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Lucas Lamella, el más joven del Clausura 2026

Por Juan Cruz Singh Sigel

Lucas Lamella tenía 16 años cuando recibió la noticia que cualquier juvenil sueña con escuchar: iba a debutar en Primera. El defensor de Gimnasia y Esgrima La Plata ingresó ante Aldosivi por el Clausura 2026 y, con 16 años, 7 meses y 22 días, se convirtió en el jugador más joven en debutar con la camiseta del Lobo en la era profesional. Un récord que llegó después de un recorrido acelerado por las distintas categorías del club.

El salto fue rápido. Lamella, nacido en 2009, terminó el año pasado y comenzó el 2026 jugando en la Séptima del club y tras un breve lapso de tiempo en esta categoría fue subido a entrenar con reserva por Ariel “El pata” Pereyra antes que este agarrara la dirección del plantel de Primera. Su aparición no fue producto de un único partido: detrás hubo entrenamientos, adaptación a nuevas exigencias y la convivencia con futbolistas que hasta poco tiempo antes veía desde otra categoría.

Se encuentra en el Lobo desde las infantiles, es defensor central diestro, pero sabe usar ambas piernas y maneja la salida con un gran nivel, pudiendo jugar como segundo marcador central. De 1,90 de altura, su madurez y su fisionomía hacen dudar de su edad. 

Va bien de cabeza y es muy aguerrido, pero contribuye más a la defensa que al ataque.

Dicho por él mismo, le gusta hacer las cosas simples y lo que le pidan sus técnicos.

El debut llegó el 2 de agosto, cuando Gimnasia visitó a Aldosivi. Con el encuentro en sus postrimerías, Lamella ingresó para disputar sus primeros minutos oficiales en Primera. Con apenas 16 años, dejó atrás la etapa de formación y pasó a formar parte del plantel profesional.

Pero el salto no termina cuando el juvenil pisa por primera vez una cancha de Primera. El cambio también implica acostumbrarse a otro ritmo de entrenamiento, a nuevas responsabilidades y a compartir diariamente un vestuario con jugadores de mayor experiencia. En ese proceso, el grupo puede convertirse en una parte fundamental de la adaptación.

“Desde que subí a Primera me sentí muy cómodo, me adapté rápido al grupo y gracias a ellos estoy con mucha tranquilidad. Eso se debe al grupo que hay”, explicó Lamella después de sus primeros pasos con el plantel profesional.

La tranquilidad que menciona el defensor aparece como uno de los aspectos centrales de su experiencia. A los 16 años, la exposición que acompaña a un debut profesional puede ser tan novedosa como la propia competición . Pasar de jugar con futbolistas de la misma edad a entrenarse y competir junto a profesionales supone un cambio deportivo, pero también personal.

En Gimnasia, Lamella ya había comenzado a atravesar ese proceso antes de su estreno. A principios de año se incorporó a Reserva, donde empezó a enfrentarse a jugadores con mayor desarrollo físico y experiencia. Ese período funcionó como un puente entre las divisiones juveniles y la Primera, hasta que llegó la oportunidad de dar el último paso.

Su aparición también se produjo en un contexto en el que los clubes necesitan recurrir cada vez más a sus inferiores. La formación de un futbolista no consiste solamente en prepararlo técnicamente. También implica acompañarlo en el proceso de adquirir herramientas para manejar exigencias mayores y una exposición que, en algunos casos, llega antes de lo esperado.

Lamella todavía tiene mucho camino por recorrer. El récord de ser el debutante más joven de la historia profesional de Gimnasia ya quedó registrado, pero su carrera recién comienza. Por ahora, el defensor disfruta de una experiencia que hasta hace poco parecía lejana y encuentra en sus compañeros una parte importante de esa adaptación.

“Estoy orgulloso de llevar este escudo en el corazón y voy a seguir luchando para defender esta camiseta”, aseguró Lamella.

A los 16 años, el juvenil ya tiene un récord y sus primeros minutos en Primera. Ahora comienza otra etapa: demostrar, con tiempo y trabajo, qué puede construir después de haber llegado tan temprano.

Cuando la IA se convierte en confidente: los riesgos de hablar de salud mental con un chatbot

Por Federico Oliver

Los casos de dos adolescentes estadounidenses que murieron tras mantener extensas conversaciones con sistemas de inteligencia artificial abrieron un debate sobre los límites de estas tecnologías. Entre la compañía permanente, la validación y la ausencia de un criterio clínico, especialistas y familias cuestionan qué ocurre cuando un chatbot ocupa el lugar de una red de contención.

Una conversación que empezó como compañía

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Se utiliza para estudiar, buscar información, resolver dudas y mantener conversaciones. Pero, para algunos jóvenes, el vínculo con un chatbot puede ir mucho más allá.

El problema aparece cuando una herramienta diseñada para conversar comienza a ocupar el lugar de un amigo, un familiar o incluso un profesional de la salud mental.

