Neymar y Brasil: la historia de amor que nunca tuvo su final feliz

Por Candela Loureiro

Doce años de “El Príncipe” con la camiseta de Brasil, entre alegrías, lágrimas y una Copa del Mundo que siempre pareció estar a un paso, pero jamás terminó de llegar.

Neymar debutó con la selección absoluta el 10 de agosto de 2010, con 18 años, y anotó de cabeza en su primer partido. Ese día se puso la camiseta número diez, la misma que había usado Pelé, y con ella cargó una promesa que todo Brasil decidió creerse. Los años siguientes fueron buenos: la Copa América de 2011, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y, en 2013, su primer título con la Mayor, la Copa Confederaciones, ganada en el Maracaná, torneo en el que además fue elegido el mejor jugador.

Paulo Henrique Ganso en busca de Neymar, quien festeja su primer gol en el debut con la selección.

El primer golpe apareció en su propio país. En el Mundial de 2014, el que Brasil soñó durante años, un rodillazo de Camilo Zúñiga le fracturó una vértebra en el partido por los cuartos de final y lo dejó afuera del resto del torneo. Tuvo que ver desde su casa cómo Alemania goleaba 7-1 a su selección en Belo Horizonte. Lloró esa noche y él mismo contó después que aquel dolor lo hizo dudar por primera vez de si quería seguir en la selección.

Dos años más tarde se tomó revancha. En Río 2016, ya como capitán, le dio a Brasil el oro olímpico que nunca había ganado en fútbol masculino, con un gol en la final y la ejecución decisiva en la tanda de penales. Para muchos fue el momento más feliz de toda su historia con la selección, y llegó casi en el mismo lugar donde dos años antes había vivido su peor noche.

En Rusia 2018, todavía dolorido luego de una fractura en el pie, jugó los cinco partidos como la principal figura del equipo en el ataque. Anotó dos goles, aunque Bélgica volvió a eliminarlos en cuartos de final. Una lesión lo dejó afuera de la Copa América 2019, que quedó en manos de la Verdeamarela, y en 2021 regresó para llevar a su equipo hasta la final en el Maracaná, donde fue elegido el mejor jugador del torneo, aunque perdieron ante la Argentina de Lionel Messi, su amigo.

A Qatar 2022 llegó en uno de los mejores momentos de su carrera. Pero cuando Croacia eliminó a Brasil por penales en cuartos de final, se largó a llorar en la cancha de una manera que pocas veces se ve en un jugador de su trayectoria. Esa imagen recorrió el mundo y mostró, sin necesidad de palabras, cuánto le pesaba cada eliminación con la camiseta que más quería.

El 8 de septiembre de 2023 alcanzó un momento histórico: llegó a los 79 goles con Brasil y superó el récord que durante décadas había pertenecido a Pelé. Apenas un mes después, en Montevideo, sufrió la lesión más grave de su carrera: la rotura del ligamento cruzado y del menisco de la rodilla izquierda. Estuvo casi un año alejado de las canchas y ese golpe marcó el comienzo de su bajón físico.

Llegó a su cuarto Mundial con 34 años, ya de regreso en el Santos y con otra lesión muscular encima. Nunca consiguió un lugar fijo en el equipo de Carlo Ancelotti. Fue suplente durante los cinco partidos del torneo y apenas había sumado 14 minutos, frente a Escocia, antes del cruce de octavos de final ante Noruega. No fue un castigo ni una decisión caprichosa: Vinícius, Rodrygo y Raphinha se habían ganado ese lugar a pulso, jugando bien, y Ancelotti no tuvo motivos futbolísticos para romper ese equilibrio solo por nostalgia. Neymar entendió el rol que le tocaba, esperó su turno en el banco y, cuando llegó la hora, no la desaprovechó.

Este domingo entró a los 67 minutos, con el marcador todavía en cero, y la gente lo ovacionó como si quisiera agradecerle antes de tiempo todo lo que les había dado. Ya dentro de la cancha vio cómo Erling Haaland apagaba el sueño brasileño con dos goles. Se cruzó con Martin Ødegaard, discutió, recibió una amarilla y siguió peleando cada pelota.

En la última jugada del partido, un penal tras un codazo sobre Casemiro le dio una oportunidad más. Neymar tomó la pelota una vez más. No dudó. El encuentro terminó 2-1 para Noruega y ese fue, hasta ahora, su último gol con la camiseta de Brasil en un Mundial. Un grito que ya no alcanzaba para cambiar la historia, pero sí para escribir el último capítulo de la suya. Llegó tarde para revertir el resultado, aunque justo a tiempo para no irse en silencio.

Neymar ya había dejado entrever, en las semanas previas, que Estados Unidos, México y Canadá 2026 sería su último Mundial. Se despide como el segundo jugador con más partidos en la historia de Brasil, solo por detrás de Cafú, y como su máximo goleador histórico con 79 tantos. También deja una Copa Confederaciones y dos medallas olímpicas entre sus logros. Lo único que nunca consiguió fue aquello que más deseó: levantar la Copa del Mundo.

Hay historias de amor que no necesitan un final feliz para convertirse en inolvidables. La de Neymar con Brasil fue una de ellas. Compartieron noches de gloria, derrotas imposibles de olvidar y sueños que siempre parecían volver a empezar. La Copa del Mundo nunca llegó, pero el vínculo quedó escrito mucho más allá. Se va con el mismo gesto que lo acompañó durante toda su carrera: mirando al cielo después de un gol. Solo que esta vez ya no levantó la vista para imaginar lo que venía, sino para despedirse del amor que marcó su vida futbolística

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