Por Valentín Gerez, Francisco Gomila y Lisandro Torres
La historia del entrenador argentino que utilizó un recital de su banda de rock favorita para jugar un Superclásico.
Diego Placente camina por el predio de Ezeiza con un café en su mano derecha, una carpeta bajo su brazo izquierdo y sus auriculares negros en su bolsillo. Al llegar a su despacho, se sienta a analizar partidos de los futuros convocados para la Selección Argentina sub 20 de cara al próximo torneo sudamericano. En ese momento se pone sus audífonos, abre Spotify y suena de fondo La Mosca y La Sopa, el disco que lo acompaña desde sus 15 años, cuando fue a ver a Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota por primera vez.
La emblemática banda liderada por Carlos “el Indio” Solari y Skay Beilinson siempre formó parte esencial de la vida del entrenador argentino. Desde su adolescencia, el nacido en Villa Bosch un 24 de abril de 1977 se apoyó principalmente en el fútbol y la música, y adoptó las misas ricoteras como un espacio para desahogar las penas que a veces el fútbol no le permitía descargar con la misma soltura. Un tipo tranquilo, de perfil bajo, de 1,76 metros, que en la cancha supo ser un defensor aguerrido pero prolijo, y como entrenador se muestra muy enfocado en la formación y educación de los chicos.
“Se venía el Boca – River y yo tenía algunas amarillas, y justo tocaban Los Redondos en River. Había pegado una patada y no me sacaban amarilla, faltaba poco, y entonces hice la típica del lateral. Así fui al recital y me limpié para el Superclásico, había matado dos pájaros de un tiro”, contó en una entrevista para TyC Sports en 2022. Esto ocurrió durante un River – Vélez en el Torneo Clausura 2000, cuando jugaba de zaguero central izquierdo y vestía la banda roja. También dijo en la misma entrevista que le hubiese gustado ser músico, pero que nunca dominó los instrumentos.
Hoy, esa intensidad que vivió en los pogos ricoteros, la traslada a sus equipos y al día a día. Mientras los jóvenes promesas de la sub 20 charlan y toman mate en el micro, Placente cierra los ojos y escucha Un Ángel Para Tu Soledad. La guitarra de Skay y las frases del Indio le recuerdan a aquellos días dorados, en los que saltaba con una gran euforia junto a sus amigos y miles de fanáticos más. Porque Los Redondos para él no son solamente una banda de rock, sino también una forma de vida.




