Home Blog Page 5

La Fan Fest el escenario de miles de argentinos para vivir el Argentina contra Inglaterra

Por Luana San Martín

15.00. La Fan Fest de Buenos Aires ubicada en la Plaza Seeber de Palermo es el escenario que mucha gente eligió el miércoles último para vivir el partido entre Argentina e Inglaterra. Mientras la cuenta regresiva se va acercando a su fin, la organización del lugar preparó una previa con música para todos los presentes de la mano de Cande Domínguez, quien fue la encargada de que los momentos previos se vivieran con menos estrés y ansiedad. 

Aunque todavía falta una hora para el encuentro, la gente va copando los espacios frente a la pantalla grande, algunos terminan de comer, ya que después ni una gota de agua les va a pasar. Muchos están desde muy temprano viviendo la previa y disfrutando de los carritos de comida y de los stands de juegos que ofrecía el lugar. 

15.30. Los jugadores terminaron la entrada en calor y entraron al vestuario. En la Fan Fest se puede ver de todo, niños y niñas con sus remeras y banderines, los más grandes empilchados de color celeste y blanco, familias enteras que vinieron para vivir este partido, que para todos es más que solo un partido.

Los minutos se van achicando y llegan los primeros cánticos en el evento: “El que no salta es un inglés”, se revolean banderas y algún que otro cartel con la cara de Messi y Diego. 

16.00. Suena el himno y la imagen que se vivió fue para encuadre, miles de argentinos gritando al unísono de los jugadores “¡OH JUREMOS CON GLORIA A MORIR!”, más de uno por dentro pensó: “Hoy ganamos”. El árbitro pitó el inicio y todos se quedaron mudos mirando la pantalla. 

17.09. Luego de un primer tiempo peleado entre ambos equipos, llegó el gol de Inglaterra de la mano de Anthony Gordon. El silencio se hizo presente. 

17.39. Luego de 6 oportunidades de gol, llegó el córner para Leo Messi, quien la jugó por el área y cuando parecía que Spence le iba a robar la pelota, el Diez le hizo un pase a un Enzo Fernández, los presentes alzaron la cabeza, Enzo que este estaba preparado para rematar desde fuera del área, remató con la derecha y le rompió el arco a Pickford.

“¡¡¡GOOOOOL!!!”, se gritó en todos lados, se desató la fiesta en la Fan Fest: abrazos, corridas desaforadas, unos hermanos que se abrazaron mientras saltaban, un gol que la gente necesitaba para revivir esa llama interior. 90 minutos y el partido está empatado.  Muchos se agarran la cabeza y esperan lo peor: los penales. 

El árbitro Ismail Elfath indicó 9 más y ya todos comenzaron a sentir revoltijos en la panza, un grupo de amigos se miró entre sí y dijeron: “Y bueno siempre nos toca sufrir”. 

17.46. Mac Allister remató al arco, pero pegó en el palo y los miles de argentinos que estaban ya saltando para gritar el gol se agarraron la cabeza lamentándose de que la pelota no entró. Sin embargo, la jugada no terminó ahí, la pelota cayó en el área inglesa y quién estaba ahí para cuidarla…si el Astro del fútbol, Lionel Andrés Messi, quien encaró dentro del área y metió un centro para quien nada más ni nadie menos que Lautaro el Toro Martínez con un cabezazo logre hacer el 2 a 1. 

Lo que sigue es una escena de película: un señor se tiró sobre sus rodillas al suelo y gritó GOL al unísono, un niño fue revoleado por los cielos, una niña en los hombros de su papá levantó la bandera bien alto, los amigos se abrazaron mientras gritaban desaforadamente.

Solo quedaban menos de 3 minutos, pero los argentinos, acostumbrados a lo inesperado del fútbol, no se permitieron relajar.

Los once jugadores vistiendo la camiseta azul, como en aquel enfrentamiento de la selección en el 86 dieron batalla hasta lo último. 

“¡Terminalo juez dale!”, gritaron varios. El árbitro no cantaba el final ya con el tiempo cumplido. Finalmente, a las 18.40 se escuchó el pitido final indicando que Argentina disputará una vez más una final del Mundo. 

La escena que se vivió a continuación fue la misma en la Fan Fest, en Atlanta y en los miles de lugares donde hay un argentino, una imagen conmovedora, los abrazos característicos, besos, sonrisas de oreja a oreja, todos saltaron y gritaron al compás “¡VAMOS DE NUEVO UNA FINAL!”. Más de 30.000 hinchas presenciaron el 2 a 1 frente a Inglaterra en el Fan Fest.

Un partido que sin dudas fue más que solo un partido. Fue revivir mientras pasaban los minutos aquellos encuentros del 66, del 86 y que más de uno recordó a los caídos de Malvinas. 

19.10. Cada uno de los presentes en el evento se retiró con una alegría inmensa y sintiéndose invencibles, porque si hay algo que este equipo demostró es que aún en los momentos más difíciles no abandonan, siguen para adelante, demuestran ser invencibles para cualquiera.

El domingo la Plaza Seeber será testigo por última vez de un partido de Argentina, pero no cualquiera, sino que de la final entre Argentina y España. Una vez más estará repleta de argentinos y argentinas con el sueño de ser bicampeones, con el sueño de la cuarta estrella y con el sueño de ver a Lionel Messi levantar una última vez la Copa del Mundo.

