Por Juana Lusin Santafé
Hay trabajos que todos sueñan con tener. Y hay otros que, en determinados momentos, pocos se animan a asumir. En 2018, el cuerpo técnico de la Selección Argentina pertenecía a esa segunda categoría. El Mundial de Rusia había finalizado antes de lo esperado y el equipo arrastraba años de frustraciones e incertidumbre. La AFA necesitaba un entrenador, y la solución apareció en alguien que nadie imaginaba que terminaría devolviéndole la ilusión a todo un país: Lionel Scaloni.
Pero para llegar hasta ahí, hay que viajar unos años al pasado. Scaloni se retiró del fútbol en 2015 y, poco después, se sumó al cuerpo técnico de Jorge Sampaoli, primero como ayudante en el Sevilla y luego, cuando asumió en la Selección Argentina, como analista de rivales.
Argentina llegó al Mundial de 2018 con el casildense a la cabeza y quedó eliminada en octavos de final ante Francia, un partido que todavía hoy se recuerda como una de las heridas más profundas del ciclo.
Esta eliminación le costó el puesto al técnico y la Selección quedó sin rumbo: no había entrenador, no había proyecto, no había un candidato claro. Fue entonces cuando apareció el nombre que sorprendió a todos. Con apenas 40 años, sin experiencia previa y con un puñado de amistosos por delante, Lionel Scaloni asumió el puesto de manera interina.
El 8 de septiembre de 2018, debutó como DT de la Selección Mayor con triunfo ante Guatemala por 3 a 0. Y mientras afuera se discutía quién sería el que tome el cargo definitivo; adentro, él ya empezaba a construir algo distinto. Animándose a tomar decisiones que a muchos les parecían una locura. La primera fue hacer un recambio profundo y generacional. Les abrió las puertas a futbolistas que hasta ese momento apenas habían tenido oportunidades con la camiseta argentina. Como Rodrigo De Paul, Cristian Romero; más adelante Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister. Entre otros.
Pero el cambio no fue solamente de nombres. También fue de ideas. Scaloni armó un grupo en el que el compromiso pesaba más que el apellido, donde nadie tenía el puesto asegurado y cada convocatoria respondía al futuro y no al pasado. Por último, hubo una decisión todavía más importante: reconstruir la relación de la Selección con Lionel Messi. Poco a poco, se empezó a recuperar algo que hacía mucho tiempo parecía perdido: la identidad.
Y los resultados empezaron a aparecer. Después de casi tres años de trabajo, la idea de Scaloni dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. El primer gran golpe llegó en la Copa América 2021. Argentina volvió a ser campeona después de 28 años y lo hizo de la manera más simbólica posible: venció 1 a 0 a Brasil en el Maracaná, con el gol de Ángel Di María. Muchos también la recuerdan por el famoso “mirá que te como” del Dibu Martinez en la tanda de penales ante Colombia.
Lejos de conformarse, ese equipo siguió creciendo. Un año después llegó la Finalissima, con una contundente victoria por 3 a 0 frente a Italia. Y entonces llegó Qatar. Argentina aterrizó en el Mundial de 2022 como una de las grandes candidatas al título y con un invicto de 36 partidos, el más largo en la historia de la Selección.
Todo parecía encaminado. Pero la derrota en el debut frente a Arabia Saudita fue un golpe que nadie esperaba y que volvió a despertar los fantasmas que parecían haber quedado atrás. Por un momento, pareció que todo el trabajo de los últimos años podía derrumbarse. Pero el plantel respondió con personalidad. Llegaron las victorias frente a México, Polonia, Australia, Países Bajos, Croacia; y por último, Francia, en una de las finales más emocionantes de la historia. