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Argentina vs Inglaterra: ¿solamente fútbol?

Por Juana Lusin Santafé

“Es solamente fútbol”, dicen algunos. Y probablemente tengan razón. Pero para los argentinos, cada vez que del otro lado aparece Inglaterra, esa frase pierde fuerza. Ahí, el fútbol se llena de memoria. No porque un partido pueda cambiar la historia, sino porque hay enfrentamientos que nunca lograron desprenderse de todo lo que representan. Es imposible no sentir un nudo en la garganta. Es imposible que no se erice la piel. Es imposible que el corazón no lata diferente. Porque cuando Argentina e Inglaterra se enfrentan en un Mundial, nunca juegan solamente once contra once. También juegan los recuerdos, las heridas, las alegrías y una rivalidad que atravesó generaciones.

El primer capítulo se escribió el 2 de junio de 1962, durante el Mundial de Chile. Argentina e Inglaterra se enfrentaban por primera vez en una Copa del Mundo y, por entonces, el duelo todavía no cargaba con el peso simbólico que adquiriría con los años. Inglaterra se impuso por 3 a 1 y dejó a la Selección al borde de la eliminación. Aquella tarde pasó a la historia porque fue el comienzo de un recorrido que nadie imaginaba. Sin saberlo, ambas selecciones acababan de abrir una historia que, con el paso de las décadas, dejaría de medirse únicamente en goles.

Cuatro años después, todo cambió. En los cuartos de final del Mundial de Inglaterra 1966, la Selección cayó 1-0 en un partido que quedó marcado por la polémica. A los 35 minutos, cuando las tarjetas todavía no existían, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein decidió expulsar a Antonio Rattín. El problema fue que el capitán argentino no hablaba alemán y el juez no hablaba español. Rattín se quedó inmóvil, incrédulo, pidiendo un intérprete para entender por qué debía abandonar la cancha. La respuesta nunca llegó. Antes de entrar al túnel, pasó junto a la alfombra roja preparada para el ingreso de la reina Isabel II y se sentó unos segundos sobre ella. Además, como si faltara algo, al pasar junto al córner, estrujó el banderín del Reino Unido en un gesto de bronca que quedó inmortalizado. Lo que ocurrió en Wembley parecía suficiente para que quedara grabado en la memoria. Pero la historia todavía tenía reservado el capítulo más inolvidable de todos.

Veinte años después, el 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Argentina e Inglaterra se encontraron otra vez en los cuartos de final. Pero esta vez el partido llegaba cargado de un peso imposible de ignorar. Apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, el fútbol se convirtió, por un instante, en el escenario donde un país entero volcó emociones que iban mucho más allá del resultado. Entonces apareció Diego Armando Maradona. Primero con la picardía de “La Mano de Dios”. Después, con una obra de arte que todavía hoy parece desafiar el paso del tiempo. “Barrilete cósmico… ¿de qué planeta viniste?”, gritó Víctor Hugo Morales mientras Maradona dejaba ingleses en el camino para convertir lo que se transformaría en “El gol del Siglo”. Argentina ganó 2-1. Aquella tarde no devolvió a los que ya no estaban, no cerró heridas ni cambió la historia. Pero durante noventa minutos le regaló a un pueblo un abrazo que necesitaba. Y, a veces, el fútbol también sirve para recordarnos que, incluso después del dolor, todavía es posible volver a sonreír.

El destino volvió a encontrarlos dos veces más. En Francia 1998, el duelo terminó 2-2 y se resolvió desde los doce pasos, donde Argentina volvió a ganar mientras David Beckham cargaba con el peso de una expulsión que marcaría su carrera. Pero el fútbol, tan cruel como generoso, le tenía reservada una segunda oportunidad. En Corea-Japón 2002, el inglés convirtió de penal el único gol del partido, se tomó revancha y dejó a la Selección de Marcelo Bielsa al borde de una eliminación que terminaría consumándose pocos días después. Dos Mundiales, dos finales distintos y un mismo protagonista. Como si la historia entre argentinos e ingleses nunca dejara cabos sueltos.

Este miércoles volverán a verse las caras. Esta vez, en una instancia en la que nunca se encontraron: semifinales de la Copa del Mundo. No importan los años que pasen ni los partidos que se jueguen, la Selección nunca pisa la cancha sola. Detrás de esa camiseta están los que alguna vez cantaron al ritmo de “el que no salta es un inglés…”, los que se emocionan cada vez que escuchan las estrofas del himno, los que vuelven a mirar imágenes de aquellos que dejaron todo por la patria y entienden que algunos recuerdos nunca dejan de doler.

Entonces, ¿es realmente solamente fútbol? ¿Cómo se lo explicamos a alguien que no entiende lo que verdaderamente significa? Quizás nunca exista una respuesta capaz de explicarlo del todo. Porque hay emociones que no encuentran palabras, solo corazones capaces de entenderlas.

Mikel Merino, el polivalente de España que entra para anotar

Por Matías Moroni

Un gol no es solo una pelota que atraviesa la línea de un arco de fútbol. Según el momento, cuando el esférico vence a un arquero puede cambiar el rumbo de un partido, de un torneo y hasta de un país. Tener un jugador con la capacidad de generar ese grito sagrado con tan solo dos minutos en el campo es una cualidad que ansía cualquier equipo. España tiene un nombre propio con ese atributo en este Mundial: Mikel Merino.

