Por Lucas Grosso
En el Mundial de Qatar, aproximadamente 30 jugadores se lesionaron para la cita (entre ellos Karim Benzema, último ganador del Balón de Oro antes del torneo) la cual se disputó entre el 20 de noviembre y el 18 de diciembre de 2022, en el ecuador de la temporada europea, por lo que la mayoría de los futbolistas venía arrastrando una gran fatiga.
Sobre el campeonato actual no hay una cifra sobre la cantidad exacta de lesionados, ya que ningún cuerpo técnico quiere revelar las debilidades de su equipo, pero se estima que la suma ronda 30 futbolistas entre los que se lo perderán completamente y quienes lo van a jugar con ciertas molestias. Hay que tener en cuenta que recién acaba de terminar la fase de grupos y que la cantidad de encuentros en la competencia aumentó, por lo que es esperable que la estadística supere a la de hace cuatro años.
Según cifras de Howden Professional Sport, una aseguradora especializada en gestión de riesgos deportivos, en las cinco ligas de mayor relevancia en Europa (inglesa, española, italiana, alemana y francesa), en el año 2024 se produjeron 4.123 lesiones en 4232 partidos, promediando prácticamente una por partido. En comparación, en 2020 ese número era 3504.
¿Qué causó ese aumento?
Una de las competencias que alimentó este caos en el calendario fue el Mundial de Clubes, en el que participaron 32 instituciones, propuesta impulsada por Gianni Infantino ante la negativa popular respecto a organizar el de selecciones cada dos años. Muchos jugadores estaban descontentos con el nuevo campeonato. Por ejemplo, Raphinha dijo: “En ningún momento nos preguntaron a los jugadores si queríamos renunciar a nuestras vacaciones”. El mes en el que la mayoría de las ligas descansan, fue designado para crear un torneo que a futuro generará millones de dólares para la FIFA.
Pero los campeonatos predilectos de la Federación presidida por Gianni Infantino no son los únicos que aumentaron su volumen de encuentros. Es una tendencia que también se está adoptando en confederaciones continentales como la UEFA, presidida por Aleksander Ceferin, quien sobre el aumento de cupos para el Mundial de naciones dijo: “Tenemos una gran cantidad de partidos que no son atractivos en lo absoluto”. Pareciera que no recuerda que en la institución que dirige desde 2016, se creó la Nations League durante su mandato, torneo que en una de sus zonas enfrenta a Gibraltar, Malta y Andorra. Lejos de ser un comentario despectivo a estas selecciones, lo que refleja en su accionar es que no es una crítica fundamentada en el espíritu competitivo, sino basada en la imposibilidad de seguir recaudando dinero a través de campeonatos propios durante una parte del año.
Las tres competencias del viejo continente (una de ellas, la Conference League, disputada por primera vez en 2021), aumentaron su duración considerablemente. Anteriormente se disputaban 6 fechas de fase de grupos en la Champions y Europa League. Pasando la fase inicial, eran 7 partidos hasta una eventual final. En el caso de las inferiores a la Liga de Campeones, contaban con una ronda preliminar antes de los octavos de final entre los segundos de cada grupo y los terceros de la competencia inmediatamente superior.
Hoy esos números mutaron a 8 enfrentamientos en la primera mitad y, en el peor de los escenarios, 9 en las rondas eliminatorias al añadirse un repechaje entre el noveno y el vigésimo-cuarto clasificado.
Pasar de 13 a 17 partidos no parece un cambio tan tremendo, pero hay que tener en cuenta que cada partido de un certamen internacional es igual a una semana en la que un equipo disputa 2 (o hasta 3) contiendas en 7 días. Es decir, que se pasó de prácticamente 3 meses de desgaste de más de un partido por semana a más de 4.
No se puede ignorar que los encuentros que se agregan en torneos como la Champions League o el Mundial de Selecciones, pueden ser de vital importancia para la carrera de un deportista, por lo que no es sencilla la decisión de perderse un partido con la excusa de que están fatigados.
Este aumento constante no tiene otra explicación más que el beneficio económico, ya que cada vez que los actores salen a la cancha, se forma un espacio más en el que vender publicidades, entradas (constantemente encarecidas) y, lo que más porcentaje del ingreso tiene, mayor recaudación por los derechos televisivos.
