Home Blog Page 9

De Mingueo a Temperley: el pibe que se creó su destino 

Por Valentina Quinteros

A diferencia de otros chicos sus primeros pasos fueron en una escuelita de fútbol llamada Mingueo FC en Colombia, un lugar donde el aprendizaje también se basaba en la pasión por jugar al fútbol. Ese fue el escenario que le cambió la vida y donde empezó un nuevo objetivo para el actual defensor de Temperley, Oswaldo Pacheco. 

El gran salto ocurrió a sus 19 años, cuando se le presentó la oportunidad de jugar en Argentina. “Llegar a un país como Argentina me hizo crecer y soñar en grande”, recuerda sobre aquel momento en el que su camino cambió por completo. El desafío de dejar su casa para perseguir un sueño profesional se mantuvo al integrarse en las divisiones inferiores del Club Atlético Temperley. 

Fue en ese entonces donde empezó a formarse como futbolista, se enfrentó a un sistema donde la exigencia es el lenguaje cotidiano. Temperley no solo fue su escuela, fue el lugar donde descubrió que el camino que está armando requiere algo más que técnica y que también exige una fuerte mentalidad. 

Ese proceso de formación fue, ante todo un ejercicio de resistencia. Al repasar aquellos años, reconoce que el fútbol argentino le planteó un desafío físico inesperado:”Lo que más me costó en Argentina fue lo físico, porque el ascenso es durísimo. Pero con esfuerzo y trabajo duro logré adaptarme, si uno compara el ritmo de esta categoría con otras, los jugadores acá corren los 90 minutos a una intensidad muy alta. Hay que prepararse mucho y entrenar para poder estar a la altura”. 

Para él el fútbol argentino es uno de los más exigentes a la hora de jugar: “Sin desprestigiar al fútbol colombiano, para mí el fútbol argentino es más exigente. Los jugadores son muy competitivos y eso hace que el nivel sea muy alto. Cualquier selección podría convocar futbolistas de esta categoría porque están preparados para competir”. 

Su historia es también la de alguien que logró fusionar dos culturas. “Sí, son culturas distintas”, admite. “El colombiano suele ser muy alegre y muy extrovertido. Pero uno también puede adaptarse a la cultura argentina sin problemas”.

Pacheco no es un defensor que se limite al roce físico; su juego se construye desde el estudio y la admiración por los maestros del puesto. Para él, la referencia siempre fue clara: “Siempre me identifiqué mucho con Gerard Piqué, cuando estaba en Barcelona era uno de los mejores centrales del mundo y me sentaba a verlo para aprender. Pero hoy, mi referente es Virgil van Dijk, para mí está en otro nivel; es un jugador extraordinario y sería un sueño poder enfrentarlo algún día”. 

Con la madurez de quien ha superado las pruebas más difíciles, Pacheco mira hacia adelante con claridad. Sobre el presente de su país natal, se muestra optimista: “A la Selección Colombiana la veo muy bien, para mí es una de las candidatas, el profesor Nestor Lorenzo viene trabajando hace tiempo con una idea clara. Creo que en el Mundial va a pelear por el título”. 

Hoy, Pacheco se presenta como un profesional completo, con la confianza y seguridad que fue agarrando durante este proceso como futbolista, él está para enfrentarse a nuevos desafíos. Con la base del fútbol argentino y la mentalidad de los grandes defensores, su mensaje es contundente: “Hoy me siento mucho más adaptado y creo que todavía puedo dar más”.

El eterno “está arreglado”

Por Lola Fariña Villaverde  

Que el Mundial de 2022 estuvo arreglado. Que los penales cobrados en ese mismo torneo fueron un regalo. Que existía un interés comercial en que Lionel Messi levantara la Copa del Mundo antes de retirarse. Desde entonces, ese tipo de planteos parece resurgir cada vez que la Selección da un golpe sobre la mesa. 

En esta ocasión aparecieron Hossan Hassam, entrenador de Egipto, y Mostafa Ziko, autor del segundo gol del equipo africano, como eje central de la tormenta cuando aseguraron que el árbitro François Letexier fue manipulado desde antes del pitido inicial para que Argentina se quede con el triunfo. 