Dos casos judiciales en Estados Unidos llevaron esta discusión al centro de la escena: el de Sewell Setzer III, de 14 años, y el de Adam Raine, de 16. En ambos, las familias sostienen que el vínculo de los adolescentes con sistemas de inteligencia artificial tuvo un papel relevante durante períodos de profundo deterioro emocional.

Sewell Setzer III: cuando el chatbot dejó de ser un juego

Sewell Setzer III tenía 14 años y vivía en Orlando, Florida. Según el material presentado por su familia, había comenzado a retraerse socialmente y pasó cada vez más tiempo conversando con un chatbot de Character.AI que él mismo había configurado para interpretar a Daenerys Targaryen, personaje de Game of Thrones.

La relación virtual adquirió una dimensión emocional. El adolescente comenzó a considerar al chatbot como un espacio en el que podía sentirse comprendido y acompañado. Según los documentos vinculados al caso, llegó a describir esa conversación como un refugio frente a un mundo real en el que se sentía incomprendido.

La familia sostiene que la plataforma no logró detectar adecuadamente el deterioro emocional del adolescente y que el vínculo con el chatbot terminó profundizando su aislamiento.

Tras la muerte de Sewell, su madre, Megan García, presentó una demanda civil contra Character.AI. El caso puso en discusión una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de una empresa cuando su tecnología establece vínculos emocionales con un menor vulnerable?

Adam Raine y el límite de los sistemas de seguridad

Un año después, otro caso volvió a poner el foco sobre la relación entre adolescentes y chatbots. Adam Raine, de 16 años, utilizaba inicialmente ChatGPT para realizar consultas vinculadas con sus tareas escolares. De acuerdo con la demanda presentada por sus padres, Matt y Maria Raine, la relación con el sistema fue cambiando hasta convertirse en un espacio donde el adolescente expresaba pensamientos vinculados con su depresión y sus pensamientos suicidas.

La familia sostiene que el joven logró evadir algunas de las restricciones de seguridad del sistema y que, durante esas conversaciones, recibió respuestas que no deberían haber sido proporcionadas.

OpenAI, por su parte, expresó sus condolencias a la familia, pero cuestionó la interpretación presentada por los demandantes y sostuvo que las capturas incorporadas al expediente eran selectivas. La empresa también señaló que sus sistemas cuentan con mecanismos destinados a impedir que ChatGPT proporcione asistencia relacionada con autolesiones.

El conflicto, que llegó a los tribunales de California, plantea otra pregunta fundamental: ¿puede una inteligencia artificial reconocer una situación de crisis con la misma capacidad que una persona entrenada para hacerlo?

 

El problema de confundir sentirse escuchado con estar acompañado

Una de las características que hace atractivos a los chatbots también puede convertirse en un riesgo: están disponibles permanentemente y pueden responder de manera inmediata, sin cansancio y sin juzgar.

Para una persona que atraviesa un momento de vulnerabilidad, esa disponibilidad puede generar la sensación de haber encontrado un espacio seguro. Pero una conversación fluida no significa que exista comprensión humana ni criterio clínico.

El material recopilado para esta nota señala que más del 60% de los jóvenes que recurren a un chatbot para obtener consejos relacionados con su salud mental no le cuentan a ningún adulto, familiar o profesional que están utilizando esa herramienta.

Ese dato introduce uno de los principales problemas de esta relación: el chatbot puede convertirse en una ayuda completamente invisible para el entorno del adolescente.

La familia, los amigos y los profesionales pueden no saber que existe esa conversación. Mientras tanto, el joven puede ir reemplazando progresivamente sus vínculos reales por una interacción disponible las 24 horas.

Cuando la IA confirma en lugar de cuestionar

Otro concepto que aparece en esta discusión es el sesgo de confirmación: la tendencia de las personas a buscar o interpretar información de manera que refuerce aquello que ya creen.

 

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En una persona emocionalmente vulnerable, este mecanismo puede adquirir una dimensión preocupante.

Si alguien atraviesa pensamientos negativos sobre sí mismo y encuentra en una IA una respuesta que simplemente valida su percepción, puede interpretar esa respuesta como una confirmación externa. El problema es que el chatbot no necesariamente posee las herramientas necesarias para distinguir entre una conversación cotidiana y una situación de riesgo.

A esto se suma lo que puede denominarse una “mente espejo”: la persona proyecta sobre la máquina la sensación de estar siendo comprendida porque recibe respuestas coherentes, empáticas y personalizadas.

Pero una IA no experimenta el sufrimiento del usuario ni puede reemplazar el vínculo terapéutico.

¿Quién pone el límite?

Los casos judiciales también llevaron la discusión hacia otro terreno: la regulación.

Entre las medidas que distintos especialistas y sectores vinculados con la tecnología y la salud mental plantean aparecen controles más estrictos sobre la edad de los usuarios, mecanismos de intervención frente a situaciones de crisis y mayor transparencia sobre el funcionamiento de los sistemas.

