Ricardo Bochini, máximo ídolo y referente histórico de Independiente tendrá ese reconocimiento tan esperado: el estadio Libertadores de América llevará su nombre. En una entrevista con El Equipo, el Bocha habló sobre su pasado profesional en el Rojo y en la Selección Argentina, su relación con Diego Maradona y acerca de su rol como captador de juveniles para el club al que considera toda su vida.
-¿Qué fue y qué es Independiente para vos?
-Independiente es toda mi vida, mi segundo hogar. Todo lo que hice y hago está ligado a Independiente. No me fui nunca del club, a los 16 años empecé a jugar, después fui técnico, estuve como coordinador en inferiores y después volví un tiempo a la Primera. Ahora veo y recomiendo chicos para que jueguen en las inferiores.
-¿Crees que Independiente puede volver a ser lo que fue?
-No. Lo que fue es muy difícil de igualar. Pero tiene que pelear y ganar algo cada tanto, ahora hace casi 20 años que no gana un campeonato local. Necesita un equipo estable para tener la posibilidad de ganar un campeonato local. La Copa Sudamericana la ganó, pero también hay que intentar pelear una Libertadores. Depende de cómo los dirigentes empiecen a trabajar de ahora en adelante.
-¿Cómo ves a las inferiores del club en relación a la Primera División?
-Creo que Independiente tiene que trabajar bien en inferiores, porque ahí está el futuro del club. Estuvieron muchos años trayendo jugadores, malgastando la plata que había entrado por los futbolistas surgidos de las inferiores, como en el caso del Kun Agüero.
-¿Qué significa para vos que hinchas de otros equipos te reconozcan como referente?
-Al haber jugado siempre en Argentina, me vieron en todos los equipos. Siempre traté de jugar un fútbol que, creo, es el que le gusta a la gente: el de gambeta y toque. Y cuando ven a un buen jugador, sea de su equipo o contrario, se lo reconoce. Eso me ha pasado a mi con los hinchas de otros equipos. Es gratificante.
-La calle principal del Libertadores de América lleva tu nombre, ¿Qué significa para vos?
-Me pone muy feliz y me llena de orgullo. Es algo increíble que nunca hubiese imaginado. Creo que es un reconocimiento a todo lo que hice.
-¿Qué valor le das a los títulos que ganaste?
-Lo disfrutaba cuando ya había ganado, en el momento tenía que seguir jugando. Cuando terminaba un campeonato, ya queríamos ganar el otro. Me amargué mucho por los campeonatos que perdimos. Gané mucho, pero pude haber ganado más.
-¿Sentís que te quedó algo pendiente por cumplir como futbolista?
-Lo único fue haber jugado más tiempo en los Mundiales. En el del ´78, que terminamos ganando acá en Argentina, pensé que iba a estar porque Menotti siempre me había tenido en cuenta, pero se decidió por otros 22 futbolistas. Las cosas más importantes en el fútbol, las gané casi todas.
-¿Cómo ves hoy a la Selección de cara al Mundial de Qatar?
-Argentina hoy, si lo comparamos con otras selecciones, está debajo de varias. Pero puede hacer un gran Mundial, ganarlo… Lo veo difícil. Creo que Argentina hoy, si bien tiene jugadores importantes, no tiene ese nivel que tuvo cuando salió campeón del Mundo.
-¿Qué fue Diego para vos?
-Fue un emblema que dio todo por Argentina. Su sueño era jugar en la Selección y ganar un Mundial, se le cumplió en México y demostró ser el mejor en su época. Será recordado por todo el mundo. Era el jugador que todos querían y admiraban, los que jugaron antes y los que están jugando hoy. Todo va a llevar siempre a Maradona. Nadie lo va a olvidar.
“Nunca había tenido esa sensación tan extraña. No pensé en nada, no podía llorar”. Eso fue lo primero que se le pasó por la cabeza a Bruno Lima, opuesto de la Selección Argentina de vóley, tras obtener el último punto en la definición por el tercer puesto ante Brasil. Estaba cumpliendo uno de los sueños de toda su vida. Después, un poco más frío, se acordó de los sacrificios y el apoyo de sus padres para que pueda dedicarse al deporte. Igualmente, tampoco le cayó la ficha, y confiesa que, en las semanas posteriores, cuando estaba en San Juan, se quedaba mucho tiempo con la medalla en sus manos, incrédulo aún.
La victoria ante el campeón olímpico de 2016 fue la frutilla del postre para coronar un gran torneo del seleccionado nacional, que fue sin dudas de película. Y no solo por el hecho de haberse levantado de la dura derrota ante dicho rival en fase de grupos -iba ganando 2 a 0 y se lo remontaron 3 a 2-, sino porque también venció a potencias como Estados Unidos, Francia e Italia. A pesar de no haber público, el aguante argentino estuvo más que nunca. “No podíamos creer la repercusión que tuvo el vóley. Está bueno para que el deporte siga creciendo”, asegura. Desde el otro lado del planeta, desvelándose por las madrugadas, nació una fascinante comunión con la gente, que se vio identificada por la manera de jugar del equipo, combinando el talento con la garra y el amor propio innato que tienen los deportistas. Similar a lo que sucedió con la “Scaloneta” este año, o con Generación Dorada y Las Leonas a principios de este siglo.
La Selección nacional festejó su segunda medalla olímpica de bronce después de vencer 3-2 a Brasil.
Un nexo importante en esto fue José Montesano, narrador de extensa trayectoria en el vóley, que mantiene una gran relación con el grupo, hasta el punto de ir a comer con ellos. Junto al histórico Hugo Conte como comentarista (padre de Facundo y ganador del bronce en Seúl 1988, en el mismo continente, rival, resultado e instancia) trasmitió con emoción genuina los puntos de los pibes con las manos arriba en el silencio del Arena de Ariake. “En la cancha sentíamos sus relatos. Gritaba tan fuerte que le tuvimos que pedir por favor que bajara un poco el volumen porque nos desconcentraba. En la calle ya me dicen Nene, no Bruno ni Lima. Le dije que me cambió el nombre”, admite sonriente.
El medallista, fuera de la cancha, es totalmente opuesto a lo que se lo ve dentro del rectángulo de juego. No es el electrizante opuesto que cautivó con su energía, pasión y talento, y que lo llevó a ganar el premio al mejor atacante y máximo anotador en la última cita olímpica. Él mismo se describe como una persona tranquila y sencilla. Tampoco pierde su acento sanjuanino, a pesar de sus experiencias en distintos puntos del mundo a los 25 años. Su mate y su termo personalizado con stickers de vinilo -uno de ellos de él mismo, con la camiseta argentina y el 12 en el pecho- lo acompañan durante toda la charla.
Cómodo en su departamento en Niza, y vestido con un buzo gris y un short negro, confiesa que todavía no puede encontrarle la vuelta al idioma. Solo entiende las referencias del entrenador en las prácticas y en el juego, ya que son palabras universales para un voleibolista. Su rutina se acopla al doble turno de entrenamientos cotidianos y al día de partido los fines de semana. Pero en las jornadas libres y de descanso es donde más extraña los domingos de asado con su familia en San Juan. Asegura que es lo que más le cuesta.
Lima en su actual club, el Nice de Francia.
Pero viajemos al pasado y justamente a la ciudad cuyana, donde todo empezó. Con familiares del palo del vóley, el deporte estuvo ligado a su vida desde un principio y, mientras más pasaba el tiempo, más le iba gustando. “De chico colgaba globos con una piola en el techo de mi habitación para entrenar la carrera de ataque”, recuerda Bruno entre risas. Con tan solo seis años, comenzó a dar sus primeros pasos en el Club Obras Sanitarias de San Juan, en el cual disputó su primera liga a los 16. Hoy, casi 20 años después de sus inicios, se enorgullece al hablar del club que lo vio nacer.
Aunque no todo fue color de rosas en su trayectoria deportiva, ni mucho menos en su vida. En 2014 le tocó una adversidad que pudo haber sido crítica. Con visibles gestos de emoción que se notan a través de la video llamada por Zoom que nos conectó desde Buenos Aires a Niza, cuenta que a los 18 años contrajo un virus mediante una inyección en un hospital privado. Tenía un desgarro en el aductor y, luego de la inoculación, le comenzó a doler mucho el glúteo. Llegó a bajar 15 kilos, estuvo 20 días en terapia intensiva y 10 días más después de la operación en el sanatorio. Pero eso no fue todo: también pasó medio mes en su casa postrado con controles y suero. No podía ni siquiera hacer 10 pasos. Hasta le salieron ampollas en los pies por estar acostado.
Según el diagnóstico de los médicos, le iba a costar mucho volver a jugar, como mínimo dos años. Una vez curada su cicatriz, con más ganas que nunca, regresó a los entrenamientos tan solo cuatro meses y medio después. Fue en la Selección juvenil y gracias a Alejandro Grossi, DT del seleccionado menor en aquel tiempo, quien lo bancó “a muerte” durante ese mal momento y le dio la posibilidad de volver a las canchas: “Si no fuese por él, hoy no estaría acá ni sería quien soy”, declara sinceramente Bruno.
Aunque nunca se le cruzó por la cabeza dejar el vóley, ya que quería cumplir su sueño de chico de jugar en la Selección, sí admite que todo podría haber sido diferente si no recibía esa convocatoria: “Si no me llamaban a esa concentración hubiese caído en una depresión tan grande que me hubiera llevado a bajar los brazos”, expresa. Sin dudas fue su momento más difícil. Sin embargo, cada dolor lo hace más fuerte, y esta mala pasada que le jugó la vida lo ayudó a cambiar su forma de ver las cosas y empezó a no hacerse mala sangre por problemas menores que tienen solución. Un total ejemplo de superación.
Con 25 años, el opuesto debutó en unos Juegos Olímpicos en Tokio 2020.
Tras dejar atrás este obstáculo, y gracias a muy buenas actuaciones en Obras de San Juan y Bolívar, llegó su primera experiencia internacional, que fue a los 21 años, cuando lo fichó el Chaumont VB 52. Más allá de obtener la Supercopa local en uno de los mejores equipos del viejo continente, le costó cambiar de país y la respectiva adaptación en su primer año en Francia. Pero esto, a su vez, también lo ayudó a crecer, barajar y dar de nuevo. Tan solo seis meses después volvió a Argentina con más herramientas. “Prefiero estar en un equipo en el que cobro menos plata, pero juego todos los partidos, a estar en un club con buena remuneración en el que me toque ir al banco”, asegura con convicción. Lo mismo le sucedió tiempo más tarde: tras un destacado primer semestre de 2018 en su club de origen, el Bissons Buhl de Alemania puso sus ojos en él. Luego de otra temporada en Europa, volvió en 2019 a su tierra, aunque lejos de sus pagos, más precisamente a Neuquén, para sumarse a Gigantes del Sur. Reemplazó el Cuyo por la Patagonia.
Allí, mientras disputaba la Liga Argentina, atravesó los primeros meses de la pandemia por Covid-19, enfermedad la cual contrajo días antes de comenzar la última Liga de Naciones en mayo, previo a los JJ. OO. Apenas pudo, se trasladó a su San Juan natal: “Las primeras semanas no hice absolutamente nada. Me sirvió para descansar, lo necesitaba. Venía de mucho degaste de años de entrenar entre club y Selección. Después sí comencé a entrenar en casa”. Además, muy familiero, utilizó ese tiempo para estar con sus seres queridos, vio series, leyó libros y descubrió un nuevo interés: la música electrónica. Tanta fue su fascinación que se compró una consola de sonido y hasta el día de hoy la utiliza en sus ratos de ocio.
Justamente, en ese entonces estuvo a nada de jugar en Alemania. “Había firmado con un equipo de Frankfurt, pero el manager me comunicó al mes y medio que no iba a poder ir porque se había bajado un sponsor”, manifiesta. Aunque luego muchos clubes turcos se interesaron. Él no conocía el país y estaba sin ganas porque pensaba cosas que en realidad no son, según describe. “La verdad que me sorprendió, y para bien. Pensaba que iba a ser difícil adaptarme por las diferentes costumbres, pero me di cuenta de que tienen costumbres muy similares a las nuestras. Como, por ejemplo, comer asado en un día de campo”, comenta. A diferencia de Francia que, según él, son más fríos, describe que la experiencia en el Afyon Belediye Yüntaş fue importante en su carrera. Tras asentarse en Europa, le llegó la oferta del Nice Voleyball de Francia, antes de concentrarse de lleno en la preparación para Tokio con el seleccionado, y se incorporó en septiembre de ese año: “Esta liga es muy competitiva, cualquiera le puede ganar a cualquiera. Es genial para el ritmo de juego”.
El Nene disputó la temporada 2020/21 en el Afyon Belediye Yüntaş turco.
Por último, El Nene se refiere a sus objetivos a futuro, con el próximo Mundial con sede en Rusia cada vez más cerca (comenzará en agosto de 2022): “Quiero hacer las cosas bien para poder lograr un título con el Niza. Con respecto a la Selección, si bien falta mucho, ahora sentimos que los demás equipos ya nos miran distinto. Va a ser un desafío mantener el nivel para pelearle mano a mano a los grandes. No hay que quedarse con el bronce, queremos ir por más porque sentimos que tenemos la capacidad y los jugadores necesarios”. Además, el opuesto de 1,98 metros de altura tiene otro sueño personal: jugar en su liga favorita, la italiana.
Lee Sin es un personaje de League of Legends que tiene una historia más que interesante: supo desde el principio que tenía un poder que no podía desaprovechar y aprendió a transgredir los límites que le impusieron durante toda su juventud. No es casualidad que sea el personaje más elegido por el mejor jugador argentino del momento, Josedeodo, quien también siempre supo que tenía dotes para los videojuegos y, además, sabía que los límites de Latinoamérica le quedaban chicos.
Brandon Joel Villegas es el jungla -así se llama la posición en la que juega- de FlyQuest desde fines de 2020, momento en el que se convirtió en el primer argentino en arribar a tierras ajenas al servidor latinoamericano. Él no sólo es un referente para el gaming sudamericano, sino que asimismo, es un orgullo para su familia y para quienes lo conocen desde que jugaba en la computadora de su casa o iba al “cyber”, cuando se le rompía.
Nació el 22 de mayo del 2000, en Hurlingham, en medio de una familia que sufrió una gran ruptura por la separación de sus padres. Desde sus primeros meses de vida, Brandon estuvo muy apegado tanto a su madre, Mickey, como la llaman, como a su abuela, en parte gracias a la complicidad de sus tres hermanos mayores para hacerle bullying y “volverlo loco” como a todo niño pequeño.
A pesar de que era muy tímido y vergonzoso, algo visto hasta en el presente; como en su reacción a toda la popularidad ganada en el mundial de 2020, demostraba su capacidad a la hora de jugar a la PlayStation con sus parientes y hasta con los amigos de ellos: “Un día Brandon le jugó al Fifa al mejor amigo de su hermano mayor (con quien se llevaba 9 años de diferencia) y de la paliza que le pegó, el pibe se fue llorando de la humillación. Y Tuki miraba para abajo, con el joystick en la mano, le daba vergüenza”, confesó su madre.
Con el League of Legends se enamoró de forma casi involuntaria. Un día lo probó en la casa de un amigo y le gustó, sin embargo, se dedicaba al Habbo; un videojuego que es similar a una red social, pero luego de varios robos de cuentas y dinero perdido, su cuñado se lo instaló y no pudo dejarlo: fue casi como una obsesión.
No obstante, no todo era alegría en su casa. Tras la ruptura de sus padres, luego de situaciones de violencia, no tenían la estabilidad económica de la que anteriormente gozaban, aunque Mickey intentaba que él no dejara de jugar, porque no sólo lo hacía por diversión, sino que por pasión. No daba problemas a la hora de estudiar, que era el único requisito que se le imponía para poder estar en la computadora cuanto quisiera.
Tampoco toda su vida estaba en su casa, porque forjó amistades que mantiene hasta la actualidad. La más querida es la que tiene con Grego, a quien conoció en séptimo grado: “Es una persona un poco tímida pero de corazón enorme. Quien lo conoce sabe que es una persona especial; además es súper divertido: siempre está riendo y haciendo chistes, nunca te vas a poder aburrir a su lado”.
Con el tiempo fue creciendo como jugador y empezó a tomárselo con seriedad: “Él me pedía que le prendiera la compu, porque cuando llegaba del colegio se metía al LoL, ya que se comprometía con el equipo”, recordó su madre. Y fue así como, a partir de su primer evento, en el que viajó a CABA, tuvo la oportunidad de elegir en qué equipo comenzar su carrera. Se quedó con Furious Gaming. Y el 21 de noviembre de 2017 fue oficialmente anunciado por la franquicia.
Sin embargo, esto no fue así de fácil. El padre de Brandon nunca apoyó que invirtiera tanto tiempo en la computadora, es más, creía que era una pérdida; pensaba totalmente distinto a su madre. Es por esto que la separación entre ambos terminó de abrirle las puertas al mundo gamer. Pero como tuvo la oportunidad de profesionalizarse a sus 17 años, su progenitor debía firmar su autorización: algo que nunca quiso hacer.
La franquicia, en ese momento, tenía la “gaming house” (residencia para el equipo) en Chile, por lo que tanto madre como hijo tuvieron que viajar allí, para que le diera el visto bueno. Luego de la visita, Brandon se mantuvo a la espera de la firma del padre. Pasaba el tiempo y no sucedía, hasta que unos días antes del plazo máximo, el dueño y CEO de Furious; Gonzalo, se encargó de darles pasajes para el país trasandino, así su madre terminaba brindándole la posibilidad de cumplir su sueño. Un mes después, en el que convivieron todos juntos y ella hizo de “nana”, ambos se despidieron y él se despegó por primera vez. “Brandon rompió en llanto: nunca lo vi llorar así, jamás. Él me mandaba mensajes agradeciéndome, diciéndome que me amaba y que sin mí no estaría allí”, relató ella.