Estás para eso, viejo

Por Thiago N. Etchegaray

¿Quién dijo que ya estás hecho? “Ya está, ya está”, gritó Messi tras la consagración frente a Francia mientras buscaba a su familia en el palco del estadio Lusail. Tres años y medio después, cuando todos pensaron que fue el broche de oro perfecto para cerrar su historia, el cuento es otro: ya está nada. Aún restan capítulos por vivir. Sólo el tiempo le puede dar un cierre a una historia en la que el autor sigue luchando por escribir. Y ahí está, dándole batalla, poniendo su honor en juego para volver a ganarlo, jugando con el corazón en la mano y echando patria por los poros, plantado en una nueva final de la Copa del Mundo.

La subestimación lo acompañó en todo momento durante toda su carrera. Lo subestimaron los rivales y hasta de sus más fieles creyentes. Sí, porque quienes pensaron que por ser (probablemente) su último Mundial lo iba a jugar más relajado, con dos cambios menos, estaban equivocados. Cuando parte del mundo cree que no tiene nada más que dar, una y otra vez, Messi te recuerda que esta historia no acaba hasta que él diga basta. Se niega a partir y se aferra a su vigencia. Su hambre competitiva sigue intacta y su ambición parece ser interminable, aún más cuando defiende la camiseta celeste y blanca. 

En un audio dirigido a Messi que nunca se animó a enviarle y que se hizo público tras su fallecimiento, el pasado 5 de junio, el Indio Solari decía: “Dios y el diablo te dieron una destreza inimaginable”. Razón no le faltó. Mientras baila sus últimos tangos mundialistas con 39 años, el 10 lleva 8 goles y 4 asistencias en 7 partidos disputados. También rompió varios récords (como de costumbre) que reafirman su pericia: máximo goleador de los Mundiales con 21 festejos, máximo asistidor con 12 pases de gol, más partidos y minutos jugados; el único en haber convertido en todas las instancias y en haber marcado al menos un tanto en 9 partidos consecutivos. Incluso de los negativos: el jugador con más penales errados (3) en los Mundiales, marca que lo hace aún más humano. Además de seguir siendo el emblema clave en el juego de la Selección con 39 años (valga la redundancia). En fin, una bestialidad digna del mejor jugador de la historia del fútbol.

El capitán festejando la clasificación a la final del Mundial.

En Qatar se sacó la mochila más pesada que pudo llevar alguna vez un deportista y las ganas de levantar la copa más deseada de todas. Hoy, con la serenidad de no cargar con el peso de un país entero en su espalda, quiere alzarla de nuevo. El pibe de Rosario que nunca se rendía llegó a su tercera final del mundo y demostró que el que abandona no tiene premio. El desafío es contra el mismo, no le queda más nada por demostrar. 

Qué ironía del destino, así como muchas veces resulta divino, tantas otras es cruel: la final de la Copa del Mundo se disputará en el Metlife Stadium de Nueva Jersey, Nueva York. Sí, Messi volverá este 19 de julio al estadio donde, hace poco más de 10 años, se retiró de la Selección Argentina tras perder la final de la Copa América Centenario frente a Chile. Pero esa crueldad es caprichosa, porque después de tanto daño, parece empeñarse en ser justa. Hay ciclos que se deben cerrar. Y dónde mejor que en el escenario que marcó un punto de inflexión enorme en la carrera de Leo, acompañado de un equipo embanderado de gloria que lleva el juego en la sangre, convierte la adversidad en identidad y deja el alma en la cancha por su estandarte.

¿Y si el domingo es el último concierto? Festejemos, porque demostraste que tu excelencia es únicamente comparable con el tiempo. Porque atravesaste derrotas, llantos y desilusiones en tu camino hacia la cúspide del Olimpo, donde te mantenes y aún allí luchas por seguir agrandar el legado de tu leyenda. Porque todavía esta historia no está terminada. Quedan bellos milagros por ocurrir. No estás hecho. 

¿Y si el fútbol le debía dos? Te espera la final de la Copa del Mundo frente a España, el país que tanto anheló por tenerte vestido de rojo, pero al que rechazaste por defender los colores argentinos. Con la 10 en la espalda y la bandera en el hombro, con la yapa de campeón en el pecho, con fútbol para dar batalla y corazón para ganarla.

“¿Qué tal si ganas un campeonato del mundo más?”

Sí, estás para eso, viejo. Estás para eso.

La última de Leo: la alegría de jugar una final y la tristeza de saber que la historia se termina 

Por Serena Pettovello

Por Malvinas, por El Diego y por la última de Leo… 

El corazón se parte en dos. La vamos a disfrutar, por supuesto. Nada más lindo que ver a tu Selección jugar otra final por la copa del mundo. Y acá estamos, por jugarla. 

Llenos de orgullo, desbordados de pasión. Privilegiados de ver esos valores que tanto nos identifican reflejados en los 26 jugadores y el cuerpo técnico. Las cábalas. Las coincidencias que buscamos en todo. La emoción de verlos jugar, reír e incluso llorar. De escucharlos abrirse. De notar cómo se les corta la voz cuando hablan de su propia historia y también de la de su capitán. 

Pero hay algo que deja un gusto amargo en la boca, que provoca un nudo en la garganta. La última de Leo. Creo que lo más duro de las despedidas es que te obligan a aceptar que el paso del tiempo es inevitable. Uno nunca está preparado para decir adiós, incluso cuando sabe que el final está por llegar. Hay despedidas que desearíamos evitar a toda costa. Y la suya con la selección, es el claro ejemplo.Porque nos enfrenta a un debate inevitable de que, si llega la alegría por conseguir el objetivo, también lo hará la angustia de pensarlo ausente en una próxima Copa. 

