viernes, mayo 24, 2024
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Menotti, el fútbol es un arte

Por Lucas Lopez 

Un mediodía, a principios de los años 90’, en el barrio de San Telmo, con una mesa poblada de copas, vinos, sodas y panes como espectadora de semejante momento, se sacaban una foto verdaderos artistas: Quino, Roberto Fontanarrosa, Alejandro Dolina, Ricardo Mollo, Alfredo Casero, el Negro Caloi, Joan Manuel Serrat. En el medio, abrazado a Dolina, había alguien que no era de eso que se suele llamar arte, pero que también era un artista: Cesar Luis Menotti. Menotti, de todas las personas, quizá fue la primera que pensó al fútbol como un arte. 

Nació en Rosario. Jugó en Rosario Central, Racing, Boca, Santos y Juventus de Sao Paulo, con un breve paso por Estados Unidos en el medio. Fue entrenador de Newell’s Old Boys, Huracán, donde salió campeón en el año 73 con un equipo que iba a ser recordado hasta el día de hoy, dirigió a la Selección Argentina, ganó el Mundial del 78, después pasó por Barcelona, Boca, Atlético de Madrid, River, Peñarol, Boca otra vez, Independiente, Sampdoria de Italia, una segunda etapa en Independiente, Rosario Central, una tercera etapa en Independiente, y un ciclo muy corto en México, en lo que fue su última experiencia como director técnico. 7 títulos obtuvo como entrenador, que no le hacen justicia a su impacto en este deporte. 

Jorge Valdano escribió, sobre él, en diario El País: “La personalidad entre bohemia e intelectual que lo acompañó siempre estaba construida por un gran amor a la música popular, una sensibilidad estética hacia todo y un fuerte compromiso con la política de izquierdas”. Entender al Menotti amante de la música es entender al Menotti técnico, su legado, aquel que dejó una corriente filosófica que aún hoy en día sigue viva. 

Cuando era joven escapaba de su ciudad y viajaba a Buenos Aires, veía boxeo y pasaba las noches en la siempre luminosa avenida Corrientes, perdido en los bares en los que escuchaba a sus orquestas y artistas favoritos. Ya en los años 70 se mudó a la capital porteña, las salidas se hicieron más frecuentes y Cesar Luis no dejaba noche sin escuchar en vivo las notas de algún bandoneón. Así conoció a grandes artistas de la cultura propia de este país: Anibal Troilo, Roberto Goyeneche y, su preferido, Osvaldo Pugliese. 

Pugliese y Menotti tenían cosas en común por fuera del arte: el Partido Comunista sirvió como unión para ambos, más allá de la amistad. Alguna vez el pianista lo invitó a uno de sus ensayos, pero al escuchar a sus violinistas, Pugliese suspendió todo. “Hoy no están bien, mañana seguimos”. A Menotti esa escena le quedaría para siempre en la memoria: “¿Ven? Es igual a un entrenamiento”, le dijo a su cuerpo técnico. 

De las -interminables- célebres frases que dejó Menotti, varias fueron protagonizadas por la música: “Un equipo es igual a una orquesta de músicos”, o, refiriéndose a Bilardo, “yo soy admirador de Joan Manuel Serrat y Mercedes Sosa y a él le gustan Los Wawancó”. La amistad con el catalán fue la más fuerte que tuvo el Flaco. Llegó a decir que “en el fútbol todo debe tener un sentido, como la música de Serrat”. Se conocieron en el Mundial del 82, cuando él viajó a Barcelona para dirigir a la Selección Argentina. El cantante, tiempo después, dijo que “siempre le había interesado su forma de trabajar, y, sobre todo, su manera de hablar de fútbol como un hecho lúdico, divertido y creativo”. 

Tanto se querían, que Menotti escribió un solo libro en su vida y Serrat estuvo a cargo del prólogo. Fútbol sin trampas, conversaciones entre el técnico campeón del mundo y Ángel Cappa cuando volvían de la playa, un verano en que vacacionaban en la ciudad de la que estaba enamorado Menotti, Mar del Plata. 

Esos chicos… sus hijos, señoras y caballeros, están proyectados para jugar. Para jugar por jugar. Para divertirse jugando. No les anticipen el muermo. No los conviertan en aburridos prematuros, que de eso, con el tiempo, ya se ocupa la empresa. De eso se encargan los malos dirigentes, con sus cortes de mangantes y con los técnicos acomodaticios y serviles que en el mundo han sido, son y, mucho me temo, serán”, cerraba Serrat el prólogo, con un anticipo de todo lo que vendría después en el libro.

Menotti, hábil y público fumador, de quién hay más fotos con un cigarrillo en la mano que sin, tuvo complicaciones de salud incontables veces por su adicción. En 2011, cuando fue operado por una afección pulmonar que lo dejó en terapia intensiva, recibió un mensaje de su amigo catalán: “A ver si ahora te ocupas de la vida y no del cigarrillo”. Desde aquel día no fumó más, abandonando aquel objeto con el que estaba tan asociado. Cesar Luis Menotti, aquel primer artista del fútbol, que supo musicalizar a sus equipos así como Pugliese daba ritmo a su orquesta o Serrat entonaba las estrofas de Penélope, falleció el 5 de mayo de 2024 a los 85 años. 

 

Bruzos: “El futsal no tenía nada y la llegada de Tapia cambió eso”

Por Matías Policastro

La Selección Argentina de futsal levantó la Copa del Mundo en 2016, fue subcampeona en la edición del 2021 y se quedó con la Copa América en 2015 y en 2022, entre sus actuaciones más destacadas. Este histórico proceso lo detalla a la perfección Gustavo Bruzos en el libro Revolución Futsal, publicado el 5 de octubre de 2023. Bruzos ejerce periodismo desde 1988. Formó parte de la sección deportes en el diario Clarín hasta el año 2000, y luego desempeñó diversas tareas en la señal deportiva de televisión ESPN. En la actualidad, es redactor y editor en el sitio web del propio canal y le agradece a su hijo Agustín, quien le inculcó la pasión por el deporte del 40×20. Sobre Diego Giustozzi, ex entrenador de la Selección Argentina y autor del prólogo de su libro, detalla:

– En 2016, cuando nadie estaba usando el predio, Giustozzi y los jugadores se encerraron ahí a entrenar, prepararon un Mundial y salieron campeones en Colombia. Sin que nadie se enterara siquiera que había una Selección, un técnico nuevo y tampoco que dos veces antes de viajar a la propia cita mundialista nadie quería poner la plata y casi no van. Es el tipo que cambió el futsal en la Argentina. Realmente un enamorado de este deporte, un fenómeno. No tengo ninguna duda de que hay un antes y un después de su aparición.

