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Argentina convirtió al pádel en una fiesta: el récord que explica por qué el deporte no para de crecer

Por Lucía Bigoni

El ruido empezó mucho antes del primer saque. Afuera del estadio ya había
camisetas, banderas, y celulares grabando. Adentro, el clima terminó de confirmar
una sensación que hace tiempo dejó de ser intuición. En Argentina, el pádel ya no
es solamente un deporte en crecimiento. Es un espectáculo emocional.

El Premier Pádel de Buenos Aires rompió el récord histórico mundial de asistencia del circuito con 16.920 espectadores y dejó una imagen difícil de ignorar. Cada punto
importante se gritó como un gol. Cada reacción de los jugadores encontró respuesta
inmediata desde las tribunas. Y durante varios momentos del torneo, la sensación
fue la de estar viviendo algo mucho más cercano a una final del mundo que a un
evento habitual del calendario internacional.

Los números ayudan a entender el fenómeno, pero no alcanzan para explicarlo del
todo. Porque el crecimiento del pádel en Argentina no tiene únicamente que ver con
la cantidad de personas que juegan, consumen contenido o llenan estadios. Tiene
que ver, sobre todo, con la manera en la que el público argentino vive el deporte.

En otros torneos del circuito predomina el silencio y la lógica más tradicional del
tenis. Aplausos medidos, puntos observados con distancia y tribunas que
acompañan sin alterar demasiado el ritmo del partido. En Buenos Aires ocurrió lo
contrario. Hubo canciones, tensión, euforia y una energía constante que transformó
cada encuentro en un espectáculo colectivo.

Argentina tiene una relación particular con el deporte. No lo consume de manera
neutral, lo dramatiza. Lo convierte en relato, en identidad y en pertenencia. Y el
pádel, que durante años fue visto únicamente como una actividad recreativa,
terminó encontrando en esa pasión un escenario perfecto para expandirse.

El crecimiento también se explica desde otro lugar: el deporte logró construir
cercanía. Los jugadores circulan por espacios más accesibles, las redes sociales
achicaron la distancia con el público y el espectáculo se volvió mucho más fácil de
seguir para nuevas generaciones. El resultado es una comunidad que no solo mira
partidos, sino que siente que forma parte de ellos.

Por eso el récord de Buenos Aires representa algo más profundo que una cifra
histórica. Funciona como la confirmación de un cambio cultural. El pádel dejó de
ocupar un lugar secundario dentro de la escena deportiva argentina para convertirse
en un evento capaz de movilizar multitudes, generar identificación y producir climas
que pocos deportes consiguen replicar.

Y quizá ahí esté la explicación más fuerte de todas. En un país donde cada cancha
puede convertirse en escenario y cada tribuna encuentra una excusa para cantar, el
pádel finalmente encontró algo más importante que un mercado, encontró un hogar.

 

 

FIFA Ultimate Team: el trade como esencia y el juego en segundo plano

Por Nicolás Imbroglia

Durante la primera década de los años 2000, la franquicia Pro Evolution Soccer de la industria Konami superó ampliamente a su principal competidor, FIFA, de EA Sports. Este último comenzó a tomar la delantera cuando obtuvo licencias de las principales ligas europeas, mientras que PES se quedaba con las competencias sudamericanas.

Pero si hay un punto donde la balanza se inclinó definitivamente a favor de EA Sports, fue la irrupción —y posterior consolidación— de Ultimate Team dentro de FIFA. No se trató solo de un modo de juego exitoso, sino que transformó la experiencia y, sin dudas, también la forma en la que se consumen los videojuegos.

Apareció en FIFA 09 como un DLC pago; es decir, un contenido adicional por el cual había que abonar. En ese momento, la propuesta era novedosa pero acotada: construir un equipo a partir de cartas de jugadores, gestionar contratos y disputar partidos online. Sin embargo, ya incluía un elemento clave que luego sería central: un mercado de transferencias manejado por los propios usuarios.

Para FIFA 10, el modo de juego dejó de ser un complemento y pasó a ser parte del juego. A partir de ahí, cada entrega anual amplió el sistema: más cartas especiales, eventos en vivo, desafíos de creación de plantillas (SBC) y una integración cada vez más profunda con el rendimiento real de los futbolistas. El modo se convirtió en una plataforma en constante actualización, un terreno en el que Konami y PES nunca pudieron competir.

El verdadero diferencial estuvo en cómo se construyó su economía interna. Dentro de Ultimate Team, cada carta funciona como un activo digital. Su valor no es fijo: muta en tiempo real según la oferta, la demanda y las expectativas. Factores como actuaciones en la vida real, la inclusión en el “Equipo de la Semana”, filtraciones de contenido futuro o simplemente tendencias de la comunidad pueden disparar o hundir precios en cuestión de horas.

