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El futuro ya llegó al tenis argentino

Por Manuel Mel 

El sacrificio es aquello que todos hacen para conseguir un objetivo. En el ambiente del tenis, un deporte considerado de privilegio y para pocos, más aún. Una actividad que tiene una historia muy antigua y rica para ser contada y que ha tenido en sus filas a jugadores de una calidad soberbia, como Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Juan Martín Del Potro. Ellos arrancaron esta historia y ahora les toca a las nuevas generaciones dejar su propia huella y poder pertenecer a las páginas doradas del deporte no solo a nivel nacional, sino también a escala mundial.

Lo que ya no es sólo promesa, sino más bien una realidad, es esta nueva camada de tenistas argentinos que se encuentra haciendo historia y ganando experiencia, tanto dentro como fuera del circuito. Los hermanos Francisco y Juan Manuel Cerúndolo, Sebastián Báez, Tomás Etcheverry, Camilo Ugo Carabelli, Thiago Tirante, Bautista Torres y Román Burruchaga encabezan esa camada de tenistas jóvenes, talentosos y con muchas ganas de trabajar y mejorar, que ya vienen sumando experiencia y comenzando a escribir sus destinos. Los integrantes de la nueva generación se van abriendo camino codo a codo, empujándose y motivándose mutuamente. No son solamente jugadores de tenis que compiten entre ellos, sino un grupo de profesionales que mantienen una buena relación y, más que amigos, son como una familia.

Más allá del factor suerte, sacrificio y esfuerzo, imprescindibles para la carrera tenística, hay un ingrediente que hace que este grupo de jugadores sea especial y marque la diferencia con el resto: la unión. Entre ellos hay cerca de 13 años de historia. Se conocen y juegan desde los seis y se vienen cruzando en la cancha en competencias tanto nacionales como sudamericanas, mundiales y en el Grand Slam junior. Y, en los últimos años, también en certámenes profesionales, Challengers y ATP. Si su evolución y maduración continúa por este camino, integrarán los equipos en la Copa Davis y la ATP Cup. Se puede notar en el aire ese clima de complicidad y camaradería que existe entre ellos. Más allá del resultado que obtenga cada uno, sin importar cuál sea, hay algo muy claro y es que el éxito de uno es el motor del otro. “La Argentina tiene siempre esa cuota de hambre extra, talento y potencial. Y mucho tiene que ver con el efecto contagio. Lo que hizo Fran Cerúndolo (fue el primero en ingresar a un Challenger en 2020) y después su hermano Juanma (haber sido el único en ganar un título ATP) es inspirador para toda esta camada. Empiezan a empujarse unos a otros”, desarrolla Raúl de Kemmeter, periodista deportivo especializado en tenis.

Las distintas generaciones del tenis argentino, en general, dejaron boquiabiertos a muchos. Ni hablar de Vilas, el máximo ganador de Grand Slams con 4 y considerado uno de los mejores de la historia del circuito de la ATP. Años más tarde, tomó el protagonismo la llamada “Legión argentina”, integrada por David Nalbandian, Guillermo Coria y Gastón Gaudio, entre otros, quienes poseían un talento sobrenatural que los puso en la zona más alta del ranking mundial y que dejaron la vara muy alta.

Pero en contrapartida, algunos de ellos no han sabido controlar distintas situaciones, ya sea por su temperamento y/o templanza que les jugaba en contra y que quizá si las hubieran manejado de otra manera su destino en el circuito hubiese sido otro. “El tenis requiere de esfuerzo y sacrificio. Vos podés ser súper talentoso, pero si no le ponés esfuerzo no vas a llegar nunca. Nalbandian no dio su 100% y ahí está la prueba. Una persona que pudo haber sido uno del mundo y a pesar de haber ganado otros títulos, no cristalizó lo que podía hacer”, redondea De Kemmeter.

Si bien este último grupo de jugadores que va desde los nacidos entre 1975 hasta mediados de los 80 ha sabido representar a la Argentina de una forma extraordinaria, luego vino el turno de los nacidos en la década de los 90, con Diego Schwartzman como punta de lanza. Una misión difícil de resolver, tener que cargar sobre sus espaldas el peso del ciclo anterior. Pero lo que no se le puede reprochar a Schwartzman es el entusiasmo y la voluntad que le pone para seguir estando metido en el circuito y en el radar de la gente.

Más allá del talento que tengan las generaciones, siempre el punto de partida para el profesionalismo se basó, se basa y se basará en tener claros cuáles son los objetivos para avanzar a pie firme y en el hecho de no claudicar. El tenis es un deporte que conserva los valores del sacrificio, el mérito y el esfuerzo como la base de todo, en un mundo en el que parecería que los mismos se ven cada vez más debilitados. “El esfuerzo, el trabajo, es una condición indispensable si se quiere llegar a metas altas de manera honesta. Y no veo que en el día a día sea un valor que se manifieste de manera constante”, confiesa Eduardo Puppo, periodista e investigador especializado en tenis.

Llegando a finales de los años 90, entre 1998 y 2002, llegaron estos jóvenes argentinos que se conocen entre ellos de casi toda la vida. Pero más allá de la buena vibra que existe y del hecho de estar disfrutando de los momentos que viven, detrás de eso hubo mucho pero mucho sufrimiento. Como todo en la vida, hay ventajas y desventajas, y siempre hay que ceder y resignar una parte para obtener algo diferente a cambio. “El deporte de alto rendimiento te priva de muchas cosas. Siempre, cuando viajás y hacés giras largas, es un poco duro, porque tenés a la familia y extrañás las costumbres argentinas”, reflexiona Román Burruchaga, 19 años, tenista profesional perteneciente a este círculo de argentinos.

A la hora de tomar la decisión de subirse a esta montaña rusa repleta de obstáculos hay ciertos puntos que los jóvenes tuvieron que aprender y madurar. Lo más importante para iniciar este venturoso camino es la formación del jugador. Mauro Aprile, entrenador del bonaerense Juan Bautista Torres, hace referencia a estas determinaciones: “Lo primero es que el jugador quiera aprender, lo segundo es que los padres lo puedan acompañar, y lo tercero es la visión propia para poder ir llevando al alumno en todas las etapas. Ir marcándole el camino y que la persona lo quiera caminar, sino es imposible. Son las tres patas: padres, alumnos y entrenador”.

A 50 años de la aparición de Vilas, esta nueva camada tiene una ventaja. Detrás de los jugadores hay padres que formaron parte de esos tiempos, o entrenadores que fueron jugadores profesionales. De alguna manera, los argentinos repiten ciertos parámetros en su recorrido hacia el salto internacional: buena materia prima y complejidades económicas para la inserción en la élite. Con el tiempo, surgieron otras dificultades: la necesidad de una preparación física más intensiva, mayores controles antidopaje y los partidos arreglados y las apuestas. Por otro lado, estos profesionales hoy cuentan con una Asociación Argentina de Tenis (AAT) conducida por exjugadores. Eso también tendría que actuar como un valor extra ya que los dirigentes deberían ser el nexo para poder abrir puertas en el exterior y beneficiar de algún modo al jugador.