También se cuestionan los diseños que buscan aumentar el tiempo de permanencia del usuario mediante vínculos emocionales artificiales.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el desarrollo tecnológico y la protección de las personas más vulnerables. Una herramienta que puede ser útil para estudiar o conversar no necesariamente está preparada para convertirse en terapeuta.

Una IA puede conversar. Eso no significa que pueda cuidar

La discusión no pasa solamente por prohibir o permitir el uso de inteligencia artificial. También obliga a preguntarse qué lugar ocupa la tecnología dentro de las redes de contención de una persona.

Los casos de Sewell Setzer III y Adam Raine muestran, desde perspectivas judiciales todavía en disputa, los riesgos que pueden aparecer cuando un adolescente deposita en una máquina una parte central de su mundo emocional.

La inteligencia artificial puede responder preguntas, acompañar una conversación y ofrecer información. Pero cuando aparece una situación relacionada con la salud mental, la conversación necesita algo que un chatbot no puede garantizar por sí solo: una red humana capaz de escuchar, intervenir y pedir ayuda cuando sea necesario.

La tecnología puede formar parte de nuestras vidas. El desafío es evitar que termine ocupando el lugar de las personas que pueden cuidarnos.

 

Si una persona atraviesa una crisis emocional o necesita hablar con alguien, en Argentina puede comunicarse con la Línea 135 de prevención del suicidio. También se encuentra disponible el 0800-345-1435 desde todo el país. Ante una emergencia, también puede recurrirse al 911.

“Fiona” Pérez venció a Norma Dumont por decisión unánime y ya pide pelear por el cinturón

Por Ignacio Paez De Monte

La peleadora argentina Ailín “Fiona” Pérez se impuso por decisión unánime a la brasileña Norma Dumont en el combate coestelar de UFC Vegas 121, disputado en el UFC Apex de Las Vegas. Los tres jueces puntuaron 29-28 a favor de la oriunda de Hurlingham.

Pérez, de 31 años, estiró a siete su racha de victorias consecutivas, la segunda mejor marca en la historia de la categoría, solo detrás de las nueve de Amanda Nunes, considerada por muchos la mejor peleadora de todos los tiempos. Su récord profesional quedó en 14 victorias y 2 derrotas.

Fuera del octágono, Pérez combina su carrera deportiva con la creación de contenido para adultos en OnlyFans, plataforma en la que suele promocionarse después de sus peleas y que ella define como una forma de expresión artística más que como pornografía. Esa faceta fue justamente el detonante de la polémica previa: en el pesaje, Dumont le arrojó preservativos y billetes para cuestionarla. Pérez respondió sin filtro: “Dame, dame, está bien. Chicos, usen preservativos”.

En el octágono, Pérez dominó el primer asalto con un derribo; Dumont reaccionó en el segundo con golpes que le abrieron el rostro a la argentina, y el tercero fue parejo. Tras el fallo, Pérez celebró bailando frente a su rival y la seguridad tuvo que intervenir para separarlas. Ya en la conferencia de prensa, la argentina respondió a las burlas: “No llegué a ponerme los condones que me lanzaste, puede que estés embarazada de mí”. Dumont, por su parte, aseguró después en redes sociales que había ganado el combate.

Con este triunfo, “Fiona” insistió en su reclamo por una chance titular: “Soy la mejor y estoy esperando mi oportunidad por el cinturón”. Su próximo paso, si la UFC lo confirma, sería un cruce ante Tracy Cortez o una pelea por el título ante la campeona Kayla Harrison.

RESUMEN DE LA RACHA DE VICTORIAS
Ailín Pérez lleva siete victorias al hilo en el peso gallo de la UFC: le ganó a Ashlee Evans-Smith, Lucie Pudilová, Joselyne Edwards, Darya Zheleznyakova, Karol Rosa, Macy Chiasson y, ahora, a Norma Dumont.

De Mar del Plata al octágono más famoso del mundo

Kevin Vallejos, promesa argentina de UFC.

Por Franco Fiorani

“Argentina va a tener un campeón del mundo”, fue lo que declaró “El chino” después de ganarle a Josh Emmett por nocaut técnico en el primer asalto, en poco más de un minuto y medio. Y es que si, hay con qué ilusionarse: Kevin Axel Vallejos Montenegro, de solo 24 años (a diferencia del fútbol, sigue lejos de la mejor edad de los peleadores, que es alrededor de los 30) ya se encuentra en la novena posición del ranking del peso pluma en la UFC (Ultimate Fighting Championship), una de las divisiones con mayor nivel. 

El nacido en Mar del Plata el 8 de diciembre del 2001 es fruto del desarrollo que tiene Argentina en las artes marciales mixtas en los últimos años. Si bien sigue siendo un deporte nuevo, es acompañado por otros grandes prospectos: Ailin Pérez, Francisco Prado, Sofía Montenegro y Esteban Ribovics.