Ahí entra en juego el trading. Es, en esencia, especulación informada: comprar barato —por ejemplo, en momentos de alta oferta tras la apertura masiva de sobres— y vender cuando la demanda sube. También existen estrategias como sniping, flipping o inversión a mediano plazo.

Este comportamiento generó una dinámica sorprendentemente similar a los mercados financieros tradicionales. Como en los ETFs (fondos indexados), el precio no responde únicamente a un “rendimiento real” sino a la percepción colectiva y a la expectativa futura. Hay picos especulativos, caídas abruptas, ventas masivas por pánico (panic sell) y acumulación estratégica de activos.

La gran diferencia del mercado de transferencias de EA Sports con la bolsa de valores es que todas sus ganancias y recompensas son sólo virtuales y no reales. Solo se invierte en micro transacciones de sobres de jugadores, y toda recompensa queda dentro del juego. Todo el riesgo que se corre es virtual.

En paralelo, surgió toda una cultura alrededor del trading: creadores de contenido, guías, análisis de mercado y hasta “gurús” que recomiendan inversiones dentro del juego. 

Estos “gurús” o expertos sí pueden llegar a obtener ganancias en la vida real gracias a FIFA: arman grupos pagos a los que hay que suscribirse y donde comparten consejos o especulaciones sobre el mercado de transferencias. Esto guarda una gran similitud con los “vendedores de cursos” de hoy en día.

El impacto económico para EA fue enorme. Ultimate Team se convirtió en su principal fuente de ingresos, en gran parte gracias a la venta de sobres. Esto permitió sostener un modelo de negocio basado no solo en la venta anual del juego, sino también en ingresos recurrentes durante todo el ciclo. A su vez, ese flujo financiero se tradujo en más licencias oficiales, acuerdos comerciales y desarrollo continuo.

Mientras tanto, Konami intentó competir con MyClub dentro de Pro Evolution Soccer, pero llegó tarde y sin la misma profundidad sistémica. La diferencia no era solo de contenido, sino de ecosistema. Para ese momento, la ventaja de EA Sports dejó de ser discutible. Y, sin dudas, Ultimate Team fue la clave.

Wellness: cuando el bienestar agota

Por Lana Díaz

En la era de la hiperconectividad, el bienestar dejó de ser una búsqueda personal para convertirse en un mandato colectivo. Nunca hubo tanta información disponible sobre cómo “estar bien”: rutinas, planes de alimentación, prácticas de mindfulness, entrenamientos, suplementos y hábitos que prometen una mejor versión de uno mismo. Sin embargo, en esa abundancia de recomendaciones, el bienestar parece volverse cada vez más difícil de alcanzar.

El concepto de wellness, entendido como un enfoque integral que busca el equilibrio entre cuerpo, mente y emociones, nació como una invitación a mejorar la calidad de vida a través de hábitos saludables y sostenibles. Pero en su expansión, especialmente en el mundo digital, ese ideal se fue transformando. Lo que proponía bienestar, hoy muchas veces deriva en exigencias difíciles de cumplir, comparaciones constantes y una sensación de deuda con uno mismo. Entre sus consecuencias más visibles aparecen el estrés, la ansiedad y la frustración, producto de intentar alcanzar estándares que no siempre contemplan los tiempos, contextos y realidades individuales. 

Las redes sociales funcionan hoy como grandes vidrieras de estilos de vida ideales. Influencers, especialistas y creadores de contenido comparten a diario sus rutinas para optimizar la vida: levantarse temprano, meditar, entrenar, comer saludable, descansar, ser productivo y mantener una vida social activa. Todo, ¡en equilibrio! Pero ese equilibrio muchas veces se convierte en una presión silenciosa.

El problema no es la falta de información, sino el exceso. Las tendencias cambian de manera constante y, a veces, se contradicen entre sí. Lo que ayer era considerado saludable, hoy es cuestionado o mutan. En ese contexto, las personas no solo deben elegir qué hacer para sentirse mejor, sino también filtrar, interpretar y adaptarse a una ola de contenido que no siempre se adapta a las realidades individuales.

 

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Así, el wellness comienza a funcionar como una lista de tareas donde una busca hacer check. El autocuidado se transforma en una serie de hábitos que deben cumplirse. Y cuando no se logran sostener, aparece la culpa. Cuando se sostienen, muchas veces aparece el agotamiento. La promesa de bienestar se diluye entre la autoexigencia y la sensación constante de no estar haciendo lo suficiente.