Esta camada parece tener todo para triunfar. Aunque ellos saben bien lo mucho que cuesta construir una carrera en el más alto nivel del tenis, sobre todo con las desventajas económicas y geográficas que históricamente deben enfrentar los jugadores argentinos y sudamericanos. Pero no se desaniman. Seguirán insistiendo e insistiendo, porque la palabra rendirse no está en su vocabulario.

Las Leonas cambiaron el hockey para siempre

Por Juan Specos

El hockey en Argentina es un deporte que fue de menor a mayor producto de los buenos resultados conseguidos colectivamente, pero en especial por la selección femenina. Y mucho han tenido que ver aquellas míticas Leonas de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, quienes encendieron la llama para que camadas posteriores puedan tener un camino más sencillo.

En cuanto al comienzo de esta gestión por parte de Sergio Vigil y su cuerpo técnico, hay que remontarse a principios de 1998, el año en el que se convierte en el entrenador del seleccionado femenino. El nombre de Las Leonas, que tomaría la mayor popularidad, surge a partir de un comentario de parte de Nelly Giscafré, entonces psicóloga del equipo. Giscafré sintió que había un equipo de “leonas” ya que las jugadoras “se potenciaban ante la presión”. Y dos años después, en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, las jugadoras, con la iniciativa de la psicóloga y la capitana de aquel momento, Karina Masotta, decidieron salir a la cancha con una leona impresa en la camiseta. Ahí nació el apodo “Las Leonas”.

Pero en esos Juegos, la única noticia no sería el apodo. Producto de aquella unión, Argentina, que venía de quedar última en los Juegos de Atlanta 1996, se subió por primera vez en su historia a un podio olímpico al obtener la medalla de plata tras la derrota en la final ante Australia, el seleccionado local, por 3-1. Aquel logro dio el puntapié para que las mismas jugadoras y las generaciones posteriores empiecen a creer que el hockey argentino estaba para hacerle frente a las potencias.

Magdalena Aicega, integrante de aquel seleccionado, recuerda en detalle aquel torneo y confiesa que aquellos Juegos Olímpicos marcaron un antes y un después en el hockey argentino. “Más allá de la medalla en sí que conseguimos, lo que se logró con ese torneo fue importantísimo. Fue algo único para el deporte porque lo hizo crecer muchísimo y hoy es el deporte más practicado por las mujeres”, sentencia Aicega. Ese logro no solo hizo cambiar el deporte en Argentina. Para Aicega también hubo un gran cambio en el aspecto personal: “A partir de ese logro, tuve cada vez más exposición, además de abrirme puertas en los medios para dedicarme más al periodismo. Sin dudas que el lugar que ocupo hoy, se lo debo a haber sido una leona”.

Los Juegos siguientes, los de Atenas 2004, volvieron a ser gloriosos para Las Leonas, ya que volvieron a subirse a un podio. Esta vez tras lograr la medalla de bronce y continuar con la exposición del deporte, algo mucho más importante que la medalla en sí. El número de chicas que iban tomando un palo por primera vez y que decidían jugar al hockey fue subiendo de manera exponencial. De las 39.000 jugadoras mayores de 12 años federadas que había en 2000, subieron a 123.000 para 2014. Eso sin contar los más de 150.000 hombres y mujeres que practicaban el deporte en universidades, colegios y otras ligas por fuera de la Confederación Argentina de Hockey.

Entre tantos logros deportivos hubo una jugadora que fue importantísima en todo el proceso exitoso: Luciana Aymar, la mejor jugadora argentina de todos los tiempos y una de las mejores del mundo. La rosarina, apodada la Maga o Lucha, fue elegida ocho veces como la mejor jugadora del mundo y tal como dijo alguna vez Liliana Capurro, ex vocera de la Confederación, “Luciana fue clave en el recambio que tuvo la selección de hockey a mediados de los años 90 ya que su aporte desde entonces fue decisivo, no solo por su talento sino también por su inteligencia para armar el juego”. Lucha obtuvo medallas en sus cuatro participaciones olímpicas: dos de bronce (Sydney 2000 y Londres 2012) y dos de plata (Atenas 2004 y Pekín 2008), además de haber sido la abanderada argentina en sus últimos Juegos, en Londres 2012.

Otra pieza importantísima de Las Leonas en los Juegos de Sydney fue Luis Bruno Barrionuevo, el preparador físico en el cuerpo técnico de Cachito Vigil. Barrionuevo explica qué diferencias hubo con respecto a los Juegos anteriores, en los que Argentina había quedado en el último puesto: “Había una sana ambición de progresar y mejorar. A diferencia de Atlanta 96, si bien era el mismo plantel con algunas jugadoras nuevas, la clave estuvo en que ese equipo creció fundamentalmente en confianza y en creer en su cuerpo técnico”. El preparador físico también hace referencia a lo que significó esa primera medalla para el hockey argentino: “Ese logro de Sydney fue extraordinario ya que lo popularizó enormemente. Yo siempre digo que un seleccionado, más allá que le hace bien a un país, lo que tiene que dejar es una impronta histórica a su deporte. Y eso fue lo que pasó con Las Leonas de Sydney. Dejaron una impronta de crecimiento imparable hasta nuestros días. Gracias a ese logro, el hockey es el deporte de mujeres más popular que hay en la Argentina”.

El exjugador Pablo Lombi, integrante de los seleccionados en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y Atlanta 96, abrió en 2012 su propio proyecto llamado “Lombi Project”, donde van muchos chicos y chicas a practicar la parte técnica del deporte. Lombi destaca el crecimiento de concurrencia gracias a los logros obtenidos por el hockey femenino. “A partir de Las Leonas hubo un boom”, reconoce Lombi, quien es el cuñado de Carla Rebecchi, una ex leona. Lombi entrena a jóvenes de entre 6 y 24 años con el objetivo de mejorar la técnica, algo que en el club no es posible de hacer de manera individual por la cantidad de chicos. Quienes más asisten son mujeres (el 95%) a raíz de los buenos resultados conseguidos por Las Leonas.

Las únicas contras que Lombi encuentra para el crecimiento del hockey en Argentina están en la infraestructura, ya que la mayoría de las canchas son de pasto sintético y en todo el mundo se juega en canchas de agua. Y la segunda razón por la que el hockey puede llegar a no crecer del todo, según Lombi, es porque cada vez más chicas eligen el fútbol.

Mariela Antoniska fue la arquera histórica de aquella primera medalla y coincide en que ese logro de Sydney marcó un antes y un después en el deporte. “Ganar la medalla de plata y que sea una explosión en nuestro deporte fue realmente un antes y un después”, señala la ex arquera, quien ahora es médica. Antoniska, quien vistió la celeste y blanca entre 1994 y 2006, hace referencia a las distintas realidades que vive el deporte en comparación a otras épocas y explica por qué fue tan especial ese plantel de 2000: “Siempre va a haber diferencias porque el deporte cambió no solo en lo deportivo, en lo que respecta a reglas y dinámica, sino también en lo económico. Y creo que ese grupo tenía una mística diferente que no lo volví a notar en los últimos equipos”.