– ¿Cómo surgió la idea del libro? 

– En la pandemia aproveché que estaba con tiempo y me senté a escribir. Ya cuando lo tuve más o menos enfocado, llamé a los chicos de Ediciones Al Arco y la devolución fue buenísima. La historia es muy clara como proceso histórico, es un libro absolutamente periodístico, no tiene ninguna otra veleidad o deseo más que contar algo que nos pasó, que tiene muchas casualidades y también causalidades. Me parece que todo el proceso a partir de la llegada de Diego Giustozzi tiene un montón de cuestiones que transformaron al deporte.

– Juntando esas casualidades y causalidades, ¿creés que tuvo mucho que ver la votación del 2015 en AFA que terminó 38-38 con el crecimiento del futsal?

– El 38-38 dejó un vacío en la entidad que los chicos aprovecharon a pleno, y sin dudas que fue la casualidad y causalidad de tener 3 o 4 cabezas de termo que pelearon por la disciplina, junto con la segunda línea de todos ellos. Están enfermos y tienen una enfermedad hermosa, contagiosa, es alucinante. Este deporte no tenía nada y la llegada de Claudio Tapia en 2017 cambió eso. Era un tipo que estaba bastante cerca de la disciplina y tiene a Jonathan Sanzi (actual presidente de la comisión de futsal en AFA) como su mano derecha. 

– En un capítulo haces hincapié en los clubes de barrio, ¿qué opinión tenés sobre las sociedades anónimas deportivas? ¿Cómo repercutirían en el futsal?

– Es absolutamente fácil: si en el fútbol grande van y hacen desastres, imaginate lo que pueden hacer con los clubes de barrio chiquitos. Además, si hay algo por lo que el futsal argentino pudo competir a nivel mundial, fue por ese semillero que significan los clubes barriales. 

– Mencionás el poco respeto a los procesos, ¿por qué pasa? ¿Es un problema del periodismo o de la sociedad?

– No respetar los procesos implica también un problema de educación. Trajiste a Giustozzi porque creías que era el mejor. Cuando se va, lo deja a Matías Lucuix. El segundo partido, ya le caían las críticas ¡a Lucuix! Un tipo que adentro de la cancha era Messi, y ya empezaban los cuestionamientos. Hoy es subcampeón del mundo. Sobre todo en los deportes más chicos, donde hay menos para morder, todos están desgastando para ver si pueden agarrar algo del nuevo proceso. Ahí también está el multicausal, que tiene que ver con las ansiedades y las apetencias personales de muchos personajes mediocres que hay siempre dando vueltas, en todas las disciplinas. 

– Colocaste un textual de Giustozzi a Télam, una agencia que quieren cerrar y que le daba importancia a deportes que en los medios masivos no tienen influencia… 

– Hablando con Alejandro Wall, me decía algo que no había pensado: para nosotros, los periodistas deportivos, Télam era un gran ordenador. Te levantabas a la mañana, pispeabas la cablera y tenías un panorama de lo que no te podías olvidar. Eso es una pérdida enorme. Ni hablar de lo que significa en cuanto a puestos de trabajo, ni a equidad de la información, ni a federalismo informativo. Perdemos compañeros con mucha calidad periodística. Es una derrota profunda para nuestra profesión si llega a terminar desapareciendo Télam. 

– ¿Creés que los comunicadores del futsal pueden llegar a tener un lugar importante en los medios?

– Cada vez hay más lugar para el periodismo especializado en las señales deportivas. En función de que el futsal empiece a entrar en la televisión masiva, creo que va a haber más espacio para esos medios. Ahora veo demasiado streaming a cargo de los clubes, gente con voluntad pero no con la mejor calidad ni de imagen ni periodística, que va generando mejor contenido con el aumento de horas al aire. Pero sí, hay muy buenos periodistas haciendo futsal y muy buenos lugares de donde leer.

– ¿Hoy la disciplina está más asentada que nunca en la AFA?

– Olvidate, el desarrollo de la Selección de futsal es otra cosa, tiene su lugar en la AFA. Antes de la llegada de Giustozzi, los jugadores pagaban su propio viaje de avión. Hoy, funciona como un reloj. Los jugadores vienen con su pasaje y su seguro, tienen el alojamiento y también la continuidad con el rol de cuerpo técnico en selecciones juveniles, como es el caso de Damián Stazzone (campeón del mundo en 2016 y entrenador de la sub 20). Es muy difícil criticar a Claudio Tapia en el futsal, porque no contemplas todo lo demás.

 

 

El infiltrado, crónica de una tarde en la tribuna local

Por Tomás Allami 

Domingo gris. De esos días donde el plan ideal está dentro de la casa, en la comodidad del sillón o de la cama, con la estufa encendida, protegido de la lluvia y del frío infernal que ha vuelto después de tantas semanas de incertidumbre y clima templado. Es extraño que haya llegado tan tarde, pero según les gusta decir a algunos amantes de la brisa fresca y el vapor que sale con cada soplido, mejor tarde que nunca. Sin embargo, para el futbolero, los domingos son de fútbol. No importa que llueva o truene, que caigan granizos helados o meteoritos llameantes, este día es sinónimo de ir a la cancha, solo, entre amigos o con la familia, a alentar al equipo del cual son hinchas. 

En Victoria, Provincia de Buenos Aires, una zona en constante renovación estructural, hay una concentración importante de futboleros del mismo palo, que respetan a rajatabla la cultura de los domingos argentinos. Tigre, el equipo del barrio, abría la primera fecha del campeonato recibiendo al flamante campeón del fútbol argentino, Estudiantes de La Plata, coronado hacía apenas una semana atrás en Santiago del Estero frente a Vélez. 

Los hinchas de Tigre, que no eran muchos, caminaban con determinación sobre la Avenida Presidente Perón, tiñendo las calles de rojo y azul con sus banderas, camisetas y bengalas, y cantando “a la cancha voy a ver al matador” con una euforia digna de un conjunto que está por salir campeón. La lluvia y el frío no eran excusa. Varias familias con niños -que a ninguno le faltaba la camiseta de su club- y abuelos -algunos con gorro de lana y camperones largos que les cubrían las rodillas- estaban presentes en una previa espectacular. Sin embargo, no eran los únicos con tanta emoción por el comienzo del campeonato, ni que habían ido a ver a su equipo. Entre ellos, se encontraba un infiltrado, un agente doble, que con una camiseta apretada del “Chino” Luna por encima de una remera térmica negra, un piluso negro y una barba recortada con mucha delicadeza, que parecía retocada por un barbero experto, aparentaba ser uno mas del montón, cuando por dentro, era un confeso “Pincharrata”.

