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Arsenal, lo bueno se hace esperar 

Por Catalina García

A tan solo horas de poder consagrarse campeón de Europa, el Arsenal ya respira el clima de festejos tras ganar la Premier League por primera vez en 22 años. Un proyecto que tardó ocho años en construirse, que fue posible porque el club confiaba en lo que podía lograr Mikel Arteta, a pesar de que era su primera vez en la vida dirigiendo. 

La falta de tolerancia a la derrota y una sociedad cada vez más resultadista, suelen provocar el despido de entrenadores tras apenas unas fechas sin buenos resultados. Sin embargo, tanto Pep Guardiola, Arteta, y Unai Emery son el ejemplo de que los logros pueden tardar años, y que los proyectos exitosos requieren de un proceso para construir una identidad de juego. Lo bueno se hace esperar. 

Entonces, ¿por qué no se toma como ideal el modelo de crear un equipo sólido que lleva tiempo, en vez de esperar a que en tan solo dos partidos este sea puntero de la liga? Guardiola tardó dos años desde que asumió como entrenador del Manchester City para conseguir títulos, y siete para salir campeón de la Champions. El caso del “Míster” sigue una lógica parecida, quien desde 2019 proyectó salir victorioso en cada torneo al que se presentaba, y en ocasiones obtenía resultados, como la FA Cup de 2020, y en otros no podía estar más cerca de conseguirlo quedando en las puertas del título. 

Sin embargo, no todos los procesos pueden sostenerse indefinidamente, eventualmente deben finalizar. Existen casos, como el de Frank de Boer cuando lo contrataron en el Crystal Palace y fue despedido tras 77 días al mando por no haber marcado en las únicas cuatro fechas que disputaron. Aunque su propuesta era cambiar el estilo de juego, las dificultades para implementarlas provocaron su salida. La continuidad no garantiza, a veces, el éxito. Existen propuestas, incluso con tiempo, que no logran mostrar una evolución futbolística ni resultados que justifiquen su permanencia. Su situación fue categorizada por los medios como “impaciencia y pensamiento a corto plazo” de parte de los directivos de Las Águilas. 

Por otro lado, Emery también se encuentra en el camino a la gloria, mientras va recogiendo trofeos para demostrar que con dedicación y tiempo se puede llenar una vidriera. Su llegada al Aston Villa fue en 2022, relativamente poco tiempo, pero suficiente para sentar las bases de un grupo que trabaja en equipo para avanzar hacia un mismo objetivo. Consiguió la clasificación a la Champions League en 2024, torneo del que los Villanos no participaban desde la temporada 1981/82. 

Y no es coincidencia que los tres técnicos sean españoles. Sus improntas, por más distintas que sean, quedan reflejadas en cada partido, los números respaldan el impacto de sus métodos. En el caso de Guardiola, es el único entrenador en haber ganado la Premier League cuatro veces seguidas, además de convertir el equipo en el más goleador (903 en su trayectoria con el Manchester), más victorioso (269), y menos derrotado (52). Logros que no podría haber conseguido si lo hubiesen despedido tras diez partidos con el conjunto citadino. 

Porque 10 partidos no alcanzan para formar un vínculo con un plantel, y transmitir una idea o concepto. Un claro ejemplo es Rafa Benitez, que llegó en 2004 al Liverpool, con un comienzo tumultuoso, y aun así alcanzó la gloria máxima, esa misma temporada, cuando vencieron en Estambul al Milan. Su situación demuestra que no se puede juzgar un proceso únicamente por los primeros partidos.   

Y es por eso que uno se cuestiona: ¿por qué en Argentina no confían en los técnicos y los despiden por una derrota que no podría estar más lejos del descenso? ¿Se debe a un tema de dinero, o simplemente el hincha, y un club, no puede concebir la idea de un fracaso? Es una obviedad que para mantenerse entre los mejores tienen que ganar, pero no siempre se puede llegar. 

Uno de los casos más reconocidos en el país es el de Marcelo Gallardo, cuando asumió en River. Una apuesta por parte del Millonario, ya que contaba con poca experiencia en el cargo. Su primer ciclo terminó durando ocho años con 14 galardones que lo posicionan como el entrenador más ganador de la historia del club. Y a pesar de pasar años con títulos y otros no, su plan constaba en el crecimiento del equipo. Fue así que terminó convirtiéndose en un emblema. Más allá de las críticas que recibió, siempre sostuvo una idea. 

No obstante, la realidad argentina está muy lejos de ser parecida a la europea. Los clubes dependen de la remuneración de las clasificaciones a torneos internacionales, o incluso de las competencias locales, además de la venta de jugadores. Es por eso que una mala campaña afecta masivamente a la economía del club, y si el entrenador no mejora el rendimiento, seguramente el taxi lo esté esperando en las puertas de la institución.  

Probablemente, no sea cuestión de elegir entre proceso y resultado, si no encontrar un equilibrio entre ambos. Los ejemplos de Guardiola, Arteta, Emery, y Gallardo demuestran que la paciencia es fundamental para que los equipos den frutos. La pregunta es si el fútbol argentino es

Dustin Brown, el tenista que se construyó en la ruta

Por Valentín Gerez

“Quizás Dios me dijo que la solución para todo era una caravana, no lo sé. Pero la idea vino a mi cabeza como obra de algo divino”, cuenta Inge Brown, la madre de Dustin.

Dustin Brown todavía no era un profesional consolidado. Estaba lejos del top 100, ni siquiera una promesa clara. Era un joven de 20 años con talento y sin recursos, intentando abrirse camino en un deporte caro y estructurado desde un lugar al que su confederación nacional de tenis no podía apoyarlo.

Nacido en Alemania y criado entre Europa y Jamaica, Brown se formó lejos de las academias de élite. Su desarrollo fue otro: rutas, torneos ITF, circuitos Challenger y una vida nómade arriba de una Volkswagen convertida en casa rodante. La caravana era de un color blanco rozando al beige por el desgaste, ventanas de las que colgaba, atada con nudos, la ropa recién lavada que utilizaba el joven para que se secara. Ahí dormía, viajaba, comía y competía, pero sobre todo, ahí se construyó como profesional.

Ese contexto no lo frenó, lo moldeó. En la caravana no solo vivía: también trabajaba su tenis. Tenía su computadora para analizar los partidos y hasta una máquina para encordar sus propias raquetas. Todo dependía de él. El objetivo estaba claro: la matrícula  “CE DI 100”. CE por el sitio donde nació, Celle. DI por Dustin e Inge y 100 por el ranking, porque llegar al top 100 no era una ilusión, era un plan.

