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Curazao y una clasificación histórica: el camino hacia su primer Mundial

Por Lautaro Gómez Gallegos

La selección de Curazao dio una de las grandes sorpresas de las Eliminatorias de la Concacaf al conseguir, por primera vez en su historia, la clasificación a una Copa del Mundo. El combinado caribeño logró un lugar entre las 48 selecciones que disputarán el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México 2026, un torneo que estrenará un formato ampliado y brindará más oportunidades a países que nunca habían alcanzado la máxima cita del fútbol.

El sistema clasificatorio de la Concacaf estuvo compuesto por tres rondas. En la primera participaron las cuatro selecciones peor ubicadas en el ranking FIFA, por lo que Curazao avanzó directamente a la segunda fase gracias a su posición en la clasificación mundial.

En esa instancia, 30 equipos fueron distribuidos en seis grupos de cinco integrantes. Curazao integró el Grupo C junto con Haití, Santa Lucía, Aruba y Barbados. El conjunto conocido como la “Familia Azul” tuvo una actuación impecable y ganó los cuatro partidos que disputó.

El debut fue una goleada por 4-1 ante Barbados, con tres goles de Rangelo Janga y uno de Gervane Kastaneer. Luego venció 2-0 a Aruba como visitante gracias a los tantos de Juninho Bacuna y Xander Severina. Más tarde superó 4-0 a Santa Lucía, con una destacada actuación de Kastaneer, y cerró la fase con un contundente 5-1 sobre Haití, el rival más exigente del grupo. Los goles fueron convertidos por Kastaneer, Kenji Gorré, Jearl Margaritha, Jeremy Felida y Arquin Antonisse.

Con puntaje ideal, 12 unidades sobre 12 posibles, Curazao avanzó como líder de su zona a la tercera y decisiva ronda.

En la fase final, las 12 selecciones clasificadas fueron divididas en tres grupos de cuatro equipos. Los dirigidos por Dick Advocaat compartieron zona con Jamaica, Trinidad y Tobago y Bermudas.

El camino comenzó con un empate sin goles ante Trinidad y Tobago. Luego llegó una victoria por 3-2 frente a Bermudas, con un doblete de Joshua Chong y otro tanto de Tijjani Noslin. En el tercer encuentro, Curazao consiguió un triunfo clave al derrotar 2-0 a Jamaica con goles de Livano Comenencia y Kenji Gorré.

En los partidos de vuelta, igualó 1-1 con Trinidad y Tobago y llegó a la última fecha como escolta de Jamaica. Sin embargo, una contundente victoria por 7-0 sobre Bermudas y un empate sin goles frente a los jamaiquinos, combinado con una derrota de Jamaica ante Trinidad y Tobago, le permitió quedarse con el primer puesto del grupo.

Así, el 18 de noviembre de 2025, Curazao selló la clasificación más importante de su historia y obtuvo el boleto directo al Mundial 2026.

Tras la histórica gesta, la selección atravesó un período de incertidumbre. Dick Advocaat dejó su cargo en febrero de 2026 para atender cuestiones familiares vinculadas a la salud de su hija, y fue reemplazado por Fred Rutten. Sin embargo, la etapa del nuevo entrenador resultó breve. En medio de los pedidos de futbolistas, dirigentes y patrocinadores para el regreso del técnico que había liderado la clasificación, Rutten decidió dar un paso al costado.

Finalmente, en mayo de 2026, Advocaat regresó al banco de Curazao para encabezar la preparación del equipo de cara al primer Mundial de su historia. El regreso del experimentado entrenador neerlandés fue celebrado como una noticia trascendental para una selección que buscará seguir haciendo historia en la máxima cita del fútbol.

Dick Advocaat: el hombre que hizo gigante a Curazao

Por Camilo Grincajger

Cuando Dick Advocaat llegó a la selección de Curazao, muchos pensaron que se trataba simplemente de un entrenador prestigioso transitando los últimos años de su carrera. Sin embargo, en poco tiempo consiguió algo histórico: transformó a una pequeña isla del Caribe en un equipo capaz de competir de igual a igual con las potencias de la Concacaf y la condujo por primera vez a una Copa del Mundo.

Advocaat, nacido en La Haya, Países Bajos, en 1947, es uno de los entrenadores más experimentados del fútbol europeo. Durante más de cuatro décadas dirigió clubes y selecciones de primer nivel en distintas partes del mundo. Pasó por equipos como PSV Eindhoven, Rangers y Zenit de Rusia, con el que conquistó la Copa UEFA en 2008. También estuvo al frente de la selección de los Países Bajos en distintos ciclos y dirigió a Corea del Sur, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Bélgica, Serbia e Irak.

Su historia en el fútbol comenzó como jugador durante la década de 1970. Sin ser una gran estrella, se destacó por su inteligencia táctica y su capacidad de liderazgo. Actuó como defensor en varios clubes neerlandeses y tuvo pasos por Estados Unidos y Bélgica. Muy pronto comprendió que su futuro estaba en los bancos de suplentes y comenzó su carrera como entrenador mientras aún seguía jugando.

Por su fuerte personalidad, su disciplina de trabajo y su admiración por el legendario entrenador neerlandés Rinus Michels, desde hace años es conocido como “El Pequeño General”. Sus equipos se caracterizan por el orden táctico, la solidez defensiva y la competitividad.

En 2024 aceptó uno de los desafíos más particulares de su trayectoria: dirigir a Curazao, una selección con escasa tradición en el fútbol internacional. Sin embargo, el proyecto escondía un enorme potencial. Bajo su conducción, el equipo ganó confianza, mejoró su rendimiento y dejó de sentirse inferior frente a rivales históricamente más poderosos.

La gran hazaña llegó en las eliminatorias rumbo al Mundial de 2026. Contra muchos pronósticos, Curazao consiguió la primera clasificación mundialista de su historia. El logro tuvo una enorme repercusión, ya que convirtió a la isla en uno de los países más pequeños en alcanzar una Copa del Mundo.

