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La historia de Ángel Tuma, el médico de Olimpo que terminó como presidente del club

Por Tobías Muntaner

Olimpo de Bahía Blanca se fundó el 15 de octubre de 1910 luego de que un grupo de ciudadanos bahienses se reunieran con la intención de formar un club. ¿Quién fue el presidente? Jorge Avellanal, un uruguayo que eligió que los colores de la institución -amarillo y negro- porque era hincha de Peñarol. Otro de los presidentes más importantes de la historia del club fue Roberto Nicolás Carminatti, quien fue el mandamás en cuatro ocasiones (1915, 1923-1924, 1927-1945, 1962-1963) siendo él quien más tiempo estuvo en el cargo en la historia del club aurinegro. La cancha de Olimpo desde 1975 lleva su nombre para recordarlo.

Pero sin dudas si se le pregunta a un hincha de Olimpo quien fue el presidente más relevante en toda su historia va a responder Jorge Ledo, quien comandó en dos ocasiones (1999-2007 y 2008-2011). Ledo tomó el cargo cuando el club pasaba por un muy mal momento económico, cerca de la quiebra y aun así para la temporada 2001/2002 consiguió el primer ascenso a Primera División en la historia para un club bahiense. Murió el 8 de abril de 2011 mientras continuaba en el cargo.

Como también hubo presidentes que estuvieron muy bien formados y lograron grandes cosas en el club, hubo otros que no. Uno de ellos fue Mauro Altieri, quien asumió luego de ganar las elecciones en 2017,y en dos temporadas descendió al club de la Primera División al Torneo Federal A (torneo que aún sigue jugando Olimpo). Altieri y su comisión no tuvieron tampoco un buen manejo económico porque tuvieron deudas que la actual dirigencia terminó de pagar recién en agosto de 2023. Ante una inminente renuncia, no se sabía quién debía tomar el cargo de presidente. Alfredo Dagna ,quien fue el dirigente de mayor peso desde la defunción de Jorge Ledo hasta 2017, había perdido las elecciones y entonces no podía tomar el cargo, así que se eligió que quien debía hacerlo sea Ángel Tuma.

¿De quién se trata? Tuma es el médico de Olimpo desde 1997, fue despedido del club en 2017 cuando asumió Altieri y volvió a su cargo recién en 2021 cuando Dagna fue reelecto. El doctor tuvo una posición muy incómoda, ya que pasó de ser compañero de trabajo al jefe de todos los empleados del club. “En un asado, Dagna me dice ‘Tenés que agarrar como presidente y yo te voy a ayudar’. Así que sin pensarlo lo agarré. Si me hubiera dado tiempo de pensarlo hasta otro día, le hubiera dicho que no”, reveló Tuma sobre cómo se le presentó la oportunidad. También aclaró que nunca le interesó hacerlo pero que vio que era una manera de ayudar a Olimpo en un momento muy complejo.

“Cuando yo agarré el cargo estaban con cuatro meses de sueldo abajo, no teníamos ni un peso así que estaba complicado. Más de una noche no he dormido”, comentó Ángel. El trato con los empleados era igual de cuando él era el médico del club, tenía una relación de amistad, pero se hacía difícil saber que no les podía pagar.

Tuma tuvo situaciones muy complejas además de lo económico estando al cargo de Olimpo. El 9 de febrero de 2020 se jugó el “clásico” bahiense en la cancha de Villa Mitre. Parte de la hinchada de Olimpo acompañó el micro de los jugadores, llegando a destino ambas parcialidades se cruzaron y se dispararon culminando con la muerte de Emanuel Castillo, hincha de Olimpo.

Otro de los escándalos que tuvo el club estando Tuma al cargo fue el de Alejandro “Cachorro” Abaurre, quien era en ese momento el director técnico del aurinegro. A Abaurre se le acusó de pedir favores sexuales a cambio de titularidades, el “Cachorro” renunció al cargo cuando este rumor se viralizó y hasta expresó que quiso suicidarse a los días de dimitir. En 2021 fue reelecto Dagna y sigue siendo el presidente de Olimpo, mientras que Angel Tuma volvió a su cargo de médico, con el que llegó a Olimpo.              

La identidad no se negocia: qué filosofía futbolística pregonan los cinco grandes

Por Rodrigo López

Más allá de los resultados y las épocas, los cinco grandes del fútbol argentino han construido una manera propia de jugar, sentir y competir que aún hoy condiciona su presente. Hablar de Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo es remitirse a una identidad futbolística que se transmite de generación en generación, incluso cuando los protagonistas cambian.

