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El país que se disolvió durante la competición: Checoslovaquia en las Eliminatorias hacia 1994

Por Valentino Franco

La década de 1990 fue un espacio de turbulentos cambios para toda Europa y significó el período más conflictivo allí desde la Segunda Guerra Mundial. Los pueblos que habían elegido unirse entre sí producto de los enfrentamientos bélicos de la primera mitad del siglo XX comenzaban a fragmentarse, luego de casi 100 años de unión, por cuestiones económicas, ideológicas y, sobre todo, de identidad. Lo abrupto del cambio incursionó también en el mundo del fútbol: tres de las 13 selecciones europeas que clasificaron para el Mundial de Italia 1990 ya no existían a la hora de jugarse Estados Unidos 1994. En boga estaba la disolución de la Unión Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia.

La Guerra Fría le pasó factura a las tres naciones. Los soviéticos fueron los primeros en colapsar: el bloque comunista se deterioró, las reformas no ayudaron y se afloró un sentimiento nacionalista a lo largo y ancho del territorio. Para 1991, el equipo que hacía un año enfrentaba a la Argentina en fase de grupos del último Mundial ya no existía. Ahora, en su lugar, habían 15 nuevas Selecciones independientes.

Parecido fue el caso de Yugoslavia, aunque con consecuencias mucho más notorias: la República sangró durante un año en el marco de las infames Guerras Yugoslavas para terminar dividida en cinco países. Pero a la sombra mediática de los conflictos independentistas de las anteriores repúblicas se encuentra la desaparición de Checoslovaquia, que no hizo ni el décimo de ruido de las otras. Fue pacífica y, en vez de sangre, apenas se derramó una gota de tinta para decretar los caminos separados de las nuevas naciones: República Checa y Eslovaquia. Aunque dentro del calendario del fútbol, la situación no fue para nada oportuna. Las eliminatorias para la Copa del Mundo ya estaban en curso.

La Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia (1989)

La Selección Checoslovaca de fútbol fue, desde siempre, una animadora al título tanto en Mundiales como en Eurocopas. Luego de desprenderse del Imperio Austrohúngaro participó en su primer certamen como territorio soberano para los Juegos Olímpicos de Amberes 1920, edición en la cual alcanzaron la final pero se retiraron en medio de ella al considerar que el arbitraje era parcial en favor de los locales belgas.

El debut mundialista fue en 1934, año en el que perderían la final en tiempo suplementario ante Italia, y tras encadenar campañas discretas, llegaron nuevamente al partido decisivo en Chile 1962. Sin embargo, en Santiago se encontrarían otra vez con la derrota, esta vez frente a la Brasil de Garrincha.

Entre medio de los subcampeonatos checoslovacos, en Europa ya se diagramaba la formulación de un certamen que reuniera a los seleccionados más fuertes del continente, y en 1960 se disputó el primer Campeonato Europeo de Naciones, actual Eurocopa; en ese primer torneo la Selección Checoslovaca se quedó con el tercer puesto.

El equipo no volvió a clasificar al cuadro final hasta 16 años después, para la Euro 1976. Allí, tras dejar fuera en la clasificación a Inglaterra, vencieron a la Unión Soviética en cuartos y a una maltrecha versión de la Naranja Mecánica de Cruyff en semis. La final fue ante Alemania Federal, vigente campeona del Mundo y de la Euro 1972. El título se definió en la tanda de penales, y obra de la famosa ejecución de Antonín Panenka, Checoslovaquia adjuntó su mayor logro futbolístico. No hacían falta más pruebas. Los eslavos no eran ningún equipo de morondanga.

El famoso penal de Panenka a Maier, en la Eurocopa 1976.

El inicio del fin de la potencia

La mención de que Checoslovaquia fue uno de esos países que resultaron de la unión de varios pueblos producto de las guerras no fue en vano. Los checos y eslovacos, si bien pertenecen al grupo de pueblos eslavos, no son los mismos. Más allá de la afinidad por la vecindad territorial, presentan diferencias en sus culturas e idiomas. Una vez independientes de los derrotados austrohúngaros, acordaron unir sus fronteras en un afán de hacerse más fuertes ante posibles ataques de Alemania y Hungría, pero tal como una crónica de muerte anunciada, los alemanes se anexaron finalmente a Checoslovaquia en 1938. Acá es cuando aparece la Unión Soviética, que repele al bando fascista al precio de instaurar un régimen socialista en el territorio eslavo. Algo que sería pan para hoy y hambre para mañana.

Para la década de 1980 la economía checoslovaca, aún bajo la órbita socialista, se debilita al igual que la de los mentores soviéticos. En 1989 ocurre la llamada Revolución de Terciopelo, un movimiento pacífico que se extendió por el -aún- país en exigencia de un cambio de aire hacia el libre mercado. El brazo comunista se vio entre la espada y la pared, y no hubo escape a la dimisión. En la nueva Checoslovaquia postcomunista Václav Klaus fue elegido para conducir una nación que ya estaba encaminada a la división: en Praga y Bratislava los bocetos de futuro eran diferentes, y en el sector eslovaco ya se formaba un Partido Popular por una Eslovaquia Democrática. La población, según encuestas, tampoco aparentaba tener gran disgusto al plantearse los caminos separados. El fin de Checoslovaquia se pedía a gritos.

Tras una serie de negociaciones, Klaus y Meciar, en representación de los checos y eslovacos respectivamente, dieron pie al llamado Divorcio de Terciopelo en 1992, declaración que estableció, finalmente, la independencia de Eslovaquia. Checoslovaquia ya era oficialmente cosa del pasado, pero lo que aún persistía en el presente era la Selección de fútbol.

Tomas Skuhravy, figura de Italia 1990.

¿Qué pasaba con la Selección?

El equipo nunca volvió a repetir un logro de la magnitud de la Eurocopa de 1976, e incluso tuvo grandes decepciones como la no clasificación al Mundial de Argentina 1978. Pese a ello, jamás apartó su bandera del eje de Selecciones competitivas. En Italia 1990 el conjunto eslavo alcanzó los cuartos de final de la mano de un equipo que dio la talla, conformado por jugadores como el arquero Stejskal, Hasek, Kadlek, Kubic y, sobre todos, Tomas Skuhravy, número 9 del Slavia Praga que anotó cinco goles en aquel Mundial. Pero, sin que nadie lo sepa, aquella Copa del Mundo había sido la última competición de Checoslovaquia como país unido.