Debutó como profesional a los 20 años, el 4 de septiembre del 2021, cuando enfrentó a Rocco Cena en el evento Supreme Warrior 6, ganó por TKO en el segundo asalto y desde ese momento su carrera fue en ascenso. En 2022, llegó a la promotora Samurai Fight House, probablemente la más grande a nivel latinoamericano. Ya allí debutó contra Lucas Miletich a quien noqueó en menos de un minuto.

A partir de ese momento, encadenó una importante racha de ocho victorias consecutivas, y solo en dos de ellas llegó a la decisión, tuvo una sumisión y el resto fueron por nocaut. Entre todas esas peleas, llegó a ser campeón en tres divisiones: peso gallo, pluma y ligero. Estas actuaciones llegaron a ojos y oídos del jefe, Dana White, el presidente de la UFC.

Dana lo llevó a formar parte del Dana White´s Contender Series, un programa que consta de diez semanas, con una consigna simple, ganar tu pelea con un desempeño que al jefe lo sorprenda y así ganarte un contrato con la UFC, ese es el premio. Kevin llegó a Las Vegas ostentando un récord de 11-0 y enfrentó al brasileño Jean Silva (probablemente el más grande prospecto del peso pluma). Fue el primer (y hasta ahora único) tropezón en la carrera del argentino, cayó por decisión unánime en un combate muy disputado.

Regresó al país, ganó dos combates más y tuvo su segunda oportunidad en el Contender Series, algo que no a muchos peleadores se les concede. El 24 de septiembre del 2024, nuevamente en Las Vegas, tuvo uno de los días más importantes de su carrera, derrotó al estadounidense Cam Teague por nocaut en el primer round y consiguió el tan ansiado pase al octágono más famoso del mundo.

Lo que muchos luchadores hacen luego de obtener su contrato es mudar todo su campamento a Estados Unidos. Lejos de eso, “El chino” volvió a entrenar a su tierra natal, lugar donde sigue preparando sus peleas en la actualidad, junto al equipo Brothers of life MMA y de la mano de su entrenador, Alejandro Belatinez. El punto fuerte de Kevin es el boxeo, se lo considera un striker, con una de las manos más pesadas de la división, además de eso es muy técnico. Entrenó un tiempo en Brasil, donde consiguió un cinturón púrpura (lo que sería nivel avanzado, solo detrás del marrón y el negro) en Jiu-Jitsu brasileño.

“Me gusta pelear, no me asustan los nervios, y estoy preparado para dejar todo en la jaula”, declaró a DAZN y meses después lo demostró en la pelea que lo llevó al estrellato, el 13 de diciembre del 2025, tras dos victorias consecutivas ya dentro de la compañía, enfrentó al georgiano Giga Chikadze, un veterano y en ese entonces ranqueado de la división, a quien noqueó con un espectacular puño giratorio hacía atrás en el segundo asalto.

Y así llegamos a la actualidad, consiguió su primer combate estelar contra otro veterano, el estadounidense Josh Emmett (le duró los cinco asaltos al mismo Illia Topuria) en UFC Fight Night, y le ganó, le mandó un mensaje a toda la división y se convirtió en uno de los mayores prospectos del MMA en Latinoamérica. La UFC ya estuvo una vez en Argentina, gracias a Santiago Ponzinibbio, si alguien puede volver a traerla al país es Kevin Vallejos.

Los Garay: una familia de boxeadores 

Por Nerina Alvarez Ponce

Lo que comenzó entre peleas callejeras terminó convirtiéndose en una profesión y llevó a Hugo “Pigu” Garay a representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. “Cuando era chico, a los ocho o nueve años, peleaba mucho en la calle. Hasta que un día un profesor vio que tenía condiciones y me puso a entrenar boxeo con él. Y bueno, desde ahí arranqué”, recuerda. Ocho años después, en una noche inolvidable en el Luna Park, venció al ucraniano Yuriy Barashian y alcanzó la cima al proclamarse campeón mundial mediopesado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Llegar hasta allí exigió un sacrificio extremo: entrenaba de lunes a viernes durante seis horas combinando gimnasio, pesas y natación, mientras que los fines de semana salía a correr. Tenía una meta, una estructura y la oportunidad de dedicarse por completo a esta pasión. Hoy, sigue yendo al gimnasio cada día, pero ya no se prepara para subir al ring. Ahora es su hijo, Isaías Pichu Garay, quien se pone los guantes.

Pichu Garay creció con un referente en casa y esa admiración se transformó en un objetivo propio: “Mi papá para mí es un ejemplo a seguir”, asegura. Lejos de querer ser solo “el hijo de”, busca construir su propio camino, coronarse campeón del mundo y hacer historia. “Quiero que el apellido Garay suene en Argentina como lo hacen Monzón, Bonavena. Quiero llegar a lo más alto con la bandera de mi país”, anhela.