 Y los resultados llegaron. Profesional desde 2002, Brown alcanzó el puesto 64 del ranking ATP en 2016, ganó títulos en el circuito Challenger y sumó dos títulos ATP en dobles. Pero su carrera no se destaca únicamente por los números, sino por el impacto. Porque en un circuito dominado por la regularidad, la repetición y el juego desde el fondo de la cancha, Brown representó una anomalía. Su estilo, basado en el saque y volea constante, la improvisación y la agresividad rompía con los patrones establecidos. No buscaba minimizar el error, sino asumirlo como parte del riesgo.

Esa forma de competir tuvo su punto más alto en escenarios grandes. Brown logró vencer dos veces a Rafael Nadal, una de las máximas figuras del tenis moderno, incluyendo su recordada actuación en Wimbledon 2015, donde impuso su estilo sin desviarse de su identidad. Brown nunca optimizó su tenis según los estándares del circuito. No buscó encajar en el sistema, sino competir desde afuera. Y eso lo convirtió en un jugador difícil de descifrar, incómodo para cualquiera y, sobre todo, único.

La caravana explica el origen, pero no limita la historia. Dustin Brown no es solo el tenista que vivió viajando por Europa para poder competir. Es el resultado de haber crecido sin estructura y fuera de la cancha. Porque en un deporte donde casi todo está planificado, su carrera demuestra que también hay lugar para lo imprevisible. Y que a veces, los caminos menos convencionales, además de conducirlo a la élite, lo desafían.

Hoy, con 41 años, Dustin y sus padres miran hacia atrás y encuentran en esa caravana algo más que un recuerdo: “Cuando miramos a la caravana, pensamos que cualquier cosa es posible”, comentan. Y en el caso de Dustin Brown, no es una simple frase: es una historia completa.

Belgrano, rey absoluto del fútbol argentino

Por Juan Franco Gomez Sacks

“Belgrano debe ser uno de los pocos equipos del mundo que salió campeón en el masculino y en el femenino. Anótenlo eso”, sentenció Luis Fabián Artime, presidente del Pirata, rodeado de cámaras y periodistas en pleno festejo por el campeonato obtenido ante River Plate en el Mario Alberto Kempes de Córdoba, estadio que lleva su apellido en una de las dos cabeceras. Hijo del histórico Luis Artime, quien fue cuatro veces el máximo artillero del fútbol argentino y otras tres en la liga uruguaya, Luifa, visiblemente en estado de algarabía, se tomó un momento para recordar que el plantel femenino también forma parte de este glorioso momento deportivo. Poner al fútbol jugado por mujeres en el mismo plano. De eso se trata. Y el mandamás, también goleador con la camiseta celeste en torneos de AFA, lo entendió a la perfección.

Luis Fabían Artime, tras la obtención del título ante River Plate.

Nicolás Uvita Fernández acababa de empujar la pelota, que se dirigía en cámara lenta hacia el arco, mientras la hinchada de Belgrano coreaba que “el día menos pensado, yo voy a estar a tu lado, porque tengo la ilusión de salir campeón”, una versión adaptada de la canción “No Me Olvides”, de La Beriso. Y ese día, quizá el menos pensado, había llegado. El balón tocó la red y la tarde cordobesa parecía no tener otro desenlace que no fuera al equipo celeste dando la vuelta olímpica. El hit que bajaba desde las tribunas Artime y Gasperini sonó hasta que Yael Falcón Pérez cerró el telón del encuentro. De inmediato, con el sueño ya cumplido, los fanáticos cambiaron el rumbo y entonaron el tan ansiado “Dale, campeón”. Pero no fue la primera vez que lo hicieron.

El 14 de diciembre de 2025, con un estadio Julio César Villagra que registró la presencia de 38.500 personas -tercer partido en el ranking de mayores asistencias en el fútbol femenino en Argentina-, Belgrano dio vuelta la serie de la final del Torneo Clausura y se coronó campeón del fútbol argentino. Lo hizo tras vencer 2-0 a Racing, luego de una caída por 1-0 en el Cilindro de Avellaneda. Así como Leonardo Morales y Nicolás Fernández fueron los artífices de una jornada soñada para el conjunto de Alberdi ante River, Mayra Acevedo y Alaides Paz se vistieron de heroínas para que uno de los dos clubes más populares de la provincia bautizara un grito tan ansiado. Las Piratas escribían su nombre entre las campeonas de la máxima categoría en AFA y ponían en marcha un sueño que, poco menos de cinco meses después, terminó concretándose: tener a ambos planteles en la cima del plano local.

Si hablamos de las gestas, debemos hacerlo también de los próceres. Ricardo Zielinski, entrenador del plantel masculino, es uno. Ex mediocampista con trayectoria en el ascenso y DT desde antes de los inicios del siglo XXI, El Ruso logró sus primeras hazañas con las subidas a Primera División de Chacarita en 2009 y del Pirata en 2011, con una promoción en la que condenó a River al descenso. Su carrera continuó en muchos clubes de la máxima categoría, pero su destino parecía estar escrito para continuar en un solo barrio. Regresó a Alberdi en febrero de 2025 con un objetivo claro: llevar al club a lo más alto. “Tratar de ser competitivos y llegar a los mejores logros. No hay institución que no pueda lograr ciertas cosas”, declaró en su vuelta a casa. Poco más de un año después, consiguió el anhelado campeonato, otra vez frente al Millonario, y superó la mejor campaña: el segundo lugar en el Torneo Inicial 2012, también con él en el banco. Vivió el último compromiso en el Kempes como uno más, con aspecto calmo. Mientras sus colaboradores se abrazaban ante cada gol, él se mantenía firme dentro de su área pintada. Todo un señor.

Ricardo Zielinsky, el mejor entrenador de la Liga Profesional.

Hablar de Mariana Pomu Sánchez es también decir Belgrano. Ella, la otra prócer de esta historia, fue la primera en obtener un título en Primera División dirigiendo al club. Mientras se desempeñaba como defensora del plantel, trabajaba en el área de relaciones públicas de la institución. Caminaba por los pasillos del Julio César Villagra y le consultaban cómo había salido el equipo en la Liga Cordobesa. Pero consideraba que estaban para mucho más. Empezó a alzar la voz, a hacerles creer a compañeras y dirigentes que podían competir en AFA. Y así fue. En 2021, las Piratas se estrenaron en la última categoría y consiguieron el ascenso a Segunda División con un desempeño brillante: marcaron 107 goles en 12 partidos y obtuvieron el título tras imponerse 5-4 sobre Claypole en el Mario Alberto Kempes. Al año siguiente, con otra actuación memorable, subieron a Primera tras golear 6-0 a Puerto Nuevo. Además, llegó el primer subcampeonato: en la Copa Federal -formato similar al de Copa Argentina-, cayeron 2-0 ante River. Pero ya había síntomas de que algo aún más grande podía gestarse. Tras retirarse en Minas de Brasil, regresó al club de sus amores en 2024 para encargarse de la coordinación de las juveniles. En 2025, asumió como DT del primer equipo. Era hora de dar el golpe definitivo sobre la mesa. Tras un segundo lugar en el Apertura, sus dirigidas dominaron el Clausura, eliminaron a River en semifinales y alcanzaron la gloria ante Racing en Alberdi. Una semana después, alzaron el segundo título: el Trofeo de Campeonas ante Newell´s, laureado en el Apertura. Un broche de oro para una líder absoluta. Una luchadora y referente del fútbol femenino en la provincia. Una ídola. Con todas las letras.

