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El significado argentino de vencer a Inglaterra

Por Agustín González Sánchez Jáuregui

Por más que en la previa, al igual que Maradona y Bilardo en 1986, el técnico argentino Lionel Scaloni haya buscado despojar la carga extra deportiva: “Es un partido de fútbol, nada más”, nunca jamás para Argentina enfrentar a Inglaterra significó un rival más. Porque intentaron en 1806 y 1807, sin éxito en ambas oportunidades invasiones, porque a día de hoy continúan usurpando territorio argentino y porque 649 soldados jamás volvieron de Malvinas. En el himno se pudo apreciar cómo, tanto para los 26 jugadores que integran el plantel como para el cuerpo técnico, este era un partido especial. Puños apretados y grito de guerra: así se cantó el Himno Nacional en Atlanta.

Durante años el pueblo argentino perdió tiempo discutiendo si era mejor Messi o Maradona. Este partido ofreció la respuesta perfecta. No compiten por el mismo lugar en la historia, escribieron el mismo capítulo con 40 años de diferencia. Maradona convirtió los dos goles, Messi cedió las asistencias. Nunca se reemplazaron, quedó demostrado en la historia y para siempre que se complementaron el uno al otro. El capitán de la Selección Argentina luego del histórico encuentro le dedicó el triunfo: “Seguramente el Diego de arriba lo está disfrutando muchísimo porque para él era un día muy especial. Que lo viva como quiera desde ahí arriba y que lo disfrute porque es un regalo para él también”. Y por si esa dedicatoria no bastaba para enlazar dos épocas, Messi soltó una frase que trae a recuerdo el compromiso social de Diego Maradona: “Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente porque sabemos que hay gente que no tiene trabajo y que no llega a fin de mes”. Y como si el destino hubiera querido anunciarlo antes de que empezara el partido, durante el sorteo el capitán argentino ni siquiera siguió el vuelo de la moneda. Clavó la mirada en el capitán inglés, exactamente igual que “Pelusa” en el Azteca. Hay gestos que no se ensayan, simplemente hay historias que encuentran la manera de continuar.

Cuando el destino está en tus manos. Italia vs Argentina, Mundial México 1986. 

El primero en hablar fue Lautaro Martínez. Todavía con la respiración entrecortada por el esfuerzo, no recordó el gol, pero sí el punto de partida. “Desde que mi viejo me compró mis primeros botines que soñaba con hacer este gol. Para mi vieja, que desde el día que yo me fui a Racing jamás dejó de tender mi cama. Eso vale más que cualquier gol, que una final”. Mientras todo un país celebraba una clasificación histórica, el delantero eligió con el recuerdo y entre lágrimas volver aunque sea por un minuto a su primera casa en Bahía Blanca.

Más tarde llegó el turno de Enzo Fernández. El mediocampista dejó una confesión de la intimidad de la concentración: “Estoy seguro que el Diego está muy contento hoy en el cielo. Hoy nos apoyó y estuvo con nosotros. Con Juli estábamos en la habitación viendo el partido contra Inglaterra, lo habré visto tres o cuatro veces”. Buscaban motivación y entender el contexto histórico de lo que significaba.

Diego Maradona de cara a Peter Shilton, cerca de culminar la jugada de todos los tiempos.

Ese significado apareció otra vez durante los festejos. Mientras los futbolistas desplegaban una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, Leandro Paredes fue consultado por el mensaje y respondió con apenas cuatro palabras: “Y serán siempre argentinas”. Luego, Lisandro Martínez terminó de ponerle voz a la imagen vista en el campo de juego: “No podíamos fallarle al pueblo argentino”. La bandera no fue un gesto improvisado para la foto. Fue una manera de decir que entendían perfectamente el peso de la camiseta que llevaban puesta.

Ni siquiera las críticas quedaron sin respuesta. En la previa, Gary Neville había asegurado que la dupla central argentina regalaba “uno o dos goles por partido”. Después de la clasificación, Cristian Romero contestó con la misma contundencia con la que había defendido durante noventa minutos: “Espero que cuando me retire no sea tan estúpido como Gary Neville”.

Hubo, sin embargo, una voz que eligió pararse en otro lugar. Consultado sobre el significado del partido por el conflicto de Malvinas, Emiliano Martínez respondió que creía que no tenía un valor especial por eso y recordó que ni siquiera había nacido cuando ocurrió la guerra. En una noche donde la mayoría de las voces viajaron hacia el pasado para explicar el presente, la suya tomó otro camino.

Por eso esta victoria no quedará guardada únicamente en un resultado. Quedará en las palabras de quienes entendieron que había algo más detrás de una pelota. En Messi recordando al Diego. En Lautaro volviendo a los primeros botines que le compró su padre y el amor de su madre. En Enzo y Julián mirando una y otra vez aquella tarde de México. En los jugadores mostrándole al mundo una bandera de Malvinas y en todo lo que la historia continuará escribiendo de acá en adelante a raíz de un día inolvidable.

Messi, la camiseta de Maradona y una noche especial ante Inglaterra

Por Lucas Grosso y Candela Loureiro

Antes de que Lionel Messi tocara la primera pelota contra Inglaterra, la historia ya había puesto un elemento más dentro de la escena. No estaba en la cancha, no formaba parte de la indumentaria del seleccionado, pero estaba cerca del protagonista principal: en el bolso del capitán argentino viajaba una camiseta que traía consigo 40 años de memoria.

Era la camiseta azul que Diego Maradona utilizó en el Mundial de México 1986, aquella con la que Argentina eliminó a Inglaterra en los cuartos de final de una de las tardes más recordadas del fútbol mundial. La misma que Claudia Villafañe mostró en TyC Sports horas antes del partido, con el cuidado de quien sostiene un objeto que dejó de ser una simple prenda para convertirse en un símbolo.

“Esta es justa para hoy”, expresó Claudia al mostrarla. Una frase cargada de significado sin dudas. Porque el duelo entre Argentina e Inglaterra siempre tuvo algo más que 90 minutos de fútbol. Y esta vez, con Messi como protagonista, el pasado y el presente parecían encontrarse otra vez.

Para el 10, además, había un motivo personal. En la que probablemente sea su última Copa del Mundo, todavía quedaba un rival pendiente. Había enfrentado a las máximas selecciones del mundo, pero nunca había jugado un partido mundialista contra el país británico. Después de la clasificación ante Suiza lo había reconocido: “Jugué contra todos, menos contra Inglaterra. Así que va a ser lindo también por ese lado”.

A los 39 años, cuando su carrera ya estaba llena de capítulos inolvidables, todavía existían pequeñas páginas por escribir. Y una de ellas estaba frente a él.