Sin la oportunidad de acompañar al club que juega como visitante, que les fue arrebatada a los hinchas en el fútbol argentino hace más de 10 años, convertirse en un agente doble es la única alternativa para visitar canchas ajenas y alentar al equipo del que es hincha, conociendo los riesgos que eso conlleva. Un murmullo, un grito sin querer, una tarareada involuntaria, puede comprometer toda la operación y dejar al infiltrado en una situación más que delicada. Si es descubierto, tiene que huir lo más rápido posible, antes de ser capturado en líneas enemigas. Con esa adrenalina se vive el ir a la cancha como visitante.

El agente pincha ingresó a la popular local del estadio José Dellagiovanna, junto con una ola enorme de matadores, entre ellos dos conocidos que lo habían invitado a ver el partido, y se acomodó en uno de los escalones del costado derecho de la popular local, cerca de las plateas que están delante de la calle Guido Spano, a una distancia coherente de la barra brava. La camiseta que llevaba, aunque le cause dolor y comezón por el simple hecho de portarla contra su equipo, era el disfraz perfecto para no ser descubierto en territorio enemigo. Antes de partir hacia la cancha, había dejado una pulsera y un collar de Estudiantes en un cajón de la cocina de su casa en Parque Patricios. No podía permitir que algo saliera mal. Muchos infiltrados a lo largo de los años han sido sorprendidos solo por ir vestidos con una remera lisa y no cantar las canciones del local. 

El infiltrado tenía emociones encontradas. La adrenalina que le generaba aparentar ser de Tigre cuando en realidad estaba alentando a Estudiantes chocaba de lleno con la angustia provocada por no poder cantar, arengar o gritar por su verdadera pasión. El hecho de que su equipo sea el actual campeón del fútbol argentino, lo hizo todavía más difícil. Saber que, de ser necesario, tenía que gritar con todas sus fuerzas un gol a su propio equipo, le causaba mucho malestar. 

Los conjuntos salieron y los cantos, aunque tenues, empezaron a sonar en la pequeña fortaleza de Victoria. El infiltrado jugaba bien su papel, y cantaba a la par de los matadores. Con el arranque del partido, la tarea parecía hacerse cada vez más fácil. Los hinchas de Tigre que habían estado en la previa, todavía no habían ingresado al estadio, por lo que no se estaba alentando demasiado. Ese era el escenario ideal para él, ya que como mucho, se sabía apenas una canción del local. Agarró la más sencilla para aprender y memorizar, y la canto todo el camino de ida, con temor a olvidarse la única justificación que lo protegía si algún matador dudaba de él. Con el inicio tan calmado, sus nervios comenzaron a dispersarse mientras disfrutaba de un partido de fútbol.

Sin embargo, todo cambió con un gol de Estudiantes, que abrió el partido con un zapatazo cruzado de Mendez y sorprendió a más de uno en la tribuna. El infiltrado quería estallar de alegría. Sus ojos brillaban como una lluvia de fuegos artificiales en año nuevo y un calor abrumador que salía de su pecho hizo que se le ponga la piel de gallina. Contra todo pronóstico, y sabiendo lo que significaba si no lo hacía, el pincha se contuvo y no emitió ni un suspiro. Casi en simultáneo, una manada de matadores subía por la popular, cantando con fuerza e imponiendo autoridad. La previa había ingresado al estadio. Todo este conjunto de sucesos género que el Coliseo de Victoria se encienda, como la llama de un fósforo que busca prender el fuego interior del horno.

El infiltrado, cada vez más nervioso, sufría cantando la única canción que se había aprendido de memoria. “Dale matador, quiero ser campeón” era el cántico que el impostor disfrazado entonaba con sus hermanos temporales de la tarde. Para que el ambiente se tornara aún más pesado de lo que ya estaba, uno de los matadores comenzó a sospechar. Un gigante que aparentaba ser patovica de boliches los fines de semana, con una calva brillante, un camperón rojo que resaltaba entre tantos buzos azules, y un tatuaje extraño en el cuello, empezó a observar al infiltrado. Este se percató y comenzó a transpirar una secreción helada que le recorría todo el cuerpo. El ser descubierto significaba el fin.

La situación iba de mal en peor. Sobre el final del partido, los matadores cantaban canciones para empujar a su equipo al empate. Todo el estadio comenzó a hervir. Todos menos el pincha disfrazado que, salvo por algún que otro gesto con sus brazos y una falsa sonrisa mirando hacia la popular, ni se inmutó. El gigante de Tigre se percató y con un vozarrón rayado que expone sus años de fumador, se dirigió hacia el infiltrado.

-Dale pendejo, ¿qué pasa qué no cantás? Esto es Tigre viejo, hay que empatarlo. Empezá a cantar, dale.

-Pará boludo, tranquilo. Canté todo el partido, no me da la voz.

Los que habían entrado al infiltrado frenaron al gigante, que mientras hablaba, se acercaba cada vez más al pincha, que le respondía con una voz tenue y temblorosa. La sangre se le helaba y su cuerpo se paralizaba. El partido estaba cerca de terminar, pero él ya no quería saber nada. Su identidad estaba siendo comprometida y era el momento de huir. Por el griterío ajeno al aliento, cada vez más gente se percató de lo que estaba pasando. Uno de los hinchas matadores que estaba un escalón por encima suyo, con pelo largo y lacio, y cargando a su hijo a caballito, se acercó al impostor, que estaba cerca de ser descubierto.

-Pibe, escuchame. Rajá de acá rápido porque te van a matar.

-¿Rajar por qué? si yo soy de Tigre.

-Seas o no seas, la gente va a comprar lo que grita el gordo este, y no te van a escuchar. Haceme caso y andate que es peligroso.

El pincha abrió los ojos y escuchó con atención, pero no podía moverse. El miedo lo tenía paralizado. Le impidió actuar rápido para escapar de allí. Para su suerte, los compañeros que lo habían invitado a ese infierno se percataron de la cadena de sucesos que podían desembocar con el descubrimiento del infiltrado, cada vez más vulnerable. Uno lo agarró por la espalda para llevarlo. Parecía como si estuviera empujando un auto que se quedó sin nafta en la Panamericana. El otro fue al frente, como barredora de nieve para limpiar el camino repleto de matadores e irse lo más pronto posible. El gigante seguía gritando con furia, para que el resto de los matadores se dieran cuenta de lo que estaba pasando.

-Ese es de Estudiantes, es de Estudiantes! agárrenlo ya.