También se instaló la idea de que la FIFA necesitaba que Messi fuera campeón por una cuestión de marketing. El argumento parece atractivo porque simplifica una historia compleja: es más fácil creer que hubo un guion escrito de antemano que aceptar que una generación de futbolistas atravesó años de frustraciones, perdió finales, siguió insistiendo y terminó construyendo uno de los ciclos más exitosos de la historia de la Selección. 

Quizá las acusaciones aparecen porque encontrar un culpable externo resulta menos doloroso que asumir las propias limitaciones. En ese escenario, la teoría de la conspiración funciona como un consuelo: convierte una derrota propia en una supuesta injusticia ajena. O quizá, el deseo de ocupar ese lugar hace que el resquemor acumulado termine por volcarse sobre quienes sí lograron alcanzar los objetivos que tantos persiguen. 

Entonces, ¿en qué momento el mérito deja de pertenecer a quienes entrenan, se preparan, se sobreponen a la adversidad y compiten al máximo nivel? ¿En qué punto una remontada épica, una actuación sobresaliente o un triunfo pasan a explicarse únicamente a través de intereses ocultos? Porque si cada victoria importante necesita una conspiración para ser entendida, quedan en un segundo plano el esfuerzo de un grupo que nunca da una pelota por perdida, que compite hasta el último minuto y que, incluso cuando parece derrotado, encuentra la manera de volver a ponerse de pie.

La fe

Por Juana Enrico

A veces, la fe nace de la necesidad de sentir que tenemos algún control sobre situaciones que nos son completamente ajenas. Antes del silbato inicial, el argentino promedio camina por la cornisa de un agnosticismo orgulloso: somos analistas tácticos, escépticos de la fortuna y dueños de una lógica feroz. Sin embargo, apenas la pelota se despega del césped, esa estructura racional se derrumba. En cuestión de segundos, la razón se exilia y dejamos nuestro destino en manos de un ritual absurdo: la camiseta sin lavar, el lugar exacto en el sillón o esa posición de las manos que, estamos convencidos, es el único hilo invisible capaz de sostener el equilibrio del universo a nuestro favor.

Ya no somos sujetos pensantes: somos oficiantes de una religión de emergencia. Nos transformamos en buscadores de señales dentro del caos. Si el vecino gritó antes, el gol fue culpa de su televisor desfasado, si alguien se movió justo cuando el equipo atacaba, ahí está la explicación del centro mal tirado. Es una forma de ordenar el azar, de ponerle nombre y apellido a la desgracia para que no se sienta tan aleatoria, tan inmensa. Porque, en el fondo, preferimos sentirnos culpables antes que aceptar una verdad más cruda: hay partidos que simplemente no dependen de nosotros, y nuestra fe, por más ferviente que sea, no es más que un grito desesperado contra la incertidumbre.

Por eso, cada encuentro se transforma en un ritual, una liturgia pagana en la que el país entero se detiene para comulgar. Durante noventa minutos, el territorio argentino se vuelve un espacio sagrado donde la lógica cede ante la fe y las reglas -por más absurdas o inventadas que sean- se respetan con un rigor casi ascético. Nadie cuestiona. Nadie duda. Es uno de los pocos momentos en que la estructura social parece suspenderse: las grietas ideológicas, los matices del gusto personal e incluso la indiferencia hacia el fútbol se disuelven en un mismo torrente de voluntad.

De pronto, la nación se vuelve un solo cuerpo. Ya no importan las pertenencias ni los colores; prevalece ese pulso unísono, esa aspiración casi atávica de ver, una vez más, nuestra bandera flameando en la cúspide del mundo. Es, en esencia, un pacto de esperanza ciega: durante un puñado de minutos, nos convencemos de que el destino del equipo también es el nuestro y de que, si nos mantenemos fieles al rito, el universo no tendrá más remedio que inclinarse ante nuestra necesidad.

Orgullo guaraní: el regreso de Paraguay a su país

Por Celeste Benítez

La última vez que Paraguay jugó una Copa del Mundo fue en Sudáfrica 2010. Gustavo Alfaro, director técnico argentino, consiguió llevar a la Albirroja a un nuevo sueño mundialista después de dieciséis años.

Cinco días antes del inicio del torneo internacional de fútbol, el seleccionado paraguayo fue despedido por su gente en el estadio más emblemático del país: el Defensores del Chaco. El lugar se encontraba repleto de gente alegre y eufórica que con mucha ilusión saludó al plantel que iría a representarlos en Norteamérica.