La semifinal no fue un partido sencillo. Los europeos plantearon un encuentro físico e incómodo. Argentina tuvo que jugar con la paciencia de quien sabe que una oportunidad puede aparecer en cualquier momento. El gol de Anthony Gordon a los 55 minutos obligó al seleccionado a ir detrás del resultado y durante varios minutos, la final pareció alejarse.

Messi tampoco tuvo una noche sencilla desde el juego, pero igualmente se mostraba constantemente como una opción de pase para sus compañeros. Inglaterra intentó reducir sus espacios y obligarlo a participar lejos del área. Pero los grandes futbolistas no siempre necesitan dominar el partido desde el inicio; muchas veces su diferencia aparece en una sola decisión.

Y el de 39 años volvió a demostrar que su manera de cambiar la historia ya no depende solamente de correr o gambetear. También está en su lectura del juego: en esa capacidad de ver una jugada antes que los demás. Tal vez el paso del tiempo fue el que le dió esa percepción. O seguramente siempre la tuvo pero ahora la reluce más ante la limitación de su físico.

A los 85 minutos llegó el primer golpe del capitán. Desde un tiro de esquina jugado en corto, Messi recibió la pelota con Djed Spence de frente. Elliot Anderson corrió desesperado a asistir a su compañero en la marca, pero no tuvo en cuenta que el 10, dotado de su percepción, advirtió que había liberado de presión a Enzo Fernández, quien sacó un remate desde lejos que terminó en el empate argentino para romper las gargantas de más de 40 millones.

Fue una asistencia que explicó al Messi de esta etapa: menos necesidad de aparecer en cada acción, más capacidad para elegir exactamente cuándo hacerlo. Pero todavía faltaba una intervención más.

En el tiempo de descuento, con el partido caminando hacia el alargue, Messi volvió a tener la pelota en sus pies. Recibió sobre la derecha, desbordó a un Nico O’Reilly recién ingresado de 21 años, levantó la cabeza y colocó un centro perfecto al segundo palo con su pie derecho. Lautaro Martínez ganó en altura y convirtió el 2-1 definitivo. Dos apariciones que cambiaron el destino de Argentina.

La estadística dirá que Messi no marcó goles. Pero la historia del partido contará algo más importante: fue él quien construyó las dos jugadas que llevaron al seleccionado a una nueva final del mundo. Cuando el partido pesaba más, cuando el margen de error era mínimo, la pelota volvió a pasar por sus pies y cabeza.

Después del pitazo final, Messi cayó de rodillas sobre el césped del Mercedes-Benz Stadium. No fue solamente una imagen de cansancio. Fue el gesto de alguien que entiende la dimensión de cada oportunidad en esta etapa de su carrera. Luego llegaron los abrazos con sus compañeros, el encuentro con Rodrigo De Paul y un grito frente a la cámara que resumió todo lo que significaba esa noche: “¡Vamos!”.

En la zona mixta, el capitán habló de un partido sufrido y valoró la reacción del equipo. Reconoció que Inglaterra complicó el encuentro, pero destacó la personalidad de Argentina para mantenerse firme hasta el final. También volvió a remarcar la importancia de disfrutar este camino, consciente de que cada partido de este Mundial puede tener un significado especial.

La camiseta de Maradona estuvo en el bolso, pero también estuvo presente en la memoria del equipo. Fue un guiño del destino antes de una nueva batalla contra Inglaterra. En 1986, esa camiseta azul acompañó la zurda de Diego en una tarde eterna. En 2026, sin usarla, Messi escribió su propia historia con otra herramienta: sus pies y su manera única de entender el fútbol. Porque algunas camisetas guardan recuerdos. Pero son los grandes jugadores quienes vuelven a darles vida.

En las afueras del estadio, fue entrevistado por Matías Pelliccioni y Messi se refirió al ídolo argentino: “Seguramente el Diego desde arriba lo está disfrutando muchísimo. Para él era un partido muy especial. Es un regalo para él también”.

Así como el nacido en Fiorito le dedicó el triunfo a los héroes de Malvinas y sus familiares, el rosarino recordó en la misma charla con el egresado de la escuela al pueblo argentino: “Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente. Los Mundiales para nosotros (los argentinos) son especiales y sabemos que hay gente a la que le toca pasarla mal, no poder llegar a fin de mes y vivir peleándola: lo que es la vida nuestra”.

Porque, al final, la camiseta de Maradona no solo representaba un partido contra Inglaterra. Representaba una manera de entender el fútbol como algo que trasciende los 90 minutos. En 1986, Diego había convertido una victoria en un abrazo colectivo para un país que todavía llevaba heridas de la guerra de Malvinas. Cuarenta años después, Messi volvió a encontrarse con esa misma dimensión: la de un futbolista capaz de transformar una pelota en un sentimiento compartido para todo el pueblo argentino. Distintas épocas, distintos protagonistas, pero una misma esencia. Dos números 10 que entendieron que jugar para Argentina también significa llevar sobre los hombros las historias, los recuerdos y las emociones de millones.

 

Por Malvinas, por el Diego y por la última de Leo

Por Gabriel Milian Scuri 

En algún rincón de Malvinas habrá quedado una radio que, con una señal paupérrima, grita el último de los dos goles argentinos frente a Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026. En algún rincón de Malvinas, las almas que sobrevuelan las islas se abrazan de manera eterna para festejar la revancha. La segunda de las revanchas. Con Diego en el 86 y con Messi en el 26. 

Cuarenta años exactos tuvieron que pasar para comprobar que en las calles de Buenos Aires el dolor de la pérdida de los pibes que se quedaron en el archipiélago está más vivo que nunca. Con la fe de que aún existe la memoria en el pueblo.

Vale como un campeonato. Porque cuando Gordon anotó lo que era el 1-0 pirata, el silencio se volvió el ruido más ensordecedor. Las garganta explotaron en el empate de Enzo y los lagrimales se tornaron caudales en el tanto de Lautaro Martínez.

La gente se rinde ante los televisores. Hay algo que la razón no permite explicar dentro de las victorias agónicas e inacabables del seleccionado argentino y multicampeón. Que va por otra más. 

Messi sabe que lo ha logrado todo. Que le faltaba una cosa. Ser él quien le diga basta a este ciclo de comparaciones estúpidas con Maradona. El campeonato del mundo, las dos Copa América, la Finalissima y ganarle a ellos. Que son la representación de la tierra que ocupa la nuestra. Que son la representación del país que mató a los pibes argentinos. Que son la representación de los que nunca van a ser solo una selección más.