Para la suerte del pincha, nadie se percató. Con sus compañeros, que ayudaron a despabilarlo y sacarlo de su parálisis temporal, corrieron por la calle Pasteur hasta un supermercado Jumbo sobre Avenida Del Libertador, escapando de alguno que se le hubiera ocurrido seguirlos. Tal vez los hinchas de Tigre se hicieron los distraídos o pensaron que el gigante les gritaba por irse antes de un partido importante que estaba abierto, ni más ni menos que ante el campeón del fútbol argentino. El infiltrado nunca lo sabrá. A pesar del mal momento, que servirá para dudar la próxima vez en ir de doble agente a una cancha, el infiltrado cumplió su misión. Aunque fue comprometido y estuvo al borde de ser descubierto, salió ileso, y “disfrutó” la victoria de Estudiantes. Tal cual lo vivió, con esa adrenalina, se vive el ir a la cancha como visitante.

 

Julián Infantino: el docente futbolista

Por Luca Quagliatini

Alguna vez José Néstor Pekerman dijo: “Julián Infantino, el mejor juvenil que dirigí”. Se le recuerdan gambetas y pases en la inferiores de Argentinos Juniors. Nacido en Villa Ballester, debutó en 1982 teniendo apenas 16 años con el equipo de La Paternal, compartió equipo con campeones del mundo y recorrió las cuatro categorías del profesionalismo. Fue campeón interamericano, además de estar en el plantel ganador de la Copa Libertadores en 1985. Terminada su carrera se formó como profesor y en la actualidad enseña Informática en el secundario del Centro Cultural Italiano Alessandro Manzoni.

Seis años después del debut de Diego Maradona, parecía que del semillero del mundo iba surgir un jugador con las mismas características: un volante ofensivo, rápido, bajito y ágil. Eso ya fue suficiente para que las molestas, aunque satisfactorias, comparaciones no le faltaran. Sin embargo, pocas oportunidades en el mejor Argentinos Juniors de la historia y, sobre todo las lesiones, le obstaculizaron una mejor evolución. Aún así, en el semillero del mundo demostró cualidades que lo transformaron en una de las mayores promesas de ese equipo. Alejandro Becchini, ex colega de Infantino en el colegio, comentó: “Si no hubiese sido por su rodilla habría sido mejor que Maradona”.

“Nada nunca lo dejó insatisfecho durante su carrera”, comentó Becchini. Salió campeón en Argentinos Juniors, se fue a préstamo a Argentinos de Firmat e Instituto de Córdoba, disfrutó sus mejores años de fútbol en Tigre, pasó por Deportivo Morón y ascendió y gritó campeón de la Primera C con Villa Dálmine, donde se retiró en 1992. “Tuve la suerte que a pesar de las lesiones no me impidió hacer una carrera importante, no solo en Primera sino también en el ascenso”, declaró el profesor de 53 años y sentenció: “Siempre las cosas hay que aceptarlas como vienen y disfrutar lo que uno obtiene”.

Infantino vivió el retiro de manera diferente. Fanatizado con una de las computadoras que consiguió su hermano de IBM, se le cultivó una curiosidad por esas máquinas que lo terminó llevando a ser profesor de informática. Lo curioso es que para la época del auge de las computadoras en Argentina, allá por la década de los 90, los que se dedicaron a estudiar carreras relativas a la nueva tecnología lo hicieron sin las máquinas. Únicamente aprendieron conocimientos teóricos. Por lo tanto, Infantino debió esperar hasta que se popularizó el uso de las computadoras para poder acceder más fácil a una.

Con los estudios finalizados, se formó como profesor y así fue cómo concretó el cambio de las canchas por las aulas y los chicos. Los momentos que Infantino más destaca de las clases es el transmitir aprendizajes, que los alumnos lo absorban y por consecuencia que superen al maestro. Realmente se lo conoce como un profesor apasionado. Típico de un ex futbolista, el docente acota sus explicaciones con algún refrán relativo al deporte. Ex alumnos y colegas de Infantino concuerdan en que es su forma distendida de mantener atento al estudiante. En la sala de profesores no tiene problemas con nadie, al contrario, lo describen como una gran persona. Eso sí, entre docentes comparte discusiones con chicanas futboleras como dos típicos rivales. Sobre todo Becchini, fanático de Huracán, era quien solía enfrentarse al docente de Informática, hincha de San Lorenzo. Siempre se reprocharon qué equipo tenía más problemas o como según concluyó el quemero discutían cuál era el menos malo.

Infantino continúa siendo un apasionado del deporte. Ha participado en talleres de fútbol en el colegio, acompaña a su hijo a jugar en las inferiores de Comunicaciones y comentó que le gustaría entrenar a las categorías menores de algún club, como se ve quiere seguir rodeado de gente a quien enseñarle. Por sentido de pertenencia a La Paternal, el corazón le hace fuerza para ser entrenador de Argentinos, pero aún así no descarta ser entrenador en cualquier club que le permita dirigir categorías menores. Si bien existe la posibilidad de trabajar en ese sector, el docente comentó que le llegó una importante propuesta para ser mánager deportivo en categorías profesionales del fútbol colombiano. Sin embargo, esta última opción la descartó a causa de que el docente ve complicado el traslado de su vida a otro país.

“No digo que me alegro porque no haya seguido el típico camino de los futbolistas de ser entrenadores cuando se retiran, pero agradezco haberme cruzado a Julián en la secundaria”, reflexionó Federico Gonzaléz, egresado del Centro Cultural Italiano. Infantino también cree que el fútbol es un deporte de valores y tiene en claro cuál es el que debe prevalecer en el fútbol. “Lo más importante para mí es la solidaridad que significa jugar en equipo”. Aunque el docente asegura que hoy en día el propósito del deporte en equipo cambió porque los intereses individuales muchas veces prevalecen sobre los colectivos.

Aún siendo fánatico del fútbol por lo que es, lo que le mueve y lo que le representa, el exfutbolista ha cambiado de forma radical su vida en pos de haber encontrado lo que realmente le gusta. Dejó atrás años de celebraciones deportivas y las cambió por la satisfacción de formar parte en la formación de las futuras generaciones. “En Argentina, un país con tanto fútbol, llama la atención que alguien que haya jugado en primera prefiera ser docente. Es algo que enorgullece la docencia y estoy muy contento por él”, agregó Becchini.

“Si hay algo de lo que me arrepiento hoy es no haber arrancado antes”, afirmó fehacientemente Infantino e incluso se describió asimismo como un profesor de verdad. “Las mayores alegrías me las dieron los chicos, por más que el fútbol me haya dado millones”, aclaró Juli, que continúa entrando a las aulas con los mismos sentimientos que hace 20 años.

El Flaco de Barcelona, un referente en todo el mundo

Por Juan Livio

En la previa al partido del pasado fin de semana entre el Barcelona y Real Sociedad, el conjunto Culé realizó un minuto de silencio en homenaje para rendir respeto a César Luis Menotti por su fallecimiento. El Flaco fue director técnico del club en los años 1983 y 1984.