El debut del seleccionado paraguayo no fue el esperado. Recibió una goleada 4-1 ante Estados Unidos, uno de los anfitriones del torneo. Fue un baldazo de agua helada para los dirigidos de Alfaro. “Les dije a los jugadores que las emociones son importantes, pero en un Mundial las tenés que dejar de lado”, afirmó el entrenador rosarino. En el segundo partido el equipo supo recomponerse, le ganó 1-0 a Turquía y empató 0-0 con Australia en la última fecha de la fase de grupos. Luego se clasificó a los dieciseisavos de final como mejor tercero en el séptimo lugar.

En la primera instancia de eliminación directa a Paraguay le tocó enfrentarse a Alemania, la segunda selección con más copas del mundo junto a Italia y una de las grandes potencias del fútbol. En la previa del encuentro los alemanes eran los favoritos a ganar, por su historia futbolística y por su plantel. Pero la Albirroja tuvo fuerza y empuje, como todo país sudamericano. Con su idea de juego logró llevar al conjunto de Julian Nagelsmann a la tanda de penales, tras igualar 1-1 en el tiempo reglamentario. El arquero paraguayo, Orlando Gill, fue la figura durante los ciento veinte minutos y cuando tuvo que pararse bajo los tres palos, en la tanda decisiva, atajó dos penales. Desde los doce pasos, José Canale tuvo el último tiro y anotó el gol de la victoria. Así fue como Paraguay eliminó a Alemania, algo que nunca antes le había ocurrido a la Die Mannschaft.

La alegría fue inmensa, una de las hazañas más importantes en la historia de la Albirroja. Sin embargo, la felicidad duró poco y el camino del equipo de Alfaro se terminó en octavos de final, tras perder 1-0 ante Francia con un gol de Kylian Mbappé a los setenta minutos del partido. Luego de la eliminación, el rosarino le reconoció a sus jugadores el sacrificio y la dedicación que dieron en la cancha.

Días después, el seleccionado paraguayo aterrizó en el Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi y fue recibido por el presidente del país, Santiago Peña, y una multitud de hinchas que aplaudieron y cantaron. En lo que fue un clima de emoción y gratitud para los futbolistas y el cuerpo técnico que representaron con altura a la bandera de tres franjas horizontales y colores rojo, blanco y azul. “Ese contagio que vino desde adentro de esta tierra y de esta patria se transfirió a todos nosotros”, expresó Alfaro desde el escenario rodeado de los jugadores.

El rosarino, que estaba cubierto por la bandera paraguaya, habló frente a la multitud y les agradeció a sus dirigidos que fueron los verdaderos artífices que le enseñaron que los imposibles no existen. Para finalizar, destacó el corazón y el poder que tiene el país y pidió que esa llama que tiene Paraguay no se apague, que la mantengan viva para que el destino de la selección sea de grandeza. “Dentro de la camiseta nosotros tenemos un corazón que nos hace sentir que todo lo podemos conseguir, si estamos todos juntos”, exclamó Alfaro.

En cuanto el argentino dejó el micrófono los fuegos artificiales fueron lanzados. El equipo permaneció sobre la estructura de madera y miró hacia el frente para contemplar el cariño del pueblo paraguayo.

Paredes, el oficio de sostener lo imposible

Por Candela Loureiro 

No todas las remontadas empiezan con un gol. Algunas nacen de un futbolista que decide ponerle calma a un partido que solo invita al caos. Mientras Argentina buscaba volver de un 2-0 que parecía definitivo, Leandro Paredes hizo de la paciencia un acto de rebeldía. Eligió hacer aquello que pocas veces es reconocido: sostener desde el centro del campo la esperanza de un equipo que se negaba a caer.

Los números terminaron de ponerle dimensión a una actuación que ya había sido inmensa a los ojos de cualquiera. Los registros del mediocampista de Boca Juniors reflejaron el partido que hizo, donde su mayor virtud fue el control.

  • 129 toques, la cifra más alta del encuentro.
  • 115 pases precisos, siendo el principal conductor del juego argentino.
  • 11 recuperaciones, más que cualquier otro futbolista en cancha.
  • 5 de 6 duelos ganados.

Cada estadística explica una parte de su actuación. La claridad para ordenar a un equipo que necesitaba serenidad. Las recuperaciones y los duelos ganados hablan de ese trabajo que rara vez aparece en los resúmenes, pero que muchas veces define los partidos.