A los 17 años, Pichu decidió empezar a dar sus primeros pasos de manera independiente. Comenzó a formarse en otro gimnasio, bajo la tutela de un técnico distinto, buscando encontrar su propia voz entre los guantes. Pero el lazo con la sangre fue más fuerte. A sus 20 años, tras un combate duro, el Pigu lo observaba de lejos: notó su talento nato, pero sintió que ya no estaba mejorando. “Yo veía que él tenía muchas condiciones, pero también notaba que, si bien había avanzado mucho, se estaba quedando estancado. Después de esa pelea entendí que tenía que meterme y ayudarlo”, menciona.

Así nació Team Garay. Lo que empezó como un proyecto familiar para rescatar el potencial de Pichu se transformó en un refugio para otros jóvenes que buscan formarse en el deporte. De alguna manera, el ciclo se completó: aquel chico que alguna vez tuvo un entrenador que creyó en él cuando no tenía nada, hoy le abre las puertas a una nueva generación.

Padre e hijo comparten la misma pasión, pero tienen personalidades distintas. El Pigu sabe que su hijo es terco: “Como padre querés cuidarlo y evitar que cometa los errores que le pasaron a uno, pero también sabés que hay cosas que tiene que aprender solo. No puedo subir al ring por él, pero si puedo guiarlo”. Además, entiende que como técnico puede explicar una combinación mil veces, pero hay lecciones de la vida y del boxeo que sólo se aprenden a través del propio golpe.

Un apellido no resuelve el camino: puede abrir puertas, pero el respeto se gana a fuerza de coraje arriba del ring. Ambos coinciden en la preferencia por el boxeo profesional, estratégico y exigente de la vieja escuela, aunque adaptaron sus métodos combinando su vieja sabiduría con herramientas modernas.

Con 10 peleas invictas en el campo profesional, Pichu persigue el sueño de ser campeón mundial aprendiendo de los errores y triunfos de su padre, sin replicar su carrera, sino escribiendo sus propias páginas.

Su tarea ahora es diferente y acaso más difícil. Ya no tiene que subir al cuadrilátero a recibir puñetazos por un título. Tiene que transmitir lo aprendido, corregir con paciencia, abrazar en el cansancio y, sobre todo, aprender a soltar. Porque hay una verdad rotunda que ni siquiera un campeón del mundo puede cambiar: sobre la lona, el boxeador está solo y nadie puede pelear por él.

El tiempo transformó la dinámica. Antes, el Pigu necesitaba espacio y aislamiento para concentrarse; hoy, es Pichu quien busca con la mirada la esquina para sentir que su padre está ahí. Por eso, Team Garay es mucho más que un gimnasio: es el abrazo que tardó años en llegar y la continuación de una historia familiar que promete escribir su capítulo más glorioso.

Los roles también maduraron con dolor y crecimiento. El padre dejó de ser la figura distante que se iba a concentrar para convertirse en entrenador y guía; el hijo dejó de ser el niño que buscaba atención para transformarse en un boxeador profesional. “Me dolía mucho porque yo siempre fui muy de mi papá y siempre que se iba no lo veía por dos o tres meses y lo extrañaba. Ahora, siendo más grande, poco a poco uno va entendiendo las cosas que todo fue por algo, fue también por cumplir su sueño, porque no solamente lo hacía por nosotros sino que era el sueño de él también y nadie se lo puede negar, aunque se sufría”, cuenta Pichu.

Hoy, cada vez que suena la campana, la magia del gimnasio se transforma: Pichu sube a combatir y el Pigu aguarda en la esquina, sufriendo cada golpe y celebrando cada acierto. Ellos son los Garay, una familia sinónimo de boxeo.

Atlético Tucumán: el Decano de la provincia cumple 124 años

Por Francisco Rodríguez

Este 27 de septiembre de 2026 el Club Atlético Tucumán celebra su 124º aniversario. El cumpleaños del Decano se unió de forma emotiva con el partido despedida de su máximo ídolo, Luís Miguel “Pulga” Rodríguez, en el estadio Monumental José Fierro. A la medianoche del domingo, apenas finalizó el homenaje al delantero, el estadio estalló con cuenta regresiva, fuegos artificiales y los tradicionales festejos para recibir un nuevo año de la institución.

La historia comenzó en 1902, en una casona de la calle Rivadavia, un grupo de visionarios liderado por el profesor Agenor Albornoz dio vida al Club Atlético Tucumán. Por ser la primera institución fundada en la provincia y la región dedicada formalmente a la práctica del fútbol, se ganó el apodo que lo acompaña hasta el día de hoy: el “Decano”.

Sus primeros colores fueron un reflejo de las corrientes patrióticas de la época, adoptando los bastones verticales celestes y blancos en homenaje a la bandera nacional, un diseño textil que se transformó en la piel de toda una provincia.

En 1922, bajo la presidencia de Isauro Martínez, el club inauguró su casa definitiva: el estadio Monumental José Fierro. Ubicado en el corazón de San Miguel de Tucumán, el recinto nació con una infraestructura imponente para la época y se convirtió en una fortaleza inexpugnable. Por su césped pasaron las páginas más doradas del fútbol tucumano, desde los viejos torneos de la Federación Tucumana, pasando por los recordados Nacionales, hasta las mágicas noches de Copas continentales.