Algo que quedará presente tanto en la memoria de las jugadoras que formaron parte de ese plantel como de las chicas que fueron inspiradas a tomar por primera vez un palo para hacer contacto con una bocha, es aquel glorioso segundo puesto que le dio a Argentina la primera medalla olímpica de su historia. Posiblemente habrá muchas más alegrías para el hockey, pero aquella medalla quedará como la que cambió el deporte para siempre.

“El molde lo tiene Dios y como Maradona no va a haber otro”

Por: Julio Villarreal

El último 25 de noviembre, en Fiorito el cielo estaba tapado por las nubes, la temperatura cercana a los 25 grados y la lluvia parecía inminente. Minutos antes del mediodía, en su Renault Captur, Gregorio “Goyo” Carrizo sale de su casa y emprende viaje hacia González Catán. Su nieto Ale lo acompaña. Juntos van en busca de su nueva mascota, un perro de raza Pitbull, que habían comprado por Mercado Libre. Transitando la Ruta 3, Goyo recibe un llamado, pero la señal impide que la comunicación tenga buena conexión. Ya eran más de las 12 del mediodía. Nuevamente su teléfono suena y se entera de la peor de las noticias. Había muerto Diego Maradona, el futbolista, el mejor jugador de todos los tiempos. Paró el auto y rompió en llanto. Para Goyo, había muerto Diego, su amigo y compinche de la infancia.

En la calle Chivilcoy al 188, “Goyo” Carrizo abre las puertas, no precisamente las de su casa, sino las de su hijo Jonatan, que se ubica al frente de la suya. El piso es de tierra y ofrece una silla blanca de plástico. Él se sienta en un sillón marrón, al cual parece que los años le pasaron encima. Interiormente sabe lo que se viene y se prepara para abrir una vez más el cajón de los recuerdos. Parece que se acostumbró a eso o que el tiempo hizo que se acostumbre a la fuerza. El recuerdo de Diego es imborrable, pero Goyo, a muchos años de su retiro, hace ya 31 años, luego de pasar por All Boys, Independiente Rivadavia, Talleres de Mendoza y Barracas Central, continúa ligado al mundo del fútbol y con objetivos establecidos.

“Hace tres años ingresé a una empresa de representación y captación de jugadores”. Carrizo comenzó en la coordinación del fútbol infantil en El Porvenir y luego, se dedicó a la búsqueda de nuevos cracks, donde mal no le fue. Uno de sus grandes aciertos fue Gonzalo “Pity” Martínez (Pieza clave en el River campeón de la Libertadores 2018), a quien Goyo reclutó en Mendoza y lo trajo a Buenos Aires. Desde allí, comenzó su relación con el representante Marcelo Simonian. Actualmente recorre distintas provincias a lo largo de la Argentina, reclutando jóvenes del interior que buscan cumplir el sueño de llegar a los clubes de Buenos Aires. Goyo quiere ser el nexo entre la joven promesa y su sueño.

Goyo Carrizo, a sus 60 años, también tiene sus objetivos trazados. Como cuando era un nene y le pasaban la pelota, sonríe y cuenta: “Mi sueño es descubrir al mejor jugador del mundo actual y de este nuevo fútbol. No voy a parar hasta que diga basta en mi vida. Me tengo fe. Ese es mi anhelo”.

Cuando habla de fútbol, a Goyo le brillan los ojos. Es su espacio y su momento para expresar lo que el tiempo le enseñó. Su frase “La vida es cincuenta y cincuenta” no se queda atrás y aplica para la pelota. “Los representantes son un mal necesario. Hoy por hoy, al pibito flaquito no te lo agarran en ningún lado porque apuntan a Europa, buscan al grandote, con físico y con potencia. Se perdió el potrero y la picardía está en esos chicos flaquitos, chiquititos. Eso es la esencia. Hoy el fútbol cambió mucho. No es tan técnico sino más táctico, por eso no miro fútbol europeo. Los jugadores tienen que cumplir obligatoriamente con una función que manda el técnico. No tienen picardía, los jugadores son robots”, expresa Carrizo. “El molde lo tiene Dios y como Maradona no va a haber otro”.

Carrizo nunca quiso ser Maradona. Tampoco le gustó ser llamado “El Otro Maradona”. Pero si quiso alcanzar algo de gloria de tanta que derramó Diego. En lo personal ni en lo futbolístico se creyó más que nadie. “Yo soy Goyo Carrizo y quien me quiera comparar con quien quiera, que lo haga. Yo soy yo”. También tiene arrepentimientos. A más de 40 años, se sincera y reconoce: “Yo era muy vago para entrenar. Siempre me costó. Con el tiempo, me arrepentí de no haber aprovechado los entrenamientos. Hoy eso me sirvió de aprendizaje para comunicárselos a los más chicos”. Como toda su vida, cincuenta y cincuenta.

Hace más de una década, le tocó perder los terrenos de la cancha “Tres Banderas”. El predio que inicialmente era de su padre fue invadido por personas que ocuparon el lugar para construir sus viviendas. Fue un momento muy duro para Goyo y para su familia. El mismo Carrizo tenía una escuelita de fútbol en esa cancha para los más chicos con el nombre de DAM (Diego Armando Maradona). El objetivo era claro, era formar jugadores de igual o mejor calidad que el Diez.

En los últimos meses, la cancha de Estrellas Unidas fue testigo de varios suicidios de distintos jóvenes en el lugar. “A mí no me dan bola, sugerí armar ligas y no lo hacen. Esperan que llegue el fin de semana para chupar y comer asado”. Con dolor e indignación, continúa: “No les importa los chicos y a ellos hay que motivarlos, pero nadie hace nada. Yo trabajé más de 20 años a pulmón y me duele que una institución reconocida no haga nada. Para ellos, los chicos no son negocio. Se los dije más de una vez y por eso ellos no me quieren”.

A Goyo le molesta el oportunismo. Nunca tuvo gran relación con los responsables del club Estrellas. Primero, porque la rivalidad existió siempre entre Tres Banderas (Equipo del papá de Goyo) y Estrella Roja. Eso lo llevó a muchas veces estar en disputas y también envuelto en polémicas en el barrio. “De todos los que dicen que jugaron con Diego, ninguno lo hizo. Hoy sorpresivamente todos jugaban con él y lo conocen. Quizá quieren salir por televisión. A nosotros nadie nos daba bola acá en el barrio. Mucha gente sale a hablar boludeces, pero yo no sé lo que es la envidia. La gente de acá es muy mala”. Hoy por hoy, no existe relación entre los que manejan Estrellas y Goyo Carrizo.

Desde la muerte de Maradona, en Villa Fiorito se multiplicaron las imágenes en distintas paredes del barrio. No hay datos estadísticos ni científicos, porque Diego no le caía bien a todo el mundo, pero en Fiorito se siente que se murió una parte de su historia. Maradona pasó a convertirse en un mito. Pasó a ser el relato de los bisabuelos, de los abuelos y futuramente de los padres. Porque con orgullo podrán decir que el más grande de la historia pisó esas mismas calles, jugó en esa misma cancha. Y que, con una pelota, rindió el mundo a sus pies. Hoy Goyo Carrizo es esa parte viva de un Diego Armando Maradona que ya no está.