Boca Juniors construyó su perfil desde el pragmatismo. Su prioridad histórica es ganar “por ser Boca”, imponiéndose al rival mediante la autoridad, el rigor físico y un carácter inquebrantable. Son equipos intensos, con gran capacidad de adaptación. En la lógica xeneize, sostenida por la mística de la Bombonera, el resultado suele imponerse sobre la estética. Esta filosofía de “garra y eficacia” tuvo como símbolos a Blas Giunta, emblema del sacrificio, y Martín Palermo, ejemplo de resiliencia goleadora. Incluso ante talentos como Maradona o Riquelme, el juego se expresó en una mezcla de viveza, control de los tiempos y una rebeldía que no acepta la derrota.

River Plate desarrolló una identidad ligada al protagonismo y al “jugar bien y ganar”. El ideal millonario es dominar el partido a través de la posesión, la presión alta y la búsqueda constante del arco rival. El origen está en “La Máquina” de los años 40, con Labruna, Moreno y Pedernera, que instalaron un estilo asociado al juego colectivo y estético. Esa línea continuó con figuras como Francescoli y Ortega, y se modernizó con Marcelo Gallardo de entrenador. En Núñez, ganar es la meta, pero el buen juego es lo que valida cualquier éxito.

Independiente privilegia el fútbol de “galera y bastón”, asociado a la técnica y la circulación precisa como forma de dominio. Esa identidad se consolidó en sus épocas doradas, donde el club se ganó el apodo de “Rey de Copas”. Arsenio Erico fue un símbolo, mientras que Ricardo Bochini llevó esa idea a su máxima expresión, con su pausa, pase filtrado e inteligencia para manejar el ritmo del partido. A pesar de la actualidad, la exigencia por el buen fútbol sigue siendo central en la identidad del Rojo.

En la vereda de enfrente, Racing Club construyó su identidad desde la intensidad y el protagonismo emocional. “La Academia” se asocia a equipos que buscan imponer ritmo y presionar alto. El “Equipo de José”, campeón del mundo en 1967, fue su punto más alto, combinando orden táctico y mentalidad ganadora. Desde entonces, Racing quedó ligado a la idea de ir al frente, muchas veces sostenido más por el empuje que por la elaboración. Su identidad se define por la entrega y la capacidad de competir en contextos adversos. Hoy, Gustavo Costas representa ese estilo basado en pasión y carácter.

San Lorenzo moldeó su identidad desde el equilibrio y la resiliencia. Se caracteriza por equipos ordenados y competitivos, capaces de adaptarse a contextos difíciles sin perder eficacia, con antecedentes de buen juego como el de René Pontoni. El punto más alto llegó con “Los Matadores” de 1968, primer campeón invicto del profesionalismo, un equipo sólido y con personalidad. Desde entonces, el Ciclón quedó asociado a la idea de competir siempre, priorizando el orden táctico y la respuesta ante la adversidad.

Así, los cinco grandes no solo se diferencian por sus títulos, sino por una identidad que sobrevive al tiempo y a la historia.

Federico Freire, el exfutbolista que sufrió la diabetes y ahora trabaja en concientizarla

Por Pedro Berrutti

Federico Freire es exfutbolista y fundador de la organización Diabetes en Movimiento. Hoy en día trabaja en concientizar y educar sobre la enfermedad luego de lo que él atravesó cuando se la detectaron y cómo, a pesar de ello, logró ser un deportista de alto rendimiento, debutando en Vélez y llegando a tener un paso por Europa.

En 2005 fue convocado a la selección argentina sub17 y fue en ese momento cuando le detectaron Diabetes Mellitus tipo 1. Le comunicaron que no podía viajar al Mundial juvenil e incluso no podría jugar más al fútbol. Esa noticia para él y su familia fue un baldazo de agua fría en el momento, pero después de poco más de un mes de peleas y angustia conoció a su diabetólogo Luis Grosembacher. “Fue una persona fundamental en mi vida y en mi proceso con la diabetes. Me ayudó a soltar el miedo y a entender que el control estaba en mis manos”, contó el exfutbolista de Catania.

También comentó que le enseñó detalles que lo ayudaron a sentirse pleno y que “cuando uno se ocupa, la diabetes deja de ser un problema”. Después de años aceptando y adaptando la patología a su vida, llegó Ricardo Gareca, entrenador de Vélez en aquel entonces para informarle que lo quería llevar a hacer la pretemporada con la Primera. “En un mundo tan competitivo, donde tantos quieren estar, lograrlo es algo único. Más aún por todo lo que me tocó atravesar en el camino”, expresó Federico sobre los sentimientos tras el llamado del Tigre en 2011.

Con respecto a su debut en la Primera División, agregó que ese hecho le enseñó que los objetivos se logran con trabajo, constancia y claridad, que cuando sabés lo que querés y sostenés el esfuerzo en el tiempo, los objetivos llegan, y sentenció diciendo que “La disciplina, siempre, termina superando al talento”.

