio alemán es uno de los más exitosos gracias a los siete títulos de Michael Schumacher y los cuatro de Sebastian Vettel. Además, Mercedes-Benz fue la gran dominadora de la era híbrida de la Fórmula 1, al conquistar ocho campeonatos consecutivos de constructores. En tenis, Steffi Graf consiguió 22 títulos de Grand Slam y completó el histórico Golden Slam en 1988.

Kimmich, el estratega silencioso de la selección de Alemania

Joshua Kimmich
Joshua Kimmich

Por Lisandro Torres Pagani

“Él siempre quiere jugar, no importa si entrena mal, si está cansado o si tiene algún problema. Su mentalidad es lo más importante, es un luchador incansable y siempre está listo”. Esa fue la frase que utilizó el entrenador Pep Guardiola para describir a Joshua Kimmich, un jugador que pareciera estar siempre un segundo por delante del resto. El director técnico español agregó: “Es el jugador más inteligente que he dirigido”. Esto demuestra que, aunque no es el más alto, ni el más fuerte, ni el más llamativo, hay algo en su forma de ver el fútbol que le permite tener el control absoluto de los partidos.

Joshua Kimmich es la figura de la selección alemana, conocido por su versatilidad, pases precisos, disparos desde afuera del área y agresividad en la marca. Juega en el Bayern Múnich y, para muchos, es considerado como uno de los mejores mediocampistas del mundo de los últimos años.

De contextura delgada y estatura media, Kimmich no intimida desde lo físico. Su rostro serio, casi siempre concentrado, y su cabello rubio y corto le dan prolijidad. Pero esa apariencia engaña: dentro de la cancha, su energía es inagotable. Corre con una intensidad constante, como si cada pelota fuera la última, y su figura firme refleja una seguridad silenciosa.

Llegó a ser comparado con el exjugador alemán Philipp Lahm por su versatilidad, ya que puede desempeñarse tanto en el mediocampo como de lateral derecho. Además, por su liderazgo, ha sido subcapitán del Bayern Múnich, por detrás de Manuel Neuer, y es capitán de la selección de Alemania desde el año 2024.

 

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Existe una faceta menos visible del mediocampista. Lejos del ruido de los estadios y de la presión constante por el alto rendimiento, su vida gira en torno a un círculo íntimo que lo mantiene conectado con lo esencial. Su familia ocupa un lugar importante: es padre de una niña y tres niños, y suele mostrarse presente junto a su esposa, Lina Meyer. La pareja mantiene su vida familiar en estricta privacidad, por lo que los nombres de los niños no suelen exponerse públicamente.

Quienes lo conocen fuera del campo hablan de alguien reservado, incluso algo tímido. No busca exposición innecesaria ni construye un personaje mediático. Prefiere los espacios tranquilos, la rutina ordenada y el tiempo con los suyos. Esa misma disciplina que se ve en su juego se refleja en su vida cotidiana: todo tiene un balance.

También tiene una mirada comprometida con lo que pasa más allá del fútbol. En momentos más complejos, como en la pandemia, impulsó colectas solidarias junto con su compañero Leon Goretzka, con una página web llamada “We Kick Corona”, que recaudó millones de dólares para hospitales. Asume ese compromiso con la misma precisión y disciplina que muestra dentro del campo.

Es una combinación entre un estratega dentro de la cancha y una persona consciente fuera de ella. Lo vuelve más interesante porque Kimmich no necesita levantar la voz para hacerse notar ni en el vestuario ni en la vida. Para él, todo tiene una misma regla que aplica en su juego y en su manera de subsistir.

Cabo Verde y su histórica pero particular participación en el Mundial

Por Pedro Fay

Los jugadores de Cabo Verde que no nacieron en el país y que representarán al seleccionado en el Mundial que se desarrollará en Estados Unidos, México y Canadá son el reflejo más claro de una identidad construida a partir de la diáspora. En total, 26 futbolistas fueron elegidos por el entrenador Pedro Leitão Brito, nacido en la Isla de Boa Vista en 1970, quien dirige al seleccionado desde 2010 y que, por primera vez en la historia, lo llevará a una Copa del Mundo.

Más allá del logro deportivo, lo que define a este plantel es un rasgo común: casi todos sus integrantes nacieron fuera del territorio caboverdiano, pero eligieron representar al país de sus raíces familiares. Europa y América aparecen como los grandes orígenes de esta generación histórica.

Entre los futbolistas nacidos en Portugal y Estados Unidos se destacan Márcio da Rosa (Portugal, Chaves) y Carlos Santos (Estados Unidos, San Diego), dos ejemplos que reflejan cómo la selección se nutre de diferentes sistemas formativos alrededor del mundo. La base más numerosa del plantel proviene de Europa, especialmente de Francia, Portugal e Irlanda, donde la comunidad caboverdiana es históricamente muy fuerte.

En la defensa aparecen Steven Moreira (Francia, Noisy-le-Grand), Wagner Pina (Portugal), Sidny Lopes Cabral (Francia), Logan Costa (Saint-Denis) y Roberto Lopes (“Pico”, Crumlin). Este sector del equipo representa una mezcla de escuelas técnicas europeas, con fuerte disciplina defensiva y alto nivel de competencia desde categorías juveniles.

El mediocampo, uno de los puntos más fuertes del equipo, también está marcado por la diáspora. Allí se encuentran Jamiro Monteiro (Rotterdam), Telmo Arcanjo (Lisboa), Laros Duarte y Deroy Duarte, todos formados en academias de alto rendimiento en Europa, donde el desarrollo técnico y físico es constante desde edades tempranas.

En la delantera, Cabo Verde combina distintos estilos ofensivos y trayectorias internacionales. Integran el ataque Willy Semedo (Montreuil), Garry Rodrigues (Rotterdam), Nuno da Costa (Praia), Dailon Livramento, Gilson Benchimol y Hélio Varela. Cada uno aporta características distintas: velocidad, desequilibrio, potencia y capacidad de definición.

Cabo Verde logró la clasificación tras una gran campaña en las Eliminatorias Africanas, donde sumó puntos clave tanto de local como de visitante y en la fase decisiva mantuvo regularidad y consiguió el resultado necesario en la última jornada para asegurar su clasificación directa. De esta manera, los africanos compartirán el grupo H junto a España, Uruguay y Arabia Saudita.

Esa conexión fue determinante a la hora de elegir representar al país africano. Algunos incluso tuvieron la posibilidad de vestir otras camisetas nacionales, pero optaron por el origen de sus padres y abuelos, priorizando la identidad por encima de la conveniencia deportiva.

El resultado es una selección que representa mucho más que un equipo de fútbol. Es una construcción colectiva de historias migrantes, de sacrificio familiar y de pertenencia cultural. Cabo Verde demuestra que la identidad no depende del lugar de nacimiento, sino del lazo que se mantiene con las raíces.

Pedro Leitão Brito, mayormente conocido como Bubista, nació el 6 de enero de 1970. Es el entrenador del seleccionado africano desde el 2020 luego de ser asistente entre 2007 y 2013. 

En este Mundial histórico, el equipo no solo competirá por resultados deportivos, sino también por algo más profundo: representar a millones de caboverdianos dispersos por el mundo que hoy ven en esta selección una forma de volver a casa, aunque sea a través del fútbol.