Por Tomás de Seta

Roberto Abbondanzieri, el arquero argentino es adorado por los hinchas de los clubes en los que transitó pero que hoy en día sigue siendo recordado y cuestionado por una lesión frente a Alemania, en los cuartos de final del Mundial 2006. El Pato sufrió un golpe en la parte lateral del tórax que derivó en su salida del campo de juego y en la posterior eliminación del torneo en la tanda de penales, donde era especialista. Un choque que generó un pensamiento negativo sobre él en la sociedad argentina pese a las declaraciones del propio jugador. “Yo no podía seguir. Cuando me lesionaron nadie me preguntó cuantos meses estuve parado en el Getafe”.

A sus 47 años, Abbondanzieri sigue recordando y lamentando el episodio que provocó la mala opinión hacia él de muchas personas. “Si no salía, mínimo llegábamos a la final. No lo digo por Leo Franco que entró, sino porque teníamos una mística en la defensa y justo cuando salí nos hicieron un gol a la jugada siguiente”, declaró el ex arquero rosarino en una entrevista con Fox Sports Radio el mes pasado.

El Pato debutó en Rosario Central en 1994 y fue campeón de la Copa Conmebol. Dos años más tarde, su pase fue comprado por el Club Atlético Boca Juniors. Entre idas y vueltas para concretar su titularidad, Abbondanzieri pudo consolidarse en el equipo de la Ribera. Lo contrario le sucedió en la Selección argentina ya que a pesar de haber conseguido un Torneo Apertura y una Copa Libertadores un año antes de la frustración en el Mundial de Corea/Japón, no fue suficiente para que Marcelo Bielsa lo convoque a él en lugar de Germán Burgos, Pablo Cavallero y Roberto Bonano.

Su galardón como el sexto mejor portero del mundo en 2003, al igual que la segunda Copa Libertadores y sus atajadas decisivas en los penales ante Andrea Pirlo y Alessandro Costacurta en su primer Copa Intercontinental ante Milan, llevaron a que el “Pato” sonará muy fuerte en la convocatoria de la Selección argentina. A pesar de la llegada de José Pekerman como director técnico tras la renuncia de Marcelo Bielsa, Abbondanzieri no perdió su lugar. Debutó el 6 de junio de 2004 frente a Paraguay en el estadio Monumental. La fecha siete de las eliminatorias sudamericanas fue su punto de inicio y sus buenas actuaciones y su regularidad fueron las causas para que se convirtiera en uno de los jugadores imprescindibles en el ciclo de Pékerman.

Argentina estaba clasificada y tenía la oportunidad de hacer un buen papel en el Mundial de Alemania, borrando y dejando de lado la eliminación temprana en 2002. Abbondanzieri ya estaba asentado como el arquero titular de Pékerman pero Leo Franco (Atlético de Madrid) y Oscar Ustari (Independiente) le pisaban los talones. A pesar de ser el más veterano del plantel, el Pato, a sus 33 años, participó de su primer mundial, con el objetivo de seguir demostrando sus grandes reflejos, su presencia y su habilidad para detener tiros desde el punto de penal, que jugarán una mala pasada un mes después.

La selección partió desde Barcelona hacia Hamburgo. La prensa y los hinchas todavía dudaban si Abbondanzieri tenía que ser titular o no. Las discusiones estaban a la orden del día. El equipo de Pékerman inició en la fase de grupos con seguridad y tranquilidad. Recibió un sólo gol en la victoria 2-1 ante Costa de Marfil. Lionel Messi estaba siendo la cara de todos los portales por su ausencia en el primer partido pero el arquero argentino empezó, de a poco, a sonar muy fuerte.

Un día antes de la goleada por 6-0 ante Serbia y Montenegro que permitió la clasificación de Argentina a la siguiente instancia, el presidente del Getafe le confirmó al diario deportivo Olé que quería contratar al arquero de Boca Juniors. Al día siguiente, tras el partido, Abbondanzieri confirmó la existencia de contactos y a pesar de que le quedaba un año más de contrato, declaró: “Sería hermoso jugar en España”. Sin el arquero argentino, el último partido sería frente a los Países Bajos. Con ambos países clasificados, el 0-0 levantó sospechas en los neutrales. “Pareció un amistoso, como si se hubiera establecido un pacto de no agresión, uno de esos partidos jugados pensando en el futuro”, escribió Cristina Cubero, enviada especial del diario catalán Mundo Deportivo.

En octavos de final, luego de igualar 1-1 en los 90 minutos, una volea de Maxi Rodríguez, a los 8 minutos de la primera prórroga le permitió a la Argentina vencer 2-1 a México y pasar a cuartos de final. El rival sería Alemania, el país local. Un partido que no sólo quedará en el recuerdo de los hinchas, sino que también en la cabeza del arquero argentino. En un estadio colmado, una jugada que lo marcó.

El 30 de junio de 2006, en el estadio olímpico de Berlín, Argentina comenzaba ganando 1-0 con un gol de cabeza de Roberto Ayala. De un momento a otro, se desvirtuó completamente. Faltando 20 minutos, un choque dentro del área de Abbondanzieri con el delantero alemán Klose, obligó al arquero argentino a pedir el cambio por un fuerte dolor en la zona del estómago. Con su sustitución por Leo Franco, el equipo perdió la seguridad en el fondo y Alemania igualó el marcador faltando 4 minutos. Tras el alargue, llegó la definición por penales, que ganó el equipo local 4-2.

Apenas terminó el encuentro, en el vestuario, le realizaron estudios rápidos para determinar la gravedad del golpe. No salió nada en la imagen, no había ninguna lesión. Pero no fue así. Tenía un desgarro en el intercostal. No tardó en aparecer la pregunta en los medios de por qué había pedido el cambio si no había salido nada en las imágenes. Un error de Donato Villani, médico de la Selección, en el momento de la tomografía influyó en el cuestionamiento y en el mal pensamiento sobre el arquero.

De un momento a otro,  todo se difundió muy rápido. Las críticas no tardaron en aparecer. Trece días después se vieron reflejadas en las declaraciones de Diego Armando Maradona: “Para salir en un momento así, tenes que estar quebrado o tener una cruz en cada ojo”. Una rápida y falsa información que seguirá influyendo en el pensamiento de cada una de las personas que tildan a Abbondanzieri por “abandonar la cancha sin tener lesión alguna”. Un karma que aún persigue al arquero.