En varias de sus entrevistas, Freire hace hincapié en el poco conocimiento sobre cómo tratar esta enfermedad durante el tiempo que fue jugador profesional: “Me sorprendió mucho ver que, a lo largo de mi carrera, muchas personas -incluso profesionales de la salud- no tenían claro qué implica vivir con diabetes”. Sumado a esto, mostró disconformidad ante la recurrente pregunta sobre lo limitante de la diabetes. “Yo lo veo distinto. No es un límite, es una condición”, opinó, y agregó que “bien gestionada, te permite vivir una vida plena. La clave está en ocuparse, no en preocuparse”. 

Sobre el final de su carrera, recibió el llamado de una madre pidiéndole ayuda luego de que a su hijo le detecten la misma patología que tenía él. Reveló que ese pedido le hizo un “click muy fuerte” y logró entender que “hay una gran falla en el sistema y en la educación sobre esta condición”. Y agregó: “Sentí que había que hacer algo. Crear un espacio donde las personas puedan sentirse acompañadas, trabajar su mentalidad, adquirir conocimiento real aplicado a su vida y tener un plan de acción claro para ir por sus objetivos”.

A través de esta experiencia surgió su idea de crear un programa de educación sobre la DM1, no solamente para las personas con diabetes, sino también para sus familias. Gracias a su educación y formación en el tema, este año tuvo la posibilidad de volver a Vélez en una jornada de capacitación sobre dicha condición. “Fue algo muy especial. Ver a un club de este nivel apostar por la educación en diabetes”, expresó el líder coach de Diabetes en Movimiento, demostró haber sido algo muy movilizante para él y sostuvo estar “disponible para ayudar: a veces es conocimiento y otras, simplemente estar presente”.

Freire dejó un mensaje luego de todo lo que atravesó y aprendió: “Las piedras en el camino vienen a enseñarte algo, a mostrarte algo que todavía no estás viendo. Es fácil caer en el papel de víctima, pero la verdadera pregunta es: ¿Por qué a mí no me podría tocar esto?. Aceptar las emociones, transitarlas y ponerlas sobre la mesa es parte del proceso. Pero después, hay que actuar. La diabetes me enseñó que la vida se transforma a partir de las acciones que tomás todos los días. Ahí está la diferencia entre avanzar o quedarse”. 

De figuritas y ausencias

Por Renzo Torregiani

El lanzamiento del álbum de la Copa del Mundo 2026 se llevó a cabo el 30 de abril, siendo el más grande de la historia con 112 páginas y 980 figuritas. La versión de tapa blanda tiene un precio de entre 12 y 15 mil pesos, y cada paquete de siete figuritas cuesta dos mil pesos.

Lo llamativo de esta edición no está en el dinero que cuesta completarlo, en la cantidad de cromos, ni en el número de selecciones. Lo más relevante son las ausencias de grandes jugadores: Neymar, Manuel Neuer, Rayan Cherki, Lisandro Martínez, Eberechi Eze, Thiago Almada y Kyle Walker, entre otros, no aparecen entre las pegatinas coleccionables, mientras que muchos de ellos tienen grandes chances de participar de la próxima Copa del Mundo.

El primero de los mencionados es el futbolista más importante de los últimos 15 años de la Selección Brasileña de Fútbol, con 79 goles y 59 asistencias en 128 partidos oficiales. Además, es el máximo anotador de la historia de la selección de Brasil y está a solo 14 partidos de superar a Cafú como el jugador con más presencias en la historia de la Canarinha. 

Pero, ¿cuáles fueron los grandes ausentes en el álbum de Catar 2022? En la Selección Argentina los faltantes principales fueron Gonzalo Montiel, quien pateó el penal decisivo para ser campeón del mundo, Enzo Fernández, que fue elegido como el mejor jugador joven de la competición, y Alexis Mac Allister.

El defensor de River no tuvo una gran participación dentro del campo, pero sí pateó dos penales decisivos, contra Países Bajos y Francia, en aquella competición. Una de las razones para aparecer dentro de los cromos de la Selección Argentina era haber sido titular en tres de los cuatros partidos que jugó durante la obtención de la Copa América 2021. 

Distinto es el caso de los volantes argentinos, los cuales llegaban con poca participación en la selección mayor. Fernández jugó por primera vez con la camiseta argentina en septiembre de 2022 en un amistoso contra Honduras e hizo su debut oficial en el partido contra México durante el Mundial. Mac Allister, por su parte, solo había disputado dos partidos oficiales, contra Venezuela y Ecuador, y seis amistosos con la albiceleste. 

La Selección Francesa de Fútbol, por su parte, no contó con las presencias de Dayot Upamecano y Olivier Giroud, ambos titulares en la final del Mundial. Además, el delantero anotó cuatro goles y dio una asistencia en cinco titularidades.