Mariana Sánchez festeja la primera estrella del equipo femenino.

“No todo es negocio. El fútbol es pasión. Entonces, no todo es plata. A veces hay que invertir y perder muchos años, pero después le das la alegría a esta gente”, manifestó Artime tras la consagración del femenino. Él fue el encargado de profesionalizar al plantel y de otorgarle los mismos recursos que al equipo masculino. El crecimiento resultó exponencial. Hubo piedras en el camino, claro. “Tarda en llegar. Y al final, al final, hay recompensa”, escribió y cantó alguna vez Mercedes Sosa. Belgrano logró dos ascensos consecutivos. Se guardó el grito dos veces, pero creyó en el proyecto y terminó en lo más alto.

 

Las campañas

El equipo de Ricardo Zielinski finalizó la fase regular en el sexto escalón de la zona B. Cosechó un total de 26 puntos tras siete triunfos, cinco empates y cuatro derrotas. Este puntaje posicionó a su conjunto en la novena ubicación de la tabla anual, en zona de Copa Sudamericana. Pero el brillo llegó en los playoff. Allí, Belgrano rompió una racha negativa de 20 años sin poder ganarle un clásico a Talleres y lo dejó en camino en octavos. Luego, superó 2-0 a Unión en Alberdi y avanzó a semifinales, su momento bisagra. Cuando el partido moría y Argentinos ya picaba el boleto a Córdoba, Uvita Fernández se encargó de mantener viva la ilusión, que también estuvo a punto de desmoronarse en la tanda de penales con tres match point en contra. Luego de un histórico pase a la final, en un Kempes que se vistió de fiesta, venció 3-2 a River en los últimos minutos del encuentro y provocó una revolución en la ciudad.

Las dirigidas por Mariana Sánchez fueron las grandes candidatas desde el principio. En la fase regular del Torneo Clausura, Belgrano disputó ocho compromisos, en los cuales consiguió los tres puntos en seis oportunidades, mientras que cayó e igualó una sola vez. Los buenos resultados le otorgaron la posibilidad de evitar unos siempre difíciles octavos. En cuartos, sufrió mucho ante Ferro. Todo campeón tiene que tener su partido clave. Nunca pudo romper el cero en casa y logró la clasificación a semifinales gracias a una gran actuación de la arquera Agustina Sánchez. Contra River tampoco fue sencillo. Igualó sin goles en Ezeiza y triunfó por la mínima en condición de local. Llegaba una nueva final. Ahora no se podía escapar. La serie decisiva ante Racing empezó torcida: una derrota 1-0 en Avellaneda dejaba a la Academia cerca de la medalla dorada. Sin embargo, con un Julio César Villagra que hizo sentir la localía, el conjunto de Pomu dio vuelta el resultado en los primeros 45 minutos. Fue la primera estrella para Belgrano como institución en AFA. Un equipo glorioso, con futbolistas que acompañaron el proceso desde el debut en la última división y que grabaron sus apellidos para siempre en la memoria de los fanáticos.

 

La chance de seguir creciendo

Tras la obtención del Clausura, Belgrano venció en penales a Newell´s en San Francisco, Córdoba, y se quedó con el Trofeo de Campeonas. Con esta segunda medalla, recibió el único boleto de un equipo argentino a la Copa Libertadores 2026, a disputarse del 15 al 31 de octubre en Ecuador. El plantel masculino, por su parte, también clasificó a la máxima competición internacional del continente, aunque disputará la edición de 2027. Asimismo, deberá jugar el Trofeo de Campeones ante el equipo que se consagre en el segundo campeonato de 2026. Ambos conjuntos ya plantaron la primera semilla tras conseguir la gloria. Ahora, la institución tendrá más oportunidades para seguir sumándole estrellas a su escudo.

Ilusión gunner: viaje al interior de la peña del Arsenal en Argentina

Por Ana Ameijeiras, Irina Ayunta, Luca Canga y Valentina Quinteros

Barrio porteño de Palermo, en la esquina de Jorge Luis Borges y El Salvador, el ruido de la ciudad y una puerta que separa dos mundos. Dentro del Sullivan’s Irish Pub ya no se está en la Argentina: durante cuatro horas, este bar se transforma en el norte de Londres. Entre pintas de cerveza, camisetas rojas y canciones en inglés, un grupo de argentinos y algunos extranjeros vive cada partido del Arsenal como si hubiera nacido a metros del Emirates Stadium. Y no es algo nuevo: hace ya más de 13 años que se reúnen para alentar a los Gunners.

El grupo de fanáticos empezó por un conjunto de chicos de entre 22 y 23 años en 2011. Se juntaban a ver los partidos, pasaba el tiempo y cada vez eran más; no se conocían, sólo los unía el club inglés. “Cuando estudiaba comunicación social conocí a un amigo. Los dos éramos del Independiente pero decidimos venir a ver al Arsenal para compartir esta pasión distinta”, explica Mauro Sancho, uno de los socios de la peña. Sancho es hincha del Rojo desde nacimiento y por mandato familiar, pero decidió simpatizar por el equipo londinense por elección propia: “El Arse tiene una filosofía muy linda; te da ganas de venir, seguirlo y alentarlo siempre. Es una forma de vivir, no es solamente ser hincha de un equipo”.

Cuando juega el Cañonero, los aficionados argentinos llegan al pub de Palermo dos horas antes de que comience el partido para colgar banderas, bufandas y preparar los televisores para ver el encuentro. La peña del Arsenal en Argentina fue oficializada y reconocida por el club en 2013. “De hecho, tenemos una bandera en el mosaico de las afueras del Emirates, así que es un orgullo enorme para nosotros”, cuenta Jorge González Iceta, uno de los creadores de la iniciativa a través de Facebook. Hoy son alrededor de 600 socios y tienen más de 2.800 seguidores en Instagram. La inscripción es gratuita y, al ser acreditados desde Inglaterra, pueden reservar entradas con anticipación para cualquier partido de local.