A esto se suma el crecimiento de una industria que capitaliza esta necesidad. El bienestar dejó de ser únicamente un estado para convertirse también en un producto: aplicaciones, programas, suplementos, cursos y experiencias que ofrecen soluciones a medida, pero que, al mismo tiempo, instalan la idea de que siempre hay algo más por mejorar.

En ese escenario, lo simple queda desplazado. Descansar, moverse, comer de manera equilibrada o simplemente desconectarse ya no parecen suficientes frente a un modelo que empuja a optimizar cada aspecto de la vida. La conexión con el propio cuerpo y sus necesidades queda opacada por estándares externos difíciles de sostener, y el resultado es que una persona pierda el eje de sí misma. 

Desde mi experiencia, moverse dentro de este mundo implica encontrar un equilibrio posible. No siempre se trata de hacer todo, sino de elegir qué se puede sostener en el día a día. Muchas veces aparece el deseo de incorporar cada hábito que se presenta como ideal, pero la realidad impone límites y también prioridades. Y en ese punto, entender que los extremos, en cualquier ámbito, suelen ser perjudiciales resulta clave.

Por ejemplo, no siempre es necesario alcanzar los 10.000 pasos diarios para sentir que se cumplió. Hay días en los que simplemente salir a caminar un rato, entrenar lo que se puede o moverse de alguna forma ya es suficiente. Lo mismo ocurre con la alimentación, sostener un esquema lo más equilibrado posible, como un 80-20, puede ser una forma realista de cuidarse sin dejar de lado los momentos de disfrute, ya sea una salida con amigos o una comida elegida sin culpa. El problema aparece cuando se intenta sostener la perfección y se pierde de vista la flexibilidad.

 

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Más que la cantidad de hábitos o la forma “correcta” de llevarlos adelante, lo que realmente marca la diferencia es desde dónde se hacen. No es lo mismo actuar desde la autoexigencia, el mandato o la necesidad de pertenecer, que hacerlo desde el disfrute, la curiosidad o las ganas de sentirse mejor. El bienestar es una experiencia profundamente personal, que cambia según el momento de cada uno.

En ese camino, también es fundamental revisar el contenido que se consume. Las redes sociales no son neutrales: lo que se ve, impacta. Si algo genera ansiedad, incomodidad o una sensación constante de insuficiencia, dejar de seguirlo también es una forma de cuidado.

Quizás, entonces, el verdadero desafío no sea alcanzar un ideal de bienestar, sino construir uno propio. Uno que no se mida por la cantidad de hábitos cumplidos, sino por cómo nos hace sentir lo que elegimos hacer. Porque, al final, el bienestar no debería ser una meta que agota, sino un proceso que acompañe.

¿Por qué dejar de apostar?

Por Martín Fusaro

Las apuestas deportivas son un fenómeno que se ha potenciado en el último tiempo. Desde que los casinos llegan a domicilio se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Aparecen en publicidades, camisetas, transmisiones y hasta en conversaciones entre amigos. Pero detrás de esa aparente normalidad se esconde una pregunta incómoda que pocos se detienen a responder con honestidad: ¿por qué apostamos?

La respuesta más rápida suele ser la adrenalina. Apostar convierte un partido cualquiera en una experiencia cargada de tensión, donde cada jugada parece tener un valor extra. Sin embargo, esa emoción no es casual ni inocente. Las plataformas utilizan mecanismos psicológicos muy estudiados para generar una sensación de control y recompensa inmediata, incluso cuando las probabilidades están en contra. La ilusión de que “esta vez sí” es el motor que mantiene girando la rueda.

El problema aparece cuando esa búsqueda de emoción deja de ser un entretenimiento ocasional y empieza a ocupar un lugar central en la vida. La línea que separa el juego recreativo de la ludopatía es más delgada de lo que parece. Apostar más dinero del que uno puede permitirse perder, la creencia de  intentar recuperar pérdidas con nuevas apuestas o sentir ansiedad constante por los resultados son ejemplos de los peores errores que se cometen y ocurre mucho más de lo que se cree. Esa es la barrera que no hay que cruzar.

Y ahí es donde surge una idea clave que suele incomodar. En las apuestas, el dinero debe pensarse siempre como perdido desde el inicio. No como una inversión ni como una oportunidad de ganancia segura porque el sistema está diseñado para que la casa gane. Creer lo contrario no solo es ingenuo, sino potencialmente peligroso.

Dejar de apostar no implica renunciar a la emoción o al disfrute del deporte. Al contrario, puede ser una forma de recuperarlos en su estado más genuino. Volver a ver un partido sin la presión del resultado económico, sin la necesidad de que algo externo valide la experiencia, es también una forma de libertad.

