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La intimidad del proceso de Fernando Ferrara al mando de Las Leonas

Por Agustín González Sánchez Jáuregui

La impaciencia se ha vuelto moneda corriente en la Argentina en estos tiempos. La necesidad del resultado inmediato es cada vez más común. Fernando Ferrara tomó el mando de Las Leonas luego de la derrota frente a Países Bajos en la final de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, en los que fue parte del cuerpo técnico de Carlos “Chapa” Retegui. Antes de la obtención de la tercera estrella como entrenador del seleccionado femenino fue campeón de la Hockey Pro-League 2021-2022, dos veces campeón de la Copa Panamericana en 2022 y 2024 y de los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 que otorgaron clasificación directa a la cita olímpica del siguiente año. Pero atravesó dos duras derrotas: la final del Mundial de España-Países Bajos a los 6 meses de asumir el cargo y la semifinal de los Juegos Olímpicos de París. Ambas frente a las neerlandesas. Estas derrotas pesaron más que los títulos obtenidos y Ferrara comenzó a ser cuestionado, incluso por ex jugadoras, que quedaron fuera del proceso. 

– La renovación del plantel que realizaste llevó a que referentes queden afuera. ¿Qué podés decir en respuesta a todo lo que se dijo?

-La respuesta a esto la tengo en el resultado. En todos los seleccionados del mundo es necesario el recambio y los entrenadores tenemos el rol de tomar decisiones. El trofeo marca el proceso de 4 años luego de la final de 2022.

– ¿Te costó agarrar el equipo y al poco tiempo llevarlo a una instancia definitiva?

-El equipo venía bien, en Tokio habían sacado medalla de plata. Luego de eso hubo varias bajas, se hizo una primera renovación y fue trabajar en esos seis meses para darle una nueva esencia. Pero no era tiempo suficiente para la revolución que se hizo después.

-¿Cómo pesaban las derrotas frente a Países Bajos antes de la final?

-Pesaban en el sentido de que no la queríamos dejar pasar. Era una revancha. En la final en Tokio tampoco se fue competitivo como uno quería y por eso ajustamos el entrenamiento y vino la renovación; gracias a ello llegamos a esta final con la intensidad y el protagonismo que se vieron en la cancha, donde ganamos en posesión, córners cortos, ingresos al área y en el resultado.

-¿Qué hablabas con las jugadoras en los descansos de la final? Porque si bien estaban teniendo la posesión y llegando mucho la pelota no entraba.

-Seguir dándoles confianza y decirles que estábamos bien. Nos hacen el gol en un momento muy difícil, 50 segundos antes de irnos al vestuario, por eso me junto con Santi (Capurro) para unificar el mensaje. Antes de entrar al vestuario escuchamos que las chicas entre ellas se decían lo mismo, por eso no fue otra cosa que apoyar ese estado de ánimo e intensificarlo. Les dijimos que el resultado no lo podíamos controlar pero sí lo que podíamos hacer en estos últimos dos cuartos. Qué será lo mismo que están haciendo ahora muy bien y el gol va a llegar. Ese fue el mensaje.

-Si arrancaban ganando la final, ¿hubieras retrocedido unos metros en la cancha cediendo la posesión o hubieses atacado igual todo el partido? 

-No hubiésemos cambiado el plan. Para mi la mejor defensa es un buen ataque. Las diferentes fases del juego te llevan a tener que saber defender. Pero me gusta más la defensa de la presión sobre la bola y recuperarla tres segundos después de la pérdida.

– ¿Te sorprendió que no le hayan dado el premio a mejor arquera a la ‘China’ Cosentino, quien fue clave en momentos decisivos? 

-Sí, porque no solo en la final hizo atajadas que fueron pinceladas como la del ¨Dibu¨ para ganar la Copa del Mundo, sino que siempre fue determinante. Creo que hubiese sido un justo reconocimiento.

-A dos años de los Juegos Olímpicos no puedo evitar preguntarte por una nueva renovación. Aunque hay tantas jugadoras jóvenes en el equipo, ¿quizás la idea sea impulsar este plantel de cara a 2028? 

-Eso se ve en el proceso. Ahora se arrancará con el mismo equipo salvo que alguna tome un decisión diferente y después se sumarán jugadoras nuevas del junior y a partir de ahí la competencia para llegar con el mejor equipo al juego olímpico de Los Ángeles.

-Varias de Las Leonas al regresar al país se quejaron de la falta de apoyo estatal, ¿cómo lo ves desde adentro? 

-Soy agradecido a lo que hoy tenemos porque entiendo que la situación del país no es fácil. Agradezco a la Confederación de Hockey, ENARD y a la secretaría de deportes por lo que nos dieron hasta ahora. Está claro que no alcanza, pero ocurre en todos los aspectos del país, así que ojalá se puedan mejorar las condiciones. No solo de las instituciones sino del acercamiento de más sponsors, que si le apuestan al hockey somos potencia mundial junto con Los Leones, tenemos dos equipos en el top 3, peleando en lo más alto y de cara al Juego Olímpico apuntamos muy alto, por lo que sería una buena inversión.

-¿Crees que quizás el apoyo debería venir más del privado que del Estado?

-También si, en este momento todo lo que se pueda mejorar es bienvenido.

-Por último, ¿qué te gustaría dejar inculcado en Las Leonas?

-Creo que ya tienen inculcado valores de hace tiempo. Es seguir manteniendo que el país y la camiseta están por delante y son más grandes que cada uno de nosotros.

El otro partido de Leandro Lozano

Por Matías Cohen

Leandro Lozano volvió este martes al Morumbí. Dos años habían pasado desde la última vez que el defensor uruguayo había pisado ese estadio con la camiseta de Nacional de Uruguay, aunque no todo lo que ocurrió aquella noche había quedado atrás.

El estadio era el mismo. Las tribunas, las mismas. El rival, también. Pero Lozano ya no llevaba la camiseta de Nacional. Esta vez vestía la de Boca y volvía a San Pablo por una historia completamente distinta.

Para entender lo que significó este regreso hay que volver al 22 de agosto de 2024.

Aquella noche, Nacional había llegado al Morumbí para enfrentar a San Pablo por los octavos de final de la Copa Libertadores. Lozano era titular. Y en el banco del bolso esperaba Juan Izquierdo.

El partido llegaba a su final cuando Juan, ingresado en el entretiempo, cayó al césped a minutos de terminar el encuentro. El defensor uruguayo se desvaneció en mitad de cancha y la preocupación ocupó rápidamente el lugar. 