“Después de lo que pasó con Diego, mi casa se llenó de gente. Me llegaron llamados de absolutamente todos lados, pero no quise dar notas. El dolor mío es que yo me crie con él desde los seis años y eso es diferente para quienes lo conocieron a Maradona jugador. Lo mío superó eso. A mí se me murió un amigo”, relata emocionado y mirando al cielo. Diego es eso imposible de superar y más para Carrizo, que compartió 14 años junto al Diez. “Cuando volví, mi casa era un velorio. Estaban todos abrazados y llorando. A la hora se llenó de periodistas. Mucha gente se reunió en su primera casa. Fue un momento muy difícil”

El sol se va de a poco y al mismo tiempo, Goyo confiesa que su lugar de comienzo y su lugar de fin es el mismo: Fiorito. “Tuve muchas oportunidades de irme. Mis hijos me dicen que vaya a otro lado mejor, pero yo les digo que me dejen disfrutar acá. Hoy estoy disfrutando todo lo que no disfruté en mi época como jugador”.

En Fiorito pasó el tiempo y Goyo aprendió con el transcurso de los años. Lo que la vida le enseñó, lo bueno y lo malo, lo replica ante los más chicos del interior. Su vida fue cincuenta y cincuenta, pero no se arrepiente. Está contento con ser “Goyo” Carrizo. A sus 60 años, quiere cerrar el cajón de los recuerdos. Quiere dejar descansar en paz a su amiguito Diego y comenzar a disfrutar de su vida de una vez por todas.

Argentina: mística y talento

Por Thomas Somoza

César Luis Menotti había vuelto a Parque de los Patricios, donde comandó a Huracán para obtener el Campeonato Metropolitano en 1973. Esta vez se hizo presente en el Círculo Patricios de la Avenida Caseros. Era 2018 y dio una charla repasando su trayectoria y contestando inquietudes. Le preguntaron qué mensaje les daba a los chicos de las juveniles del Globo, algunos estaban presentes, y contestó: “Llegar a Primera no es fácil, pero si llegan tienen que seguir aprendiendo. Y cuidado con las tentaciones, con los amigos del campeón”. Esa respuesta puede aplicar a la Selección Argentina y la obtención de la Copa América en el Maracaná.

Por supuesto que siempre existirán quienes basen opiniones, ideas, halagos o defenestraciones a raíz de un resultado. La capacidad de análisis se evapora producto de la euforia desatada por el azar que posibilitó que la pelota entrara o no. ¿Eso está mal? Para nada, sobre todo si quienes celebran son personas que no poseen ninguna responsabilidad para con la opinión pública. Si se tratase de profesionales, el debate sería otro. No comprender la alegría de un país tras 28 años sin gritar campeón ni una sola vez, de una sociedad que sufre con la pandemia, con más de 40% de pobreza y que hoy debe más de 40 mil millones de dólares es no saber interpretar la realidad.

Ahora bien, lo realizado por el equipo de Lionel Scaloni merece un análisis, pero ese es el problema: ¿cómo se explican los sentimientos, las intenciones, la espiritualidad, lo anímico, en fin, la mística? Porque todo eso existe y, más allá de la diversión que genera el término Scaloneta, Argentina fue de menor a mayor, enfocándose siempre a que cada futbolista sacara al luchador que llevaba adentro, dejando todo por el compañero. Y sino obsérvese a Lionel Messi en la final yendo al suelo para trabar a los pies del rival. A no confundir: cada vez que pudo, Scaloni dispuso de talento puro y repasando las distintas alineaciones y jugadores citados puede corroborarse. Papu Gómez, Paulo Dyabla, Ángel y Joaquín Correa, Emiliano Buendía, Exequiel Palacios o Nicolás González. Todo puede resumirse a Leandro Paredes como volante central. Unión entre esfuerzo y calidad.

Quizá parecen palabras sueltas y es entendible que lo no argumentado firmemente, recurriendo a ideas sobre lo abstracto, se traduzca en frágiles conceptos. Pero para ahondar un poco más está Carlos Peucelle —exjugador de River, Selección Argentina y, según Dante Panzeri, figura santa y sabia del fútbol—. En 1975 escribió Fútbol Todotiempo, donde explayó sus experiencias y señaló: “La mayor predisposición espiritual para el fútbol viene de la gran amistad entre los jugadores y de la coordinación que ellos logran en el juego”. Y añadió: “Lo que sí puede hacer el llamado ‘maestro’ (en referencia al entrenador) es ir dando esa mística, esa fuerza espiritual para la lucha, cuando sabe hacer amigos a todos los jugadores, los conoce bien, se hace querer por ellos, y puede crear con su palabra la fuerza espiritual del equipo”.

Scaloni no es un improvisado, se preparó en España para dirigir y obtuvo la licencia UEFA Pro, la máxima a la que se puede aspirar en Europa. Las críticas por cómo llegó al máximo cargo en Argentina son válidas, pero conoce las instalaciones, el predio y lo que es vestir la camiseta. Los valores que José Néstor Pekerman le inculcó a él y a quienes forman parte de la Selección fueron trasladados a la camada campeona de América. Se fue armando en el camino, pero observando jugadores que por militar en Europa no son seguidos de cerca (los casos Emiliano Martínez, Cristian Romero, Buendía, Juan Musso, Lisandro Martínez, Guido Rodríguez, los Correa), priorizando el buen pie, pero poniendo en plano principal la fortaleza defensiva en la Copa América, utilizando centrales fuertes —y de calidad para la salida—, laterales ofensivos, un volante constructor de juego, otro que pudiera suplantar las posiciones que Lionel Messi dejaba vacías al cerrarse y hasta un tercero que daba más juego o vocación ofensiva dependiendo de quién actuaba y dos delanteros. Otra vez: mística y talento.

Pero, ¿quién mejor para analizar que el propio Messi? En una entrevista, el capitán del equipo expresó: “Lo que más destaco es la fortaleza grupal. Preparamos bien los partidos y supimos jugarlos. A veces mejor, a veces peor. Pero, al final, estos torneos cortos pasan por intentar sacar los resultados, de que no te hagan goles”. Y en este punto se puede sumar la mirada de el hombre que puso a Leo de falso nueve. Hace dos años, Pep Guardiola explicó las diferencias entre torneos cortos (Mundial, Copa América, Eurocopa) y largos (ligas domésticas): “Es muy difícil en un espacio de tres semanas o un mes generar un proceso de trabajo, de organización de ataque, porque necesitas tiempo. Lo del 4-4-2, meterse, defender y esperar el momento de contra es mucho más sencillo, necesitas menos tiempo”.

