Por Lucas Grosso
Hossam Hassan, director técnico de Egipto y máximo goleador histórico del seleccionado, festejó el pase a los octavos de final tras vencer a Australia por penales ondeando una bandera de Palestina en tierras estadounidenses.
En las últimas horas, su nombre tomó revuelo en los medios locales, tras declarar en conferencia de prensa que el Campeonato de la FIFA está amañado para que Argentina sea campeona nuevamente: “Claramente, el partido estuvo arreglado, y todo el mundo lo vio“.
Tras ser consultado sobre el homenaje a Palestina en los dieciseisavos de final, respondió: “Mi corazón y mi alma están con ellos. Que Dios tenga misericordia de sus mártires. Dedico esta victoria al pueblo egipcio y al pueblo palestino, la gente buena y noble”.
En un contexto en el que es difícil ver a los protagonistas tomar posturas políticas, el entrenador llamó la atención de los medios. A raíz de esto, cabe cuestionarse, ¿Cuál es la relación entre el país africano y el conflicto en Gaza?
Egipto limita con el sur del territorio palestino, e históricamente defendió la creación de un Estado independiente. A su vez hace de mediador ante la ONU y otras naciones de Occidente para ofrecer asistencia a los refugiados, sobre todo a través del aeropuerto Al-Arish, donde arriban todas las provisiones, aunque en las fronteras termine siendo Israel quien controla los ingresos a Palestina.
No sólo los políticos egipcios defendieron la causa de la franja de Gaza: en el Mundial de Clubes (también con sede en territorio de Donald Trump), el delantero Hussein El Shalat utilizó una pulsera que rezaba “Palestina Libre” en las sesiones de fotos del Al Ahly. En respuesta, la FIFA eliminó cualquier rastro de la imagen en las páginas oficiales de la federación, argumentando que el fútbol está por fuera de la política. Algo que a Gianni Infantino se le olvidó esta semana ante el llamado del presidente estadounidense para solicitarle que se le perdone la sanción al máximo goleador del país anfitrión en este Mundial. Incluso, en ese mismo torneo, las manos que entregaron la copa, fueron las del mismísimo Donald.
El primer contacto entre el fútbol egipcio y Palestina igualmente lo estableció el histórico Al-Ahly, segundo mayor campeón internacional, sólo por detrás del Real Madrid. En contextos de Segunda Guerra Mundial y ocupación británica en ambos países de Medio Oriente, la institución organizó una gira contra equipos árabes en 1943 por tierras palestinas para apoyar su causa, desafiando a la federación nacional, la cual le había prohibido hacerlo y le anuló los pasaportes, por lo que jugaron bajo el nombre “Cairo All Stars”.
“El creador de la felicidad”, como apodan a Mohamed Salah en su patria, tuvo un episodio particular respecto al conflicto en Gaza.
En 2013, cuando él jugaba en el Basilea suizo, el sorteo de la Champions League lo enfrentaba a Maccabi Tel-Aviv. Para el encuentro de ida en Suiza, durante el saludo habitual entre rivales, Mohamed casualmente se dirigió al banco de suplentes para cambiar sus botines. El encuentro terminó con victoria 1-0 para los locales.
Cuando se hizo la hora de viajar, el prolífico delantero y su compatriota, Mohammed Elneny, se negaron a querer hacerlo, porque pisar el Aeropuerto Ben Gurion de Tel-Aviv era reconocer la legitimidad del Estado israelí. Dirigentes del Basilea amenazaron a sus dos futbolistas con la posibilidad de recibir fuertes sanciones si se ausentaban, por lo que terminaron yendo.
En esta ocasión, Salah volvió a inventar algo en el cruce de manos, en lugar de abrir la palma, mantuvo el puño cerrado y la chocaba contra las manos abiertas de a quienes consideraba contrarios.
Durante los 90´ fue abucheado y silbado, pero el crack africano respondió con un gol, un rezo y con su índice señalando a las tribunas de Maccabi.