Lozano estaba ahí.

San Pablo terminó ganando 2-0, pero el resultado quedó relegado a un segundo plano. Aquella noche, el fútbol dejó de ser lo importante.

Izquierdo fue trasladado a un hospital de San Pablo. Cinco días después, el 27 de agosto, murió a los 27 años a causa de un paro cardiorrespiratorio asociado a una arritmia cardiaca. 

Lozano había compartido cancha con él aquella noche. También había compartido vestuario, viajes y años de fútbol. Juan era su compañero, su amigo. Y aquella terminó siendo la última vez que lo vio.

El Morumbí quedó asociado para siempre a ese recuerdo.

Pasaron dos años hasta que Lozano volvió a caminar por los mismos pasillos, a salir por el mismo túnel y a pisar el mismo césped. El 15 de septiembre de 2026, el fútbol volvió a ponerlo frente a San Pablo, pero esta vez con la camiseta de Boca.

Había algo distinto, aunque el escenario no hubiera cambiado.

En medio de ese regreso, Lozano marcó su primer gol con la camiseta azul y oro. Se arrodilló y mandó un beso hacia el cielo.

Después del partido, explicó el motivo de ese gesto y volvió a hablar de aquella noche.

“Quiero mandarle un saludo a la familia de Juan Izquierdo. En esta cancha hace dos años perdí a un compañero”, dijo Lozano.

No hacía falta explicar demasiado. 

El Morumbí había sido el escenario de una noche que Lozano nunca hubiera querido vivir. Dos años después, también fue el lugar de uno de los momentos más importantes de su carrera, metiendo a Boca en una nueva semifinal de Copa Sudamericana. Aunque cómo había sucedido dos años antes, para él, no fue un partido cualquiera.

Entre una noche y la otra Lozano cambió la camiseta y el motivo de la visita. El estadio, en cambio, siguió siendo el mismo.

Y el recuerdo de Juan Izquierdo siguió estando ahí.

 

De Rosario a la cima: Gonzalo Echenique y su camino a la élite del waterpolo

Por Thiago N. Etchegaray

Jueves 27 de agosto de 2009. Gonzalo Echenique se despide de su familia por última vez antes de emprender el viaje hacia Barcelona que lo cambiaría todo. Mientras asciende por las escaleras mecánicas del aeropuerto internacional de Ezeiza, observa cómo sus padres y sus hermanos se pierden de a poco entre la muchedumbre. Sabe que construir de cero su vida sin el bullicio que implica vivir entre 12 hermanos, lejos de Gimnasia y Esgrima de Rosario (GER) -su segunda casa- y sin alentar a Newell’s en la tribuna sur del Coloso Marcelo Bielsa será un desafío duro de afrontar. Abajo quedan las vivencias que lo formaron. Arriba, con 19 años y una valija en la mano, comienza una historia que todavía no puede imaginar.

Gimnasia y Esgrima de Rosario es reconocido en la ciudad. También es elegido por las familias rosarinas como el lugar donde sus hijos se vinculan con el deporte. No fue la excepción de los Echenique: Gonzalo y sus 11 hermanos -ocho mujeres y cuatro hombres- vivieron sus infancias ligadas al club y a las actividades de sus respectivas disciplinas. “Era de película cuando llegaban en manada a la sede Parque en las pretemporadas. Era una linda manera de acompañar”, cuenta Gabriel Martino, ex entrenador de GER y de la Selección Argentina de waterpolo.

Mientras unos eligieron el rugby, el tenis, el fútbol y el voley, Chalo lo siguió a su hermano Ignacio y se inclinó por la pileta. En un principio, encontró en la natación su pasión y la forma de olvidarse de la cotidianidad. Con el tiempo, transformó a la pileta en su hábitat natural, del que nadie lo puede sacar y donde abunda la tranquilidad. “En casa son once hermanos… Meterse a la pileta y no escuchar a nadie era un espectáculo”, recordó entre risas en una entrevista con La Capital en 2022. A los 12 años, su físico y velocidad llamaron la atención en los profes de waterpolo, quienes lo invitaron a probar. Quedó.

Su familia construyó una red de contención que, según cuenta Sonia Saglietti, madre de Gonzalo, permitió a todos sus hijos convivir, compartir y competir entendiendo que “en los deportes de equipo es esencial requerir de los compañeros para crecer”. El apoyo de los padres también fue persistente ante el crecimiento deportivo: hicieron el esfuerzo económico para que Chalo viaje a los torneos que fue convocado con las selecciones juveniles, como el Mundial Sub 20 de Los Ángeles 2007 con tan solo 17 años.

El waterpolo no es un deporte popular en Argentina. Ni siquiera es profesional. Aún está lejos de serlo. La falta de clubes que practiquen el deporte y promuevan su divulgación no ayudan. Todo es un conjunto que provoca que las figuras nativas decidan emigrar para no estancarse en su crecimiento deportivo. Y es en Europa, en países como Croacia, Hungría, Serbia, España e Italia donde ganan la técnica, los movimientos y la fricción que nunca encontrarán en Sudamérica. Están a otro nivel.

Se suele decir que los zurdos son más creativos, inteligentes y habilidosos en la práctica deportiva. Entre los 12 hermanos Echenique, sólo el décimo halló mayor habilidad en el brazo izquierdo: Gonzalo. Aunque no sabe por qué fue así. Escribe con la mano derecha, pero en el momento que le llegó la pelota en su primer entrenamiento, levantó la izquierda. Pasó y pasa.

“Tiene muchas virtudes, pero que sea zurdo ya lo hizo sobresalir del resto”, comenta Ignacio Echenique, el mismo que fue partícipe del arribo de su hermano al waterpolo. Lo primero que impactaba -e impacta- en su juego era lo intempestivo que resultaba al momento de atacar. La superioridad en las categorías juveniles era tal que comenzó a ser pieza fija del primer equipo de GER a los 15 años.

Si algo saben ciertos rosarinos exitosos en el deporte es cruzar el Océano Atlántico, como Lionel Messi alguna vez, sin certezas de qué los deparará. Ese primer paso fue la decisión de irse a España a jugar en el CN Montjuïc de Barcelona. Chalo decidió avanzar. Dejar atrás la rutina para soñar en grande tiene un costo que no figura en ningún resultado deportivo: el desarraigo, la adaptación a una nueva cultura lejos de Rosario y la exigencia de un deporte de élite, absolutamente diferente a lo que es el waterpolo en Argentina.