La Selección tuvo un traspié y falló en clasificar a la Eurocopa de 1992, y lo siguiente a encarar era la clasificación al Mundial de Estados Unidos 1994. En 1991 se estableció que Checoslovaquia competiría en el Grupo 4 contra Rumania, Bélgica, Chipre, Gales e Islas Feroe por dos plazas en la cita. En la primera fecha los checoslovacos perdieron 1-2 en condición de local ante Bélgica, para luego reponerse con un 4-0 ante Islas Feroe y rescatar un punto en Rumania para la tercera jornada. En paralelo a todo este certamen clasificatorio ocurría la ya mencionada ebullición a nivel país, y al anunciarse el vigor de la división desde 1993, la Selección no podía seguir compitiendo bajo el nombre de una nación inexistente.

En conjunto con la UEFA y la FIFA, la Asociación Checoslovaca de Fútbol decidió terminar las eliminatorias bajo el nombre de Representación de Checos y Eslovacos (RCS). Es así que el plantel debió competir en los siete partidos faltantes sabiendo, en su totalidad, quienes seguirán siendo compañeros en sus nuevas Selecciones y quienes jamás volverían a compartir vestuario una vez terminada la competición.

La RCS jugó su primer partido de visitante ante Chipre, encuentro que terminó 1-1. Para la quinta jornada, a la formateada Checoslovaquia le tocaba ejercer de local ante Gales, y la ciudad elegida era Ostrava, en República Checa. El partido terminó en empate, pero el detalle estuvo en las tribunas: por doquier se veían las banderas de las nuevas repúblicas, cosidas en una misma tela o, al menos, muy juntas. Parecía que el pueblo checoslovaco ya había aceptado su fragmentación, y tuvo su último destello de unión producto del fútbol.

Los últimos dos encuentros como local tuvieron como sede Kosice, territorio eslovaco. El saldo fue positivo: victorias ante Rumania y Chipre. El seleccionado llegó a la última jornada en el tercer lugar, a un punto de Rumania y a dos de Bélgica. La consigna era clara: había que vencer a los de rojo en Bruselas para clasificar al Mundial. El batacazo sería mucho pedir y el juego terminó en un pálido empate 0-0, plasmando el resultado del último partido oficial de la Selección Checoslovaca de fútbol. Al libro de las grandes historias mundialistas le acababan de negar el que habría sido uno de sus mejores capítulos: un país ya extinto dentro de la fase de grupos de una Copa del Mundo.

“Deshonesto Diego Armando Maradona”

Por Thiago N. Etchegaray

A 40 años del mítico gol con el puño del 10 frente a Inglaterra, la historia del “ensayo” de la Mano de Dios.

“Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”, decía el histórico escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro “Cerrado por fútbol” (publicado en 2017, 2 años después de su muerte, reúne todos los textos que Galeano escribió sobre fútbol). Una definición poética que retrata con precisión al hombre detrás del mito y que abarca todas las contradicciones del 10, pero que acaso necesita sumar uno de los rasgos que lo hicieron inconfundible: su picardía. Diego cargaba con una astucia propia de un argentino, adquirida en la humildad de Villa Fiorito y que explotó tanto dentro como fuera de la cancha, esa que aparecía a la hora de gambetear rivales como si estuviera en el barrio o de convencer al mundo entero que sus goles fueron con la cabeza y no con el puño. Sí, porque así como dijo alguna vez Ernesto Cherqui Bialos que hubo muchos Maradonas, también hay más de una Mano de Dios.

A diferencia de lo que creen muchos, Diego no convirtió un solo tanto con la mano, sino diez, aunque seis de ellos fueron anulados. Hubo cuatro que lograron engañar al árbitro, entre los que está el reconocido tanto a la selección de Inglaterra en el Mundial de México 1986. Asimismo, dos de ellos fueron con la camiseta de Argentinos Juniors frente a Belgrano en el Nacional ´77 y Newell´s en el Metropolitano ´79. El restante de esos goles tuvo lugar en un Napoli frente al Udinese de la temporada 1984/85.

El 12 de mayo de 1985, Napoli visitaba al Udinese en el estadio Friuli -actualmente Bluenergy Stadium- por la jornada 29 de la Serie A. Maradona enfrentaba a Zico. El 10 de Argentina cara a cara con el 10 de Brasil. El conjunto napolitano se puso en ventaja gracias a una genialidad propia del mejor jugador del mundo en un tiro libre a los 4 minutos, pero los locales reaccionaron al instante y encontraron el empate en los pies de Dino Galparoli. A los diez minutos del complemento, Luigi de Agostini fusiló desde fuera del área el arco visitante y marcó el 2-1 que duró casi todo el segundo tiempo. 

Sobre el final, en el minuto 88, otra obra maestra del argentino tras un cabezazo de Luigi Caffarelli al travesaño se llevó todo el protagonismo: Maradona fue al rebote y metió el manotazo. Gol y 2-2 definitivo. El mismo puño izquierdo que fue protagonista frente a Inglaterra en el Mundial de México ´86, el mismo que no se apreció en la transmisión del encuentro, pero que sí generó el reclamo inmediato de todos los rivales (y hasta de un alcanzapelotas que estaba detrás del arco). Y allí, su picardía: Diego, al igual que contra los ingleses, corrió a festejarlo cerca del juez de línea, como buscando su complicidad.

Como era de esperar, Giancarlo Pirandola, juez del partido, se convirtió en el blanco de las quejas de los jugadores del Udinese luego del final. Entre esos reclamos, Zico encaró a Maradona: “Diego, por el bien del fútbol dile al réferi que fue con la mano. Sino, sos un deshonesto”, y en ese preciso instante, nació una nueva faceta del Dios más humano de los dioses. Según contó en una entrevista para “Hablemos de Fútbol” en 2013, el 10 argentino le extendió la mano y respondió: “Deshonesto Diego Armando Maradona, encantado”. En el programa, Maradona cerró la anécdota bien al estilo maradoniano: “Y yo, tomá, por favor. Mirá si le voy a regalar todo el potrero que yo me comí en un gol a Zico”.