Cada vez que juega el equipo de Londres, hace cinco años que el Sullivan’s Irish Pub rebalsa de gente. La elección del lugar los terminó de convencer porque Palermo conecta varios puntos de la ciudad dado que no todos son vecinos cercanos, y por la amabilidad y buena predisposición de los dueños. “Nos atienden de forma muy cálida y atenta, nos dejan decorar todo el lugar” explica Jorge González Iceta. Cada día de partido, el murmullo constante de los hinchas y el ruido de los vasos de cerveza contra la mesa crean un ambiente deportivo que no se vive en otro pub de la ciudad. Es un sonido cargado de emociones y adrenalina que inunda el lugar; cada canto en inglés y cada grito de gol resuenan con la intensidad como si estuvieran en el Emirates Stadium: 

“North London forever
Whatever the weather
These streets are our own
And my heart will leave you never
My blood will forever
Run through the stone
As I walk these streets alone…”

Este clima festivo no es casualidad: hace referencia al presente deportivo del club. Tras 22 años de espera, el Arsenal volvió a la cima del fútbol inglés al consagrarse campeón de la Premier League una fecha antes. El último domingo celebró luego de frustraciones y tres subcampeonatos consecutivos en la Premier League (2022, 2023 y 2024) con un triunfo 2-1 frente al Crystal Palace en Selhurst Park. Fue la última muestra de carácter de un equipo que, con goles de Gabriel Jesus y Noni Madueke, consolidó el cierre de la Premier y que se prepara para la final de la Champions League contra el París Saint-Germain el sábado próximo en Budapest, Hungría.

“Va a ser una locura; es el evento más importante a nivel peña y uno de los eventos más importantes a nivel club”, declara Martín Szymczuk, otro hincha gunner. Para los simpatizantes que siguen al equipo londinense desde el otro lado del Océano Atlántico es una posibilidad que esperan hace más de 20 años luego de la final fallida contra Barcelona en 2006: levantar La Orejona y tener la revancha definitiva.

“Lo que más me gusta de (Mikel) Arteta es que no solo cumple el rol de técnico, sino que también se enfocó en armonizar en conjunto todo lo que es relacionado al club”, refiere Ignacio Surbete. Los Gunners ponen todas sus fichas en el entrenador español y sueñan en ratificarse como el tercer equipo inglés más ganador, detrás del Manchester United y el Liverpool.

 

Qué lindo es ser Millonario

Por Bryan Chávez

“Llora, guitarra, porque eres mi voz de dolor. Grita de nuevo su nombre, si no te escuchó…”, se escuchaba a JJ en la radio del bus que me llevaba en dirección a las afueras de la ciudad de Quito, hacia San Juan, un barrio que aún conserva ese toque de pueblo, donde sus calles de tierra y casas coloniales te transportan al Quito de antaño. Voy a ver al River Plate de San Juan, el equipo amateur de la familia Quinatoa, cual más va ser, es el equipo de mi pana Jesús. A medida que avanza el bus, unos pasajeros duermen y otros conversan, yo voy viendo a través de la ventana los sembríos de maíz que rodean el camino. De pronto una sonrisa pícara brota en mí, mientras pienso en si me encontraré en este River Plate con el “Driussi” o el “Quintero” de San Juan, o quizás soy muy osado al creer que encontrare uno igual con el talento del Burrito Ortega.

A medida que camino hacia la cancha, veo gente tomando, pues claro, la noche del sábado les quedó corta y siguieron la “vacilada”, como decimos por aquí. De pronto diviso en uno de ellos una camiseta blanca con franja roja: es la camiseta del River, pero no el de Argentina, es la del River de los hermanos Quinatoa. Nuevamente vuelvo a sonreír y es que el man que tiene la camiseta es “Canguil”, uno de los siete hermanos Quinatoa. Apenas me ve y dice: “Mijin, tómate un traguito de cerveza que hoy gana porque gana el River”. Me esfuerzo por dar un par de sorbos, son las 8 am.

Fácilmente se divisa el campo de juego de tierra con imperfecciones. Ya los muchachos recogen sus carnet para saltar a la cancha. Al lado mío se encuentran Jesús y sus cinco hermanos sosteniendo trapos hechos a mano. La principal era la de “Don Jorge”, padre de los hermanos Quinatoa que ya no está físicamente con ellos hace unos años, pero que aún forma parte del equipo. Con el partido ya en marcha, llegando un olor poco agradable por el cigarrillo que fuman los hinchas, le pregunto a mi compañero de al lado por qué tanto nerviosismo, y es que no solo eran 3 puntos, se estaba jugando la liguilla final y si no se obtenía la victoria quedarían eliminados y con eso toda la esperanza por honrar a “Don Jorge”, quien fue fundador y ex jugador del equipo.

“Pongan arrechera”, dice el hermano mayor al pie de la cancha en su función de DT del equipo. Con el partido 1-0 para favor de River aproveché para irme a un costado de la cancha a “pegarme” una fritada. El estómago me rugía, no había desayunado y encima tenía un vaso de cerveza ya dentro. “2 dólares, mi veci”, me dice la señora que me vende la fritada. Doy el primer mordisco a la carne, entre los murmullos observo y escucho a un señor de pelo largo, claramente un otavaleño por su forma de vestir, lamentando el gol de River, asumí que era del otro equipo. Al retornar a mi puesto le pregunto a mi amigo por aquel señor y me dice: “Mira loco, ese man es dueño del torneo y tiene un equipo aquí, siempre nos ha tenido pica porque nosotros somos unidos, además a su equipo siempre lo ayudan los árbitros”.

Tiro libre para el equipo rival. “Imbabura, goooooooooool…”, se escuchaba al frente de la cancha. Con el término del primer tiempo, Imbabura superaba 2-1 al River. “Muchachos, están ahuevados o que, vamos que sí ganamos”, decía el profe en la charla técnica, ahí en los asientos de tierra, donde jugadores e hinchada éramos uno solo.

Los niños salían corriendo de la cancha, ya iniciaba el segundo tiempo. Con “Don Medardo” sonando de fondo, River empata el partido en la primera jugada. La cerveza salpicaba por mi cabeza, como si estuviera en la popular con los Borrachos del Tablón. Cansado del humo que apercibía decidí retirarme a una esquina. A lo lejos en una canchita pequeña veía a los sobrinos Quinatoa jugando con una pelota desinflada, no importaba nada, solo querían diversión. De repente, voces enardecidas me hicieron voltear al campo de juego. Debo ser honesto, me perdí la jugada. Rápidamente voy donde Jesús y le pregunto: “¿Qué pasó?”. “¿No ves que este arbitro hijo de puta nos expulsó al arquero?”, me dice. Al parecer el arquero tocó el balón con la mano fuera del área para evitar el 3-2.

A solo falta de 5 minutos y con un jugador menos y encima tapando un defensor que apenas sabía como ponerse los guantes, el River aprovecha una contra y marca el 3-2 definitivo. Desde afuera los hermanos Quinatoa y el resto de la hinchada gritaban desesperadamente a sus jugadores para que defiendan el resultado. Con el frío característico de la ciudad, sentados en la tiendita de la esquina hablando sobre economía, política, mujeres y por supuesto el partido, los jugadores y la hinchada compartían un rato ameno con unas cuantas cervezas que iban y venían. Fue en ese preciso momento que entendí que este club, que este equipo de barrio es más millonario que cualquier club de Europa, inclusive más que el propio Club Atletico River Plate. Ahora puedo decir que yo también soy del River Plate, no el de Argentina, pero sí el de mi pana Jesús.

Antes y después de Pep

Por Gabriel Milian Scuri

En 2008, el Abu Dhabi United Group, fondo de inversión emiratí, compró al Manchester City por 250 millones de euros. Aquella adquisición resultaba un tanto arriesgada. A lo largo de su historia, el club había transitado distintas crisis económicas y cosechado once descensos. El último de ellos en 2001 y el más duro en 1998, cuando confirmaron su caída a la tercera división del fútbol inglés.

En la vereda de enfrente, el Manchester United no solo representaba a la ciudad, sino que conquistaba el Reino Unido y el mundo entero: tenía 20 ligas y 3 Champions Leagues en su haber. Algunos hinchas de los Red Devils, e incluso jugadores como Patrice Evra, llamaban al City “el vecino ruidoso”.

El ruido se hizo más fuerte para julio de 2016, cuando, tras la salida de Manuel Pellegrini, que obtuvo la Premier League 2013-14, Pep Guardiola se convirtió en el entrenador del Manchester City y, junto a la inyección millonaria del grupo propietario del club, transformó la sufrida historia de la institución en un montón de logros, ilusiones y esperanzas.

El catalán logró normalizar que él lo ganara todo. Que sus equipos no soltaran la pelota y que el rival corriera detrás de ella. El juego de posesión de Johan Cruyff que había adquirido en La Masia, divisiones formativas del Barcelona, lo trasladó a todas partes.

Para su segunda temporada en el Manchester City, se consagró campeón de la Premier League y en la temporada siguiente lo haría otra vez. El oriundo de Santpedor estaba logrando imponer su estilo en los Citizens.

2023 sería el año bisagra para ellos: la obtención de su primera Champions League. Estambul se transformó en el escenario del sueño mancuniano. El 1-0 ante el Inter, con gol de Rodrigo Hernández, puso un manto celeste sobre Europa.

Se podrían hacer libros sobre, solamente, el palmarés de Guardiola. Sus tripletes, su Barcelona y su Bayern Munich. Sobre la cantidad de dinero que ha gastado en futbolistas, pero también los ha convertido en estrellas y en excelentes deportistas. A cada uno de ellos. “Pep me hizo sentir como si no supiera nada. Me abrió los ojos a muchas cosas, como que reinventó mi cerebro”, dijo John Stones, emblemático defensor del conjunto inglés.

Y si de transformar se habla, la historia del Manchester City se escribió en una hoja aparte con su llegada. Como en la Biblia. Antes de Pep: 18 trofeos en las vitrinas mancunianas. Después de Pep: 38. Veinte títulos en diez años. Duplicó en logros lo conseguido previo a su arribo. Le ganó a todos y al tiempo.

Recibió la admiración y el respeto de sus colegas. “Para mí, es el mejor entrenador de todos los tiempos, no por el número de trofeos, sino por cómo ha cambiado el juego”, dijo Luis Enrique, director técnico del PSG, sobre su compatriota. Formó discípulos como Mikel Arteta y Enzo Maresca. Ambos campeones con sus respectivos clubes (Arsenal y Chelsea) y, en sus comienzos, ayudantes de campo del español.

Josep Guardiola anunció su partida del Manchester City a final de la temporada 2025/26. En su mensaje de despedida dijo que “nada es eterno”, aunque los diferentes equipos que ha construido con el paso del tiempo, los trofeos en las vitrinas y el legado que ha dejado en el deporte quedará por siempre en los amantes del fútbol.

La Tribuna Norte de la casa del City llevará su nombre, las puertas del estadio su estatua y las paredes de la ciudad, su cara.

Los Skyblues pasaron de ser defenestrados a respetados. Se vieron en el fondo y también en lo más alto. Tocaron el cielo con una identidad construida por Guardiola. “Hemos trabajado, sufrido y luchado. Y lo hemos hecho con nuestro estilo”, señaló el catalán en su adiós a los hinchas.

“Queremos hacer nuestro mejor Mundial”: la ilusión de Beccacece con Ecuador

Por Ana Ameijeiras

En menos de un mes, Sebastián Beccacece tendrá un momento único en su carrera. Si bien ya formó parte de dos mundiales cuando fue ayudante de Jorge Sampaoli (Brasil 2014, con la Selección de Chile y Rusia 2018, con la Selección Argentina), ahora debutará como director técnico en una cita mundialista cuando Ecuador se enfrente a Costa de Marfil el domingo 14 de junio.

A los 22 años dejó a un lado su carrera de futbolista para integrar un cuerpo técnico. En ese recorrido, aunque nunca trabajó con él pero sí tuvo una propuesta en 2007, absorbió conceptos tácticos y metodológicos de Marcelo Bielsa, a quien lo considera un referente en lo humano y en lo futbolístico

Su mejor momento como entrenador lo vivió en Defensa y Justicia, con la conquista de la Recopa Sudamericana 2021, su primer título como DT, tras derrotar a Palmeiras en Brasil. Sin embargo, el gran desafío llegó tres años después, en 2024 cuando asumió el mandato como director técnico de la selección ecuatoriana. Bajo su conducción, Ecuador acumula una racha invicta de 20 meses y se consolida como una de las selecciones más fuertes de Sudamérica.

¿Qué significa para vos dirigir esta Copa del Mundo? ¿Cómo te preparás?

Jugar la Copa del Mundo siempre es una responsabilidad, por un lado, de asumir el compromiso con todo un país, de poder armar una idea que represente primero a los futbolistas. Y que a través de lo que hacen los futbolistas se sientan identificados toda la Nación. Por otro lado, una satisfacción y una alegría enorme de estar en el evento futbolístico más importante del mundo, donde están todos los continentes pendientes. Son esas dos combinaciones. Después nos preparamos siempre de un lugar donde se implica el trabajo de observación, la disciplina, de análisis, de planificación. También lo que fue el proceso. Los jugadores que fuimos utilizando, los que se fueron incorporando. De esa manera es lo que le vamos buscando, continuar con ese crecimiento.