Seguramente tenía el mismo nombre en cuentas de otros juegos, hasta en el mismo LoL, pero Josedeodo realmente entró en escena en este momento: fue gracias a ese gato al que su hermano mayor apodó así y que lo acompañó tanto tiempo, que se quedó con ese seudónimo y lo llaman de esta manera hasta los mismos miembros de su familia.
No tuvo un paso estelar, realmente, pero no porque tuviera malas performances, sino que no participó de plantillas ganadoras hasta 2020. Empezó hace tres temporadas, en el equipo secundario, una especie de reserva, realizando una buena dupla con otro debutante: Tomás Díaz Valente, mejor conocido como Aloned. A los pocos meses fue ascendido al primer plantel y no se movió de allí hasta fines de 2019, cuando se unió a Rainbow7. En el medio no pudo ganar ningún campeonato, aunque lejos tampoco estuvo: se asentó como uno de los mejores en su posición y es por esto que llegó a la franquicia mexicana.
En Rainbow estuvo 1 año. En ese ratito no sólo logró la mejor campaña de su historia, sino que se popularizó por completo en Latinoamérica y dejó esa marca que nadie más pudo.
Junto a uno de los quintetos más potentes del servidor, conquistó el título regional que se le negaba al equipo desde hace dos años, con actuaciones superlativas, una remontada de serie contra Isurus Gaming y, otra en la final, contra All Knights; los otros gigantes del país centroamericano, y logró así su clasificación al mundial de ese año. Aunque no todo fue gracias a él, ya que todos hicieron un gran papel, Josedeodo realmente marcó la diferencia en los momentos en los que lo necesitaron.
Y el Worlds 2020 fue el escenario donde su fama despegó, aunque quedaron afuera en las eliminatorias (ronda anterior a la fase de grupos). El mundo entero notó que el conjunto mexicano tenía un jungla con mucho potencial y a partir de ese fin de año, cayeron varias ofertas de Europa y Norteamérica. Pero FlyQuest fue el único que se arriesgó a prometerle un puesto titular en la LCS (liga norteamericana). El 20 de noviembre fue fichado oficialmente por la franquicia estadounidense y alcanzó lo que ningún latino pudo hasta ese momento. “Jose es como el peak (punto más alto) que alcanzó Latam: es un ejemplo de lo que la mayoría de los jugadores quieren lograr”, admitió Santiago Terminello, más conocido como Termo, mid de Stone Movistar.
Fiel a su esencia, Josesito disputó la campaña con idas y vueltas, pero con la misma confianza de siempre e intentando ser el mejor, cada vez que jugaba. Y, como se encuentra en un conjunto recién reconstruido, no llegó al mundial de este año, pero su adaptación está terminando.
A sus 21 años, ya marcó el camino y demostró a la escena latinoamericana, que si hay calidad y compromiso, se puede llegar a lo más alto.
En junio de 2015, a los 65 años, Caitlyn Jenner, ex atleta olímpica y actual ícono transgénero, le mostró al mundo su verdadera identidad en una tapa de la revista Vanity Fair. Una verdad que padeció e intentó ocultar en soledad durante años. A partir de 2015 comenzó a contar el largo proceso que vivió durante su vida cuando era Bruce Jenner.
Bruce Jenner nació en Nueva York el 28 de octubre de 1949. A los diez años comenzó a sentir una gran contradicción y confusión respecto a su identidad de género. A esto se le llama disforia de género. “Siempre tuve problemas de identidad, pero sin ellos no hubiera logrado lo que logré”, expresa Jenner en el documental de Netflix Al descubierto: Caitlyn Jenner, donde cuenta en primera persona su carrera como atleta olímpico y su vida personal.
Caitlyn cuenta que cuando era Bruce no fue un buen estudiante. Pero que a los diez años comenzó a destacarse en los deportes. Era bueno en todas las disciplinas. Sus padres lo apoyaban en cada competición y sabían que su hijo podría llegar a ser un deportista de alto rendimiento. Pese a los conflictos de identidad que atravesaba, también recuerda su infancia con alegría, pero enfatiza que siempre tuvo una gran contradicción -que nadie sabía- con respecto a su género y lamenta que su padre (quien falleció en 2000) no haya podido compartir con ella su transición.
En aquellos años, Jenner se enfocó en el deporte e intentó demostrarse a sí mismo que podía ser feliz siendo Bruce. En 1972 llegó a los Juegos Olímpicos de Múnich, donde pasó casi desapercibido porque quedó en el puesto 11º. Ahí conoció al mejor atleta de aquel momentoy ganador de la medalla de oro en el decatlón, Nikolai Avilov. En el instanteen que Jenner vio a Avilov subir al podio sintió un gran impacto en su vida y fue la imagen viva de todo lo que quería lograr en su carrera como atleta.
Cuando volvió a su casa en California, donde vivía con Chrystie, su novia de la universidad y actual esposa, sólo pensaba en una cosa: conseguir la medalla de oro en el decatlón de los próximos Juegos Olímpicos, que serían en Montreal en 1976. “Es una oportunidad de ponerme a prueba, demostrar mi masculinidad, mostrarle al mundo que soy un ser humano que vale la pena”, pensó en aquel momento. Bruce no quería darle lugar a las dudas que seguían latentes en su interior y cada vez sentía más miedo de ser quien realmente sentía que era.
A partir de 1972 y hasta 1976 su vida fue simple: se levantaba muy temprano, entrenaba de seis a ocho horas por día los siete días de la semana y trabajaba como agente de seguros. No tenía entrenador, así que solo contaba con la compañía de su perra Bertha y su esposa Chrystie. Durante los fines de semana viajaba para competir en encuentros de atletismo con deportistas del mundo. Estaba obsesionado con sacar lo mejor de sí mismo y con los Juegos de Montreal. Sólo pensaba en sus metas deportivas, mientras escapaba e intentaba “callar” a Caitlyn.
En una entrevista meses antes de los Juegos Olímpicos, dijo: “La única forma de competir y ganar es dedicarse por completo. Sólo me importan los Juegos y sacrificaré lo que sea necesario”. Era su única oportunidad porque no iba a volver a prepararse de esa manera: había dado su 100% a nivel físico, mental, emocional y estaba resignando muchas cosas -hasta a sí misma- para ganar la medalla de oro.
El decatlón es una disciplina muy compleja. Consiste en dos días de cinco pruebas cada día. El primer día se disputan los 100 metros, salto de longitud, lanzamiento de peso, salto de altura y 400 metros; el segundo, 110 metros con vallas, lanzamiento de disco, salto con garrocha, lanzamiento de jabalina y los 1500 metros. Bruce Jenner ya era reconocido en el mundo. Llegó como favorito a Montreal y sabía que iba a tener que competir contra Avilov, su ídolo y máximo rival. No se trataba solamente de la medalla de oro: también quería batir el récord mundial y obtener más de 8600 puntos porque nadie lo había logrado antes en la historia olímpica.
“Los Juegos Olímpicos fueron una gran distracción de lo que yo era, me dio miedo porque ahora tenía que lidiar conmigo mismo”, contó Caitlyn en el documental sobre su vida. Bruce lo había conseguido: ganó la medalla de oro, batió el récord olímpico y mundial con un tiempo de 4:12:61 y logró 8618 puntos. En el podio, mientras recibía su medalla, asegura que sentía pánico y que supo con total certeza que nunca más volvería a competir. Con sólo 26 años se convirtió en un héroe nacional. Sin embargo, decidió dejar el deporte y se dedicó a dar charlas motivacionales, actuación y publicitar su imagen.
“Hoy estamos avanzando muy rápido y los avances sirven mucho para que todos y todas puedan tomar la decisión de transicionar lo antes posible y poder hacer lo que les guste. Ahora podemos unificar nuestras identidades con el deporte, así la identidad y el deporte que uno elige pueden ir de la mano”, expresa Anna Scappini respecto a la historia de Caitlyn y la actualidad del deporte en Argentina. Scappini es paraguaya y vive en Argentina. En 2021 se convirtió en la primera atleta trans en ganar en la prueba de 3000 metros organizada por la Federación Atlética Metropolitana en el Parque Olímpico de Buenos Aires. Scappini, de 32 años, dice que Caitlyn es un ícono deportivo y su historia sirve de ejemplo para hacer valer los derechos de las nuevas generaciones.
Bruce Jenner se casó tres veces y tuvo seis hijos, dos con cada una de sus ex esposas, y además ayudó en la crianza de los cuatro hijos del matrimonio anterior a su última esposa. Jenner dijo que siempre disfrutó de su rol como padre y que su miedo recurrente es perder el vínculo con sus hijos e hijas. Hoy Caitlyn busca dedicarse a la política, en un intento de convertirse en la primera mujer transgénero estadounidense en acceder a un cargo político en California.Se describe a sí misma como conservadora, pero liberal en los aspectos sociales.