Y es que somos muchos los que no conocemos un fútbol sin Messi. Los que crecimos viéndolo: en cada Mundial, en cada Copa América, en cada intento, siempre estaba ahí. Como una constante en un mundo que cambiaba todo el tiempo. Nos caímos muchas veces, claro que sí. Y ahí es cuando él va más allá. Porque nos enseñó a nunca dejar de soñar. A nunca dejar de intentarlo, incluso cuando muchos lo cuestionaban con crueldad y le daban la espalda.

Solo él sabe cuánto lo soñó. De niño, en Newell’s: “Mi sueño es jugar en la Selección Argentina”. En su adolescencia, en Barcelona: “Obviamente, ser campeón del Mundo”. Y también, solo él sabe cuánto lo sufrió: “Es increíble, pero no se me da. Son cuatro finales, no es para mí, lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba, pero no se me dio”. Pero decidió reponerse, levantar la cabeza y seguir. Cumplir su sueño y, en el camino, también cumplir el nuestro. 

Ya no podemos pedirle más, si nos dio absolutamente todo. Pero si existe algo parecido a la justicia en el fútbol, entonces Lionel Messi merece escribir un final que esté a la altura de la historia que pasó toda una vida construyendo.

Para los coleccionistas, con amor

Por Conrado Maguna Martorell

Los gritos de gol se coleccionan en la memoria de las cuerdas vocales de cada hincha. Se inmortalizan en el recuerdo de un pueblo, quedan flotando en el tejido social, como un gran cabeceador antes de que su parietal impacte a la pelota.

A su vez, tardes y noches como las de Atlanta y Buenos Aires, de oídos aturdidos y gargantas desgastadas, de tiempos que se saben únicos y que cuanto más lo son, más se escurren de las manos, pasan a la eternidad mediante la impresión, para el festejo de quienes no solo juntan goles, sino que también siguen comprando diarios, o los coleccionan.

Hace 40 años había sido “No llores por mí, Inglaterra” (El Gráfico), “Argentina dejó atrás a Inglaterra” (Clarín), “El fútbol le puso una sonrisa al país” (La Capital), “Maradona bombardeó a Inglaterra” (Panorama, de Venezuela), “Maradona derrotó a Inglaterra” (Marca, España), o “Maradona fue la diferencia” (La Afición, México).

Para las tapas enfocadas en la histórica jornada de Georgia, los medios vigentes tuvieron una oferta de imágenes que seguramente dificultaron su decisión: el festejo de los jugadores argentinos con la bandera de “Las Malvinas son argentinas”, Lionel Messi celebrando su tercer pase a una final del mundo, o Lautaro Martínez luego de medir su acrobacia y saltar.

No fue un reparto más, sin dudas. Los canillitas llevaron, durante la mañana del día después, páginas más que especiales de la vida moderna del periodismo argentino. Repartieron hojas que en décadas cobrarán un valor inconmensurable para cada archivo.

El Diario Olé, la principal edición deportiva, tituló “La Manija de Dios. ¡Argentina finalista!”, mientras la selección llevaba en alzas a su capitán. Fiel a su estilo creativo, jugó con la Mano de Dios, a cuatro décadas de aquel hito, con el mismo rival y color de camiseta.

En cuanto a las tiradas de información general, Página|12 escribió “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, tal como reza el tema adoptado por el combinado nacional, y que explotó en el cancionero popular al ritmo de “No me arrepiento de este amor” de Gilda. Messi de espaldas, Facundo Medina con pechera y esperándolo para encerrarlo en un abrazo y un grito eufórico, fue la imagen elegida.

Clarín siguió la línea de la presencia del máximo goleador de los mundiales en su tapa, aúpa de un Enzo Fernández que hacía el Topo Gigio. “Milagro con fútbol. Ahora por la cuarta”, aseguró. Y un detalle que no todos concretaron: un recuadro con la foto de los festejos del combinado con el trapo que se convirtió en leyenda cultural de un deporte riquísimo en folklore: “Bandera por Malvinas pese a la prohibición”, acompañó a la imagen.

Eso en referencia a la ridícula decisión de vetar del estadio todo tipo de tela que reclamara por las Islas. El gobierno libertario fue en contra de los intereses nacionales accediendo a la reglamentación en perjuicio de la soberanía y la construcción del sentir nacional. Las banderas no odian ni provocan: expresan, identifican, piden justicia, hacen patria y ponen en práctica la memoria, algo, paradójicamente, olvidado desde Balcarce 50.

Crónica no dejó pasar una de las celebraciones que pasó a ser de las más recordadas del fútbol argentino. Leo subido a los hombros del autor del primer tanto, “¡Plantó bandera!”, y la escena más famosa del post partido en la esquina inferior izquierda.

Diario Popular repitió la receta: Enzo y Leo. “¡Con fútbol y huevos vamos por la cuarta!” como título. La icónica bandera en el recuadro superior izquierdo y “Malvinas siempre estuvo”.

Perfil se animó a ir un poco más allá: “Barriletes cósmicos” fue la frase que recuperó aquella otra con la que Victor Hugo Morales le puso sonido al gol del siglo de Diego Armando Maradona (cabe destacar que el excelso relator no pudo narrar esta semifinal). Apuntando a lo colectivo, la imagen principal fueron jugadores como Lautaro, Julián Álvarez y Cristian Romero abrazados, mientras que Messi fue incluído en una foto pequeña lateral.

La diferencia la hizo sumando la noche del Obelisco a su tapa, subrayando que “fue el lugar de mucho más que un festejo”. También sumaron al plantel sosteniendo la bandera de la desobediencia: “Un recuerdo en clave política que trascendió al deporte”, fue el epígrafe.

Siguiendo el recorrido, La Nación sentenció “Finalistas heróicos”, con Messi sobre Fernández. Sin mención al archipiélago, pero sí al conflicto entre Estados Unidos – Irán.