Aunque el empate le sirvió a los locales que se salvaron del descenso, no fue el mejor cierre para la leyenda brasileña, quien le dijo al árbitro Pirandola que es “imposible sudar toda la semana y trabajar duro para que el domingo llegue un incompetente y te robe dos puntos, es una cosa terrible”. Esa frase le valió la expulsión y una sanción de 5 partidos, por lo que ese fue el último partido de Zico con la camiseta del Udinese, poniendo fin a su única experiencia europea con 30 goles en 53 partidos para retornar a su querido Flamengo.

El destino es caprichoso y muchas veces parece dejar pistas cautelosas, o no tanto, de lo que viene por delante. Aquella noche del 12 de mayo de 1985, el fútbol italiano presenció un ensayo guionizado a la perfección de lo que vería el mundo entero el 22 de junio de 1986 en México. A pesar de los cuestionamientos que causaron sus acciones, Diego una y otra vez se ensuciaba las manos (justamente) por los suyos. Sea en pos del débil pueblo napolitano en su eterna búsqueda de conquistar “el norte de la Italia rica” o por una nación devastada por el recuerdo latente de una guerra tan injusta como criminal. La Mano de Dios no fue un acto de deshonestidad, fue la glorificación de la transgresión. Fue su artimaña más honrosa en búsqueda de justicia.

Los conflictos internacionales están embarrando el Mundial 

Por Ignacio Laviana

Desde la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2025, la implementación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas – ICE según su sigla en inglés – ha causado temor en la población extranjera. Con el comienzo del mundial y la llegada de los seleccionados participantes, los controles fronterizos se incrementaron incluso con los protagonistas de la cita deportiva más importante del año. 

El seleccionado de Irán deberá hospedarse en Tijuana, México, y viajará a Estados Unidos tres veces para jugar los partidos correspondientes a la fase de grupos (sus rivales serán Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto) ya que los permisos que le otorgaron sólo lo autorizan a estar en el país de día. De esta forma, el traslado implicará un mayor desgaste para los jugadores en comparación a sus rivales. Esta decisión diplomática ¿no es una forma de hacer trampa por parte del actual presidente estadounidense? 

Como si los iraníes no tuvieran otras preocupaciones – están siendo bombardeados desde febrero de este año por el país anfitrión por la disputa del Estrecho de Ormuz, conflicto armado que también involucra a otros participantes de la Copa del Mundo como Jordania y Turquía, en menor medida – la FIFA les revocó las entradas a los simpatizantes del país de Oriente Medio. Fuera de la cancha ya hemos vislumbrado varias agresiones por parte de la organización, ¿se mantendrán durante los próximos 37 días? 

Otra de las problemáticas tuvo como protagonista a Omar Abdulkadir Artan, el árbitro somalí que iba a ser el primero de su país en dirigir en esta competición. El motivo de la deportación fue que encontraron antecedentes graves y relación con el terrorismo, no obstante, le habían otorgado un visado diplomático para su ingreso al país norteamericano. ¿La FIFA no sabe quiénes son sus empleados o Estados Unidos señala con el dedo a las minorías que no le gustan? 

A modo de compensación, la UEFA anunció que Artan estará a cargo de pitar en la final de la Supercopa de Europa entre el Paris Saint-Germain, campeón de la Champions League, y el Aston Villa, ganador de la Europa League. 

Por último, la figura de Irak, Aymen Hussein, estuvo demorado y fue interrogado durante siete horas en el Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago. Según las autoridades, se confundieron de persona. Luego del mal trago, el seleccionado asiático cayó ante Venezuela por 2-0 en el último amistoso antes de que establezca su base de entrenamiento en el Condado de Greenbrier. 

Nuevamente la FIFA demuestra que los intereses económicos y comerciales son sus prioridades y están por encima de lo que a una gran parte de la población nos conmueve: lo que pasa en el campo de juego.

Awer Mabil, de vivir en el barro de Kakuma a jugar el Mundial con Australia

Awer Mabil
Awer Mabil

Por Valentín Gerez

“En un campo de refugiados no podes abrir la mente y soñar”, recordó en una entrevista Awer Mabil al hablar de su infancia en Kakuma, Kenia. Vivía junto a su madre y sus hermanos en una pequeña choza de barro, comía una sola vez por día y dependía completamente de la ayuda humanitaria para sobrevivir. En ese lugar, donde el futuro parecía reducido a esperar el próximo reparto de comida, imaginar otra vida era casi imposible.

Mucho antes de convertirse en futbolista profesional y jugar un Mundial con Australia, Mabil fue un niño refugiado. Nació en Kenia después de que sus padres escaparan de la guerra civil de Sudán. Su infancia estuvo marcada por el hambre, el miedo y la incertidumbre. No había estabilidad, tampoco proyectos. El fútbol aparecía como un momento de libertad dentro de una rutina atravesada por la supervivencia. A los 10 años, su vida cambió por completo. Australia aceptó a su familia como refugiada y se instalaron en Adelaide. El viaje significaba empezar de nuevo: otro idioma, cultura y una sociedad en la que rápidamente entendió que sería distinto. Tuvo una infancia dura, ya que sufrió discriminación y racismo, experiencias que lo obligaron a crecer más rapido. Mientras intentaba adaptarse, el fútbol volvió a convertirse en refugio.

En 2010, en las inferiores del Adelaide United, se destacó enseguida por su velocidad y desequilibrio. Delgado, de piernas largas y movimientos eléctricos, Awer Mabil parecía jugar con desesperación, como si cada pelota fuese una oportunidad única. Siempre serio, pero con una oportunidad marcada por la humildad y el compromiso. Transmitía una intensidad distinta dentro de la cancha. Ese impulso lo llevó a Europa, donde construyó buena parte de su carrera profesional en Dinamarca. Pero incluso lejos de Australia, nunca se desligó de la historia que cargaba detrás. Con el paso del tiempo, Mabil entendió que su recorrido podía servir para otros. Por eso creó Barefoot to Boots, una organización destinada a ayudar a niños refugiados y vulnerables a través del deporte y la educación. “El fútbol para mí no fue solo una competencia, también me sirvió para sentirme parte de algo y poder así construir mi propia identidad”.