La Selección Argentina dirigida por Lionel Scaloni consiguió su pasaje rumbo a la próxima cita mundialista y ya falta menos de un año para poder ver a Lionel Messi disputar su quinta Copa del Mundo.
El Mundial de Qatar todavía no se jugó, pero ya está manchado por dos grandes esferas tenebrosas que lo van a rodear por siempre. Una es la corrupción que hubo detrás de su elección, los millones de dólares que puso el país asiático para ser la sede de 2022 y cumplir el sueño, o mejor dicho capricho, de sus jeques. La otra gran realidad es la explotación laboral para lograr en tiempo récord la construcción de 8 estadios, que siguen siendo remodelados en su totalidad para la realización del evento.
Nombres como el ex Balón de Oro Michel Platini, el ex presidente francés Nicolás Sarkozy, el ex mandamás de la FIFA Joseph Blatter y su mano derecha Julio Grondona, son quienes quedaron marcados luego de aceptar sobornos y hacer todo para cumplir el sueño qatarí, tener su propio Mundial. Ya con el evento en su dominio, llegaba la hora de construir y levantar estadios para mostrar el lujo, el dinero y el poder que posee Qatar. Pero, ¿qué hay detrás de todo el lujo que podremos ver el año que viene cuando nuestra Selección diga presente en el país asiático?.
Hubo 37 muertes entre los trabajadores directamente relacionados con la construcción de los estadios de la Copa del Mundo, de las cuales 34 están clasificadas como “no relacionadas con el trabajo” por el comité organizador del evento. Desde que el Mundial de Fútbol 2022 se asignó a Qatar en 2010, 6.500 trabajadores habrían muerto en obras relacionadas al Mundial, contó el medio británico The Guardian. La FIFA minimizó la cifra y dijo que “la frecuencia de accidentes en las obras del Mundial fue baja en comparación con otros grandes proyectos” alrededor del mundo.
El 90% de los trabajadores que están destinados al evento son inmigrantes. Alrededor de 1,7 millones de personas, pagan entre 500 y 4.300 dólares a las agencias de contratación para conseguir un trabajo en Qatar. Las terribles condiciones de vida obligan a los obreros a soportar el hacinamiento, la falta de higiene y seguridad en sus alojamientos. Hombres durmiendo en literas, en habitaciones para ocho o más personas. Sin embargo, el derecho qatarí y las Normas para la Protección de los Trabajadores permiten como máximo cuatro camas por habitación y prohíben el uso compartido de camas y el uso de literas.
Los agentes de contratación, además, hacen falsas promesas respecto al salario que recibirán los trabajadores y sobre la clase de empleo ofertado. Los 300 dólares al mes que a un hombre de Nepal le habían prometido que iba a cobrar resultaron ser sólo 190 una vez que empezó a trabajar en Qatar. Cuando los trabajadores explican a la empresa que les habían prometido un salario superior, ésta se limita a hacer oídos sordos. Así lo recuerda Mushfiqur, jardinero de la Aspire Zone: “El gerente sólo dijo: ‘Me da igual lo que te hayan dicho en Bangladesh. Cobrarás este sueldo y nada más. Si sigues protestando les diré que cancelen tu visado y te manden de vuelta a casa’”.
A veces no se pagan los sueldos durante varios meses. Esto puede tener consecuencias desastrosas, ya que los trabajadores no pueden pagarse la comida, enviar dinero a sus familias ni hacer pagos sobre préstamos asociados a la contratación. Una situación que a muchos los lleva al borde de la desesperación.
Entonces, ¿por qué la FIFA y su fundación permiten estos atropellos a una sociedad marginada que viaja a Qatar con el sueño de un trabajo y luego eso se vuelve una pesadilla?. Según su la página web, la Fundación FIFA es “una entidad independiente, con los objetivos de contribuir a la promoción de un cambio social positivo y de recaudar fondos para la rehabilitación y reconstrucción de infraestructuras deportivas dañadas o destruidas alrededor del mundo”. La fundación la preside el ex mandatario argentino Mauricio Macri, quien parece que se le pasó por alto las cuestiones sociales que radican en Qatar: tanto él como toda la FIFA deciden mirar para otro lado mientras se construyen estadios a base de sangre, sudor y lágrimas.
Este sistema de tercerización a la hora de contratar a los trabajadores lleva a que se vuelve completamente desbalanceada la relación entre jefe y empleados. Quienes llegan a Qatar, están obligados a trabajar en el puesto y lugar que les digan, no pueden buscar otro en caso de que la paga no sea buena o el trato sea tan malo como contamos anteriormente. A la vez, impiden que puedan dejar el país, estando prisioneros sin chances de escapar. Todos estos datos provienen de distintas investigaciones que realizó Amnistía Internacional en la última década.
Ahora estamos ante el auge del poder qatarí dentro del fútbol. En Paris Saint Germain, club del que son dueños, tienen a Neymar, a Mbappe, a Donarumma (MVP de la última Eurocopa), a Sergio Ramos y a Lionel Messi, uno de los mejores jugadores de la historia. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, resulta escalofriante pensar en los mejores jugadores del planeta jugando en estos estadios, como si nada pasara, como si la frivolidad de ver a alguien jugar al fútbol pudiera tapar todos los horrores que hay detrás.
Agustín Almendra tiene 21 años, debutó en Primera a los 18 y en su corta carrera ya jugó una semifinal de Copa Libertadores contra River, fue tasado en 30 millones de euros y se alejó del fútbol durante seis meses. En plena pandemia, fue papá de Francesca y luego volvió a jugar en Boca, donde es una de las piezas fundamentales del proyecto de juveniles del Consejo de Fútbol que maneja Juan Román Riquelme.
Almendra nació en San Francisco Solano, una localidad con 80 mil habitantes, que se reparte entre los partidos de Quilmes y Almirante Brown. El juvenil dio sus primeros pasos en las canchas del Club Social y Deportivo 7 de Agosto, en el centro de Claypole. Diego Meirinho, su entrenador en el baby fútbol, lo recuerda como alguien que siempre marcó la diferencia: “Agustín ya era un jugador extraordinario, tenía mucho temperamento y era muy rebelde para jugar. Le sacaba mucha diferencia al resto de sus compañeros”. Tomás Aranda, amigo desde la infancia, cuenta que Almendra era imparable hasta en los partidos en la calle. Que tenía una fuerte pegada al arco -hecho con dos ladrillos- y una amplia visión para asistir a sus amigos en la cancha de asfalto.
En 2013, Almendra se probó en Independiente, pero no quedó y terminó sumándose a Boca en 2014. Cuatro años después, luego de destacarse en las juveniles, dio el salto a la Reserva que dirigía Rolando Schiavi y, de ahí, llegó a Primera División. El 16 de abril de 2018 debutó contra el Rojo en Avellaneda, justo el equipo que lo había descartado.
Ahora, Almendra dice que, después del debut, todo cambió en su vida, ya que fue sparring de la Selección Argentina en el Mundial de Rusia 2018 y tuvo protagonismo con Guillermo Barros Schelotto como técnico de Boca. Tanto es así que contra River, en la vuelta de la final de la Libertadores 2018, iba a ser titular en el Monumental, pero el partido se postergó por los incidentes.
Con la partida de Barros Schelotto y la llegada de Gustavo Alfaro, Almendra fue importante durante la temporada y disputó las semifinales de la Libertadores 2019 contra River. Por eso, el club le renovó el contrato con una cláusula de rescisión de 30 millones de euros.
El propio Almendra confiesa que, a finales de 2019, todo se complicó por problemas personales y por situaciones de su entorno que hicieron que tuviera que pedirle al club que evaluara ofertas, ya que necesitaba emigrar. A partir de ahí, su nombre empezó a sonar en Europa y clubes como Napoli, Barcelona, Roma, Valencia, Atlético Madrid, Manchester City, Sevilla y Porto se mostraron interesados. Pero no hubo oferta formal y Boca decidió no transferirlo.
Miguel Ángel Russo fue el técnico elegido por la nueva dirigencia en el comienzo de 2020. Almendra fue avisado que no sería tenido en cuenta. Esto aumentó la necesidad de emigrar y estaba todo dado para irse, pero la pandemia del coronavirus en marzo cambió todos los planes. Sumado a todo esto, una noticia le sacudió la vida al juvenil de tan solo 19 años en aquel momento: iba a ser papá.
Almendra sufrió una fuerte depresión. El encierro por la cuarentena y el conflicto con Boca le provocaron que pensara en dejar de jugar al fútbol con tan solo 20 años. En los días previos a volver a los entrenamientos tras la pandemia pidió no sumarse, pero el club no lo autorizó. En esa vuelta a las prácticas, dio positivo por coronavirus, por lo que se vio obligado a cumplir con los protocolos sanitarios. Una vez recuperado, el futbolista asistió al Centro de Entrenamiento en Ezeiza.
