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Paredes, el oficio de sostener lo imposible

Por Candela Loureiro 

No todas las remontadas empiezan con un gol. Algunas nacen de un futbolista que decide ponerle calma a un partido que solo invita al caos. Mientras Argentina buscaba volver de un 2-0 que parecía definitivo, Leandro Paredes hizo de la paciencia un acto de rebeldía. Eligió hacer aquello que pocas veces es reconocido: sostener desde el centro del campo la esperanza de un equipo que se negaba a caer.

Los números terminaron de ponerle dimensión a una actuación que ya había sido inmensa a los ojos de cualquiera. Los registros del mediocampista de Boca Juniors reflejaron el partido que hizo, donde su mayor virtud fue el control.

  • 129 toques, la cifra más alta del encuentro.
  • 115 pases precisos, siendo el principal conductor del juego argentino.
  • 11 recuperaciones, más que cualquier otro futbolista en cancha.
  • 5 de 6 duelos ganados.

Cada estadística explica una parte de su actuación. La claridad para ordenar a un equipo que necesitaba serenidad. Las recuperaciones y los duelos ganados hablan de ese trabajo que rara vez aparece en los resúmenes, pero que muchas veces define los partidos.

Porque Paredes no solo distribuyó. También leyó cada jugada antes que el resto, ofreció siempre una línea de pase y apareció como salida cuando la presión egipcia parecía ahogar a la Selección. Mientras el encuentro se rompía por momentos, él fue el encargado de volver a unir las piezas.

Hubo una acción que resumió todo su partido. Con el marcador 2-2 y Egipto lanzado al contraataque, Paredes anticipó la jugada, metió el cuerpo y recuperó una pelota que pudo haber cambiado el destino. Minutos después, Lautaro Martínez condujo el ataque y Enzo Fernández conectó de cabeza para el 3-2 definitivo. Aquella recuperación tuvo el mismo peso en la historia de la clasificación.

Cuando se recuerde esta remontada, las imágenes volverán una y otra vez sobre el descuento de Lionel Messi, el empate que devolvió la ilusión y el cabezazo agónico de Enzo Fernández. Pero desde el anonimato hubo un futbolista que sostuvo el partido, que convirtió la pausa en una virtud y la simpleza en una forma de resistencia.

Y la clasificación de Argentina llevó, en silencio, la firma de Leandro Paredes.

Nos merecemos bellos milagros

Por Gabriel Milian Scuri

Por los balcones de la Ciudad de Buenos Aires se escuchan gargantas que se quiebran. Las vuvuzelas revivieron y se usan como si fuera Sudáfrica 2010. La Argentina acaba de ganarle a Egipto 3-2 por los octavos de final del Mundial 2026. Hasta el minuto 78, el seleccionado nacional perdía por 2-0. En el transcurso, Messi falló un penal y le anularon un golazo a los africanos, que volaban.

Desde la sufrida victoria ante Cabo Verde, por el mismo resultado, en el anterior encuentro, la frase que más se intercambia entre los mensajes de WhatsApp es: “Si no se sufre no vale”. El haberla hecho tan propia hace creerle a la mente que hay que derramar sangre para poder disfrutar un poco. Así como en la vida, el fútbol tiene mucho de la identidad. Se juega como se vive y en una sociedad acostumbrada a levantarse de la mierda existen infinitas maneras de vencer a la adversidad. Incluso cuando en el túnel no hay luz. Ni salida.

A lo mejor, la euforia agranda situaciones que hay que tomarse con calma. ¿Pero cómo explicás que la gente sale a las calles a festejar un pase a cuartos de final? Lo que pasa ahora en Estados Unidos es algo propio. Una sucursal del país austral. Lo que se transmite en la pantalla son pibes que en algún momento hundieron sus zapatillas, porque no alcanzaba para botines, en el barro de algún potrero y le pusieron la suela a la pelota. Hoy, lo hacen con la celeste y blanca puesta. Y le dan alegrías a un país que siempre parece estar condenado a la desgracia. Económica y social.

Aún así, intentar encontrarle una explicación al deporte rey es como un gato que persigue su cola. Si la Argentina tiene delanteros goleadores pero quienes cabecean dentro del área rival son sus defensores. Si Messi lo ha ganado todo pero llora al pasar de ronda en un Mundial. Quizá, vio tan cerca el final que se asustó. Y nosotros por él.

Sin sufrir vale también. Pero es como si fuera parte de uno. Y con la de uno, uno se muere. Hasta el final. Con gambeta corta y la bocha abajo del pie.

Maradona y un poco de amor escocés

Por Ariel Atanasio

El regreso de Escocia a la máxima cita del fútbol tras casi tres décadas sin clasificar, no solo trajo el color y la histórica fiesta de su mítica hinchada al mundial en Estados Unidos. También reactivó un fenómeno cultural que resuena con fuerza en nuestro propio suelo: a raíz de este campeonato, numerosas muestras de afecto por parte de la comunidad de escoceses y exiliados radicados en la Argentina han inundado las redes,dejando en claro que entre ambas naciones hay una historia detrás llena de cariño y admiración y una cuota pendiente con un “enemigo” en común.

Y la pregunta es: ¿A qué se debe la banca de los hinchas escoceses para con la Selección Argentina? Para entender hay que mirar hacia el mapa británico. La rivalidad entre Escocia e Inglaterra es la más antigua en la historia del fútbol (su primer partido oficial se desarrolló en 1872), pero las raíces del conflicto se encuentran mucho más profundas que los noventa minutos de juego.

Arrastra siglos de tensiones políticas, la resistencia escocesa ante la dominación de la corona británica y reclamos históricos de independencia cultural y social que persisten hasta el día de hoy. En el fútbol, mientras los ingleses suelen mirar con condescendencia a sus vecinos del norte, los escoceses no esconden su bronca con Inglaterra. Y es exactamente en ese cruce de caminos donde la Argentina se convirtió en su mayor aliada simbólica.

El punto de inflexión en la relación entre la Argentina y el país europeo, ocurrió el 22 de junio de 1986. Cuando Diego Armando Maradona inmortalizó “La Mano de Dios” y luego firmó el “Gol del Siglo” para eliminar a los ingleses en el Estadio Azteca. Lo que para nosotros fue un grito cruzado por tantos sentimientos, para Escocia también fue un vueltito para la selección “pirata” luego de tanta historia.

Para el hincha escocés, la viveza criolla de usar la mano izquierda y la posterior humillación arrastrando a toda la defensa inglesa fue vista como el acto máximo de rebeldía popular. Desde aquel Mundial, el Diego dejó de ser un jugador extranjero para convertirse en un héroe del folklore nacional en Escocia.

La prueba definitiva de este romance histórico se canta a los gritos en este Mundial. En las previas de los partidos, cuando la multitud de camisetas a cuadros se cruza con las camisetas albicelestes, se desata el mismo ritual: los escoceses entonan un hit dedicado exclusivamente al astro argentino.

Así como lo hacemos acá, modificaron la letra de la canción británica “The Hokey Cokey”, para ridiculizar a los ingleses al recordar aquel gol que cambió vidas argentinas, como también ajenas.

La letra que entonan con locura y que los exiliados replican con orgullo dice:

You put your left hand in, (Ponés la mano izquierda adentro,)

You put your left hand out, (Ponés la mano izquierda afuera,)

You put your left hand in and shake it all about. (Ponés la mano izquierda adentro y la sacudís.)

You do the Maradona and you score a goal, (¡Hacés el Maradona y metés un gol!)

That’s what it’s all about! (¡De eso se trata todo!)

La complicidad no quedó congelada en los años ochenta. En este Mundial actual, la mística se renueva. Ver a los hinchas escoceses saltando a la par de los argentinos, intentando pronunciar los cantos locales y compartiendo cervezas y abrazos es la muestra perfecta de esa capacidad del futbol de unir culturas.

A través de los exiliados que traen sus historias de origen y los hinchas que arman la fiesta en las sedes, este nuevo Mundial nos vuelve a recordar que en el norte de las islas británicas hay un pueblo que, cada vez que la Argentina sale a la cancha, siente la camiseta albiceleste como si fuera propia.

Rodri, el mediocampista de oro

Por Pedro Fay

Hay futbolistas que destacan por los goles, otros por los lujos. Rodri lo hace por algo mucho más difícil de encontrar: hace mejores a todos los que juegan a su alrededor. Capitán de la selección española, líder del Manchester City y Balón de Oro, se transformó en el cerebro de sus equipos gracias a una combinación de inteligencia táctica, personalidad y una regularidad extraordinaria. Él mismo suele resumir su filosofía con una idea simple: “Lo importante es que el equipo funcione”, una frase que explica mejor que cualquier estadística la forma en la que entiende el fútbol. 

Ese perfil también se refleja fuera de la cancha. Mientras competía al máximo nivel en Europa, se graduó en Administración y Dirección de Empresas. Siempre sostuvo que “el fútbol no dura para siempre” y que quería prepararse para el futuro, una decisión poco habitual entre futbolistas de élite y que refleja el carácter metódico con el que construyó su carrera. 

Nacido el 22 de junio de 1996 en Madrid, comenzó su formación en las inferiores del Atlético de Madrid, aunque terminó de desarrollarse en el Villarreal, donde debutó profesionalmente en 2015. Tras tres grandes temporadas regresó al Atlético y, en 2019, dio el salto al Manchester City. Bajo la conducción de Pep Guardiola encontró su mejor versión hasta convertirse en el mediocampista más determinante del mundo. No por casualidad, el propio entrenador catalán aseguró en más de una oportunidad que “Rodri es el mejor mediocentro del mundo”. 

Con la selección española debutó en 2018 y rápidamente se ganó un lugar entre los referentes del plantel. Después de conquistar la Eurocopa 2024 asumió la capitanía y pasó a ser el líder de una generación que devolvió a España a la cima del fútbol europeo. 

No todo fue sencillo. En 2024 sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de una rodilla, una lesión que frenó el mejor momento de su carrera. Fueron meses de recuperación y trabajo silencioso hasta volver a competir al máximo nivel, una muestra más de la fortaleza mental que lo caracteriza. 

Su palmarés habla por sí solo: múltiples Premier League, la Champions League 2022-23, el Mundial de Clubes 2023, la Eurocopa 2024 y, ese mismo año, el Balón de Oro. Un premio histórico que lo convirtió en el segundo español en ganarlo desde 1960 y en el primer mediocampista español en conseguirlo. Lejos de celebrar el logro desde un lugar individual, eligió destacar que “hoy gana el fútbol español y también los mediocampistas que muchas veces trabajan en la sombra”, una declaración que volvió a mostrar su forma de entender este deporte. 

Tras la victoria frente a Portugal, volvió a mantener esa línea. En lugar de hablar de sí mismo, puso el foco en el grupo y remarcó que el equipo todavía tiene margen para seguir creciendo. Sin estridencias, sin buscar el protagonismo, Rodri volvió a demostrar por qué hoy no solo es el capitán de España: también es su líder futbolístico y emocional.

España y Francia, una llave que alimenta un cruce picante en semifinales

Por Celeste Roa y Alexandra Jara

La selección de España dejó en el camino a Portugal y selló su clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026 gracias a un agónico gol de Mikel Merino. Mientras la Roja celebra el pase a la siguiente instancia, las declaraciones de Lamine Yamal sobre Francia siguen generando repercusión y alimentan la expectativa de un posible enfrentamiento entre ambos seleccionados en semifinales, aunque para que eso ocurra los dos deberán superar primero los cuartos de final.

En la previa de los dieciseisavos de final, el delantero español había sido contundente al referirse a uno de los grandes candidatos al título. “Francia no es mejor que España. No nos han ganado, no pueden ser mejores que nosotros. El Mundial empieza ahora, después de la fase de grupos. Creo que no hay ningún favorito claro. Francia llega en buena forma, pero no creo que esté por encima de nadie”, afirmó en una entrevista con Radio Cope.

Las declaraciones del atacante de 18 años rápidamente recorrieron el mundo y generaron repercusión en la concentración francesa, ya que ambos seleccionados aparecían como posibles rivales en las semifinales del certamen.