En Brasil, las ausencias más resonantes fueron la de Rodrygo, que venía de ganar La Liga y la Champions League con el Real Madrid, y Dani Alves, quien es considerado uno de los mejores laterales derechos de la historia del fútbol.

El delantero de La Canarinha jugó 180 minutos repartidos en cinco partidos, solo uno como titular, y repartió una asistencia, sin embargo, siempre será recordado por malograr el primer penal de la serie ante Croacia. 

Por su parte, el ex defensor de Barcelona, Juventus y PSG, en el partido frente a Camerún se convirtió en el jugador más longevo en disputar una Copa del Mundo con Brasil, con 39 años, superando la marca establecida por Thiago Silva, con 38, también en Catar 2022. 

Otro de los agitadores de Catar 2022 fue Marruecos, que entre sus cromos ausentes tuvo a tres pilares fundamentales del funcionamiento del equipo: Noussair Mazraoui, Azzedine Ounahi y Hakim Ziyech

El lateral derecho del Manchester United jugó cinco partidos, acumulando 367 minutos. Fue reemplazado a los 82 minutos en los octavos de final frente a España por una lesión en el cuádriceps, que lo marginó del partido contra Portugal. Volvió a jugar en semifinales ante Francia, pero sólo aguantó 45 minutos y no salió a jugar el segundo tiempo. 

Ounahi estuvo presente en los siete encuentros del combinado marroquí en la última cita mundialista y sumó un total de 570 minutos. Su despliegue físico, precisión en los pases y capacidad de regate, lo convirtieron en una de las revelaciones del torneo, llamando la atención de los grandes clubes europeos y siendo elogiado públicamente por Luis Enrique, tras su gran partido ante España. 

Ziyech fue el subcapitán de Los Leones del Atlas en aquella competición, portando la cinta en la derrota 2-1 ante Croacia por la medalla de bronce, debido a la ausencia de Romain Saïss. El ex extremo de Ajax y Chelsea participó de los siete partidos de su selección, jugando 631 minutos, anotando un gol y repartiendo una asistencia. 

La Copa del Mundo 2026 comienza en tres semanas: ¿cuál será la figura ausente más importante de la próxima cita mundial?

El Talismán de Argentina: llanto en Brasil y su lucha por estar en otro Mundial

Por Matías Recchioni

Mundial de Brasil 2014. Un 9 de julio. En São Paulo. Luego de 120 minutos sin goles ante Países Bajos, la tanda de penales definió al clasificado. Argentina, entrenada en ese entonces por Alejandro Sabella, volvió a una final del mundo tras 24 años. Los jugadores festejaban, pero la cámara se fue con la tribuna. Allí apareció él. Tenía la cara pintada, dividida en dos, con los colores de la bandera y una camiseta de San Lorenzo con el 33 en el pecho. Llorando. Pero era un llanto de alivio y emoción por el momento. Acompañado del grito “¡Vamos!” estaba Rodrigo González Cejas, alias Máquina o Talismán. 

Rodrigo es una persona muy creyente. Viaja todos los años a Tilcara, el religioso pueblo en la Quebrada de Humahuaca. Conecta con la espiritualidad muchas de sus situaciones en la vida. “Dios me hizo conocido con la gente, pero me tenía una misión. Había que pasar por lo peor (refiriéndose a las finales perdidas) para ver cómo fue cambiando. Me mostró que todo era posible. Me mostró lo mejor”, expresó desde un bar mientras almorzaba. 

Otra muestra de su fe en Dios fue en 2017, cuando viajó a Israel en uno de sus pocos viajes de ocio. En Jerusalén, mientras recorría la ciudad sagrada del catolicismo, uno de sus compañeros de excursión lo encaró en inglés, idioma que es básico para Rodrigo a pesar de tantas travesías, y “me señaló la camiseta de Argentina, en el escudo, me dijo que íbamos a tener tres estrellas y que yo iba a ver ese día”. Ese momento quedó grabado a fuego dentro de su mente. “Cuando pasó lo de Catar me acordé de ese hombre, fue una de las maneras que Dios se comunicó conmigo”, agregó. 

Su vida fuera de las tribunas no es muy diferente a la del resto. Es abogado desde 2008, trabaja en el estudio jurídico de sus padres, con quienes comparte profesión. Para viajar usa su dinero y también pide ayuda a sus padres, familiares, y al banco. Además, hace sus propios sacrificios y confesó los sacrificios que hace para ir a los eventos y mundiales: “No me doy gustos. El auto lo vendí antes de ir a Catar, si ando en monopatín no tengo ningún problema”. 