A nivel personal, Advocaat también rompió récords. Con 78 años se convirtió en el entrenador más longevo en clasificar a un Mundial. Fiel a su estilo, evitó los elogios individuales y destacó siempre el trabajo colectivo y el crecimiento del fútbol curazoleño.

A pocos meses de la Copa del Mundo sorprendió al anunciar su salida por cuestiones familiares vinculadas a la salud de su hija. La decisión impactó profundamente en el plantel, que había construido una relación muy cercana con el entrenador. Sin su conducción, el equipo perdió parte de la estabilidad que había mostrado durante el proceso clasificatorio y comenzaron a surgir pedidos para que regresara.

Finalmente, en mayo de 2026, Advocaat aceptó volver para dirigir a Curazao en el Mundial. Su regreso fue celebrado en toda la isla. Más que un entrenador, se había convertido en el símbolo de la mayor hazaña deportiva de la historia del país. Hoy representa experiencia, liderazgo y la prueba de que incluso las selecciones más pequeñas pueden alcanzar objetivos que parecen imposibles.

Mientras exista la “10”

Por Juana Lusin Santafé y Morena Politi

Kempes, Maradona, Ortega, Riquelme, Messi. El “10” en Argentina no fue nunca solamente un número. Está en la camiseta original guardada como reliquia y en la trucha comprada en un local de barrio antes de un Mundial. Está en el pibe que duerme con esos colores puestos y en el abuelo que todavía recuerda de memoria un gol de hace cuarenta años. Está en las cábalas, en los abrazos desesperados, en la radio prendida bajito; en la fe absurda de creer que mientras exista alguien capaz de ponerse esa camiseta, siempre va a quedar una última alegría posible. Porque la “10” no vive solamente en una cancha: vive en el pueblo que convirtió al fútbol en identidad. Y si preguntan quiénes somos, “somos de Tierra Santa”.

Antes de la gambeta elegante y del lujo, estuvo la entrega. Mario Alberto Kempes, “El Matador”, el primer gran “10” que hizo sentir a un país entero campeón del mundo en 1978. Tenía el pelo largo, la camiseta embarrada y la ilusión de millones colgada en la espalda. Con él, la 10 empezó a convertirse en símbolo. En algo más grande que un número. Porque hay jugadores que ganan partidos, pero otros hacen que un pueblo entero vuelva a creer. Y Kempes fue el primero en hacer creer a todo un país.

Después, la pelota encontró a Diego Armando Maradona. O quizás fue Diego quien encontró la pelota antes que nadie. El pibe de Villa Fiorito que gambeteó la pobreza, las heridas y hasta la lógica misma con una pelota pegada al pie izquierdo. Y entre todos los momentos que le regaló al fútbol, hubo uno que quedó tatuado para siempre en la memoria argentina: México 1986. El partido contra Inglaterra, la corrida eterna, el relato inmortal. Y ese gol, que no fue solamente el mejor de la historia: fue una herida transformada en arte, una revancha hecha gambeta. Ahí, Maradona inmortalizó al fútbol argentino. Porque el “D10s” de los argentinos, hizo que la “10” dejara de pertenecer a los jugadores, para pasar a ser la representación de un país entero. Cuando llegó él nada volvió a ser igual. Porque no solamente usó la camiseta, la convirtió en eternidad. Hizo del fútbol una revancha para los que siempre se sintieron menos. Era barrio, desobediencia, magia y corazón al mismo tiempo.

Y cuando parecía imposible volver a encontrar a alguien capaz de cargar semejante historia sobre la espalda, apareció Ariel Ortega para hacer de las suyas. El “Burrito” jujeño que no intentó parecerse a nadie, entendió que la única manera de honrar esa camiseta era jugando a su manera. Entre 1998 y 2002, su gambeta le devolvió al fútbol argentino la inocencia del potrero, la rebeldía de encarar aunque hubiera cinco rivales adelante y una sensación de no saber qué podía pasar cuando agarraba la pelota. Ortega no necesitó levantar una Copa del Mundo para quedarse en el corazón de la gente. Le alcanzó con recordarle al pueblo nacional que el deporte también podía seguir siendo alegría y juego.

En medio de un fútbol cada vez más apurado, apareció Juan Román Riquelme, que jugaba como si el tiempo no existiera. Mientras el mundo iba rápido, él frenaba. Pensaba. Esperaba. Y en esa pausa encontraba espacios que nadie más veía. Con él, la “10” fue inteligencia, personalidad y elegancia. Era el jugador que escuchaba a la pelota cuando el resto solamente intentaba correr detrás de ella. Y en cada pase filtrado, en cada control perfecto, en cada silencio suyo dentro de la cancha, había algo profundamente argentino: la sensibilidad de entender el fútbol como arte. Román convirtió la pausa en emoción y el talento en identidad. No necesitaba velocidad para romper partidos ni gritar para hacerse notar. Le alcanzaba una pelota en los pies y levantar la mirada para hacer entender que el fútbol podía jugarse de otra manera.

Con toda esta historia detrás, ¿quién se imaginaría que todavía quedaba algo por contar? Ahí estaba el pueblo argentino, tercamente vivo, que nunca dejó de creer. Lionel Messi tuvo que aprender a jugar con el mundo mirándolo distinto, con un cuerpo más chico de lo que pedía el fútbol, con una altura que parecía una excusa para dudar de él, con críticas que lo perseguían como si cada paso suyo necesitara ser justificado. La número “10” volvió a encontrar sentido en alguien que parece que nunca tuvo permitido el error. Lo señalaron, lo compararon, lo exigieron como si llevara una deuda con un país entero. Y en medio de todo eso, también hubo un momento en el que hasta el corazón del que más lo criticaba se frenó: en 2016, cuando dijo que se iba. Cuando la Selección se quedaba sin su “10” y el fútbol argentino sintió por un instante que algo se rompía por dentro.