En ese regreso al club, Almendra mantuvo una larga charla con Riquelme y Jorge Bermúdez que lo hizo replantearse muchas cosas. El Consejo de Fútbol de Boca comprendió la situación depresiva del jugador y le otorgó un permiso especial de unos días por motivos personales.
En aquel momento, cuando volvía a su casa, Almendra se dio cuenta que estaba por cometer un error. “Gracias al nacimiento de Francesca decidí no dejar el fútbol. Tenerla me cambió la vida, me dio mucha fuerza y si en algún momento pensé en retirarme, sabía que tenía a alguien ahí atrás mío que era una responsabilidad”, dijo el mediocampista.
A partir de esa reflexión, Almendra hizo una pretemporada y se puso a disposición. Su regreso coincidió con el buen nivel de otros juveniles, como Alan Varela y Cristian Medina, lo que permitió que los tres jugaran 12 partidos juntos en la mitad de Boca. Uno de ellos fue el último de la fase de grupos de la Libertadores 2021 frente a The Strongest, en el que Almendra metió su primer gol en la Copa y se lo dedicó a Francesca.
La llegada de Marcos Rojo al club fue muy importante para Agustín, que dice que es como un hermano para él y que sus consejos, tanto dentro como fuera de la cancha, lo mantienen enfocado. Riquelme, en una entrevista en ESPN, se animó a opinar sobre el futuro del futbolista: “Solamente va a depender de lo que él se proponga en el fútbol. Si quiere jugar en la Selección, lo va a hacer. Si quiere jugar en Europa, lo va a hacer. Almendra juega a otra cosa y tenemos la suerte de tenerlo con nosotros”.
En referencia a las palabras del vicepresidente de Boca, Almendra dice que se mantiene tranquilo y que trata de no pensar tanto en el futuro, sino que trabaja día a día para ganarse un lugar en Boca. Mientras tanto, es feliz con su hija Francesca y agradece que todo se haya acomodado, en comparación a la nube negra que lo atormentó en 2020.
Lazio es uno de los clubes más importantes de Italia, pertenece a esa élite de clubes más conocidos, pero también tiene en su hinchada una sombra que los marcó de por vida. Esa mancha es la de ser tachados de “fascistas”. Claramente no puede juzgarse a todos los aficionados del club con esa etiqueta, pero siempre los ultras coquetearon con ese pensamiento violento y autoritario. Esto les costó a sus fanáticos tener la entrada prohibida para llegar a Francia y ver a su equipo enfrentar al Olympique Marsella de Jorge Sampaoli (el juego terminó en 2-2). Los galos fueron muy claros; en el país de la Torre Eiffel no se acepta el fascismo, al menos el italiano.
¿Por qué los hinchas del equipo romano son vistos de esa forma?
Hace 3 años ocurrió uno de los hechos más repudiables que se puede encontrar en la historia del fútbol: los fanáticos de “Las Águilas” pensaron que era buena idea colocar una pegatina de Ana Frank con la camiseta de Roma, su clásico rival. Esto llevó a una condena social muy grande y un enorme enojo de toda la comunidad judía internacional. Hace unas semanas, el adiestrador del club, que entrena a las águilas (símbolo de la entidad), saludó a los aficionados con el movimiento del brazo extendido, como hacía Adolf Hitler hace más de 60 años.
Si bien hay clubes como Livorno o Rayo Vallecano, que tienen en sus hinchas una marcada ideología política, los repetitivos hechos de violencia y de odio de algunos seguidores de Lazio son algo poco visto en el mundo. Otro acontecimiento famoso fue en 2008, cuando el capitán del conjunto italiano, Paolo Di Canio, hizo el gesto del saludo fascista a sus hinchas. Esa imagen recorrió el mundo y fue muy criticada en su momento.
En 1998, durante un derbi (Roma-Lazio), los ultras de los celestes sacaron una pancarta que decía: “Auschwitz es su patria. Los hornos, sus casas”. En 2001, sacaron otra: “Equipo de negros, hinchada de judíos”. Algunos jugadores, como Paolo Di Canio, se han identificado con esta forma de sentir. El delantero, que nunca escondió su pasión por los colores de la Lazio, simpatiza con el fascismo.
En 2010, un conocido del fútbol argentino fue quien realizó el saludo nazi: Mauro Zárate, en su campaña con el club italiano, estuvo en las gradas viendo un partido de su equipo (estaba suspendido) con los fanáticos más radicales de la institución. Allí, junto a los ultras, el ex jugador de Vélez y Boca no tuvo mejor idea que hacer el famoso gesto de la mano alzada, lo que fue muy criticado en Italia, pero en Argentina no es tan recordado ni repudiado como debería ser.
El pasado verano, unos hinchas del Lazio amenazaron a su reciente fichaje, el albanés Elseid Hysaj, por entonar una canción comunista en el vestuario en un momento de celebración: “Hysaj gusano, el Lazio es fascista”, escribieron en una pancarta colgada en la capital italiana. La canción era “Bella Ciao”, melodía que tomó fama en este siglo por la serie “La Casa de Papel”.
Lo último que pasó fue la inclusión al primer equipo de Lazio del bisnieto del dictador italiano Benito Mussolini. Romano Floriani Mussolini es hijo de la exdiputada en el Parlamento Europeo, Alessandra Mussolini, que ,a su vez, es la nieta del exgobernante italiano que estuvo al frente de Italia durante 20 años, hasta su asesinato en 1945, en marco de la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
Esto no es algo simplemente de los fanáticos de “Las Águilas”, esto incluye a históricos jugadores del club y a un gran sector de la sociedad italiana, la europea y también del mundo. Personajes como Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos, Marion Le Pen en Francia y Vox en España. El problema en Italia es tan grande que el mes pasado se votó para disolver a los partidos políticos con orígenes en el neofascismo.
Si hay algo que tiene en común el fútbol argentino con el fútbol alemán es la pasión de los hinchas. ¿Pero qué pasa cuando un hincha está más aferrado a su club por las políticas y derechos por los que luchan?
Poder ser socio del club de tus amores y decidir en elecciones quién lo manejará da una sensación de cercanía aliviadora. Sin embargo, en Argentina, un hincha no puede interferir en las acciones financieras del equipo.
En Alemania, los clubes le ofrecen al hincha tener voz, voto y garantía mediante la regla 50+1, con la que el socio obtiene control para protegerlo de un inversor externo, ya que el 50%+1 de los accionistas tienen que ser los hinchas.
En la página oficial de la Bundesliga se lee: “El 50+1 requiere que el club en sí posea al menos el 50% más una acción adicional de la compañía de fútbol, la mitad más uno, asegurando que los miembros del club aún tengan la mayoría de los derechos de voto”.
Y este lazo de pertenencia no solo es fuerte allá y entre ellos. Varios clubes de fans de la Bundesliga en Argentina pueden reafirmar que sienten que forman parte de su club al igual que un socio alemán.
“No sólo lo futbolístico es lo importante, sino también el día a día”, dice Matías Grosso, el creador del fanclub de Borussia Dortmund en Argentina. Grosso afirma que se defiende mucho el tema de que los clubes sean un espacio de contención para la gente. También, cuenta que Dortmund a fin de año hace una cena navideña en donde todos los fanclubs del mundo están invitados, y se sortean dos pasajes entre ellos.
Julián Giacobbe, youtuber argentino de fútbol, llega a la conclusión de que tanto en Argentina como en Alemania se hizo fuerte la impronta de cada club y que cambiar su esencia podría ser un peligro para la generación de futbolistas en su país. Algo que vivió Alemania cuando -tras un proyecto histórico y realmente innovador- apuntó a modificar su estilo y adoptar criterios del fútbol de posesión que tanto dominó en Europa: enfocarse en los más jóvenes y alentarlos en academias de fútbol.
Giacobbe agrega que el valor más increíble que podría tomar Argentina de Alemania es su estructura, su forma de organizar el fútbol, pero también el entendimiento y difusión del valor social que el deporte tiene en sí mismo.
En 2021, el enfoque de la campaña “¡Nunca más!” -para no olvidar y conmemorar a los muertos por el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial- se centró en la homosexualidad. Sin embargo, la UEFA prohibió que en el estadio Allianz Arena del Bayern Múnich se ponga la bandera del Orgullo LGBTI+ como muestra de apoyo. ¿Cuál fue la respuesta del arquero alemán Manuel Neuer? Usó como siempre su cinta de capitán, pero esta vez con los colores de la bandera de la comunidad LGBTI+.
En una época en la que la identidad es la mera base de la sociedad, los clubes alemanes no se quedan atrás y muestran su apoyo a los movimientos de diferentes formas: el fútbol ya no es sólo entretenimiento. Usa su poder de difusión, alcance e influencia como una herramienta para no invisibilizar más estos temas.