El entrenador argentino explicó cuáles fueron las sensaciones que encontró al asumir el cargo y profundizó sobre la identidad futbolística que busca consolidar de cara al Mundial 2026: “Nos encontramos con un grupo que a mí siempre me generó esa corazonada de sentir un punto de encuentro. Como que el sentir de ellos y el sentir desde lo futbolístico, antes de conocerlo, me generaba una cierta identidad, que es la que intentamos construir a través de un equipo que asuma un protagonismo, que vaya venciendo creencias limitantes, de que pueda ir construyendo lo que consiguen a nivel club, de manera individual lo puedan trasladar a la selección, de manera colectiva. Entonces eso es un poco, ¿no? Empezar a construir desde los puntos de encuentro, la unidad, lo que nos representa y tratar de poder llevar adelante ese sueño, de hacer nuestro mejor mundial”.

Por otro lado, el DT analizó las dificultades que implica preparar una Copa del Mundo y destacó el  desafío que representa construir una idea colectiva con poco tiempo de trabajo. Sin embargo, remarcó que el compromiso emocional de los futbolistas con su selección termina equilibrando cualquier limitación en la preparación: “La dificultad siempre pasa por un espacio en el cual el tiempo que a uno le gustaría tener para prepararse, para entrenarse, para conocerse más en profundidad, es un poco lo que escasea. También yo creo que tenemos un punto a favor muy grande, que es ese deseo inmensurable de todos los jugadores de cualquier selección, de estar representando a su país. Entonces, bueno, lo que te quita por ahí de un lado te da por otro, así que creo que se compensa, ¿no?”.

Beccacece se detiene a analizar cómo cambió el juego y reflexiona sobre: la creatividad, la influencia táctica, el peso físico y emocional del fútbol moderno y la necesidad constante de adaptación: “Creo que siempre hay espacios para los talentos, para los que generan la sorpresa, para los que inventan, los que engañan. Obviamente también hay una gran intervención a lo largo del tiempo desde las diferentes áreas que se han encargado también de neutralizar y que no exista esa libertad que es justamente la que permite esa creatividad. Entonces se vuelve a veces bastante complicado verla de manera frecuente. Ya no se ve a ese equipo dominante, el Barcelona de Guardiola, que te generaba un fútbol total los 90 minutos. Y hoy son más, en algunos momentos. Es cierto que también hay equipos que sí lo sostienen: como el PSG, Bayern, el City, que buscan todo el tiempo protagonizar desde el ataque y gastan la mayor energía ahí”.

Además, explicó cómo vive el desafío de conducir una selección en tiempos de sobreexposición y cambios permanentes: “No me preocupa, trato de resolverlo, trato de adaptarme, trato de no comparar las diferentes etapas, sino que tratar de aprender con lo que va aconteciendo. En esa flexibilidad también la selección te permite trabajar mucho eso. Porque a veces tenemos en la cabeza ciertas cosas, y llega el momento del partido y hay jugadores que se lesionan, no pueden venir a último momento y hay que cambiar todo lo que a lo mejor vos planificaste en cuatro meses y hay que modificarlo en dos días. Entonces, esa flexibilidad también se va ejercitando desde la tarea del entrenador en la selección, acomodarse a los cambios rápidamente. Y un poco lo que está pasando ahora, ¿no? El cambio de época también va generando un fútbol diferente y hay que saber adaptarse”.

El crecimiento de los entrenadores argentinos en el fútbol internacional será una de las grandes marcas del Mundial 2026. Beccacece analizó este fenómeno y comparó la influencia de la escuela argentina con la española: “Veo muchos técnicos españoles en la élite y veo muchos entrenadores argentinos en Sudamérica, también en la élite. En España un fútbol más posicional, técnico, y en Argentina un fútbol más de disputa, de duelo, pasional. Nada más que al jugarse diferente pareciera que en uno se lucha y en otro se juega más. Pero creo que la diferencia está en esta cultura, que uno pregona más el juego y otro más las disputas. La escuela argentina y española marcan tendencia por el lugar de donde salen y se forman en base a esa energía que está en el ambiente y permite que sean entrenadores que cada uno en su continente se han buscado”.

En el próximo Mundial, la Selección de Ecuador, conforma el Grupo E junto a Alemania, Costa de Marfil y Curazao, en el que iniciará su camino mundialista frente al combinado africano, en medio de las altas expectativas por el nivel que mostró durante el último año y medio.

Fútbol, unitarios y federales: los de afuera son del palo

Por Santiago Peñoñori Gaona

Diego Milito, presidente e ídolo de Racing, aseguró que el fútbol argentino estaba roto, tras la caída de la Academia contra Rosario Central por los cuartos de final del Torneo Apertura 2026. La principal figura del Canalla, Ángel “Fideo” Di María, defendió el trabajo hecho por su equipo y dio por tierra la idea de que hayan sido favorecidos por el arbitraje. “Los del interior siempre tuvimos que callarnos, pero no nos callamos más, el interior crece y eso duele, eso incomoda y molesta”, señaló en una parte del descargo que realizó por Instagram.

Más allá de que plantear la disputa de clubes porteños y clubes del interior pueda interpretarse como una manera de desviar el eje del debate, resulta interesante pensar cuál ha sido el lugar de los equipos del interior en nuestro fútbol a lo largo de la historia.

Según los registros de la AFA, el primer campeón del fútbol argentino fue un equipo de la escuela escocesa Saint Andrew’s en 1891, en un torneo que disputaron solo cinco equipos. Dos años más tarde, Alejandro Watson Hutton, educador escocés considerado “El Padre del Fútbol Argentino”, fundó la Argentine Association Football League. Esta asociación sufrió diversos cambios de nombre hasta 1934, tres años después del inicio del profesionalismo, donde se quedó con su nombre definitivo: Asociación del Fútbol Argentino. El amateurismo fue porteño. En él se consagraron 51 campeones nacionales, todos pertenecientes a la Ciudad de Buenos Aires o sus alrededores. El único caso en el que podría haberse dado algo distinto fue en 1894, cuando Rosario Athletic participó en el torneo.

Tras más de 40 años de una liga que en la práctica estaba restringida a Buenos Aires, en 1939 se afiliaron a AFA y se sumaron al torneo Rosario Central y Newell ‘s Old Boys. El empuje federalista de los equipos rosarinos permitió que en la década del 40 obtuvieran la afiliación otros dos equipos de la ciudad de Santa Fe: Unión y Colón.