La reflexión, entonces, no apunta a demonizar el juego, sino a cuestionar el lugar que ocupa en nuestras vidas. Entender por qué apostamos es el primer paso para decidir si realmente queremos seguir haciéndolo. Porque, al final, la pregunta no es cuánto se puede ganar, sino cuánto se está dispuesto a perder. Y esa respuesta, a diferencia de cualquier apuesta, no debería dejarse al azar.

Luis Enrique: su carácter para lidiar con estrellas mundiales y construir un París Saint-Germain nuevamente finalista desde el juego colectivo

Por Agustín González Sánchez Jauregui

“¿Si voy a mejorar el año que viene? Sí, porque tener un jugador que se mueve por donde quiere, implica que había situaciones de juego que yo no controlaba. El año que viene las voy a controlar todas, sin excepción”, decía Luis Enrique cuando le consultaron sobre la salida de Kylian Mbappé, el jugador franquicia del Paris Saint-Germain que partía rumbo al Real Madrid. Y lejos de quedar en el olvido, esa frase comenzó a marcar el camino posterior.

El PSG en 2022 había logrado juntar nuevamente a Lionel Messi y Neymar Junior para conformar delantera con Mbappé, construyendo así sus proyectos en base a nombres propios. Lograron ganar dos Ligue-1 y una Supercopa como ya es habitual en Francia pero quedaron lejos del objetivo principal del conjunto parisino, obtener su primera orejona, fueron eliminados dos veces en octavos de final de la Champions League. Cuando llegó el entrenador español en julio de 2023 ya sin Neymar ni Messi, buscó dejar de lado esa maña de recostarse sobre el talento de las figuras y comenzó la búsqueda del juego colectivo, algo que le costó en su primer año ya que como ha declarado en reiteradas ocasiones, le era difícil lidiar con el ahora delantero del Real Madrid.

Finalmente cuando terminó la temporada en 2024, el delantero francés abandonó el equipo y quedaba en manos de Luis Enrique constatar si lo que había declarado era cierto. En el año siguiente, el cuadro de París consiguió la primera Champions League de su historia tras aplastar 5-0 al Inter de Milán en la final, con un equipo que ya no dependía de individualidades sino de un funcionamiento más grupal donde hasta los atacantes participaban constantemente de la presión y el retroceso defensivo. Futbolistas como Ousmane Dembélé, quien terminó ganando el Balón de Oro de ese año, pasaron a ser piezas claves dentro de una estructura colectiva. Ahora, con gran parte de esa misma base, volverán a disputar una final de Champions, será frente al Arsenal el 30 de mayo en Budapest, nuevamente bajo la conducción de Luis Enrique.

El carácter del técnico oriundo de Gijón no se dio a conocer recién ahora, entre 2014 y 2017 dirigió al Barcelona de Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar Jr, una delantera que para muchos fue la mejor de la historia. Pero aún así no dio el brazo a torcer con las grandes estrellas, incluso llegó a tener un fuerte cruce con el astro argentino por sentarlo en el banco en un partido de liga contra Real Sociedad. Con el paso del tiempo la relación entre ellos se recompuso y el club español terminó ganando nueve títulos bajo su conducción, entre ellos la Champions League de 2015, el Mundial de Clubes y el triplete esa misma temporada.

Donde mejor se ve reflejada su ideología es en el video viral que reaparece constantemente en redes sociales. Allí en una charla mano a mano con Mbappe le pone de ejemplo a Michael Jordan (ídolo del francés), y le explica: “Jordan cogía a sus compañeros y se ponía a defender como un hijo de puta”. Luego remarca que si la estrella presiona y corre, el resto queda obligado a hacerlo también. Según él, así se construye un líder.

Más allá de sus etapas en Francia y España, el entrenador también pasó por la Roma, donde debutó como director técnico, Celta de Vigo y la Selección de España, a la que dirigió en el Mundial de Qatar 2022 quedando eliminado en octavos de final por penales frente a Marruecos. En todos sus equipos sostuvo la misma idea de presión, intensidad y un funcionamiento colectivo por encima de cualquier individualidad. Una ideología que ya había comenzado a construir en su etapa como futbolista, donde vistió las camisetas del Real Madrid y Barcelona, dos de los clubes más importantes del mundo.

Tras la muerte de su hija Xana en 2019, Luis Enrique explicó que nunca se sintió desafortunado, se consideraba “muy afortunado” por los nueve años que pudo disfrutarla. Años más tarde, luego de conquistar la Champions con el PSG, recordó una bandera que ella había clavado en la final que había ganado con el equipo catalán y confesó que sentía que seguía presente. Una persona con una manera de pensar que no parece modificarse ante ninguna situación y que supo trasladar esa convicción al fútbol.