 

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La escena que terminó de transformar su figura pública ocurrió en junio de 2022. Australia enfrentaba a Perú en el repechaje rumbo a Qatar 2022 y la serie se definió por penales. A Mabil le tocó ejecutar uno de los disparos decisivos. Caminó hacia la pelota con una presión enorme sobre los hombros, aunque probablemente ninguna situación pudiera compararse con todo lo que ya había atravesado antes. Remató, convirtió y clasificó a Australia a la Copa del Mundo. Mientras sus compañeros corrían a festejar, él cayó de rodillas y rompió en llanto. No parecía celebrar únicamente un triunfo deportivo. En esa imagen convivían el chico que alguna vez durmió en una choza de barro, el adolescente que sufrió racismo al llegar a Australia y el futbolista que había logrado representar a un país entero en el escenario más importante del fútbol.

La historia de Awer Mabil excede cualquier resultado. Cada vez que entra a una cancha, representa tanto a Australia como a los que crecieron sin certezas, a quienes tuvieron que escapar de su hogar y a quienes aprendieron a sobrevivir antes incluso de poder soñar.

El título que devolvió la vida a Nueva York

Por Santiago Jozame

En el transcurso de los primeros partidos de la Copa del Mundo 2026, la ciudad de Nueva York se vio envuelta entre la euforia y el caos cuando el sábado 13 de junio, los Knicks conquistaron la NBA y cerraron una campaña histórica.

53 años pasaron desde la última vez que el equipo de Nueva York fue campeón de la liga más importante del mundo, y a lo largo de estos años fueron muchos los planteles que ilusionaron a la ciudad con traer el anillo y el resultado fue siempre el mismo: derrotas. Derrotas que muchas veces eran inéditas, otras merecidas, pero derrotas al fin que burlaban la historia de la franquicia que parecía encaminada al fracaso eterno.

En Argentina hay un cántico de cancha que dice “Esta hinchada se merece ser campeón”, una frase que también aplica siempre en la afición neoyorquina, que es la más pasional de la liga y que vive el básquet casi como el sudamericano vive el deporte. Pero todo ese aliento nunca fue recompensado.

Sin embargo las rachas se rompen y los gigantes se despiertan, pero para eso la gerencia tenía que mover bien sus cartas y formar un equipo que se lleve puesto todo.

En 2022 los Knicks se encontraban sin rumbo, sin siquiera clasificar a Playoffs y con la necesidad de crear un proyecto que de resultado en el corto plazo, proyecto que necesitaba un referente y el elegido fue Jalen Brunson, un base que en aquel momento se encontraba en los Dallas Mavericks y que se convirtió en la cara de la franquicia neoyorquina. Un movimiento que fue criticado por toda la prensa, apuntando como un error sin siquiera haber debutado con el equipo.

Con Brunson volvieron a competir pero aún no alcanzaba para ser contendientes al campeonato, por lo que iniciaron un proceso de reconstrucción del quinteto con el base a la cabeza. Josh Hart, Og Anunoby y Mikal Bridges fueron los tres nombres que arribaron a Manhattan con el mismo objetivo en su cabeza. Pero al equipo le faltaba un pivot y luego de mucha negociación, apostaron por Karl Anthony Towns, un dominicano de 2.13 metros de altura pero que era tan versátil siendo efectivo tanto cerca del aro como desde el exterior. Con él, Nueva York ya tenía un equipo aspirante al título.

Ordenado en todas las líneas, a inicios de temporada se confirmó a Mike Brown como entrenador del equipo y exprimió todo el potencial de sus jugadores. Convenció a Brunson de soltar antes la pelota y evitar su desgaste a lo largo del partido para ser más eficiente en los últimos minutos del juego, convirtió a KAT en un pivot pasador y le dio la confianza necesaria a Anunoby para que sea la segunda espada en la ofensiva.

Al gran trabajo táctico de Brown lo acompañaba un quinteto con hambre de gloria y un banco de suplentes que aprovecharon sus oportunidades cuando les tocaba entrar. Así fue como los Knicks con un récord de 53-29 terminaron en la tercera posición del este y con altas expectativas de cara a los Playoffs. La afición acompañaba y el Madison Square Garden era su fortín y un infierno para sus rivales.

Llegó abril y con ello volvió la ilusión a La Gran Manzana. La primera parada fueron los Atlanta Hawks, que le harían pasar un mal rato los primeros partidos pero que a la vez les terminaría de formar una identidad ganadora y en el sexto juego de la serie una aplastante victoria por 140 a 89 hizo pasar de ronda a los Knicks. En la siguiente llave se enfrentaron a Philadelphia 76ers y con un contundente 4 a 0 desfilaron hasta las Finales de Conferencia donde los esperaban uno de los favoritos a llevarse el anillo: Cleveland Cavaliers.

Sin prisas, New York se hizo gigante y volvieron a ganar 4 a 0 para plantarse en las finales de la NBA 28 años después.

En las finales los esperaban los San Antonio Spurs, que venían de eliminar al vigente campeón y con muchos argumentos se pronunciaron como claros favoritos para ganar la serie y ser campeones. Los Spurs cuentan en su plantel con jugadores muy jóvenes y talentosos, como Victor Wembanyama, de quien aún no se conoce su techo, junto a Stephon Castle y Dylan Harper. Si los Knicks soñaban con ser campeones, iban a tener que dar su máximo esfuerzo, y así fue.

Los dos primeros partidos en San Antonio fueron de ensueño, con contundencia y un Jalen Brunson encendido, los Knicks se vieron ganadores. El tercer juego ya en Nueva York lo ganaron los Spurs y en el cuarto juego de la serie, el equipo de Brown se fue al entretiempo 29 puntos abajo. Los fantasmas del pasado aparecieron y los aficionados veían al equipo hundirse, pero ante la adversidad mostraron su pasta de campeón y en un Madison Square Garden convertido en una caldera, los Knicks con Brunson y Anunoby a la cabeza formaron la mayor remontada en la historia de las finales y quedaron a un partido de tocar la gloria.

El 13 de junio de 2026, en San Antonio, se jugó el quinto juego y el resto es historia. 45 puntos de Jalen Brunson lo colocaron en lo más alto del olimpo del básquet y con un triunfo de 94 a 90 los Knicks finalmente lo lograron: se consagraron campeones.

53 años de amarguras, de proyectos fallidos, de jugadores que terminaron decepcionando y de una ciudad envuelta en desilusión se habían terminado. Times Squares fue completamente copado por los aficionados que se merecían esta alegría más que nadie y que lo festejaron a la altura de la historia de la franquicia: caos y euforia, una fórmula que representa a rajatabla lo que son los New York Knicks.

