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Luis De la Fuente, el plan que llegó a la final

Por Candela Loureiro

Luis de la Fuente atraviesa en este 2026 el ciclo más importante de su carrera. El domingo 19 de julio dirigirá a España en la final del Mundial, la segunda de la historia para el seleccionado y la primera en dieciséis años, luego de eliminar este martes a Francia por 2 a 0 en Dallas. Sin embargo, reducir su nombre solo a ese resultado sería dejar de lado gran parte de su recorrido. De la Fuente llega a la definición después de un camino que comenzó a construir hace más de una década, mucho antes de ser reconocido como uno de los principales entrenadores del fútbol español.

Nació en Haro, La Rioja, el 21 de junio de 1961 y como jugador se desempeñó como lateral izquierdo. Su etapa más importante fue en el Athletic Club, donde ganó dos títulos de LaLiga, una Copa del Rey y una Supercopa de España, antes de pasar por Sevilla y cerrar su carrera en Deportivo Alavés. Después de retirarse inició su recorrido como entrenador y, desde 2013, trabajó con los juveniles de la Real Federación Española de Fútbol, varios años antes de asumir al frente del seleccionado mayor.

Fue allí donde comenzó a consolidar su carrera como técnico. Dirigió a la Sub-19 que ganó la Eurocopa de la categoría en 2015 y tres años más tarde obtuvo la medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de 2018. Ese mismo año asumió al frente de la Sub-21 y volvió a conseguir un título europeo, el quinto de España en esa categoría. Durante ese recorrido también conoció de cerca a una generación de futbolistas con la que años después volvería a trabajar.

Los casi diez años que pasó en las juveniles fueron fundamentales para entender su posterior llegada al equipo mayor. De la Fuente conoció y dirigió a varios de los jugadores que hoy integran el plantel español, entre ellos futbolistas que se convirtieron en piezash importantes del equipo. Por eso, cuando asumió el seleccionado en diciembre de 2022, como reemplazante de Luis Enrique después de la eliminación en el Mundial de Qatar, ya tenía un amplio recorrido dentro de la federación y conocía la manera de responder de muchos de los nombres que luego tendría a su cargo.

Los resultados tampoco tardaron demasiado en llegar. Con poco más de un año en el puesto, España ganó la UEFA Nations League 2023 y en 2024 consiguió el título más importante de su gestión hasta ese momento: la Eurocopa. El seleccionado consolidó un funcionamiento basado en la posesión y el juego asociativo, una idea que el entrenador sostuvo desde sus primeros años de trabajo y que luego trasladó al plantel mayor. La Real Federación Española de Fútbol respaldó su ciclo con una renovación de contrato hasta 2028, una muestra de confianza para un técnico que llevaba años trabajando dentro del fútbol español.

En este Mundial, esa continuidad volvió a ser una de las principales fortalezas del equipo. España llegó a la Copa del Mundo entre los favoritos, con Lamine Yamal, Pedri y Nico Williams como algunos de sus principales nombres y una base de futbolistas que comparte una misma idea de juego. De la Fuente volvió a encontrarse en el plantel con jugadores a los que ya había dirigido años atrás y consiguió mantener una identidad que se refleja en el funcionamiento del seleccionado.

El recorrido español en el torneo también permitió romper una barrera histórica. Luego de eliminar a Bélgica, el seleccionado consiguió superar los cuartos de final de un Mundial por apenas segunda vez en su historia, algo que anteriormente solo había logrado en Sudáfrica 2010. En semifinales esperaba Francia, que llegaba invicta al encuentro y tenía a Kylian Mbappé como uno de los máximos goleadores de la competencia, pero el equipo español volvió a responder en uno de los partidos más importantes del ciclo.

Mikel Oyarzabal abrió el marcador de penal a los 22 minutos y Pedro Porro amplió la ventaja a los 57, después de una jugada que terminó con asistencia de Dani Olmo. España controló el desarrollo del encuentro, no permitió que Francia encontrara una reacción y cerró el 2 a 0 que aseguró su lugar en la final del domingo. Será la segunda definición mundialista de su historia y la primera desde aquella consagración en Johannesburgo, hace dieciséis años.

La última vez que España llegó a una final mundialista fue en Sudáfrica 2010 y terminó levantando la Copa del Mundo. Luis de la Fuente está ahora a un partido de repetir esa historia, aunque el camino hasta esta instancia comenzó mucho antes de este Mundial. Más de una década de trabajo y el conocimiento de una generación de futbolistas explican parte del presente de un entrenador que hoy tiene la posibilidad de volver a llevar al seleccionado español a lo más alto del fútbol mundial.

Compañeros en la Premier y rivales en el Mundial

Por Florencia Rodríguez Sánchez y Tomás Sarlanga

A 20 años de su último encuentro, la histórica rivalidad entre Argentina e Inglaterra sumará un nuevo episodio. Sin embargo, este enfrentamiento tendrá una particularidad, varios de los protagonistas dejarán de ser compañeros de equipo por un día para convertirse en rivales.

El último antecedente entre ambos seleccionados fue un amistoso disputado el 12 de noviembre de 2005, que terminó con victoria inglesa por 3-2. Aunque ninguno de los 52 futbolistas convocados para la semifinal estuvo presente en aquel partido, muchos se conocen muy bien porque comparten vestuario durante la temporada. Esto se explica porque 21 de los 26 convocados de Inglaterra juegan en la liga local, mientras que seis futbolistas de la selección argentina integran clubes ingleses. Además, un argentino y un inglés comparten plantel en un equipo de Alemania.