El primer gran hito a nivel país llegó en enero de 1960. Atlético Tucumán se consagró campeón del Campeonato de Campeones de la República (Copa de la República), un torneo oficial de la AFA que reunía a los mejores equipos de las ligas del interior. Al vencer a El Quequén en una final recordada, el Decano validó su supremacía regional. Durante la década de 1970 y principios de los 80, el club llevó el fútbol del interior a los primeros planos nacionales. Con planteles memorables y figuras de la talla de Julio Ricardo Villa y Francisco “Kila” Castro, Atlético Tucumán firmó campañas históricas en los Torneos Nacionales, logrando un emblemático tercer puesto en el Nacional de 1979 tras una semifinal memorable contra Unión de Santa Fe.

El camino moderno no estuvo exento de espinas. Tras transitar por el torneo Argentino A y la Primera B Nacional, el club inició una reconstrucción institucional y deportiva impecable a partir de la década de 2010. Los ascensos a Primera División devolvieron al Gigante del Norte al lugar que le correspondía por historia y convocatoria. Bajo la conducción técnica de Ricardo Zielinski, Atlético Tucumán vivió su época dorada contemporánea. En 2017 alcanzó la final de la Copa Argentina (cayendo ajustadamente ante River Plate) y selló sus inéditas clasificaciones a la Copa Libertadores de América y luego a la Copa Sudamericana.

La mística decana cruzó fronteras en febrero de 2017 con una de las epopeyas más increíbles del fútbol moderno: el “Milagro de Quito”. Tras sufrir demoras logísticas insólitas en el vuelo, el plantel llegó al estadio de El Nacional de Ecuador sobre la hora del partido, sin su indumentaria oficial y teniendo que utilizar de emergencia las camisetas y botines de la Selección Argentina Sub-20 (que jugaba el Sudamericano en esa ciudad). En condiciones extremas de altura y sin calentamiento previo, Atlético ganó 1 a 0 con gol de Fernando Zampedri y clasificó a la fase de grupos de la Libertadores, obteniendo el respeto del continente entero. Al año siguiente, en 2018, la locura fue aún mayor al alcanzar los cuartos de final del máximo certamen de América, midiéndose de igual a igual ante el poderoso Grêmio de Brasil.

Hoy, a 124 años de aquel humilde puntapié inicial, Atlético Tucumán combina el peso de su historia con una enorme vigencia en la Liga Profesional de Fútbol Argentino. Con una masa societaria fiel, un estadio que explota en cada fecha y el recuerdo fresco de sus máximos ídolos contemporáneos —como Luis Miguel “Pulga” Rodríguez—, el Decano ratifica día a día su condición de verdadero coloso del norte de nuestro país.

Un penal, tres expulsados y un equipo que se fue de la cancha: así fue el primer Superclásico profesional

Por Sofía García

El domingo 20 de septiembre de 1931 se disputó el primer Superclásico oficial del profesionalismo en el fútbol argentino. Fue por la fecha 17 del Campeonato de 1931, que terminaría con Boca campeón y River en el cuarto puesto. Lo que muchos no saben es que aquel partido desató un escándalo que se convirtió en uno de los episodios más bochornosos de la historia del clásico.

Cerca de las 15:00 se dio el pitazo inicial. A los 16 minutos del primer tiempo, Carlos Peucelle abrió el marcador para River, que por entonces ya se había mudado a Palermo. La ventaja duró poco: el árbitro Enrique Escola sancionó un penal para Boca por una falta sobre Francisco Varallo, quien tomó la pelota y protagonizó la jugada que derivaría en la suspensión del partido.

Varallo recordaría que, cada vez que tenía que patear un penal, Roberto Cherro acomodaba la pelota sobre los doce pasos y le decía: “Dale Pancho, a la cara”. Según su relato, pateó con alma y vida; la pelota volvió hacia él y, tras un forcejeo con Juan Carlos Iribarren, de River, logró convertir con la pierna izquierda. Luego salió a gritar el gol mientras los jugadores millonarios lo perseguían.

Camilo Bonelli insultó al árbitro, y la protesta terminó con la expulsión de tres jugadores de River. Furiosos por lo sucedido, los futbolistas visitantes decidieron retirarse del campo y el encuentro fue suspendido. El 8 de octubre, el Tribunal de Honor de la AFA falló a favor de Boca y le dio por ganado el partido 1-0.

Lo hirónico de esta historia es que aquel campeonato se cerró, además, con otro enfrentamiento entre ambos, por la fecha 34, la última del torneo. El partido se disputó en la cancha de River, ubicada en la intersección de las calles Alvear y Tagle, en Palermo. Para entonces, Boca ya se había consagrado campeón gracias a su triunfo 4-2 como local ante Talleres de Remedios de Escalada.