Luego de ocho años al mando de la Selección Argentina, y tras conseguir el Mundial de 1978, un 6 de marzo de 1983, Menotti arribó a Cataluña para dirigir al Fútbol Club Barcelona y se volvió a encontrar con Diego Armando Maradona, quien había llegado un año atrás al equipo: “El artista que se roba un tiempo lo tiene que devolver. En un equipo sucede lo mismo, es una sinfónica que debe sostener lo mismo”, estas fueron las palabras del Flaco tras llegar a la institución.

El Barsa venía de una sequía de nueve años sin ganar la Liga Española, por eso el desafío para el Flaco era de suma importancia. Su ideología de juego era ideal y lo que más le gustaba al presidente de ese entonces, José Luis Núñez, que quería un equipo con posesión de pelota y que fuera ofensivo. Su debut como entrenador de la institución azulgrana se produjo el 12 de marzo de 1983 contra el Real Betis, cuando empató 1-1 por la fecha 28 de la Primera División Española.

En esa temporada logró la Copa del Rey y la Copa de la Liga, las dos contra su máximo rival, el Real Madrid. En la primera dejó en el camino al Athletic de Bilbao en cuartos de final. El club vasco en ese entonces era un cuco en España, luego venció a los merengues en la final por 2 a 1, con un gol agónico de Marcos Alonso. Luego, en la segunda, en una copa que se disputaba a partido ida y vuelta, nuevamente le ganó la final a los blancos. El primer encuentro terminó 2-2 y el segundo lo ganó el equipo dirigido por Menotti por 2-1 con gol de Maradona desde los doce pasos.

El objetivo principal, la Liga, se la terminó llevando el Athletic de Bilbao y el azulgrana
quedó segundo a un punto. La temporada siguiente conquistó la Supercopa de
España pese a los malos resultados que tuvo, ganando al Athletic la final a
dos partidos, la ida la ganó 3-1 y la vuelta perdió 1-0. Ese mismo año en 1984, Menotti dejó el cargo como director técnico del club catalán debido al fallecimiento de su madre y por cansancio personal.

Su conducción técnica en el club fue de las más exitosas en el equipo Culé en cuanto a juego entre los dos técnicos más importantes en ese entonces, Rinus Michels y Johan Cruyff. Su paso por el Barcelona fue muy rápido, abandonó el cargo logrando tres títulos, dos frente al Real Madrid y uno frente al Athletic de Bilbao y dirigió 55 partidos ganando 31, empatando 8 y perdiendo 16. Su trabajo fue fundamental en el armado del equipo que al año siguiente volvería a conquistar la Liga con Terry Venables en el banco.

Maradona, el mejor jugador del mundo en ese momento, cuando se enteró de esta noticia le preguntó al Flaco si era verdad de que dejaba el cargo como entrenador del club: “Recuerdo que cuando me fui del Barcelona, Diego me preguntó si era verdad que no seguía, y me dijo que si yo me quedaba, el no se iba al Napoli”.

La Selección de Menotti, entre Malvinas y España

Por Gianfranco Stumbo

Cesar Luis Menotti se encargó de entrenar a la albiceleste en el Mundial de 1982, torneo que en Argentina pasó a un segundo plano por la Guerra de Malvinas ante el Reino Unido, que se desarrolló en simultáneo a la cita mundialista.

La competencia fue celebrada en España y tuvo su partido inaugural el 13 de junio. Argentina fue parte de aquel encuentro debido a que era la vigente campeona, y la base de su equipo era muy parecida a la de cuatro años atrás. Refuerzos de la talla de Diego Maradona, Ramón Díaz y Jorge Valdano le agregaron jerarquía a un plantel que ya estaba consagrado, por lo que la expectativa era mucha. En las semanas previas al Mundial, Menotti expresó en una conferencia de prensa exclusiva a medios extranjeros: “Desde nuestro humilde puesto debemos intentar darle al mundo, a través del fútbol, una imagen cabal de lo que somos”. 

Además, el gobierno de facto instruyó a los futbolistas para que supieran qué decir en los reportajes. “Nos dieron un documento con algunas instrucciones que tenían que ver con la comunicación, aquello que resultara prudente decir si nos hacían alguna entrevista. Menotti me dijo personalmente que eso no iba a sustituir a nuestra conciencia”, confesó Valdano en una entrevista para DeporTV años después.

Los periódicos argentinos dieron una versión alterada de los hechos y crearon un clima efusivo y victorioso en relación al enfrentamiento bélico. Para los jugadores de aquel plantel solo fue necesario abrir los diarios españoles para darse cuenta de la realidad de la guerra. La prensa de España advirtió acerca del avance británico en las Islas y cómo la resistencia argentina se debilitaba, por lo que el fin del conflicto era cuestión de tiempo.

Aquel 13 de junio, Argentina y Bélgica se enfrentaron en el Camp Nou por el primer partido de su grupo. En paralelo, tropas argentinas se estaban enfrentando en las Islas Malvinas a las unidades inglesas en la Batalla de Puerto Argentino. Algunos grupos de combatientes escucharon el partido por radio dentro de sus trincheras en el mismo momento en el que había fuego cruzado. A los 63 minutos del encuentro, el belga Erwin Vandenbergh marcó el único gol del juego y decretó la derrota de la albiceleste. Un día más tarde, los británicos tomaron Puerto Argentino y pusieron fin a la guerra, decretando la derrota de Argentina toda.

“La guerra del Atlántico Sur debe forjar una unidad nacional de la mano de una independencia política y económica. Nuestro país, en la historia, volvió a ser víctima del colonialismo y el imperialismo. A partir de ahora, los argentinos debemos tener en cuenta quiénes son nuestros amigos y nuestros enemigos”, fueron las palabras de Cesar Luis Menotti mientras el Mundial estaba en pleno desarrollo.

A pesar de todo, la delegación argentina siguió compitiendo en el torneo. Un 4 a 1 ante Hungría y un 2 a 0 contra El Salvador le permitieron a la Selección quedar en el segundo lugar del grupo y avanzar de ronda. La segunda fase fue lapidaria para el equipo que entrenó el Flaco: último puesto (y por ende eliminación) en un grupo compartido con Italia y Brasil, con los que perdió por 2 a 1 y 3 a 1 respectivamente; con el agregado de la expulsión de un joven (y debutante mundialista) Maradona ante los sudamericanos cerca del final del partido.

La competencia para la Selección Argentina había llegado a su fin. Ni siquiera la decepción de aquel Mundial pudo opacar el sentimiento de pesadumbre de la pérdida de los 649 soldados argentinos en las Islas Malvinas. Si bien el dolor de una eliminación mundialista existió, existe y existirá; aquella derrota deportiva en España terminó de teñir de negro a una de las etapas más tristes y sombrías de la historia nacional. 