Uno de los casos se da en el Manchester United, Lisandro Martínez llegó en julio de 2022, mientras que Kobbie Mainoo  hizo las categorías juveniles en el club y ascendió al primer equipo en la temporada 2022-2023 para debutar oficialmente el 10 de enero de ese año. Juntos conformaron el plantel campeón de la Copa de la Liga Inglaterra, Carabao Cup, 2022-2023 tras derrotar 2-0 al Newcastle. 

La misma situación se repite en el Tottenham, Cristian “Cuti” Romero forma parte del conjunto de Londres desde agosto de 2021, mientras que Djed Spence fue incorporado en julio de 2022. Aunque el inglés pasó por distintos préstamos antes de regresar al club, ambos integran actualmente el plantel del Tottenham. Romero, además, fue una de las figuras de la conquista de la UEFA Europa League 2024-25, título que terminó con una extensa sequía del club. Solo un año después de la conquista, ambos integraron el plantel que se salvó en la última fecha de descender a la segunda división, aunque finalmente lograron mantenerse en la categoría. 

Otro de los cruces entre compañeros incluirá al Aston Villa, Emiliano Martínez llegó al equipo en septiembre de 2020 y comparte plantel con tres futbolistas ingleses; Ezri Konsa, incorporado en 2019, Ollie Watkins en 2020 y Morgan Rogers en febrero de 2024. El arquero argentino formó parte del histórico cuarto puesto en la Premier League de 2023-2024, que le permitió al equipo disputar la Champions League luego de 42 años. 

Por el lado de Chelsea, Enzo Fernández se sumó al club en febrero de 2023 y desde ese momento conquistó la Conference League 2024-25 y el Mundial de Clubes 2025. Del lado inglés están Reece James, integrando el equipo desde 2019 y capitán desde 2023, y Trevoh Chalobah, quien regresó al Chelsea a mediados de la temporada 2024-25. La próxima temporada, 2026-2027 se unirá a ellos Valentin Barco quien ya se despidió del Racing de Estrasburgo, donde juego 43 partidos con 3 goles y 9 asistencias en la temporada ya finalizada. 

Pero el vínculo entre argentino e ingleses no solo se ve en Inglaterra, también ocurre en Alemania, Exequiel Palacios y Jarell Quansah comparten plantel en el Bayer Leverkusen. El mediocampista argentino llegó a fines de 2019 y desde ese momento ganó la Bundesliga 2023-24, la Copa de Alemania 2023-24 y la Supercopa de Alemania 2024. Mientras que el defensor inglés se incorporó en julio de 2025. 

De esta manera la histórica rivalidad entre Argentina e Inglaterra tendrá un nuevo enfrentamiento, en lo que será la sexta semifinal para los sudamericanos y la cuarta para los europeos en Mundiales. Para esta oportunidad, además, la AFA solicitó a la FIFA que Argentina dispute el encuentro con la camiseta alternativa, azul y negra, la cual está relacionada a los antecedentes mundialistas frente a Inglaterra. Ya que, la Albiceleste vistió de azul en los últimos dos cruces entre ambos en Copas del Mundo: la victoria por 2-1 en los cuartos de final de México 1986 y el triunfo por penales, tras el 2-2, en los octavos de final de Francia 1998. 

 

La Brujita Verón, de ídolo a ser señalado por la derrota ante Inglaterra

Por Thiago Moyano

Juan Sebastián Verón, un mediocampista exquisito, con un pase largo privilegiado,
una carrera inolvidable y una enorme cantidad de títulos en su haber. La
descripción de esta carrera encaja con la trayectoria de un jugador que, en su país
natal, debería ser considerado uno de los mejores. No obstante, la Brujita se ganó el repudio de una parte de la Argentina como consecuencia de algunas acciones.

La antesala del caos

Para entender las críticas nos tenemos que remontar al año 2002, marcado por la disputa del Mundial de Corea del Sur y Japón. La Argentina llegaba como una de las máximas candidatas luego de haber terminado primera en las Eliminatorias Sudamericanas. Su juego vistoso era la gran obra del técnico albiceleste de aquellos años, Marcelo Bielsa. Gran parte de los jugadores militaba en clubes europeos, lo que hacía pensar que realizarían un buen papel en la Copa del Mundo.

Tras la lesión de Roberto Ayala, el capitán del seleccionado pasó a ser Verón, posiblemente el argentino con mejor presente en Europa. Su gran nivel en Lazio había llevado al Manchester United a contratarlo por una cifra récord.

En el sorteo, Argentina quedó emparejada con Nigeria, Inglaterra y Suecia. El
debut fue con una victoria por 1-0 ante los africanos, pero todas las miradas
estaban puestas en el encuentro frente a los ingleses. La histórica rivalidad
convertía ese partido en una verdadera prueba de fuego para cada uno de los
futbolistas. En el túnel de salida, Verón y David Beckham —grandes amigos por
compartir plantel en el Manchester United— se dieron un cálido abrazo e incluso
intercambiaron algunas sonrisas. Nadie imaginaba que esa escena sería la
antesala de uno de los partidos más recordados de la historia de la Selección
argentina.

El origen de la grieta

En ese encuentro, el capitán argentino disputó solamente 45 minutos y tuvo un
rendimiento muy por debajo de lo esperado. Eso hizo que muchos lo acusaran de no rendir al máximo. Durante ese primer tiempo estuvo muy impreciso con los pases largos, su principal virtud, e incluso falló entregas sencillas de pocos metros.