El hincha argentino, cada vez más exigente

Por Martín Aguirre

En el fútbol argentino, la exigencia del hincha siempre fue una característica distintiva. Sin embargo, con el paso de los años, esa vara parece haberse elevado aún más. Lo que antes podía ser tolerado como parte del juego, como una mala racha o un rendimiento irregular, hoy suele derivar rápidamente en cuestionamientos, silbidos, insultos y pedidos de cambios profundos.

Históricamente, el público local se caracterizó por su pasión y su fuerte sentido de pertenencia. Clubes como Boca Juniors o River Plate construyeron identidades donde el hincha no solo acompaña, sino que también opina y exige. Mientras que en otros equipos era menos habitual la crítica dura del espectador, excepto en situaciones muy malas del club como pelear el descenso o perder un clásico.

Un motivo es la inmediatez. En un contexto atravesado por redes sociales y cobertura mediática constante, el análisis ya no queda limitado al post partido. Cada jugada se discute en tiempo real, cada decisión técnica es debatida y cada resultado tiene repercusiones inmediatas. Esto genera un clima donde la paciencia se reduce y la necesidad de resultados se vuelve urgente.

Además, la globalización del fútbol también influye en la percepción del hincha. El acceso permanente a competencias europeas, como Champions League, Premier League, entre otras, eleva el estándar con el que se evalúan los rendimientos locales. Aunque las realidades económicas y estructurales sean distintas, la comparación es inevitable y muchas veces injusta.

Otro factor clave es la inestabilidad institucional de varios clubes del país. Cambios frecuentes de entrenadores, proyectos deportivos poco sostenidos y dificultades económicas generan contextos adversos que impactan directamente en el rendimiento. Frente a esto, el hincha suele canalizar su frustración en la exigencia constante, muchas veces sin distinguir responsabilidades.

También se modificó la relación entre el público y los protagonistas. Antes, el jugador era percibido como alguien más cercano, con una identificación más fuerte con el club. Hoy, con carreras más cortas en el país y mayor rotación, ese vínculo se debilita. La identificación tarda más en construirse y la tolerancia disminuye.

Sin embargo, esta mayor exigencia no es necesariamente negativa. En muchos casos, impulsa a los clubes a profesionalizarse, a mejorar sus estructuras y a sostener niveles de competitividad más altos. El problema aparece cuando esa presión se vuelve desmedida y termina afectando el desarrollo de proyectos a largo plazo.

En definitiva, el hincha del fútbol argentino no perdió su esencia, pero sí adaptó su forma de manifestarse. Más informado, más conectado y más expuesto a otras realidades, su nivel de exigencia creció. La pregunta que queda abierta es si el sistema está preparado para responder a esa demanda sin caer en la urgencia permanente.

 

Jordania, Jesucristo y Maradona

Por Emanuel Soste

Jordania participará por primera vez en un Mundial de fútbol y compartirá el grupo J con Argentina, Argelia y Austria. Esta nación ubicada en el suroeste de Asia se convirtió en un estado soberano e independiente en 1946, en el que inicialmente se llamaba Reino Hachemita de Transjordania. Su forma de gobierno es una monarquía constitucional que es presidida por el rey Abdalá II, quien ostenta los poderes ejecutivo y legislativo.

El Río Jordán, que fluye por distintos países como Israel, Líbano, Jordania, Siria y Palestina, es el lugar donde todos los años va gente de diversos lugares del mundo para bautizarse allí y conocer su profundo vínculo con lo divino, debido al fuerte origen espiritual que representa. Es visitado por personas de distintas religiones: cristianos (católicos, ortodoxos y protestantes), judíos, musulmanes y hasta personas independientes de su fe que acuden por su valor histórico.

Este río tiene una gran particularidad que relaciona la religión con el fútbol. En la Biblia, en el segundo libro del Nuevo Testamento, conocido como el Evangelio de San Marcos, relata que en el Río Jordán, Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista y a partir de allí, el Hijo del hombre inició su ministerio público de enseñanza en el siglo primero.

Tuvieron que pasar más de 20 siglos para que uno de los personajes más influyentes del mundo se sumergiera en las mismas aguas, ya que Diego Armando Maradona en 2015 se bautizó en el mismo río. El hecho ocurrió después de la visita al Monte Nebo, cuando “Pelusa” se encontraba con su pareja de aquel entonces, Rocío Oliva. También se situaba con ellos el príncipe Ali Bin Al-Hussein, hombre que había sido respaldado por Maradona para ser candidato a presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).