Pero, ¿y si ese no era realmente el final? El “Messías” volvió. Volvió como vuelven los que no pueden evitarlo, los que tienen algo adentro más fuerte que el orgullo y más profundo que el cansancio. Y en Qatar 2022, como si el universo entero hubiera decidido, por una vez, ponerse del lado correcto, levantó la copa más importante de su carrera. Por un instante, el fútbol pareció justo. No porque Messi le debiera algo a alguien, sino porque había algo profundamente necesario en ver otro “10” argentino ahí. Como si el deporte hubiera tardado demasiado en reconocer lo que cualquier pibe de barrio supo siempre: que ese señor bajito, de mirada tranquila y zurda mágica, era simplemente el mejor que había pisado una cancha.

Cinco nombres. Cinco maneras distintas de ponerse la misma camiseta. Y una sola cosa en común: el número “10” que atraviesa generaciones enteras. Porque hay camisetas que se usan, y otras que se sienten en la piel como si fueran la patria misma. Y mientras haya un pibe en algún potrero de este país mirando el cielo después de un gol y sin saber muy bien por qué se le llenan los ojos de lágrimas, la “10” va a seguir viva. Esperando al próximo. Al que todavía no conocemos. Al que ya está aprendiendo a dominar una pelota sin imaginar siquiera el peso hermoso que algún día va a cargar.

La historia no terminó. Alguien, en algún rincón de Argentina, ya está escribiendo el capítulo siguiente.

Curazao, la pequeña isla caribeña que hará historia en el Mundial

Por Lola Fariña Villaverde

Casas de colores frente al mar celeste y calles con una arquitectura colonial neerlandesa son inundadas por un calor constante en Curazao. La isla, que forma parte del Reino de los Países Bajos, se destaca por la mezcla cultural de distintas tradiciones que aparece tanto en sus habitantes como en su música, idiomas y gastronomía.

En las calles de Willemstad, su capital, turistas caminan entre edificios pintados de rosa, amarillo y azul mientras el olor a pescado frito y especias sale de pequeños restaurantes familiares. La comida típica de la isla, como el Keshi Yena (pollo desmenuzado con queso), une recetas africanas, europeas y caribeñas en platos marinos frescos, sopas condimentadas y preparaciones tradicionales transmitidas de generación en generación. El idioma también cambia según la esquina: algunos hablan neerlandés, otros inglés o español, aunque el papiamento, una mezcla de lenguas africanas, portuguesas, españolas y neerlandesas, domina gran parte de las conversaciones cotidianas.

La vida en la isla está atravesada por costumbres caribeñas, música en las calles y una relación permanente con el mar. Muchos habitantes trabajan en actividades vinculadas al turismo, principal motor económico del país, donde el florín caribeño es la moneda utilizada diariamente en restaurantes, hoteles y mercados locales. Las playas de agua transparente y arrecifes de coral atraen visitantes durante todo el año, especialmente a quienes buscan buceo y deportes acuáticos. Entre enero y julio, cuando las lluvias son menos frecuentes, la isla atraviesa su temporada más visitada. 

Sin embargo, detrás de la imagen paradisíaca existe una historia marcada por la colonización y el comercio marítimo. Durante siglos, Curazao fue un punto estratégico para los europeos en el Caribe y uno de los principales centros de comercio esclavista de la región bajo dominio neerlandés. Hoy en día es un país autónomo, pero sus ciudadanos poseen pasaporte neerlandés y derechos europeos, aún con la isla sin formar parte de la Unión Europea. 

Aunque desde 2010 funciona como un país autónomo, Curazao continúa formando parte del Reino de los Países Bajos y mantiene una relación política y económica permanente con Europa. En los cafés del centro histórico y en los mercados cercanos al puerto, muchos habitantes hablan sobre el costo de vida, las oportunidades laborales y la dependencia económica del turismo. La isla tiene gobierno y parlamento propios, pero asuntos como la defensa y las relaciones exteriores siguen vinculados a Países Bajos. En un territorio pequeño, donde gran parte de la población vive de actividades relacionadas con el mar y los visitantes extranjeros, las decisiones políticas impactan rápidamente. Mientras las banderas neerlandesas todavía forman parte del paisaje, muchos curazoleños buscan mantener una identidad cultural propia dentro del Caribe.

Las celebraciones populares, como el carnaval, ocupan un lugar muy importante en el día a día: las calles se cargan de desfiles, música y vestuarios coloridos durante semanas mientras que los bares organizan eventos especiales. La actividad nocturna también cuenta con una gran presencia.

El deporte también ocupa un espacio importante en la sociedad curazoleña, especialmente el fútbol y el béisbol. En los últimos años, la selección de fútbol de Curazao comenzó a crecer dentro de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf). Este año disputará su primer Mundial y logró romper el récord al ser el país más pequeño en clasificar a una Copa del Mundo y cuando debute ante Alemania, también se convertirá en ser la Selección con el técnico más longevo en dirigir en la historia de la competencia: Dick Advocaat.

El avance futbolístico despertó entusiasmo entre los habitantes y fortaleció el sentido de representación nacional en una isla donde conviven múltiples identidades culturales, como influencias africanas, europeas, indígenas arhuacas y latinoamericanas. Toda esta mezcla cultural espera una gran oportunidad para darse a conocer ante el resto del planeta por medio de este mundial.

Arsenal, lo bueno se hace esperar 

Por Catalina García

A tan solo horas de poder consagrarse campeón de Europa, el Arsenal ya respira el clima de festejos tras ganar la Premier League por primera vez en 22 años. Un proyecto que tardó ocho años en construirse, que fue posible porque el club confiaba en lo que podía lograr Mikel Arteta, a pesar de que era su primera vez en la vida dirigiendo. 

La falta de tolerancia a la derrota y una sociedad cada vez más resultadista, suelen provocar el despido de entrenadores tras apenas unas fechas sin buenos resultados. Sin embargo, tanto Pep Guardiola, Arteta, y Unai Emery son el ejemplo de que los logros pueden tardar años, y que los proyectos exitosos requieren de un proceso para construir una identidad de juego. Lo bueno se hace esperar. 

Entonces, ¿por qué no se toma como ideal el modelo de crear un equipo sólido que lleva tiempo, en vez de esperar a que en tan solo dos partidos este sea puntero de la liga? Guardiola tardó dos años desde que asumió como entrenador del Manchester City para conseguir títulos, y siete para salir campeón de la Champions. El caso del “Míster” sigue una lógica parecida, quien desde 2019 proyectó salir victorioso en cada torneo al que se presentaba, y en ocasiones obtenía resultados, como la FA Cup de 2020, y en otros no podía estar más cerca de conseguirlo quedando en las puertas del título. 

