Lisandro Martínez: cuando la fortaleza se construye fuera de la cancha

Por Valentín Gerez

Cuando Lisandro Martínez salió del quirófano tras romperse el ligamento cruzado de la rodilla izquierda, el Mundial 2026 parecía una meta demasiado lejana. Durante meses, el tiempo dejó de medirse en partidos y empezó a contarse en sesiones de rehabilitación, ejercicios repetidos hasta el cansancio y una pregunta que por momentos le atravesó la cabeza, si volvería a ser el mismo. La respuesta no llegó de un día para el otro. Llegó con paciencia, con trabajo y con un cambio que transformó su vida. El nacimiento de su hija Aurora le dio una perspectiva distinta. El fútbol seguía siendo su pasión, pero ya no era lo único que lo definía. Ese nuevo motor le permitió atravesar la recuperación más difícil de su carrera y reencontrarse con el defensor que el mundo había conocido. 

En el Manchester United volvió a ser ese central que juega al límite sin perder la claridad. El que anticipa antes de que el delantero piense. El que no le teme al cuerpo a cuerpo, pero tampoco a recibir la pelota bajo presión para iniciar un ataque. Porque Lisandro nunca fue solamente un marcador. Siempre fue el primer pase de cada jugada. Lionel Scaloni necesitaba esa versión para defender el título mundial. Y Martínez respondió.

Durante la Copa del Mundo de 2026 es mucho más que un defensor. Es el sostén de una Selección que volvió a confiar en una última línea agresiva, intensa y valiente. Cada cruce, cada anticipo y cada salida limpia desde el fondo llevaron su firma. Mientras los focos siguen a Lionel Messi, él hace el trabajo menos vistoso y, muchas veces, el más importante. Su actuación consagratoria llegó frente a Cabo Verde. Antes del partido, junto a Cristian Romero, cumplió un ritual: un utilero les acercó una botella con agua bendita. El Cuti se persignó y se llevó el agua a la frente. Lisandro eligió mojarse las piernas, como si quisiera bendecir el arma con el que iba a librar otra batalla. Minutos después, ambos marcaron para una Argentina que sufrió, pero avanzó. La imagen recorrió el mundo, un partido sobresaliente del carnicero que realizó una asistencia con un pase quirúrgico para que Messi meta el primero del partido y un espectacular zurdazo al primer palo  para ponerse nuevamente en ventaja en el alargue. Aunque el verdadero milagro no había ocurrido ese día. Había empezado muchos meses antes, cuando decidió no rendirse.

Después del encuentro llegó una confesión que terminó de explicar todo. “Durante mi recuperación atravesé momentos muy difíciles, incluso llegué a pensar en dejar el fútbol”, contó el entrerriano. También reveló que el nacimiento de su hija fue el impulso que necesitaba para volver a creer. No hablaba el futbolista. Hablaba la persona. Quizás por eso nunca necesitó medir casi un metro noventa para hacerse gigante. Su estatura jamás estuvo en los centímetros, sino en el carácter. Defiende con la intensidad de quien entiende que cada pelota puede cambiar una historia y juega con la tranquilidad de quien ya aprendió que las batallas más importantes no siempre se libran dentro de una cancha.

El Mundial 2026 confirmó que Argentina seguía teniendo una defensa de élite. Pero también mostró algo que hasta entonces pocos conocían: detrás del central que va fuerte a cada cruce, hay un padre, un creyente y un futbolista que encontró en su familia  la fuerza para volver a creer cuando el fútbol parecía que se le escapara de sus manos.

Más notas