La maldición se rompió y la ciudad pudo volver a festejar tantos años después.

El rey de la constancia: Messi y sus 200 partidos con la Selección Argentina

Por Vito Camoia

La historia comenzaba a escribirse aquel 17 de agosto de 2005, cuando un joven Lionel Andrés Messi ingresaba desde el banco de suplentes, comandado en aquel entonces por José Pekerman, en reemplazo de Lisandro López. Ese pibe de apenas 18 años, que había luchado para llegar al Barcelona para que lo ayuden con su tratamiento hormonal, debutaba en un amistoso contra Hungría, Este primer capítulo fue muy corto, apenas pasados 47 segundos de su ingreso, vio la tarjeta roja por quitarse de encima a un defensor con el brazo. 

Su debut oficial con la selección llegaría en octubre de ese mismo año, en el partido de Eliminatorias rumbo a Alemania 2006, frente a Perú en el Monumental. En el cual se destacó y,entre otras, fabricó un penal que Juan Román Riquelme cambió por gol. 

El 1 de marzo de 2006 anotó su primer tanto con la selección en la derrota 3-2 ante Croacia, en un amistoso disputado en Basilea, Suiza. Tras un debut mundialista precoz en Alemania 2006, donde se convirtió en el argentino más joven en anotar en un Mundial, Messi asumió el liderazgo absoluto del equipo. Pasaron los años y la cinta de capitán se fundió a su brazo. Maradona fue quien, en 2010, le entregó la capitanía en pleno torneo. Pero el camino se volvió una montaña rusa de exigencias brutales y desencuentros.

La mochila se llenaba de piedras con cada torneo, muchos hinchas argentinos le exigían que fuera el Diego de 1986. La eliminación en cuartos de final de la Copa América 2011, las finales perdidas de manera consecutiva (el Mundial de Brasil 2014 y las Copas América de 2015 y 2016) calaron tan hondo que el dolor lo quebró. El 26 de junio de 2016, en las entrañas del MetLife Stadium de Nueva Jersey, un Messi rendido sentenció: “Se terminó para mí la Selección”. Aquella renuncia paralizó a un país que, recién ante la posibilidad de perderlo para siempre, entendió que debía cuidarlo en lugar de juzgarlo.

El guionista de esta historia, aún tenía páginas para escribir. Con la llegada de Lionel Scaloni y una renovación generacional que decidió jugar para él y no por él, el fútbol empezó a saldar sus deudas. Los primeros destellos de este cambio se vieron en la semifinal de Copa América 2019, en la que si bien Argentina perdió ante Brasil por 2-0, la manera de jugar y los cambios de actitud hicieron que la derrota doliera menos y el grupo generara una conexión con la gente. 

El 10 de julio de 2021, el Estadio Maracaná fue testigo del quiebre de la historia: Argentina cortaba una sequía de 28 años y Messi levantaba el título continental, de rodillas sobre el césped, llorando esta vez de pura felicidad.

Ese desahogo fue el combustible sagrado para la obra cumbre de su vida: Qatar 2022. En Medio Oriente se vio la versión más maradoniana y completa de Leo. Con 35 años, lideró a la Scaloneta con fútbol, rebeldía y goles en cada fase eliminatoria. La final contra Francia quedó grabada como el partido más hermoso de todos los tiempos. La imagen de Messi acariciando y luego levantando la Copa del Mundo con la túnica negra cerró el debate definitivo: el fútbol ya era completamente suyo.En 2024 llegó otra Copa América más, pero la deuda ya estaba saldada

Hoy, 200 partidos después, en lo que podría ser su último baile mundialista, que comenzó con un 3-0 a Argelia y con Messi como máximo goleador en mundiales junto a Klose, ese “ya está, ya está”, que le gritó  a la distancia a Antonella y sus hijos, aquel 18 de diciembre, quedará marcado con fuego en los corazones argentinos. Ese pibito que debutó y se frustró, aquel joven que recibió mil críticas e insultos, hasta el punto de querer renunciar en 2016, llegó a la meta soñada. Aunque a esta historia todavía le faltan algunos capítulos más.

 

Josimar Dias “Vozinha”, héroe y pintura

Por Luana San Martín

“Lloré porque me criaron mis abuelos. Pero ellos no están aquí porque murieron hace algunos años. Ellos eran todo para mí, todo en mi vida”, se sinceró Vozinha tras el empate contra España.

Josimar Dias, mejor conocido como Vozinha, apodo que le puso su abuela cuando era niño. Con 40 años se convirtió en la figura del partido al atajar siete posibilidades de gol por parte de los españoles en el gran debut de Cabo Verde en la Copa del Mundo 2026. 

Nació el 3 de junio de 1986 en Mindelo, su nombre fue inspirado por Josimar Higino Pereira, el deslumbrante lateral derecho de Botafogo que deslumbró en el Mundial 1986 con Brasil. Si bien la mayoría lo conoce como Josimar, Vozinha es el apodo que le quedó desde su infancia. Sus abuelos lo criaron en la isla de Sao Vicente, ya que su padre estaba en el servicio militar y su madre tenía que trabajar afuera. 

Su debut profesional fue en el Batuque Futebol Clube en 2009, después tuvo un paso por el CS Mindelense. Con gran sentido de pertenencia, no migró de su pueblo natal hasta los 25 años para jugar en el Progresso do Sambizanga de Angola. Ese fue el inicio de un paso por las ligas más exóticas de Europa. En el verano de 2024 arribó al Chaves de Portugal en la segunda división, y rápidamente se volvió un pilar importante para el club. 

Previo al partido frente a España los medios de comunicación y los aficionados del fútbol  tenían como favorito a los españoles. Sin embargo, el equipo debutante tuvo otros planes y rompió con todos los pronósticos. 

Los jugadores de la selección africana defendieron como unos leones. Solo cometieron una infracción en todo el partido. Pero la figura fue Vozinha. Su mejor atajada fue ante un cabezazo de Oyarzabal que la marea azul festejó en el estadio como un gol propio.

Vozinha no solo consiguió ser uno de los jugadores con más presencias para su seleccionado, detrás de Ryan Mendes con 96 partidos. Además cumplió su sueño y el de 525.000 habitantes de Cabo Verde de estar por primera vez en una Copa del Mundo.

Gracias a los goles que evitó quedó en los libros de historia del fútbol y generó el orgullo de los aficionados que residen en su país y otros que emigraron.