El jugador de Arsenal convirtió el 2-1 ante Bélgica para darle a “La Roja” el pase a las semifinales de una Copa del Mundo por segunda vez en su historia. En la instancia anterior, ante Portugal, el centrocampista anotó el tanto para clasificar a España a los cuartos de final. ¿La coincidencia? En los dos partidos, Merino ingresó en el minuto 85 por Dani Olmo y le dio la clasificación a su país a la siguiente ronda a minutos de haber ingresado.

El oriundo de Pamplona ya le había bordado una sonrisa a los españoles en la Eurocopa 2024 disputada en Alemania. Merino aprovechó su 1,88 m de altura con un testazo al minuto 119 del partido, ante los locales, y selló la clasificación de “La Furia” a las semifinales del certamen, el cual acabaría ganando.

Esta aptitud goleadora se puede explicar de diversas maneras. La más predominante es la confianza que le ha dado Mikel Arteta, entrenador de Merino en el Arsenal, cuando lo ha utilizado en varios partidos de delantero centro desde comienzos de 2025. “Es bueno que tenga esa capacidad para marcar goles, para percibir el peligro, y para llegar a los espacios adecuados en el momento oportuno. Le pides que juegue de “nueve” y lo hace a la perfección”, señaló el entrenador de los “Gunners” sobre la posición donde empezó a colocar a Merino el año pasado.

Los números respaldan esta decisión de su entrenador. En la Real Sociedad, su anterior club, Merino promedió un gol cada nueve partidos. Aunque esos números para un mediocampista central son muy buenos, en Inglaterra, el vasco promedia un gol cada cinco encuentros. Lo que avala la metamorfosis por la que pasó Merino bajo las alas de Arteta.

Pero su labor no fue siempre de atacante. A sus 20 años, en 2016, fue transferido al Borussia Dortmund proveniente del Osasuna, club donde debutó como profesional. En Alemania, Merino fue dirigido por Thomas Tuchel, ahora entrenador de Inglaterra, quien lo ubicaba de defensor central. La razón principal de esta decisión era la gran salida de pelota que aportaba un jugador de esas características, quien además, con sus casi dos metros de altura, le brinda poderío aéreo a todos los equipos donde juega. 

Luis De Fuente, entrenador de la selección española, llenó de elogios a un jugador tan polivalente como Merino en conferencia de prensa post partido ante Bélgica:  “Es un futbolista completísimo. Es muy versátil. Lo hace todo bien. Tiene un entendimiento del juego excepcional. Tiene la visión que necesita el equipo y la calma para interpretar los momentos del partido. Y por último, tiene una actitud ante la vida y ante el fútbol de compromiso y de generosidad”.

Esta actitud ante la vida que remarca el seleccionador español abarca momentos difíciles por los que atravesó el surgido en el Osasuna este año. A fines de enero, Merino sufrió una fractura en el pie derecho que lo marginó de las canchas hasta comienzos de mayo.”El hecho de estar aquí era algo impensado hace unos meses”, expresó el español luego de anotar el gol decisivo ante Portugal en los octavos de final. 

Por otro lado, “el de los goles importantes” está viviendo la cara más amarga del éxito de un deportista. Merino se está perdiendo los primeros meses de su hijo Marco, nacido el pasado 9 de mayo. “Tener a mi mujer y a mi hijo lejos hace que el Mundial, que es lo más bonito que te puede pasar como futbolista, pierda un poco de brillo”, confesó el goleador español.

Rattín, el adiós a un bostero de ley y emblema de Selección

Por Santino Teysseyre

El fútbol argentino despidió este 11 de julio a Antonio Ubaldo Rattín, una de las máximas leyendas de la historia de Boca Juniors y un referente absoluto de la Selección Argentina, dueño del mediocampo con su imponente 1.90 de estatura y un liderazgo inquebrantable.

Nacido el 16 de mayo de 1937 en Tigre, Buenos Aires, “El Rata” llegó a Boca a sus 19 años y rápidamente se convirtió en el “5” del Xeneize. Durante 16 temporadas consecutivas vistió exclusivamente la camiseta azul y oro, disputó 353 partidos oficiales y convirtió 10 goles, cifras que lo ubican entre los futbolistas con más presencias en la historia del club. Fue capitán durante gran parte de la década de 1960 y levantó cinco títulos: los campeonatos de 1962, 1964, 1965, el Nacional de 1969 y la Copa Argentina de 1969.

Con la Selección Argentina también dejó su huella. Jugó 34 partidos internacionales y representó al país en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Precisamente en este último, siendo el capitán, protagonizó uno de los episodios más recordados de la historia de las Copas del Mundo. En los cuartos de final frente al seleccionado inglés, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein lo expulsó por supuesta protesta, pese a que no hablaban el mismo idioma. Invadido por el enojo y la impotencia ante semejante injusticia, Rattín se negó durante varios minutos a abandonar el campo y, antes de retirarse, retorció con la mano un banderín con la bandera inglesa y se sentó sobre la alfombra roja destinada a la Reina Isabel II. Aquella imagen recorrió el mundo y quedó inmortalizada como uno de los momentos más icónicos del fútbol argentino.

Su estilo de juego era una combinación entre fortaleza física, inteligencia y liderazgo. Era el clásico número cinco de contención que ordenaba todo desde el fondo. Su influencia fue tal que a día de hoy, 66 años después, sigue siendo un símbolo de lo que significa esa posición en el mundo Boca.