Pero este factor tiene una aclaración: las transmisoras no pagan un monto fijo por cada fecha: no todos los partidos valen lo mismo. Los canales que televisan los enfrentamientos no ven tanto rédito económico si una de las fechas pone a competir a dos equipos sin interés por parte del público.
Esto quiere decir que el valor por partido baja, y aunque el fútbol no es una ciencia exacta, se puede considerar que el valor deportivo también lo hace al incluir clubes y selecciones que no dan la talla en torneos con rivales de máxima exigencia.
La cifra prevista de la Federación Internacional de Fútbol para recaudar finalizado el campeonato mundial es de 12.000 millones de dólares, como contrapunto, la cifra en 2022 alcanzó los 7.500 millones, según El Economista.
Obviamente este crecimiento no solo es producto del aumento de 64 a 104 enfrentamientos, también tienen buena parte de la responsabilidad el excesivo precio de las entradas (para el cual la FIFA desarrolló un sistema en el que actúa como intermediario y aún en las reventas entre terceros percibe un porcentaje) y los seis minutos de publicidad que se añaden en el evento de mayor resonancia deportiva durante cada partido debido a los “cooling break”. 624 son la cantidad de minutos de publicidad que suman los 104 encuentros de este certamen, como para tener una idea de cuánto dinero extra se genera en las arcas de la asociación civil sin fines de lucro que regula el fútbol con esta simple adición de 3 minutos de descanso por tiempo.
La pausa de hidratación es un caso que a la FIFA le calzó justo. Para el Mundial de Clubes 2025, FIFPRO (el sindicato que defiende los intereses de los futbolistas), le solicitó a la entidad internacional que agregue descansos para los atletas durante cada mitad.
Pero la idea viene de más atrás todavía, en el Mundial de Brasil 2014 habían sedes que contaban con altas temperaturas: como Manaos, Fortaleza o Recife. El Tribunal Laboral Brasileño le impuso a la FIFA que le otorgara una pausa a los deportistas en partidos que superaran los 32°. En caso de no cumplirla, debían desembolsar 90.000 dólares.
Se ve que desde la asunción de Gianni Infantino la federación supo aprovechar bien las exigencias de agentes externos, esta vez trayendo 3 minutos de descanso con espacio publicitario para las transmisiones televisivas. De las cuales la organización con base en Suiza no percibe un peso, pero obviamente a la hora de vender los derechos, la FIFA sabía que las ganancias de los canales iban a aumentar, por lo que los derechos se vendieron más caros.
Ante la posibilidad de recaudar tanto dinero, cada espacio libre en la agenda es una disputa en la que federaciones mundiales, continentales y nacionales se debaten quién recaudará más dinero, y consecuentemente, más poder.
La voz de un profesional
Pero el actor más perjudicado en todo este sistema es nada más ni nada menos que el dueño del deporte: el futbolista. Porque sí, a pesar de que sin hinchas no es lo mismo, durante la pandemia se demostró que los que realmente tienen la pelota no son otros que los veintidós que salen a la cancha.
Sobre esto se refirió Fernando Signorini (histórico preparador físico de Diego Maradona durante 11 años (1989-94) y luego integrante de su cuerpo técnico en Sudáfrica 2010) en la última charla de IPIDEP: “El fútbol es una construcción social, una expresión cultural de las clases populares avasalladas por el negocio. Hoy el Mundial muestra el color, la música, los hoteles 5 estrellas, sostenidos en los chicos que nacen en la pobreza. ¿Hay que agradecerles a Trump y a Infantino? No, a los pibes de las villas”.
Pero, ¿es plausible que los futbolistas renuncien a los contratos millonarios que sus clubes y sponsors les propinan por participar en una cierta cantidad de partidos? Signorini también se expresó al respecto: “El fútbol de hoy es para dominarnos. El himno, el cooling break, todo es por publicidad. Los jugadores no tienen idea del poder que tienen, pero les hace falta solidaridad”.
Entonces, solo queda preguntarse:
¿Los planteles deberán extenderse, y por ende, los clubes asumir una mayor erogación de dinero?, nosotros los espectadores ¿Vamos a seguir mirando todo torneo que se nos ponga enfrente y alimentar esta vorágine?