En las calles el llanto de la gente tapó las veredas. Porque con sufrimiento se sacó adelante lo que parecía imposible. Pero hay algo en lo que ellos no pueden ganarle al país austral: jugar a la pelota. En la resiliencia de seguir, incluso cuando no hay respiro que llegue a los pulmones. Incluso cuando la hambruna toca la puerta y las oportunidades se van con la valija llena de ilusiones.

Porque el fútbol es como la vida para la Argentina. Y en la tierra en la que nacieron Messi y Maradona hay fiesta después de ganarles a ellos. Después de ser conscientes que el barco ha sido hundido. Una vez más. Después de que los jugadores de le hayan mostrado al mundo que las Malvinas son argentinas. 

 

Argentina, no lo entenderías

Por Francisco Quartino

Con juego de potrero, con coraje criollo, con jerarquía de campeón del mundo, con viveza sudaca, con guapeza digna del Diego y de Messi, con elegancia tanguera, con historia de Malvinas, pero, por sobre todas las cosas: con fútbol argentino.

Al ritmo de “Maradó, Maradó”, cantan, saltan y se relajan los jugadores de la Selección Argentina, que acaban de gestar una nueva remontada en el Mundial, una nueva historia irrepetible que se sigue repitiendo, y 47 millones de argentinos desean que se haga una vez más el domingo ante España en la final.

Pero esta no fue una victoria más, esta vale más que oro, esta vale millones de sensaciones y momentos especiales: fue contra ellos, el país más invasor de la historia, los que se quedaron con nuestras queridas Islas Malvinas. Como dijo arengando Diego Armando Maradona: “Los que mataron a nuestros pibes”, los que quisieron invadir Buenos Aires y los criollos los echaron a las patadas, no una, sino dos veces; fue contra los piratas ingleses, los británicos usurpadores.

El derechazo del Gardelito de San Martín Enzo Fernández desde 20 metros y el frentazo casi abajo del arco del Toro bahiense Lautaro Martínez fueron de tu padre, de tu hermana, de tu primo, de tu tía, de tu compañero de trabajo, de tu novia, del kiosquero de la esquina, de la verdulera de enfrente, de tu jefe, fue de todos los argentinos. Porque luego de cada gol, los 11 jugadores dentro del campo, los 15 suplentes y todos los integrantes del cuerpo técnico miraron a su hinchada en el Estadio de Atlanta, a cada uno de los compatriotas en campo de batalla, donde la Albiceleste fue vencedora nuevamente, porque es natural para ellos serlo en el verde césped.

El 22 de la Selección, el autor del gol de la locura y el éxtasis total en todo el mundo, porque los argentinos están en todos los rincones de la Tierra, entre lágrimas, recordó su infancia en la entrevista postpartido: “La primera vez que mi viejo me compró un par de botines siempre soñé con hacer este gol”. Y sí; emular a Javier Zanetti en 1998 o al Barrilete Cósmico en 1986 es lo que cualquier futbolista de los potreros, de cada pasaje en el que se juegue a la pelota en el país, sueña hacer.

Lionel Scaloni, también después de la hazaña, explicó: “Somos únicos, y no es arrogancia. Esta gente nos llevó a ganar el partido. La camiseta amerita dar todo hasta el final, no guardarse nada y han demostrado una vez más que lo sienten como todos”. Todos sabían, hasta los neutrales, hasta los malintencionados que deseaban ver a Lionel Messi, al mejor del mundo, caer nuevamente en un Mundial, hasta los que estaban con la mirada perdida, esperando un milagro en el área de Jordan Pickford, que no dejaba pasar ninguna, con los rostros de pocos amigos, todos tenían en mente lo que podía llegar a suceder: una ráfaga en la que la heróica y milagrosa Argentina de Leónidas, del joven inexperto que ya se volvió un verdadero maestro, vuelva a hacerlo, vuelva a renacer de las cenizas cual ave fénix, para gritarle en la cara a todo el mundo, que no estamos hechos, que vamos por la cuarta.

Miguel Rugilo: una derrota gloriosa y el nacimiento de una leyenda

Por Renzo Torregiani

La épica del fútbol sufre de una amnesia injusta que reduce años de una carrera de regularidad en una solo hecho puntual: la cuestionada definición de Rodrigo Palacio en Brasil 2014, el doble error de Loris Karius en la Champions League 2018, la atajada de Dibu Martinez a Kolo Muani en Qatar 2022 o los dos goles de Maradona a los ingleses en México 86. Miguel Rugilo, arquero de Vélez y Tigre, se convirtió, el 9 de mayo de 1951, en claro ejemplo de ello. 

Pese a haber atajado en 246 ocasiones con la camiseta del Fortín y solo cuatro con la Albiceleste, a Rugilo se lo recordará por su mítica actuación frente a Inglaterra en Wembley, que le valió para ganarse su nuevo apodó: el León de Wembley. 

Nunca se sabrá con certeza por qué se dio el partido: hay quienes dicen que Argentina quería demostrar que seguía siendo mejor que los europeos, pese a no haber participado de Brasil 1950; otros dirán que Juan Domingo Perón se enteró que Inglaterra estaba invicta en aquel estadio y se le ocurrió organizar un amistoso en Londres. Lo cierto es que fue Ramón Antonio Cereijo, el ministro de Hacienda de Perón, quien organizó la breve gira de la Selección Argentina por Reino Unido, que incluiría los enfrentamientos ante Inglaterra e Irlanda. 

Por otra parte, Rugilo ya era uno de los que estaba de vuelta. A sus 32 años y tras su breve paso por el León de México, el arquero velezano hizo su debut en la selección mayor el 25 de marzo de 1950 en el empate 2 a 2 ante Paraguay por la Copa Chevallier Boutell. Sin embargo, la historia le tenía reservado un lugar en sus páginas doradas. 

Rugilo llegaba a este partido como suplente de Gabriel “Cholo” Ogando de Estudiantes, pero el Pincha decidió no cederlo. Tiempo después en una entrevista con la revista Goles de la Época, Ogando declaró que no haber jugado en Londres le había generado el dolor más grande que sintió en su carrera. Sin embargo, las únicas ausencias de peso fueron las de José Manuel Moreno y Alfredo Di Stéfano, que se habían exiliado luego de la huelga del 48.

Aquella mañana de mayo, la capital británica amaneció lluviosa, a la espera de un espectáculo que ofrecía un hecho inédito: Argentina e Inglaterra se enfrentarían por primera vez en la historia. Un día antes, se habían agotado las 60 mil entradas que la federación inglesa dispuso para el cotejo, el público esperaba expectante a ver un enfrentamiento que luego se convertiría en rivalidad histórica. 