Valentín Suárez, interventor de la AFA designado por la dictadura de Juan Carlos Onganía en 1966, tuvo un rol clave en la expansión territorial del fútbol argentino, gracias a la reestructuración de los campeonatos que llevó a cabo. En 1967 se jugó por primera vez el Campeonato Nacional con participación de cuatro clubes del interior del país, que clasificaron mediante un torneo selectivo de carácter regional. Estos se enfrentaron a 12 equipos de Primera División de AFA clasificados a través del Campeonato Metropolitano, disputado en la primera parte de la temporada. La apertura a instituciones “no tradicionales” en el fútbol profesional resultó definitiva y tendió a ampliarse sucesivamente en ediciones posteriores. 

Más allá de la dispar cantidad de equipos “tradicionales” y del interior en esa primera edición, la importancia que pretendió dársele a dicho certamen quedó reflejado en el premio que otorgó: la clasificación a la Copa Libertadores de América. Cabe aclarar que la participación al Torneo Nacional de los clubes del interior no significaba su incorporación a la primera división, ya que para jugarlo había que clasificar en cada edición.

En 1971 se dio un hito histórico: Rosario Central ganó el Nacional y se convirtió en el primer equipo campeón en el fútbol argentino que no pertenecía a Buenos Aires. En marzo de 1975 el director técnico de la selección argentina Cesar Luis Menotti armó la recordada “selección del interior” para disputar un torneo amistoso en Brasil. Esta experiencia permitió vestir la celeste y blanca a cuatro jugadores (Luis Galván, Miguel Oviedo, José Valencia y Osvaldo Ardiles) que tres años después serían campeones del mundo. En esos años, también, brillaría en Rosario Tomás El Trinche Carlovich y en Mendoza Victor El Victor Legrotaglie, dos personajes elevados a la categoría de leyenda y comparados incluso con Diego Armando Maradona. Según cuentan los relatos de época, ambos fueron figuras irrepetibles de un fútbol menos globalizado, que aún permitía amagues en el anonimato de las ligas locales.

Nueve años después, con Julio Humberto Grondona como presidente, la AFA habilitó (mediante la resolución 1309 publicada en el boletín de AFA N°682) la incorporación a primera división de los clubes que alcanzaran las semifinales del Campeonato Nacional, por lo menos, en dos temporadas. Fue así como sucesivamente iban a llegar a esta situación Talleres, Instituto y el Club Atlético Racing, los tres de la capital cordobesa.

Más allá de ese cambio, la gran reestructuración llegó en 1985 y cambió el paradigma del fútbol nacional: todos los clubes comenzaron a contar con pleno derecho para jugar en la Primera División. ¿Qué significó esto? Se terminaron los Campeonatos Nacionales y se creó el Nacional B, donde los clubes del interior pasaron a jugar los campeonatos de ascenso junto a representantes de la histórica Primera B conformada por clubes directamente afiliados. Sucesivamente se crearon nuevos torneos de ascenso a esta nueva categoría, los que sumaron masivamente equipos del interior e hicieron perder peso a las ligas locales.

En la actualidad, más allá de que la gestión actual de la AFA se autoproclama federal, las diferencias siguen existiendo. La entidad presidida desde marzo de 2017 por Claudio Chiqui Tapia se embandera detrás de la idea de un fútbol en el que nadie queda afuera. Algunos de los peones que pone sobre el tablero para defenderla son el torneo de Primera División de 30 equipos, con 13 del interior; la Primera Nacional de 36 equipos, con 17 del interior; la creación de la Copa País, certamen interligas que en su presentación prometía un cupo a la Copa Argentina que nunca llegó; la recuperación (sic) de los derechos televisivos de los clubes del ascenso, que derivó, por ejemplo, en la decisión de que los equipos de la B Metropolitana y el Torneo Federal A puedan por primera vez cobrar el mismo canon; y la creación del Torneo Argentino del Interior (viejo Federal B) que se llevará a cabo entre abril y noviembre de 2027 con 64 clubes.  

En los pasillos de la AFA, nada está exento de polémicas. Al mirar la otra cara de la moneda, se pueden interpretar a todas estas acciones como meros ejercicios populistas de construcción de poder. En la última nómina de delegados autorizados a votar en AFA, los 50 equipos directamente afiliados de la B Metropolitana y la C Metropolitana contaron con ocho delegados y los más de 350 equipos indirectamente afiliados del Torneo Federal Regional Amateur y el Federal A tuvieron solo siete representantes. 

Milito trató de llevarse la marca y el Fideo puso en valor su trabajo. Lo hicieron toda su carrera. La conspiración es siempre el camino más fácil. La disputa por un bien tan preciado en nuestro país no va a cesar. Ni el fútbol está roto ni Rosario Central es tan del interior. Pará, ¿del interior de qué?

 

De La Boca a Núñez: la historia del nacimiento de River Plate

Por Agustina Andrada

En 1901, en el barrio de La Boca y cerca de las Cavernas Wilson, se fundaba oficialmente el Club Atlético River Plate. El nacimiento se gestó mediante la fusión de dos equipos de la zona: Santa Rosa y La Rosales.

La institución adoptó el nombre por insinuación de Pedro Martínez, quien vio la inscripción en los cajones de carbón que llegaban al puerto local en barcos británicos a orillas del Río de la Plata.

En los primeros años, River jugaba de blanco, pero le faltaba ese distintivo que enciende las pasiones. La respuesta llegó en una noche de carnaval cuando a los riverplatenses les ocurrió un hecho particular: les llamó la atención un carro del que, en la parte de atrás, sobresalía una cinta roja. Tras aquel suceso, la cruzaron en diagonal sobre sus camisetas blancas y la sujetaron con alfileres. Sin saberlo, le dieron al club su ADN definitivo. Fue así como nacía una marca y una de las camisetas de fútbol más famosas del planeta.

Con el transcurso del tiempo, River se mudó a distintas localidades. Su cancha principal estuvo en La Boca, luego, en su intento por encontrar estabilidad geográfica, el club se alejó temporalmente de la Capital Federal y se instaló en la localidad de Sarandí, en la Provincia de Buenos Aires. En la década de 1920, la institución cruzó hacia el norte de la ciudad y se asentó en el barrio de Recoleta. Allí el club tuvo un gran crecimiento social, sumó logros en la era amateur y consolidó una base de hinchas. Finalmente, ante la necesidad de un estadio más grande por el advenimiento del profesionalismo, en mayo de 1938 se inauguró el Estadio Monumental en Núñez. Esta ha sido su casa definitiva hasta el momento, con una única gran mudanza temporal entre 1977 y 1978, cuando ejerció la localía en la cancha de Huracán para que el Monumental fuera remodelado de cara al Mundial 1978.