El esfuerzo, sin embargo, nunca lo hizo solo. El respaldo de su familia fue la base desde la que se animó a construir una identidad competitiva propia y lo empujó hacia lo más alto. Hoy, con 36 años, los frutos de su dedicación y perseverancia están a la vista: campeón del mundo con la selección de Italia en 2019 (NdR: adquirió la nacionalidad italiana en mayo de 2017 mientras jugaba en el Pro Recco), pentacampeón de la Champions League -su última conquista fue hace tan solo dos meses en el CN Barceloneta- y uno de los mejores jugadores del planeta. Un éxito forjado en Rosario, con la formación que solo el club y la contención familiar pueden dar, y que se consolidó en Europa a costo del sacrificio que implica soñar en llegar a la cima del deporte.

Hoy y siempre, los lápices seguirán escribiendo 

Por Juana Enrico 

La Plaza Dr. Bernardo Houssay, flanqueada por las facultades de Medicina y Ciencias Económicas, es el escenario diario de innumerables postales: el festejo eufórico de quienes se reciben con pintura y papelitos, el bullicio de los chicos que salen del colegio para ocupar las canchas y el color de las ferias artesanales entre semana. 

Pero hoy, a cincuenta años de la bautizada Noche de los Lápices, la plaza se convierte en el punto de encuentro donde cientos de estudiantes secundarios se nuclean para marchar hacia la Plaza de Mayo, llevando bien alto el testimonio de una memoria que sigue viva. 

Algunos sostienen carteles con la leyenda “la juventud tiene memoria”; otros dibujan sobre el cemento un puño negro que alza un lápiz rojo. En ese gesto, los jóvenes sintonizan con el invierno de 1976 en La Plata, cuando las aulas eran trincheras frente al terror y la censura. Tanto aquella militancia como los reclamos por el boleto estudiantil dialogan hoy con una urgencia distinta, pero igual de firme: defender la educación pública frente al desfinanciamiento y sostener el derecho a aprender sin que el futuro sea un lujo inalcanzable. La historia se pliega en las manos de esta generación y el frío de las diagonales platenses se vuelve pulso vigente. 

Sofía cursa su anteúltimo año de secundaria. Tiene puesto ese guardapolvo blanco que es abrigo y marca de identidad para la escuela estatal. Con témpera en la espalda lleva la frase “treinta mil compañerxs detenidxs desaparecidxs presentes ahora y siempre”. Se la nota orgullosa mientras intenta organizar a sus compañeros en ronda, haciéndose lugar entre la multitud que sigue de largo en su apuro cotidiano. 

Unos ya se suman a esa columna al ritmo de “a donde vayan los iremos a buscar”; otros se acercan tejiendo conversaciones de a varios, en un murmullo que une. En tiempos donde desde los lugares de poder se valida el desprecio, donde el grito ahoga la escucha y el agravio se confunde con autenticidad, ver la calidez de esta juventud reunida desde el afecto y la memoria tranquiliza el aire. Medio siglo después, es la evidencia más clara de que, siempre y cuando exista alguien dispuesto a recordar, los lápices seguirán escribiendo.

A 50 años de la Noche de los Lápices: la aventura prohibida que unió a Estudiantes y a Gimnasia

Por Blanca Duarte

“Por suerte todavía aparece en las canchas algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”, el fragmento escrito por Eduardo Galeano parece describir la esencia misma de los pibes platenses de la década de los 70’. Eran esos “carasucia” rebeldes, pibes que entendían que la libertad no se pedía, se gambeteaba en la calle, en el aula y en la plaza. Pero la madrugada del 16 de septiembre de 1976, la dictadura militar intentó clausurar esa aventura. El chirrido seco de los frenos de los Falcon verdes rompió el silencio de las calles. Hubo un ruido sordo de botas derribando portones, llantos ahogados en la oscuridad y el metal helado de las armas apoyado sobre pijamas blandos. Grupos organizados bajo el mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz salieron a cazar a los que se salían del libreto. Esa noche, y en los días siguientes, diez estudiantes secundarios, chicos de entre 16 y 19 años que militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) por el Boleto Estudiantil, fueron arrancados de sus camas. Seis de ellos jamás regresaron. Quisieron meter en un calabozo la idea de un mundo libre, y en ese zarpazo atroz, también se llevaron pedazos de la identidad de los clubes de la ciudad.

Porque esos chicos, antes de ser nombres en una bandera de lucha, eran adolescentes comunes que ejercían la libertad en cada picado. Olían a tinta, a cigarrillos compartidos a escondidas en las esquinas y al sudor pastoso de las tardes de potrero. Discutían de política con la misma pasión con la que defendían un lateral. En una ciudad partida al medio por diagonales, sus corazones latían al ritmo de las tribunas de los dos gigantes locales, los únicos espacios donde la palabra libertad todavía se cantaba fuerte. Horacio Ungaro tenía 17 años y era un destacado ajedrecista que vestía con orgullo la camiseta de Estudiantes de La Plata, club al que llegó a representar en torneos interclubes; un estratega que sabía que los peones, cuando se organizan, pueden poner en jaque al rey. Del otro lado, en los tablones del Bosque, el dolor golpeó por partida triple: Francisco López Muntaner, Daniel Racero y María Claudia Falcone compartían los colores azul y blanco de Gimnasia y Esgrima La Plata. Llevaban la mística indomable del Lobo a las aulas. Incluso en el infierno del Pozo de Banfield, encapuchados y maniatados, el fútbol fue la última trinchera de su libertad condicional: el murmullo bajo para saber que el otro seguía vivo. El sobreviviente Pablo Díaz, fanático Pincha, recordaría años después cómo la pasión futbolera les devolvía los nombres en la negrura: “Estábamos enfrentados por el fútbol, pero unidos por una misma causa”.

Se cumplen 50 años de la Noche de los Lápices, la ciudad se une en un eco que demuestra que la aventura no pudo ser prohibida. En un contexto donde la memoria colectiva se defiende en las calles frente a los discursos que pretenden relativizar el horror, los clubes entendieron que su rol trasciende la pelota y que la identidad es un derecho soberano. En un acto de profunda reparación histórica, las comisiones directivas de Gimnasia y Estudiantes se abrieron a revisar sus viejos archivos de asociados. El Bosque y el Uno dejaron de lado los colores para fundirse en un abrazo administrativo y humano: la restitución de los carnets honorarios a los familiares de los jóvenes desaparecidos. Devolverles la condición de socios es arrancar sus nombres de la lista de la muerte para devolverlos al lugar del cual nunca debieron salir: el espacio público, la vida social, los domingos de tribuna en los que se es verdaderamente libre.