El 6 de enero de 1932, con el título asegurado, el Xeneize dio la vuelta olímpica antes del partido y luego ganó 3-0, sin disturbios, con goles de Antonio Alberino, Ramón Mutis y Pancho Varallo, autor del histórico penal de septiembre. Así, Boca celebró en la cancha de su rival el primer campeonato profesional del fútbol argentino.

José Carrizo, de Marmolería FS a cumplir el sueño mundialista

Por Florencia Di Giuseppe

Para José “Piru” Carrizo, el futsal siempre fue mucho más que un deporte. Es parte de su vida, de su historia y también de su identidad. En Marmolería, el club donde se formó como jugador, encontró una familia y construyó un sentido de pertenencia que todavía mantiene. Allí comenzó a soñar con representar a Corrientes y, con el tiempo, con algo todavía más grande, vestir la camiseta de la Selección Argentina. Ese sueño finalmente se hizo realidad y tuvo su capítulo más importante cuando debutó en un Mundial de futsal.

El camino hasta llegar a la Selección no fue inmediato. En 2022, cuando Marmolería se consagró campeón de la Copa de Oro en Misiones, Carrizo empezó a imaginar que algún día podría tener la posibilidad de jugar para Argentina. Dos años después, en el Torneo de Selecciones A, tuvo un buen rendimiento que terminó siendo una de las puertas de entrada hacia el seleccionado nacional.

El llamado llegó después de aquella competencia en Comodoro Rivadavia. Cuando terminó el torneo, el técnico de la Selección Argentina habló con él y le preguntó si estaba dispuesto a formar parte de la preselección. También le explicó que tendría posibilidades de quedar definitivamente convocado. Carrizo recuerda ese momento con especial emoción. Estaba en la casa de Santiago Machuca, técnico de Marmolería, cuando se conoció la lista de convocados y, casi al mismo tiempo, el cuerpo técnico argentino se comunicó con él. “Sentí una emoción muy linda porque para mí era un sueño estar en la Selección”, recuerda Carrizo sobre aquel momento.

La convocatoria fue la confirmación de que todo el esfuerzo realizado durante años empezaba a dar sus frutos. Ver su nombre en la lista le produjo felicidad y orgullo. Era el resultado de los torneos jugados, de los entrenamientos y de un recorrido que había comenzado mucho antes, cuando el futsal todavía era simplemente una pasión.

Ya con la camiseta argentina, el siguiente desafío fue adaptarse a una competencia completamente diferente. Carrizo reconoce que el equipo fue encontrando su funcionamiento a medida que avanzaron los partidos y que, con el correr del torneo, comenzaron a convencerse de que podían pelear por el título. En ese contexto llegó uno de los momentos que más confianza les dio, la victoria ante Mendoza, uno de los equipos candidatos.

Pero para Carrizo hubo una escena que quedó grabada por encima de todas, su debut mundialista. Cuando el cuerpo técnico llamó al cuarteto para realizar el cambio, aparecieron los nervios y la ansiedad. La situación parecía difícil de creer para un jugador que, pocos años antes, había comenzado a imaginar ese momento desde Corrientes.

El debut tuvo además un momento especial. Carrizo tuvo la posibilidad de marcar un gol y transformar esa primera aparición en un recuerdo que difícilmente pueda olvidar. La jugada comenzó con un robo de pelota y continuó con una pared junto a Civelli. Carrizo llegó al segundo palo y convirtió. “No podía creerlo, casi me pongo a llorar de la emoción”, cuenta al recordar su primer gol con la Selección.

Ese tanto representó mucho más que una estadística. Fue la confirmación de un recorrido que había comenzado en Marmolería y que lo había llevado hasta el escenario más importante del futsal internacional. Para él, también significó poder compartir con sus compañeros todo lo que había aprendido durante su experiencia con Argentina.

Aunque el debut fue uno de los momentos que más lo marcaron, el Mundial también dejó una cuenta pendiente. Carrizo no pudo disputar la semifinal frente a Brasil, un rival que representaba un desafío especial y contra el que tenía muchas ganas de jugar. La oportunidad de estar dentro de la cancha quedó como una espina, aunque el jugador prefiere mirar hacia adelante, sabe que el fútbol siempre puede dar revancha.

Su participación en la Selección también cambió su carrera. Después del Mundial comenzaron a aparecer llamados de otros equipos que compiten a nivel nacional y se le abrieron nuevas puertas dentro del futsal. Sin embargo, su historia mantiene el mismo punto de partida, Marmolería FS, Corrientes, y aquella primera ilusión de llegar algún día a la Selección.

La primera final que jugó con Marmolería y que terminó con el equipo campeón fue otro momento decisivo. Fue allí cuando Carrizo terminó de convencerse de que quería dedicarse al futsal. Con el tiempo, esa decisión lo llevó hasta la camiseta argentina y a vivir un Mundial que alguna vez había imaginado como un sueño lejano.