Ese flojo desempeño le valió el apodo de “Sir Verón”, una etiqueta que muchos hinchas mantuvieron durante años. Tras la derrota frente a Inglaterra, la Selección terminó eliminada en la primera ronda al no poder vencer a Suecia en el último partido del grupo, encuentro en el que La Brujita ni siquiera fue titular.

Con el paso del tiempo, numerosos periodistas le consultaron al propio Verón si realmente había jugado mal a propósito. Su respuesta siempre fue contundente: “No tengo que explicar nada. El que crea eso es un estúpido”.

El después del caos

Otro aspecto de la carrera de Verón que generó rechazo entre algunos argentinos
fueron sus constantes enfrentamientos con Diego Maradona. De hecho, fue una
de las pocas figuras del fútbol con las que “El Diez” nunca logró reconciliarse
antes de su fallecimiento.

Más cerca en el tiempo, La Brujita se involucró de lleno en la dirigencia deportiva y hoy es presidente de Estudiantes de La Plata. Desde ese lugar impulsó distintas transformaciones institucionales y se mostró abierto al debate sobre las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), un tema que continúa generando fuertes divisiones entre quienes las apoyan y quienes las rechazan.

Para terminar, podría decirse que Verón construyó una carrera repleta de títulos, que lo convirtieron en una figura histórica del fútbol argentino. Sin embargo, algunas de sus decisiones y, especialmente, aquellos 45 minutos frente a Inglaterra hicieron que una parte de los hinchas lo mirara con desconfianza.

Lo que resulta innegable es que fue un futbolista extraordinario, capaz de ofrecer actuaciones individuales cercanas a la perfección. Parece el argumento de una película, pero no lo es: en la carrera llena de éxitos del máximo ídolo de Estudiantes de La Plata, para muchos todavía pesa más aquella mitad de partido en los que nada salió como se esperaba.

La tarde de los caños de Ortega

Por Román Novas

El fútbol nació en Londres, Inglaterra en el año 1863, pero 135 años después, Ariel “Burrito” Ortega le enseñó a los propios ingleses a cómo jugar este deporte. Por qué Ortega es el sinónimo de “fútbol de potrero” en su máxima expresión y le tiró encima “el barrio” que portaba el 10 de la selección argentina. 

Una clase de fútbol en Saint – Étienne, oriunda de la provincia de Jujuy, ante una Inglaterra con “poca calle”. 30 de junio, Mundial de Francia 1998 y el primer tiempo de los octavos de final. Un hombre argentino de 1,70 de altura, porta la 10 en la espalda y tiene una derecha “mágica”. Su rival?… Un equipo ordenado y repleto de grandes figuras como David Beckham, Michael Owen y Alan Shearer que quedaron chiquitos al lado del “portero” argentino.

Porque como sucedió con “El Diego” en México 1986, “El burrito” lo homenajeó, no con goles sino con caños. Porque un “caño” es la acción más bella de “bailar” psicológicamente al rival, pero a su vez, le suma elegancia al realizar este fenómeno cuatro veces en un mismo partido. 

“El mejor primer tiempo de mi vida. Porque jugué como yo jugaba en mi barrio, tiré cuatro caños y si hubiese hecho un gol; sería el mejor partido de mi vida”, expresó el protagonista de esta historia.

Una actuación 10/10 y del propio “10”, pero como manda la historia argentina: si no se sufre, no vale. Un empate 2-2 en 120 minutos de juego, una victoria 4-3  en los penales y una histórica clasificación a cuartos de final. Una noche que quedará en los libros de fútbol argentino y como un “Burrito” le enseñó a los creadores de este deporte cómo se lo debe jugar.

Jude Bellingham, el hombre de los momentos decisivos

Por Valentín Gerez

“Quizás él no sabe lo que es jugar en esas condiciones frente a Haaland y otras estrellas”, dijo Jude Bellingham luego del enfrentamiento ante Noruega, y su frase no pasó desapercibida. Fue la respuesta a Thomas Tuchel, entrenador de Inglaterra, quien había manifestado su disconformidad con el rendimiento de su selección en el Mundial 2026. En cuestión de minutos, la declaración recorrió el mundo y volvió a poner sobre la mesa una característica que acompaña al mediocampista desde sus primeros pasos: una personalidad tan competitiva como desafiante. Bellingham no esquiva la presión ni el conflicto. Los enfrenta con ese mismo coraje con el que pide la pelota cuando el partido parece escaparse.

A los 23 años, el inglés ya no solo es una de las figuras del Real Madrid, sino también el principal referente futbolístico de su selección. Su actuación en el Mundial respalda ese lugar. Con seis goles, se ubica entre los máximos artilleros del torneo y ya ocupa el tercer puesto entre los goleadores históricos de Inglaterra en las Copas del Mundo, solo por detrás de Harry Kane y Gary Lineker. Sin embargo, las estadísticas explican solo una parte de su impacto. Lo que realmente distingue a Bellingham es su capacidad para aparecer cuando el margen de error desaparece.