Porque Paredes no solo distribuyó. También leyó cada jugada antes que el resto, ofreció siempre una línea de pase y apareció como salida cuando la presión egipcia parecía ahogar a la Selección. Mientras el encuentro se rompía por momentos, él fue el encargado de volver a unir las piezas.

Hubo una acción que resumió todo su partido. Con el marcador 2-2 y Egipto lanzado al contraataque, Paredes anticipó la jugada, metió el cuerpo y recuperó una pelota que pudo haber cambiado el destino. Minutos después, Lautaro Martínez condujo el ataque y Enzo Fernández conectó de cabeza para el 3-2 definitivo. Aquella recuperación tuvo el mismo peso en la historia de la clasificación.

Cuando se recuerde esta remontada, las imágenes volverán una y otra vez sobre el descuento de Lionel Messi, el empate que devolvió la ilusión y el cabezazo agónico de Enzo Fernández. Pero desde el anonimato hubo un futbolista que sostuvo el partido, que convirtió la pausa en una virtud y la simpleza en una forma de resistencia.

Y la clasificación de Argentina llevó, en silencio, la firma de Leandro Paredes.

Nos merecemos bellos milagros

Por Gabriel Milian Scuri

Por los balcones de la Ciudad de Buenos Aires se escuchan gargantas que se quiebran. Las vuvuzelas revivieron y se usan como si fuera Sudáfrica 2010. La Argentina acaba de ganarle a Egipto 3-2 por los octavos de final del Mundial 2026. Hasta el minuto 78, el seleccionado nacional perdía por 2-0. En el transcurso, Messi falló un penal y le anularon un golazo a los africanos, que volaban.

Desde la sufrida victoria ante Cabo Verde, por el mismo resultado, en el anterior encuentro, la frase que más se intercambia entre los mensajes de WhatsApp es: “Si no se sufre no vale”. El haberla hecho tan propia hace creerle a la mente que hay que derramar sangre para poder disfrutar un poco. Así como en la vida, el fútbol tiene mucho de la identidad. Se juega como se vive y en una sociedad acostumbrada a levantarse de la mierda existen infinitas maneras de vencer a la adversidad. Incluso cuando en el túnel no hay luz. Ni salida.

A lo mejor, la euforia agranda situaciones que hay que tomarse con calma. ¿Pero cómo explicás que la gente sale a las calles a festejar un pase a cuartos de final? Lo que pasa ahora en Estados Unidos es algo propio. Una sucursal del país austral. Lo que se transmite en la pantalla son pibes que en algún momento hundieron sus zapatillas, porque no alcanzaba para botines, en el barro de algún potrero y le pusieron la suela a la pelota. Hoy, lo hacen con la celeste y blanca puesta. Y le dan alegrías a un país que siempre parece estar condenado a la desgracia. Económica y social.

Aún así, intentar encontrarle una explicación al deporte rey es como un gato que persigue su cola. Si la Argentina tiene delanteros goleadores pero quienes cabecean dentro del área rival son sus defensores. Si Messi lo ha ganado todo pero llora al pasar de ronda en un Mundial. Quizá, vio tan cerca el final que se asustó. Y nosotros por él.

Sin sufrir vale también. Pero es como si fuera parte de uno. Y con la de uno, uno se muere. Hasta el final. Con gambeta corta y la bocha abajo del pie.

Maradona y un poco de amor escocés

Por Ariel Atanasio

El regreso de Escocia a la máxima cita del fútbol tras casi tres décadas sin clasificar, no solo trajo el color y la histórica fiesta de su mítica hinchada al mundial en Estados Unidos. También reactivó un fenómeno cultural que resuena con fuerza en nuestro propio suelo: a raíz de este campeonato, numerosas muestras de afecto por parte de la comunidad de escoceses y exiliados radicados en la Argentina han inundado las redes,dejando en claro que entre ambas naciones hay una historia detrás llena de cariño y admiración y una cuota pendiente con un “enemigo” en común.

Y la pregunta es: ¿A qué se debe la banca de los hinchas escoceses para con la Selección Argentina? Para entender hay que mirar hacia el mapa británico. La rivalidad entre Escocia e Inglaterra es la más antigua en la historia del fútbol (su primer partido oficial se desarrolló en 1872), pero las raíces del conflicto se encuentran mucho más profundas que los noventa minutos de juego.