Hoy, “Piru” puede mirar hacia atrás y reconocer que aquel sueño comenzó mucho antes de ponerse la camiseta de la Selección. Nació en una cancha de Corrientes, creció con Marmolería y terminó cumpliéndose en un Mundial. Su debut, su primer gol y la emoción de representar al país forman parte de una historia que aún no terminó.

River y un ascenso que se trabajó 12 años

Agustín Bajz

Por Facundo Reynes

River inició la temporada 2025/2026 con un único objetivo: llegar a la Liga Federal de básquet después de 12 años peleando en la tercera categoría. Para ello, dejó a Agustín Bajz como nuevo técnico del primer equipo con la misión de buscar el ascenso. Bajz se formó dentro de la institución, pasando por divisiones formativas y como asistente técnico, hasta llegar a la dirección del plantel superior. Tras un inicio de fase regular algo irregular, el equipo logró meterse en los playoffs.

El siguiente torneo a disputar fue el Metropolitano vs. Litoral, un certamen de eliminación directa en el que River superó cada fase. Comenzó enfrentando a Urquiza de Santa Elena en cuartos de final, serie en la que ganó los dos encuentros para avanzar a las semifinales contra Caza y Pesca. Este rival resultó muy duro y llevó al Millonario a un tercer partido que terminó ganando, siendo uno de los cruces más difíciles de los playoffs. Finalmente, River llegó a la final frente a Presidente Derqui, en la que se impuso en ambos juegos para superar esta etapa y encarar un nuevo desafío: el Final Tour, la última oportunidad de conseguir el ansiado ascenso.

En esta instancia, River arrancó en semifinales frente a Regatas de San Nicolás. Ganó el primer partido en el microestadio como local por 83 a 73 y viajó a San Nicolás para asegurar la serie. En las semanas previas, Bajz comentó que el plantel llegaba muy bien desde lo físico y decidió trabajar desde otro enfoque: “Se trabajó 100% en lo emocional, porque el equipo sabía que estaba muy bien físicamente y que Regatas no tanto; entonces, apuntamos a la mentalidad ganadora y a la emoción por querer ganar ese partido”.

Todo esto con la idea de evitar un tercer encuentro, que podía resultar una situación abrumadora. Finalmente, el segundo partido también cayó del lado del Millonario por 83 a 74, logrando el pase a la final contra Mitre de Posadas. Aunque perdió el último encuentro por 80 a 73, el equipo concretó el ascenso a la Liga Argentina, quedando a un paso de la Liga Nacional.

El año fue largo, con muchas competencias y una gran cantidad de partidos bajo la conducción de un entrenador que ya conocía al plantel y su forma de trabajar. El propio DT expresó que la temporada fue extensa, con un arranque de fase regular que no fue el ideal, pero con unos playoffs “increíbles” en los que solo perdieron un partido, rindiendo al nivel esperado y sumando el plus que aportaron los jugadores.

Mucho antes de la llegada de Bajz al primer equipo, el exentrenador Daniel Rau había dejado una frase que refleja la filosofía de la institución: “River tiene que estar en el primer plano de todos los deportes”. A raíz de esto, tras el ascenso conseguido, le consultaron a Bajz si consideraba que su equipo había logrado alcanzar ese primer plano, a lo que respondió: “No, falta un montón. River ahora se tiene que adaptar a la nueva categoría, ver la logística y demás, porque es un torneo mucho más demandante y 100% profesional. Nos estamos adaptando para hacer las cosas bien, porque si se apura, por lo general sale mal”.

El Gurí vuelve al TC Pick Up en la reinauguración del circuito Juan Manuel Fangio

Por Martina Ortiz

El TC Pick Up de la ACTC tiene un nuevo protagonista para la 8ª fecha: Omar “Gurí” Martínez volverá a competir en la categoría de camionetas en Balcarce.

La última vez que el “Gurí” corrió fue el 27 de septiembre del año pasado, en Paraná, cuando la ACTC estrenó el autódromo Ciudad de Paraná.

Martínez regresará en una fecha muy especial para el automovilismo argentino: la tan esperada vuelta del Autódromo Juan Manuel Fangio y el inicio de la Copa Coronación. Sin embargo, por decisión de la Comisión Asesora y Fiscalizadora, no podrá sumar puntos ya que asiste en calidad de invitado con una autorización especial.

Balcarce es uno de sus circuitos más queridos e importantes, ya que allí comparte con Oscar Aventín el récord de victorias, con cinco triunfos (1999, 2000, 2000, 2001 y 2010). Junto con el Roberto Mouras de La Plata, es el trazado donde más veces ganó.

En 2022 se consagró campeón del TC Pick Up a bordo de una Ford Ranger y le ganó el título por 2,5 puntos a su hijo, Agustín Martínez. Además, se había metido entre los tres de último minuto, algo que pocos pilotos lograron antes de salir campeones. En 2023 siguió corriendo con Ford, pero no pudo defender el título y terminó 15°.

Por ahora, el campeón 2022 no sabe si seguirá lo que resta del campeonato: tiene ganas de continuar, pero no hay nada confirmado.