Tras ocho años de continuidad, un campeonato del mundo y un cambio de cara a todo el fútbol nacional, el 10 de diciembre de 1982 finalizó el ciclo de Menotti a cargo del seleccionado argentino. El traspaso de mando en la dirección técnica marcó el inicio de una nueva era en el combinado albiceleste. Carlos Salvador Bilardo, con una escuela e ideales completamente alternos a los de Menotti, asumió el cargo. Casualidad o no, otro 10 de diciembre, pero de 1983, Argentina celebraba el retorno a la democracia luego de siete años del régimen dictatorial, régimen responsable de aquella dolorosa e innecesaria guerra.

Menotti, de Rojo: cómo fue su paso por Independiente

Por Ivan Mander

Cesar Luis Menotti fue uno de los personajes más influyentes en la historia del fútbol argentino. A los 85 años dejó el planeta en el que vivimos, pero su legado quedará en la memoria de los argentinos y los amantes del fútbol para siempre. Y los hinchas de Independiente guardarán su recuerdo en un lugar especial de su memoria.

El Flaco no fue de esos entrenadores que consiguieron muchos títulos como lo pueden ser Guardiola o Gallardo, pero sí fue uno que dejó su estilo de juego en cada club o selección a la que dirigió. Ejemplos sobran, como aquel Huracán del Metropolitano de 1973, o la Selección argentina campeona del mundo en 1978. Sin embargo, también se recuerdan sus pasos por clubes donde no consiguió títulos, como lo fue en Independiente.

El debut de Menotti en el Rojo fue contra Ferro en Caballito, en 1996. Un plantel irregular, que no había encontrado el rumbo luego de los dos últimos años en los que el equipo había ganado la Supercopa del 94, paradójicamente contra el Boca de Menotti, y un 1995 exitoso de la mano de Miguel Ángel López como entrenador. Apenas en su primer partido, la idea menottista ya se veía plasmada en el juego y el duelo concluyó con victoria para los de Avellaneda por 3 a 0. La segunda fecha fue en la Doble Visera frente a Newell’s. La exhibición fue tal que el local goleó 4 a 0 y los hinchas se empezaron a ilusionar. La racha se extendió y el equipo se mantuvo invicto las primeras diez fechas, por lo que se ponía como candidato a ganar el campeonato. Entre ellas, se jugó el partido que todo el país estaba esperando: Boca vs Independiente.

A pesar de no ser el superclásico, ese encuentro era el más importante del año, porque no solo se enfrentaban dos clubes grandes, sino que se disputaba mucho más. Dos ideas, dos estilos de juego, dos maneras de vivir. Bilardo contra Menotti.

Aquel domingo 3 de noviembre, sin saludos entre ellos y con cánticos de ambas parcialidades insultando al técnico rival, comenzó el espectáculo en la Bombonera. Un Independiente dominador en los primeros minutos del encuentro, con la hinchada del Rojo gritando ole, ole” cada vez que el equipo juntaba varios pases. No obstante, lo interesante sucedería en el segundo tiempo. A los 20 minutos del complemento, Néstor Fabbri, jugador del conjunto de La Ribera, fue expulsado por doble amarilla y al minuto siguiente, llegó el gol de los dirigidos por el Flaco. Un centro de Jorge Burruchaga, cabezazo de Claudio Arzeno en el segundo palo para bajársela a Francisco Guerrero que definió en el área chica. Explotó el grito de gol por parte del pueblo rojo. En los minutos finales iban a expulsar a dos jugadores más, Lorenzo (Boca) y Rotchen (CAI), por lo que el partido terminó nueve contra diez. 1 a 0. Final del encuentro.

Luego del gran arranque que tuvo el equipo, las derrotas frente a Platense y Rosario Central por 4 a 1 y 3 a 1, respectivamente, hicieron que el objetivo de salir campeón se alejara. La irregularidad volvió de modo tal que en las últimas fechas perdió frente a Huracán de Corrientes por 3 a 2 y le ganó a River por 3 a 1, que finalmente fue el campeón. Sin embargo, un segundo puesto no estaba para nada mal. La relación entre el director técnico y los hinchas era buena, ya que se respetaba ese “paladar negro” que tanto caracteriza a los simpatizantes del Rojo, por lo que nadie dudaba de que siguiera en el cargo. Debido a esto es que se esperaba con ansias el próximo campeonato.

Pero al contrario del torneo anterior, Independiente arrancó con malos resultados, aunque una nueva victoria contra Boca en la décima fecha lo encaminó para conseguir una seguidilla de triunfos y así competir en lo más alto de la tabla. Quedaban cuatro fechas para que culminara la competencia y el equipo del Flaco se encontraba a tan solo un punto de Newell’s y River, quienes estaban en la punta. Pero la pausa en el torneo debido a la Copa América que se jugaba en Bolivia hizo que no se puediera seguir con el campeonato local, por lo que se le terminó el contrato y decidió irse a la Sampdoria de Italia.

De esta inesperada manera terminó el primer paso de Menotti por el “Rey de Copas”, quien tuvo dos etapas más como DT en el club en 1998/99 y 2005. Además, fue mánager de la institución en la temporada 2009/10. Tras partir del club de Avellaneda, confesó: “Me duele tener que dejar el equipo en esta situación, pero no porque esté luchando por el título, sino porque en este club viví cosas muy especiales. Me identifico con casi todos los gustos de su hinchada y rara vez me ocurre algo así”.

Menotti y Maradona, una historia de respeto, pasión y amor por la Selección

Francesco Ingrassia Alvarado

La relación entre César Luis Menotti y Diego Armando Maradona fue algo muy especial,debido a las ideas revolucionarias del Flaco que muchas veces chocaron con la fuerte personalidad de Diego. Vivieron de todo, enojos, discusiones, distanciamientos, al igual que mucha admiración y respeto mutuo. Su vínculo comenzó en 1977, cuando Menotti hizo debutar a Maradona en la Selección mayor.

Fue un 27 de febrero en La Bombonera, partido en el que Argentina goleó a Hungría por 5 a 1 en un amistoso previo al Mundial. El contexto se dio para que “Pelusa”, con apenas 16 años y 4 meses, tenga sus primeros minutos con la camiseta albiceleste y así fue como se convirtió en el jugador más joven en debutar con estos colores.