 

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Lo demostró frente a México, donde convirtió un doblete decisivo para conducir a Inglaterra a la siguiente instancia. Pero fue ante Noruega cuando terminó de construir una de las imágenes más representativas de este Mundial. Inglaterra perdía y estaba quedando eliminada cuando el reloj marcaba el primero de los cuatro minutos adicionados del primer tiempo. Bellingham recibió cerca del área, dejó a tres rivales en el camino y, tras inventar un espacio donde no lo había, sacó un potente zurdazo al segundo palo para igualar el encuentro antes del descanso. Cuando el partido parecía encaminarse directamente al segundo tiempo del complemento, volvió a aparecer a los 92 minutos para empujar el rebote que dejó Örjan Nyland tras un remate de Morgan Rogers y darle a Inglaterra el pase a las semifinales. Dos goles que resumieron una de las principales virtudes del mediocampista: aparecer cuando todos los focos apuntan hacia él.

Aquella actuación tuvo un mérito adicional. Durante el encuentro volvió a mostrar molestias en el hombro izquierdo, una lesión con la que convivía desde hacía tiempo y por la que decidió postergar una operación para no perderse el Mundial. Meses antes, cuando el dolor empezaba a hacerse cada vez más difícil de soportar, confesó: “He llegado al punto en que el dolor no es tan malo. Estaba harto de jugar con el cabestrillo. Estoy perdiendo mucho peso de sudar tanto. Llevo tiempo esperando y se me está agotando la paciencia, pero los fisios y los médicos están siendo increíbles y quiero sentirme libre”. Finalmente, pasó por el quirófano a mediados de 2025, aunque aquellas palabras dejaron al descubierto el nivel de exigencia con el que transitó uno de los períodos más importantes de su carrera.

Esa mentalidad comenzó a forjarse mucho antes de que el mundo hablara de él. Nacido en Stourbridge, dio sus primeros pasos en el Birmingham City, donde debutó con apenas 16 años y se convirtió en el futbolista más joven de la historia del club. Su impacto fue tan grande que, tras ser transferido al Borussia Dortmund, la institución decidió retirar la camiseta número 22. No fue un homenaje únicamente al talento de un adolescente. También fue un reconocimiento a su profesionalismo, liderazgo y al ejemplo que representaba para las futuras generaciones en el club que lo vio nacer.

Con apenas 17 años tomó una decisión poco habitual para una de las mayores promesas del fútbol inglés: rechazó el camino más cómodo y se marchó a Alemania para continuar su formación en el Borussia Dortmund. Allí terminó de moldearse como un mediocampista total. Recuperaba, organizaba, llegaba al área y convertía. Ese crecimiento llamó la atención del Real Madrid, donde asumió responsabilidades desde el primer día y confirmó que estaba preparado para competir bajo la presión constante que exige uno de los clubes más grandes del mundo.

Detrás del futbolista aparece una familia que fue determinante en su desarrollo. Su padre, Mark, expolicía y goleador del fútbol amateur inglés, le inculcó la disciplina y la cultura del esfuerzo a él y a su hermano, Jobe Bellingham, otro futbolista profesional. Su madre, Denise, dejó Inglaterra para acompañarlo durante su adaptación en Alemania y luego en España. Ese respaldo explica, en parte, la madurez con la que afrontó decisiones que pocos futbolistas toman siendo adolescentes.

Su carácter, sin embargo, sigue dividiendo opiniones. Para algunos, sus gestos y declaraciones reflejan arrogancia. Para otros, simplemente exponen a un competidor obsesionado con ganar y dispuesto a asumir responsabilidades incluso cuando el contexto es adverso. La respuesta a Tuchel no fue un hecho aislado, sino una muestra más de esa personalidad que lo convirtió en líder antes de cumplir los 25 años.

Ahora tendrá una nueva prueba. Inglaterra buscará un lugar en la final del Mundial frente a Argentina, la vigente campeona del mundo. Del otro lado estará una de las selecciones más fuertes del torneo; del suyo, un país que vuelve a depositar en Bellingham la ilusión de seguir avanzando. Si algo dejó claro a lo largo de este Mundial es que los escenarios de máxima presión no lo intimidan. Al contrario, parecen ser el lugar donde mejor sabe jugar.

Messi y los ingleses, el partido más esperado

Por Thiago Maison y Sofía Sedeño

Desde aquel debut fugaz con expulsión ante Hungría que lo privó de estar en el amistoso ante los Tres Leones en 2005, hasta el 2026 con su último baile en mundiales por delante. Una historia que ya tiene entre sus páginas los más grandes logros posibles en la carrera de un futbolista de élite, pero que aún, tal vez, le quede algo por contar.

A sus 19 años, Lionel Andrés Messi Cuccittini jugó por primera vez en la selección argentina frente a Hungría, partido en el que el astro disputó tan solo un minuto de su ingreso debido a un golpe artero con la mano a Vilmos Vanczák que derivó en una tarjeta roja, que lo obligó a ausentarse a la hora de disputar el siguiente partido frente a Inglaterra en el que la Albiceleste cayó 3-2 con goles de Hernan Crespo y Walter Samuel, y por el lado de los Tres Leones Wayne Rooney y doblete de Michael Owen.

Ese enfrentamiento delimitó el último cruce entre argentinos e ingleses, pero tres años antes ambos combinados nacionales se habían visto las caras en un Mundial por segunda justa consecutiva. En aquel duelo por la fecha dos del grupo F, los dirigidos por Marcelo Bielsa cayeron por la mínima con un gol de penal de David Beckham, quien había sido expulsado ante Argentina en los cuartos de final en 1998 y que, paradójicamente, es el dueño del club en el que milita Messi actualmente.