El crecimiento del fútbol jordano con el correr de los años fue exponencial, ya que en sus primeras clasificatorias para el Mundial y las Copas Asiáticas quedaba rápidamente eliminado. Hasta que en 2023 fue su punto de inflexión, ya que disputó su primera final de la Copa Asiática en la que fue vencida 3 a 1 por otra selección emergente del mismo continente como lo es Qatar. En junio del 2025, tras varios triunfos, el elenco dirigido por Jamal Sellami selló su histórica clasificación al Mundial de fútbol tras derrotar a Omán de local por 3 a 0. El 27 de junio, “Los Bravos” enfrentarán a la Argentina, actual selección campeona del mundo, en el estadio AT&T de Dallas a las 23.

Sanciones selectivas: el veto a Rusia que expone la doble vara del fútbol internacional

Thiago Nicolás Etchegaray

Mientras la Federación Rusa continúa excluida de todas las competiciones, otras potencias involucradas en conflictos bélicos mantienen su lugar en el calendario internacional. El rol de FIFA y las tensiones políticas detrás de decisiones que exceden lo deportivo.

A principios del 2022 el mundo se paralizó. El jueves 24 de febrero Rusia invadió Ucrania y se convirtió en el mayor conflicto militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Rápidamente, federaciones de todo tipo, incluidas las deportivas, manifestaron su repudio absoluto hacia el ataque ruso y su solidaridad con las personas afectadas.

Así fue como el lunes 28 de febrero, 4 días después del estallido bélico, la FIFA no se quedó con los brazos cruzados y, en representación del deporte rey, emitió un comunicado en conjunto con UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol) que, en otras palabras, decidieron “suspender a todos los equipos rusos, tanto a sus selecciones nacionales como a sus clubes” de toda competición internacional “hasta nuevo aviso”, incluyendo las eliminatorias del Mundial (NdR: A pesar de haber conseguido un lugar en el repechaje europeo, la selección rusa fue descalificada, y tampoco pudo disputar el clasificatorio rumbo a la Copa del Mundo 2026 en Norteamérica). “El mundo del fútbol está totalmente unido y se solidariza con el pueblo ucraniano”, expresaron en el escrito oficial los entes rectores.

Aquí el cuestionamiento no está dirigido a la magnitud de la sanción que sufrió la Unión Del Fútbol de Rusia (RFS), puede gustar más o menos ya que en este caso quienes pagan los platos rotos de la política de su país son los futboleros que no pueden disfrutar de su equipo o su selección en un torneo internacional. Pero la sanción allí sigue vigente. El debate surge cuando, aproximadamente, a 2000 kilómetros hacia el sur de la frontera entre rusos y ucranianos, persiste una guerra incansable que involucra, entre otros países con mayor o menor relevancia, a Israel, Irán y Estados Unidos. Mientras el conjunto ruso permanece vetado sin excepciones, estas naciones continúan con normalidad su actividad deportiva global.

¿Acaso esta situación expone la doble vara de FIFA? ¿Son sanciones selectivas?

Fuentes oficiales aseguraron que la diferencia de medidas se debe a la imposibilidad del organismo en resolver problemas geopolíticos (conflicto en la Franja de Gaza), pero sí puede sancionar a una nación por invadir de forma directa a otra (caso ruso). Entonces, la FIFA sancionó a Rusia porque la invasión impactó de manera directa en el correcto desarrollo de las competencias deportivas, sumado que algunas selecciones (Polonia y Suecia) y clubes que tenían compromisos previstos anunciaron que no jugarían los partidos, sean o no disputados en tierras rusas, lo que provocó un riesgo real de boicot. La sanción fue exclusivamente deportiva.

Sin embargo, el foco apunta a la ausencia de sanciones hacia Irán y Estados Unidos, cuyo peso político y económico dentro del sistema internacional —y del propio negocio del fútbol— parece actuar como escudo ante posibles medidas disciplinarias. Pero la realidad es otra: el ente dirigido por Gianni Infantino carece de marco jurídico para castigar a los países por sus relaciones exteriores. Mientras la suspensión de Rusia fue una respuesta directa a una invasión a gran escala que provocó una condena internacional unánime, las tensiones entre estadounidenses e iraníes se manejan como disputas diplomáticas y de seguridad, sin irrupciones con fines de apropiación de tierras, manteniendo la FIFA una postura de no exclusión y monitoreo. Sea polémico o no y aunque contrasta drásticamente con la firmeza mostrada en el antecedente ruso, el máximo organismo del fútbol mundial no cuenta con herramientas reglamentarias claras para sancionar a Estados por sus acciones militares.