Ese trozo de plástico con sus fotos en blanco y negro, entregado a las manos temblorosas de sus hermanos o sobrinos, es la gambeta definitiva de la memoria sobre el olvido. Es el carasucia saliéndose del libreto cincuenta años después. La Plata ya no calla sus nombres y las paredes de los estadios hoy se visten con sus rostros pintados en murales eternos. Medio siglo después de aquella madrugada helada, las canchas argentinas demuestran que el terrorismo de Estado pudo quebrar cuerpos, pero nunca borrar la libertad de sentir una camiseta. Esos pibes siguen alentando en cada rincón, porque sus lápices siguen escribiendo la historia con la fuerza de unos colores que el horror jamás les pudo desvestir.

Qué es el efecto Messi que podría sufrir la AFA tras su retiro de la Selección

Por Thiago Maison

Lionel Messi se retiró de la Selección argentina y su decisión trascendió lo futbolístico, ya que la Asociación del Fútbol Argentino recibe un porcentaje alto de sus ganancias en relación al ahora ex capitán de la Albiceleste, por lo que su despedida impactará directamente en la economía de la entidad presidida por Claudio Tapia.

Para comprender la situación que atravesará el ente rector existe un concepto que esta vez aparece en su máximo esplendor: el efecto Messi. La AFA nunca había tenido que lidiar con él en su última etapa (post Leo), pero sí los ex clubes de la Pulga. Entonces, ¿qué marcan los antecedentes?

En el París Saint-Germain e Inter Miami aportó a la explosión de dos proyectos propios de la modernidad futbolística, que ya contaban con un capital suficiente para invertir sin límites dentro de las exigencias del fair play financiero para los franceses y la normativa vigente de la Major League Soccer para las Garzas.

Es decir, las expectativas en ambas instituciones ya eran altas por, entre otros motivos, la capacidad de adquisición que derivó en el armado de un plantel extraordinario, pero el público tiende a incrementar lo que espera de un equipo si Messi ficha por este, lo que permite la construcción de un resultado, deportivo y monetario, mejor al deseado antes del arribo del astro argentino.

Por parte del PSG, se ha informado un incremento del 112% en la búsqueda de vuelos desde Argentina hacia París cuando el rosarino firmó con los capitalinos en 2021, sumado a que Marc Armstrong, por entonces director de patrocinio del club, aseguró que la demanda de localidades en el Parc des Princes aumentó entre un 30 y 40%, de manera tal que se alcanzaron cifras récord en los ingresos por partido.

A su vez, el Barcelona es el fiel reflejo de lo que significa el efecto Messi, porque pertenece a la ciudad homónima que hasta principios de los ‘80 se conocía como una con turismo. Sin embargo, con la ayuda de la organización de los Juegos Olímpicos 1992 y la creación del Turismo de Barcelona, organismo encargado de gestionar y promover este rubro a nivel local, ha logrado en convertirse en una turística, lo que significa que este aspecto se ha convertido en parte íntegra de su salud financiera tras su conformación como metrópoli.

Pero, ¿qué tiene que ver Lionel Andrés en esto? Que él es un argumento fundamental en el crecimiento de Barcelona como destino en el siglo XXI, ya que en el fútbol, una de las principales industrias del ocio y del entretenimiento, las instituciones funcionan como multinacionales de tal y, al mismo tiempo, como promotoras turísticas y desarrolladoras de experiencias, en lo que implícitamente Messi es un exponente de aquellos ya que, con su presencia, se cumple el objetivo de esto: captar nuevos segmentos del mercado en base a la explotación de la potencialidad que tiene el atractivo original del sitio.

Actualmente, las entidades del deporte rey funcionan, en el ámbito del marketing, en base a la lectura de las expectativas de los socios y el público interesado con el fin de impulsar interacciones que satisfagan sus necesidades y deseos a la par del establecimiento de una relación duradera con ellos. Por eso, los futbolistas estrella se llevan gran parte del mérito en esto por la movilización que generan debido a su rol de símbolo promocional.

Por supuesto que, al tratarse de Messi, esto se multiplica a una escala incluso incalculable, porque su rendimiento deslumbrante generó una atracción inédita de masas al club de sus amores, lo que, con su figura a nivel publicitario en cada rincón tanto de la ciudad deportiva como del estadio, permitió que el museo del Barcelona, con la figura reluciente de su Espai, sector en el que se ubican diversas camisetas suyas junto a balones de oro y otras reliquias, se situara en el tercer puesto de las locaciones más visitadas de la ciudad en 2017, solamente por detrás del Park Güell y la Basílica de la Sagrada Familia.

Con la estadía de Lionel en el Culé, la capital catalana en 2019 alcanzó un 10,6% de presión turística diaria, lo que marca que, cada cien habitantes, había cerca entre 10 y 11 excursionistas. También, es un porcentaje que dobla al estándar en este rubro, que va desde el 1 hasta el 5% para considerarse moderado y que no está dentro del umbral de alerta por saturación.

Un futbolista capaz de llenar estadios por sí mismo, pero también de cambiar el panorama financiero de una ciudad entera (en la temporada 2013-2014 los blaugranas generaron una ganancia equivalente al 1,9% del PBI de su localidad), crear 19.451 puestos de trabajo (2018-2019) e incluso producir sobreturismo en aquella que tenga una extensión medianamente reducida, con la complicación preexistente de la convivencia de los distintos usos públicos del espacio en ella.

Por otro lado, la Pulga fue la responsable de la interminable llegada de sponsors en cada uno de los clubes en los que jugó, porque el sistema de patrocinio, que promueve el ofrecimiento de recursos financieros por parte de una entidad a cambio de que otra exponga públicamente su marca, es uno de los más interesados en relacionarse con el 10 debido a la ya mencionada capacidad de atracción de masas.

Asimismo, no todo fue ganancia para el Barça, porque cuando Messi dejó la institución, comenzaron las pérdidas a niveles exorbitantes. El valor de su marca cayó alrededor de un 11%, mientras que perdió 43 millones de euros únicamente en ventas de camisetas y Nike, patrocinador oficial, se mostró inflexible ante su decisión de bajar el monto de dinero a pagarle al FCB tras la partida de su máxima leyenda.