El árbitro gales Benjamin Mervyn Griffiths dio el silbatazo inicial y ,antes de los 20 minutos del primer tiempo, Argentina dio el golpe y se puso en ventaja. Labruna recibió un pase de Pescia, la tocó para Loustau que gambeteó al arquero y le tiró el centro a la cabeza del “Atómico” Boyé que la impactó de manera soberbia, dejando sin chances al arquero inglés Bert Williams.

El delirio y la algarabía duraron poco, los ingleses tomaron el control de las acciones y Argentina se limitó a defender con los dientes apretados para sostener el resultado, con un Rugilo que de a poco se fue transformando en un muro infranqueable. “Atajó Rugilo, una vez más”, decía el relator argentino Luis Elías Sojit desde Wembley. Los sudamericanos estaban poco habituados al estilo de juego de los ingleses, que se basaba en la gestión de los espacios, algo que en nuestro fútbol se había desarrollado casi nada. 

El segundo tiempo fue un calvario. “Otra vez Rugilo, otra vez Rugilo. Heroico el arquero. Argentina mantiene la diferencia y el caballero Rugilo es un león en Wembley”, relató Sojit. Durante más de media hora, sus brazos no tuvieron descanso. Volaba, se revolcaba, manoteaba. A partir de ahí, cada intervención de Rugilo sumaba un capítulo más a la leyenda del León de Wembley. 

Finalmente, Stan Mortense consiguió empatar a las acciones a falta de poco más de diez minutos para el final y, a los 86, todo se derrumbó y llegó el knock out, cuando Jackie Milburn puso el 2 a 1 final, que debería haber sido anulado por posición adelantada de Tom Finney que obstaculizó al guardameta argentino. De esta manera, se mantuvo el invicto británico en Londres, pero todas las miradas se las había llevado Rugilo, el del apodo eterno. 

“Durante todo el encuentro me habían ovacionado después de cada atajada, pero la del final fue tremenda. Ya nos íbamos de la cancha y la gente gritaba a lo loco. Como no sé inglés no entendía nada. El que me avivó fue Chichilo Sola, masajista de Vélez y de la Selección que me paró diciéndome: ‘Saludá, saludá, que esa ovación es para vos’. Creí que se venía abajo Wembley”, declaró Rugilo un tiempo después.

La Selección Argentina cerró su gira con la victoria 1 a 0 ante Irlanda en Dublín con un golazo de Labruna, en lo que fue el último partido de Rugilo con el buzo argentino. Este viaje dejó un saldo positivo en el análisis interno, Argentina mantuvo el prestigio que nuestro fútbol tenía en el panorama internacional y sirvió para que los ingleses se enterasen de que la Albiceleste tenía un arquero fenomenal. 

En la llegada al país, una multitud se agolpó en las terrazas del Aeropuerto de Ezeiza para recibir a la delegación nacional y brindarle un merecido reconocimiento tras la digna actuación realizada. Rugilo acaparó todos los elogios y fue el más requerido por la prensa. Durante mucho tiempo, aquella presentación argentina en Londres fue el gran hito del equipo nacional y la carta de presentación ante el mundo.

En 1953, Rugilo sufrió una grave lesión en los ligamentos de su tobillo y Vélez lo dejó libre. La figura del partido contra Inglaterra se marchó a Tigre, donde estuvo dos años, pasó a O’Higgins de Chile y terminó su carrera en Palmeiras en 1957. Tras su retiro, puso una fábrica de sándwiches y falleció de un paro cardiaco en 1993, a los 74 años. 

Aquel 9 de mayo de 1951, le sirvió para tapar 20 años de carrera con un apodo que cruzó el océano. Rugilo: el León de Wembley. 

¿Qué dijeron los diarios ingleses?

Por Santiago Peñoñori

Pasadas las 00:00 del 12 de julio, supimos que Argentina se volverá a enfrentar a Inglaterra en un Mundial. Será la primera vez en una Copa del Mundo desde 2002, la primera vez sin Diego entre nosotros, la primera vez de Messi y la primera vez desde que el presidente argentino confesó su admiración por Margaret Thatcher, una criminal de guerra.

En nuestro país, uno cree saber qué se dice en las calles acerca de este partido y por qué varios jugadores se refirieron a él como “especial”. Pero ¿qué pasa en Inglaterra? Así abordan el tema los principales diarios británicos:

¿Problemas entre Jude Bellingham y Thomas Tuchel?

A pesar de la victoria contra Noruega en los cuartos de final, el técnico alemán declaró que no estaba conforme con el rendimiento del equipo, y eso no fue bien recibido por Jude Bellingham. El volante estrella, que se había despachado con un doblete esa misma tarde, dejó entrever que el técnico no tenía la suficiente experiencia como jugador (Tuchel se retiró a los 25 años a causa de una lesión de rodilla) para entender lo difícil que era competir contra figuras como las de Noruega bajo temperaturas altísimas.

Sobre esto escribió en The Guardian el periodista Jacob Steinberg, quien le restó importancia al asunto. Comparó el estilo de liderazgo de Tuchel con el de Mourinho cuando hacía sus primeras armas como técnico, recordó la disputa que tuvieron el año pasado tras la no convocatoria de Jude a la fecha FIFA de octubre y analizó la frontalidad del alemán: “Tuchel ha chocado con la clásica reserva inglesa. Su franqueza resulta estridente, incluso inapropiada. ¿Qué habría hecho Gareth Southgate? Habría hablado de Inglaterra rompiendo barreras y haciendo historia”.

Por su parte, el diario The Sun y el diario Daily Mail se hicieron eco de las declaraciones cruzadas y destacaron los dichos de Harry Kane. El capitán buscó calmar las aguas y dio a entender que es un rasgo del técnico alemán el llevar a los jugadores al límite para ver cómo responden.

 

Kane vs Messi

“Para que Kane sea recordado como uno de los mejores de todos los tiempos fuera de Inglaterra, se necesita más que un régimen físico impecable. También se requieren actuaciones decisivas en partidos importantes. Aquí es donde jugadores como Messi marcan la diferencia”, escribió Steinberg.