Un detalle para nada menor pero que le da más peso y argumento a la no sanción, en este caso, a Estados Unidos: el Mundial se disputará en sus tierras, en conjunto con México y Canadá. Hasta el momento, aunque la Federación de Fútbol de Irán solicitó trasladar sus partidos de fase de grupos (disputará el grupo G con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda en Los Ángeles) a otro de los países anfitriones por falta de garantías de seguridad, la FIFA no ha recibido otras solicitudes formales de federaciones para boicotear partidos en territorio estadounidense, ni existe una afectación directa a la logística del torneo.

Además, el pasado jueves 30 de abril, Gianni Infantino anunció que el conjunto iraní disputará la Copa del Mundo. “Por supuesto, Irán va a jugar en los Estados Unidos de América. El motivo es muy sencillo: tenemos que unirnos y acercarnos a la gente. La FIFA une al mundo. Tenemos que recordar siempre que hay que ser positivos”, afirmó apenas comenzó el 76º Congreso de la FIFA celebrado en Vancouver, Canadá. Curiosamente, la federación de Medio Oriente fue la única ausente en la convención anual de la organización, aunque 9 días después confirmó que negoció ciertas condiciones que aseguren la seguridad para la delegación, el respeto hacia su cultura y la concesión de visados para el público iraní.

Pero así como preocupa la carencia de sanciones hacia los países implicados en el conflicto bélico, ¿quién asegura que la guerra se mantendrá en Oriente Medio y que Estados Unidos, con antecedentes de ataques terroristas no tan lejanos, no será atacado en pleno Mundial? ¿Nadie se cuestiona si las garantías están dadas para realizar la competición más importante del plano deportivo en suelo estadounidense?

Lo cierto es que la FIFA posee un reglamento que se contrasta de cierta manera con su accionar en ambos casos bélicos. Resulta inexplicable cómo un organismo de tal magnitud y relevancia, que aisló con una rapidez ejemplar a Rusia del panorama internacional, no cuenta con las herramientas legales necesarias que le permitan sancionar a los países que se bombardean mutuamente y provocan la muerte de miles de inocentes. No quiere decir que la guerra ruso-ucraniana esté bien o que se festejen los ataques de Medio Oriente, no, pero este caso que se da en simultaneidad pone en jaque a la FIFA y la opinión popular se cuestiona: ¿por qué se da esta disparidad incoherente de represalias? La doble vara, esta vez, quedó al descubierto

Mi nacimiento

Mariano junto a la Dra Claudia Canizzaro, por entonces Coordinadora del Programa de Diagnóstico y Tratamiento Fetal del Hospital Garrahan.

Por Mariano Tarradellas

Mi llegada al mundo no fue un proceso de rutina, sino el resultado de un operativo de alta complejidad destinado a garantizar mi primer aliento. Antes de nacer, mi supervivencia dependía de una intervención científica milimétrica que desafió un diagnóstico que, sin una acción inmediata, no permitía la vida extrauterina.

A través de estudios prenatales, la Dra. Claudia Cannizaro quien en aquel entonces era la Coordinadora del Programa de Diagnóstico y Tratamiento Fetal del Hospital Garrahan detectó que yo padecía el Síndrome de CHAOS. Técnicamente, este nombre describe una obstrucción total de la vía aérea superior; en mi caso, las cuerdas vocales estaban completamente “pegadas”, cerrando el paso al aire.

Esta obstrucción generó un efecto dominó durante mi gestación. Como el líquido que los pulmones producen normalmente no tenía salida, estos se inflaron como globos masivos, lo que se conoce como pulmones hiperecogénicos. La presión fue tan grande que desplazó mi corazón hacia un rincón de mi pecho, dejándolo sin espacio para funcionar correctamente. El escenario era crítico: al momento de nacer y cortarse el cordón umbilical, mis pulmones no tendrían forma de recibir oxígeno por sí solos.

Para salvarme, se coordinó un procedimiento EXIT (Ex Utero Intrapartum Treatment) en la Maternidad Sardá. Esta técnica es una cirugía que se realiza mientras el bebé todavía está conectado a la madre.

El procedimiento consistió en extraerme parcialmente del útero materno, pero manteniéndome unido a la placenta a través del cordón umbilical. Durante esos minutos cruciales, mi madre funcionó como un sistema de soporte vital externo mientras los cirujanos operaban mi cuello. En una maniobra de máxima precisión que duró apenas dos minutos y medio, los doctores Hugo Botto y Hugo Rodríguez realizaron una traqueostomía de urgencia para colocarme una pequeña cánula. Solo cuando verificaron que el oxígeno llegaba a mi sangre y que mis pulmones respondían, se procedió al corte definitivo del cordón umbilical. Una gratitud que trasciende la medicina.