Por ejemplo, en Dock Sud, partido de Avellaneda, Argentina, migrantes y descendientes Caboverdianos festejaron este empate y celebraron este hito histórico para su país. “Nos subestimaron y ahora, hay que respetar a Cabo Verde”, dijo uno de los hinchas frente a cámaras.

Tras finalizar el partido, Josimar se acercó a la zona mixta donde expresó: “Es el sueño de una vida estar aquí y ayudar a mi equipo. Trabajamos mucho para este momento”. 

Sin sus abuelos, fallecidos años atrás y sin su madre, quien no había podido viajar por problemas en su visado (estará para el partido frente a Uruguay). Vozinha vivió una de las noches más importantes de su carrera. Sin dudas, un gran ejemplo de resiliencia y orgullo para su país e inspiración para miles que lo conocieron en su enfrentamiento frente a España.

Sus redes sociales explotaron. En instagram pasó de tener 50.000 seguidores a un millón en cuestión de horas, al día de hoy tiene la misma cantidad que la figura de Nueva Zelanda, Tim Payne, quien se hizo conocido gracias al creador de contenido Valen Scarsini. 

Algo que sorprendió al arquero que sigue recibiendo el cariño de todo un pueblo y de miles de personas más tras su gran actuación. 

 

España, Cabo Verde y un punto inteligente

Por Renzo Torregiani

España empató en 0 con Cabo Verde en un frustrado debut en la Copa del Mundo de México, Estados Unidos y Canadá 2026. Lo que muchos suponían que sería una goleada del combinado europeo, se convirtió en una sorpresa y los dirigidos por Luis de la Fuente no pudieron vulnerar la resistencia de los Tiburones Azules.

Pero, ¿qué sabemos de la debutante Selección africana?

Cabo Verde es un archipiélago conformado por diez islas principales y varios islotes situadas en el océano Atlántico, a unos 570 kilómetros al oeste de Senegal. Estas islas están divididas geográficamente en dos grupos según los vientos dominantes: al norte se ubican las Islas de Barlovento (Santo Antão, São Vicente, São Nicolau, Sal, Boa Vista y Santa Luzia, la única deshabitada) y al sur, las Islas de Sotavento (Maio, Santiago, Fogo y Brava). Y forman parte de la región Macaronesia, por lo que comparte características geológicas y climáticas con las Islas Canarias, Azores y Madeira.

Su capital es Praia, que se ubica en el extremo sur de la isla de Santiago y es la ciudad más grande del país. Estas islas fueron descubiertas en 1460 por navegantes portugueses y se convirtieron en un punto estratégico para el comercio de esclavos a través del Atlántico. En 1956, el intelectual Amilcar Cabral fundó el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), que buscaba liberar a estos territorios del dominio portugués. Recién el 5 de julio de 1975 y sin Amilcar, asesinado dos años antes, se declaró formalmente la independencia, ayudada por la caída de la dictadura portuguesa, y Aristides Pereira se convirtió en el primer presidente de la nación.

En los primeros años, Cabo Verde y Guinea-Bissau compartieron un gobierno socialista, con el fin de fusionar ambos países en uno solo. Este proyecto fracasó en 1980 debido a un golpe de Estado guineano que decidió romper con la alianza. A partir de 1991, Cabo Verde siguió su propio camino y se transformó en una democracia que se mantiene hasta la actualidad.

Con respecto al fútbol, la Asociación Caboverdiana se unió a la FIFA en 1986, apenas cuatro años después de haber sido creada. 40 años tuvieron que pasar para que los Tiburones Azules se clasificaran por primera vez a una Copa del Mundo y fue liderando el Grupo D de las Eliminatorias Africanas, con 23 puntos, por delante de Camerún.

Con una población estable de 530.000 habitantes, Cabo Verde es el segundo país con menos residentes que está participando de esta Copa del Mundo y se ubica por detrás de Curazao, que tiene 158.000. Sin embargo, aproximadamente 1.200.000 caboverdianos están dispersos por el mundo, lo que duplica a la población que reside en el archipiélago.

Para su histórico debut mundialista, el gobierno de Cabo Verde, por medio de su primer ministro, ulisses Correira e Silva, decretó medio día libre -a partir de las 12 pm- para los/as trabajadores/as de la administración pública y privada el lunes 15 de junio con el fin de facilitar que todo el país pudiera presenciar el partido y celebrar este momento histórico sin precedentes.

Y el festejo fue completo porque su empate contra uno de los favoritos desató una verdadera fiesta en las calles de Praia, que se extendió hasta altas horas de la madrugada.

Cabo Verde cuenta con 15 de los 26 convocados nacidos en el exterior, lo que representa un 57 % del plantel: Jamiro Monteiro, Deroy Duarte, Laros Duarte, Garry Rodrigues, Dailon Livramento y Sidny Lopes Cabral (Países Bajos); Jovane Cabral, Helio Varela, Telmo Arcanjo y Wagner Pina (Portugal); Logan costa, Steven Moreira y Willy Semeo (Francia); Roberto  Lopes (Irlanda) y CJ Dos Santos (Estados Unidos).

Lo curioso de este país es que podría haber juntado a dos jugadores que nos resultan familiares: Ayrton Costa y Cristiano Ronaldo. El defensor del Xeneize, que tiene ascendencia caboverdiana a través de su abuelo paterno, fue tentado por la Federación de aquel país en noviembre del año pasado, a lo que respondió que él era argentino y no tenía intenciones de representar a Cabo Verde.

El astro portugués, por su parte, podría haber representado a la selección de Cabo Verde porque su bisabuela paterna era de allí. Igualmente, el delantero nacido en Madeira aún conserva una conexión estrecha con el país africano, incluso se ha mencionado que su hijo, Cristiano Ronaldo JR, mantiene la posibilidad legal de representar a los Tiburones Azules.

La figura del partido ante España fue el arquero de 40 años y 12 días de edad, Josimar José Évora Dias, mejor conocido como Vozinha. El MVP registró 7 atajadas clave para mantener en 0 el arco.

Josimar nació el 3 de junio de 1986, en pleno Mundial de México, y su padre decidió llamarlo Valdano en honor al gran delantero argentino, pero el registro civil de Cabo Verde no se lo permitió. Debido a este impedimento, su padre optó por llamarlo Josimar, en homenaje al lateral derecho brasileño, que fue revelación en aquella competición.