El impacto negativo de la salida de Leo escaló al punto de ver al Camp Nou teñido de blanco, color característico de Real Madrid, su clásico rival, en un partido ante el Frankfurt por Europa League 2021-2022 -disputó el torneo por primera vez en 17 años tras finalizar tercero en la fase de grupos de la Champions League-, como consecuencia de la baja demanda de entradas de la parcialidad local, sumado a la prácticamente nula intención del público neutral de asistir al encuentro.

Por ende, Lionel Andrés Messi Cuccittini no sólo dejó huella futbolísticamente hablando en cada uno de los clubes en los que estuvo, sino que también ha modificado involuntaria e implícitamente sus estrategias comerciales y economías con su presencia en el vestuario.

Aunque, la pregunta que resta resolver es: ¿cómo golpeará el efecto Messi a la Asociación del Fútbol Argentino? Y la respuesta es más que sencilla, porque, como la relación de la Pulga con el ente rector se volcó en un acuerdo implícitamente perpetuo en la decisión de poner su nombre en el predio de Ezeiza, homenaje que le permitió a la entidad presidida por Claudio Tapia desligarse de la polémica popular acerca de ciertos manejos dirigenciales del pasado que desencadenaron, junto a otras aristas de otras federaciones, la explosión del FIFA Gate.

Así, la AFA logró relacionarse indirectamente con el profesionalismo, la excelencia y la humildad del “10”. Eso derivó en la aparición de activos comerciales -sponsors- que, además de vincularse con la casa de los por entonces campeones del mundo, deseaban ligarse con la figura e imagen de uno de los mayores exponentes del deporte rey a nivel histórico, por lo que, en ese aspecto, los ingresos a priori no caerán y la tarea ardua estaría por la banda opuesta del terreno de juego.

Aquí aparecen las giras internacionales, las cuales le producen a la AFA, en promedio, una ganancia de tres millones y medio de dólares por cada encuentro disputado y, por lo tanto, USD 7.000.000 por cada serie de duelos completada.

Con Messi como el principal animador, los estadios se llenaban en medio del furor y el anhelo de verlo a él, el “10”, al menos una vez en vivo. Pero también surgieron experiencias exclusivas para acompañar al plantel de la Selección argentina a sus compromisos, en las que en el valor final se contabilizaba el traslado, el hospedaje y los tickets.

Estas funcionaron como una exposición clave para que la marca de la entidad madre del fútbol argentino se situara como una líder en su rubro, sumado a la generación constante de ingresos y, según Leandro Petersen, ex director comercial y de marketing de la AFA, la asociación de más de 100 sponsors.

Esto denota que el ente rector tendrá que afrontar una eventual caída de los ingresos en este rubro, ya que no contará con su líder y leyenda en las convocatorias, aunque podría combatirla apuntando a generar estabilidad en el rendimiento futbolístico para intentar emular esa ilusión del pasado, pero esta vez a nivel colectivo.

En conclusión, la Asociación del Fútbol Argentino no se salvará de tener que afrontar el efecto Messi en su etapa final, por lo que no tendrá como desafío reemplazar a la Pulga, una tarea a priori imposible desde cualquier perspectiva, sino que deberá encontrar la fórmula para mantener el estable el valor de su marca y continuar generando por sí misma aquello que tuvo a Lionel como máximo exponente: los ingresos millonarios.

Sergio Batista: “Me gustaría volver a dirigir”

Por Franco D’Amore Cristos

“Me gustaría volver a dirigir en los países asiáticos, Bahrein, China, Qatar, y enseñarles lo que aprendí”, comenta Sergio “Checho” Batista, a metros del Centro Profesional de Fútbol que lleva su nombre, dentro del predio de Argentinos Juniors.

Uno de los apellidos que argumentan el pseudónimo del Bicho como “El Semillero del Mundo” es Batista, la familia en general, “Chino”, “Checho” y “Bocha”. Si bien Sergio debutó en Argentinos, consiguió la Copa Libertadores de 1985 y el campeonato del mundo con la selección argentina en el Mundial de México 1986, todos los Batista están ligados al club. También hay nuevas generaciones de Batista: un tal Ciro, de apenas 10 años, nieto del “Checho” que juega en las divisiones infantiles de Argentinos Juniors quien, ante la atenta mirada de su abuelo, tuvo un buen desempeño en la victoria de su categoría por 1 a 0 contra Platense por la decimosegunda fecha del torneo.

“Todos los domingos vengo a ver el fútbol infantil y, además de seguir a mi nieto, me divierto y veo cómo progresan los chicos, eso es lo más importante”, cuenta.

Ciro es el marcador de punta por izquierda de la categoría 2016 y, más allá de su rol como defensor, se proyecta muy bien al ataque. Tanto así que por la tercera fecha del campeonato ante Lanús, su categoría ganó 2 a 1 con un doblete de tiros libres de él.

En cuanto a sus hermanos, Norberto “Chino” es el coordinador de fútbol juvenil del club y el menor de los tres, Fernando “Bocha”, también ocupó el mismo rol y ahora es entrenador de la selección de Costa Rica. Vínculo total y generacional entre la familia y el club. Según el “Checho” es una relación recíproca: “Argentinos es nuestra casa, hace más de 50 años que estoy acá y más allá de que uno le dio títulos al club, no alcanza con todo lo que nos dio”.

Días previos a la final del Mundial 2026, Claudio Tapia, presidente de la AFA, les regaló una plaqueta conmemorativa a cada campeón del mundo en México 86′. En Estados Unidos, el “Checho” recibió el presente y, sobre el subcampeonato del mundo del seleccionado argentino comenta: “No es fácil ser campeón del mundo y al año siguiente ser subcampeón, sé lo que se siente (N.d.R: estuvo en México 86’ e Italia 90’), pero estos chicos dejaron todo aunque no tuvieron el mismo rendimiento a nivel juego como en el Mundial anterior”.

Post Mundial surgieron algunas teorías conspirativas en las redes sociales que atentaban con la ética del plantel argentino. Ideas que proponían que Argentina fue amenazada y obligada a perder la final, por mostrar y presumir una bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” en la instancia anterior contra Inglaterra: “Es muy difícil decirle a un jugador de fútbol en una final del mundo que no la tiene que ganar, más complicado es que acepte. La realidad es que España nos ganó bien y fue muy superior a nosotros”, aclara el Checho.