Tras retirarse como futbolista en 1970, inició una carrera como entrenador. Dirigió a Boca Juniors en distintos ciclos y también estuvo al frente de clubes como Atlanta, Banfield, Vélez Sarsfield y All Boys, entre otros.

Rattín deja un legado que excede las estadísticas. Fue un emblema de Boca, un capitán respetado por compañeros y rivales y uno de los futbolistas que ayudó a construir la identidad competitiva del club y de la Selección Argentina. Su nombre permanecerá para siempre entre los grandes ídolos del fútbol argentino.

El himno de una ilusión: Inglaterra, la segunda estrella y el idilio con “Wonderwall”

Por Tiziano Moreira

A 60 años de la histórica coronación en su propia casa, la selección inglesa adoptó el gran clásico de Oasis como banda sonora oficial para la Copa del Mundo 2026. La historia de una melodía capaz de unir a Mánchester con el barrio de Boedo y potenciar la esperanza de todo un plantel en los estadios de Norteamérica.

La selección de Inglaterra adoptó “Wonderwall” de la banda Oasis como himno exclusivo durante la Copa del Mundo 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. A seis décadas de su única consagración mundialista, el plantel entona este clásico en cada sede para celebrar los triunfos, conectar de forma directa con sus raíces británicas y alimentar el sueño de la segunda estrella.

El rito musical y emotivo ocurre a la vista de todo el público. Tras cada victoria, el equipo posterga el regreso al vestuario y los jugadores caminan hacia la tribuna ocupada por sus hinchas. Los acordes acústicos bajan desde los parlantes del estadio y la voz inconfundible de Liam Gallagher inunda la escena. Los futbolistas se abrazan, forman una fila de cara a la multitud y cantan a capela a todo pulmón en una comunión total con su gente. La convicción del grupo queda expuesta en el inicio de la canción. Los protagonistas asumen el desafío al advertir que el día de recuperar la gloria llegó y el camino a seguir está claro:

“Today is gonna be the day that they’re gonna throw it back to you. By now you should’ve somehow realized what you gotta do” (Hoy será el día en que te lo van a devolver. Para este momento ya deberías haber comprendido lo que debes hacer).

Ese mensaje de firmeza marcó el final de un debate en las concentraciones previas. El plantel analizó opciones para definir la melodía del grupo e incluyó clásicos inmortales: “Hey Jude” de The Beatles (en honor a Jude Bellingham), “Start Me Up” de The Rolling Stones, “Don’t Stop Me Now” de Queen y el himno futbolero “Three Lions” de The Lightning Seeds. Pese a estas alternativas, los referentes eligieron la obra cumbre del britpop.

Noel Gallagher compuso el tema en 1995 con la idea de cantarle a un amigo imaginario la capacidad de rescatar a alguien de sus propios fantasmas. La canción refleja una lealtad incondicional, una devoción única por el otro:

“I don’t believe that anybody. Feels the way I do, about you now” (No creo que nadie sienta de la manera en que yo lo hago por ti ahora).

Esa misma pasión une a los hermanos Gallagher con Manchester City desde las décadas de 1970 y 1980. Pese a sostener una relación personal muy conflictiva y marcada por años de distanciamiento público, su amor sobrevivió a las épocas oscuras del club en la segunda división y se mantiene intacto. Noel diseñó la tipografía oficial de las camisetas para la temporada 2024/2025 y Liam reunió a la banda para una gira de regreso en 2025, ya que lo había prometido si el equipo lograba la Champions League en 2023 ante el Inter de Milán.

Esa fidelidad a prueba de todo convirtió a la música de Oasis en un símbolo de pertenencia para el futbolista inglés, dispuesto a transitar trayectos difíciles para alcanzar la cima:

“And all the roads we have to walk are winding. And all the lights that lead us there are blinding” (Y todos los caminos que tenemos que caminar son sinuosos, y todas las luces que nos guían allí son cegadoras).

La campaña en el Grupo L comenzó con un triunfo 4-2 ante Croacia en Dallas, continuó con un empate 0-0 frente a Ghana en Boston y cerró con una victoria 2-0 sobre Panamá en Nueva Jersey. Tras el debut, Declan Rice describió la atmósfera: “El primer círculo de jugadores en la cancha fue un momento de unión único con la afición. Fue en verdad algo muy especial, nos quitó un peso de encima”.

Con la tensión en alza durante los cruces de eliminación directa, las palabras de los protagonistas pasan a un segundo plano para dejar que la canción hable por ellos:


“There are many things that I. Would like to say to you but I don’t know how” (Hay muchas cosas que me gustaría decirte, pero no sé cómo).

En 16avos de final, el equipo sufrió para superar 2-1 a la República Democrática del Congo en Atlanta. Frente a la paridad del torneo, el defensor Nico O’Reilly compartió su postura ante la FIFA: “No importa el rival, tenemos que celebrar. Cantar con los aficionados nos da un sentimiento espectacular”. En octavos de final, resistieron la presión del Estadio Azteca y eliminaron al local México por 3-2 con una brillante actuación de Bellingham.