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Su primer cruce fuerte ocurrió al año siguiente, cuando el Flaco entregó la lista de
convocados para la Copa del Mundo de 1978, donde Argentina era sede. En la nómina
final, Menotti tenía 26 nombres en carpeta, pero a la cita mundialista solo podía llevar 23.Los que se quedaron afuera fueron Humberto Bravo, Víctor Bottaniz y el joven Diego Armando Maradona de 17 años. Años después, a pesar de haber levantado el primer titulo mundial de nuestro país, el Flaco aseguró haberse equivocado en no convocarlo.Diego confesó que lloró mucho cuando se enteró de la noticia, también dijo que lo perdonó pero que esto no se lo iba a olvidar nunca en la vida.

Al año siguiente, ambos tuvieron una oportunidad única para reivindicarse: el Mundial
Juvenil de Japón. Diego con 18 años era la estrella indiscutida de un equipazo que ganó el torneo de punta a punta. Triunfaron en los 6 partidos que disputaron incluyendo la final frente a la Unión Soviética por 3 a 1. Maradona brilló, convirtió 6 goles y fue elegido como la figura del campeonato. Menotti fue fundamental en la gestión de un joven Pelusa en el torneo y logró fortalecer la relación tras lo sucedido en el año anterior.

Murió César Luis Menotti: el Mundial Juvenil de Tokio 1979, la coronación de una manera de sentir el fútbol

En 1982 sufrieron otro gran golpe. Argentina llegó al Mundial de 1982 como uno de los grandes candidatos, tenía un plantel lleno de figuras y era el defensor del título. Además, Menotti y Maradona llegaron con una experiencia mayor que ilusionó a todo el pueblo argentino. Pero la Selección no anduvo para nada bien y quedó afuera nada menos que contra Brasil por 3 a 1, Maradona se fue expulsado y no pudo acceder a las semifinales. Argentina pasó de ser campeón a quedar en el puesto 11° y eso significó que el ciclo de Menotti a cargo del seleccionado terminara. Pero para Diego, la redención llegó en México, 4 años después.

Mundial 1982: una hinchada fervorosa, la farándula de fiesta y el fracaso de la selección argentina - Infobae

A pesar de haber sido dos personas con personalidades distintas, ambos sabían de su
importancia para el fútbol argentino y siempre se reconocieron entre sí. Diego con su
talento único y el Flaco con su visión innovadora lograron formar un vínculo muy fuerte que siempre quedó en la memoria de los dos. Ambos fueron protagonistas de una historia de respeto, admiración, pasión y por sobre todas las cosas el amor hacia la Selección Argentina.

Houseman, el hijo que Menotti tuvo en la cancha

Micaela Osorio

César Luis Menotti tuvo una enorme trayectoría como entrenador -dirigió la Selección Argentina, Huracán, Barcelona, Boca Juniors, Independiente, Atlético de Madrid, Peñarol, River Plate, entre otros- pero de todos sus jugadores sólo con René Orlando Houseman logró establecer un vínculo único y tan especial que incluso ellos mismos se trataban de “padre e hijo”.

Menotti conoció a Houseman cuando fue a ver un partido de Central Córdoba contra Defensores de Belgrano en 1972. El entrenador había ido con la idea de encontrar un defensor para el plantel de Huracán del año siguiente, equipo que él dirigía en su momento, pero se distrajo con el buen partido del 8 del conjunto de Nuñez, apodado El Loco, e inmediatamente lo pidió para el Globo.

Rene Houseman, el potrero puro que se trasladó a una cancha de fútbol | 442

Con el jugador recién llegado a Parque Patricios, se organizó una cena con el plantel entero junto con el cuerpo técnico y, en una de las mesas de mantel blanco y cuatro sillas, se dio el primer cruce de palabras entre dos futuros ídolos del club:

  • ¿Estás bien?
  • Sí, sí, señor. – contestó tímido el jóven de 20 años.
  • Soy tu entrenador, César me llamo.
  • Estoy bien, César.
  • ¿Tenés más hambre?
  • Un poco…
  • Pedí otro, dale. Sin miedo.

Y Houseman hizo caso. Pidió otro bife de chorizo. Luego de eso Menotti se acercó a la mesa en donde se encontraban los referentes del equipo y les pidió opinión sobre el nuevo integrante. Las contestaciones fueron todas negativas. Ninguno le tenía fe, salvo el Flaco que estaba dispuesto a poner las manos en fuego por él desde el primer día. A la mañana siguiente Houseman demostró que merecía su lugar. El entrenador contó que Alfio Basile estaba enojadísimo porque el Loco lo gambeteó todo el entrenamiento “como si fuese una porquería”.

Así fue que debutó con Menotti como su entrenador el 4 de marzo de 1973 contra Argentinos Juniors, partido que terminó en victoria para el Globo 6 a 1, pero sin goles del 7, sino que tuvo que esperar hasta la siguiente fecha contra Newells para gritar su primer tanto con esa camiseta que luego llevó a la gloria.

De ahí en adelante Houseman se volvió imparable. No solo desde las estadísticas de goleo, sino que aportaba un gran nivel de juego al equipo. Menotti incluso confesó que Diego Maradona una vez le dijo: “Dicen que soy yo el mejor, este es el mejor”.

La emotiva despedida de Maradona a Houseman

De todas formas, el Loco también se destacaba por su personalidad, por eso el apodo. Tiene muchísimas anécdotas, muchas ligadas con su alcoholismo y otras con su estricta relación con la villa de Bajo Belgrano en la que siempre vivió. Menotti contó que una vez el jugador se escapó de la concentración de Huracán antes de un partido oficial. Nadie lo encontraba, se había ido sin avisar. Pero el Flaco lo conocía demasiado y, sin pensarlo dos veces, fue a buscarlo a la villa.

Ahí se encontró con un rejunte de gente amontonada sobre una cancha de fútbol. Se asomó y, sentado en un costado, estaba René, en el banco de suplentes y con cara seria, más bien pensativa, observando el partido.

  • ¿Qué hace acá, Houseman?
  • ¿Qué quiere que haga? Mire cómo la mueve el wing nuestro.

René se rió. Después de eso le aclaró a su técnico que en realidad iba al banco de suplentes en los partidos de la villa para cuidarse de lesiones. A Houseman le importaba su carrera profesional. Y a Menotti también.

Houseman, el wing que nunca se fue | La tinta

Final del Mundial de 1978. Argentina 1 – 1 Países Bajos. Final de los 90 minutos con partido empatado. Houseman entró a la cancha antes del inicio del tiempo suplementario y, según recordó años después, Menotti reunió al equipo y antes de los últimos 30 minutos dijo:

  • No nos podían pasar por arriba nunca. Son holandeses. ¡Holandeses! Nosotros somos argentinos… estos comen chucrut como los alemanes, nosotros le damos al bife de chorizo. Somos muy distintos.

Houseman tomó la arenga como propia y la recordó toda su vida como la motivación principal para salir al campo de juego ganar aquella final por 3 a 1 y consagrarse campeón del mundo.