Lucas Torres, community manager de Bayern Múnich Argentina, afirma que Alemania está en obligación de limpiar la imagen del nazismo: “Cuando nombrás al país, automáticamente te hablan de Hitler o su ideología”. Torres asegura que Alemania asumió y sigue asumiendo su rol de reconstruirse a sí misma, ya que son los que tienen que dar el ejemplo.
En 2017, Borussia Dortmund, con el slogan “Los nazis y el fútbol no encajan”, grabó un video en el que un grupo de nazis intenta jugar un partido, pero erra todos los intentos que tuvieron de marcar un gol. En aquel año, los jugadores del Hertha Berlín se sumaron a la campaña estadounidense “Take A Knee” y se arrodillaron para manifestar su rechazo al racismo. Además, el club publicó en todas sus redes sociales: “El Hertha defiende la tolerancia y la responsabilidad. Por un Berlín tolerante y un mundo abierto, ahora y siempre”.
Si bien en Argentina hay acciones frente a las luchas sociales -como, por ejemplo, el comunicado de Atlético Tucumán que escribió el 20 de septiembre luego de que Luis Advíncula, jugador de Boca, haya sufrido un insulto racista en el Estadio Monumental José Fierro-, todavía queda mucho que pulir y mucho que aprender de las respuestas de los clubes alemanes a sus hinchas.
Cambiar una foto de perfil en Twitter, como hizo la mayoría de los clubes argentinos (Boca, Independiente y River, entre otros) por un arcoíris en el mes del orgullo LGBT+ no es activismo. Las grandes acciones son las que cuentan: desde junio, Racing habilitó la opción de incluir la identidad de género al asociarse o actualizar los datos de socio.
Es un largo camino de deconstrucción que, quizás algún día, después de tanto esfuerzo, las futuras generaciones podrán disfrutar.
En la entrada del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo está ella. Carga un gran bolso en su hombro y viste un short que deja al descubierto la prótesis que lleva en su pierna derecha, algo que no habría hecho un tiempo atrás. Por un largo pasillo, se dirige hacia la cancha para entrenarse con Las Lobas. Se viene el Campeonato Sudamericano de Básquetbol sobre Silla de Ruedas y Mariana Redi, al igual que sus compañeras de plantel, quiere estar al cien para encarar este nuevo desafío. Uno más en los cuatro años que lleva representando a la Argentina.
Activa y siempre positiva, como la describe su compañera de equipo Evangelina Paiva, Mariana tiene sus objetivos claros en vista del próximo torneo internacional: “La verdad es que estamos muy bien. Mucho mejor que otros años. Creo que tenemos muy buenas posibilidades de ser campeonas”. La jugadora está convencida de que quiere conseguir la tan ansiada medalla de oro que se le viene negando, pero que está cerca. En los Juegos Paralímpicos de Lima 2019, Las Lobas, sobrenombre con el que se identifica la Selección, alcanzaron la cuarta posición, quedando a sólo un lugar de meterse en el podio.
Mientras tanto, la actual jugadora de SICA sigue trabajando para forjar su camino en el deporte. Porque si hay una palabra que la caracteriza, esa es “luchadora”, según Sergio, su padre. Mariana convive con su discapacidad desde que nació, el 4 de octubre de 1992, en el Hospital Policlínico del docente. Parte de su pierna derecha y la falange de cinco dedos de sus manos no alcanzaron a formarse. Sin embargo, pese a que el camino de la aceptación fue complejo, eso nunca la detuvo.
Durante su infancia, vivió momentos buenos y malos, aunque el ser diferente a los demás niños y niñas, hizo que sufriera algunos señalamientos. “El haber nacido con una discapacidad física me diferenciaba muy fácil del resto. Eso generaba cierta incertidumbre en los otros y también me juzgaban un poco, tal vez por la falta de información que hay en la sociedad respecto a la discapacidad”, recordó.
Pese a esas situaciones, Redi siempre tuvo la contención de su familia: su hermana, sus primos, tíos y también sus amigos. Pero en quienes más se apoyó toda su vida fue en sus padres, Ana y Sergio, de quienes heredó la pasión por el deporte. Ellos, ambos profesores de Educación Física, fueron los principales responsables de su inserción en la esfera deportiva desde pequeña. Con apenas dos años, Mai –como la llaman sus allegados– ya practicaba equitación.
La mayoría de las veces que sus padres iban a dar clases, ella los acompañaba. Incluso, con frecuencia se metía a jugar, sin importar de qué deporte se trataba. Siempre le gustó probar diferentes disciplinas. De hecho, antes de iniciarse en el básquet, experimentó con más de diez deportes distintos (siempre de manera convencional), como gimnasia artística, danza natación, patín y vóley. Tal y como ella se describe a sí misma, en la escuela era una “kamikaze” total. Llegó a jugar sóftbol, handball, hockey y quemado. Más adelante, también aprendió a esquiar y bucear. Muy pronto, Mariana se adaptó al deporte como pocos lo hicieron y lo aprovechó como una herramienta para superarse día a día.
“El deporte también me ayudó con la estimulación y la motricidad de mis piernas y manos, sobre todo, que al tener pocos dedos en ellas todo se me complica, desde abrir una botella hasta picar una pelota, así que el básquet me ayudó muchísimo”, agregó.
Al dejar atrás el secundario, aún no tenía claro lo que quería hacer. Empezó a estudiar diseño de interiores, después comercio internacional y, justo antes de meterse de lleno con el básquet, estaba estudiando diseño multimedial.
Al mismo tiempo, Mariana trabajaba. “Se me hacía muy difícil conseguir un trabajo que me permitiera desempeñarme bien sin que la discapacidad sea un problema, porque la mayoría de los empleos más fáciles de conseguir para los jóvenes, implican pasar mucho tiempo parado, y yo no podía hacerlo”, explicó. Mesera, operaria en una fábrica de juguetes, preceptora de un colegio secundario, niñera, profesora de inglés particular y vendedora en una tienda de ropa, fueron algunos de los trabajos en los que pudo desempeñarse.
A principios de 2016, Redi comenzó a trabajar todos los sábados como auxiliar de un profesor de Educación Física en una colonia para personas con discapacidad, en el Servicio Nacional de Rehabilitación (Ramsay), ubicado en Belgrano. Lo que ella ni siquiera sospechaba es que, a partir de aquel momento, su vida daría un giro inesperado y se le presentaría la oportunidad soñada.
En ese mismo centro, se ntrenan las selecciones femenina y masculina de básquet adaptado. Uno de los coordinadores vio que Mariana podía encajar en la disciplina y se lo transmitió a Carlos Cardarelli, entrenador de la Selección nacional, quien decidió darle una oportunidad. A sus 24 años, ella no lo dudó. Era el primer deporte adaptado con el que iba a tener contacto y, además, se iba a subir a una silla de ruedas por primera vez.
“En mi casa siempre hubo aro de básquet y todo tipo de pelotas, pero nunca me plantee hacerlo porque es mucho el recorrido que hay que trasladarse y me podía doler la pierna que no tengo desarrollada. Cuando me dijeron que podía practicarlo y mi prótesis no iba a ser un problema, ni siquiera lo pensé dos veces y me metí con todo”, añadió la jugadora.
Al poco tiempo, Mariana ya estaba convencida de que la cancha de básquet era su lugar en el mundo. Motivada por la chance de ser convocada a la pre-selección, donde se elige quiénes viajan a disputar los torneos internacionales, comenzó a buscar club para poder entrar en consideración. Finalmente, River fue el que le abrió las puertas.
“Empecé a entrenarme con River y la pre-selección, hasta que a los cuatro meses jugó torneo y ahí quedé en la selección. Fue una gran emoción, no entendía nada. De ahí en más, viajé a todos los torneos internacionales”, contó.
Entre las competencias más importantes que disputó a nivel internacional, el Mundial de Hamburgo, Alemania, en 2018, la marcó de manera particular. En aquel torneo, Las Lobas no consiguieron el rendimiento esperado por las autoridades, por lo que el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), decidió no renovarles la beca que cobraban.
A raíz de esa injusticia, la número 8 del seleccionado se animó a publicar un extenso mensaje a través de sus redes sociales denunciando a la entidad. Ante la fuerte difusión de aquel posteo, el ENARD se retractó y prometió pagarles a todas las jugadoras. Es por eso que en sus compañeras de equipo, Redi genera admiración. Y eso no es lo único que consiguió para las suyas. Su amiga Evangelina contó que también fue la única que pudo adquirir un sponsor para la selección: “Siempre está pendiente del equipo. Hizo mucho por nosotras”.
“Lo que más me gusta de ella es su franqueza, es muy abierta a la hora de expresar inquietudes, no tiene problema y siempre lo hace con respeto”, agregó Paiva, quien la conoce hace cinco años.
Con sus compañeras de selección mantiene una excelente relación desde el primer momento. “Me recibieron con mucho cariño y paciencia cuando llegué. Yo también creo que fui buena con ellas. Soy una persona generosa, que siempre tiene ganas de ayudar al otro. Somos un gran equipo, cuando una está mal o necesita algo, estamos todas, no importa si tenés más afinidad con unas o con otras”, expresó Redi.