Una copa da confianza para el porvenir y Argentina lo demostró en estas fechas de Eliminatorias posteriores a la consagración. Anoche, contra Uruguay, exhibieron un fútbol entretenido. Se juntaron en el sector donde estaba la pelota para tocar en corto y lo que siguió fue pura invención, calidad, potrero. Como ocurre en los últimos cotejos. Rompen con lo posicional y emergen ellos mismos para divertir a la gente que comienza a volver a las canchas y a quienes observan en sus hogares. Nada de tacticidios que aniquilen esa capacidad creativa. Aunque el equipo funciona cada vez mejor en ese sentido y el capitán del equipo lo resaltó al finalizar el partido ante los charrúas: “Estamos creciendo mucho en el juego, a nivel de posición. Nos acostumbramos a tener la pelota y posesiones largas”. Claro que ser superior al rival en el número de tenencia no se traduce en provocar más acciones ofensivas. La primera media hora de Argentina lo evidenció, pero los futbolistas poseen paciencia para buscar y crear espacios.

Se pueden hacer salvedades, pero el equipo ha exhibido fluidez y, hace mucho, confían en el entrenador, que les brinda las herramientas justas para desplegar todo su fútbol adentro de la cancha y que también mantiene la mesura necesaria, no hace mella de la copa lograda y tiene en claro quiénes son los amigos del campeón. El futuro de Argentina está en las palabras de Messi: “A raíz de lo que hicimos en la Copa América, el juego de la Selección tiene que fluir más y va a seguir creciendo, porque cuando ganás te liberás y jugás de otra manera”.

Lionel Messi y su línea de tiempo en un mural que es homenaje

Por Lucas Krampanis

Las paredes no solo son una pila de ladrillos unidos por una capa de cemento y maquillados con pintura, ellas también miran, esconden historias, son segundas y campeonas, gritan gol y emocionan. Como lo es el mural que pintó el artista plástico Ramón Cortéz, en la ciudad de San Francisco, provincia de Córdoba.

Esta atractiva pintura que está ubicada en la esquina de Vélez Sarsfield y Belgrano, retrata la vida futbolística argentina de Lionel Messi. Su realización comenzó una vez terminada la Copa América 2021 y finalizó siete semanas después. En ella se puede visualizar desde un pequeño Messi haciendo jueguitos en su infancia con la camiseta de Newell’s Old Boys de Rosario, hasta el capitán de la Selección argentina besando el último trofeo obtenido por la Albiceleste, pasando por distintas etapas de frustración.

“El mural cuenta una historia de perseverancia, de entrega, de amor y pasión, que es lo que yo siento por el arte y por el fútbol, y veo que es lo que Lionel (Messi) entrega por ese deporte”, de esta manera repasa Monchito, como es conocido el artista en la ciudad sanfrancisqueña, qué trató de expresar en la obra. “Dicen que las cosas muchas veces se hacen por amor al arte y yo a esto lo hice gratis y, siendo sincero, creo que Leo no hace una gran diferencia económica viniendo a la Selección. En vez de amor al arte, amor a la camiseta, diría yo que es lo de él”, así traza el pintor un paralelismo por el desinterés económico entre él y el del 10 argentino en la Selección.

Si bien este mural generó que mucha gente se acercara para sacarse fotos y apreciar las imágenes de Lionel Messi, no todas fueron palabras de gratitud o mensajes positivos, ya que Cortéz manifiesta que recibió críticas donde se le reprochaba que no haya pintado ninguna figura con las medallas del segundo puesto: “Me dijeron que por qué lo ponía con la copa y no con la medalla plateada, creo que esa gente ignora que está pintada la imagen de él (Messi) cuando pierde la final del Mundial y se queda mirando la copa. Me gusta que se vean las dos caras de la moneda”.

Al artista no se le hizo nada fácil encontrar un lugar donde pudiera pintar esta obra, estuvo varios meses tratando de localizar una pared que tuviera las dimensiones necesarias y estuviera ubicada en un sitio donde hubiera un gran flujo de transeúntes. Finalmente, luego de algunas charlas y tratando de convencer al dueño de la pared de llevar a cabo el mural, se pudo concretar la realización en el muro que mide 16.5m por 5.5m. Para llevar a cabo esta obra, Monchito necesitó 40 latas de pintura, de medio litro cada una, las cuales tiene guardadas de recuerdo. Además, el profesor de artes visuales tuvo que dejar de lado otros trabajos donde sí iba a recibir una remuneración económica.

El tiempo empleado por día para que Cortéz pudiera culminar la obra en siete semanas fue de tres horas diarias, aunque había algunas oportunidades en las que no podía asistir, debido al duro frío invernal. Otra adversidad que debió enfrentar este pintor hincha de River Plate fue el viento sur que le generaba temor cuando estaba pintando las partes altas mientras estaba sobre un andamio, debido a su miedo a las alturas y el viento norte, que soplaba cuando estaba subido al techo y que lo empujaba hacia abajo.

El artista, que pinta desde el 2012, reconoce que la realización del mural no hubiera sido posible sin la ayuda de diferentes personas, como la artística Rincón de colores, que fue la encargada de donar las latas de pinturas y del dueño de la panadería Las Cañitas, quien ayudó a transportar las herramientas y materiales. Aunque, sin desprestigiar a todos los colaboradores, la colaboración que manifiesta el artista plástico como más presente e importante fue la de su esposa e hijo: ”Mi señora me ayudó con algunas pinceladas en la parte de abajo. No es fácil, yo me levantaba a la mañana y me venía al mural, después le mandaba un mensaje a mi esposa para decirle que venga a comer unos sanguches mientras pintaba y así pasábamos la tarde durante los fines de semana. Mi hijo, hasta ahora me dice ‘Papi, ¿vamos al mural?’, le quedó grabado”.

La obra, que fue declarada como de interés cultural de la ciudad por la Municipalidad de San Francisco, era visitada mientras se estaba realizando por personas de pueblos aledaños, una de esas visitas fue la de un habitante del pueblo de Pampayasta, que le ofreció hacer el mural que actualmente está realizando Monchito en aquel lugar.

Actualmente, los vecinos iniciaron la propuesta para colocar una urna metálica, para juntar dinero y que de esta manera el artista pudiera seguir haciendo murales en la ciudad.

El antiguo baldío donde se encuentra la pared hoy es un paisaje elegido por personas que llegan de todas partes para sacarse fotos y sentir que de alguna manera están un poquito cerca de Lionel Messi. El muro cuenta con un lugar reservado, donde Cortéz espera poder pintar la única figura que falta, la de Messi levantando la Copa del Mundo, mientras tanto, el pintor no pierde las esperanzas de que el capitán de la Selección argentina se acerque a conocer la obra que le dedicó.

Una de las caras detrás de Doble Mérito: Ariel Cheb y el nuevo periodismo

Por Julián Gwilkie

Ariel Cheb, creador del canal de entrevistas de Youtube “Doble Mérito”, comentó en una entrevista con El Equipo que los medios de comunicación tradicionales deben “aggiornarse” a las nuevas tecnologías y avisó que sino van a seguir perdiendo rating y van a ir desapareciendo.

El entrevistador de Doble Mérito habló sobre el rechazo de los medios tradicionales a los streamers, youtubers y las nuevas plataformas digitales, con la pelea entre Gustavo López e Ibai Llanos como disparador, y aseguró que “dentro de 10 años vamos a ver quienes pudieron adaptarse y quienes no”. Además, sabe que es una cuestión generacional y que a él le va a pasar en algún momento: “Dentro de 30 años nos va a pasar lo mismo. Los jóvenes van a mirar videos a través de unos anteojos de realidad virtual y yo me voy a estar preguntando por qué no miran mis videos en Youtube”.