Con respecto al buen desempeño del Argentinos Juniors de Nicolás Diez, entrenador de la Primera División, que va puntero en la tabla anual y en su zona a falta de 8 fechas, uno de los ídolos de el Semillero del Mundo destaca: “El equipo está muy bien, hay muchas satisfacciones pero también te puede tocar perder. Todos los hinchas están pensando en coronar, pero falta. Últimamente las campañas son muy buenas”.

Juegos Nómadas Mundiales: los argentinos que fueron a competir al corazón de Asia Central

Por Valentino Franco

“¿Si fue lo mejor de mi vida? No lo fue, lo es y lo va a seguir siendo”, relata Ignacio Repetto, al recordar el momento en que desfiló junto a la bandera argentina en la ceremonia de inauguración. 40.000 almas acudieron al evento. Y entre ellas, hubo tres que merecen un subrayado. Vladimir Putin, presidente de Rusia; Xi Jinping, presidente de China; y Narendra Modi, Primer Ministro de la India. Pero, más allá del mensaje político que envuelve la reunión de los tres mandatarios de las principales potencias asiáticas, cabe preguntarse qué ameritó tal junta fuera de una cumbre. La razón recae en los Juegos Nómadas Mundiales, un evento deportivo que congrega a todo un continente y cuyo existir yace en mantener vivas las actividades de los pueblos milenarios que una vez allí habitaron. Aunque, claro, ese Mundiales no está por demás; países de todo el mundo fueron recibidos en Kirguistán para la sexta celebración de los Juegos. Y Argentina no se quedó afuera.

Entre epopeyas asiáticas y culturas milenarias

Son como un primo menor de los Juegos Olímpicos, pero con deportes alternativos, ya que constan de todos sus elementos principales: un programa de disciplinas, medallero, delegaciones y ceremonias de apertura y clausura. Así como su propia Organización los define, son un “proyecto iniciado por la República de Kirguistán en 2014 para preservar y promover la herencia de las civilizaciones nómadas mediante el deporte, la cultura y el conocimiento”. Lo cierto es que el origen e inspiración de esta peculiar celebración radica en los sucesos descritos en la Epopeya de Manas; en el poema, 20 veces más largo que La Odisea de Homero, se siguen las aventuras de Manas, un caudillo kirguís que unifica a las tribus de su pueblo y lucha frente a los invasores. Es en uno de los tantísimos capítulos que se menciona la muerte de un líder llamado Kökötöy Khan, cuyo funeral se convierte en una reunión que congrega, a modo de tregua en plenos conflictos, a una inmensa cantidad de pueblos desde el oeste musulmán hasta el este chino. Allí, todos medían su destreza mediante carreras a caballo, lucha y arquería.

Del poema épico de Manas surgió un programa de lo más variado, desde los juegos de mesa hasta la lucha a caballo.

Los Juegos tuvieron continuidad durante la primera semana de septiembre -fecha que no es al azar: para la cultura nomádica, este mes representa el fin de la migración, y la nueva temporada debe nacer a partir de una celebración- y abarcaron 43 disciplinas, 22 más que la edición de Astana 2024. Se dividieron en nueve categorías: Juegos nacionales (2), Carreras a caballo (10), Competiciones a caballo (4), Lucha nacional (12), Deportes de fuerza tradicionales (4), Juegos intelectuales (3), Arquería tradicional (2), Arquería a caballo (2) y Caza con animales (4). Si se debe destacar a un deporte y a un deportista durante los Juegos, no habría duda alguna. El kok boru, una especie de pato que enfrenta a dos equipos de 12 jinetes por lado, fue la sensación. Ah, y en vez de jugarse con una bocha de cuero, los jugadores se disputan una carcasa de 33 kilos que emula el cuerpo de una cabra -la cual deben introducir en el arco rival para sumar-. La estrella definitiva del evento, sin embargo, fue Reza Gheitasi, el iraní de 2,08 metros y 170 kilos de peso que desplumó la categoría de +90 kilos de tayak tartysh, una disciplina en la que dos oponentes forcejean, enfrentados y con los pies apoyados en una base que los separa, por una vara de madera.

El kok boru durante un enfrentamiento entre Kirguistán y Kazajistán por los WNG de este año.

Los cuatro mosqueteros que alzaron la bandera en Kirguistán

La delegación argentina que arribó a Bishkek estuvo compuesta por cuatro atletas: Ignacio Repetto, Francisco Ghisletti, Mateo Bilbao y Martín Marino. Todos compitieron en el flanco de Juegos intelectuales, poblando la categoría de celeste y blanco: Francisco y Mateo en mangala turco, Martín en toguz korgool e Ignacio en oware.

Las tres disciplinas son ramificaciones de la familia de los milenarios juegos de mesa mancala, por lo que comparten grandes similitudes en sus principios básicos. Entre ellas, la presencia de un tablero, hoyos con fichas y una misma mecánica: tomar, por turnos, todas las fichas de un hoyo, dejarlas de una en una dentro de los hoyos siguientes en sentido antihorario con el objetivo de que la suma de fichas que haya quedado en los pozos rivales le permita al jugador robárselas y dejarlas en su montoncito (en oware, por ejemplo, si tras el turno del jugador la cantidad de fichas de alguno de los pozos del rival es de dos o tres, el jugador las captura). Asimismo, los orígenes, según el juego, varían. El mangala turco, como su nombre lo indica, es oriundo de Turquía; el toguz es originario de Kirguistán, mientras que el oware proviene de Ghana y del África Occidental de manera general.

Pero, ¿con cuánta experiencia gozaban los argentinos a la hora de llegar a una cita como los Juegos Nómadas? ¿Tendrían una carrera consolidada? Como Repetto contó, “Tenemos un año y pico de trayecto; en Hungría, hace unos años, conocimos a un hombre que había participado en una edición anterior de los Juegos. Nos encantó la idea y nos propusimos prepararnos para participar”. Sí, por increíble que parezca, a la hora de conocer la existencia de la competición, la delegación argentina aún desconocía de los deportes que eventualmente los llevarían a participar. “Poder ganarle a los africanos, que son las eminencias del deporte, es mi objetivo a cumplir”, manifestó con entusiasmo el jugador argentino de oware, previo al anteúltimo día de competencia. Dicho y hecho, logró su meta: en la jornada siguiente, salió victorioso en sus dos emparejamientos, uno ante un oponente de Nigeria y otro ante uno de Tanzania.

