Estás para eso, viejo

Por Thiago N. Etchegaray

¿Quién dijo que ya estás hecho? “Ya está, ya está”, gritó Messi tras la consagración frente a Francia mientras buscaba a su familia en el palco del estadio Lusail. Tres años y medio después, cuando todos pensaron que fue el broche de oro perfecto para cerrar su historia, el cuento es otro: ya está nada. Aún restan capítulos por vivir. Sólo el tiempo le puede dar un cierre a una historia en la que el autor sigue luchando por escribir. Y ahí está, dándole batalla, poniendo su honor en juego para volver a ganarlo, jugando con el corazón en la mano y echando patria por los poros, plantado en una nueva final de la Copa del Mundo.

La subestimación lo acompañó en todo momento durante toda su carrera. Lo subestimaron los rivales y hasta de sus más fieles creyentes. Sí, porque quienes pensaron que por ser (probablemente) su último Mundial lo iba a jugar más relajado, con dos cambios menos, estaban equivocados. Cuando parte del mundo cree que no tiene nada más que dar, una y otra vez, Messi te recuerda que esta historia no acaba hasta que él diga basta. Se niega a partir y se aferra a su vigencia. Su hambre competitiva sigue intacta y su ambición parece ser interminable, aún más cuando defiende la camiseta celeste y blanca. 

En un audio dirigido a Messi que nunca se animó a enviarle y que se hizo público tras su fallecimiento, el pasado 5 de junio, el Indio Solari decía: “Dios y el diablo te dieron una destreza inimaginable”. Razón no le faltó. Mientras baila sus últimos tangos mundialistas con 39 años, el 10 lleva 8 goles y 4 asistencias en 7 partidos disputados. También rompió varios récords (como de costumbre) que reafirman su pericia: máximo goleador de los Mundiales con 21 festejos, máximo asistidor con 12 pases de gol, más partidos y minutos jugados; el único en haber convertido en todas las instancias y en haber marcado al menos un tanto en 9 partidos consecutivos. Incluso de los negativos: el jugador con más penales errados (3) en los Mundiales, marca que lo hace aún más humano. Además de seguir siendo el emblema clave en el juego de la Selección con 39 años (valga la redundancia). En fin, una bestialidad digna del mejor jugador de la historia del fútbol.

El capitán festejando la clasificación a la final del Mundial.

En Qatar se sacó la mochila más pesada que pudo llevar alguna vez un deportista y las ganas de levantar la copa más deseada de todas. Hoy, con la serenidad de no cargar con el peso de un país entero en su espalda, quiere alzarla de nuevo. El pibe de Rosario que nunca se rendía llegó a su tercera final del mundo y demostró que el que abandona no tiene premio. El desafío es contra el mismo, no le queda más nada por demostrar. 

Qué ironía del destino, así como muchas veces resulta divino, tantas otras es cruel: la final de la Copa del Mundo se disputará en el Metlife Stadium de Nueva Jersey, Nueva York. Sí, Messi volverá este 19 de julio al estadio donde, hace poco más de 10 años, se retiró de la Selección Argentina tras perder la final de la Copa América Centenario frente a Chile. Pero esa crueldad es caprichosa, porque después de tanto daño, parece empeñarse en ser justa. Hay ciclos que se deben cerrar. Y dónde mejor que en el escenario que marcó un punto de inflexión enorme en la carrera de Leo, acompañado de un equipo embanderado de gloria que lleva el juego en la sangre, convierte la adversidad en identidad y deja el alma en la cancha por su estandarte.

¿Y si el domingo es el último concierto? Festejemos, porque demostraste que tu excelencia es únicamente comparable con el tiempo. Porque atravesaste derrotas, llantos y desilusiones en tu camino hacia la cúspide del Olimpo, donde te mantenes y aún allí luchas por seguir agrandar el legado de tu leyenda. Porque todavía esta historia no está terminada. Quedan bellos milagros por ocurrir. No estás hecho. 

¿Y si el fútbol le debía dos? Te espera la final de la Copa del Mundo frente a España, el país que tanto anheló por tenerte vestido de rojo, pero al que rechazaste por defender los colores argentinos. Con la 10 en la espalda y la bandera en el hombro, con la yapa de campeón en el pecho, con fútbol para dar batalla y corazón para ganarla.

“¿Qué tal si ganas un campeonato del mundo más?”

Sí, estás para eso, viejo. Estás para eso.

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