Quien recogió el guante fue Jules Koundé, defensor de Francia y compañero de Yamal en el Barcelona. Desde la concentración francesa en Waltham respondió con tranquilidad, aunque dejó en claro que tomó nota de las palabras del español. “Los últimos partidos que hemos tenido contra España no han salido como queríamos. Nos guardamos esa frase en un rincón de nuestra cabeza, o al menos en un rincón de la mía”, expresó. Además, destacó la personalidad de su compañero: “Sé que es un jugador muy fuerte, un chico ambicioso que dice las cosas como las piensa”. Sobre el favoritismo, agregó: “Ser el favorito en una competición no significa mucho. No me molesta, me hace sonreír”.

Horas después, el propio Yamal bajó el tono de sus declaraciones. Desde la concentración española aclaró que no buscó menospreciar al conjunto francés y reconoció el nivel de los dirigidos por Didier Deschamps. “La fase de grupos no significa nada, miren a Alemania. Francia está jugando a un nivel muy alto, está en plena forma, tiene buenos jugadores, pero no creo que esté por encima de nadie. Para mí, nadie está por encima de nadie”, señaló.

 

Antecedentes en los Mundiales

La rivalidad entre España y Francia también tiene capítulos importantes en competencias organizadas por la FIFA. El antecedente más recordado en una Copa del Mundo absoluta se dio en los octavos de final de Alemania 2006, cuando Francia eliminó a España por 3-1 con goles de Franck Ribéry, Patrick Vieira y Zinedine Zidane, luego de que David Villa abriera el marcador para la Roja. Además, ambos seleccionados se enfrentaron en los Mundiales Sub-20 de 1977 y Turquía 2013, con triunfos españoles por 2-1 en ambas oportunidades.

 

El historial reciente

En los últimos diez años, ambos seleccionados protagonizaron varios cruces de alto nivel. Francia venció a España por 2-1 en la final de la UEFA Nations League 2021, mientras que la Roja se tomó revancha al imponerse 2-1 en las semifinales de la Eurocopa 2024, ganó 5-3 la final de los Juegos Olímpicos de París 2024 y volvió a derrotar a los franceses por 5-4 en las semifinales de la UEFA Nations League 2025.

De aquel último enfrentamiento por la Nations League todavía permanecen 18 futbolistas en los planteles mundialistas. España mantiene la base con Unai Simón, Pedro Porro, Robin Le Normand, Marc Cucurella, Pedri, Fabián Ruiz, Mikel Merino, Nico Williams, Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Por el lado de Francia continúan Mike Maignan, Jules Koundé, William Saliba, Theo Hernández, Aurélien Tchouaméni, Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Randal Kolo Muani, reflejando la continuidad de dos generaciones que vuelven a perfilarse como protagonistas.

Sin embargo, el esperado choque todavía deberá esperar. Francia buscará el pase a las semifinales cuando enfrente a Marruecos el jueves 9 de julio a las 17:00, mientras que España disputará su partido de cuartos el viernes 10 de julio a las 16:00 frente a Bélgica. Solo si ambos logran avanzar, el Mundial 2026 tendrá un nuevo capítulo de una rivalidad que sigue sumando historia.

 

Cristiano Ronaldo y su legado en los Mundiales

Por Valentín Rodríguez Costich, Tomas Golfo y Mateo Tempone

En vísperas al encuentro frente a España por los octavos de final, Cristiano Ronaldo palpitó el duelo y confirmó que el Mundial 2026 fue el último de su carrera como futbolista de la selección de Portugal. El capitán lo reconoció en conferencia de prensa. “Siempre estoy aquí en cuerpo y alma. Juegue o no en la selección, siempre voy a tener un papel importante”, expresó el máximo ídolo portugués, dejando en claro su compromiso con el grupo más allá del lugar que le tocó ocupar dentro del equipo.

A los 41 años, CR7 atravesó su sexta participación mundialista y se preparó para afrontar un nuevo clásico ibérico, esta vez con un condimento especial: la posibilidad de que cada partido pueda marcar su despedida definitiva de la máxima competencia. Y así fue.