No son pocas las notas que señalan que este debe ser el partido que haga trascender al goleador del Bayern Múnich, quien deberá juntarse con Bellingham (a quien bautizaron “nuestro Messi”) y bajar a los campeones del mundo. “¿Cuánto más podrá soportar el cuerpo maltrecho de Messi?”, se preguntó un irreverente. Eso está por verse…

 

Malvinas, el Diego y el canto de los jugadores argentinos

“Por Malvinas, por el Diego y por la última de Leo”, dice la canción que The Guardian definió como “obscena”. Daily Mail acusó a los jugadores argentinos de provocar con sus cánticos y, llamativamente, sintió la necesidad de explicar qué son las Islas Malvinas: “Es el término que utiliza Argentina para referirse a las Islas Falkland, donde 649 de sus militares murieron en 1982 tras intentar reclamar el territorio al Reino Unido”. El rebelde Gary Lineker ya lo sabía y no dudó en llamarlas por su nombre, lo que generó una gran polémica en su país.

Otra nota osó acusar a la selección argentina de haber avivado el sentimiento antiinglés, a la vez que opinaba: “La creencia de que las Malvinas pertenecen a Argentina no tiene fundamento en el derecho internacional, pero los líderes del país destacan regularmente esta afirmación para desviar la atención de sus propios fracasos”.

De cualquier manera, en Inglaterra no ocultan sus traumas. El equipo de Tuchel “exorcizó” (sí, usa ese verbo) algunos demonios en el Azteca tras la victoria contra México, 40 años después de haber sido “atormentados” por el puño de Diego Maradona; y The Sun confía en “The Avengers”, que no son más que Bellingham y Kane tratando de vengar lo sucedido en 1986 y 1998.

 

La gran conspiración

Infantino hará lo imposible para que Messi gane un nuevo título del mundo. Eso repiten los medios ingleses, que alimentan teorías conspirativas usando la vieja estrategia de esconder al sujeto de la oración para no hacerse cargo de lo que realmente afirman. “Varios comentaristas expresaron…”, “Alguien escribió en línea…”, “Otro comentó…”.

El Daily Mail se mostró preocupado por la asignación del árbitro estadounidense Ismael Elfath, quien, según sostienen, suele favorecer a Messi, tal como lo hizo en la final de la Leagues Cup que ganó el Inter Miami en 2023, en las tres victorias en temporada regular de la MLS este año y en la final de Qatar 2022, donde ofició de ¡cuarto árbitro!

Y Jonathan Wilson, reconocido periodista deportivo que escribe semanalmente en The Guardian, sembró algunas dudas: “¿Y si la FIFA favorece a los grandes equipos por motivos económicos? ¿Debería haber expulsado a Messi por clavarle los tapones en la pantorrilla a Aissa Mandi en el partido contra Argelia? (Y si lo hubiera hecho, ¿se habría suspendido la sanción resultante aplicando el artículo 27, como ocurrió con Balogun?) ¿Fue realmente un error claro y manifiesto el penal que Argentina consiguió contra Austria que requirió la intervención del VAR? ¿Cometió falta Alexis Mac Allister en la jugada previa al gol de Messi en ese partido? ¿Por qué se anuló un gol de Egipto por falta cuando no se anuló el gol de la victoria de Argentina? ¿Qué hay que pensar de la extraña reacción de Infantino ante el segundo gol del empate de Cabo Verde contra Argentina ? ¿Qué pensar del hecho de que muchas de las decisiones más ajustadas hayan favorecido a Argentina?”.

 

Máxima seguridad

Las alertas ya fueron activadas en Inglaterra. Según Daily Mail, se espera un enorme operativo de seguridad en todo Atlanta, ciudad a la que llegará un pequeño equipo de la Unidad de Policía de Fútbol del Reino Unido para colaborar con éxito con los organismos policiales locales: “Se prevé una división equitativa entre los aficionados de ambas naciones y son conscientes de la posibilidad de que aumenten las tensiones debido a las relaciones entre los países”.

Por las dudas y fieles a su estilo (pues, son señores ingleses), Independent destacó el comportamiento de sus hinchas. “Según los responsables, los seguidores de Inglaterra se han comportado de forma impecable a lo largo del torneo hasta el momento, y la policía local señala que tienen que lidiar con más problemas en los partidos de la NFL”. Sin embargo, el mismo diario alertó a los hinchas tras la circulación de videos con altercados entre hinchas argentinos e ingleses en las últimas horas.

Cuando caiga la noche en Argentina, sabremos cómo terminó esta historia. Yo coincido con Tuchel en que corremos con ventaja. “Entendemos que es una parte importante de la cultura argentina y una parte importante de lo que los mueve”, declaró, haciendo referencia a las Islas Malvinas. ¿Cómo no nos va a mover, Thomas? Si son nuestras.

Thomas Tuchel, el perfeccionista que nunca deja de pensar en fútbol

Por Lisandro Torres Pagani

Hay técnicos que dirigen partidos. Thomas Tuchel parece dirigir hasta el último movimiento de un entrenamiento, el perfil del cuerpo al recibir un pase o el momento exacto para presionar. En el banco de suplentes rara vez permanece quieto: camina de un lado a otro con las manos en los bolsillos o cruzadas sobre el pecho, observa cada detalle con la mirada fija y, cuando algo no sale como lo imaginó, su rostro cambia de inmediato. Gesticula con intensidad y da indicaciones sin descanso. Para él, un error pequeño puede tener la misma importancia que un gol.

Alto, delgado y de aspecto serio, suele vestir ropa deportiva negra o azul oscuro durante los entrenamientos y trajes sobrios en los partidos importantes. Habla con calma frente a los micrófonos, elige cuidadosamente cada palabra y transmite la sensación de que analiza todo antes de responder. Sin embargo, esa serenidad desaparece durante los encuentros: vive cada jugada como si fuera decisiva y no oculta su frustración cuando un futbolista no ejecuta una indicación tal como la había pensado. Los que trabajaron con él, lo describen como un entrenador obsesionado con los detalles y capaz de corregir hasta con qué pie debe controlarse un balón.

Su personalidad genera admiración y desgaste al mismo tiempo. Pierre-Emerick Aubameyang, a quien dirigió en Borussia Dortmund, contó que Tuchel era capaz de detener un entrenamiento para corregir un simple control orientado. Christian Heidel, exdirector deportivo del Mainz, recuerda que incluso inspeccionaba el estado del césped antes de los partidos porque creía que cualquier detalle podría influir en el rendimiento del equipo. 

Pero esa obsesión también tiene un costo. A lo largo de su carrera protagonizó conflictos con dirigentes y futbolistas. En Bayern Múnich y París Saint-Germain se habló de relaciones tensas dentro del vestuario, mientras que en distintos clubes fue considerado un entrenador brillante desde lo táctico, aunque difícil de llevar por su carácter exigente y su necesidad de controlar todos los aspectos del trabajo. La prensa británica llegó a definirlo como un perfeccionista, disciplinario y adicto al trabajo, siempre al borde de perder la paciencia cuando las cosas no salen como esperaba. 