Además, Cheb se quejó de que los mismos medios que minimizan y critican a quiénes utilizan estas plataformas, luego utilizan su contenido y no le dan los créditos. Como ejemplo de esto, Ariel contó que recientemente le hicieron una entrevista a Juan Carlos Olave, que luego levantaron desde los medios tradicionales y todos le pusieron marca de agua al logo de DM.

Junto con Agustin Stella, crearon un canal de Youtube desde cero aunque avisa: “No somos Youtubers, solo utilizamos la plataforma”. Doble Mérito empezó hace dos años y ya superó los 60 mil suscriptores, un número muy grande de personas aunque Ariel no se conforma: “Cuando lo pienso, son muchísimas personas, pero tengo la sensación de que somos muchos más conocidos”, asegura el joven egresado de DeporTEA. En esta misma línea, se diferenció de los streamers y explicó por qué tienen tanta fama: “Ellos apuntan a un público adolescente, son chicos que están en las redes sociales todo el día, consumen las 24 horas del día. En cambio nosotros apuntamos a los `jóvenes adultos`, entre los 18 y 40 años, a esa gente es más difícil llegarle, son personas con mayores responsabilidades y que consumen menos tiempo en las redes sociales”.

Respecto al canal, comentó que las primeras entrevistas post pandemia fueron muy difíciles y que hablaron con Agustín de abandonar el proyecto, pero que nunca fue una idea real. Hoy en día, buscan seguir creciendo: “Queremos seguir viajando, así como fuimos a Córdoba nos gustaría recorrer todo el país”, cerró.

Ariel Cheb, de Doble Mérito: “Cuando ejercés la profesión vas perdiendo el fanatismo por tu club”

Ariel Cheb, de Doble Mérito: “Cuando ejercés la profesión vas perdiendo el fanatismo por tu club”

Por Dylan Bujman

Tranquilo. El mismo se considera así. Con humildad y esfuerzo, Ariel Cheb demuestra que con trabajo e innovación se pueden conseguir grandes cosas. Junto a Agustín Stella conforman Doble Mérito un canal con una idea que atrapó a más de 60.000 personas suscriptas aunque “podemos llegar a muchísimas mas personas”, asegura el joven de 23 años.

Nacido el 28 de noviembre de 1997 este flamante periodista exclama que cuando te metés de lleno en tu trabajo queda de lado la pasión. ¿Cómo lo confirmó? Con su amado River Plate, que aunque aún dice seguirlo ya no es lo que era antes. “En los cuartos de final con Atlético Mineiro no lo pude ver porque estaba en una sala de escape”, reconoce Cheb, que termina de señalar que los tiempos cambiaron para sus prioridades. Aunque nada de esto se imaginaba tiempo atrás ya que de chiquito, sin tener las cosas claras soñaba con convertirse en millonario, lo que tal vez lo llevó a tener un gran talento para los números.

Pero si para pasar el tiempo tiene que elegir una actividad, los ejercicios matemáticos no serían una opción ya que prefiere jugar con sus amigos a la play o pasar la barrera de la televisión y jugar él mismo a la pelota. “Encontré mi límite dentro de la cancha y eso me llevó a ser un jugador 7 puntos, conozco lo que puedo dar”, recalca Ariel que se considera un defensor central aguerrido y fuerte.

Las series y películas son otros pasatiempos que acompañan a Ariel Cheb fuera del canal que creó, aunque aclara que aún no puede “vivir de eso”, pero confía en que es el camino a seguir y un gran paso fue haber ido a Córdoba a hacerle la entrevista a Juan Carlos Olave, histórico arquero de Belgrano, que los recibió en su ciudad natal y que esperan junto a Stella seguir recorriendo el país de la mano de Doble Mérito.

Una de las caras detrás de Doble Mérito: Ariel Cheb y el nuevo periodismo

Sofía Maccari: “Sueño con conseguir la medalla de oro que nos falta desde otro lado”

Por Micaela Garcea Tonin

Sofía Maccari, integrante de las Leonas, dialogó con los y las estudiantes de primer año de Deportea sobre la situación que atravesó al sufrir el robo de la medalla de plata obtenida en los Juegos Olímpicos de Tokio, de su futuro y el de la Selección Argentina, en el marco de la materia IPIDEP.

La jugadora del Club San Fernando declaró: “Quien me robó la medalla no puede medir lo que significa tener esa cosa redonda para un deportista amateur. En ella, hay mucho esfuerzo, muchas horas, está la familia que acompaña, las frustraciones que se tienen, todo el proceso olímpico largo y duro”, además, para completar el relato, afirmó que es su último año como jugadora de hockey, ya que quiere empezar a dedicarse a la dirección técnica. Sobre esto, comentó: “Sueño que esa medalla de oro que nos falta, poder conseguirla desde otro lado en Las Leonas. Es mi nueva meta; todo el tiempo estoy desafiándome”.

Con respecto a la medalla que fue robada, denunció que la persona que lo hizo, le envía foto con la “Cosa redonda” en sus manos, intentando extorsionarla y buscando tener acceso a los iPhone robados para hacer uso de ellos, “No lo voy a hacer. Espero que a esa persona algún día le haga el clic”, dijo.

También se refirió al futuro que le ve a las Leonas de cara al Mundial de Tarrasa y Ámsterdam de 2022 comentado: “Queda muy poco para julio y hay que prepararse de la mejor manera. Sabemos que no hay tiempo para relajarse, pero tenemos la vara alta y sabemos que el equipo todavía no llegó a su techo. A nivel jugadoras hay mucha calidad y mentalidad. Cuando me sumé al plantel me sorprendí para bien de la clase que había, jóvenes y con muchos años por delante. Les gusta entrenar, entienden lo que es la camiseta”.

 

 

Se juega como se come

Por Marcos Barrientos

La transpiración sobresale del verde césped. Agotamiento, botellas de agua y toallas acompañan esta postal futbolera. Pero el deporte también viene de la mano con la nutrición: una relación de amor y odio, aunque fundamental para la supervivencia del ser humano y con un grado de importancia bastante considerado: los atletas de élite conviven con la vida sana. Son su media naranja.

Día a día, el fútbol cambia, como todo en esta vida. “En mi época no se hablaba de cereales o esas cosas, hay que saber jugar a la pelota”, decía Juan Román Riquelme en un programa de Fox Sports en el año 2018 durante una charla con el periodista Sebastián Vignolo acerca de un mal momento que pasaba Boca Juniors ese entonces. Una frase que abre la puerta a una mirada distinta de la alimentación de hoy.

Riquelme es una persona con una voz fuerte dentro del fútbol argentino, un ejemplo a seguir para muchos a la hora de jugar a la pelota. Pero hoy la realidad es muy distinta y no todos nacen con el don de hacerlo como un mago. Un jugador tiene que hacer grandes sacrificios en cuanto a su alimentación.