El crecimiento institucional fue a pasos agigantados. En 1914, el equipo obtuvo su primer trofeo oficial tras adjudicarse la Copa Competencia, un certamen que se disputó anualmente entre equipos argentinos y uruguayos.

Con el inicio del profesionalismo, el club adquirió a Carlos Peucelle y Bernabé Ferreyra, compras que le valieron un apodo que sigue vigente hasta la actualidad: “Millonarios”. Más tarde, tras la final de la Copa Libertadores de 1966 contra Peñarol -aquella derrota dolorosa en el torneo continental donde el equipo dejó escapar una ventaja decisiva en el marcador- se gestaría otra insignia. En el siguiente partido, ante Banfield, los hinchas rivales arrojaron una gallina al campo de juego para burlarse de la actitud del equipo. Lo que surgió como una burla del bando opuesto, con el paso de los años los propios simpatizantes de River lo adoptaron y lo convirtieron en un símbolo de identidad.

A partir de que la AFA dispusiera la implementación del llamado “voto proporcional” en 1937 -que consistía en darle mayor poder de decisión a aquellas identidades con mayor número de socios, antigüedad y palmarés-, el Millonario pasó a ser considerado uno de los denominados cinco grandes del fútbol argentino. Mantiene rivalidades con distintos equipos del país, siendo su máximo clásico Boca Juniors.

A lo largo de su trayectoria, se destacó por ser el líder de la tabla histórica de la Primera División. Además, es el equipo que más veces logró, en cuatro oportunidades, un tricampeonato de liga y uno de los pocos en ser bicampeón consecutivo de la Copa Argentina. Actualmente, posee 72 títulos oficiales: 54 nacionales y 18 internacionales.

Desde los primeros partidos a orillas del río hasta la consolidación de su infraestructura actual, el club transitó más de un siglo de transformaciones profundas. Más allá de las estadísticas acumuladas en el almanaque, detrás de los cambios de época subyace una misma identidad competitiva. Un espíritu que nació en el barro portuario, hoy se sostiene en el cemento de Núñez y proyecta su vigencia hacia el futuro del deporte profesional.

Cómo el pádel se convirtió en el nuevo ritual social de los argentinos

Por Victoria Calero

Son las nueve de la mañana de un sábado cualquiera en Entre Ríos. En una cancha disponible del pueblo, cuatro amigos calientan y cuchichean. El ruido de las pelotas rebotando contra el vidrio se mezcla con las risas y los insultos cariñosos de siempre. Todavía no terminaron el partido y ya están pensando en el mate y coordinando el almuerzo. El deporte, en ese momento, es casi una excusa.

Esta escena se repite a diario en miles de complejos a lo largo y a lo ancho del país. El pádel dejó hace rato de ser simplemente un deporte: se convirtió en una nueva forma de sociabilidad urbana, un espacio de encuentro intergeneracional y, para muchos, el complemento perfecto del asado del domingo.

El pádel en Argentina dejó de ser un recuerdo nostálgico de los años 90 para consolidarse como un fenómeno cultural y deportivo de alcance masivo.

Un deporte que no distingue edades

Hay algo que el pádel logró casi sin querer: meter en la misma cancha a gente que normalmente no comparte ni el grupo de WhatsApp. Un pibe de veinte años y su viejo, una abuela con su nieta, compañeros de trabajo de distintas edades. No importa quién sea más ágil ni quién tenga más fondo físico, el juego se acomoda solo. No es casualidad. El pádel no te exige ser atleta, no te castiga si llegás tarde a la pelota. Y eso, sin que nadie lo haya planeado así, terminó siendo su mayor gancho social.

En términos concretos, el crecimiento es difícil de ignorar. Según datos de la plataforma Easycancha, el pádel fue el deporte más reservado de toda Latinoamérica en 2025, concentrando el 46,3% del total de turnos deportivos. Muy por encima del tenis (26,9%), el fútbol (9,4%) y el squash (5,8%). En Argentina, las canchas crecieron más de un 30% en los últimos tres años, y hoy se estima que más de 3 millones de personas lo practican regularmente.

El rol de las redes y la visibilidad

Las redes sociales fueron clave. En Instagram y TikTok circulan los videos de los argentinos Agustín Tapia, Federico Chingotto, el super ratón, Delfina Brea en jugadas imposibles e increíbles, los tutoriales para principiantes y los clips de grupos de amigos festejando un punto o burlándose del peor revés de la historia. Ese contenido genera un efecto viral que ninguna campaña publicitaria podría comprar: la sensación de que todos juegan, de que uno se está perdiendo algo.

A nivel profesional, el Premier Padel, el circuito internacional de mayor jerarquía, eligió Buenos Aires como sede de su torneo P1, uno de los más importantes del calendario. Este año se llevó a cabo la quinta edición y el resultado fue lógico: Argentina copó Parque Roca y batió la marca mundial con la presencia de 16.920 personas en el Estadio Maryn Teran de Weiss.

Una nueva forma de hacer vínculos

Quizás el dato más revelador no sea el de los jugadores ni el de las canchas, sino el de lo que ocurre fuera de ellas. El pádel se juega de a cuatro, siempre. Esa condición estructural lo transforma automáticamente en un acto colectivo. No hay manera de jugar solo. Y esa obligación de ser cuatro termina siendo, paradójicamente, uno de sus mayores atractivos, obliga a organizar un plan, a juntar gente, a hablar con alguien que hace semanas que no llamabas.

En un contexto de creciente aislamiento urbano, el pádel apareció como un formato de sociabilidad con reglas claras y barreras de entrada bajas.

No hace falta ser bueno. No hace falta tener equipamiento propio. Alcanza con querer estar.

¿Una moda o un cambio cultural?

La pregunta que muchos se hacen es si esto es pasajero. El pádel ya tuvo un primer boom en Argentina en los años 90, que se diluyó tan rápido como llegó. Esta vez, sin embargo, varios indicadores sugieren que la historia es diferente. La infraestructura creció de manera sostenida, hay inversión privada, hay un circuito profesional consolidado, y los jugadores son cada vez más jóvenes. La Federación Internacional de Pádel incluso trabaja para que el deporte sea olímpico en 2032.

Más allá de los datos y los pronósticos, hay algo que los números no terminan de explicar. ¿Por qué, en un país donde el tiempo libre es escaso y la economía aprieta, tanta gente elige invertir su sábado a la mañana en una cancha de pádel? La respuesta quizás sea la más simple de todas, porque ahí, adentro de esa caja de vidrio y metal, todavía se puede estar con otros. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.