No todas las remontadas empiezan con un gol. Algunas nacen de un futbolista que decide ponerle calma a un partido que solo invita al caos. Mientras Argentina buscaba volver de un 2-0 que parecía definitivo, Leandro Paredes hizo de la paciencia un acto de rebeldía. Eligió hacer aquello que pocas veces es reconocido: sostener desde el centro del campo la esperanza de un equipo que se negaba a caer.
Los números terminaron de ponerle dimensión a una actuación que ya había sido inmensa a los ojos de cualquiera. Los registros del mediocampista de Boca Juniors reflejaron el partido que hizo, donde su mayor virtud fue el control.
- 129 toques, la cifra más alta del encuentro.
- 115 pases precisos, siendo el principal conductor del juego argentino.
- 11 recuperaciones, más que cualquier otro futbolista en cancha.
- 5 de 6 duelos ganados.
Cada estadística explica una parte de su actuación. La claridad para ordenar a un equipo que necesitaba serenidad. Las recuperaciones y los duelos ganados hablan de ese trabajo que rara vez aparece en los resúmenes, pero que muchas veces define los partidos.
Porque Paredes no solo distribuyó. También leyó cada jugada antes que el resto, ofreció siempre una línea de pase y apareció como salida cuando la presión egipcia parecía ahogar a la Selección. Mientras el encuentro se rompía por momentos, él fue el encargado de volver a unir las piezas.
Hubo una acción que resumió todo su partido. Con el marcador 2-2 y Egipto lanzado al contraataque, Paredes anticipó la jugada, metió el cuerpo y recuperó una pelota que pudo haber cambiado el destino. Minutos después, Lautaro Martínez condujo el ataque y Enzo Fernández conectó de cabeza para el 3-2 definitivo. Aquella recuperación tuvo el mismo peso en la historia de la clasificación.
Cuando se recuerde esta remontada, las imágenes volverán una y otra vez sobre el descuento de Lionel Messi, el empate que devolvió la ilusión y el cabezazo agónico de Enzo Fernández. Pero desde el anonimato hubo un futbolista que sostuvo el partido, que convirtió la pausa en una virtud y la simpleza en una forma de resistencia.
Y la clasificación de Argentina llevó, en silencio, la firma de Leandro Paredes.