La competitividad es constante. El cansancio se hace presente en los deportistas y los detalles salen a la luz. “Desde que empecé a implementar una buena alimentación, las cosas fueron para mejor. Había partidos que llegando al minuto 70 me sentía muy cansado y con los consejos del nutricionista del club esas cosas fueron mejorando”, declaró Rodrigo De Paul en una entrevista para AFA Play hecha por Juan Pablo Varsky. Además, agregó: “La alimentación me hace recuperarme mucho más y poder jugar los 90 minutos”.

Los cuidados, la dedicación y una buena ingesta de alimentos saludables son los aliados de los nutricionistas. Estos profesionales de guardapolvo blanco pintan de tres colores los platos que les recomiendan a los jugadores y los que les inculcan en su vida diaria.

-¿Por qué es tan importante una buena alimentación en un deportista de alto rendimiento?

-Es la base para un buen desarrollo deportivo y sirve como complemento para evitar lesiones cuando se hace actividad de manera regular.

Carla Floreani, licenciada en nutrición y deporte, lo ratifica. También agrega que la alimentación tiene que estar acompañada con un descanso óptimo y un constante chequeo hacia los futbolistas cuando están compitiendo en alto rendimiento.

“En cada jugador nos fijamos cuáles son las necesidades, como la composición corporal, puesto de juego, costumbres, gustos, hábitos y condiciones socioculturales”, argumenta Agustina Gazzaneo, nutricionista del Club Deportivo Morón. Gazzaneo agrega que en casi todos los casos se insiste en mejorar la musculatura en el cuerpo, ya que beneficia el rendimiento de un deportista. Los futbolistas también destacan el grado de importancia de tener un nutricionista en el club o en su vida deportiva porque les permite generar cambios físicos, algo que nunca habían imaginado que podía llegar.

La tarde llega a Sarandí. Leonel Picco está con su mate en mano, fiel compañero de cada concentración y entrenamiento. El jugador de Arsenal debutó el 2 marzo de 2019 en un partido frente a Central Córdoba de Santiago del Estero por la B Nacional. Picco destaca la importancia de tener a un especialista en nutrición a diario en el plantel porque desde su perspectiva es fundamental para llegar al 100% a los partidos. “Esto lo comencé a notar a los 18 años, cuando me propuse ser jugador, cuidarme e ir al gimnasio. Con el correr de la edad, me di cuenta que podía mejorar la contextura para lograr ciertos objetivos”, dice Picco.

Los cambios físicos vienen acompañados de una buena nutrición. Tarde o temprano, los resultados se terminarán reflejando en sus vidas diarias y deportivas. Los cuidados son permanentes. Cada dos o tres días, la nutricionista llega a trabajar a Arsenal. Uno por uno, los jugadores van entrando al consultorio, como si fueran a rendir un examen. “Nos pesa y nos mide para chequearnos”, admite Picco. Simbólicamente, se convirtió en una segunda madre que está al cuidado de ellos.

Las actualizaciones son constantes en los dispositivos electrónicos para que se adapten a las nuevas modalidades. Con la nutrición pasa exactamente lo mismo ya que los cuerpos de cada futbolista son distintos. El desgaste físico de cada atleta es distinto y no todos los celulares y computadoras tienen el mismo operador.

Existe un sector de 18 hectáreas donde los juveniles de Banfield sueñan en grande: el Campo de Deportes Alfredo Palacios está repleto de historias de futbolistas que sueñan con ser profesionales. Juan Manuel Cruz, jugador del Taladro, debutó en marzo de 2020 frente a Lanús con una victoria por 2-0 y destacó que hoy en día en el club, los cuidados recibidos siempre son alimentarse bien y sano, pero que cada uno tiene un plan distinto, ya que todos cuentan con físicos diferentes.

Es evidente que en un club de Primera, los chequeos son rigurosos y no solo cuando están en competitividad, sino también de vacaciones. Por lo general, cada institución fija un plan de alimentación para cada jugador, aunque de manera más libre. Y los deportistas siguen estas instrucciones para poder llegar en óptimas condiciones a la pretemporada.

Cruz comenta que Banfield le informa a cada jugador que lo ideal es que vuelvan en forma y se cuiden en lo físico. Sin embargo, el club no es tan exigente con algunos excesos en época de pretemporada. El hijo de Julio “El Jardinero” Cruz hace hincapié en que los entrenamientos en la pretemporada son distintos y que comenzó a notar cambios en su físico: el desarrollo lo notó en su primera etapa de preparación con el plantel de Primera. Los futbolistas tratan de estar lo mejor posible en cuanto a físico para poder rendir al máximo y así cuidar su fuente de trabajo: el fútbol. Cruz agrega que la alimentación balanceada y saludable es fundamental en su día a día porque es una herramienta de trabajo.

En el marco de las diferencias, el desprestigio y las comparaciones, aparece el fútbol femenino como una de las incógnitas de la salud alimenticia. El fútbol argentino para mujeres se profesionalizó en marzo de 2019. Muchos clubes grandes, como Boca, River, Racing e Independiente, sustentan un cuerpo técnico con nutricionista incluida, como los varones. Y comparten las mismas instalaciones del club, las canchas y hasta los mismos cuidados, pero en exigencia no es lo mismo para ambos géneros.

En el mítico barrio de La Boca, las casas coloridas resaltan, el puente se hace presente y el tango se hace escuchar desde los conventillos. En ese lugar, el plantel femenino de Boca va a entrenar todos los días para estar en óptimas condiciones a la hora de competir.

Desde el predio de Casa Amarilla y luego de un duro entrenamiento por la mañana donde el frío pega bastante, Bianca Recanati, jugadora profesional de Boca, destaca que los cuidados que les dan son permanentes y que consisten en una buena alimentación: “Los platos tienen que tener mucha proteína, carbohidratos, vegetales y estar acompañados de un buen descanso para recomponer energías”.

Los planes nutricionales varían según el sexo de cada futbolista. El metabolismo de una mujer no es el mismo que el de un hombre, pero sí parecidos. Estos se modifican dependiendo del peso de los atletas: al ser más livianas requieren ciertos nutrientes en menor cantidad a comparación de los varones.

Si bien ambas ramas del deporte tienen sus diferencias, abundan las similitudes en cuanto a la alimentación y a los cuidados físicos. Muchas veces, la libertad de comer sin tener la preocupación de excederse se desvanece en la vida deportiva. Un jugador o una jugadora se preocupan mucho por el bienestar personal y de progreso en el fútbol. Los nutricionistas ven la vida sana como una herramienta complementaria para el futbolista y la consideran una pieza fundamental para el desarrollo de su carrera. El sentido común se hace presente cuando se habla del espacio que le dan a este profesional dentro de un club, porque al fin de cuentas es mucho más importante de lo que se cree.