El actual director técnico de la Selección de Inglaterra, Se destaca por imponer un fuerte espíritu colectivo que lo ha llevado a chocar con grandes estrellas en el PSG y el Bayern Múnich, y actualmente tuvo un fuerte cruce con una de las figuras de la Selección Inglesa, Jude Bellingham. “No estoy contento con el rendimiento”, dijo el seleccionador. “Quizá él no sabe lo que es jugar en ese tipo de condiciones contra Haaland, Ødegaard, Nusa y Sørloth. No es un equipo fácil de vencer. Creo que hemos intentado crear un ambiente positivo y deberíamos seguir así de cara a las semifinales”, le devolvió el futbolista.

Su forma de entender el juego tiene raíces profundas. Nació en Krumbach, una pequeña ciudad del sur de Alemania, lejos de los grandes centros futbolísticos europeos. Una lesión en la rodilla terminó prematuramente su carrera como jugador cuando apenas tenía 24 años. En lugar de abandonar el fútbol, pasó de trabajar como barman en los años 90 a convertirse en director técnico. Aquella frustración terminó moldeando a lo que se convirtió hoy: alguien convencido de que el estudio, la preparación y el análisis pueden compensar cualquier limitación. 

Fuera del campo es muy distinto. Él mismo reconoce que espera que lo recuerden como una persona generosa, divertida, testaruda y muy mala para responder mensajes o llamadas. Una prueba de esto es que protagonizó un emotivo gesto al organizar una colecta para comprarle una casa a la mujer que había trabajado durante años como empleada doméstica de su familia en París. Otra cosa que admite es que el fútbol ocupa prácticamente toda su vida: “Puedo respirarlo y vivirlo todos los días sin aburrirme”. 

Sus métodos despiertan opiniones opuestas. Algunos jugadores destacan la confianza que transmite y la cercanía que genera con quienes aceptan sus exigencias. Otros recuerdan una convivencia agotadora por su nivel de perfeccionismo. Él mismo ha reconocido que, con los años, intenta ser menos terco y más flexible, aunque sabe que esa intensidad forma parte de su identidad. 

Hoy, como seleccionador de Inglaterra, mantiene la misma esencia que lo convirtió en uno de los entrenadores más respetados de Europa. No busca caer bien ni ser el protagonista. Su obsesión es otra: encontrar la manera perfecta de jugar un deporte que, para él, nunca deja de estudiarse.

Catalina Borrelli: el precio de un sueño

Por Diego Kviatek

Con apenas 17 años, Catalina Borrelli ya entendió que perseguir un sueño olímpico también
implica renunciar a muchas cosas. Mientras la mayoría de los adolescentes organiza salidas
con amigos o reuniones familiares, ella pasa gran parte de sus días entre entrenamientos,
gimnasio y competencias. Hoy, ese esfuerzo tiene recompensa: será la única representante argentina de esgrima en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026.

Lo que para cualquier deportista representa un sueño, para ella llegó de la manera más
inesperada. En abril, mientras disputaba el Mundial Junior de esgrima, su entrenador,
Rodrigo Álvarez, la reunió junto a sus padres en el hotel donde se hospedaban y les
comunicó que Argentina había conseguido una plaza para los Juegos Olímpicos de la
Juventud y que ella había sido elegida para ocuparla. La reacción fue inmediata: abrazos,
lágrimas y la certeza de que tantos años de esfuerzo empezaban a tener su recompensa.

Ahora, mientras se prepara para el desafío más importante de su carrera, Borrelli repasa
cómo vivió aquella clasificación, los sacrificios que hizo para llegar hasta acá y los sueños
que todavía le quedan por cumplir.

Número des(conocido)

“Nos enteramos todos al mismo tiempo. Fue muy emocionante. No me lo esperaba para
nada, hubo llanto de todos”, recuerda Catalina sobre el momento en el que supo que
representaría a la Argentina en Dakar 2026.

La noticia llegó el mismo día en el que había competido en el Mundial, por lo que la
sorpresa fue todavía mayor. “Entré por el cupo que recibió el país. En esa competencia yo tenía otras expectativas, así que cuando me enteré estallé de alegría”, cuenta la sablista, que desde noviembre tendrá la responsabilidad de ser la única representante argentina de la esgrima en los Juegos.

Pero el orgullo también convive con otra sensación. Representar al país en el máximo
evento deportivo para atletas juveniles implica una presión distinta a la que sintió en los
Juegos Panamericanos o Suramericanos. “Siento orgullo porque este es un evento mucho más cerrado, donde éramos muchos menos argentinos. Pero también siento miedo. El nombre ‘Juegos Olímpicos’ impone y asusta un poco”, reconoce.

Aunque todavía faltan algunos meses para viajar a Senegal, la joven ya empezó a imaginar
cómo será vivir la experiencia olímpica. “Competir con gente con más nivel que el mío me
emociona muchísimo y también me da curiosidad el lugar, la organización y el ambiente de
unos Juegos Olímpicos”, explica.

Incluso ya comenzó a averiguar cómo será la competencia y habló con la brasileña Beatriz Fraga, otra de las esgrimistas que estará presente en Dakar. Sin embargo, hay algo que espera con especial entusiasmo, la Villa Olímpica: “Me ilusiona muchísimo que vamos a estar todos muy contentos y felices”.

Detrás de la careta

Detrás de una medalla, una clasificación o una foto con la ropa de la Selección, hay una
parte del alto rendimiento que pocas veces se conoce. En el caso de Catalina, ese camino
empezó mucho antes de que aparecieran los resultados y estuvo marcado por decisiones
que, para una chica de 17 años, no suelen ser las más habituales.

“Perdí muchísimas horas de juntadas con amigas, de estudio y de estar con mi familia.
Tengo novio y casi no lo veo porque elijo entrenar y sacrificar todo por el objetivo”, cuenta
con convicción.

Para Borrelli, el alto rendimiento implica aceptar que muchas veces habrá cosas que
quedarán en segundo plano. No lo vive como una obligación, sino como una elección que
renueva todos los días.

“Hay que sacrificar cosas sí o sí para lograrlo. De esto se trata el alto rendimiento y muy
poca gente puede llegar porque a la gente de mi edad le cuesta dejar cosas importantes
para cumplir sus objetivos”.

Esa misma organización también atraviesa su vida fuera del club. Todas las mañanas asiste
al colegio y, apenas termina la jornada, empieza otra completamente distinta. A las tres de
la tarde ya está entrenando. Los martes y jueves dedica tiempo a la preparación física y a la natación, que utiliza como método de relajación, mientras que los lunes, miércoles y viernes realiza combates y clases particulares de esgrima. “Lo tengo muy organizado y hablado con los profesores. Si hay alguna evaluación, ya lo coordinamos previamente”, explica.