Arrastra siglos de tensiones políticas, la resistencia escocesa ante la dominación de la corona británica y reclamos históricos de independencia cultural y social que persisten hasta el día de hoy. En el fútbol, mientras los ingleses suelen mirar con condescendencia a sus vecinos del norte, los escoceses no esconden su bronca con Inglaterra. Y es exactamente en ese cruce de caminos donde la Argentina se convirtió en su mayor aliada simbólica.

El punto de inflexión en la relación entre la Argentina y el país europeo, ocurrió el 22 de junio de 1986. Cuando Diego Armando Maradona inmortalizó “La Mano de Dios” y luego firmó el “Gol del Siglo” para eliminar a los ingleses en el Estadio Azteca. Lo que para nosotros fue un grito cruzado por tantos sentimientos, para Escocia también fue un vueltito para la selección “pirata” luego de tanta historia.

Para el hincha escocés, la viveza criolla de usar la mano izquierda y la posterior humillación arrastrando a toda la defensa inglesa fue vista como el acto máximo de rebeldía popular. Desde aquel Mundial, el Diego dejó de ser un jugador extranjero para convertirse en un héroe del folklore nacional en Escocia.

La prueba definitiva de este romance histórico se canta a los gritos en este Mundial. En las previas de los partidos, cuando la multitud de camisetas a cuadros se cruza con las camisetas albicelestes, se desata el mismo ritual: los escoceses entonan un hit dedicado exclusivamente al astro argentino.

Así como lo hacemos acá, modificaron la letra de la canción británica “The Hokey Cokey”, para ridiculizar a los ingleses al recordar aquel gol que cambió vidas argentinas, como también ajenas.

La letra que entonan con locura y que los exiliados replican con orgullo dice:

You put your left hand in, (Ponés la mano izquierda adentro,)

You put your left hand out, (Ponés la mano izquierda afuera,)

You put your left hand in and shake it all about. (Ponés la mano izquierda adentro y la sacudís.)

You do the Maradona and you score a goal, (¡Hacés el Maradona y metés un gol!)

That’s what it’s all about! (¡De eso se trata todo!)

La complicidad no quedó congelada en los años ochenta. En este Mundial actual, la mística se renueva. Ver a los hinchas escoceses saltando a la par de los argentinos, intentando pronunciar los cantos locales y compartiendo cervezas y abrazos es la muestra perfecta de esa capacidad del futbol de unir culturas.

A través de los exiliados que traen sus historias de origen y los hinchas que arman la fiesta en las sedes, este nuevo Mundial nos vuelve a recordar que en el norte de las islas británicas hay un pueblo que, cada vez que la Argentina sale a la cancha, siente la camiseta albiceleste como si fuera propia.

Rodri, el mediocampista de oro

Por Pedro Fay

Hay futbolistas que destacan por los goles, otros por los lujos. Rodri lo hace por algo mucho más difícil de encontrar: hace mejores a todos los que juegan a su alrededor. Capitán de la selección española, líder del Manchester City y Balón de Oro, se transformó en el cerebro de sus equipos gracias a una combinación de inteligencia táctica, personalidad y una regularidad extraordinaria. Él mismo suele resumir su filosofía con una idea simple: “Lo importante es que el equipo funcione”, una frase que explica mejor que cualquier estadística la forma en la que entiende el fútbol. 

Ese perfil también se refleja fuera de la cancha. Mientras competía al máximo nivel en Europa, se graduó en Administración y Dirección de Empresas. Siempre sostuvo que “el fútbol no dura para siempre” y que quería prepararse para el futuro, una decisión poco habitual entre futbolistas de élite y que refleja el carácter metódico con el que construyó su carrera. 

Nacido el 22 de junio de 1996 en Madrid, comenzó su formación en las inferiores del Atlético de Madrid, aunque terminó de desarrollarse en el Villarreal, donde debutó profesionalmente en 2015. Tras tres grandes temporadas regresó al Atlético y, en 2019, dio el salto al Manchester City. Bajo la conducción de Pep Guardiola encontró su mejor versión hasta convertirse en el mediocampista más determinante del mundo. No por casualidad, el propio entrenador catalán aseguró en más de una oportunidad que “Rodri es el mejor mediocentro del mundo”

Con la selección española debutó en 2018 y rápidamente se ganó un lugar entre los referentes del plantel. Después de conquistar la Eurocopa 2024 asumió la capitanía y pasó a ser el líder de una generación que devolvió a España a la cima del fútbol europeo. 