En su infancia, el habilidoso Josimar jugaba a la pelota en su barrio con chicos más grandes en físico y edad y cuando tenía alguna pelea se iba llorando a su casa, donde lo esperaba su abuela, su vozinha. Así se le dice a las abuelitas en Cabo Verde. Tan lejos llegó este apodo, que el arquero caboverdiano lo lleva en su espalda a modo de recuerdo y agradecimiento en cada partido.

Vozinha es uno de los ocho jugadores mayores de 40 años en disputar el Mundial 2026. Craig Gordon, Guillermo “Memo” Ochoa, Manuel Neuer, Fernando Muslera, Cristiano Ronaldo, Luka Modric y Edin Dzeko completan esta lista. A su vez, el arquero caboverdiano rompió el récord como el futbolista de mayor edad en disputar el partido de debut de un país en toda la historia de los mundiales, superando a Eloy Room, que lo hizo con Curazao a los 37 años.

Por otra parte, Vozinha se convirtió en el nuevo Tim Payne, incluso superó en seguidores al lateral neozelandés. El gran responsable fue Cazé TV, que difundió de forma masiva el perfil de Instagram de la figura caboverdiana e hizo que pase de 50.000 a 11 millones de seguidores en menos de 48 horas.

En lo que respecta a Argentina, la comunidad caboverdiana es una de las comunidades africanas e inmigrantes de origen afro más antiguas del país, y está compuesta por entre 10 y 15 mil personas.

La Sociedad de Socorros Mutuos ”Unión Caboverdeana”, ubicada en Dock Sud, Avellaneda, fue fundada en 1932 y este lunes abrió las puertas desde el mediodía para recibir a nietos y bisnietos de inmigrantes caboverdianos que se reunieron con camisetas y banderas frente a una pantalla gigante.

Al mismo tiempo, la Asociación Caboverdeana de Ensenada convocó a una jornada de acceso libre y gratuito, que incluyó porciones del guiso tradicional “Cachupa” para calentar el frío mediodía mientras alentaban a los Tiburones Azules.

Seguramente Cabo Verde no salga campeón del mundo, pero siempre recordaremos el día que una selección debutante le complicó la vida a España.

El muro que venció el asfalto: la odisea de Ricardo Adé

Por Tiziano Moreira 

Tanto el fútbol como la vida otorgan revanchas, pero en el caso de Ricardo Adé, su destino se definió en: “La esperanza es lo último que se pierde”. En noviembre de 2025, el Estadio Ergilio Hato fue testigo de un hecho postergado por más de medio siglo: la selección de Haití clasificó a la Copa del Mundo 2026 tras vencer 2-0 a Nicaragua. Con la cinta de capitán, un defensor central de 1,90 metros de altura es la bandera de su nación y figura de La Liga de Quito de Ecuador. Sin embargo, el éxito oculta un pasado de supervivencia extrema en el sudeste asiático.

El club Baltimore de su natal Haití, donde debutó en 2011, le dio la oportunidad ambiciosa de contactarse con un supuesto representante, que lo llevó a jugar a Tailandia. Convencido, el joven futbolista invirtió todos sus ahorros familiares en el pasaje de avión. Cuando llegaron, el agente desapareció, no hubo ningún contrato y quedó varado sin dinero en las calles tailandesas durante tres meses del 2014. Esta situación lo obligó a regresar al país caribeño.

Nacido en San Marcos, una región de Haití donde la pobreza y la violencia civil son la cotidianeidad, Ricardo Adé convivió con la redonda desde la infancia. Siguió los pasos de su padre, quien practicaba el deporte como hobby. En sus inicios fue arquero, mutó a lateral y mediocampista, hasta que descubrió su lugar en la defensa. El club Don Bosco le abrió las puertas para recuperar ritmo. Poco después, Miami United de la cuarta división de Estados Unidos lo contrató para jugar de manera semiprofesional. Con 26 años, el Santiago Morning de la Primera B de Chile firmó el primer contrato profesional de “La Pantera Adé” en 2017.

Estuvo cuatro temporadas en el fútbol chileno, entre Santiago Morning y Magallanes. La regularidad de sus actuaciones despertó el interés del fútbol ecuatoriano. En 2021 desembarcó en el Mushuc Runa, y luego de un año, Aucas contó con sus servicios. Adé se consagró campeón nacional en 2022 con el equipo, tanto que llamó la atención de La Liga de Quito, el cuadro más ganador del país. A sus 35 años, logró dos ligas, una supercopa y la Copa Sudamericana 2023, lo que lo transformó en el primer futbolista haitiano en alzar un trofeo internacional en la historia de la Conmebol.

Detrás del ídolo deportivo, su familia estaba ausente. Debido a los secuestros en Haití, sus propios seres queridos le prohibieron el retorno a su tierra por razones de seguridad, y para que nadie se aprovechara de lo que se había convertido. Hace casi diez años que no los ve.

Ricardo Adé acumula más de un centenar de partidos con la camiseta del conjunto albo y es una figura indiscutida. Aquel joven desamparado en Bangkok liderará a su país en la máxima cita de la FIFA este año. Su trayectoria demuestra que los plazos del fútbol no siempre coinciden con los de la lógica.

Valdano: “Hay una fe competitiva que nos obliga a poner a Argentina entre los favoritos”

Por Ana Ameijeiras

A 40 años de la histórica consagración de Argentina en el Mundial de México 1986, el autor de uno de los goles de la final contra Alemania Federal, protagonista de una de las páginas más gloriosas de la historia del fútbol y compañero de Diego Armando Maradona en aquel equipo inolvidable de Carlos Bilardo, Jorge Valdano observa este Mundial desde otro lugar: el análisis, la reflexión y la experiencia.

Junto a la cadena hispana Telemundo Deportes, el exdelantero analiza en el lugar de los hechos el presente de la Selección Argentina, el equipo liderado por “el abanderado de las grandes figuras”, así es como lo describe a Lionel Messi, artífice de los 3 goles frente a Argelia en el partido debut del Mundial.

Una de las camisetas que usó Valdano en México 86, en Deportea.

-Muchas selecciones llegan al Mundial con grandes figuras. ¿Qué tiene Argentina como equipo que la diferencia del resto?