Sin embargo, no todos los procesos pueden sostenerse indefinidamente, eventualmente deben finalizar. Existen casos, como el de Frank de Boer cuando lo contrataron en el Crystal Palace y fue despedido tras 77 días al mando por no haber marcado en las únicas cuatro fechas que disputaron. Aunque su propuesta era cambiar el estilo de juego, las dificultades para implementarlas provocaron su salida. La continuidad no garantiza, a veces, el éxito. Existen propuestas, incluso con tiempo, que no logran mostrar una evolución futbolística ni resultados que justifiquen su permanencia. Su situación fue categorizada por los medios como “impaciencia y pensamiento a corto plazo” de parte de los directivos de Las Águilas. 

Por otro lado, Emery también se encuentra en el camino a la gloria, mientras va recogiendo trofeos para demostrar que con dedicación y tiempo se puede llenar una vidriera. Su llegada al Aston Villa fue en 2022, relativamente poco tiempo, pero suficiente para sentar las bases de un grupo que trabaja en equipo para avanzar hacia un mismo objetivo. Consiguió la clasificación a la Champions League en 2024, torneo del que los Villanos no participaban desde la temporada 1981/82. 

Y no es coincidencia que los tres técnicos sean españoles. Sus improntas, por más distintas que sean, quedan reflejadas en cada partido, los números respaldan el impacto de sus métodos. En el caso de Guardiola, es el único entrenador en haber ganado la Premier League cuatro veces seguidas, además de convertir el equipo en el más goleador (903 en su trayectoria con el Manchester), más victorioso (269), y menos derrotado (52). Logros que no podría haber conseguido si lo hubiesen despedido tras diez partidos con el conjunto citadino. 

Porque 10 partidos no alcanzan para formar un vínculo con un plantel, y transmitir una idea o concepto. Un claro ejemplo es Rafa Benitez, que llegó en 2004 al Liverpool, con un comienzo tumultuoso, y aun así alcanzó la gloria máxima, esa misma temporada, cuando vencieron en Estambul al Milan. Su situación demuestra que no se puede juzgar un proceso únicamente por los primeros partidos.   

Y es por eso que uno se cuestiona: ¿por qué en Argentina no confían en los técnicos y los despiden por una derrota que no podría estar más lejos del descenso? ¿Se debe a un tema de dinero, o simplemente el hincha, y un club, no puede concebir la idea de un fracaso? Es una obviedad que para mantenerse entre los mejores tienen que ganar, pero no siempre se puede llegar. 

Uno de los casos más reconocidos en el país es el de Marcelo Gallardo, cuando asumió en River. Una apuesta por parte del Millonario, ya que contaba con poca experiencia en el cargo. Su primer ciclo terminó durando ocho años con 14 galardones que lo posicionan como el entrenador más ganador de la historia del club. Y a pesar de pasar años con títulos y otros no, su plan constaba en el crecimiento del equipo. Fue así que terminó convirtiéndose en un emblema. Más allá de las críticas que recibió, siempre sostuvo una idea. 

No obstante, la realidad argentina está muy lejos de ser parecida a la europea. Los clubes dependen de la remuneración de las clasificaciones a torneos internacionales, o incluso de las competencias locales, además de la venta de jugadores. Es por eso que una mala campaña afecta masivamente a la economía del club, y si el entrenador no mejora el rendimiento, seguramente el taxi lo esté esperando en las puertas de la institución.  

Probablemente, no sea cuestión de elegir entre proceso y resultado, si no encontrar un equilibrio entre ambos. Los ejemplos de Guardiola, Arteta, Emery, y Gallardo demuestran que la paciencia es fundamental para que los equipos den frutos. La pregunta es si el fútbol argentino es

Dustin Brown, el tenista que se construyó en la ruta

Por Valentín Gerez

“Quizás Dios me dijo que la solución para todo era una caravana, no lo sé. Pero la idea vino a mi cabeza como obra de algo divino”, cuenta Inge Brown, la madre de Dustin.

Dustin Brown todavía no era un profesional consolidado. Estaba lejos del top 100, ni siquiera una promesa clara. Era un joven de 20 años con talento y sin recursos, intentando abrirse camino en un deporte caro y estructurado desde un lugar al que su confederación nacional de tenis no podía apoyarlo.

Nacido en Alemania y criado entre Europa y Jamaica, Brown se formó lejos de las academias de élite. Su desarrollo fue otro: rutas, torneos ITF, circuitos Challenger y una vida nómade arriba de una Volkswagen convertida en casa rodante. La caravana era de un color blanco rozando al beige por el desgaste, ventanas de las que colgaba, atada con nudos, la ropa recién lavada que utilizaba el joven para que se secara. Ahí dormía, viajaba, comía y competía, pero sobre todo, ahí se construyó como profesional.

Ese contexto no lo frenó, lo moldeó. En la caravana no solo vivía: también trabajaba su tenis. Tenía su computadora para analizar los partidos y hasta una máquina para encordar sus propias raquetas. Todo dependía de él. El objetivo estaba claro: la matrícula  “CE DI 100”. CE por el sitio donde nació, Celle. DI por Dustin e Inge y 100 por el ranking, porque llegar al top 100 no era una ilusión, era un plan.

 Y los resultados llegaron. Profesional desde 2002, Brown alcanzó el puesto 64 del ranking ATP en 2016, ganó títulos en el circuito Challenger y sumó dos títulos ATP en dobles. Pero su carrera no se destaca únicamente por los números, sino por el impacto. Porque en un circuito dominado por la regularidad, la repetición y el juego desde el fondo de la cancha, Brown representó una anomalía. Su estilo, basado en el saque y volea constante, la improvisación y la agresividad rompía con los patrones establecidos. No buscaba minimizar el error, sino asumirlo como parte del riesgo.