También, en las redes sociales cuestionan la forma en la que gasta su patrimonio. “Muchos dicen que si tuvieran ese dinero harían lo mismo que yo. Hay que tener condiciones para estas cosas, no solo la plata. La logística, cómo averiguar todo. Tengo más de 30 años de cancha. La mayoría no haría ni un cuarto de lo que hago yo”, sentenció. 

Sobre otros comentarios explicó:  “La gente se imagina muchas cosas que no son realidad. Dicen que cobré una herencia y por eso hago estos viajes. No entiendo por qué buscan minimizar todo lo que hacés”.

Desde la Copa del Mundo celebrada en Brasil hace 12 años la Selección Argentina disputó 148 partidos entre todas las competencias posibles. Talismán asistió a todos, o casi todos. Su única ausencia fue en el partido ante Uruguay por las Eliminatorias Sudamericanas en La Bombonera por noviembre de 2023. ¿El resultado?. Victoria de los charrúas por 0-2.

Rodrigo, para el último Mundial tuvo la suerte de conseguir entradas fácilmente, y asistió a 48 partidos en total. Pero en 2026 todo es más complejo.  “Este mundial estoy medio complicado. No puedo estar comprando entradas a lo loco. En Catar salían a un precio y ahora están cuatro veces más. Además, la FIFA se avivó de la reventa y sacó una oficial. Una entrada para la final está a más de 10 mil dólares”, indicó.  

A pesar de su preocupación por las entradas, aclaró varias veces que no pretende que se las regalen, él quiere que la AFA o algún sponsor le diga el precio y está dispuesto a pagarlas al valor oficial, para no estar rompiéndose la cabeza por no poder ir a un partido de Argentina.

Falta menos de un mes para que la Selección Argentina debute en la Copa del Mundo 2026 ante Argelia. Los dirigidos por Lionel Scaloni llegan como campeones del torneo y, por qué no, siendo favoritos al bicampeonato. Rodrigo estará cómo siempre, porque ya tiene los pasajes, pero su preocupación pasa por otro lado: conseguir las entradas para los partidos a un precio razonable. ¿Podrá lograrlo, y cumplir con la tradición de ser el Talismán de la Selección?

“Atajo yo, Marcelo”: una noche histórica para River

Por Agustina Andrada

El 19 de mayo de 2021, tras registrarse más de 15 casos de coronavirus en el plantel de River, el equipo sufrió una ola de bajas automáticas para la Copa Libertadores. Sin arqueros disponibles y con varios juveniles en la lista, el Millonario debía hacerle frente a Independiente Santa Fe en un partido clave. Fue entonces cuando Enzo Pérez decidió escribir una página dorada en la historia del club, con la que revivió la mística del 9 de diciembre de 2018, otra de las fechas más gloriosas del mediocampista con la camiseta del millonario. El campeón de América volvía a vestirse de héroe: arrastrando un desgarro, se calzó los guantes en una velada que quedó grabada a fuego.

Ante las ausencias de Franco Armani, Enrique Bologna, Germán Lux y Franco Petroli por el virus, Enzo no dudó en levantar la mano. Aun arriesgándose a quedar expuesto por la falta de oficio en el puesto y por la gravedad de su lesión en el isquiotibial derecho, asumió la responsabilidad de proteger los tres palos. Finalmente, el equipo dirigido por Marcelo Gallardo se impuso por 2-1 ante el conjunto colombiano, un resultado que lo dejó con un pie y medio en los octavos de final.

De aquella noche fría de mayo quedaron postales imborrables: el saludo con el guante en alto, el buzo verde fosforescente, el abrazo final con Gallardo y la sonrisa de oreja a oreja del mendocino. Luego de esta actuación, los hinchas enaltecieron al “arquero” con constantes muestras de afecto. No obstante, el gran valor extra de la jornada fue el compromiso colectivo del resto de los futbolistas: conscientes de que en el arco había un compañero sin experiencia y disminuido físicamente, se sacrificaron al máximo para evitar que el rival pudiera rematar con comodidad. Además, River jugó sin hacer sustituciones porque no tenía suplentes disponibles.

A cinco años de aquella gesta, el Museo River exhibe la réplica del buzo y los guantes que Germán Lux le prestó al ídolo millonario, inmortalizando uno de los momentos más singulares del fútbol moderno. Enzo se convirtió en una leyenda para los hinchas, quienes, incluso con otros colores en el pecho, siguen celebrando cada uno de sus triunfos.