Desde allí nunca se volvieron a cruzar en una Copa del Mundo. Hasta que en Kansas Leo tenga la chance de reeditar una jornada épica como la de Diego Armando Maradona, a 40 años de aquella ocasión en el Azteca. Esta vez en semifinales y en búsqueda de cortar la mala racha que está vigente desde 1990, cuando Argentina eliminó por última vez a un campeón del mundo en los 90 minutos.

Casi como si estuviera escrito y en su última participación en una cita máxima, la Pulga tendrá en sus manos la chance de que una nueva noche fría caiga en Inglaterra. Porque, en un enfrentamiento que nunca fue solo un partido, el 10 argentino podrá llenar de ilusión los corazones de la hinchada albiceleste con una gambeta corta, con su característico recorte hacia su perfil izquierdo y posterior remate o, quizás, simplemente con su liderazgo y el apoyo de 47 millones de personas que lo alientan y empujan a que su hambre de ganar nunca se sacíe. 

A su vez, el seleccionado argentino se presentará con la camiseta azul, la suplente, al igual que en el ‘86 y el ‘98 cuando la Albiceleste derrotó a Inglaterra, el primero con “La Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, ambos marcados por Diego Armando Maradona; y en el segundo triunfó en tanda de penales luego de que Carlos “Lechuga” Roa le arrebatara el penal a David Batty.

Por otra parte, en la fase de grupos de 1962 y en los cuartos de final del ‘66, Argentina cayó en ambos encuentros ante los ingleses. En la edición en la que los Tres Leones fueron locales, la Albiceleste fue catalogada como la perjudicada debido a la expulsión de Antonio Rattín a los 36 minutos del primer tiempo, ya que el árbitro alemán no hablaba español y entendió que el capitán argentino lo había insultado.

En 2014, el combinado nacional argentino se formó en la foto previa al amistoso frente a Eslovenia con una bandera que exhibía un título llamativo: “Las Malvinas son Argentinas”. Por eso, el diario inglés Daily Mail publicó que el cuerpo técnico le indicó a sus jugadores que no respondieran nada acerca del archipiélago. La FIFA sancionó a la Albiceleste con una multa de $33.200 dólares por dar un mensaje político.

También, en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, los aficionados ingleses intentaron ingresar, sin éxito, con una bandera que tenía una imagen del Club Barrow FC, que lleva un submarino en su escudo, por lo que la entidad madre del fútbol internacional consideró esta acción como apología a elementos militares.

A su vez, en la previa del duelo que definirá quién será el segundo finalista del Mundial 2026, Gary Lineker, histórico delantero inglés, hizo referencia a las Islas Malvinas por su nombre en español y también como Falklands, como se las conoce en el país europeo, por lo que fue azotado por las críticas de los hinchas, que reavivaron un debate que todavía permanecía en silencio.

En 1986, Maradona encabezó el plantel argentino que combatió futbolísticamente ante Inglaterra bajo la premisa de vengar a su manera a los jóvenes que pusieron en riesgo su vida en la Guerra de Malvinas y tantos otros que la perdieron. Por su parte Mario Alberto Kempes, cuando era un incipiente delantero de 19 años en 1974, protagonizó el 2 a 2 amistoso y se quedó a las puertas de sellar la revancha de la polémica caída en la Copa del Mundo 1966, que motivó aquel encuentro no oficial.

Ahora le toca a él. A Lionel Andrés. El ídolo de distintas generaciones que fueron mal acostumbradas por él mismo a tener una figura que durante 20 años sea capaz de convertir más de 30 goles por temporada, producto de su abismal nivel que impidió -y aún impide- la evaluación de su rendimiento como la de cualquier otro atleta, lo que causa que un altísimo desempeño parezca una hormiga ante el gigante que siempre supo ser.

Quizás el destino tenía preparadas dos copas del mundo para él. Pero tal vez también escribió que en esta ocasión el astro argentino emule al que parecía insuperable. Al que siempre lo consideró intocable en la selección, Diego Armando Maradona. Además, por si fuera poco, Lionel Scaloni pareció seguir al pie de la letra la escuela del “Doctor” Bilardo.

Al igual que el “Narigón” hace cuarenta años, declaró que es sólo un partido más. Sin embargo, cada uno de los 47 millones de argentinos reconoce que no es así. Por la sed de gloria, sí. Pero también por ese plus placentero que le otorga vencer a Inglaterra tras aquel enfrentamiento bélico en 1982.

Capaz Lionel tiene preparada una función del mejor nivel para que su gente delire. O quizás las últimas páginas del libro contengan el final feliz tan anhelado, aunque tal vez aún no se conozca y este estuvo aguardando toda una trayectoria para salir a la luz en el momento perfecto y desenmascarar un suceso que podría marcar para siempre la novela sagrada de Messi, que ya incluye botas de oros de mundiales, récord histórico de goles y asistencias en tal competencia y, entre otras cosas, competir cabeza a cabeza con la generación que disfrutó su infancia viéndolo jugar.

“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, dice el hit de la hinchada argentina en la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá. Ese pequeño fragmento podría verse reflejado en 90 -o 120- minutos de fútbol total. Porque el deporte rey podrá vestirse de diablo de vez en cuando, pero cuando D10S aparece, no hay Satanás que valga para frenar su magia y evitar que derrumbe todas las paredes que intentaron ponerle durante más de 20 años.