Esa forma de competir tuvo su punto más alto en escenarios grandes. Brown logró vencer dos veces a Rafael Nadal, una de las máximas figuras del tenis moderno, incluyendo su recordada actuación en Wimbledon 2015, donde impuso su estilo sin desviarse de su identidad. Brown nunca optimizó su tenis según los estándares del circuito. No buscó encajar en el sistema, sino competir desde afuera. Y eso lo convirtió en un jugador difícil de descifrar, incómodo para cualquiera y, sobre todo, único.

La caravana explica el origen, pero no limita la historia. Dustin Brown no es solo el tenista que vivió viajando por Europa para poder competir. Es el resultado de haber crecido sin estructura y fuera de la cancha. Porque en un deporte donde casi todo está planificado, su carrera demuestra que también hay lugar para lo imprevisible. Y que a veces, los caminos menos convencionales, además de conducirlo a la élite, lo desafían.

Hoy, con 41 años, Dustin y sus padres miran hacia atrás y encuentran en esa caravana algo más que un recuerdo: “Cuando miramos a la caravana, pensamos que cualquier cosa es posible”, comentan. Y en el caso de Dustin Brown, no es una simple frase: es una historia completa.

Belgrano, rey absoluto del fútbol argentino

Por Juan Franco Gomez Sacks

“Belgrano debe ser uno de los pocos equipos del mundo que salió campeón en el masculino y en el femenino. Anótenlo eso”, sentenció Luis Fabián Artime, presidente del Pirata, rodeado de cámaras y periodistas en pleno festejo por el campeonato obtenido ante River Plate en el Mario Alberto Kempes de Córdoba, estadio que lleva su apellido en una de las dos cabeceras. Hijo del histórico Luis Artime, quien fue cuatro veces el máximo artillero del fútbol argentino y otras tres en la liga uruguaya, Luifa, visiblemente en estado de algarabía, se tomó un momento para recordar que el plantel femenino también forma parte de este glorioso momento deportivo. Poner al fútbol jugado por mujeres en el mismo plano. De eso se trata. Y el mandamás, también goleador con la camiseta celeste en torneos de AFA, lo entendió a la perfección.

Luis Fabían Artime, tras la obtención del título ante River Plate.

Nicolás Uvita Fernández acababa de empujar la pelota, que se dirigía en cámara lenta hacia el arco, mientras la hinchada de Belgrano coreaba que “el día menos pensado, yo voy a estar a tu lado, porque tengo la ilusión de salir campeón”, una versión adaptada de la canción “No Me Olvides”, de La Beriso. Y ese día, quizá el menos pensado, había llegado. El balón tocó la red y la tarde cordobesa parecía no tener otro desenlace que no fuera al equipo celeste dando la vuelta olímpica. El hit que bajaba desde las tribunas Artime y Gasperini sonó hasta que Yael Falcón Pérez cerró el telón del encuentro. De inmediato, con el sueño ya cumplido, los fanáticos cambiaron el rumbo y entonaron el tan ansiado “Dale, campeón”. Pero no fue la primera vez que lo hicieron.

El 14 de diciembre de 2025, con un estadio Julio César Villagra que registró la presencia de 38.500 personas -tercer partido en el ranking de mayores asistencias en el fútbol femenino en Argentina-, Belgrano dio vuelta la serie de la final del Torneo Clausura y se coronó campeón del fútbol argentino. Lo hizo tras vencer 2-0 a Racing, luego de una caída por 1-0 en el Cilindro de Avellaneda. Así como Leonardo Morales y Nicolás Fernández fueron los artífices de una jornada soñada para el conjunto de Alberdi ante River, Mayra Acevedo y Alaides Paz se vistieron de heroínas para que uno de los dos clubes más populares de la provincia bautizara un grito tan ansiado. Las Piratas escribían su nombre entre las campeonas de la máxima categoría en AFA y ponían en marcha un sueño que, poco menos de cinco meses después, terminó concretándose: tener a ambos planteles en la cima del plano local.

Si hablamos de las gestas, debemos hacerlo también de los próceres. Ricardo Zielinski, entrenador del plantel masculino, es uno. Ex mediocampista con trayectoria en el ascenso y DT desde antes de los inicios del siglo XXI, El Ruso logró sus primeras hazañas con las subidas a Primera División de Chacarita en 2009 y del Pirata en 2011, con una promoción en la que condenó a River al descenso. Su carrera continuó en muchos clubes de la máxima categoría, pero su destino parecía estar escrito para continuar en un solo barrio. Regresó a Alberdi en febrero de 2025 con un objetivo claro: llevar al club a lo más alto. “Tratar de ser competitivos y llegar a los mejores logros. No hay institución que no pueda lograr ciertas cosas”, declaró en su vuelta a casa. Poco más de un año después, consiguió el anhelado campeonato, otra vez frente al Millonario, y superó la mejor campaña: el segundo lugar en el Torneo Inicial 2012, también con él en el banco. Vivió el último compromiso en el Kempes como uno más, con aspecto calmo. Mientras sus colaboradores se abrazaban ante cada gol, él se mantenía firme dentro de su área pintada. Todo un señor.

Ricardo Zielinsky, el mejor entrenador de la Liga Profesional.

Hablar de Mariana Pomu Sánchez es también decir Belgrano. Ella, la otra prócer de esta historia, fue la primera en obtener un título en Primera División dirigiendo al club. Mientras se desempeñaba como defensora del plantel, trabajaba en el área de relaciones públicas de la institución. Caminaba por los pasillos del Julio César Villagra y le consultaban cómo había salido el equipo en la Liga Cordobesa. Pero consideraba que estaban para mucho más. Empezó a alzar la voz, a hacerles creer a compañeras y dirigentes que podían competir en AFA. Y así fue. En 2021, las Piratas se estrenaron en la última categoría y consiguieron el ascenso a Segunda División con un desempeño brillante: marcaron 107 goles en 12 partidos y obtuvieron el título tras imponerse 5-4 sobre Claypole en el Mario Alberto Kempes. Al año siguiente, con otra actuación memorable, subieron a Primera tras golear 6-0 a Puerto Nuevo. Además, llegó el primer subcampeonato: en la Copa Federal -formato similar al de Copa Argentina-, cayeron 2-0 ante River. Pero ya había síntomas de que algo aún más grande podía gestarse. Tras retirarse en Minas de Brasil, regresó al club de sus amores en 2024 para encargarse de la coordinación de las juveniles. En 2025, asumió como DT del primer equipo. Era hora de dar el golpe definitivo sobre la mesa. Tras un segundo lugar en el Apertura, sus dirigidas dominaron el Clausura, eliminaron a River en semifinales y alcanzaron la gloria ante Racing en Alberdi. Una semana después, alzaron el segundo título: el Trofeo de Campeonas ante Newell´s, laureado en el Apertura. Un broche de oro para una líder absoluta. Una luchadora y referente del fútbol femenino en la provincia. Una ídola. Con todas las letras.