Poca nación.

 

En cuanto a algunos regionales, La Capital de Mar del Plata comentó “Heroico”, cortito y al pie. La Capital de Rosario fue con “Argentina, a la final tras una histórica remontada frente a Inglaterra”. Enzo y la Pulga se llevaron todos los flashes. La Voz de Córdoba individualizó con Messi y la frase “¡A la final!”, mientras que El Ancasti de Catamarca mencionó explicitamente la guerra y tituló “¡Malvinazo y a la final!”.

Los diarios ingleses sufrieron la derrota, y llevaron ese sentimiento a sus portadas. The Sun se publicó con “Wonderbawl”, jugando con el tema “Wonderwall” de Oasis, y la traducción del verbo llorar a gritos. Harry Kane, Jude Bellingham y Jordan Pickford fueron los protagonistas elegidos para la venta, con gestos de tristeza y dolor. Un detalle: debajo del nombre del diario, dejaron sutilmente el mensaje “¡Vamos España!”.

The Mirror sentenció “Destrozados”, con Bellingham en cuclillas procesando las consecuencias del malón del equipo de Scaloni. “Humillados por Messi”, afirmó The Daily Star, mientras Leo saluda a Kane. The Daily Telegraph fue con “Se terminó el sueño mundialista de Inglaterra”; The Guardian colocó “Cambio y fuera”, con la particularidad de que no aparece ningún futbolista en toda la tapa, sino una imagen de sus hinchas en la tribuna del Mercedes Benz Stadium. Daily Express subrayó “La agonía de una espera interminable”, a 60 años del único campeonato mundial para su selección.

Repasando los diarios de España, próximo rival de Argentina, Marca tituló “La final más bonita del mundo”, sosteniéndose en la confirmación del duelo entre los vigentes consagrados del mundo y Europa. Mundo Deportivo, de Catalunya, aseguró “Final brutal”, con Messi como lógico protagonista de su tapa. Fue muy similar lo que hizo Sport, de la misma región: “¡De locos! Final contra Messi”, con el astro celebrando.

L’Equipe de Francia fue con “Los inmortales”, mientras que el rosarino se encargó de llenar la portada de magia. La Gazzetta dello Sport, de Italia, quebró con la monotonía del capitán, y Lautaro Martínez se llevó la tapa del diario deportivo más importante de ese país: “Lautaro de Dios”, mientras el delantero gritaba el gol que hizo con la testa.

Enzo Fernández: el gol a Inglaterra con una asistencia especial 

Por Juana Lusin Santafé

“Hacé lo que vos quieras, Lionel. Pero por favor pensá en quedarte”. Eso escribió un chico de 15 años en 2016, cuando Lionel Messi anunció que iba a dejar la Selección Argentina tras perder la final de la Copa América ante Chile. Ese chico era Enzo Jeremías Fernández. Lo que no se imaginaba en ese momento era que, apenas seis años después, compartiría la cancha con el jugador al que le suplicaba que no se fuera y levantaría junto a él la Copa del Mundo. Y menos que, una década más tarde, sería el propio Messi quien le daría el pase previo a uno de los goles que volvería a clasificar a la Argentina a una final mundialista. 

Y no fue en cualquier partido. Fue en uno de esos encuentros en los que la camiseta carga con recuerdos, emociones e historias que ninguna generación termina de soltar. En los que cada gol encuentra un significado que va mucho más allá del resultado: Argentina vs Inglaterra. El partido estuvo a la altura de todo lo que representaba. Cerrado, friccionado, de esos en los que cada pelota parecía valer un poco más. Hasta que, a los 55 minutos, llegó el gol de Anthony Gordon para poner en ventaja a los ingleses. 

El reloj no se detenía. Argentina insistía, pero el empate no llegaba. Los minutos pasaban y el resultado seguía a favor de Inglaterra. Hasta que el cronómetro marcó los 84. Messi encontró a Enzo Fernández unos metros afuera del área y el mediocampista sacó un derechazo cruzado. De esos que los abuelos le cuentan a sus nietos años más tarde.  

El empate hizo mucho más que cambiar el marcador: premió la insistencia de un equipo que nunca dejó de buscar. 

Los goles de la victoria son los que suelen quedarse con las portadas. Pero pocas veces se habla de los que llegan cuando el tiempo empieza a jugar su propio partido. Porque hay goles que no aseguran una

clasificación, pero sí hacen posible soñar con que exista. El de Enzo pertenece a esa categoría. Fue el punto de inflexión de una semifinal que parecía necesitar un golpe para cambiar de rumbo. 

Y también fue una respuesta. Durante sus últimos partidos, las comparaciones con el Fernández de Qatar 2022 se hicieron inevitables. Su rendimiento quedó bajo la lupa esperando volver a ver a aquel mediocampista que irrumpió con apenas 21 años. Y frente a Inglaterra volvió a aparecer. 

Además, como si la noche ya no tuviera suficientes guiños, Enzo eligió jugar esta semifinal con los mismos botines dorados que lo acompañaron en la conquista de Qatar 2022. No explican un gol ni cambian un partido, pero sí cuentan una historia: la de un jugador que volvió a confiar en aquello que alguna vez lo llevó a tocar el cielo; y que respondió para clasificar a una final del Mundo en el mismo estadio en el que años atrás, el 10 anunciaba su retiro. 

A veces el fútbol tiene esas historias que parecen imposibles de escribir. Un chico que le escribía a Messi desde la admiración terminó compartiendo sus sueños dentro de una cancha. Un jugador que alguna vez pidió que no se fuera terminó recibiendo de él la pelota que cambió el destino de una semifinal. Porque diez años después de aquel pedido, Messi seguía ahí. Y Enzo también. Ya no como un hincha espectador, sino como uno de los protagonistas. 

