Por Santiago De Luca
A lo largo de los años en el mundo transcurrieron un sin fin de sucesos históricos, y el siglo xv, no fue para menos. En este, además de haber quedado marcado por el Renacimiento, sucedió la caída de Constantinopla, el encuentro de Cristóbal Colón con América, la invención de la imprenta, la expansión portuguesa impulsada por Enrique “el Navegante”, entre muchas otras cosas, en la que se hará hincapié en esta última.
Tras procurarse la nueva nave tipo carabela, Enrique fue responsable del temprano desarrollo de la exploración y del comercio marítimo con otros continentes a través de la exploración sistemática de África occidental, las islas del océano Atlántico y la búsqueda de nuevas rutas.
A 924 kilómetros de Mauritania, que en su momento su territorio pertenecía a tribus nómadas bereberes previo a la llegada de los Lusitanos, habitaba un archipiélago de diez islas volcánicas con una superficie terrestre combinada de aproximadamente 4033 km², la cual se mantuvo deshabitada hasta la llegada de los colonizadores.
Debido a que las islas se encontraban en una ubicación conveniente para desempeñar un papel en el comercio de esclavos en el Atlántico, Cabo Verde se volvió económicamente próspero durante los siglos xvi y xvii, atrayendo a comerciantes, corsarios y piratas. Durante el siglo xix se redujo económicamente debido a la supresión de la trata de esclavos y, pegando un gran salto en el tiempo, en 1951, el país se incorporó como un departamento de ultramar de Portugal.
El territorio se mantuvo al margen de la guerra colonial portuguesa, pero sus habitantes presionaron por la autonomía total representados por el Partido Africano para la independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde, que además pedía una unión política con la Guinea Portuguesa continental. Ambos países se liberaron por separado en 1975.
Sin embargo, el 28 de noviembre de 1961, nacería en Praia, hoy capital de Cabo Verde y en su momento capital de la Cabo Verde Portuguesa, un chico llamado Adriano Tomás Custodio Mendes, quien, lejos de sumarse al movimiento independentista, emigró a Argentina en 1974 con la edad de 12 años tras quedar huérfano y ser traído por su hermana mayor radicada en La Plata.
Comenzó su carrera futbolística en 1981 jugando para el ‘Pincha’, en donde se mantuvo en el club hasta 1984, con un préstamo entre el ‘82 y ‘83 en Danubio de Uruguay, e integró el equipo dirigido por Carlos Bilardo con figuras como Alejandro Sabella y José Daniel Ponce. En la institución conoció a Patricio Hernández, quién más adelante se convertiría en una persona muy importante para él. Este le decía que llegar a Primera era fácil, pero lo difícil era mantenerse. Cuando ya tenía un nombre en el fútbol, le contaba a la gente de Estudiantes que había un negrito en Inferiores que la estaba rompiendo.
En diálogo con TN, dijo: “Adriano se adapta muy bien a los grupos porque es inteligente y vivo. Siempre tenía buen humor incluso en la previa de los partidos. Era zurdo, cabeceaba bien y podía jugar como delantero o volante ofensivo. Tiene un físico privilegiado y no en vano jugó hasta los 38 años”.
Sus primeros años en la Argentina fueron difíciles porque le costó adaptarse. Mendes, en una entrevista también con el mismo medio, explicó: “La primera vez que me dijeron “negro” a un pibe lo corrí tres cuadras hasta que se metió en su casa. Recuerdo que volví llorando y mi hermana me dijo que decir “negro” era natural. Mira si logré adaptarme a este hermoso país que si hoy me decis Custodio, no me hago cargo, pero si me decís negro, me doy vuelta al toque. A pesar de eso, sufría discriminación permanentemente. Incluso lo padecí de grande, ya siendo jugador profesional. La discriminación racial te la hacen sentir incluso dentro de la cancha”.
En 1985 pasó a Temperley, en donde estuvo un año nomás antes de irse a préstamo por dos años al Blooming de Bolivia. En 1988 fue a Cerro Porteño de Paraguay donde jugó la Copa Libertadores, en 1989 pasó a Colón de Santa Fe, donde permaneció una temporada y sería San Martín de Tucumán su nuevo destino. Jugó ahí hasta 1991, cuando se fue a Chile para formar parte de las filas de Santiago Wanderers.

En 1992 estuvo en Racing de Olavarría, después en el Deportivo Táchira de Venezuela hasta 1993. En ese año regresó a la Argentina para jugar en Chacarita Juniors, en donde se quedó hasta 1994. En la temporada ‘95 regresó a Chile, defendiendo la camiseta de Deportes Iquique y a mediados de diciembre de 1996, se incorporó al Club Broncos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
En 1997 regresó a Temperley, donde jugó una temporada y en 1998 pasó al equipo barilochense Martín Güemes del Torneo Argentino B (cuya liga como tal dejó de existir en 2018, pero en 2027 retomará como una nueva cuarta división con el nombre “Torneo Argentino del Interior”) y se retiró allí en diciembre de ese año. En diálogo con TN explicó: “Viajamos a Cutral Co a jugar un partido definitorio pero teníamos la información de que éramos boleta de antemano. Yo jugué en una época donde los árbitros insultaban a los jugadores, era un fútbol donde solo había una cámara de filmación. Nos empezaron a “bombear” y junto a Jose Percudani lo fuimos a encarar al árbitro. Le dije “este es mi último partido, lloré, reí, gané y perdí. Si me cagás te vas a acordar toda tu vida de mí”.
No cobra una infracción ante un compañero y cuando le voy a reclamar me saca la amarilla y como me descontrolé le pegué una piña. Me despedí del fútbol como yo lo soñé, me desquité del maltrato que tenían los árbitros hacia mí.”
El delantero, que metió 84 goles en 340 partidos, se conectó tanto con nuestro país a tal punto de obtener la nacionalidad. Por lo que no importa que sea de Cabo Verde y tenga sangre portuguesa, el argentino nace donde quiere.