Mariana Sánchez festeja la primera estrella del equipo femenino.

“No todo es negocio. El fútbol es pasión. Entonces, no todo es plata. A veces hay que invertir y perder muchos años, pero después le das la alegría a esta gente”, manifestó Artime tras la consagración del femenino. Él fue el encargado de profesionalizar al plantel y de otorgarle los mismos recursos que al equipo masculino. El crecimiento resultó exponencial. Hubo piedras en el camino, claro. “Tarda en llegar. Y al final, al final, hay recompensa”, escribió y cantó alguna vez Mercedes Sosa. Belgrano logró dos ascensos consecutivos. Se guardó el grito dos veces, pero creyó en el proyecto y terminó en lo más alto.

 

Las campañas

El equipo de Ricardo Zielinski finalizó la fase regular en el sexto escalón de la zona B. Cosechó un total de 26 puntos tras siete triunfos, cinco empates y cuatro derrotas. Este puntaje posicionó a su conjunto en la novena ubicación de la tabla anual, en zona de Copa Sudamericana. Pero el brillo llegó en los playoff. Allí, Belgrano rompió una racha negativa de 20 años sin poder ganarle un clásico a Talleres y lo dejó en camino en octavos. Luego, superó 2-0 a Unión en Alberdi y avanzó a semifinales, su momento bisagra. Cuando el partido moría y Argentinos ya picaba el boleto a Córdoba, Uvita Fernández se encargó de mantener viva la ilusión, que también estuvo a punto de desmoronarse en la tanda de penales con tres match point en contra. Luego de un histórico pase a la final, en un Kempes que se vistió de fiesta, venció 3-2 a River en los últimos minutos del encuentro y provocó una revolución en la ciudad.

Las dirigidas por Mariana Sánchez fueron las grandes candidatas desde el principio. En la fase regular del Torneo Clausura, Belgrano disputó ocho compromisos, en los cuales consiguió los tres puntos en seis oportunidades, mientras que cayó e igualó una sola vez. Los buenos resultados le otorgaron la posibilidad de evitar unos siempre difíciles octavos. En cuartos, sufrió mucho ante Ferro. Todo campeón tiene que tener su partido clave. Nunca pudo romper el cero en casa y logró la clasificación a semifinales gracias a una gran actuación de la arquera Agustina Sánchez. Contra River tampoco fue sencillo. Igualó sin goles en Ezeiza y triunfó por la mínima en condición de local. Llegaba una nueva final. Ahora no se podía escapar. La serie decisiva ante Racing empezó torcida: una derrota 1-0 en Avellaneda dejaba a la Academia cerca de la medalla dorada. Sin embargo, con un Julio César Villagra que hizo sentir la localía, el conjunto de Pomu dio vuelta el resultado en los primeros 45 minutos. Fue la primera estrella para Belgrano como institución en AFA. Un equipo glorioso, con futbolistas que acompañaron el proceso desde el debut en la última división y que grabaron sus apellidos para siempre en la memoria de los fanáticos.

 

La chance de seguir creciendo

Tras la obtención del Clausura, Belgrano venció en penales a Newell´s en San Francisco, Córdoba, y se quedó con el Trofeo de Campeonas. Con esta segunda medalla, recibió el único boleto de un equipo argentino a la Copa Libertadores 2026, a disputarse del 15 al 31 de octubre en Ecuador. El plantel masculino, por su parte, también clasificó a la máxima competición internacional del continente, aunque disputará la edición de 2027. Asimismo, deberá jugar el Trofeo de Campeones ante el equipo que se consagre en el segundo campeonato de 2026. Ambos conjuntos ya plantaron la primera semilla tras conseguir la gloria. Ahora, la institución tendrá más oportunidades para seguir sumándole estrellas a su escudo.

Ilusión gunner: viaje al interior de la peña del Arsenal en Argentina

Por Ana Ameijeiras, Irina Ayunta, Luca Canga y Valentina Quinteros

Barrio porteño de Palermo, en la esquina de Jorge Luis Borges y El Salvador, el ruido de la ciudad y una puerta que separa dos mundos. Dentro del Sullivan’s Irish Pub ya no se está en la Argentina: durante cuatro horas, este bar se transforma en el norte de Londres. Entre pintas de cerveza, camisetas rojas y canciones en inglés, un grupo de argentinos y algunos extranjeros vive cada partido del Arsenal como si hubiera nacido a metros del Emirates Stadium. Y no es algo nuevo: hace ya más de 13 años que se reúnen para alentar a los Gunners.

El grupo de fanáticos empezó por un conjunto de chicos de entre 22 y 23 años en 2011. Se juntaban a ver los partidos, pasaba el tiempo y cada vez eran más; no se conocían, sólo los unía el club inglés. “Cuando estudiaba comunicación social conocí a un amigo. Los dos éramos del Independiente pero decidimos venir a ver al Arsenal para compartir esta pasión distinta”, explica Mauro Sancho, uno de los socios de la peña. Sancho es hincha del Rojo desde nacimiento y por mandato familiar, pero decidió simpatizar por el equipo londinense por elección propia: “El Arse tiene una filosofía muy linda; te da ganas de venir, seguirlo y alentarlo siempre. Es una forma de vivir, no es solamente ser hincha de un equipo”.