No todo fue sencillo. En 2024 sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de una rodilla, una lesión que frenó el mejor momento de su carrera. Fueron meses de recuperación y trabajo silencioso hasta volver a competir al máximo nivel, una muestra más de la fortaleza mental que lo caracteriza. 

Su palmarés habla por sí solo: múltiples Premier League, la Champions League 2022-23, el Mundial de Clubes 2023, la Eurocopa 2024 y, ese mismo año, el Balón de Oro. Un premio histórico que lo convirtió en el segundo español en ganarlo desde 1960 y en el primer mediocampista español en conseguirlo. Lejos de celebrar el logro desde un lugar individual, eligió destacar que “hoy gana el fútbol español y también los mediocampistas que muchas veces trabajan en la sombra”, una declaración que volvió a mostrar su forma de entender este deporte. 

Tras la victoria frente a Portugal, volvió a mantener esa línea. En lugar de hablar de sí mismo, puso el foco en el grupo y remarcó que el equipo todavía tiene margen para seguir creciendo. Sin estridencias, sin buscar el protagonismo, Rodri volvió a demostrar por qué hoy no solo es el capitán de España: también es su líder futbolístico y emocional.

España y Francia, una llave que alimenta un cruce picante en semifinales

Por Celeste Roa y Alexandra Jara

La selección de España dejó en el camino a Portugal y selló su clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026 gracias a un agónico gol de Mikel Merino. Mientras la Roja celebra el pase a la siguiente instancia, las declaraciones de Lamine Yamal sobre Francia siguen generando repercusión y alimentan la expectativa de un posible enfrentamiento entre ambos seleccionados en semifinales, aunque para que eso ocurra los dos deberán superar primero los cuartos de final.

En la previa de los dieciseisavos de final, el delantero español había sido contundente al referirse a uno de los grandes candidatos al título. “Francia no es mejor que España. No nos han ganado, no pueden ser mejores que nosotros. El Mundial empieza ahora, después de la fase de grupos. Creo que no hay ningún favorito claro. Francia llega en buena forma, pero no creo que esté por encima de nadie”, afirmó en una entrevista con Radio Cope.

Las declaraciones del atacante de 18 años rápidamente recorrieron el mundo y generaron repercusión en la concentración francesa, ya que ambos seleccionados aparecían como posibles rivales en las semifinales del certamen.

Quien recogió el guante fue Jules Koundé, defensor de Francia y compañero de Yamal en el Barcelona. Desde la concentración francesa en Waltham respondió con tranquilidad, aunque dejó en claro que tomó nota de las palabras del español. “Los últimos partidos que hemos tenido contra España no han salido como queríamos. Nos guardamos esa frase en un rincón de nuestra cabeza, o al menos en un rincón de la mía”, expresó. Además, destacó la personalidad de su compañero: “Sé que es un jugador muy fuerte, un chico ambicioso que dice las cosas como las piensa”. Sobre el favoritismo, agregó: “Ser el favorito en una competición no significa mucho. No me molesta, me hace sonreír”.

Horas después, el propio Yamal bajó el tono de sus declaraciones. Desde la concentración española aclaró que no buscó menospreciar al conjunto francés y reconoció el nivel de los dirigidos por Didier Deschamps. “La fase de grupos no significa nada, miren a Alemania. Francia está jugando a un nivel muy alto, está en plena forma, tiene buenos jugadores, pero no creo que esté por encima de nadie. Para mí, nadie está por encima de nadie”, señaló.

 

Antecedentes en los Mundiales

La rivalidad entre España y Francia también tiene capítulos importantes en competencias organizadas por la FIFA. El antecedente más recordado en una Copa del Mundo absoluta se dio en los octavos de final de Alemania 2006, cuando Francia eliminó a España por 3-1 con goles de Franck Ribéry, Patrick Vieira y Zinedine Zidane, luego de que David Villa abriera el marcador para la Roja. Además, ambos seleccionados se enfrentaron en los Mundiales Sub-20 de 1977 y Turquía 2013, con triunfos españoles por 2-1 en ambas oportunidades.