Esa búsqueda de un refugio seguro cruzó el océano mucho antes de este torneo para instalarse en el fútbol sudamericano. A fines de la década de 1990 y principios de los 2000, la Escuela de Tablones, hinchada de San Lorenzo de Almagro, adaptó la melodía. Los versos en inglés mutaron a estrofas en español para celebrar el arraigo en el barrio de Boedo. Esa misma estructura rítmica pegadiza que los bombos y platillos argentinos aceleraron en las tribunas, hoy resuena en los estadios de Norteamérica. El estribillo funde ambas pasiones y resume el espíritu del equipo:

“Because maybe, you’re gonna be the one that saves me. And after all, you’re my wonderwall” (Porque tal vez tú seas quien me salve, y después de todo, eres mi Wonderwall).

El capitán Harry Kane dimensionó el impacto de este fenómeno cultural y deportivo: “Cantar ‘Wonderwall’ con los fanáticos en el estadio se convirtió en uno de mis momentos favoritos de toda mi carrera con la camiseta de Inglaterra, en especial en un torneo de esta magnitud. Sé que los hinchas en casa están igual, tiran cerveza por todas partes por la emoción. Nos encantan estas cosas, nos da una conexión real con la gente”.

Inglaterra enfrentará a Noruega en los cuartos de final en la ciudad de Miami. Al sonar el silbato de cierre, la gran incógnita quedará develada: ¿sonarán las guitarras de los Gallagher o remará el barco vikingo bajo la conducción de Erling Haaland?

De Fiorito al Mundial: el camino de Facundo Medina

Por Santiago Prato

Tuvo que sustituir a Nicolás Tagliafico en el debut de la Selección Argentina por la Copa del Mundo 2026, respondió cuando más lo necesitaban y hoy pelea para meterse entre los titulares. Pero su historia no empieza en Estados Unidos, sino mucho tiempo atrás, en Villa Fiorito, a apenas ocho cuadras de la primera casa de Diego Armando Maradona.

Facundo Axel Medina se crió en la localidad lomense rodeado de dificultades económicas. Su infancia, enfocada más en sobrevivir que vivir, lo obligó a trabajar como cartonero con el fin de ayudar a sus padres.  “Un laburo familiar”, así definió la actividad, ya que la realizaba de lunes a viernes junto a sus tíos.  “Estábamos todos, nos cagábamos de risa, mirábamos algún pajarito por ahí y la pasábamos bien a pesar de todo”, recordó. Su jornada comenzaba a las 4 o 5 de la tarde y finalizaba a las 10 de la noche.

En medio de esa realidad, una pasión lo atravesaba: el fútbol. A los 11 años tomaba el colectivo y caminaba siete calles rumbo a los entrenamientos de Lanús. La preocupación de Mónica, su madre, por la zona y el peligro al que se exponía en ese viaje hizo que empezara a jugar al baby en Villa Luro Norte, de Moreno, más cerca de su barrio. Ahí fue donde un captador de River lo vio, le consiguió una prueba y terminó quedando. “Yo entrenaba, jugaba e iba al colegio, así que lo hice hasta los 12 o 13, después me encerré en la pensión de River”, contó.

Al principio, los recorridos hacia el predio no fueron fáciles. Le robaron monedas, su celular y la mochila con los botines. Ante la reiteración de esos episodios, su familia pidió ayuda y el club le ofreció una solución: quedarse en la residencia y continuar sus estudios allí. “Le estoy muy agradecido a River. Me sacó de la villa, me formó como persona y eso tiene mucho valor para mí”, expresó el defensor de 27 años.

En su paso por las inferiores del Millonario declaró que su mayor sueño era hacerle un gol a Boca. Aún no pudo cumplirlo, ya que, aunque disputó un amistoso contra Olimpia de Paraguay, no llegó a debutar de manera oficial. En 2018 fue presentado en Talleres de Córdoba, donde dio sus primeros pasos en primera división. Casualmente, el 12 de agosto de ese año, se estrenó frente al Xeneize. 33 apariciones y un tanto bastaron para despertar interés en Europa.

Durante su etapa en La T tuvo su primer roce con La Albiceleste. Llamó la atención de Lionel Scaloni y Pablo Aimar, quienes dirigían las juveniles del seleccionado nacional. Comenzó a ser convocado y terminó logrando un subcampeonato en el Sudamericano Sub 20, la clasificación olímpica en el Preolímpico de Colombia 2020 y  la medalla de oro de los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

En 2020, Racing Club de Lens, de la Ligue 1 de Francia, compró su pase por aproximadamente cuatro millones de dólares. Tras 160 partidos oficiales en cinco temporadas, fue cedido a su actual equipo, el Olympique de Marsella. Seis años compitiendo en el país galo le permitieron formar parte de los 26 convocados que disputan la justa mundialista y competir de igual a igual por un puesto dentro de los once con Tagliafico, quien cubre el lateral izquierdo argentino desde 2017. Medina ya jugó cuatro de los cinco encuentros (tres de ellos como titular) de la máxima cita internacional.

Estar en un Mundial parecía una quimera para aquel chico que juntaba cartones. Tan lejana como la distancia que separa Fiorito de Marsella. Aunque hubo algo, o alguien, que hizo posible ese camino antes de que él pudiera imaginarlo. No tuvo que ver con el dinero, sino con esa figura indispensable que todo niño o niña debería agradecer tener: su mamá. Llevó adelante un sacrificio descomunal con el objetivo de que su hijo cumpliera su meta. Lo acompañaba a la madrugada a la estación, donde emprendía su traslado, y luego se iba al trabajo. Quizás esta trayectoria forjó esa personalidad destacada que hace que, entre tantos campeones del mundo, parezca entender mejor que nadie cuánto cuesta llegar. 