Contra todo y todos, Lionel Andrés Messi Cuccitini tiene en su poder un arma de doble filo que podría cavar definitivamente la tumba de todos aquellos que pretendían sepultarlo.

Franco Armani, el guardián de una era

Por Juan Duarte

Hay futbolistas que llegan envueltos en una enorme expectativa y otros que construyen su lugar con el paso del tiempo. Franco Armani fue uno de esos casos. Cuando River Plate decidió incorporarlo en enero de 2018, procedente de Atlético Nacional, no hubo una presentación deslumbrante ni cifras millonarias que acapararan los titulares. La apuesta de Marcelo Gallardo era simple: sumar al mejor guardameta del continente para resolver un puesto que llevaba tiempo sin dueño.

Ocho temporadas después, esa apuesta terminó convirtiéndose en una de las incorporaciones más trascendentes de la historia reciente del club de Núñez. Con su regreso a Atlético Nacional prácticamente acordado, el santafesino pondrá punto final a un ciclo inolvidable, dejando el arco en manos de Santiago Beltrán, el juvenil llamado a protagonizar la renovación bajo los tres palos.

El camino hacia la consagración estuvo lejos de ser sencillo. Formado en Estudiantes de La Plata, pasó por Deportivo Merlo y Ferro Carril Oeste antes de encontrar en Colombia el escenario ideal para despegar. En Medellín se transformó en referente absoluto de Atlético Nacional, disputó casi 250 encuentros y conquistó 13 títulos, entre ellos la histórica Copa Libertadores 2016, la Recopa Sudamericana y varios campeonatos locales que lo elevaron a la categoría de símbolo.

Con ese prestigio llegó a River Plate. Apenas unos meses después de su debut apareció la primera gran demostración de carácter: una actuación memorable en la Supercopa Argentina frente a Boca Juniors, donde sus intervenciones fueron determinantes para conquistar el título. Aquella noche terminó de convencer a quienes todavía dudaban de si podía sostener en Argentina el nivel que había mostrado en Colombia.

Desde entonces, el arco del conjunto millonario tuvo un dueño indiscutido. Durante su estadía levantó dos títulos de la Liga Profesional, tres Copas Argentina, dos Supercopas Argentinas, el Trofeo de Campeones, la Recopa Sudamericana 2019 y, por encima de todos, la inolvidable Copa Libertadores 2018 conseguida en Madrid frente al clásico rival, una conquista que quedó grabada para siempre en la memoria de los hinchas.

Sin embargo, su legado excede ampliamente el palmarés. Durante años fue sinónimo de seguridad, regularidad y liderazgo. Mientras el fútbol argentino debatía quién era el mejor arquero del país, su nombre aparecía permanentemente en la discusión. Primero las comparaciones fueron con Agustín Rossi y Esteban Andrada; más adelante con Sergio Romero, Rodrigo Rey o Gabriel Arias. Cambiaban los protagonistas, pero el punto de referencia seguía siendo el mismo.

Su influencia también alcanzó a la Selección Argentina. Después de integrar el plantel que disputó el Mundial de Rusia 2018, Lionel Scaloni decidió sostenerlo como titular en el inicio de un proceso que todavía buscaba identidad. En aquellos primeros años, cuando el entrenador era cuestionado y el equipo atravesaba una etapa de reconstrucción, el experimentado guardameta aportó serenidad, liderazgo y experiencia. Fue el dueño del arco durante la Copa América 2019 y una pieza importante para consolidar un grupo que más tarde alcanzaría la gloria con las conquistas de la Copa América 2021, la Finalissima 2022 y la Copa del Mundo de Qatar 2022.

El paso del tiempo también abrió la puerta al recambio. La irrupción de Santiago Beltrán permitió que el club “Millonario”  comenzara a preparar una transición que parecía inevitable. Lejos de aferrarse al puesto, el experimentado arquero acompañó ese proceso con la misma profesionalidad que caracterizó toda su carrera, entendiendo que cada etapa tiene su final.

Su salida representa mucho más que una transferencia. Se marcha un referente que sostuvo al equipo en incontables noches decisivas, un líder silencioso que eligió hablar con actuaciones antes que con declaraciones y un futbolista que convirtió la regularidad en una costumbre.

Llegó con perfil bajo y sin hacer demasiado ruido. Se despide como uno de los grandes nombres de la historia moderna de River Plate. Mientras Santiago Beltrán comienza a escribir su propia historia, Franco Armani volverá a Medellín para reencontrarse con Atlético Nacional, el otro club que marcó su carrera. Dos camisetas, dos hogares y un legado que difícilmente pueda medirse solo en títulos o estadísticas.

 

Harry Kane, el goleador que sueña con el fútbol americano

Por Eliseo Damonte

Harry Edward Kane, nacido el 28 de julio de 1993 en Londres, se consolidó como uno de los delanteros más implacables y completos del fútbol moderno. Su historia, lejos de ser la de un talento que explotó de la noche a la mañana, está fuertemente marcada por la perseverancia y el desarrollo desde las bases. Formado en las divisiones inferiores y el equipo de reserva del Tottenham Hotspur, el club decidió enviarlo a préstamo en sus inicios para que forjara su carácter y sumara experiencia en el profesionalismo. A través de este sistema de cesiones, el atacante vistió consecutivamente las camisetas de Leyton Orient, Millwall, Norwich City y Leicester City. Tras este valioso recorrido por el ascenso y diferentes categorías, regresó completamente maduro a los Spurs para adueñarse de forma definitiva de la delantera titular.  

