Crónica de una noche con Cabo Verde: primero hay que saber sufrir

Por Luca Bertoni

“Uff, ahora sí.. estamos adentro”, esbozó Hernán Bertoni, anfitrión y padre de uno de los miembros del grupo de amigos de Haedo que se juntaron para ver a la selección argentina contra Cabo Verde. Y es que el partido se presentó así, trabado y complicado. Tanto fue así que los chicos se fundieron en un abrazo grupal entre una nube de suspiros que llenó la habitación de alivio. 

En los papeles, el partido parecía sencillo para muchos. “Hoy 4 a 0, ganamos cómodos” dijo Manuel, el más fanático de la selección en el grupo de amigos, antes que arranque el partido con un tono de tranquilidad casi inimaginable para un partido de eliminación directa de un Mundial.

 Y es que, en defensa de Manuel, el rival era Cabo Verde. Un país que disputaba su primera Copa del Mundo, un país pequeño en el cual muchos de los jugadores tenían oficios por fuera del deporte para poder vivir. “Ojo igual eh, vienen jugando bien, yo los vi con España y Uruguay y son muy fuertes, a los vecinos hasta le podrían haber ganado”, advirtió Mateo, defensor y profesor de fútbol infantil. 

El partido arrancó trabado, pero como siempre, el 10 y capitán albiceleste, con una pincelada mágica abrió el marcador luego de controlar una pelota que había viajado por el aire más de 40 metros. “Que de la mano, de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar…”, arrancó a sonar al unísono entre los 10 chicos, casi como si hubiese estado premeditado. “¿Vos viste la pelota que puso el Licha?”, preguntó Tobias, el central zurdo del grupo, fascinado con el pase largo que había hecho el zaguero argentino. 

Sin muchas más emociones, llegó el entretiempo. Se notaba cierto clima de tensión. Si bien es cierto que el conjunto africano no se había aproximado al arco sudamericano, el rendimiento colectivo no terminaba de convencer a los hinchas argentinos. “No están conectando los del medio con los de arriba, a Lautaro no le llega nunca”, sentenció Santiago, otro de los amigos, mientras se levantaba del sillón. 

Solo 15 minutos pasaron del complemento cuando llegó el empate de Cabo Verde. “Se los dije. No jugamos a nada, estaba cantado”, dijo Santi con un salame y un queso en una mano, y un vaso de fernet en la otra. Y por más de que ese vaso de fernet no era el primero que empinaba en la tarde noche del viernes, razón no le faltaba, la gran mayoría estaba disconforme con el rendimiento de la selección.

Pitazo final, empate en 1 y a jugar el tiempo extra. Poco pasaba hasta que el propio Licha Martínez agarró un rebote dentro del área y la acomodó arriba para que al famoso arquero caboverdiano se le haga imposible atajarla. “Vamos muchachos, es ahora, ahora hay que pasarlos por encima”, le gritó Hernán a la pantalla como si la arenga fuera escuchada por los 11 argentinos que vestían la camiseta blanquiceleste en Miami, a más de 7 mil km de distancia. 

Y cuando la tranquilidad volvía a apoderarse del estado de ánimo de los amigos, llegó el segundo gol como un mazazo. “Mirá donde la clavó, ni él lo puede creer”, protestó Manuel, incrédulo con el sablazo al ángulo izquierdo del Dibu Martínez que había sacado el mediocampista africano. 

Llegó el entretiempo y todo empezaba a oscurecerse, los penales parecían cada vez más cercanos. “Hummm que miedo para los penales estos muchachos, vienen embaladísimos”, dijo Tomás tirado desde el sillón, lugar donde había estado en silencio los anteriores 105 minutos de partido. 

Pero el destino tenía otra cosa pensada. Centro de Messi, cabezazo del Cuti Romero, rebote en un defensor caboverdiano y gol de Argentina. “GOOOOOOOL”, un grito bien largo y pronunciado, con un alto tono de voz, y en un abrazo colectivo bien fuerte para sacar la bronca y los temores contenidos. Todos saltaron eyectados desde el sillón, la mesa ratona se movió y un vaso lleno cayó en la alfombra color beige. 

Nada importó, ese gol trajo la tranquilidad que tanto habían necesitado esos amigos argentinos a lo largo de toda la tarde noche. Poco más sucedió hasta el pitido final, que los volvió a juntar en un abrazo y el canto del nuevo hit de la hinchada argentina, que tiene una consigna clara: “Argentina quiero verte bicampeón”.

 

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