Exequiel Zeballos, la eterna promesa

Exequiel Changuito Zeballos
Exequiel Changuito Zeballos

Opinión. Por Francisco Gomila

“Será la vida que siempre nos pega un poco, nos encandila con lo que está por venir”

Bicho de Ciudad, canción de Los Piojos en su disco Civilización

Entre lesiones, momentos irregulares, resultados adversos y muchas pero muchas bicicletas llegó la despedida que quizás veíamos venir, pero el afán por mirar hacia otro lado y seguir hacia adelante de alguna forma prevalecía. Exequiel Oscar Zeballos, de 24 años, más conocido como el Changuito y posterior evolución de su apodo a el Chango, será vendido a fines de junio del Club Atlético Boca Juniors. Jugará ante Cruzeiro y Universidad Católica sus últimos partidos con la camiseta Xeneize, y buscará destino en nuevos horizontes, posiblemente a Europa.

Tiró sus primeros chiches bajo el sol de las ardientes tierras de Santiago del Estero, tras haber brillado en un torneo en Rafaela con Sarmiento de La Banda, fue captado por los seleccionadores juveniles de Boca y pasó a formar parte de las inferiores en 2016. Así nació la historia de una joya, un diamante en bruto que nunca terminó de brillar, un puntero por izquierda que deslumbró con su fútbol desde que se dio a conocer ante el hincha, pero la mala suerte y los turbulentos cambios del clima del Mundo Boca a los que jamás se acostumbró lo terminaron de alejar.

Resiliencia siempre fue una palabra clave para él, tatuada en su cuello y citada por sí mismo en una entrevista para El Canal de Boca en 2024. La misma que lo acompañó tras haber sido lesionado (fractura de tibia y peroné) en aquel Boca – Agropecuario por Copa Argentina en 2022 y que lo dejó afuera de las canchas por más de 140 días. La misma que lo vio bailar ante Independiente y Platense en 2023 recién recuperado, ambos partidos en los que convirtió. Nuevamente, en un Belgrano – Boca de 2024 que terminó en derrota Azul y Oro por 4-3, los fantasmas atacaron de vuelta y se rompió los ligamentos, y terminó afuera por otros largos nueve meses.

Exequiel Changuito Zeballos
Exequiel Changuito Zeballos

Como en todo viaje del héroe, tras tantas caídas se logró ver un renacimiento y fue en 2025, año extremadamente cambiante para el club de la ribera. El Chango cambió hasta de corte de pelo, empezando a llevar una vincha que lo caracterizó sobre los últimos meses, y la palabra de su cuello volvió a estar presente y lo fortaleció más que nunca. 

Bajo las órdenes de Claudio Úbeda, mostró sus mayores chispazos ante Barracas Central, Estudiantes de La Plata y no menos importante, ante River en La Bombonera. Allí convirtió un gol que quedó marcado en la memoria de toda la gente, que lo vio crecer y atravesar sus peores momentos y con la que festejó de manera desaforada tras vencer a Lautaro Rivero con un simple cambio de ritmo, de esos que tanto lo caracterizan junto a su velocidad, que también aprovechó para asistir a Miguel Merentiel en el mismo partido y devolverle la ilusión al barrio de La Boca tras clasificar a la Copa Libertadores que tantas veces vio ganar luego de dos años.

Exequiel Changuito Zeballos
Exequiel Changuito Zeballos

Por cosas de la vida y el deporte, Boca terminó afuera de ese Torneo Clausura, pero la locura volvió a estar presente para La Mitad Mas Uno, que arrancó el Torneo Apertura de 2026 de forma un poco irregular, pero que con el paso de los meses encontró un gran equipo. Dicho conjunto prescindió un poco del extremo izquierdo y volvió a ser atravesado por un desgarro, aunque volvió. Tuvo una gran actuación ante Central Córdoba y buenos ingresos ante Barcelona de Guayaquil y Huracán, pero las derrotas ante estos clubes y la eliminación del Apertura en octavos provocó nuevamente un cambio en la actitud de la fanaticada, que pasó a exigir una limpieza, y Zeballos forma parte de ella.

Exequiel Zeballos siempre tuvo una presencia especial en el plantel, ya que formaba parte de una generación de Boca Predio muy recordada por jugadores como Valentín Barco, Ezequiel Fernández, Luca Langoni, Alan Varela o Cristian Medina. Algunos se fueron bien y otros mal, pero el único que se quedó fue él. Quizás no se va de la mejor manera ya que se va con cuatro títulos en los que no participó o fue figura, pero sí dejó algo más, así que solo queda decir una última frase: gracias, gracias por tanto fútbol.

Inés Arrondo, la mujer que dibujó el símbolo de Las Leonas

Por Juana Enrico

El marcador es un objeto barato, de plástico negro, con una punta de fieltro que exhala un olor penetrante a alcohol y solvente. Inés Arrondo lo sostiene con la misma firmeza con la que empuña el palo de hockey. El trazo inicial es una curva violenta: la columna vertebral de una leona persa. Es una fiera de perfil bajo, nervuda, elegante. Tiene los ojos enmarcados por un delineado de pigmento denso, una marca biológica que le confiere una expresión de vigilia permanente. El dibujo es un órgano nuevo para un equipo que ha decidido dejar de ser dócil para volverse depredador.