En el equipo londinense jugó durante casi dos décadas, convirtiéndose en el máximo goleador histórico de la institución con 280 tantos oficiales. Sin embargo, su brillante paso por Inglaterra estuvo marcado por un estigma que lo persiguió sin descanso: la sequía de títulos. A pesar de romper toda clase de récords individuales y ser la gran figura de la Premier League año tras año, la consagración colectiva se le negó sistemáticamente.  

Para quebrar esa racha, en 2023 su carrera tomó un nuevo rumbo al unirse al Bayern Múnich. La tan ansiada revancha llegó por fin en la temporada 2024/25, cuando se coronó campeón de la Bundesliga. Ese primer título oficial como profesional, conseguido recién a los 31 años, significó sacarse de encima una mochila de más de una década de frustraciones. Lejos de conformarse, ese primer trofeo fue el envión que necesitaba: en la reciente campaña 2025/26 volvió a brillar para ganar un histórico doblete doméstico en Alemania, elevándose aún más en el estatus de máximo goleador inglés en la historia del fútbol de clubes e internacional.  

Con la selección de Inglaterra, su rol como capitán y referente absoluto es indiscutido. Durante la Copa del Mundo de Catar 2022, Kane demostró su dualidad como creador de juego y definidor. En la fase de grupos, repartió tres asistencias, liderando cómodamente a su equipo hacia la siguiente ronda, donde abrió su cuenta personal en la contundente victoria por 3-0 sobre Senegal. Sin embargo, el torneo también le reservó uno de los momentos más tensos de su carrera en los cuartos de final contra Francia. Tras haber igualado el partido con un potente penal, tuvo en sus pies la oportunidad de empatar nuevamente desde los doce pasos en los minutos finales. Pero su remate se fue por encima del travesaño, sellando la eliminación inglesa en un encuentro sumamente cerrado y decisivo.  

Más allá de sus impresionantes cifras y su liderazgo, la trayectoria del atacante esconde matices y anécdotas muy particulares. Paradójicamente, a los ocho años formó parte de la academia del Arsenal, el clásico rival del Tottenham, pero quedó libre tras solo una temporada porque los entrenadores consideraron que no era lo suficientemente atlético. El tiempo se encargó de desmentir ese juicio, especialmente cuando comenzó a dejar su huella a nivel internacional. Su impacto con la selección mayor de Inglaterra fue tan fulminante que, en su debut oficial contra Lituania en 2015, ingresó desde el banco de suplentes y tardó apenas 80 segundos en marcar su primer gol con el equipo nacional.

Su compromiso y disposición adentro de la cancha también lo llevaron a protagonizar escenas inusuales, como aquella vez en 2014, durante los minutos finales de un partido de la Europa League, en la que tuvo que ponerse los guantes y atajar tras la expulsión de un compañero de equipo. Sin embargo, el dato más llamativo sobre Kane apunta directamente a su futuro una vez que decida colgar los botines. Como gran fanático del fútbol americano y profundo admirador de Tom Brady, el delantero confesó que le gustaría intentar una carrera profesional como pateador en la NFL. Para él, lograr competir al más alto nivel en la Premier League, disputar Mundiales de la FIFA y luego sumar minutos en la NFL lo convertiría en uno de los deportistas más singulares de toda la historia.

Nunca fue solo un partido

Por Gabriel Milian Scuri

En la previa del partido entre Argentina e Inglaterra del Mundial de 1986, el entrenador Carlos Bilardo declaró, en un inglés bastante precario, que aquel cruce era “solo fútbol”. 

Cuarenta años después, en la antesala de un nuevo enfrentamiento entre ambos seleccionados, la frase se hizo presente.

El seleccionado argentino se metió en las semifinales del Mundial 2026 tras vencer a Suiza por 3-1. La prensa, que palpitó incluso desde antes de triunfar ante la Rossocrociati el duelo ante Inglaterra, le consultó a Lionel Scaloni sobre el significado de este encuentro. “Es solo un partido de fútbol, eh. No busquemos otra cosa”, respondió.

Fue sincero desde su opinión. Conciso. Le quitó cualquier tipo de peso extrafutbolístico al enfrentamiento contra The Three Lions. Pero, en esta, toca que gran parte del pueblo argentino difiera con el seleccionador nacional. Aunque, quizá, de aquí hasta el miércoles, el oriundo de Pujato logre visualizar lo que pasa en las calles de su patria, o en los alrededores de los estadios, donde la gente salta, casi que de manera coordinada, y al unísono entona: “El que no salta es un inglés”. 

En las casas argentinas, llenas de grupos de amigos y mesas con cervezas, las voces pedían jugar con Inglaterra. Hay algo en lo emotivo que interpela al medirse ante quien nunca va a ser un seleccionado más, sino una parte de la representación de un país que, a lo largo de los años, se ha obsesionado con quitarle (y quitarnos) al mundo lo que no le es propio.

Desde las invasiones en 1806 y 1807, hasta la insistencia por reconocer como suyas unas islas que quedan a la vuelta de la esquina de Ushuaia. Que fueron heredadas. Que fueron siempre territorio argentino. Y que lo seguirán siendo.

En las redes sociales la gente se pronuncia con imágenes de Maradona, Rattín o flyers publicitarios. En el Obelisco brota la emoción y la esperanza de que el ladrón reciba un cachetazo de revés. Una vez más.