En Alemania 2006, CR7 disputaba su primer Mundial con 21 años y fue la edición en la que más lejos llegó, finalizando en el cuarto lugar siendo esta la mejor participación de Portugal. Ocho años después, el comandante registró un desempeño para el olvido en Brasil 2014, aquí no logró superar la fase de grupos que compartía con Estados Unidos, Ghana y Alemania. El principal apuntado por la prensa portuguesa fue el “bicho”. El ex Real Madrid tuvo su mejor versión en Rusia 2018 donde aportó cuatro goles en cuatro partidos. Tres de las anotaciones habían sido frente a la Roja, con la que se batió a duelo por el pase a cuartos de final en su última función.

En la actual Copa del Mundo el delantero luso marcó tres goles, dos en fase de grupos ante Uzbekistán y el más reciente en el duelo frente a Croacia en 16avos de final, conviene subrayar que ya rompió dos récords. Uno de ellos lo comparte junto con Lionel Messi y Guillermo Ochoa, quienes están exhibieron en sus camisetas el logo FIFA legacy para honrar sus seis participaciones en citas mundialistas. Por otra parte, es el segundo jugador más longevo en anotar un tanto en esta competencia.

El sueño del portugués de obtener la Copa del Mundo terminó hoy con la caída ante España por los octavos de final, lo que significó también su despedida definitiva de los mundiales. Con seis participaciones, tres goles en esta edición 2026 y un total de 12 tantos a lo largo de su carrera mundialista y los dos récords antes mencionados, el capitán cerró su trayectoria que lo consolidó como uno de los  jugadores más importantes que pasó por la Copa Mundial de la FIFA.

Cristiano Ronaldo termina su legado en Mundiales habiendo llegado nuevamente a octavos de final como en Qatar 2022 y siendo consolado por Lamine Yamal, la gran promesa del fútbol moderno. Con esto culmina una carrera histórica con su selección logrando los únicos dos títulos en la historia de su país. Al finalizar el encuentro el jugador se dirigió al vestuario entre lágrimas en lo que significó su último partido en Copas del Mundo y su retiro del seleccionado nacional.

Crónica de una noche con Cabo Verde: primero hay que saber sufrir

Por Luca Bertoni

“Uff, ahora sí.. estamos adentro”, esbozó Hernán Bertoni, anfitrión y padre de uno de los miembros del grupo de amigos de Haedo que se juntaron para ver a la selección argentina contra Cabo Verde. Y es que el partido se presentó así, trabado y complicado. Tanto fue así que los chicos se fundieron en un abrazo grupal entre una nube de suspiros que llenó la habitación de alivio. 

En los papeles, el partido parecía sencillo para muchos. “Hoy 4 a 0, ganamos cómodos” dijo Manuel, el más fanático de la selección en el grupo de amigos, antes que arranque el partido con un tono de tranquilidad casi inimaginable para un partido de eliminación directa de un Mundial.

 Y es que, en defensa de Manuel, el rival era Cabo Verde. Un país que disputaba su primera Copa del Mundo, un país pequeño en el cual muchos de los jugadores tenían oficios por fuera del deporte para poder vivir. “Ojo igual eh, vienen jugando bien, yo los vi con España y Uruguay y son muy fuertes, a los vecinos hasta le podrían haber ganado”, advirtió Mateo, defensor y profesor de fútbol infantil. 

El partido arrancó trabado, pero como siempre, el 10 y capitán albiceleste, con una pincelada mágica abrió el marcador luego de controlar una pelota que había viajado por el aire más de 40 metros. “Que de la mano, de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar…”, arrancó a sonar al unísono entre los 10 chicos, casi como si hubiese estado premeditado. “¿Vos viste la pelota que puso el Licha?”, preguntó Tobias, el central zurdo del grupo, fascinado con el pase largo que había hecho el zaguero argentino. 

Sin muchas más emociones, llegó el entretiempo. Se notaba cierto clima de tensión. Si bien es cierto que el conjunto africano no se había aproximado al arco sudamericano, el rendimiento colectivo no terminaba de convencer a los hinchas argentinos. “No están conectando los del medio con los de arriba, a Lautaro no le llega nunca”, sentenció Santiago, otro de los amigos, mientras se levantaba del sillón. 

