Por Emanuel Soste
Alfredo Di Stéfano, aquel futbolista que trascendió generaciones a través de su juego y cautivó con su fútbol, es considerado por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) como uno de los mejores jugadores del siglo XX, junto a Diego Maradona, Pelé y Johan Cruyff. De hecho, Di Stéfano es el único que posee el Súper Balón de Oro al ganar la votación frente a otros dos cracks como lo fueron Cruyff y Platini en 1989. Además, consiguió dos Balones de Oro en 1957 y 1959, siendo la figura principal del Real Madrid.
Entre 1940 y 1943 jugó junto a su hermano Tulio en el Club Social y Deportivo Unión Progresista, hasta que recibió un telegrama citándolo para una prueba con River Plate. Fue así como en 1944 recaló en las categorías inferiores del club, donde permaneció hasta que disputó su primer encuentro el 15 de julio de 1945 frente a Huracán. Al no tener rodaje con el conjunto de Núñez, fue cedido al “Globo” en 1946.
Con el equipo de Parque Patricios empezó a mostrar todo su potencial, ya que disputó 25 partidos y convirtió 10 goles. Los tantos más recordados de su paso por Huracán fueron cuando anotó un doblete para la victoria 3 a 2 en el clásico contra San Lorenzo, por la fecha 6 del campeonato en El Gasómetro. Otro gol importante que marcó fue contra River Plate a los 10 segundos de juego por la fecha 12 del campeonato. Tras este rendimiento, el “Millonario” no dudó en traerlo de regreso.
En 1947 fue su despegue definitivo, ya que jugó 32 partidos y marcó 28 goles. Además, se consagró campeón del torneo siendo el máximo artillero. También se coronó campeón de la Copa Aldao, en la que le convirtió un gol a Nacional de Uruguay en la ida. Este fue el último título de la “Saeta Rubia” con el elenco riverplatense, club en el que permaneció hasta 1949.
La actuación más destacada de Di Stéfano en los Superclásicos fue en un torneo benéfico organizado por la Fundación Eva Perón en 1948, cuando anotó un hat-trick en el partido en que River goleó 5-1 a Boca. Otra proeza del nacido en el barrio de Barracas fue en 1949, ya que tuvo que atajar debido a que Amadeo Carrizo se había lesionado. El encuentro terminó 1-0 a favor de River y Carrizo, en una entrevista, lo recordó de la siguiente manera: “Estuve siete u ocho minutos fuera. Y entró Alfredo a la portería y lo hizo bien, eh. Hasta de arquero era bueno”.
Con la selección argentina tuvo un paso breve pero excepcional, debido a que disputó seis partidos y marcó seis goles, con un promedio de un tanto por partido. Además, ganó con la “Albiceleste” la Copa América de 1947, siendo este su único título con el seleccionado.
En 1949 emigró hacia Colombia para jugar en Millonarios donde, junto a figuras como Adolfo Pedernera, Néstor Rossi, Antonio Báez y Julio Cozzi, conformó uno de los mejores equipos del continente durante esa época, el cual fue bautizado por los periodistas colombianos como el “Ballet Azul”. Con el conjunto “Albiazul” consiguió los campeonatos de 1949, 1950, 1951 y 1952, la Copa Colombia en 1953 y la Pequeña Copa del Mundo de Clubes en ese mismo año.
En 1953 sucedió uno de los hechos que quedarían marcados en la historia del fútbol. Tras su estupendo rendimiento con el elenco colombiano, Barcelona intentó ficharlo logrando un acuerdo con su anterior club, River, que era el dueño de los derechos federativos. El equipo catalán, para asegurarse la contratación del jugador, hizo un primer pago a River, por lo que el jugador incluso llegó a viajar a la Ciudad Condal, entrenar y disputar amistosos con el equipo azulgrana.
Sin embargo, otro club español gigante como lo es el Real Madrid también quería incorporarlo, así que negoció con Millonarios. Esta dualidad de contratos provocó que la FIFA interviniera en el caso y dictaminó que Di Stéfano debía jugar temporadas alternas en ambos clubes, empezando con el equipo “Merengue”. Esto generó el descontento de la directiva del Barcelona, por lo que decidió renunciar a la contratación del astro argentino.
De ser jugador blaugrana pasó a convertirse en una gloria del Real Madrid. Con los “Blancos” jugó desde 1953 hasta 1964 y obtuvo 18 títulos. Los logros fueron: ocho Ligas españolas, cinco Copas de Europa (actual UEFA Champions League), una Copa Intercontinental, dos Copas Latinas y una Copa de España (anteriormente Copa del Generalísimo).
Durante sus 11 temporadas en el club, “La Saeta Rubia” disputó 510 partidos oficiales y marcó 418 goles, transformando al equipo en una potencia mundial. Debido a los grandes éxitos del conjunto madrileño por aquellos años, el equipo era llamado el “Madrid de Di Stéfano”. Algunos de los integrantes más conocidos y emblemáticos de dicha etapa fueron también el húngaro Ferenc Puskás, el hispano-argentino Héctor Rial, el español Paco Gento y el francés Raymond Kopa, entre otros.
Tras su exitoso paso por el Real Madrid, Di Stéfano jugó dos temporadas en el Real Club Deportivo Español de Barcelona, para retirarse el 3 de abril de 1966, fecha en que disputó su último partido como profesional. Actualmente es el séptimo jugador más veterano en disputar un encuentro del campeonato de liga de España.
Después de su retiro, Alfredo comenzaría su carrera de director técnico en 1967, y el primer equipo que dirigió fue el Elche Club de Fútbol. En 1969 asumió como entrenador de Boca Juniors, algo impensado debido a su pasado en River Plate. Con el elenco boquense logró dos títulos: la Copa Argentina de 1969 y el Nacional del mismo año, en el que el “Xeneize” dio la vuelta olímpica frente a su eterno rival en el Monumental. Luego de su gran paso por Boca, dirigió al Valencia y consiguió dos títulos más para su palmarés como DT. Además, en 1987 logró devolver al club a la máxima categoría del fútbol español. En 1981 volvió a River y se coronó en el Torneo Nacional con Mario Kempes como figura del equipo.
“La Saeta Rubia” es el único técnico en la historia en ser campeón con Boca Juniors y River Plate. El último título que consiguió fue la Supercopa de España 1990 con el Real Madrid.
El 5 de noviembre de 2000 fue nombrado Presidente de Honor del Real Madrid y, como tal, unos días después recogió, representando a la entidad, el trofeo al Mejor Club del siglo XX otorgado por la FIFA en una ceremonia celebrada en Roma.
El 4 de julio se cumplieron 100 años de su nacimiento y el 7 del mismo mes, 88 años de su fallecimiento. Alfredo Di Stéfano no solo llenó las vitrinas de trofeos; transformó la historia de un club y el destino de un deporte. Decir “La Saeta Rubia” es invocar una era donde el fútbol aprendió a ser moderno, dinámico y global. Cuando se retiró de las canchas no dejó un vacío, sino un listón tan alto que se convirtió en leyenda. Di Stéfano no pertenece al pasado; vive en cada rincón del Santiago Bernabéu. Su legado para el fútbol fue, es y será eterno.




