Por Celeste Benítez
La última vez que Paraguay jugó una Copa del Mundo fue en Sudáfrica 2010. Gustavo Alfaro, director técnico argentino, consiguió llevar a la Albirroja a un nuevo sueño mundialista después de dieciséis años.
Cinco días antes del inicio del torneo internacional de fútbol, el seleccionado paraguayo fue despedido por su gente en el estadio más emblemático del país: el Defensores del Chaco. El lugar se encontraba repleto de gente alegre y eufórica que con mucha ilusión saludó al plantel que iría a representarlos en Norteamérica.
El debut del seleccionado paraguayo no fue el esperado. Recibió una goleada 4-1 ante Estados Unidos, uno de los anfitriones del torneo. Fue un baldazo de agua helada para los dirigidos de Alfaro. “Les dije a los jugadores que las emociones son importantes, pero en un Mundial las tenés que dejar de lado”, afirmó el entrenador rosarino. En el segundo partido el equipo supo recomponerse, le ganó 1-0 a Turquía y empató 0-0 con Australia en la última fecha de la fase de grupos. Luego se clasificó a los dieciseisavos de final como mejor tercero en el séptimo lugar.
En la primera instancia de eliminación directa a Paraguay le tocó enfrentarse a Alemania, la segunda selección con más copas del mundo junto a Italia y una de las grandes potencias del fútbol. En la previa del encuentro los alemanes eran los favoritos a ganar, por su historia futbolística y por su plantel. Pero la Albirroja tuvo fuerza y empuje, como todo país sudamericano. Con su idea de juego logró llevar al conjunto de Julian Nagelsmann a la tanda de penales, tras igualar 1-1 en el tiempo reglamentario. El arquero paraguayo, Orlando Gill, fue la figura durante los ciento veinte minutos y cuando tuvo que pararse bajo los tres palos, en la tanda decisiva, atajó dos penales. Desde los doce pasos, José Canale tuvo el último tiro y anotó el gol de la victoria. Así fue como Paraguay eliminó a Alemania, algo que nunca antes le había ocurrido a la Die Mannschaft.
La alegría fue inmensa, una de las hazañas más importantes en la historia de la Albirroja. Sin embargo, la felicidad duró poco y el camino del equipo de Alfaro se terminó en octavos de final, tras perder 1-0 ante Francia con un gol de Kylian Mbappé a los setenta minutos del partido. Luego de la eliminación, el rosarino le reconoció a sus jugadores el sacrificio y la dedicación que dieron en la cancha.
Días después, el seleccionado paraguayo aterrizó en el Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi y fue recibido por el presidente del país, Santiago Peña, y una multitud de hinchas que aplaudieron y cantaron. En lo que fue un clima de emoción y gratitud para los futbolistas y el cuerpo técnico que representaron con altura a la bandera de tres franjas horizontales y colores rojo, blanco y azul. “Ese contagio que vino desde adentro de esta tierra y de esta patria se transfirió a todos nosotros”, expresó Alfaro desde el escenario rodeado de los jugadores.
El rosarino, que estaba cubierto por la bandera paraguaya, habló frente a la multitud y les agradeció a sus dirigidos que fueron los verdaderos artífices que le enseñaron que los imposibles no existen. Para finalizar, destacó el corazón y el poder que tiene el país y pidió que esa llama que tiene Paraguay no se apague, que la mantengan viva para que el destino de la selección sea de grandeza. “Dentro de la camiseta nosotros tenemos un corazón que nos hace sentir que todo lo podemos conseguir, si estamos todos juntos”, exclamó Alfaro.
En cuanto el argentino dejó el micrófono los fuegos artificiales fueron lanzados. El equipo permaneció sobre la estructura de madera y miró hacia el frente para contemplar el cariño del pueblo paraguayo.