Solo 15 minutos pasaron del complemento cuando llegó el empate de Cabo Verde. “Se los dije. No jugamos a nada, estaba cantado”, dijo Santi con un salame y un queso en una mano, y un vaso de fernet en la otra. Y por más de que ese vaso de fernet no era el primero que empinaba en la tarde noche del viernes, razón no le faltaba, la gran mayoría estaba disconforme con el rendimiento de la selección.

Pitazo final, empate en 1 y a jugar el tiempo extra. Poco pasaba hasta que el propio Licha Martínez agarró un rebote dentro del área y la acomodó arriba para que al famoso arquero caboverdiano se le haga imposible atajarla. “Vamos muchachos, es ahora, ahora hay que pasarlos por encima”, le gritó Hernán a la pantalla como si la arenga fuera escuchada por los 11 argentinos que vestían la camiseta blanquiceleste en Miami, a más de 7 mil km de distancia. 

Y cuando la tranquilidad volvía a apoderarse del estado de ánimo de los amigos, llegó el segundo gol como un mazazo. “Mirá donde la clavó, ni él lo puede creer”, protestó Manuel, incrédulo con el sablazo al ángulo izquierdo del Dibu Martínez que había sacado el mediocampista africano. 

Llegó el entretiempo y todo empezaba a oscurecerse, los penales parecían cada vez más cercanos. “Hummm que miedo para los penales estos muchachos, vienen embaladísimos”, dijo Tomás tirado desde el sillón, lugar donde había estado en silencio los anteriores 105 minutos de partido. 

Pero el destino tenía otra cosa pensada. Centro de Messi, cabezazo del Cuti Romero, rebote en un defensor caboverdiano y gol de Argentina. “GOOOOOOOL”, un grito bien largo y pronunciado, con un alto tono de voz, y en un abrazo colectivo bien fuerte para sacar la bronca y los temores contenidos. Todos saltaron eyectados desde el sillón, la mesa ratona se movió y un vaso lleno cayó en la alfombra color beige. 

Nada importó, ese gol trajo la tranquilidad que tanto habían necesitado esos amigos argentinos a lo largo de toda la tarde noche. Poco más sucedió hasta el pitido final, que los volvió a juntar en un abrazo y el canto del nuevo hit de la hinchada argentina, que tiene una consigna clara: “Argentina quiero verte bicampeón”.

 

Unai Simón estira su propio récord: 614 minutos sin recibir goles

Por Santiago Fleitas

Unai Simón estableció un nuevo récord de imbatibilidad en la historia de la Copa Mundial de la FIFA al alcanzar los 614 minutos consecutivos sin recibir goles. La marca se concretó tras la victoria de España por 1 a 0 frente a Portugal en los octavos de final del Mundial 2026.

Con este registro, el arquero español superó los 517 minutos que había logrado el italiano Walter Zenga en el Mundial de Italia 1990, además de dejar atrás los 476 minutos de Iker Casillas, anterior récord español.

La racha de Unai Simón comenzó con los últimos 39 minutos del encuentro ante Japón en el Mundial de Qatar 2022. Luego se extendió durante los 120 minutos disputados frente a Marruecos en los octavos de final de esa Copa del Mundo, partido en el que España quedó eliminada en la definición por penales tras igualar sin goles. Al no haber recibido tantos durante el tiempo reglamentario ni en la prórroga, el arquero mantuvo su invicto, que continuó en el Mundial 2026 a lo largo de los cinco partidos completos frente a Cabo Verde, Arabia Saudita, Uruguay, Austria y Portugal.

Además del récord individual de Simón, España también estableció una nueva marca de imbatibilidad para una selección en la historia de los Mundiales, al superar los 559 minutos sin recibir goles que había registrado Suiza entre las Copas del Mundo de 2006 y 2010.

El logro de Simón se produjo mientras continúa como arquero titular de España, respaldado por el entrenador Luis de la Fuente. A pesar de la competencia con otros guardametas, como David Raya y Joan García, el futbolista del Athletic Club se mantiene como la principal opción bajo los tres palos para el seleccionado español.