 

 

 

Luis Scola, el último porteño del básquet argentino

Por Emiliano Grillo

El reloj marca ocho minutos de partido y Houston abre la temporada 2007/2008 perdiendo por diez puntos contra Los Ángeles Lakers. El entrenador Rick Adelman se acerca al banco y llama a Luis Scola para que haga su debut en la NBA. Automáticamente, la televisión estadounidense despliega una placa sobre la imagen del ala pívot: “Adquirido desde los Spurs el 12 de julio de 2007. Dos veces mejor jugador de la liga española. Mejor jugador del torneo FIBA Américas 2007. Ganador de la medalla olímpica dorada en 2004 con Argentina. Edad: 27. Buenos Aires, Argentina”. Será el acercamiento más firme que tendrá la Capital Federal con la liga de élite.

Scola fue el octavo basquetbolista argentino en aterrizar en la NBA. Al cierre de la temporada 2020/2021 ya se sumaban a ese número ocho más (incluyendo a Luca Vildoza, que pertenece a New York Knicks pero no sumó minutos, y a Leandro Bolmaro, que se sumó a Minnesota Timberwolves tras desvincularse del Barcelona). De los 16, ninguno nació en la Capital Federal y solo Scola -nacido en Ciudad Jardín, partido de Tres de Febrero- se formó en clubes porteños: Club Ciudad y Ferro Carril Oeste.

En el seleccionado nacional, el resultado es similar. Durante el segundo ciclo del entrenador Sergio Hernández, que se inició en enero de 2015 y se cerró después de los Juegos Olímpicos de Tokio, (dos Juegos, un Mundial, dos Panamericanos, dos Sudamericanos, un Preolímpico y una AmeriCup)  no hubo jugadores nacidos ni formados en Capital Federal, a excepción de Scola. El último convocado porteño data del Sudamericano de Isla Margarita 2014: Martín Leiva, reconocido pívot de Ferro y Boca.

La Liga Nacional logró ser el torneo más federal del deporte argentino. Fue el objetivo al que apuntaba en su fundación en 1985. También es cierto que la Ciudad, junto a Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, representaron el centro del país basquetbolístico, espectro que diagramó León Najnudel, principal impulsor de la creación de la Liga Nacional, que centralizaba el deporte en estas cuatro provincias y formaba un esquema de relevancia escalonado con las demás federaciones alrededor. En 1984, durante los torneos de transición de cara a la reformulación de las categorías, cuatro plazas fueron para la federación porteña, mientras que las demás provincias del centro obtuvieron dos cada una.

A lo largo de las 36 temporadas de La Liga, cinco equipos de CABA participaron, aunque sea una vez, en la máxima categoría del básquet nacional. En la misma línea se paran el Gran Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos. Lejos están de los 12 clubes que alguna vez presentó el interior bonaerense, y se acerca a Santa Fe, que tuvo nueve representantes. Sin embargo, con la renovación estelar de San Lorenzo de Almagro (ascendió gracias a una fusión con el club cordobés 9 de Julio en la temporada 2015 y con una enorme inyección de dinero construyó un nuevo estadio y conformó un equipo campeón cinco temporadas consecutivas), el palmarés de clubes de la Ciudad de Buenos Aires despegó hasta los 11 títulos, superando a Córdoba, que gracias a los trofeos del club Atenas contabiliza nueve.

Si bien tres de los cinco equipos (además de San Lorenzo, Boca y Ferro se alzaron con la victoria en tres ocasiones, mientras que Obras Sanitarias y River solo lograron un subcampeonato cada uno), el aporte desde divisiones menores a la élite del básquetbol suele ser mínimo en comparación a otras provincias. Desde que la Liga Nacional comenzó a distinguir con la entrega del premio MVP (Jugador más valioso) en 1987, ningún jugador nacido en CABA recibió el galardón. Solo Juan “Pipa” Gutiérrez, producto de la cantera de Obras, pero nacido en el pueblo bonaerense de 9 de Julio, obtuvo el reconocimiento (temporadas 2010/11 y 2011/12) saliendo desde las formativas de un club de la Capital.

En contrapartida, en las provincias de Córdoba y Santa Fe florecieron la mayor cantidad de jugadores destacados. De los 16 argentinos que llegaron a la NBA, cuatro son cordobeses (Fabricio Oberto, Carlos Delfino, Pablo Prigioni y Facundo Campazzo) y tres santafesinos (Andrés Nocioni, Walter Herrmann y Nicolás Brussino). De los 12 protagonistas del oro olímpico en Atenas 2004, tres eran oriundos de Córdoba y otros tres de Santa Fe. El 50% del plantel entre ambas provincias (mención aparte para la ciudad de Bahía Blanca, con otros tres convocados).

¿Es únicamente un problema del básquet la cantidad de talentos en la Ciudad con más clubes del país? Tanto la Ciudad como el Gran Buenos Aires comparten la denominada división metropolitana a partir del Torneo Federal (tercera categoría). Son, junto a Entre Ríos, las únicas zonas del país en tener una división propia. Las otras seis categorías nuclean equipos de dos o tres provincias. ¿Cuál es la situación con otros deportes de equipo que no tienen las estructuras divisionales con un foco federalista? En la última Copa América de fútbol, de los 28 convocados, ninguno se crió en CABA, pero 12 se formaron en clubes de la Ciudad. Y diez crecieron en el Conurbano.

Si tomamos como punto de comparación la NBA, sería justo equipararlo con la Champions League europea. De 25 futbolistas argentinos en las listas de buena fe que presentaron los equipos en la edición 2020/21, ninguno salió de los barrios de la Ciudad. Pero, de forma similar, ocho debieron cruzar la General Paz o el Riachuelo para formarse en clubes de la Ciudad. En handball, la historia se repite: de los 17 jugadores del seleccionado que defendieron la camiseta argentina en los Juegos de Tokio, no hubo porteños. De hecho, 15 nacieron en la Provincia de Buenos Aires y se formaron en clubes del campeonato metropolitano.

Horacio Seguí, entrenador e impulsor de los inicios de la Liga de la reestructuración en el sistema de ligas junto a León Najnudel, explica que la reglamentación original indicaba que en planilla debía haber seis mayores, dos extranjeros y cuatro juveniles Sub 18. En un calendario extenso, de más de 40 partidos, esto abre las puertas del desarrollo, les da la posibilidad a los menores de sumar minutos importantes de experiencia”. Sin embargo, a finales de 2014, el entonces presidente de la Asociación de Clubes (AdC) y actual mandamás de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB), Fabián Borro, presentó la Liga de Desarrollo, un torneo juvenil con la misma estructura que el torneo de mayores pero con el propósito de impulsar el roce entre jóvenes. “La idea es hacer un aporte al seleccionado nacional. La Liga de Desarrollo servirá para aquellos juveniles que no tengan lugar en la categoría de mayores”, dijo Borro, presidente  de Obras en aquel entonces.

“Los chicos de la Generación Dorada y de la actual son producto de la Liga Nacional. Najnudel dirigía en Ferro y juraba que Scola iba a ser el primer NBA formado acá. La reestructuración sirvió para eso, para potenciar los juveniles y el seleccionado”, retoma Seguí. La realidad es que el capitán, único referente del básquet de Ferro, tuvo su última función en Tokio. Y así como presentó a Buenos Aires jugando para Houston Rockets, dejó huérfana a la Ciudad en el parqué, por lo menos hasta que aparezca una nueva ilusión