Por parte de su entrenador, quien destaca su carisma y predisposición, también tiene el visto bueno. “Avanzó mucho desde sus inicios. No sabía cómo moverse en una silla y ahora el crecimiento es notorio. Obviamente faltan cosas por pulir, pero creo que va por buen camino para lograr uno de sus mayores sueños, que es jugar en Europa”, dijo Cardarelli.
En la misma línea, la basquetbolista asegura que nunca se había relacionado tanto con personas con discapacidad. Su irrupción en el básquet adaptado, la hizo dejar de sentirse un “bicho raro”, como ella se consideraba: “Fue muy positivo haberme relacionado con las chicas, los chicos. Todos los días me enseñan algo: al principio, me pasaba con las chicas que están en sillas de ruedas permanente de querer ayudarlas con todo y después me di cuenta que no necesitaban de esa ayuda, que podían hacer todo igual. Pero necesitás vivirlo para saber cómo manejar estas situaciones”.
A su vez, este cambio de perspectiva, contribuyó mucho a su avance en el plano personal. Redi había entrado en una depresión muy grande y, durante mucho tiempo, la invadieron pensamientos feos: “Fue loco porque el tema de la depresión es como un bichito que te dice ‘vos te quedás acá’, como que te controla. Yo siempre había tenido el control de mi vida y algo que no podía ver, intangible, me estaba controlando”. Sin embargo, tomó la decisión de no quedarse de brazos cruzados.
Aunque el tratamiento psicológico que había comenzado la ayudó mucho, su fuerza mental fue el factor determinante para lograr la transformación: “Creo que el clic lo hacés vos en tu cabeza. Por más pastillas o más cosas que te den, si no lo hacés vos es lo mismo que nada”. Desde ese momento, y hasta el día de hoy, es otra persona. Poco a poco se fue soltando. Empezó a vestir pantalones cortos para entrenar, sin preocuparse por el qué dirán. El básquet fue el disparador de su proceso de aceptación. De allí, la frase “los límites sólo están en tu cabeza” se convirtió en su lema.
Luego, Mariana se animó a ir por más. Motivada por su fuerte atracción a las artes, cumplió su meta de desempeñarse como actriz y modelo. Participó en varios capítulos de la serie Bia –de Disney Channel– y modeló para distintas marcas de ropa. Si bien sus máximas aspiraciones están vinculadas al básquet, la Loba siguió sumando experiencia en lo que más disfruta.
Esta faceta artística, además, la comparte con su pareja. Franco Filloy, o Kid Filly, nombre con el cual es conocido en redes por sus canciones de trap, apareció en su vida durante la pandemia. Comenzaron a hablar cada vez más seguido, hasta que pudieron conocerse personalmente. Franco la acompaña en todo, comprende a lo que se dedica, y la cantidad de tiempo que eso conlleva.
“Tuvimos la suerte de poder unirnos por el arte. Fui protagonista junto a él del video de una de las canciones que escribió para mí y lo grabamos en una cancha de básquet. Fue muy divertido. Nos encanta pensar cosas en conjunto. En ese sentido lo ayudo a pensar locaciones para sus videos, lo maquillo, elijo la ropa, le saco fotos, hago videos, entre otras cosas”, indicó.
Empática, solidaria y sociable, como se define Mariana a sí misma, logró superar el largo camino hacia su aceptación: “Me gustaría ser recordada como alguien que sumó al área de discapacidad a nivel nacional y como alguien que deja el alma en la cancha en cada partido y en cada entrenamiento”. Porque, al fin y al cabo, “los límites sólo están en tu cabeza”.
Cae la tarde en un jueves laborable de agosto, y el horario es algo incómodo para ver fútbol. No es un clásico, ni hay hinchas en la tribuna. Parece ser un partido más, pero hay clima de todo lo contrario. Se habló de este partido como si fuera un Boca-River, y hay un país atento a lo que está por pasar. En la cancha de Defensores de Belgrano se vienen solo cinco minutos de juego. El resultado de polémicas, denuncias de trampas y una invasión que recorrió medios de todo el mundo, está por empezar. Deportivo Riestra y Comunicaciones entran al campo de juego para completar la final del Reducido y cumplir el sueño de ascender por primera vez a la B Nacional.
–Solo quiero terminar el partido – le dice el central de Riestra Gustavo Benítez a Lucas Banegas mientras lo saluda en el sorteo entre capitanes -. Levanto las manos y me voy a mi casa, salga el resultado que salga.
La moneda cae en favor del capitán de Comunicaciones, pero Benítez se sorprende al ver que Banegas elige campo. El saque inicial es para Riestra, que prefería sacar porque tiene que defender el 2 a 1 global, y había planeado meter la primera pelota bien lejos e ir a presionar, para no permitirle un centro rápido al rival. Le sale al revés. Saque del medio, pase atrás, un envío corto y rebote a los pies de Rodrigo Melo, el cinco de Comunicaciones.
El volante al que le queda la pelota, no había vivido días del todo tranquilos en el marco de esa final. Después de la victoria de Comunicaciones por 1 a 0 en la ida, un hincha increpó a Melo mientras dirigía fútbol femenino.
–Te voy a pegar un tiro en la rodilla – amenazó el hincha mientras se acercaba al jugador.
A Melo le pareció raro lo que le pasó, pero su caso no fue el único. Fue un tema de charla en el plantel porque algunos jugadores de Comunicaciones también fueron amenazados por mensajes en la previa del segundo partido. Uno de ellos precisó que a Nicolás Varela lo llamaron y le dijeron que fuera para atrás porque Riestra estaba interesado en él. Este volante negó estar al tanto sobre llamados o amenazas, a él o a cualquiera del equipo.
Para Varela, el partido de vuelta suspendido sobre el final, sería el último con la camiseta de Comunicaciones. No fue elegido por el técnico Alejandro Orfila para jugar los cinco minutos, después de ser titular en los últimos ocho partidos. En menos de un mes, sería presentado como refuerzo de Riestra.
Varela y los demás que quedaron afuera del equipo titular, miran los cinco minutos a un costado de la platea. No hay ni suplentes, porque ambos equipos habían hecho los tres cambios antes de la suspensión. Dentro de la cancha, hay un tiro libre en campo propio para Comunicaciones. Federico Barrionuevo tira un centro frontal que toma peligro tras dos cabezazos seguidos en ataque. La defensa no puede evitar el pique cerca del punto penal y casi se iguala la serie, pero la pelota es del arquero. El transcurso del juego promete darse cerca del área de Riestra.
Si de áreas se habla, se toca una de las polémicas que se habían dado en el partido de vuelta suspendido. El mundo del fútbol se enteró del tema cuando al día siguiente de la suspensión salió la noticia en prácticamente todos los medios televisivos del país. Pero en Comunicaciones notaron algo raro en las áreas desde el momento del reconocimiento del campo en la cancha de Riestra.
-Las áreas están más grandes que lo normal- le dijo el arquero Germán Yacaruso a Melo.
-¿Estás seguro? – preguntó el volante.
–Sí. Desde la línea hasta el área siempre hago una cantidad de pasos. Acá estoy haciendo tres de más.
Es deber del arquero conocer sobre distancias en el área para saber ubicar a la defensa en pelotas paradas en contra, según explicó Yacaruso. Además de estar en ese tipo de detalles, es el que sabe cuándo es momento de dormir un poco el partido, como lo hace Carlos Morel pasado el primero de los cinco minutos de la continuación de la final. Mientras Comunicaciones pide córner, el arquero de Riestra va a buscar la pelota a paso lento. Agustín Cattaneo corre y acomoda para que Morel saque del arco, con un reclamo al árbitro por la demora.
Este defensor de Comunicaciones ya venía cruzado con el árbitro Paulo Vigliano, incluso desde antes del inicio de la vuelta en la cancha de Riestra. Cuando Yacaruso advirtió sobre el tamaño de las áreas, Cattaneo fue a reclamárselo al juez.
–Paulo, fijate que las áreas están gigantes- le reclamó el defensor.
–Quedate tranquilo, Pelado – le contestó Vigliano con una palmada en la espalda mientras guiñaba el ojo-. Están grandes para los dos equipos.
Cattaneo no quedó conforme con aquella respuesta del árbitro, y tampoco parece estarlo al volver del área contraria en el partido de los cinco minutos. Mientras todavía discute con Vigliano, el defensor no baja demasiado y es el más adelantado de su equipo. En el Reino del revés, los marcadores centrales son los más adelantados del equipo, y el volante ofensivo Tomás Asprea es el más atrasado. Hernán Salazar, amonestado en la vuelta suspendida, no puede estar porque llegó al límite de amarillas y se lo considera un partido nuevo, pero el jugador que invadió la cancha y fue parte de la suspensión, si quería el técnico de Riestra, podía jugar los cinco minutos porque la AFA nunca lo sancionó.