Pese a no haber alcanzado puestos de medalla, el rendimiento final de los representantes de Argentina fue más que positivo. Marino 5-2 (toguz korgool), Ghisletti 4-3 (mangala), Bilbao 4-3 (mangala) y Repetto 3-4 (oware). Un balance combinado de 16 victorias y 12 derrotas, frente a rivales de mucho mayor recorrido en el rubro. “Acá hay gente que tiene equipos, que van a torneos y juegan hace años. Dijimos ‘Vamos a divertirnos’, pero la diversión quedó en el día uno. Ahora ver los resultados es muy satisfactorio. Esto es un puntapié inicial impresionante; vinimos a los ponchazos, pero con esto quedó demostrado que el argentino si quiere puede. Ojalá dentro de dos años podamos venir con diez veces más cantidad de la que vino esta vez”, sintetizó Bilbao sobre el desempeño nacional.

No son mayoría las disciplinas pertenecientes al programa de los Juegos Nómadas que tengan un ente regulador internacional, un calendario de competencias fijo o un ranking oficial. Los juegos de mesa anteriormente nombrados no son la excepción al panorama, y, menos aún, cuentan con una federación nacional propia. Sin embargo, sí se encuentran amparados por una entidad. CODASports es la asociación encargada de nuclear a 115 deportes y juegos de carácter alternativo en Argentina.

Será en Tatarstán, Rusia, la próxima edición de los World Nomad Games. Entre medio, dos años de preparación y torneos definirían si los cuatro delegados argentinos, del mismo modo que plantaron bandera en las montañosas villas kirguises, darán el presente también en las llanuras orientales de Europa. O, mejor aún el caso, tal vez al programa nomádico se suban otros locos que, sin vergüenza alguna, se crucen al otro lado del mundo para competir de igual a igual con los dueños de casa en sus propios deportes. Porque donde haya un argentino, la famosa coronación de gloria estará al acecho.

Bautista Alonso Rigone: el futuro opuesto de la Selección Argentina de vóley

Por Nehuén Zuñiga

Es 16 de enero de 2026, la Selección Argentina Sub 17 de vóley, en Comodoro Rivadavia, se clasifica a la final del torneo Sudamericano y va en busca del boleto al Mundial frente a Venezuela. Argentina va 2 set a 1. En el tercer set van 22-19 en puntos. Santiago Quaini le arma la pelota a Bautista Alonso Rigone, el chico de 16 años con una altura de 1,90 metros nacido en Mar del Plata, que juega de opuesto junto a su hermano mellizo Manuel en la selección y en Once Unidos de Mar del Plata. Bautista salta, se eleva y remata la pelota con potencia con su brazo derecho a la izquierda del armador venezolano y logra poner a la selección cuatro puntos arriba. El partido pasa a la historia ya que minutos después consiguen los dos puntos que le faltaban para cerrar el encuentro y ganar el set por 25-21. Obtuvo su boleto al Mundial y logró quedar en el cuarto puesto con la Selección.

La Selección cayó por 3-1 en la final contra Brasil . Pero para Bautista Alonso Rigone no fue todo tristeza ya que fue premiado como el mejor opuesto del torneo Sudamericano y además con su hermano lograron un título personal con la Selección, que es que luego de 30 años de la dupla de los mellizos Nicolás y Martín Efrón, son la segunda dupla de mellizos que comparten equipo y que disputan un torneo Sudamericano juntos.

Alonso Rigone inició su camino en el vóley a los 14 años, en el Club Don Bosco de Mar del Plata. Aquella etapa de formación le sirvió para probar alternativas en la cancha hasta encontrar su lugar definitivo como opuesto, posición desde la cual explota su rol de definidor y principal carta de ataque. Juan Ignacio Macció, ex armador de la Selección Argentina en 2012 y actual jugador de la Primera y director técnico de la Sub 16 de Once Unidos, contó sobre la capacidades que tiene el jugador desde los 14 años y lo difícil que fue enfrentarlo: “Él ya rápidamente impresionaba por sus capacidades atléticas, físicas, su capacidad coordinativa; entonces ya se vislumbraba que era uno de esos chicos que por más que uno lo esté enfrentando y planifique una estrategia, a tan corta edad, ya resolvía como un jugador grande”, expresó el ex armador de la Selección.

Al siguiente año, en 2025, ya con experiencia y destacándose en Don Bosco, los hermanos Alonso Rigone se incorporaron a Once Unidos de Mar del Plata, donde consolidaron su juego y dieron el salto hacia el seleccionado Sub 17 que dirige Leonardo Nocenti. “Nosotros los empezamos a observar cuando tenían 15 años y ya se notaba un diferencial físico importante. Las características más destacables que tienen es el potencial físico de ambos”, declaró el entrenador.

Bautista Alonso Rigone, al regresar de la selección, fue promovido a la Primera División de Once Unidos y logró junto a su equipo el ascenso a la Liga Nacional de Voleibol Argentina, tras vencer en la final a Racing de Castex. El marplatense afinó la lectura de juego, el saque y el remate, que con su agresividad cierra puntos en momentos decisivos y de mucha presión.

Sin embargo, Bautista, quien de manera constante anota puntos, es un chico introvertido, que no se comunica con el equipo, sino que sus compañeros para entenderlo y seguir la dinámica del juego, tienen que seguir sus gestos y conocer sus movimientos dentro de la cancha. Lo que también tiene, es una buena capacidad de escuchar a sus entrenadores y de obedecer sobre lo que le piden. “Bauti es de esos jugadores que me encanta dirigir porque aplica un montón de conocimientos y los desarrolla”, declaró Macció, en cuanto los conocimientos que tiene el opuesto. Nocenti coincidió con Macció: “Tiene una personalidad tranquila. Es de preguntar mucho. Entiende el juego y siempre está dispuesto a aprender e incorporar conceptos, y eso le da un potencial a futuro porque no es de quedarse con lo que tiene; siempre va por más, quiere corregir y perfeccionar sus técnicas”.

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Jugar en la Selección conlleva un peso enorme y sea la categoría que sea exige al máximo nivel y entrenamiento. Bautista Alonso Rigone, en medio de un entrenamiento físico con la camiseta de su país, el 27 de abril tuvo una lesión inesperada. Mientras hacía sentadillas con la barra, por un simple mal apoyo en los trapecios, sufrió una microfractura en la cervical que lo obligó a dejar de lado dos meses su deporte favorito. Sin embargo, nunca se le cruzó por la cabeza dejar el vóley, y esperó a recuperarse para seguir entrenando y seguir aumentando su nivel.