 

El historial reciente

En los últimos diez años, ambos seleccionados protagonizaron varios cruces de alto nivel. Francia venció a España por 2-1 en la final de la UEFA Nations League 2021, mientras que la Roja se tomó revancha al imponerse 2-1 en las semifinales de la Eurocopa 2024, ganó 5-3 la final de los Juegos Olímpicos de París 2024 y volvió a derrotar a los franceses por 5-4 en las semifinales de la UEFA Nations League 2025.

De aquel último enfrentamiento por la Nations League todavía permanecen 18 futbolistas en los planteles mundialistas. España mantiene la base con Unai Simón, Pedro Porro, Robin Le Normand, Marc Cucurella, Pedri, Fabián Ruiz, Mikel Merino, Nico Williams, Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Por el lado de Francia continúan Mike Maignan, Jules Koundé, William Saliba, Theo Hernández, Aurélien Tchouaméni, Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Randal Kolo Muani, reflejando la continuidad de dos generaciones que vuelven a perfilarse como protagonistas.

Sin embargo, el esperado choque todavía deberá esperar. Francia buscará el pase a las semifinales cuando enfrente a Marruecos el jueves 9 de julio a las 17:00, mientras que España disputará su partido de cuartos el viernes 10 de julio a las 16:00 frente a Bélgica. Solo si ambos logran avanzar, el Mundial 2026 tendrá un nuevo capítulo de una rivalidad que sigue sumando historia.

 

Cristiano Ronaldo y su legado en los Mundiales

Por Valentín Rodríguez Costich, Tomas Golfo y Mateo Tempone

En vísperas al encuentro frente a España por los octavos de final, Cristiano Ronaldo palpitó el duelo y confirmó que el Mundial 2026 fue el último de su carrera como futbolista de la selección de Portugal. El capitán lo reconoció en conferencia de prensa. “Siempre estoy aquí en cuerpo y alma. Juegue o no en la selección, siempre voy a tener un papel importante”, expresó el máximo ídolo portugués, dejando en claro su compromiso con el grupo más allá del lugar que le tocó ocupar dentro del equipo.

A los 41 años, CR7 atravesó su sexta participación mundialista y se preparó para afrontar un nuevo clásico ibérico, esta vez con un condimento especial: la posibilidad de que cada partido pueda marcar su despedida definitiva de la máxima competencia. Y así fue.

En Alemania 2006, CR7 disputaba su primer Mundial con 21 años y fue la edición en la que más lejos llegó, finalizando en el cuarto lugar siendo esta la mejor participación de Portugal. Ocho años después, el comandante registró un desempeño para el olvido en Brasil 2014, aquí no logró superar la fase de grupos que compartía con Estados Unidos, Ghana y Alemania. El principal apuntado por la prensa portuguesa fue el “bicho”. El ex Real Madrid tuvo su mejor versión en Rusia 2018 donde aportó cuatro goles en cuatro partidos. Tres de las anotaciones habían sido frente a la Roja, con la que se batió a duelo por el pase a cuartos de final en su última función.

En la actual Copa del Mundo el delantero luso marcó tres goles, dos en fase de grupos ante Uzbekistán y el más reciente en el duelo frente a Croacia en 16avos de final, conviene subrayar que ya rompió dos récords. Uno de ellos lo comparte junto con Lionel Messi y Guillermo Ochoa, quienes están exhibieron en sus camisetas el logo FIFA legacy para honrar sus seis participaciones en citas mundialistas. Por otra parte, es el segundo jugador más longevo en anotar un tanto en esta competencia.

El sueño del portugués de obtener la Copa del Mundo terminó hoy con la caída ante España por los octavos de final, lo que significó también su despedida definitiva de los mundiales. Con seis participaciones, tres goles en esta edición 2026 y un total de 12 tantos a lo largo de su carrera mundialista y los dos récords antes mencionados, el capitán cerró su trayectoria que lo consolidó como uno de los  jugadores más importantes que pasó por la Copa Mundial de la FIFA.

Cristiano Ronaldo termina su legado en Mundiales habiendo llegado nuevamente a octavos de final como en Qatar 2022 y siendo consolado por Lamine Yamal, la gran promesa del fútbol moderno. Con esto culmina una carrera histórica con su selección logrando los únicos dos títulos en la historia de su país. Al finalizar el encuentro el jugador se dirigió al vestuario entre lágrimas en lo que significó su último partido en Copas del Mundo y su retiro del seleccionado nacional.