 

Granit Xhaka, el líder suizo que nunca dejó de pelear

Por Morena Politi

Granit Xhaka vuelve a enfrentarse a Argentina por los cuartos de final del Mundial 2026 e inevitablemente viajará doce años hacia atrás. En el Arena Corinthians de São Paulo, Brasil, un joven mediocampista de 21 años estuvo a minutos de llevar a Suiza a los penales frente a una de las grandes candidatas al título. Pero a los 118 minutos aparecería Lionel Messi para asistir a Ángel Di María y terminar con el sueño suizo. Aquella derrota marcó a una generación. Hoy, Xhaka es uno de los últimos representantes de aquella camada que todavía viste la camiseta de Suiza y el capitán de una selección que vuelve a cruzarse con el mismo rival.

Sin embargo, reducir su historia a ese partido sería injusto. Porque mucho antes de convertirse en el líder de Suiza, Xhaka ya había aprendido que el fútbol era una forma de resistencia.

El carácter que hoy lo distingue tiene raíces mucho más profundas que el fútbol. Xhaka nació en Basilea, pero la historia de su familia comenzó en Kosovo. Sus padres emigraron a Suiza en busca de una vida mejor después de que su padre, Ragip, pasara más de tres años preso por participar en manifestaciones políticas en la antigua Yugoslavia. Creció escuchando relatos de sacrificio, lucha e identidad, valores que terminaron moldeando al futbolista que nunca se esconde en los momentos difíciles.

Su crecimiento fue tan rápido como exigente. Después de debutar con Basilea a los 17 años, dio el salto a Borussia Mönchengladbach y luego a Arsenal, el desafío más importante de su carrera. En Inglaterra conoció el otro lado del fútbol: las críticas, la presión y el rechazo. En 2019, tras un tenso cruce con los hinchas mientras abandonaba el campo de juego, perdió la cinta de capitán y todo indicaba que su historia en el club había terminado.

Lejos de derrumbarse, Xhaka encontró la forma de reinventarse. La llegada de Mikel Arteta marcó un punto de inflexión: recuperó la confianza, volvió a ser un líder dentro del vestuario y logró reconciliarse con una hinchada que tiempo atrás lo había despedido entre silbidos. Esa versión más madura alcanzó su punto más alto en el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso, donde fue una de las piezas clave del equipo que conquistó la primera Bundesliga de la historia del club.

Su historia con la selección suiza siguió un recorrido similar. Debutó siendo adolescente y nunca dejó de ganar protagonismo. Con el paso de los años acumuló más de 140 partidos internacionales, disputó cuatro Copas del Mundo y varias Eurocopas hasta convertirse en el futbolista con más presencias en la historia de Suiza. Más que un capitán, se transformó en la identidad futbolística de su país.

Su personalidad, sin embargo, siempre generó opiniones divididas. Para algunos, su temperamento lo llevó demasiadas veces al límite. Para otros, justamente esa intensidad es la que explica su vigencia. Xhaka juega cada partido como si fuera el último. Discute, protesta, ordena y contagia. No busca pasar inadvertido, busca ser protagonista.

Doce años después de aquella eliminación en Brasil, el destino vuelve a ponerlo frente a Argentina. Del otro lado estará otra vez Lionel Messi, el futbolista que cambió la historia de aquel partido con una asistencia inolvidable. Del lado suizo seguirá estando Xhaka, aunque ya no como aquella promesa de 21 años, sino como el líder de una generación que aprendió a competir sin complejos.

En un fútbol donde las carreras suelen consumirse con rapidez, el talentoso volante encontró otra forma de trascender. No fue el más talentoso de su época ni el más mediático. Su legado se construyó desde la perseverancia, el carácter y la capacidad para levantarse después de cada caída. Quizás por eso, más que un mediocampista, terminó convirtiéndose en el símbolo de una selección que nunca dejó de pelear.

El Mundial no perdona: los grandes que se quedaron en el camino

Por Celeste Benítez

Los primeros partidos de eliminación directa finalizaron. Los mejores avanzaron de fase y la otra parte se quedó en el camino, entre ellos, Sudáfrica, Japón, Costa de Marfil, Suecia, Ecuador, República Democrática del Congo, Senegal, Bosnia, Austria, Argelia, Australia, Cabo Verde y Ghana. Resultados que fueron esperados, por los rivales a los que debieron enfrentar y por el rendimiento que tuvieron en la competencia, ya que de todos ellos siete llegaron a los dieciseisavos como los mejores terceros.

Aunque las verdaderas sorpresas se dieron con la eliminación de cuatro equipos con renombre: Alemania, Países Bajos, Croacia y Brasil. Por la historia que tienen en los Mundiales, su participación finalizó de forma temprana y abrupta. El seleccionado alemán era uno de los principales candidatos a consagrarse con el título, ya que es el país que disputó más finales con un total de ocho, y que después de la Canarinha, cuenta con más Copas del Mundo ganadas, junto a Italia, al tener cuatro. Lo que demuestra el nivel de constancia que ha mantenido a lo largo de los años. En el camino hacia Estados Unidos, México y Canadá 2026, se clasificó primero de su grupo en las eliminatorias europeas, algo que replicó en la primera instancia del Mundial. 

