Por Malvinas, por el Diego y por la última de Leo

Por Gabriel Milian Scuri 

En algún rincón de Malvinas habrá quedado una radio que, con una señal paupérrima, grita el último de los dos goles argentinos frente a Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026. En algún rincón de Malvinas, las almas que sobrevuelan las islas se abrazan de manera eterna para festejar la revancha. La segunda de las revanchas. Con Diego en el 86 y con Messi en el 26. 

Cuarenta años exactos tuvieron que pasar para comprobar que en las calles de Buenos Aires el dolor de la pérdida de los pibes que se quedaron en el archipiélago está más vivo que nunca. Con la fe de que aún existe la memoria en el pueblo.

Vale como un campeonato. Porque cuando Gordon anotó lo que era el 1-0 pirata, el silencio se volvió el ruido más ensordecedor. Las garganta explotaron en el empate de Enzo y los lagrimales se tornaron caudales en el tanto de Lautaro Martínez.

La gente se rinde ante los televisores. Hay algo que la razón no permite explicar dentro de las victorias agónicas e inacabables del seleccionado argentino y multicampeón. Que va por otra más. 

Messi sabe que lo ha logrado todo. Que le faltaba una cosa. Ser él quien le diga basta a este ciclo de comparaciones estúpidas con Maradona. El campeonato del mundo, las dos Copa América, la Finalissima y ganarle a ellos. Que son la representación de la tierra que ocupa la nuestra. Que son la representación del país que mató a los pibes argentinos. Que son la representación de los que nunca van a ser solo una selección más.

En las calles el llanto de la gente tapó las veredas. Porque con sufrimiento se sacó adelante lo que parecía imposible. Pero hay algo en lo que ellos no pueden ganarle al país austral: jugar a la pelota. En la resiliencia de seguir, incluso cuando no hay respiro que llegue a los pulmones. Incluso cuando la hambruna toca la puerta y las oportunidades se van con la valija llena de ilusiones.

Porque el fútbol es como la vida para la Argentina. Y en la tierra en la que nacieron Messi y Maradona hay fiesta después de ganarles a ellos. Después de ser conscientes que el barco ha sido hundido. Una vez más. Después de que los jugadores de le hayan mostrado al mundo que las Malvinas son argentinas. 

 

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