Sin embargo, ese esfuerzo constante no significa que todo sea sencillo. Catalina reconoce
que la frustración también forma parte del proceso y que convivir con ella es casi una
obligación para cualquier deportista de alto rendimiento. “Hay mucha frustración, sobre todo durante el proceso. Pero no se le puede sacar la emoción al resultado, que es única. Para llegar a ese momento también hay que frustrarse y enojarse”.

A pesar de eso, asegura que nunca pensó en abandonar la esgrima. Incluso, cuando imagina cómo habría sido su vida sin este deporte, la respuesta es inmediata: “Muchas veces lo pensé. Hubiera sido totalmente diferente, pero no me arrepiento para
nada del camino que elegí”.

Había una vez…

La historia de Catalina con la esgrima comenzó casi por casualidad. Tenía apenas diez años
cuando acompañó a su hermano mayor a una clase. Él estaba decidiendo entre arquería y
esgrima, finalmente eligió esta última y ella quedó fascinada desde el primer momento.

“Tuve el honor de ver una clase suya y me encantó. Me invitaron a participar. Desde 2019
hago esgrima. Estuve en Devoto y pasé por distintos clubes hasta llegar a Harrods &
Chaves”, recuerda.

Hoy compite en sable, una de las tres modalidades de la disciplina. Sin embargo, esa
elección fue mucho más simple de lo que muchos imaginan. “Cuando arranqué solo vi el sable. Después me enteré de que existían otras armas, pero siempre me encantó el sable”.

La velocidad es lo que más la atrapa. A diferencia del florete y la espada, el sable se
caracteriza por la rapidez y la intensidad de cada asalto: “Lo que más me gusta del sable es que, al ser tan rápido y salvaje, te podés desquitar emocionalmente con eso”.

Pero esa misma característica también representa su mayor dificultad: “Todo pasa en un segundo y fuiste. Al mínimo error, en un nivel tan alto, quedás expuesto. Hay que estar permanentemente prestando muchísima atención”.

Con el paso de los años, esa exigencia la llevó a competir cada vez en escenarios más
importantes. Uno de los más recientes fue el Mundial Junior, donde pudo medirse frente a
las mejores sablistas europeas: “Lo que me falta para competir de igual a igual con ellas es alcanzar su ritmo. Ellas constantemente tienen torneos de muy alto nivel. En el Mundial me puse a prueba y entendí que no es tanto la técnica, sino la rapidez mental que tienen.”

Lejos de frustrarse, Catalina aprovecha cada competencia para analizarse y encontrar
aspectos por mejorar. “Siempre, apenas termina una competencia, veo mis videos, saco mis conclusiones y le comento a mi entrenador mis sensaciones y qué quiero practicar”, comenta.

Ese crecimiento también quedó reflejado este año, cuando integró el equipo argentino de
sable femenino que obtuvo, por tercera vez consecutiva, la medalla de plata en el
Panamericano de mayores de Lima. Allí compartió equipo con Belén Pérez Maurice, tres
veces olímpica, una experiencia que, lejos de intimidarla, la ayudó a ganar confianza.

“Mis compañeras me hacen sentir que pertenezco. Es increíble tirar con gente tan grande y
con tanta velocidad. Me ayudan mucho y siempre me dicen que trate de disfrutar lo más
posible.”

Aunque la esgrima le permitió vivir experiencias únicas, Catalina todavía siente que es un
deporte que puede crecer mucho en popularidad: “Se podría hacer más marketing. Es un deporte muy bello, es como una danza. Si lo publicitamos más con videos o fotos, a la gente le va a atraer porque es muy lindo de ver.”

Se hace camino al andar

Durante los Juegos Suramericanos, Catalina tuvo la oportunidad de conocer un emblema
del deporte argentino, la judoca Paula Pareto, una experiencia que todavía recuerda con
entusiasmo.

Pero sus referentes no se limitan a otros deportes. Dentro de la esgrima encuentra
inspiración en la japonesa Misaki Emura, medallista olímpica en París 2024, y en la
española Lucía Martín-Portugués, a quien también pudo conocer. Aunque para encontrar a
una referente suya no hace falta viajar tantos miles de kilómetros, la persona que más la
inspira es Candela Espinosa, compañera en el equipo argentino de mayores: “Le pone toda la garra y me ayuda muchísimo a entrenar”.

Antes de pensar en Dakar, Catalina tiene otra meta entre ceja y ceja: “Por ahora mi sueño es sacar una medalla en el Panamericano que hay dentro de unos meses”.

Aunque ya consiguió resultados importantes y se ganó un lugar entre las mejores sablistas
juveniles del continente, todavía le cuesta dimensionar todo lo que vivió en tan poco tiempo.

Por eso, cuando imagina un encuentro entre la Catalina de hoy y aquella nena que dio sus
primeros pasos en la esgrima con apenas diez años, no duda en la respuesta, que vendría
con un sabio consejo.

“No lo podría creer. Le diría que está muy contenta de verla madura y feliz. Que disfrute de
lo que está viviendo, las juntadas y los cumpleaños, porque en un futuro va a tener que
ocupar mucho de ese tiempo por la esgrima.”

Jayden Adams, la despedida a una historia que invita a mirar más allá de la cancha

Por Ramiro Lordi

Hay carreras que se construyen a partir de grandes irrupciones y otras que crecen de manera progresiva. La de Jayden Adams pertenecía al segundo grupo. Sin hacer demasiado ruido, el mediocampista fue ganando espacio en el fútbol sudafricano hasta convertirse en un habitual de la selección nacional y disputar el Mundial de 2026.

Nacido el 5 de mayo de 2001 en Ciudad del Cabo, creció futbolísticamente en Stellenbosch FC, una institución que apostó por su desarrollo cuando todavía era un adolescente, y se convirtió en el primer futbolista surgido de la academia del club en firmar un contrato profesional. Allí aprendió a jugar con la misma naturalidad con la que fue ganando responsabilidades.

En Stellenbosch no solo se consolidó como profesional, sino que también participó de una de las etapas más exitosas de la historia del club. La conquista de la Carling Knockout Cup en 2023 ante el TS Galaxy confirmó el crecimiento de una institución que empezaba a competir de igual a igual con los equipos más poderosos del país, y Adams fue uno de los grandes responsables de ese salto de calidad.

