El Toro está más que nunca

Por Thiago Maison, Federico Pardo y Casandra Acuña 

De no convertir goles en Qatar 2022 tras llegar entre algodones por una dolencia en el tobillo, a sentenciar la clasificación de la Selección argentina en el Mundial 2026 en un partido ante Inglaterra que iba más allá de los límites del campo de juego. 

Al igual que en aquella justa en el continente asiático, el Toro comenzó la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá con la titularidad en el bolsillo pero, una vez más, las críticas y dudas aparecieron tras algunos partidos sin un rendimiento óptimo según el ojo del hincha argentino. 

Allí, Julián Alvarez comenzó a ganar terreno en la consideración del cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni, aunque tampoco presentaba un desempeño excepcional, por lo que, luego de especulaciones, se adueñó del puesto de centrodelantero en el once titular hasta los octavos de final contra Egipto. 

De todas formas, el Toro comenzó a dar indicios de retorno a su nivel original cada vez que ingresó desde el banco de suplentes -ante los africanos y Suiza-. Su pivoteo característico aparecía y su empuje decía presente.

La humildad siempre primó en el bahiense. La paciencia y la resiliencia también. Porque un buen argentino sabe que, a pesar de que todos crean que está hundido, las buenas llegarán con el correr del tiempo. Y Martínez lo entendió a la perfección. 

Del Club Liniers para el mundo, sin escalas. Un nueve de élite que se construyó a base de derribar las falacias que lo rodeaban y es uno de los máximos goleadores de la gloriosa era Scaloni en la Albiceleste. Y, por si quedaban dudas, revalidó su estatus de tal con un tanto que permitió que Argentina le robara el tesoro a los piratas. 

Porque cuando parecía que el encuentro se iba al alargue, cuando el tiro de Alexis Mac Allister pegó en el palo, apareció Lautaro Martínez para sellar la clasificación definitiva hacia la final de la Copa del Mundo. Atacó el espacio con precisión y cabeceó la pelota tras un centro de Lionel Messi para anotar un gol que premió la insistencia de Argentina, que había arrinconado a Inglaterra en los minutos previos. 

Más que un tanto ganador. Más que casi cualquier cosa que alguien pueda siquiera imaginar. Sencillamente la pincelada final que necesitaba la Scaloneta para decirle al mundo que está más vigente que nunca. Y esta vez con un personaje que siempre miró el cielo desde el suelo y no arriba.

Sin embargo, con ese gol heroico, el Toro pudo finalmente subir el escalón que lo había hecho tropezar en 2022. Pero aún resta el duelo decisivo ante España en Nueva Jersey. Allí, Lautaro tendrá la posibilidad de finalizar en lo más alto su proceso de redención y, por qué no, de opacar una nueva catarata de críticas que esta vez llega a sus oídos desde la península ibérica. 

En su declaración post partido recordó a su familia, a su mamá, su papá, sus hijos y tampoco se olvidó de Racing, el club que lo vio crecer y con el que llegó a primera división: “Para mi vieja que el día que yo me fui a Racing jamás dejó de tender mi cama y eso para mí vale más que un gol, que una final”. El Toro nos recordó la importancia de recordar de dónde uno viene, no olvidarse de las raíces, el sentido de pertenencia y cerró: “Mis dos hijos me han cambiado la vida desde que han llegado, mi hija me hizo bajar un cambio, mi hijo tres cambios, disfruto de todo esto y hoy soy un hombre, disfruto de la vida”. 

Un camino lleno de sacrificios, esfuerzo e incluso pozos que pretendían ver caer en ellos a Lautaro en su afán de llegar a lo más alto del fútbol mundial. Pero él jamás se rindió. Se inspiró en los suyos. Y especialmente en su madre, que a pesar de estar lejos de él jamás dejó de tenderle la cama, lo que aseguró que eso significa mucho más que cualquier título. 

Concretó la parte final de un capítulo histórico en la memoria colectiva. Y quizás aún le quede algo por contar en la final de la Copa del Mundo, para retirar definitivamente esa espina que lo tuvo a maltraer durante cuatro largos años. Por qué no soñar, si aquel pibe bahiense que jugaba al fútbol siempre imaginó ese momento prácticamente utópico. Por qué no, si Lautaro Martínez es experto en derribar gigantes y demostrar de qué está hecho.

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