Nunca será solo un partido de fútbol, para una tierra en la que este deporte se utiliza como motor para cuando la panza está vacía o las ilusiones rotas que deja la vida te destrozan el alma. La pelota funciona para la Argentina como una curita que tapa cada uno de los raspones que se impregnan en la piel.

Nunca será solo un partido porque el fútbol nunca será solo fútbol. Ni para Scaloni, que, quizá, en cada sueño que tiene, fantasea con una victoria. Se le viene a la mente su gente. Su pueblo. Que, al igual que gran parte del país, saltan junto a la hinchada para no ser ingleses.

Argentina vs Inglaterra: ¿solamente fútbol?

Por Juana Lusin Santafé

“Es solamente fútbol”, dicen algunos. Y probablemente tengan razón. Pero para los argentinos, cada vez que del otro lado aparece Inglaterra, esa frase pierde fuerza. Ahí, el fútbol se llena de memoria. No porque un partido pueda cambiar la historia, sino porque hay enfrentamientos que nunca lograron desprenderse de todo lo que representan. Es imposible no sentir un nudo en la garganta. Es imposible que no se erice la piel. Es imposible que el corazón no lata diferente. Porque cuando Argentina e Inglaterra se enfrentan en un Mundial, nunca juegan solamente once contra once. También juegan los recuerdos, las heridas, las alegrías y una rivalidad que atravesó generaciones.

El primer capítulo se escribió el 2 de junio de 1962, durante el Mundial de Chile. Argentina e Inglaterra se enfrentaban por primera vez en una Copa del Mundo y, por entonces, el duelo todavía no cargaba con el peso simbólico que adquiriría con los años. Inglaterra se impuso por 3 a 1 y dejó a la Selección al borde de la eliminación. Aquella tarde pasó a la historia porque fue el comienzo de un recorrido que nadie imaginaba. Sin saberlo, ambas selecciones acababan de abrir una historia que, con el paso de las décadas, dejaría de medirse únicamente en goles.

Cuatro años después, todo cambió. En los cuartos de final del Mundial de Inglaterra 1966, la Selección cayó 1-0 en un partido que quedó marcado por la polémica. A los 35 minutos, cuando las tarjetas todavía no existían, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein decidió expulsar a Antonio Rattín. El problema fue que el capitán argentino no hablaba alemán y el juez no hablaba español. Rattín se quedó inmóvil, incrédulo, pidiendo un intérprete para entender por qué debía abandonar la cancha. La respuesta nunca llegó. Antes de entrar al túnel, pasó junto a la alfombra roja preparada para el ingreso de la reina Isabel II y se sentó unos segundos sobre ella. Además, como si faltara algo, al pasar junto al córner, estrujó el banderín del Reino Unido en un gesto de bronca que quedó inmortalizado. Lo que ocurrió en Wembley parecía suficiente para que quedara grabado en la memoria. Pero la historia todavía tenía reservado el capítulo más inolvidable de todos.

Veinte años después, el 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Argentina e Inglaterra se encontraron otra vez en los cuartos de final. Pero esta vez el partido llegaba cargado de un peso imposible de ignorar. Apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, el fútbol se convirtió, por un instante, en el escenario donde un país entero volcó emociones que iban mucho más allá del resultado. Entonces apareció Diego Armando Maradona. Primero con la picardía de “La Mano de Dios”. Después, con una obra de arte que todavía hoy parece desafiar el paso del tiempo. “Barrilete cósmico… ¿de qué planeta viniste?”, gritó Víctor Hugo Morales mientras Maradona dejaba ingleses en el camino para convertir lo que se transformaría en “El gol del Siglo”. Argentina ganó 2-1. Aquella tarde no devolvió a los que ya no estaban, no cerró heridas ni cambió la historia. Pero durante noventa minutos le regaló a un pueblo un abrazo que necesitaba. Y, a veces, el fútbol también sirve para recordarnos que, incluso después del dolor, todavía es posible volver a sonreír.

El destino volvió a encontrarlos dos veces más. En Francia 1998, el duelo terminó 2-2 y se resolvió desde los doce pasos, donde Argentina volvió a ganar mientras David Beckham cargaba con el peso de una expulsión que marcaría su carrera. Pero el fútbol, tan cruel como generoso, le tenía reservada una segunda oportunidad. En Corea-Japón 2002, el inglés convirtió de penal el único gol del partido, se tomó revancha y dejó a la Selección de Marcelo Bielsa al borde de una eliminación que terminaría consumándose pocos días después. Dos Mundiales, dos finales distintos y un mismo protagonista. Como si la historia entre argentinos e ingleses nunca dejara cabos sueltos.

Este miércoles volverán a verse las caras. Esta vez, en una instancia en la que nunca se encontraron: semifinales de la Copa del Mundo. No importan los años que pasen ni los partidos que se jueguen, la Selección nunca pisa la cancha sola. Detrás de esa camiseta están los que alguna vez cantaron al ritmo de “el que no salta es un inglés…”, los que se emocionan cada vez que escuchan las estrofas del himno, los que vuelven a mirar imágenes de aquellos que dejaron todo por la patria y entienden que algunos recuerdos nunca dejan de doler.

Entonces, ¿es realmente solamente fútbol? ¿Cómo se lo explicamos a alguien que no entiende lo que verdaderamente significa? Quizás nunca exista una respuesta capaz de explicarlo del todo. Porque hay emociones que no encuentran palabras, solo corazones capaces de entenderlas.