Nos merecemos bellos milagros

Por Gabriel Milian Scuri

Por los balcones de la Ciudad de Buenos Aires se escuchan gargantas que se quiebran. Las vuvuzelas revivieron y se usan como si fuera Sudáfrica 2010. La Argentina acaba de ganarle a Egipto 3-2 por los octavos de final del Mundial 2026. Hasta el minuto 78, el seleccionado nacional perdía por 2-0. En el transcurso, Messi falló un penal y le anularon un golazo a los africanos, que volaban.

Desde la sufrida victoria ante Cabo Verde, por el mismo resultado, en el anterior encuentro, la frase que más se intercambia entre los mensajes de WhatsApp es: “Si no se sufre no vale”. El haberla hecho tan propia hace creerle a la mente que hay que derramar sangre para poder disfrutar un poco. Así como en la vida, el fútbol tiene mucho de la identidad. Se juega como se vive y en una sociedad acostumbrada a levantarse de la mierda existen infinitas maneras de vencer a la adversidad. Incluso cuando en el túnel no hay luz. Ni salida.

A lo mejor, la euforia agranda situaciones que hay que tomarse con calma. ¿Pero cómo explicás que la gente sale a las calles a festejar un pase a cuartos de final? Lo que pasa ahora en Estados Unidos es algo propio. Una sucursal del país austral. Lo que se transmite en la pantalla son pibes que en algún momento hundieron sus zapatillas, porque no alcanzaba para botines, en el barro de algún potrero y le pusieron la suela a la pelota. Hoy, lo hacen con la celeste y blanca puesta. Y le dan alegrías a un país que siempre parece estar condenado a la desgracia. Económica y social.

Aún así, intentar encontrarle una explicación al deporte rey es como un gato que persigue su cola. Si la Argentina tiene delanteros goleadores pero quienes cabecean dentro del área rival son sus defensores. Si Messi lo ha ganado todo pero llora al pasar de ronda en un Mundial. Quizá, vio tan cerca el final que se asustó. Y nosotros por él.

Sin sufrir vale también. Pero es como si fuera parte de uno. Y con la de uno, uno se muere. Hasta el final. Con gambeta corta y la bocha abajo del pie.

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