Cuando juega el Cañonero, los aficionados argentinos llegan al pub de Palermo dos horas antes de que comience el partido para colgar banderas, bufandas y preparar los televisores para ver el encuentro. La peña del Arsenal en Argentina fue oficializada y reconocida por el club en 2013. “De hecho, tenemos una bandera en el mosaico de las afueras del Emirates, así que es un orgullo enorme para nosotros”, cuenta Jorge González Iceta, uno de los creadores de la iniciativa a través de Facebook. Hoy son alrededor de 600 socios y tienen más de 2.800 seguidores en Instagram. La inscripción es gratuita y, al ser acreditados desde Inglaterra, pueden reservar entradas con anticipación para cualquier partido de local.

Cada vez que juega el equipo de Londres, hace cinco años que el Sullivan’s Irish Pub rebalsa de gente. La elección del lugar los terminó de convencer porque Palermo conecta varios puntos de la ciudad dado que no todos son vecinos cercanos, y por la amabilidad y buena predisposición de los dueños. “Nos atienden de forma muy cálida y atenta, nos dejan decorar todo el lugar” explica Jorge González Iceta. Cada día de partido, el murmullo constante de los hinchas y el ruido de los vasos de cerveza contra la mesa crean un ambiente deportivo que no se vive en otro pub de la ciudad. Es un sonido cargado de emociones y adrenalina que inunda el lugar; cada canto en inglés y cada grito de gol resuenan con la intensidad como si estuvieran en el Emirates Stadium: 

“North London forever
Whatever the weather
These streets are our own
And my heart will leave you never
My blood will forever
Run through the stone
As I walk these streets alone…”

Este clima festivo no es casualidad: hace referencia al presente deportivo del club. Tras 22 años de espera, el Arsenal volvió a la cima del fútbol inglés al consagrarse campeón de la Premier League una fecha antes. El último domingo celebró luego de frustraciones y tres subcampeonatos consecutivos en la Premier League (2022, 2023 y 2024) con un triunfo 2-1 frente al Crystal Palace en Selhurst Park. Fue la última muestra de carácter de un equipo que, con goles de Gabriel Jesus y Noni Madueke, consolidó el cierre de la Premier y que se prepara para la final de la Champions League contra el París Saint-Germain el sábado próximo en Budapest, Hungría.

“Va a ser una locura; es el evento más importante a nivel peña y uno de los eventos más importantes a nivel club”, declara Martín Szymczuk, otro hincha gunner. Para los simpatizantes que siguen al equipo londinense desde el otro lado del Océano Atlántico es una posibilidad que esperan hace más de 20 años luego de la final fallida contra Barcelona en 2006: levantar La Orejona y tener la revancha definitiva.

“Lo que más me gusta de (Mikel) Arteta es que no solo cumple el rol de técnico, sino que también se enfocó en armonizar en conjunto todo lo que es relacionado al club”, refiere Ignacio Surbete. Los Gunners ponen todas sus fichas en el entrenador español y sueñan en ratificarse como el tercer equipo inglés más ganador, detrás del Manchester United y el Liverpool.

 

Qué lindo es ser Millonario

Por Bryan Chávez

“Llora, guitarra, porque eres mi voz de dolor. Grita de nuevo su nombre, si no te escuchó…”, se escuchaba a JJ en la radio del bus que me llevaba en dirección a las afueras de la ciudad de Quito, hacia San Juan, un barrio que aún conserva ese toque de pueblo, donde sus calles de tierra y casas coloniales te transportan al Quito de antaño. Voy a ver al River Plate de San Juan, el equipo amateur de la familia Quinatoa, cual más va ser, es el equipo de mi pana Jesús. A medida que avanza el bus, unos pasajeros duermen y otros conversan, yo voy viendo a través de la ventana los sembríos de maíz que rodean el camino. De pronto una sonrisa pícara brota en mí, mientras pienso en si me encontraré en este River Plate con el “Driussi” o el “Quintero” de San Juan, o quizás soy muy osado al creer que encontrare uno igual con el talento del Burrito Ortega.

A medida que camino hacia la cancha, veo gente tomando, pues claro, la noche del sábado les quedó corta y siguieron la “vacilada”, como decimos por aquí. De pronto diviso en uno de ellos una camiseta blanca con franja roja: es la camiseta del River, pero no el de Argentina, es la del River de los hermanos Quinatoa. Nuevamente vuelvo a sonreír y es que el man que tiene la camiseta es “Canguil”, uno de los siete hermanos Quinatoa. Apenas me ve y dice: “Mijin, tómate un traguito de cerveza que hoy gana porque gana el River”. Me esfuerzo por dar un par de sorbos, son las 8 am.

Fácilmente se divisa el campo de juego de tierra con imperfecciones. Ya los muchachos recogen sus carnet para saltar a la cancha. Al lado mío se encuentran Jesús y sus cinco hermanos sosteniendo trapos hechos a mano. La principal era la de “Don Jorge”, padre de los hermanos Quinatoa que ya no está físicamente con ellos hace unos años, pero que aún forma parte del equipo. Con el partido ya en marcha, llegando un olor poco agradable por el cigarrillo que fuman los hinchas, le pregunto a mi compañero de al lado por qué tanto nerviosismo, y es que no solo eran 3 puntos, se estaba jugando la liguilla final y si no se obtenía la victoria quedarían eliminados y con eso toda la esperanza por honrar a “Don Jorge”, quien fue fundador y ex jugador del equipo.

“Pongan arrechera”, dice el hermano mayor al pie de la cancha en su función de DT del equipo. Con el partido 1-0 para favor de River aproveché para irme a un costado de la cancha a “pegarme” una fritada. El estómago me rugía, no había desayunado y encima tenía un vaso de cerveza ya dentro. “2 dólares, mi veci”, me dice la señora que me vende la fritada. Doy el primer mordisco a la carne, entre los murmullos observo y escucho a un señor de pelo largo, claramente un otavaleño por su forma de vestir, lamentando el gol de River, asumí que era del otro equipo. Al retornar a mi puesto le pregunto a mi amigo por aquel señor y me dice: “Mira loco, ese man es dueño del torneo y tiene un equipo aquí, siempre nos ha tenido pica porque nosotros somos unidos, además a su equipo siempre lo ayudan los árbitros”.