 

El caso Balogun y una resolución de bar entre Trump e Infantino

Por Agustín González

La decisión de la FIFA de habilitar al delantero estadounidense Folarin Balogun para disputar los octavos de final del Mundial 2026 frente a Bélgica, pese a haber sido expulsado ante Bosnia y Herzegovina en los 16avos de final, convirtió un fallo disciplinario en un conflicto institucional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció públicamente haber llamado al mandatario de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que la jugada fuera revisada. Tras la comunicación entre presidentes la FIFA decidió que el delantero estadounidense puede disputar el encuentro.

“Vi la jugada y soy una persona que ama los deportes. Eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción. Ese árbitro es sospechoso. Si revisás su historial, es muy sospechoso y tomó una decisión que nadie podía creer. Es nuestro mejor jugador, o uno de nuestros mejores jugadores. Sí, pedí una revisión por parte de la FIFA”, declaró Trump durante una conferencia de prensa. Luego calificó la resolución como una decisión “brillante”.

La respuesta no tardó en llegar. La Federación de Bosnia publicó en sus redes sociales el mensaje “FIFA + USMNT (Selección Masculina de Fútbol de los Estados Unidos) = Mafia”, mientras que la Federación Belga expresó su “sorpresa” por una decisión que, según sostuvo, contradice el propio Código Disciplinario y el reglamento del Mundial. Además, denunció que nunca recibió una explicación formal sobre los fundamentos del fallo y anunció que evaluaría todas las vías posibles para defender la igualdad de condiciones entre las selecciones. FIFA declaró inadmisible ese reclamo al considerar que Bélgica no era parte del procedimiento disciplinario.

La UEFA fue todavía más contundente. En un comunicado afirmó que la decisión “cruzó una línea roja” y advirtió: “Cuando la certeza de las reglas no está más garantizada por sus garantes, la integridad del juego se ve amenazada y la credibilidad de la competición comprometida”.

A las críticas también se sumó el entrenador alemán Jürgen Klopp. “Este es nuestro deporte, no el de ellos. Si Trump e Infantino realmente acordaron levantar la suspensión, es una locura. Lo pone todo en duda. Ninguno de los dos debería tener nada que ver con una decisión disciplinaria”.

A esas voces se agregó la del expresidente de la FIFA, Sepp Blatter, quien también cuestionó la decisión. “Las tarjetas rojas no se revierten por llamados políticos. Se revierten por reglas, pruebas y órganos independientes. Si un presidente de Estados Unidos interviene ante el presidente de la FIFA y, de repente, un jugador queda habilitado antes de un partido de eliminación directa, la pregunta es inevitable: ¿hacia dónde va la FIFA? El fútbol nunca debe convertirse en un patio de juegos del poder político”, escribió en su cuenta oficial de X.

Más allá de si la expulsión fue correcta o no, el episodio dejó una discusión que trasciende a Balogun. El Estatuto de la FIFA establece que el fútbol debe mantenerse libre de injerencias de terceros para preservar la independencia de sus órganos de decisión. Sin embargo, por primera vez durante un Mundial, un presidente reconoció haber intervenido para solicitar la revisión de una sanción disciplinaria y el futbolista terminó habilitado para jugar.

El impacto fue inmediato. Incluso en el Reino Unido aparecieron pedidos políticos para que se aplicara el mismo criterio en otros casos disciplinarios. Más allá del desenlace deportivo, el caso Balogun dejó una huella difícil de borrar. Instaló la posibilidad de que una decisión arbitral, tradicionalmente resuelta dentro del campo y de los órganos disciplinarios, pueda quedar bajo la sombra de la presión política. Ese es el verdadero precedente que marcó este Mundial.

Mundial: la otra cara, también juega

Por Martina Alzogaray 

En avenida España, localidad de Moreno (zona oeste), se observan personas en situación de calle, más de una docena de familias enteras y otras diversas condiciones que pasan a un segundo plano, pero que nunca dejan de estar. Esta crónica propone mirar el lado B de la Copa del Mundo 2026.