El primer rival que tuvo que enfrentar fue Curazao, al que venció 7-1 en lo que fue un correcto arranque en la competencia para el conjunto de Julian Nagelsmann. Luego siguió con una victoria 2-1 ante Costa de Marfil y terminó la fase de grupos con el mismo resultado pero, esta vez, con una sorpresiva derrota contra Ecuador sobre el final del partido. Finalmente obtuvo seis puntos de nueve posibles y avanzó a los dieciseisavos de final para jugar frente a Paraguay, que se clasificó como mejor tercera en el séptimo lugar. Por lo que en la previa del encuentro Alemania era la favorita a ganar. Sin embargo, no fue así y por primera vez fue eliminada 4-3 por penales por el seleccionado paraguayo. Así finalizó la participación de la Die Mannschaft, que no estuvo a la altura de su historia, ya que en los últimos tres mundiales quedó eliminada tempranamente.

Aunque este no fue el único resultado inesperado, ya que horas más tarde Países Bajos sufrió el mismo destino al perder 3-2 en la tanda desde los doce pasos con Marruecos. Al igual que el equipo alemán, los neerlandeses comenzaron con el pie derecho en el Mundial y culminaron primeros de su grupo. Si bien solo jugaron tres finales y nunca se consagraron con el título, siempre se caracterizaron por tener grandes jugadores como, Johan Cruyff, Marco van Basten y Arjen Robben. Por lo que su partida del torneo llegó antes de tiempo.

Croacia fue otra de las selecciones que se quedó en el camino. En esta edición debutó con un sabor amargo, tras ser goleada por Inglaterra 4-2, pero supo recuperarse y luego ganó sus dos partidos restantes contra Panamá y Ghana. Ya en el primer cruce de eliminación directa le tocó enfrentar a Portugal, contra quien perdió 2-1. Este desenlace fue el fin del sueño para los croatas y para su máxima figura: Luka Modrić. Quien disputó cinco Copas del Mundo al igual que el arquero alemán, Manuel Neuer.

Los octavos de final también dieron asombros. Brasil, la selección pentacampeona, se quedó afuera contra Noruega, tras un penal errado por Bruno Guimarães en el primer cuarto del encuentro y la aparición de Erling Haaland para convertir los dos tantos de la victoria para los Vikingos Rojos. Ni siquiera el gol desde los doce pasos de Neymar en el tiempo agregado pudo revertir el destino de la Canarinha en la Copa del Mundo 2026. El conjunto brasileño llegó a la competencia, por primera vez, con un director técnico extranjero: Carlo Ancelotti. Aunque tuvo un arranque con sabor a poco, tras empatar 1-1 ante Marruecos, pudo pasar de página rápidamente y concluyó los partidos restantes con dos goleadas 3-0. Ya en los dieciseisavos eliminó a Japón sobre el final, pero no pudo replicar el resultado contra los noruegos. Los últimos desempeños deportivos de la Verdeamarela no estuvieron a la altura de su historia, ya que es la tercera vez que no llega a estar entre los cuatro mejores del torneo.

Los Mundiales siempre dan sorpresas, suceden resultados esperados y también ocurren los batacazos. En los que selecciones de las que a nivel deportivo no se esperaba tanto, terminan por eliminar a grandes monstruos del fútbol. Esta vez, el turno de armar las valijas y volver a casa, de forma anticipada, fue para Alemania, Países Bajos, Croacia y Brasil. Todavía quedan varios partidos por delante y hasta que llegue la tan ansiada final, todo puede pasar en el emocionante torneo internacional.

 

El Mundial de los arqueros: los héroes y los villanos de una Copa que se define bajo los tres palos

Por Nicolás Tracchia

En una Copa del Mundo que reúne a 48 selecciones y se disputa por primera vez con un formato de 104 partidos, los arqueros dejaron de ser actores secundarios para convertirse en protagonistas. En un torneo donde cada detalle marca la diferencia, varias clasificaciones y eliminaciones se explican por una atajada salvadora o por un error decisivo. Si algo caracteriza al Mundial 2026 es que está camino a quedar en el recuerdo como el Mundial de los arqueros.

El nombre propio de esta historia es Vozinha. El experimentado arquero de Cabo Verde, de 40 años y actualmente sin club, llegó al torneo como un desconocido para gran parte del público y terminó convertido en una de las grandes revelaciones. Ante España protagonizó una actuación inolvidable con ocho atajadas para sostener el histórico empate sin goles frente a una de las grandes candidatas al título. En los dieciseisavos de final volvió a lucirse frente a Argentina. Aunque su equipo cayó en el tiempo suplementario, mantuvo con vida a Cabo Verde durante gran parte del encuentro con intervenciones de enorme nivel, incluida una espectacular tapada en un mano a mano ante Lionel Messi. Su rendimiento despertó el interés de varios clubes pese a encontrarse libre.

Otro que cambió su presente fue Ørjan Nyland. A los 35 años, el noruego también llegó al Mundial sin club tras finalizar su vínculo con Sevilla y encontró en esta Copa la gran oportunidad de su carrera. Antes de dedicarse por completo al fútbol practicó esquí y fue arquero de handball, dos disciplinas que contribuyeron a desarrollar los reflejos y la coordinación que hoy lo distinguen bajo los tres palos. Su actuación frente a Brasil ya se encuentra entre las mejores del campeonato: atajó un penal en el inicio del partido, sostuvo la ventaja con varias intervenciones decisivas y fue la gran figura del histórico triunfo por 2-1 que metió a Noruega entre los mejores del torneo. Su rendimiento no solo impulsó a su selección, sino que también volvió a ponerlo en la mira de varios clubes tras llegar al Mundial como jugador libre.