Tiro libre para el equipo rival. “Imbabura, goooooooooool…”, se escuchaba al frente de la cancha. Con el término del primer tiempo, Imbabura superaba 2-1 al River. “Muchachos, están ahuevados o que, vamos que sí ganamos”, decía el profe en la charla técnica, ahí en los asientos de tierra, donde jugadores e hinchada éramos uno solo.

Los niños salían corriendo de la cancha, ya iniciaba el segundo tiempo. Con “Don Medardo” sonando de fondo, River empata el partido en la primera jugada. La cerveza salpicaba por mi cabeza, como si estuviera en la popular con los Borrachos del Tablón. Cansado del humo que apercibía decidí retirarme a una esquina. A lo lejos en una canchita pequeña veía a los sobrinos Quinatoa jugando con una pelota desinflada, no importaba nada, solo querían diversión. De repente, voces enardecidas me hicieron voltear al campo de juego. Debo ser honesto, me perdí la jugada. Rápidamente voy donde Jesús y le pregunto: “¿Qué pasó?”. “¿No ves que este arbitro hijo de puta nos expulsó al arquero?”, me dice. Al parecer el arquero tocó el balón con la mano fuera del área para evitar el 3-2.

A solo falta de 5 minutos y con un jugador menos y encima tapando un defensor que apenas sabía como ponerse los guantes, el River aprovecha una contra y marca el 3-2 definitivo. Desde afuera los hermanos Quinatoa y el resto de la hinchada gritaban desesperadamente a sus jugadores para que defiendan el resultado. Con el frío característico de la ciudad, sentados en la tiendita de la esquina hablando sobre economía, política, mujeres y por supuesto el partido, los jugadores y la hinchada compartían un rato ameno con unas cuantas cervezas que iban y venían. Fue en ese preciso momento que entendí que este club, que este equipo de barrio es más millonario que cualquier club de Europa, inclusive más que el propio Club Atletico River Plate. Ahora puedo decir que yo también soy del River Plate, no el de Argentina, pero sí el de mi pana Jesús.

Antes y después de Pep

Por Gabriel Milian Scuri

En 2008, el Abu Dhabi United Group, fondo de inversión emiratí, compró al Manchester City por 250 millones de euros. Aquella adquisición resultaba un tanto arriesgada. A lo largo de su historia, el club había transitado distintas crisis económicas y cosechado once descensos. El último de ellos en 2001 y el más duro en 1998, cuando confirmaron su caída a la tercera división del fútbol inglés.

En la vereda de enfrente, el Manchester United no solo representaba a la ciudad, sino que conquistaba el Reino Unido y el mundo entero: tenía 20 ligas y 3 Champions Leagues en su haber. Algunos hinchas de los Red Devils, e incluso jugadores como Patrice Evra, llamaban al City “el vecino ruidoso”.

El ruido se hizo más fuerte para julio de 2016, cuando, tras la salida de Manuel Pellegrini, que obtuvo la Premier League 2013-14, Pep Guardiola se convirtió en el entrenador del Manchester City y, junto a la inyección millonaria del grupo propietario del club, transformó la sufrida historia de la institución en un montón de logros, ilusiones y esperanzas.

El catalán logró normalizar que él lo ganara todo. Que sus equipos no soltaran la pelota y que el rival corriera detrás de ella. El juego de posesión de Johan Cruyff que había adquirido en La Masia, divisiones formativas del Barcelona, lo trasladó a todas partes.

Para su segunda temporada en el Manchester City, se consagró campeón de la Premier League y en la temporada siguiente lo haría otra vez. El oriundo de Santpedor estaba logrando imponer su estilo en los Citizens.

2023 sería el año bisagra para ellos: la obtención de su primera Champions League. Estambul se transformó en el escenario del sueño mancuniano. El 1-0 ante el Inter, con gol de Rodrigo Hernández, puso un manto celeste sobre Europa.

Se podrían hacer libros sobre, solamente, el palmarés de Guardiola. Sus tripletes, su Barcelona y su Bayern Munich. Sobre la cantidad de dinero que ha gastado en futbolistas, pero también los ha convertido en estrellas y en excelentes deportistas. A cada uno de ellos. “Pep me hizo sentir como si no supiera nada. Me abrió los ojos a muchas cosas, como que reinventó mi cerebro”, dijo John Stones, emblemático defensor del conjunto inglés.

Y si de transformar se habla, la historia del Manchester City se escribió en una hoja aparte con su llegada. Como en la Biblia. Antes de Pep: 18 trofeos en las vitrinas mancunianas. Después de Pep: 38. Veinte títulos en diez años. Duplicó en logros lo conseguido previo a su arribo. Le ganó a todos y al tiempo.

Recibió la admiración y el respeto de sus colegas. “Para mí, es el mejor entrenador de todos los tiempos, no por el número de trofeos, sino por cómo ha cambiado el juego”, dijo Luis Enrique, director técnico del PSG, sobre su compatriota. Formó discípulos como Mikel Arteta y Enzo Maresca. Ambos campeones con sus respectivos clubes (Arsenal y Chelsea) y, en sus comienzos, ayudantes de campo del español.

Josep Guardiola anunció su partida del Manchester City a final de la temporada 2025/26. En su mensaje de despedida dijo que “nada es eterno”, aunque los diferentes equipos que ha construido con el paso del tiempo, los trofeos en las vitrinas y el legado que ha dejado en el deporte quedará por siempre en los amantes del fútbol.

La Tribuna Norte de la casa del City llevará su nombre, las puertas del estadio su estatua y las paredes de la ciudad, su cara.

Los Skyblues pasaron de ser defenestrados a respetados. Se vieron en el fondo y también en lo más alto. Tocaron el cielo con una identidad construida por Guardiola. “Hemos trabajado, sufrido y luchado. Y lo hemos hecho con nuestro estilo”, señaló el catalán en su adiós a los hinchas.