El martes 16, durante el debut de la Selección, la ciudad parecía suspendida por el Mundial. Eran cerca de las 23 y las calles de la localidad bonaerense de Moreno estaban prácticamente vacías: locales cerrados, empleados siguiendo el partido desde adentro y un transporte público alterado por la demanda de esos 90 minutos. A pocas cuadras, una joven de aproximadamente 20 años que regresaba de trabajar fue asaltada por varios individuos. Todo ocurrió en cuestión de segundos. No muy lejos de allí, otra chica esperaba un colectivo que no llegaba porque el servicio estaba interrumpido. Mientras tanto, en una esquina, dos hombres en situación de calle discutían, ambos en estado de ebriedad.

¿Alguna vez pensamos en quienes viven la competición de una manera diferente, lejos de la emoción y la celebración?

¿Y en aquellos que no tienen recursos para compartir una comida?

¿En los que  no cuentan con un televisor para seguir el torneo?

¿O qué ni siquiera tienen un hogar desde donde verlo?

Argentina-Austria: trabajar mientras rueda la pelota

Hay situaciones que no se dimensionan hasta estar ahí, hasta verlas o escucharlas. Quien vio el Argentina-Austria en un colectivo lleno, con todos intentando llegar a tiempo para compartirlo en familia, quizás pensó que tuvo mala suerte. Sin embargo, muchas veces se pierde de vista la fortuna de tener un celular, auriculares, un trabajo o la posibilidad de estudiar.

En la cuadra extensa se ubica “Mi Gusto”, la tienda está decorada con guirnaldas y tres pantallas colgadas que muestran los precios y las promociones, ambientadas con la temática de Argentina. En una de ellas, el 10 argentino señala con su dedo índice una empanada cortada a la mitad, como una invitación a comprarla y probarla.

Son tres chicos los que trabajan ocho horas. Su encargado no les cedió el franco para verlo desde sus casas. Jesús tiene 20 años y se define como un “enfermo” de la pelota: mira todos los partidos que puede, sin importar el club, la liga o el país. Es rubio, de ojos claros, hincha de Boca y está “embroncado”, según sus propias palabras.

El enojo surge porque su jefe le pidió que trabajara el día de su franco, el mismo lunes 22 de junio. Jesús dice estar cansado de los malos tratos y las condiciones: un típico empleo informal en negro con un empleador poco empático, que toma decisiones según su conveniencia.

No es un día más para la gastronomía. En el encuentro, muchos eligen comprar por delivery, ya que comenzó a las 14 y para varios se volvió complicado combinarlo con el almuerzo.

Así, los muchachos no pudieron ver el primer ni el segundo tiempo de manera cómoda y continua. Los trabajadores destacan que el movimiento comienza con fuerza tanto al mediodía como por la noche: los pedidos salen de a montones y, en un abrir y cerrar de ojos, los once jugadores dejaron de correr.

Viven la copa a través de la demanda laboral. Las reuniones entre amigos se vuelven más frecuentes por la ocasión, lo que genera un aumento en los encargos. Terminan viendo jugadas sueltas, entre ellas el penal errado de Messi a los ocho minutos, mientras continúan con su jornada.

Son fragmentos dispersos: una espera que se extiende más de lo previsto, una discusión que aparece en una esquina vacía, un regreso a casa marcado por lo imprevisible, un turno que no se ajusta al horario del partido sino que lo atraviesa sin consideración.

Quizás por eso estas escenas incomodan más cuando el suceso mundialista termina. Porque es ahí donde aparece con claridad lo que durante el juego queda en segundo plano: que no todos están viendo igual, que no todos pueden detenerse, que no todos transitan el mismo tiempo aunque estén en el mismo sitio. Y que, incluso en días donde todo parece girar alrededor de un solo acontecimiento, la vida cotidiana sigue.

Carlos tiene 53 años y es alcohólico. Toda su vida vivió en las avenidas de España y Merlo, localidad de Moreno y no sabe lo que es ver un fútbol.

—Cuando Argentina salió campeón en Qatar 2022, ¿cómo lo viviste vos?

—Mirá, yo no tengo idea de la hora ni la fecha nunca. En ese tiempo solo veía gente festejando y ni sabía por qué.

—¿Nunca supiste que la Selección había ganado?

—Conozco a Messi, nada más.