Inmediatamente después de ser estabilizado, fui trasladado al Hospital Garrahan, un lugar que se convertiría en mi segunda casa y al que hoy guardo un respeto profundo. Allí, la complejidad de mi cuadro —que incluía una Malformación Anorrectal (MAR)— encontró respuesta en manos de especialistas como el Dr. Víctor Di Benedetto. No tengo más que palabras de agradecimiento para todo el equipo de la terapia neonatal y los cirujanos que se encargaron de reconstruir mi futuro a través de múltiples intervenciones. A ellos les debo la salud y la estabilidad que disfruto hoy.

Sin embargo, debo un gran reconocimiento es para mis padres. Pese a la incertidumbre y el peso emocional de aquellos años, ellos fueron mi sostén incondicional, permaneciendo a mi lado en cada internación y cada paso de este largo proceso. Su fortaleza fue el motor que impulsó mi recuperación, demostrándome que, más allá de la técnica médica, el amor y la presencia constante son los que terminan de sanar. Gracias a la experiencia de esos médicos y a la entrega inagotable de mi familia, hoy puedo estar aquí, estudiando la carrera que quiero y contando mi historia.

Nociones fundamentales sobre la nutrición deportiva

Por Luciana Gamarra

La nutrición deportiva cumple uno de los roles más importantes en el rendimiento físico y mental de cualquier persona que practique actividad física, pero su impacto es aún más significativo durante la etapa juvenil. En este período, el cuerpo no solo entrena, sino que también crece, se desarrolla y consolida hábitos que pueden acompañar toda la vida. Por eso, una alimentación adecuada es el principal sostén para la salud, el rendimiento y la prevención de lesiones.

En los jóvenes, una buena nutrición aporta la energía necesaria para sostener entrenamientos, mejorar la concentración y favorecer el desarrollo muscular. Consumir una combinación equilibrada de carbohidratos, proteínas y grasas saludables permite que el cuerpo funcione correctamente. Los carbohidratos brindan energía inmediata, las proteínas ayudan a la recuperación y construcción muscular, y las grasas saludables cumplen funciones hormonales y de protección. Además, vitaminas y minerales como el calcio, el hierro y el magnesio son claves en esta etapa, ya que intervienen en la formación de huesos fuertes y en la prevención de fatiga. A su vez, la alimentación también está directamente relacionada con la disciplina. Seguir un plan nutricional requiere organización, constancia y compromiso, valores que se trasladan al entrenamiento y a otros aspectos de la vida. Un joven que aprende a cuidar lo que come y respetar horarios, desarrolla hábitos que fortalecen su responsabilidad y su autocontrol. Esto no solo mejora su rendimiento deportivo, sino también su bienestar general.

Otro punto muy importante es el sueño. Una buena nutrición favorece el descanso, ya que ciertos alimentos ayudan a regular los ciclos de sueño. Por ejemplo, consumir comidas equilibradas y evitar excesos de azúcares antes de dormir contribuye a un descanso más profundo y reparador. Dormir bien es fundamental para la recuperación muscular y la prevención de lesiones.

En cuanto deportistas profesionales, la nutrición tiene un rol aún más importante. A niveles de alta exigencia, una mala alimentación puede aumentar el riesgo de lesiones, retrasar la recuperación y afectar el rendimiento. Un cuerpo mal nutrido tiene menos capacidad de regenerar tejidos, lo que puede terminar en desgarros, fatiga crónica o problemas articulares. En cambio, una dieta adecuada fortalece músculos, tendones y ligamentos, reduciendo significativamente estos riesgos.

En cuanto a los suplementos, su uso en deportistas juveniles debe ser cuidadoso. En la mayoría de los casos, no son necesarios si se lleva una alimentación equilibrada. El cuerpo joven, bien alimentado, puede obtener todos los nutrientes que necesita de los alimentos. El uso de suplementos sin supervisión puede ser innecesario e incluso perjudicial. Solo en situaciones específicas, y siempre bajo la indicación de un profesional de la salud o un nutricionista deportivo, podrían considerarse.

En conclusión, la nutrición deportiva no solo influye en el rendimiento, sino también en la salud, la disciplina, el descanso y la prevención de lesiones. En la juventud, establece las bases para un desarrollo saludable, y en el profesionalismo, se convierte en una herramienta clave para sostener el alto rendimiento. Aprender a alimentarse es, sin duda, una de las decisiones más importantes para cualquier deportista.