FÚTBOL. “Yo soy el Loco”, el libro homenaje a René Orlando Houseman

El Flaco contó que una vez en la cancha de Vélez Houseman hizo un túnel, a lo que le dijo que se lo tome en serio, y el jugador contestó: “En serio jugaba yo en la villa, por 10 pesos, y si perdía, perdía la ropa'”. Un recuerdo que, según Menotti, retrataba al futbolista a la perfección.

El Loco falleció el 22 de marzo de 2018 por un fuerte cáncer de lengua que le habían diagnosticado meses atrás. Menotti, entre lágrimas, declaró: “Creo que este tipo de futbolistas, estas personas, que se ligan el cariño de la gente no se van nunca. Siempre andan por ahí en algún potrero, en algún lugar de la Argentina, ahí en su barrio, siempre andan dando vueltas. Lo tomo como que está presente en cada pase, en cada túnel, en cada gambeta. Está su vida ahí”. 

A los 64 años, murió René Houseman

 

El Flaco y el Loco vivieron una vida de campeones juntos. Fue gracias a Menotti que Houseman llegó a Huracán y se convirtió en el enorme campeón que fue. A pesar de que ya había jugado el mundial anterior, fue Menotti quien lo llevó a vestir nuevamente la camiseta albiceleste en aquel glorioso equipo de 1978 y a convertirse en el ídolo de muchos. Fue Menotti quien ayudó a René con su adicción al alcohol, quien lo sacó de la villa y le consiguió un hogar en Huracán para que mejore. Fue él quien lo iba a buscar a la villa, quien sabía en dónde encontrarlo en todo momento.

César Luis Menotti le enseñó a René Orlando Houseman todo lo que sabía de fútbol y de la vida, ya que lo veía como “un pibe bárbaro que cayó en las manos del desorden social que le tocó vivir”. René lo reconoció más de una vez como su padre futbolístico, el único que realmente lo cuidó y que lo hizo crecer en todos sus aspectos.

Menotti al Santos de Pelé: del soccer al futebol

Valentín Romang

En el medio de un breve paso por un recién emergente fútbol estadounidense, Cesar Luis Menotti se enfrentó al Santos de Pelé en un amistoso en medio de temporada regular y cautivó la atención del Peixe, a tal extremo que decidieron llevárselo por el deslumbrante nivel de juego que había demostrado el “Flaco” en aquel partido entre los New York Generals y uno de los mejores equipos de la historia del fútbol. 

Aunque el encuentro se disputó el 7 de diciembre de 1968, hay que remontarse a dos años antes para entender cómo es que Menotti aterrizó en un territorio donde el “soccer” no era un deporte de primera línea y donde la prioridad eran los bates, junto al aro y el tablero.

Luego de su paso por Rosario Central y Racing, el “Flaco” jugó su último partido con Boca en 1966, donde erró un penal que le costó el título frente al Real Madrid por la final de la Copa Mohamed en Marruecos. Después de tan significantiva derrota, Menotti no tuvo continuidad en el Xeneize por lo que en 1967 partió, junto a Julio Alas y Luis Maria Mas, a Nueva York para sumarse a los Generals. Además de no tener rodaje en Boca en ese momento, su salida del fútbol argentino también fue excusada porque, según el delantero nacido en Rosario, los clubes estadounidenses “pagaban una fortuna”.

En el año debut de Menotti en el extranjero, Los Generals disputaron la NPSL(National Professional Soccer League) que había sido recién fundada por la United States Soccer Federation en un intento de profesionalización del fútbol en Estados Unidos. El 22 de abril, el “Flaco” tuvo un estreno sensacional en su nueva liga: gol en los primeros 15 minutos de juego contra los Chicago Spurs, con el condimento especial de la localía en el Yankee Stadium. Además, el gol tempranero del argentino le permitió a la franquicia de Nueva York llevarse su primera victoria de la temporada por 2 a 1, sumado al gol del brasileño Addison Silveira que firmó el triunfo.

NASL-Luis Menotti

A pesar del firme comienzo de Menotti en la NPSL, su equipo no corrió con la misma suerte, ya que no lograron alcanzar la clasificación para los Playoffs. En su segunda temporada, la liga se terminó convirtiendo en la North American Soccer League y llegaron a competir hasta 17 franquicias(equipos) para su edición de 1968. En otro campeonato para el olvido, el equipo neoyorquino finalizó en la tercera posición de la Atlantic Division y no consiguió sumar el trofeo a su vitrina. Pero a comparación de la primera, en la segunda temporada un suceso cambiaría el rumbo de la carrera del “Flaco”.

En un amistoso a mitad de temporada, los Generals jugaron uno de los partidos más importantes de su corta y precoz historia: en su gira por Norteamérica, lograron programar un amistoso frente al extraordinario Santos de Pelé. Cesar Luis Menotti vio una oportunidad única e irrepetible y no la desaprovechó. En un partidazo y en un triunfo histórico, la franquicia de Nueva York se llevó el triunfo por 5 a 3 de local y el “Flaco” demostró tal destreza y habilidad para el juego que su actuación, con gol incluido, quedó marcada en la retina de los brasileños. Santos le ofreció un contrato de tan solo 3 meses al argentino, ¿pero cómo decirle que no a Pelé?

César Luis Menotti: Pelé es el más grande de todos los tiempos

La petición del equipo brasileño sedujo a Menotti y hasta le cambió su ideología en lo que significaba en realidad el fútbol para él: Ya no me importaba la plata, hubiera pagado para irme porque ya tenía la cabeza en ser entrenador y una de las mejores formas de aprender era vivir con esos tipos que ganaban todo”, declaró el futuro director técnico que cambiaría la AFA para siempre. Aquel trimestre de 1968 le bastó al argentino para entender la magia y elegancia que “O Rei” exhibía con un balón bajo su suela. 

Años más tarde, luego de hacer historia al darle a Argentina su primera Copa del Mundo como entrenador y habiendo presenciado a Maradona, el “Flaco” siempre defendió una postura poco usual para un argentino promedio. El 29 de diciembre de 2022, el día del fallecimiento del astro brasileño, el canal TN se comunicó con Menotti y las primeras palabras que salieron de su boca fueron un sinfín de elogios para uno de los jugadores más importantes y talentosos que tocaron una pelota con sus pies: “Para mi el más grande de todos los tiempos, único e incomparable. Yo tuve la suerte de verlo todos los días. Los más grandes de la historia de nuestro fútbol aparecían en cada minuto con las cosas que hacía Pelé. Es muy difícil que aparezca otro como él”. Como también es muy difícil que aparezca otro Cesar Luis Menotti.