El jugador en cuestión es Leandro Freyre, quien estuvo en el ojo de la tormenta desde el domingo de la invasión hasta los cinco minutos del jueves, por un hecho pocas veces visto. Riestra ganaba la vuelta por 2 a 0 en su cancha, y Comunicaciones advertía con dos tiros en el travesaño sobre el final. Pero cuando solo cinco minutos separaban al local de un ascenso histórico, un encapuchado con la ropa de concentración del club entró al campo de juego y se puso a perseguir la pelota. Después de algunos empujones, el árbitro lo echaba de la cancha. Ya no había vuelta atrás. En solo segundos, había más de cien personas adentro. Los hinchas no paraban de entrar desde atrás de uno de los arcos y los dos laterales. El árbitro tocó el silbato, y los jugadores e hinchas de Riestra festejaron con el encapuchado metido de vuelta en el tumulto. Mientras se iba el plantel de Comunicaciones después de unos diez minutos, Vigliano aclaraba que el partido estaba suspendido y que iba a informar lo que había pasado.
El informe escrito por el árbitro de lo sucedido en el Estadio Guillermo Laza a los 45 minutos del segundo tiempo con cinco minutos de adición por jugarse, iba a ser una pieza clave en el destino del partido, y en Comunicaciones lo intuían. Por eso, después de la suspensión, y al enterarse que el encapuchado de Riestra era el jugador Leandro Freyre, los dirigentes del club fueron a asegurarse de que el árbitro no iba a pasar por alto este detalle en su informe.
-¿Vas a informar al jugador que entró? – le preguntaron a Vigliano.
-No lo conozco.
–Pero, ¿viste el número?- insistieron los dirigentes.
El árbitro les confirmó que había logrado identificar el número 20 en la ropa de Freyre, y en Comunicaciones entendieron que iba a ponerlo en el informe. En ese momento, la pelota ya la tenían Vigliano y el tribunal de disciplina.
Mientras se llegaba a un veredicto en la AFA, el escándalo llegó a medios de todo el mundo. Los canales de televisión locales superponían la imagen del partido del domingo a la de uno anterior, y hacían coincidir los arcos para mostrar que las áreas efectivamente estaban más grandes. Ese lunes, Infobae publicó una imagen de un drone en la que se veía una línea borrada, con el dato de que un empleado del club había trabajado esa mañana sobre ella. Entre la línea borrada y la marcada, había una distancia de dos metros a ojo. Si las medidas de un área son 40 de ancho por 16 en el largo, con ampliar dos metros por lado sin tocar el frente se ganan cerca de 64 metros cuadrados. Puede ser que en Riestra “se haya escuchado de fondo” que se iban a agrandar las áreas en la previa del partido, según relataron off the record.
Aquel lunes, en ambos clubes se vieron más periodistas de los que se habían visto nunca para cubrir un partido de tercera división. En Riestra, los encargados para hablar con la prensa eran los dos Benítez. Jorge, el director técnico, y el capitán Gustavo. Este último, después de dar una nota al mediodía, se desmayó y fue internado unas horas por un pico de estrés.
La tensión del momento ya sobrepasaba a cualquiera, por más experiencia que tuviera. Pero el capitán de Riestra se recuperó, y junto a los centrales Sebastián Lamacchia y Daniel Silvani, sacaron todo lo que cayó en su área durante el primer tiempo del partido de los cinco minutos. Comunicaciones promete insistir en busca de los penales, pero el plan defensivo del rival, por el momento da resultado. Aunque en aquella planificación de Riestra, se manejó una opción con pocos antecedentes.
En el cuerpo técnico sabían que iban a caer centros desde cualquier lado, con la desesperación de Comunicaciones por el empate. Ante la falta de gente alta en el plantel, en un entrenamiento se probó al arquero Diego Maidana como defensor. Como se generaban dudas con esa improvisación, los propios jugadores pidieron dar marcha atrás, y quedaba a resolverse el problema de la altura. La única certeza que tenían, era que ese partido se iba a jugar sí o sí. A menos de 48 horas, esto se haría oficial.
El martes cerca de las 20 se publicó el boletín N° 5367 con la firma de Fernando Mitjans, Sergio Fernández, Eduardo Bozzi, Roxana Del Río, Jorge Gallelli y Gerardo Gómez, los miembros del tribunal que participaron en la decisión. Éstos resolvieron una sanción para Riestra de 300 entradas por los próximos diez partidos, la quita de 20 puntos en la próxima temporada y la clausura del estadio por diez fechas. Pero claro, lo que todos esperaban era si la final seguía o no.
El fallo casi unánime sentenció la continuación del partido a puertas cerradas en cancha neutral. En el boletín, después de haberse tomado dos días para juntar pruebas, escribieron que en el informe del árbitro no se dan las disposiciones del artículo 106 y que por eso se decidió completar lo que restaba de juego. A diferencia de lo que habían entendido los dirigentes de Comunicaciones, Vigliano nunca escribió que un jugador de Riestra participó en la invasión. El único en votar en contra fue Sergio Fernández, quien expresó no estar de acuerdo con la continuidad de la final porque resultaba claro, por todo lo que salió en los medios, que en la invasión hubo jugadores y/o dirigentes y que la situación es “claramente tipificable” en el inciso g del artículo 106. Este ítem del reglamento establece la pérdida del partido cuando el árbitro lo suspenda por “desorden o agresión en la cancha o entre el público asistente, promovido por dirigente, delegado, jugador o integrante del personal técnico de uno o de los dos equipos”.
El escrito parece ser concluyente para este caso. El primer invasor que toma la televisación es Freyre, quien había jugado partidos en ese torneo y había concentrado para esa final. Pero la defensa de Riestra se basó en los conceptos de “promover” y de “jugador”. El club argumentaba que Freyre no fue quien promovió la invasión porque no fue el primero en poner un pie dentro de los límites de la cancha, y que la ley no lo cuenta como jugador. El reconocido abogado Víctor Stinfale, gerenciador deportivo de Riestra, explicaría seis meses después de la invasión, que el mismo artículo 106 dice que los jugadores son solo titulares y suplentes, aunque esto no se lee textualmente en ese ítem.
En el caso de que Freyre efectivamente no sea jugador para el reglamento o no haya promovido la invasión, Comunicaciones también reclamó sobre el inciso l de ese mismo artículo. Este dice textualmente que se da por perdido el partido cuando el árbitro debe suspenderlo por “permanencia de un número mayor de personas a las reglamentariamente autorizadas para estar dentro del campo de juego”.
En base a estos incisos, Comunicaciones apeló el fallo a horas de su publicación. En cuanto a Freyre, sería citado a declarar ante el tribunal la semana siguiente a los cinco minutos, pero el jugador se ausentaría. Más tarde sería indagado y sobreseído por la Justicia, según Stinfale. Pasado el tiempo, nunca se publicaría una sanción oficial para Freyre, que a los meses jugaría un partido por los puntos en la reserva del club.
Sin una sanción para Freyre, Riestra pidió por la baja de las penas con respecto a los puntos quitados y la suspensión del estadio. El tribunal de apelaciones respondería al reclamo de ambos clubes recién en los últimos días de diciembre de 2017, a casi cinco meses de la invasión. La pretensión sería rechazada para Comunicaciones, simplemente porque el informe del árbitro no coincide con los incisos g o l del artículo 106. Para Riestra, un sí a medias. Devolución de diez puntos, y reducción a ocho fechas sin jugar de local.
Las idas y vueltas con el fallo llegarían a su fin. Para Comunicaciones no habría mucho más para hacer fuera de la cancha. Tampoco dentro de ella, porque el segundo tiempo de la reanudación del partido solo dura dos minutos, y su rival está bien plantado atrás.
La primera pelota que cae al área de Riestra en el complemento llega recién al minuto, y la despeja Sebastián López al córner. Después del centro hay una mano en ataque, y cuando Morel hace el tiro libre ya se cumplen los dos minutos. Pero Vigliano le va a dejar una más a Comunicaciones.
Cattaneo mete el lateral al área rival en tiempo cumplido. Saca de cabeza Lamacchia, Banegas devuelve con peligro pero el central de Riestra responde de nuevo. El despeje va en dirección de Cattaneo que otra vez la manda al área y obliga a Morel a responder con el puño. La pelota le queda a Maximiliano Zárate al borde del área, que le pega de zurda y rebota en uno de Riestra. Todo Comunicaciones reclama penal.
El árbitro levanta las manos para que siga el juego. Parece haber visto una mano del defensor, pero con los brazos encogidos sobre el cuerpo. Lamacchia despeja una vez más y se abraza con Benítez porque Vigliano toca el silbato. Cinco minutos de juego, cinco días para completar la vuelta y todavía cinco meses por delante para una decisión final en el escritorio. Ahora, la pelota ya dejó de rodar en la cancha. La prestaron por un rato, pero ya volvió a su verdadero dueño en esta historia. Otra vez, la pelota la tiene el tribunal.