-Si bien hay muchas selecciones que presentan grandes figuras que son siempre amenazantes, Argentina tiene a Leo Messi, que no es poca cosa. Tiene un grupo de jugadores y un entrenador que han sabido convertir la selección en un equipo. Eso significa que tiene otro tipo de alma.

Valdano destaca la condición de equipo antes que la condición de selección, un aspecto clave que se ve reflejado en la cancha y en la química del grupo. También profundiza sobre un aspecto que considera fundamental: la cultura. “La cultura futbolística que aparece en cualquier conversación, en el bar de la esquina, en el potrero, en el club de barrio o en el club del pueblo, tiene un valor enorme porque contribuye al oficio, a la pasión y a todos aquellos aspectos que hacen al fútbol verdadero”.

Lo grita con el alma. El delantero marcó el segundo gol para el 2 a 0 parcial en la final de México 86.

Hace no más de 8 años era impensada e incluso criticada la incorporación de Lionel Scaloni como entrenador del seleccionado argentino. Hoy con la gloria de una Copa del Mundo y dos Copas Américas, el director técnico y todo su equipo se suman a las páginas doradas de la historia del fútbol argentino. Valdano reconoce su oficio y celebra sus méritos: “Creo en el seleccionador y en su manera de entender las singularidades. En Catar prácticamente todas las selecciones desequilibraron por afuera y Argentina, a pesar de tener a Di María, trabajaba los partidos por adentro”.


Y agrega una definición que resume su mirada sobre el fútbol moderno: “No hay que seguir las modas, hay que entender que el fútbol es algo así como un equilibrio ecológico lo que uno tiene que encontrar. Y en el equilibrio ecológico lo que hay que hacer es lograr que convivan los diferentes talentos”.

Su trayectoria como jugador y director deportivo del Real Madrid, uno de los clubes más grandes del mundo, avalan y autorizan su palabra. Su forma de jugar y entender el juego le permiten analizar el oficio argentino que no aparece en las estadísticas. Valdano considera que las mayores fortalezas de esta generación no se pueden medir con números: “Este equipo trae as virtudes desde Catar o quizás desde antes, desde la primera Copa América que ganó. Primero, una convivencia que parece muy sana. Segundo, un entrenador al que los jugadores le creen. Y tercero, un oficio que viene de esa cultura de la que hablábamos”.

Como ejemplo, el campeón en México 86, recuerda la final contra Francia: “Cuando en pocos minutos se complicó el resultado y se dio vuelta el partido, Francia hacía cambios que daban la sensación de que los fortalecía, sobre todo físicamente, y uno desde afuera se preguntaba cómo va a ser la selección para sobrevivir a esto y lo que ocurrió es que Argentina sobrevivió gracias al oficio”.

Valdano comprende la relevancia del trabajo colectivo y sobre todo la importancia que tiene la trayectoria y la continuidad que presenta el seleccionado actual. Un campeonato del mundo y dos Copas Américas en menos de 4 años, no son casualidad ni coincidencia, son producto y fruto de la construcción de un buen grupo, acompañado de la figura de un gran líder como lo es Lionel Messi.


“En la selección argentina hay una sabiduría hecha de virtuosismo, de astucia, de sentido colectivo, de orgullo competitivo. Todas esas cosas esta selección las ha ido fortaleciendo a lo largo del tiempo. Es excepcional que haya ganado una Copa América, un Mundial y otra Copa América. Si hablamos de continuidad, esta selección no nos puede representar mejor”.

 

El campeón del 86 entiende que la experiencia puede transformarse en una ventaja a la hora de disputar partidos decisivos como los que pudo afrontar esta selección en los últimos años. A diferencia de Catar 2022, Argentina llega como campeón defensor del título y con una estructura consolidada con una gran base de jugadores del anterior Mundial y la incorporación de jóvenes figuras que comienzan a convertirse en promesas.


“Argentina llega con una experiencia que no tuvo en Catar y con un hambre renovada porque se han incorporado algunos chicos jóvenes que van a contribuir a darle energía al equipo”.

Sin embargo, también advierte sobre la dificultad de repetir una consagración, teniendo en cuenta que cada vez que Argentina defendió el título, tanto en España 1982 y en Italia 1990, no tuvo buenos resultados. Solo dos selecciones en toda la historia pudieron lograr un bicampeonato, es el caso de Italia en su casa en 1934 y Francia 1938; y Brasil en Suecia 1958 y Chile 1962. “Ganar dos mundiales seguidos es algo heroico. Siempre digo que se tienen que alinear los astros para ganar un mundial y los astros es difícil que se alineen en dos mundiales consecutivos, de hecho eso ha ocurrido hace mucho tiempo y en muy pocas ocasiones, por algo será”. Aun así, no duda al ubicar a la Argentina entre los candidatos: “Hay una fe competitiva que nos obliga a poner a Argentina entre los favoritos del Mundial”.

La Copa del Mundo 2026 en Estados Unidos, México y Canadá no escapa a las tensiones internacionales, se conocieron casos de familiares, hinchas e incluso un árbitro afligido por las restricciones migratorias y los visados. 

-¿Es posible separar al fútbol de todo ese contexto?

-El Mundial lo refleja todo. Refleja la evolución del fútbol y también los cambios sociales. Los mundiales son lugares de encuentro que nos ayudan a definir cómo se mueve el mundo y cómo se mueve el fútbol.

También destaca y lo relaciona en cierto punto con el aumento de la longevidad deportiva: “Por primera vez hay ocho jugadores mayores de 40 años y más de 20 con la edad de Messi. Eso nos habla de cómo evolucionó la preparación física y científica”.

Y deja una de las reflexiones más profundas de la entrevista:El fútbol tiene la capacidad de unir. Es un lugar de encuentro de mucha gente, de distinta ideología, distintas sensibilidades, alrededor de una bandera futbolística se construye comunidad, pero eso no vence el poder de la política y mucho menos el poder represivo que caracteriza a la política en estos momentos”.

Jorge Valdano sabe lo que significa disputar y ganar un Mundial. Sabe lo que significa jugar una final. Y sabe lo que significa compartir equipo con Diego Maradona. En México 1986 se consagró campeón del mundo en el Estadio Azteca y cuatro décadas después, mientras observa a Lionel Messi disputar una nueva Copa del Mundo, encuentra en la Selección Argentina algo que trasciende los sistemas tácticos y los nombres propios: un equipo, con todo lo que eso significa.