Más allá de Vozinha y Nyland, otros arqueros también aprovecharon el Mundial para confirmar su jerarquía. Orlando Gill, el joven guardameta paraguayo de San Lorenzo, se consolidó como una de las grandes figuras de su selección y uno de los mejores en su puesto durante la Copa. Sus intervenciones resultaron fundamentales para que Paraguay alcanzara los octavos de final y recibió dos premios al mejor jugador del partido: el primero tras la clasificación frente a Alemania, donde fue decisivo en la definición por penales, y el segundo ante Francia, pese a la ajustada derrota por 1-0 que marcó la eliminación de la Albirroja.

También dejó una imagen muy positiva Lionel Mpasi. Nacido en Francia y representante de la República Democrática del Congo, el arquero de Le Havre de la Ligue 1,  fue un sostén permanente para el conjunto africano. Sus reflejos, su personalidad y varias atajadas de enorme dificultad permitieron que su selección compitiera de igual a igual frente a rivales de mayor jerarquía y alcanzara por primera vez los octavos de final de una Copa del Mundo. Ninguno de los dos continúa en carrera, pero ambos aprovecharon el escenario más importante del fútbol para consolidarse entre los arqueros de mejor rendimiento del torneo.

Pero así como hubo héroes, también aparecieron los villanos. Fernando Muslera atravesó un Mundial muy lejos del nivel que lo convirtió durante años en una referencia de Uruguay y quedó señalado por errores que terminaron costando goles. También sufrió Kim Seung-gyu, el arquero de Corea del Sur, cuyo fallo frente a México derivó en el único tanto del partido y en la derrota por 1-0 de su selección en un encuentro decisivo. A esa lista se suma Luca Zidane, quien vivió una noche para el olvido frente a Argentina y quedó marcado por errores que facilitaron la eliminación de Argelia.

Los goles siguen ocupando las portadas y los delanteros continúan llevándose buena parte de los aplausos. Sin embargo, el Mundial 2026 también está siendo recordado por quienes defienden el arco. Algunos, como Vozinha, Nyland, Gill y Mpasi, firmaron actuaciones que llevaron a sus selecciones mucho más allá de lo esperado. Otros quedaron expuestos por errores que cambiaron el destino de sus equipos. En una Copa donde cada partido se define por detalles, los arqueros están escribiendo algunas de las páginas más importantes del torneo.

Cabo Verde: de la diáspora a la ilusión que despertó el Mundial

Por Thiago Maison 

La Selección de Cabo Verde hizo historia en el Mundial 2026. No sólo por su carácter de revelación al clasificar de la fase de grupos y haber puesto en vilo la continuidad de Argentina en el certamen en el partido por los dieciseisavos, sino también por permitirle al pequeño archipiélago tener una visibilidad global que jamás logró tener. 

Una travesía utópica que duró exactamente un mes y que significó mucho más que un avance deportivo. La diáspora marcó el histórico plantel que viajó a Estados Unidos, ya que cerca de un millón de caboverdianos decidieron emigrar para progresar económicamente ante la escasez de empleo en el archipiélago africano. 

Solamente 12 futbolistas de los 26 convocados para disputar la cita máxima nacieron en Cabo Verde e incluso 24 de ellos jamás jugaron en la liga local, la cual es amateur y no frenó la competencia durante la Copa del Mundo. Aún así, el sentido de pertenencia siempre marcó a cada uno de los encargados de gestar la épica en el continente americano, porque el sueño no era simplemente romper las barreras futbolísticas. Era abrirle paso a un rayo de luz en la oscuridad. 

Arribaron a Estados Unidos el 3 de junio a puro baile, con la ilusión más encendida que nunca y sin nada que perder ante dos selecciones campeonas del mundo como España y Uruguay, ni Arabia Saudita, una nación con un rendimiento que en los últimos años venía en alza. 

Desde allí, el mundo del fútbol comenzó a caer perdidamente en los ojos de un grupo humano que parecía estar en un viaje de egresados. Con la alegría como estandarte, pero con una oportunidad dorada que caía sobre su espalda, Cabo Verde logró jugar de igual a igual con sus tres primeros rivales. A veces entendiendo que atacar no era lo ideal, pero sí esperar su momento de salir a la caza, y otras en las que tomaron la lanza para herir con transiciones rápidas, habilidad pura con la pelota al pie y el corazón como arma principal. 

Vozinha, su arquero de 40 años, se viralizó inéditamente en redes sociales debido a sus espectaculares actuaciones que, también, lo llevaron a lo más alto de los Power Rankings de FIFA. Pero los Tiburones Azules no vieron este suceso como un incremento de seguidores cualquiera. Sino que vieron en él el primer paso hacia la reinvención de un país que necesita, y mucho, de la llegada de terceros para progresar. 

Una vez superada la primera fase, llegaba Argentina en la ronda de 32. Un duelo que simbolizaba el trampolín definitivo para una eventual llegada de inversores al archipiélago, ya que enfrente se encontraba la vigente campeona del mundo. Los caboverdianos en su tierra y fuera de ella imploraban por una pizca de suerte que delimitara su futuro. 