La cuenta regresiva hacia Sydney 2000 ya había empezado a descontar sus últimas horas. Faltaban apenas dos días para que el seleccionado femenino de hockey partiera hacia Nueva Zelanda, ese limbo de preparación antes de la Villa Olímpica, cuando Inés se plantó frente al entrenador Sergio Vigil. No llevaba un planteo táctico, sino una revelación: un pequeño papel con la figura de una leona dibujada.

Vigil la miró y, en la firmeza de sus manos y el brillo de su seguridad, leyó el nacimiento de una mística. Fue ese entusiasmo, un fuego que excedía lo deportivo, lo que terminó por desarmar cualquier duda del entrenador. En un último acto de fe antes del despegue, se impuso la misión de que nadie subiera a ese avión sin llevar ese emblema, todavía fresco, estampado sobre el pecho.

 

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Esa fe ciega en su propio instinto tuvo origen en una plaza de Caisamar, Mar del Plata. Primero fue el tenis y después el hockey. Cuando se instaló en Buenos Aires con una bicicleta y un sueño de asfalto, simplemente estaba cumpliendo con su propia naturaleza. Aquel viaje fue la profecía de su temperamento.

De altura promedio y una estructura física que privilegiaba la potencia sobre el volumen, se movía con la austeridad de quien sabe que cada gramo de energía cuenta. Su pelo castaño, siempre sujeto por la urgencia de la competencia, enmarcaba un rostro de facciones claras donde la sonrisa aparecía solo como una tregua breve. Pero era en la mirada donde se leía su verdadera jerarquía. Con la camiseta puesta, la leona del pecho parecía una extensión de su propio carácter: ese escudo, nacido de la fuerza de su puño, fue la armadura con la que salió a ganar territorio. La medalla de plata en esos Juegos fue la confirmación de que el símbolo sobre el corazón las había vuelto un equipo temible.

En 2004, durante el Champions Trophy de Rosario, su cuerpo se volvió un motor desconocido. Jugó con una potencia inusual, “hecha un avión”, sin saber que la biología estaba operando en secreto: Julián, el primero de sus dos hijos, ya disputaba partidos desde la médula. Inés habitó ese cuerpo de frontera donde la maternidad y la alta competencia no eran opuestos, sino una misma descarga de energía.

La cancha mutó, pero la mecánica fue idéntica. El despacho oficial en el CeNARD, el mismo predio al que entraba pedaleando en los noventa, albergó entre 2019 y 2023 su nuevo territorio de cacería. Como primera mujer secretaria de Deporte, nombrada por Alberto Fernández, su firma cobró el mismo peso que aquel marcador negro. Ponerse a la cabeza del feminismo tampoco era una decisión nueva: era el mismo pulso aguerrido de siempre encontrando un nuevo espacio donde golpear.

Ni el tiempo ni los cargos lograron domesticar ese instinto original. Inés sigue siendo el trazo violento, la vigilia permanente y el hambre de quien sale a ganar. Al final, la leona no era solo un escudo: era ella.

Vanina Oneto, la goleadora que ayudó a construir el alma de Las Leonas

Por Lola Fariña Villaverde

Era un partido cerrado, tenso, jugado al límite. Argentina se enfrentaba a Países Bajos y necesitaba la victoria para meterse en la final. Había un ritmo áspero y se respiraban nervios. Ese 3 – 1 fue el último resultado a favor del seleccionado albiceleste en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 (donde consiguió la primera de sus dos medallas olímpicas) y la primera vez que ese grupo de chicas salió a la cancha con una leona estampada en el pecho. Un festejo que duró en la cancha unos segundos pero que condensa una historia. “Fue como si un fuego hubiera nacido, se nos hubiera metido en la piel y el corazón, lo viví como una novela”, declaró Vanina Oneto sobre esos Juegos.

Ese torneo fue la confirmación de lo que se venía gestando hacía años, casi en silencio. Fue la aparición de una nueva generación. Oneto, como símbolo de una transformación, figura bisagra entre épocas, referente tanto en su club, San Fernando, como en la Selección, formó parte de la consolidación de una identidad.

Sus goles llamaban tanto la atención como su pelo rubio: potencia, oportunismo y una presencia constante en el área que la convertían en una amenaza. Con su vincha rosa en la cabeza, que luego sería característica de ella, debutó a los 15 años en el club de la ciudad en la que nació, San Fernando, o como la ex jugadora de Las Leonas lo define: “Mi casa”, donde consiguió la titularidad en Primera División y terminaría saliendo campeón.