Hay cosas que parecen escritas por el destino mucho antes de que sucedan. 

No hay victoria futbolística que represente más a la patria

Por Julieta Landriel Esquivel

No era solo fútbol. Lo sabían los jugadores, el cuerpo técnico, y toda la hinchada argentina desde cada rincón del mundo. Lo supo Diego Armando Maradona antes y después de hacer dos goles en los cuartos de final del Mundial de México 1986. Y lo dejaron en claro el miércoles los ciudadanos de Buenos Aires, cuando desde el pitazo final hasta varias horas después, colmaron el Obelisco como si hubiesen salido campeones. Como si después de ganarle a Inglaterra no existiera nada más.

Caminar por la Avenida Corrientes en su única dirección el 16 de julio de 2026, equivalió a todas las metáforas relacionadas con la felicidad. Cortada desde Ayacucho, La calle que nunca duerme estaba más peatonal que nunca. Empezar a ver el Obelisco a lo lejos, generaba lo mismo que la Playa Varese, en Mar del Plata, cuando deja de ascender Colón y todos sacan los celulares para grabar la aparición de la costa. Despertaba el sentido de pertenencia por la bandera nacional, que efectivamente aviva en la época de Mundiales. Y más todavía con esta Selección.

Al llegar a la intersección con Libertad, las rejas que cortaban la calle no frenaron a la gente, la desviaron. Los que caminaban del lado derecho, rodeaban la manzana por la esquina de la hamburguesería El Desembarco. Y los de enfrente, por la de Chicken Chill, para terminar ambos en la 9 de Julio. El mapa de ruta no era la masa de gente caminando, si no aquel “Shhh” más fuerte que los bombos. Ese que pide un minuto de silencio para el país derrotado. Esta vez por los goles agónicos de Enzo Fernández (que de haber sido un minuto después, entraba en el 86’) y Lautaro Martínez, contra uno de Anthony Gordon.

El humo de las parrillas secaba los ojos y opacaba la visión. Igual que afuera de una cancha en la previa de los partidos de Liga. No solo había choripán, vendían hasta vacío, con una variedad de salsas y aderezos que sorprendía. Y entre toda la multitud de camisetas, resaltaban las de San Martín, Deportivo Madryn, Unión, Quilmes, la del Comité Olímpico y otras de deportes diversos. Incluso una versión en fucsia de la remera titular de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino).

Tres metros de altura por encima del piso, hasta había más movimiento. Una mujer sentada en el cartel nomenclador de Corrientes y Cerrito. Personas colgadas en los postes de luz, que a excepción de los que llegaron temprano y los vieron trepar, nadie entiende cómo subieron. La publicidad de McDonald’s, con un único mensaje: “Finaaaaaaaal”. Silbidos agudos por las cañitas voladoras. La pantalla LED de información vial, que después de cada partido le agradecía a la Selección, y ahora pudo finalmente poner “Argentina a la final”. Como el 13 de diciembre de 2022.

“Me parece bien el cambio porque contra Suiza no tuvo un buen partido”, debatía un padre con su hija sobre la salida de Rodrigo De Paul del equipo titular y el ingreso de Giuliano Simeone. Ya con la tranquilidad de haber ganado. “Yo congelé al arquero de ellos”, contaba una chica con su grupo de amigas. “Quedó un vino en tu casa, deberíamos haberlo traído”, decían otros al pasar, pensando en que probablemente se quedarían horas ahí. Y mientras, derretían el borde de media botella de Cola Cola cortada. Aunque la mayoría llegaba con ese vaso ya hecho. Todo musicalizado tanto por la gente (que entonaban que “España tiene miedo”, que “el que no salta es un inglés”, y que hay que ganar “por Malvinas, por el Diego, y por la última de Leo”), como por los parlantes (que hacían sonar “El pibe cantina”, “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar”, y “La cumbia de los Trapos”, entre otras).

Alrededor del monumento histórico, también enrejado, todos esperaban para poder subir. Estaba iluminado de celeste y blanco. Y de unas letras proyectadas que aparecían y desaparecían e incitaban a la gente a saltar (como la canción manda). Con esa vista, difícil de redireccionar por la llamativa casaca de un hincha de Deportivo Morón, se escuchaba el Himno Nacional Argentino. Cantado como un grito de guerra por los 26 futbolistas en Atlanta antes del partido, y como un desahogo durante los festejos.

Y cuando los que aparecieron primero se estaban yendo, para dar paso a los que viven lejos y recién llegaban a las 21, una nube fugaz rebalsó de lluvia, en movimiento hacia la gran multitud. Nunca fue tan lindo dejarse empapar. Dio pie a otra canción, que no hace falta citar. Y nadie se tapa ni se va. El único que se preocupa es Claudio Pampillón, un artista callejero que dibujaba en el suelo al Barrilete Cósmico con un casco de guerra, y con tiza escribía que “ojalá fuera solo fútbol”.

En la entrada del Hotel Ibis, varios extranjeros bajaron a mirar. “Los argentinos están locos”, dijo uno en forma de halago. Y saltaron cuando un grupo de argentinos los incentivó. A un par de metros un grupito de nenes levantaba un cartel que ofrecía pintar la cara a precio voluntad. En el éxtasis del momento, muchos se detenían a poner su aporte y dejarse manchar la cara de celeste y blanco. 

