Por Valentina Quinteros
A diferencia de otros chicos sus primeros pasos fueron en una escuelita de fútbol llamada Mingueo FC en Colombia, un lugar donde el aprendizaje también se basaba en la pasión por jugar al fútbol. Ese fue el escenario que le cambió la vida y donde empezó un nuevo objetivo para el actual defensor de Temperley, Oswaldo Pacheco.
El gran salto ocurrió a sus 19 años, cuando se le presentó la oportunidad de jugar en Argentina. “Llegar a un país como Argentina me hizo crecer y soñar en grande”, recuerda sobre aquel momento en el que su camino cambió por completo. El desafío de dejar su casa para perseguir un sueño profesional se mantuvo al integrarse en las divisiones inferiores del Club Atlético Temperley.
Fue en ese entonces donde empezó a formarse como futbolista, se enfrentó a un sistema donde la exigencia es el lenguaje cotidiano. Temperley no solo fue su escuela, fue el lugar donde descubrió que el camino que está armando requiere algo más que técnica y que también exige una fuerte mentalidad.
Ese proceso de formación fue, ante todo un ejercicio de resistencia. Al repasar aquellos años, reconoce que el fútbol argentino le planteó un desafío físico inesperado:”Lo que más me costó en Argentina fue lo físico, porque el ascenso es durísimo. Pero con esfuerzo y trabajo duro logré adaptarme, si uno compara el ritmo de esta categoría con otras, los jugadores acá corren los 90 minutos a una intensidad muy alta. Hay que prepararse mucho y entrenar para poder estar a la altura”.
Para él el fútbol argentino es uno de los más exigentes a la hora de jugar: “Sin desprestigiar al fútbol colombiano, para mí el fútbol argentino es más exigente. Los jugadores son muy competitivos y eso hace que el nivel sea muy alto. Cualquier selección podría convocar futbolistas de esta categoría porque están preparados para competir”.
Su historia es también la de alguien que logró fusionar dos culturas. “Sí, son culturas distintas”, admite. “El colombiano suele ser muy alegre y muy extrovertido. Pero uno también puede adaptarse a la cultura argentina sin problemas”.
Pacheco no es un defensor que se limite al roce físico; su juego se construye desde el estudio y la admiración por los maestros del puesto. Para él, la referencia siempre fue clara: “Siempre me identifiqué mucho con Gerard Piqué, cuando estaba en Barcelona era uno de los mejores centrales del mundo y me sentaba a verlo para aprender. Pero hoy, mi referente es Virgil van Dijk, para mí está en otro nivel; es un jugador extraordinario y sería un sueño poder enfrentarlo algún día”.
Con la madurez de quien ha superado las pruebas más difíciles, Pacheco mira hacia adelante con claridad. Sobre el presente de su país natal, se muestra optimista: “A la Selección Colombiana la veo muy bien, para mí es una de las candidatas, el profesor Nestor Lorenzo viene trabajando hace tiempo con una idea clara. Creo que en el Mundial va a pelear por el título”.
Hoy, Pacheco se presenta como un profesional completo, con la confianza y seguridad que fue agarrando durante este proceso como futbolista, él está para enfrentarse a nuevos desafíos. Con la base del fútbol argentino y la mentalidad de los grandes defensores, su mensaje es contundente: “Hoy me siento mucho más adaptado y creo que todavía puedo dar más”.