Y vaya que no la tuvieron, porque no fue casualidad, sino causalidad. Llevaron a la Albiceleste al alargue y perdieron por 3 a 2 con un rendimiento sensacional que incomodó constantemente a los dirigidos por Lionel Scaloni. Se ganaron el respeto del mundo entero al entrar al terreno de juego sin temores y una irreverencia necesaria en el fútbol. Murieron de pie tras decidir que vivir de rodillas no era una opción.

Luego de la derrota en el resultado y de la victoria espiritual, fueron aplaudidos por el estadio entero y ovacionados por su nación. Se fueron como futbolistas y, el cinco de julio, día de su independencia, regresaron a su tierra como héroes y leyendas totales. La felicidad rebalsaba a cada caboverdiano que se acercó al aeropuerto de Praia, la capital, para recibir al ya memorable equipo que disputó el Mundial 2026. 

Las sonrisas en cada uno de los integrantes del plantel y cuerpo técnico eran sumamente genuinas. Sabían que le dieron una alegría inmensa a su país después de tanto sufrimiento y que la oportunidad de crecimiento está al caer. Se prevé que lleguen inversores al archipiélago y que, por ende, Cabo Verde crezca en todos los ámbitos posibles, con un horizonte ideal: el tan ansiado final de la diáspora y el regreso a su suelo de los allí nacidos para criar a sus hijos y compartir la cotidianeidad con sus familias.

El gesto del técnico de Egipto con el conflicto en Gaza

Por Lucas Grosso

Hossam Hassan, director técnico de Egipto y máximo goleador histórico del seleccionado, festejó el pase a los octavos de final tras vencer a Australia por penales ondeando una bandera de Palestina en tierras estadounidenses.

En las últimas horas, su nombre tomó revuelo en los medios locales, tras declarar en conferencia de prensa que el Campeonato de la FIFA está amañado para que Argentina sea campeona nuevamente: “Claramente, el partido estuvo arreglado, y todo el mundo lo vio“.

Tras ser consultado sobre el homenaje a Palestina en los dieciseisavos de final, respondió: “Mi corazón y mi alma están con ellos. Que Dios tenga misericordia de sus mártires. Dedico esta victoria al pueblo egipcio y al pueblo palestino, la gente buena y noble”.

En un contexto en el que es difícil ver a los protagonistas tomar posturas políticas, el entrenador llamó la atención de los medios. A raíz de esto, cabe cuestionarse, ¿Cuál es la relación entre el país africano y el conflicto en Gaza?

Egipto limita con el sur del territorio palestino, e históricamente defendió la creación de un Estado independiente. A su vez hace de mediador ante la ONU y otras naciones de Occidente para ofrecer asistencia a los refugiados, sobre todo a través del aeropuerto Al-Arish, donde arriban todas las provisiones, aunque en las fronteras termine siendo Israel quien controla los ingresos a Palestina.

No sólo los políticos egipcios defendieron la causa de la franja de Gaza: en el Mundial de Clubes (también con sede en territorio de Donald Trump), el delantero Hussein El Shalat utilizó una pulsera que rezaba “Palestina Libre” en las sesiones de fotos del Al Ahly. En respuesta, la FIFA eliminó cualquier rastro de la imagen en las páginas oficiales de la federación, argumentando que el fútbol está por fuera de la política. Algo que a Gianni Infantino se le olvidó esta semana ante el llamado del presidente estadounidense para solicitarle que se le perdone la sanción al máximo goleador del país anfitrión en este Mundial. Incluso, en ese mismo torneo, las manos que entregaron la copa, fueron las del mismísimo Donald.

El primer contacto entre el fútbol egipcio y Palestina igualmente lo estableció el histórico Al-Ahly, segundo mayor campeón internacional, sólo por detrás del Real Madrid. En contextos de Segunda Guerra Mundial y ocupación británica en ambos países de Medio Oriente, la institución organizó una gira contra equipos árabes en 1943 por tierras palestinas para apoyar su causa, desafiando a la federación nacional, la cual le había prohibido hacerlo y le anuló los pasaportes, por lo que jugaron bajo el nombre “Cairo All Stars”.

“El creador de la felicidad”, como apodan a Mohamed Salah en su patria, tuvo un episodio particular respecto al conflicto en Gaza.

En 2013, cuando él jugaba en el Basilea suizo, el sorteo de la Champions League lo enfrentaba a Maccabi Tel-Aviv. Para el encuentro de ida en Suiza, durante el saludo habitual entre rivales, Mohamed casualmente se dirigió al banco de suplentes para cambiar sus botines. El encuentro terminó con victoria 1-0 para los locales.

Cuando se hizo la hora de viajar, el prolífico delantero y su compatriota, Mohammed Elneny, se negaron a querer hacerlo, porque pisar el Aeropuerto Ben Gurion de Tel-Aviv era reconocer la legitimidad del Estado israelí. Dirigentes del Basilea amenazaron a sus dos futbolistas con la posibilidad de recibir fuertes sanciones si se ausentaban, por lo que terminaron yendo.

En esta ocasión, Salah volvió a inventar algo en el cruce de manos, en lugar de abrir la palma, mantuvo el puño cerrado y la chocaba contra las manos abiertas de a quienes consideraba contrarios.

Durante los 90´ fue abucheado y silbado, pero el crack africano respondió con un gol, un rezo y con su índice señalando a las tribunas de Maccabi.