Unos pasos más adelante (a la altura del Colegio Público de la Abogacía de la Capital), una familia sostenía una bandera que no podía faltar: “Para el Perú, las Malvinas siempre serán argentinas”. Disfrutaban como todos, y sonreían para cada foto que les sacaban al pasar. Casi lo mismo decía el trapo que estiró Giovani Lo Celso en el césped del Mercedes-Benz Stadium. Y aunque la FIFA había advertido a los hinchas que si entraban con cualquier tipo de simbolización o mensaje sobre aquella guerra, no podrían ingresar, el dolor de un país decidió saltarse la regla.

El deporte a fin de cuentas, trasciende cualquier religión, ideología, o cuadro de fútbol. Y lo que afuera del territorio confunden con vanidad, la gente grita que es orgullo de haber nacido en Argentina. 

Las amenazas a Campaz reavivan el recuerdo de Andrés Escobar 

Por Valentín Mazzini

Jáminton Campaz recibió fuertes amenazas luego de la eliminación de Colombia ante Suiza por los Octavos de final del Mundial 2026 y esto volvió a encender una alarma en el fútbol colombiano. Luego de fallar una ocasión clara en los últimos minutos del tiempo extra, Campaz recibió varios mensajes en los que amenazaban de muerte a él y a su familia, especialmente a su hija de cinco años. El atacante no regresó a Colombia con el resto del equipo y partirá directamente a Argentina, país en el que desarrolla su carrera profesional, bajo medidas de seguridad . 

La Federación Colombiana de Fútbol emitió un comunicado en el que condena los ataques hacia el futbolista y su familia, y además solicitó a las autoridades una investigación para dar con los responsables. Este episodio inevitablemente trajo a la memoria uno de los capítulos más trágicos de la historia del deporte: el asesinato de Andrés Escobar. Aunque estén separadas por más de tres décadas, y en contextos muy diferentes, ambas historias tienen un punto en común: un error dentro de la cancha que derivó en amenazas de muerte. La gran diferencia es que Andrés Escobar volvió a Colombia y lo asesinaron en su propio país.

Escobar era uno de los referentes de la selección colombiana que había llegado al Mundial de Estados Unidos 1994 como una de las favoritas tras una gran actuación en eliminatorias que quedó invicta y líder del Grupo A. Sin embargo, el 22 de junio de ese año, en el segundo partido del Mundial frente a Estados Unidos, el defensor colombiano intentó despejar un centro de John Harkes y terminó convirtiendo un gol en contra. El tanto abrió el marcador en la derrota 2-1 que dejó a Colombia al borde de la eliminación, debido a que el primer partido lo había perdido. Luego ganó el próximo encuentro frente a Suiza pero no le alcanzó para clasificarse y toda la esperanza del pueblo colombiano se desvaneció.

Tras el Mundial, Escobar regresó a Medellín. En la madrugada del 2 de julio de 1994 fue asesinado de seis disparos al salir de un restaurante. La justicia condenó al autor del crimen, Humberto Muñoz Castro, y la investigación vinculó el homicidio con el entorno del narcotráfico y las pérdidas económicas que había generado la eliminación tempranera de Colombia en apuestas ilegales.

Treinta y dos años después, el fútbol colombiano vuelve a enfrentarse a un suceso similar pero con la diferencia de que Jáminton Campaz no volverá a su país por el momento y también recibió el respaldo de la Federación Colombiana de Fútbol. El episodio abrió una herida que parecía imposible de olvidar, el recuerdo de Andrés Escobar sigue siendo una muestra de hasta dónde puede llegar la violencia por un simple error deportivo en un juego de 90 minutos.

Alfredo Di Stéfano: la “Saeta Rubia” que marcó un antes y después en el fútbol

Por Emanuel Soste

Alfredo Di Stéfano, aquel futbolista que trascendió generaciones a través de su juego y cautivó con su fútbol, es considerado por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) como uno de los mejores jugadores del siglo XX, junto a Diego Maradona, Pelé y Johan Cruyff. De hecho, Di Stéfano es el único que posee el Súper Balón de Oro al ganar la votación frente a otros dos cracks como lo fueron Cruyff y Platini en 1989. Además, consiguió dos Balones de Oro en 1957 y 1959, siendo la figura principal del Real Madrid.

Entre 1940 y 1943 jugó junto a su hermano Tulio en el Club Social y Deportivo Unión Progresista, hasta que recibió un telegrama citándolo para una prueba con River Plate. Fue así como en 1944 recaló en las categorías inferiores del club, donde permaneció hasta que disputó su primer encuentro el 15 de julio de 1945 frente a Huracán. Al no tener rodaje con el conjunto de Núñez, fue cedido al “Globo” en 1946.

Con el equipo de Parque Patricios empezó a mostrar todo su potencial, ya que disputó 25 partidos y convirtió 10 goles. Los tantos más recordados de su paso por Huracán fueron cuando anotó un doblete para la victoria 3 a 2 en el clásico contra San Lorenzo, por la fecha 6 del campeonato en El Gasómetro. Otro gol importante que marcó fue contra River Plate a los 10 segundos de juego por la fecha 12 del campeonato. Tras este rendimiento, el “Millonario” no dudó en traerlo de regreso.

En 1947 fue su despegue definitivo, ya que jugó 32 partidos y marcó 28 goles. Además, se consagró campeón del torneo siendo el máximo artillero. También se coronó campeón de la Copa Aldao, en la que le convirtió un gol a Nacional de Uruguay en la ida. Este fue el último título de la “Saeta Rubia” con el elenco riverplatense, club en el que permaneció hasta 1949.