El siguiente paso llegó de la mano de Mamelodi Sundowns FC. El multicampeón sudafricano decidió incorporarlo a comienzos de 2025 convencido de que estaba listo para afrontar un desafío mayor. La adaptación fue inmediata. En un plantel acostumbrado a pelear por todos los títulos, el volante volvió a demostrar que no necesitaba sobresalir individualmente para convertirse en un futbolista imprescindible.

Su evolución también encontró un lugar en la selección nacional. Hugo Broos, quien fue el DT de Sudáfrica en el Mundial, vio en él a un futbolista capaz de interpretar distintas funciones en el mediocampo y comenzó a darle protagonismo. Sin hacer demasiado ruido, Adams se convirtió en una pieza fija de unos Bafana Bafana que buscaban volver a competir en el certamen después de varios años de frustraciones. El encuentro frente a República Checa tuvo, además, un significado especial. En la previa del compromiso, Adams recibió la noticia del fallecimiento de su abuela, una de las personas más importantes de su entorno. Pese al duro golpe personal, decidió permanecer junto a la delegación y fue titular en los tres partidos de la fase de grupos para que Sudáfrica alcanzara una clasificación histórica a los octavos de final.

Sin embargo, detrás de esa fortaleza también existía una batalla personal. Personas cercanas a su entorno señalaron que la pérdida de su abuela tuvo un profundo impacto en su salud mental. En las semanas posteriores al Mundial, Adams atravesó un cuadro depresivo que derivó en cambios notorios en su comportamiento, entre ellos un creciente aislamiento emocional y dificultades para alimentarse con normalidad.

El 11 de julio de 2026, apenas unos días después de la participación de Sudáfrica en la Copa del Mundo, la noticia de su muerte conmocionó al fútbol africano. Su historia quedó inconclusa cuando atravesaba el punto más alto de su carrera. Sin haber alcanzado todavía su techo futbolístico, Jayden dejó la imagen de un mediocampista que construyó su lugar a partir del trabajo, la constancia y el compromiso.

Aunque las circunstancias de su fallecimiento continúan sin ser esclarecidas oficialmente, su recorrido también dejó una reflexión que trasciende al deporte: detrás de cada camiseta hay una persona que convive con sus propias batallas, incluso cuando el resto solo alcanza a ver lo que ocurre dentro de una cancha.

De quedar libre en Independiente a cumplir el sueño de jugar un Mundial

Por Valentino Brunetti

José Manuel López nació en San Lorenzo, un pequeño pueblo correntino de apenas tres mil habitantes, ubicado a 80 kilómetros de la capital. Su infancia fue sencilla: su madre era ama de casa y su padre trabajaba en buques pesqueros, lo que lo mantenía más de un mes navegando entre los puertos de Ushuaia y Mar del Plata. Cuando José no quería estudiar, su madre lo sentaba con los cuadernos en la vereda para que aprendiera mientras veía a sus amigos correr detrás de la pelota. Para llegar a ser el jugador que es hoy, el delantero tuvo que superar varios obstáculos para hacerse un lugar en el fútbol profesional.

El oriundo de la provincia de Corrientes dio sus primeros pasos como futbolista a los siete años en el Club El Progreso y, pocos meses después, comenzó a jugar en el Club Atlético Saladas. Allí estuvo durante un año hasta que, a los ocho, llegó Boca Juniors, quien organizó una prueba en Corrientes y lo seleccionó. Le prometieron volver dos años más tarde para seguir su evolución, pero en ese lapso apareció Independiente, que lo reclutó para sus divisiones infantiles y se quedó con el futbolista. Cada dos semanas viajaba a Buenos Aires y pasaba allí diez días entrenando y jugando en la Liga Metropolitana, el segundo nivel de AFA. La familia apostó por su sueño y dejó todo en Corrientes y se mudó a La Plata, donde vivía una hermana de su madre. Desde allí, José viajaba todos los días hasta Villa Domínico, en auto cuando su padre podía llevarlo y en tren y colectivo cuando no, porque ni su mamá ni sus hermanos sabían manejar.

López hizo todas las divisiones juveniles en el Rojo, pero en Sexta División sufrió una dura lesión que lo llevó a pensar en dejar el fútbol durante un tiempo. “Tuve un problema que casi me hizo dejar el fútbol. Tenía una lesión en la cintura, en los huesos, que casi no me dejaba caminar. Pensé en dejar un tiempo, pero las ganas fueron más fuertes”, sostuvo en una entrevista con La Nación. Luego de que Independiente lo dejara libre, Lanús puso sus ojos en él. Lo contactó para realizar una prueba en 2017 y durante ese año jugó para la Quinta División del Granate. Casi sin tener minutos y sin ser considerado, el Flaco fue cedido a Colegiales de Tres Arroyos para disputar un torneo regional gracias a la buena relación entre los presidentes de ambos clubes. “Un amigo, Pablo Garate, era el presidente de Colegiales y me pidió un 9 fuerte para pelear el campeonato regional”, declaró Nicolás Russo, presidente de Lanús.

Allí, López salió campeón con el “Escolar” y además terminó como goleador. “Hoy es grandote, pero en ese momento era flaquito. Lo primero que se notó fue que jugaba muy bien al fútbol. No quiero decir que fuera blandito, pero en esta liga el roce es fuerte. Con el correr de los partidos se fue fortaleciendo, yendo cada vez más al frente y convirtiéndose en líder del equipo. Además, con él fuimos campeones y, por primera y única vez en la historia del club, jugamos el Regional Federal. Ya en Palmeiras volvió de visita a Tres Arroyos y seguía siendo el mismo pibe de siempre: tranquilo, humilde, un genio”, recordó Garate.

Tras ese gran paso, regresó al conjunto del sur, se asentó en la Reserva y tuvo su debut en Primera División el 3 de enero de 2021 en el empate 1-1 ante Patronato por la Fase Complementación de la Copa Diego Maradona. Desde ese momento comenzó a mejorar su rendimiento con buenas actuaciones y se ganó un lugar como titular en el equipo dirigido por Luis Zubeldía. Con 59 partidos, 22 goles y 5 asistencias, fue vendido en junio de 2022 al Palmeiras de Brasil.

Al principio le costó adaptarse, pero con el paso de los partidos fue mostrando una mejora en su juego. Su mejor momento comenzó en la temporada pasada y mantiene ese nivel hasta el día de hoy. Gracias a los 40 goles que convirtió con el conjunto paulista en el último año y medio, tuvo su gran recompensa: fue citado por Lionel Scaloni para disputar el Mundial con la Selección Argentina.

Después de haber quedado libre en Independiente y de tener que volver a empezar para ganarse un lugar, el Flaco López terminó cumpliendo el sueño que tuvo desde chico.