 

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En su historia el deporte aparece como herencia. Su padre y sus dos hermanos jugaban al básquet y su madre al tenis, por lo que el deporte siempre fue protagonista en la familia Oneto. El hábito de entrenar, competir y superarse formaba parte de lo cotidiano.

“La Batistuta del hockey” la apodaban por sus números: 148 goles con la Selección. La comparación con Gabriel Batistuta, ex delantero de la Selección Argentina de fútbol no era casual. “Para mí era tremendo que me comparasen con Bati; él no me conocía, pero yo sabía quién era él y me sentía feliz”, recordó la histórica delantera.

Sidney 2000 fue un punto de quiebre en su vida. Antes de que Argentina ganara la medalla de plata en esos Juegos, el hockey no era un deporte masivo en el país, su práctica estaba ligada en gran parte a ciertos clubes y espacios específicos, lejos de la exposición y el alcance que tenían otras disciplinas. Lo que ocurrió en esa competición empezó a modificar esa lógica. De pronto, ese equipo no sólo competía: también empezaba a captar miradas, a generar unión y a instalar al hockey en una conversación mucho más amplia. Pero el quiebre no fue sólo en lo deportivo. Mientras se forjaba esa identidad que pronto sería reconocida en todo el mundo, Vana, como la apodan sus amigos, también atravesaba un cambio personal: ese mismo año se casó con Andrés Findor, médico y padre de sus dos hijos .

Cada gol, cada movimiento dentro del área, no sólo definía jugadas, sino que también la forma que tuvo Vanina Oneto de sentir la camiseta. Su rastro no fue solo un resultado o una medalla, dejó una huella y su nombre quedó asociado a esa irrupción.

Ivo Karlovic, el gigante que convirtió el saque en una obra perfecta

Por Lisandro Torres Pagani

“¿Te aburrirías si nadie pudiera devolverte la pelota?”, respondió serio Ivo Karlovic tras un partido con más de 30 aces, cuando un periodista le preguntó si alguna vez se aburría de sacar tanto. La frase, mitad broma y mitad declaración, resume su juego: simple, directo y efectivo.

Apodado “Señor Ace”, con sus 2,11 metros de altura, el tenista nacido en Croacia parecía hecho para sacar bien. Tiene brazos larguísimos, una buena postura y una coordinación sorprendente para su tamaño. El movimiento del saque, que repitió miles de veces, le salía de manera automática y con una eficacia pocas veces vista. En 2015 superó la marca de su compatriota Goran Ivanisevic y actualmente ocupa el segundo lugar en el récord de más aces de la historia, con 13.728, solo superado por John Isner. Lo que sí posee es el mejor promedio de aces por partido: 19,1.

A diferencia de su juego explosivo, la personalidad de Karlović siempre fue más bien contenida. Introvertido, de pocas palabras y con un humor seco que aparecía en momentos inesperados. “No necesitaba decir mucho”, comentó su ex entrenador Petar Popovic. “Su forma de expresarse era en la cancha, con el saque. Ahí decía todo”. Sin embargo, esa calma externa escondía una enorme resiliencia. El tenista más alto del circuito ATP construyó una técnica de juego que muchas veces lo dejó en desventaja frente a jugadores más completos desde el fondo de la cancha. Aun así, apostó por crear una identidad en torno al saque, sin proponerse otro sistema.

Su camino hacia el profesionalismo no fue fácil. Nacido el 28 de febrero de 1979, la infancia y adolescencia de Karlović coincidieron con la inestabilidad política y social de su país, producto de las Guerras Yugoslavas y, en particular, de la Guerra de Independencia de Croacia. Durante esos años, el país atravesó conflictos armados, crisis económica y una estructura deportiva golpeada, lo que dificultó su acceso a entrenamientos regulares, competencias internacionales y recursos básicos. Mientras en otros lugares los jóvenes talentos seguían una formación estable, Karlović creció en un contexto en el que desarrollarse como profesional no era la principal prioridad. Esa situación retrasó su llegada al circuito y explica por qué su explosión llegó más tarde que la de otros jugadores. Por eso logró mantenerse como tenista profesional hasta los 40 años.

Karlović no siguió el molde clásico del tenista europeo. Su físico, que en otros deportes podría haber sido una ventaja inmediata, en el tenis implicó adaptaciones constantes. Tuvo que trabajar muchísimo para que su altura no fuera un problema. Ese proceso lo llevó a desarrollar un estilo único, basado en maximizar sus fortalezas y minimizar sus debilidades.

En un deporte que evoluciona constantemente y donde las tendencias cambian, su figura queda como testimonio de que, a veces, una sola herramienta llevada al límite puede ser suficiente para dejar una huella imborrable. Porque mientras otros construían los puntos, él los ganaba antes de que empezaran. Y en esa simple lógica encontró su lugar en la historia del tenis.