La actuación más destacada de Di Stéfano en los Superclásicos fue en un torneo benéfico organizado por la Fundación Eva Perón en 1948, cuando anotó un hat-trick en el partido en que River goleó 5-1 a Boca. Otra proeza del nacido en el barrio de Barracas fue en 1949, ya que tuvo que atajar debido a que Amadeo Carrizo se había lesionado. El encuentro terminó 1-0 a favor de River y Carrizo, en una entrevista, lo recordó de la siguiente manera: “Estuve siete u ocho minutos fuera. Y entró Alfredo a la portería y lo hizo bien, eh. Hasta de arquero era bueno”.

Con la selección argentina tuvo un paso breve pero excepcional, debido a que disputó seis partidos y marcó seis goles, con un promedio de un tanto por partido. Además, ganó con la “Albiceleste” la Copa América de 1947, siendo este su único título con el seleccionado.

En 1949 emigró hacia Colombia para jugar en Millonarios donde, junto a figuras como Adolfo Pedernera, Néstor Rossi, Antonio Báez y Julio Cozzi, conformó uno de los mejores equipos del continente durante esa época, el cual fue bautizado por los periodistas colombianos como el “Ballet Azul”. Con el conjunto “Albiazul” consiguió los campeonatos de 1949, 1950, 1951 y 1952, la Copa Colombia en 1953 y la Pequeña Copa del Mundo de Clubes en ese mismo año.

En 1953 sucedió uno de los hechos que quedarían marcados en la historia del fútbol. Tras su estupendo rendimiento con el elenco colombiano, Barcelona intentó ficharlo logrando un acuerdo con su anterior club, River, que era el dueño de los derechos federativos. El equipo catalán, para asegurarse la contratación del jugador, hizo un primer pago a River, por lo que el jugador incluso llegó a viajar a la Ciudad Condal, entrenar y disputar amistosos con el equipo azulgrana.

Sin embargo, otro club español gigante como lo es el Real Madrid también quería incorporarlo, así que negoció con Millonarios. Esta dualidad de contratos provocó que la FIFA interviniera en el caso y dictaminó que Di Stéfano debía jugar temporadas alternas en ambos clubes, empezando con el equipo “Merengue”. Esto generó el descontento de la directiva del Barcelona, por lo que decidió renunciar a la contratación del astro argentino.

De ser jugador blaugrana pasó a convertirse en una gloria del Real Madrid. Con los “Blancos” jugó desde 1953 hasta 1964 y obtuvo 18 títulos. Los logros fueron: ocho Ligas españolas, cinco Copas de Europa (actual UEFA Champions League), una Copa Intercontinental, dos Copas Latinas y una Copa de España (anteriormente Copa del Generalísimo).

Durante sus 11 temporadas en el club, “La Saeta Rubia” disputó 510 partidos oficiales y marcó 418 goles, transformando al equipo en una potencia mundial. Debido a los grandes éxitos del conjunto madrileño por aquellos años, el equipo era llamado el “Madrid de Di Stéfano”. Algunos de los integrantes más conocidos y emblemáticos de dicha etapa fueron también el húngaro Ferenc Puskás, el hispano-argentino Héctor Rial, el español Paco Gento y el francés Raymond Kopa, entre otros.

Tras su exitoso paso por el Real Madrid, Di Stéfano jugó dos temporadas en el Real Club Deportivo Español de Barcelona, para retirarse el 3 de abril de 1966, fecha en que disputó su último partido como profesional. Actualmente es el séptimo jugador más veterano en disputar un encuentro del campeonato de liga de España.

Después de su retiro, Alfredo comenzaría su carrera de director técnico en 1967, y el primer equipo que dirigió fue el Elche Club de Fútbol. En 1969 asumió como entrenador de Boca Juniors, algo impensado debido a su pasado en River Plate. Con el elenco boquense logró dos títulos: la Copa Argentina de 1969 y el Nacional del mismo año, en el que el “Xeneize” dio la vuelta olímpica frente a su eterno rival en el Monumental. Luego de su gran paso por Boca, dirigió al Valencia y consiguió dos títulos más para su palmarés como DT. Además, en 1987 logró devolver al club a la máxima categoría del fútbol español. En 1981 volvió a River y se coronó en el Torneo Nacional con Mario Kempes como figura del equipo.

“La Saeta Rubia” es el único técnico en la historia en ser campeón con Boca Juniors y River Plate. El último título que consiguió fue la Supercopa de España 1990 con el Real Madrid.

El 5 de noviembre de 2000 fue nombrado Presidente de Honor del Real Madrid y, como tal, unos días después recogió, representando a la entidad, el trofeo al Mejor Club del siglo XX otorgado por la FIFA en una ceremonia celebrada en Roma.

El 4 de julio se cumplieron 100 años de su nacimiento y el 7 del mismo mes, 88 años de su fallecimiento. Alfredo Di Stéfano no solo llenó las vitrinas de trofeos; transformó la historia de un club y el destino de un deporte. Decir “La Saeta Rubia” es invocar una era donde el fútbol aprendió a ser moderno, dinámico y global. Cuando se retiró de las canchas no dejó un vacío, sino un listón tan alto que se convirtió en leyenda. Di Stéfano no pertenece al pasado; vive en cada rincón del Santiago Bernabéu. Su legado para el fútbol fue, es y será eterno.

El Toro, aquellos primeros botines y la emoción del gol que soñó de niño

Por Thiago Maison, Federico Pardo y Casandra Acuña 

De no convertir goles en Qatar 2022 tras llegar entre algodones por una dolencia en el tobillo, a sentenciar la clasificación de la Selección argentina en el Mundial 2026 en un partido ante Inglaterra que iba más allá de los límites del campo de juego. 

Al igual que en aquella justa en el continente asiático, el Toro comenzó la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá con la titularidad en el bolsillo pero, una vez más, las críticas y dudas aparecieron tras algunos partidos sin un rendimiento óptimo según el ojo del hincha argentino. 