Bautista Alonso Rigone logró con su Selección un subcampeonato Sudamericano, un premio individual y quedar cuarto en el Mundial. El marplatense seguirá siendo ese chico introvertido que no se comunica con sus compañeros en el medio del partido y que no da arengas, pero cada vez que arranque un encuentro y la pelota se eleve de su lado en la red, “Bauti” volverá a rematar para obtener un punto y poner arriba a la Selección.

Cuando el deporte también pesa: salud mental en los atletas

Por Federico Oliver

Hablar de deporte suele llevar inmediatamente a pensar en sus beneficios: actividad física, disciplina, concentración, bienestar y vínculos sociales. Sin embargo, detrás del entrenamiento y la competencia también existe una dimensión que durante mucho tiempo quedó relegada: la salud mental.

En el deporte, como en cualquier otro ámbito, las personas atraviesan emociones, frustraciones y momentos de presión. En el alto rendimiento, esas situaciones pueden adquirir características particulares. Las expectativas de los aficionados, los medios, los entrenadores y el propio atleta pueden convertirse en una fuente importante de estrés. A esto se suman las lesiones, los malos resultados y la exposición permanente.

La salud mental de un deportista no es un aspecto separado de su rendimiento. Incluye la manera en que gestiona sus emociones, enfrenta la presión y se relaciona con su entorno.

El lado positivo del deporte

La práctica deportiva también puede contribuir al bienestar psicológico. El material consultado señala que la actividad física está relacionada con la liberación de sustancias como endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina. También puede contribuir a reducir el riesgo de ansiedad y depresión y favorecer habilidades como la concentración, la disciplina y la resiliencia.

Pero esos beneficios no significan que los deportistas sean inmunes a los problemas de salud mental.

La diferencia puede estar en las condiciones en las que se desarrolla la práctica. No es lo mismo entrenar por recreación que competir por un lugar, representar a un club, buscar una clasificación o construir una carrera profesional.

Cuando ganar deja de ser suficiente

En la alta competencia, la presión puede provenir de diferentes lugares. La afición espera resultados, los medios analizan cada actuación, los entrenadores exigen rendimiento y el propio atleta puede establecer expectativas cada vez mayores sobre sí mismo.

Las lesiones representan otro desafío. Una lesión no solamente puede impedir entrenar o competir: también puede generar frustración, ansiedad y afectar el estado de ánimo del deportista.

Además, en determinadas disciplinas aparecen preocupaciones particulares relacionadas con el peso, la imagen corporal o la exposición individual. El material diferencia, por ejemplo, entre deportes de categoría por peso o estética, deportes colectivos y disciplinas individuales de alta exposición, ya que cada uno presenta dinámicas que pueden requerir diferentes formas de acompañamiento.

Hablar también forma parte del entrenamiento

Uno de los principales cambios en los últimos años fue comenzar a hablar públicamente sobre estos problemas.

Atletas de élite como Simone Biles y Ricky Rubio contribuyeron a visibilizar la salud mental dentro del deporte y a mostrar que atravesar dificultades emocionales no significa carecer de fortaleza.

La aparición de estas voces también ayuda a cuestionar una idea arraigada en determinados ambientes deportivos: que mostrar vulnerabilidad es incompatible con ser competitivo.

Reconocer lo que sucede, pedir ayuda y contar con espacios seguros para hablar son herramientas que pueden formar parte del cuidado integral de un deportista.

No todos necesitan las mismas herramientas

La forma de acompañar a un atleta también depende de su edad y del nivel en el que compite.

En las categorías infantiles y formativas, el material pone el foco en la detección temprana y la construcción de entornos seguros, evitando que los resultados deportivos se conviertan en el centro de la experiencia. Entre las herramientas mencionadas aparecen las tutorías individuales y espacios de expresión.

Durante la etapa juvenil y universitaria, el énfasis está puesto en reducir el estigma y fortalecer las redes de apoyo. En el alto rendimiento, en cambio, aparecen herramientas de evaluación y protocolos específicos para acompañar situaciones de crisis.

Esto muestra que hablar de salud mental en el deporte no implica aplicar una única solución para todos. La edad, la disciplina, el nivel competitivo y las circunstancias personales pueden modificar las necesidades de cada atleta.

El papel de los entrenadores

El cuidado de la salud mental tampoco debería recaer exclusivamente sobre el deportista.

Los entrenadores y demás integrantes de los equipos que acompañan a los atletas ocupan un lugar importante porque pueden ser quienes primero observen cambios en el comportamiento, el aislamiento o una disminución del bienestar. El material plantea la necesidad de capacitarlos para reconocer señales de alerta y saber cuándo recurrir a profesionales especializados.

Eso no significa que un entrenador deba diagnosticar. Su función puede estar relacionada con escuchar, acompañar y facilitar el acceso a la ayuda correspondiente. Los clubes, federaciones, escuelas y equipos también forman parte de esa red. Crear espacios donde hablar sobre salud mental no debería entenderse como una amenaza para la competitividad, sino como una parte del cuidado de quienes hacen posible el deporte.

Una herramienta para volver al presente

Entre las técnicas mencionadas en el material aparece la regla 3-3-3, una estrategia de grounding que busca dirigir la atención hacia el entorno físico cuando aparecen ansiedad o pensamientos acelerados.

Es una herramienta sencilla que puede utilizarse como recurso para recuperar la atención sobre el presente, aunque no reemplaza la atención de un profesional cuando una persona atraviesa un problema de salud mental.

El objetivo, en definitiva, no es eliminar las emociones difíciles del deporte. La frustración después de una derrota, los nervios antes de una competencia o el enojo durante una lesión forman parte de la experiencia deportiva.

El desafío está en que esas emociones puedan ser reconocidas y acompañadas antes de que se conviertan en un problema mayor.

Cuidar al atleta también es cuidar a la persona

El deporte puede construir disciplina, vínculos y bienestar, pero el resultado de una competencia no define el valor de quien compite.

Detrás de cada camiseta, cada medalla y cada resultado hay una persona que también puede sentir miedo, frustración, ansiedad o agotamiento. Entenderlo no significa quitarle importancia a la competencia. Significa comprender que el rendimiento deportivo y el bienestar emocional no deberían estar enfrentados.

Porque entrenar el cuerpo es parte del deporte. Cuidar la mente también.

 

Si una persona atraviesa una crisis emocional o necesita hablar con alguien, en Argentina puede comunicarse con la Línea 135 de prevención del suicidio. También se encuentra disponible el 0800-345-1435 desde todo el país. Ante una emergencia, también puede recurrirse al 911.