Allí, Julián Alvarez comenzó a ganar terreno en la consideración del cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni, aunque tampoco presentaba un desempeño excepcional, por lo que, luego de especulaciones, se adueñó del puesto de centrodelantero en el once titular hasta los octavos de final contra Egipto. 

De todas formas, el Toro comenzó a dar indicios de retorno a su nivel original cada vez que ingresó desde el banco de suplentes -ante los africanos y Suiza-. Su pivoteo característico aparecía y su empuje decía presente.

La humildad siempre primó en el bahiense. La paciencia y la resiliencia también. Porque un buen argentino sabe que, a pesar de que todos crean que está hundido, las buenas llegarán con el correr del tiempo. Y Martínez lo entendió a la perfección. 

Del Club Liniers para el mundo, sin escalas. Un nueve de élite que se construyó a base de derribar las falacias que lo rodeaban y es uno de los máximos goleadores de la gloriosa era Scaloni en la Albiceleste. Y, por si quedaban dudas, revalidó su estatus de tal con un tanto que permitió que Argentina le robara el tesoro a los piratas. 

Porque cuando parecía que el encuentro se iba al alargue, cuando el tiro de Alexis Mac Allister pegó en el palo, apareció Lautaro Martínez para sellar la clasificación definitiva hacia la final de la Copa del Mundo. Atacó el espacio con precisión y cabeceó la pelota tras un centro de Lionel Messi para anotar un gol que premió la insistencia de Argentina, que había arrinconado a Inglaterra en los minutos previos. 

Más que un tanto ganador. Más que casi cualquier cosa que alguien pueda siquiera imaginar. Sencillamente la pincelada final que necesitaba la Scaloneta para decirle al mundo que está más vigente que nunca. Y esta vez con un personaje que siempre miró el cielo desde el suelo y no arriba.

Sin embargo, con ese gol heroico, el Toro pudo finalmente subir el escalón que lo había hecho tropezar en 2022. Pero aún resta el duelo decisivo ante España en Nueva Jersey. Allí, Lautaro tendrá la posibilidad de finalizar en lo más alto su proceso de redención y, por qué no, de opacar una nueva catarata de críticas que esta vez llega a sus oídos desde la península ibérica. 

En su declaración post partido recordó a su familia, a su mamá, su papá, sus hijos y tampoco se olvidó de Racing, el club que lo vio crecer y con el que llegó a primera división: “Para mi vieja que el día que yo me fui a Racing jamás dejó de tender mi cama y eso para mí vale más que un gol, que una final”. El Toro nos recordó la importancia de recordar de dónde uno viene, no olvidarse de las raíces, el sentido de pertenencia y cerró: “Mis dos hijos me han cambiado la vida desde que han llegado, mi hija me hizo bajar un cambio, mi hijo tres cambios, disfruto de todo esto y hoy soy un hombre, disfruto de la vida”. 

Un camino lleno de sacrificios, esfuerzo e incluso pozos que pretendían ver caer en ellos a Lautaro en su afán de llegar a lo más alto del fútbol mundial. Pero él jamás se rindió. Se inspiró en los suyos. Y especialmente en su madre, que a pesar de estar lejos de él jamás dejó de tenderle la cama, lo que aseguró que eso significa mucho más que cualquier título. 

Concretó la parte final de un capítulo histórico en la memoria colectiva. Y quizás aún le quede algo por contar en la final de la Copa del Mundo, para retirar definitivamente esa espina que lo tuvo a maltraer durante cuatro largos años. Por qué no soñar, si aquel pibe bahiense que jugaba al fútbol siempre imaginó ese momento prácticamente utópico. Por qué no, si Lautaro Martínez es experto en derribar gigantes y demostrar de qué está hecho.

MetLife Stadium: del retiro de Messi de la Selección a disputar una nueva final del Mundo

Por Gerónimo Micheltorena

“Se terminó para mí la Selección. Ya son cuatro finales, no es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba, no se dio, pero creo que ya está”, anunciaba Lionel Messi su retiro de la selección argentina en 2016, luego de perder la final de la Copa América contra Chile en la tanda de penales por 4 a 2, en el estadio MetLife Stadium de Nueva Jersey.

Diez años después, el destino lo ubica en el mismo estadio, pero esta vez para disputar una nueva final del mundo por tercera vez en su carrera. Todos los argentinos sueñan con verlo levantar nuevamente la copa y será especial si lo consigue en ese escenario, donde parecía que sus frustraciones deportivas lo iban a alejar definitivamente de la Albiceleste.

Hace 64 años que no se conoce a un bicampeón del mundo. El último en hacerlo fue Brasil en Suecia 1958 y Chile 1962. Argentina este domingo a las 16 puede romper esa sequía si vence nada más ni nada menos que a España, una selección que junta juventud con experiencia al estilo argentino en 2022. Esta final reemplazará la tan ansiada Finalissima, torneo que enfrenta al ganador de la Copa América con el ganador de la Eurocopa, que se debió haber disputado previo al Mundial 2026 pero no se llevó a cabo debido a las diferencias entre la AFA y la Federación Española para definir la fecha y sede.

Imaginemos esto: Messi entrando a la cancha, la pelota rueda por el verde césped en el MetLife Stadium. Por un momento, Lionel recuerda lo vivido en aquel entonces en 2016, sus palabras y esa final tan maldita que lo desgastó anímicamente y logra que todo eso sea su motivación para encaminar nuevamente a una selección argentina a ser campeona del mundo, y que en los festejos se termine cantando lo que acompañó todo el torneo: “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo…”. Soñemos que para eso estamos, viejo.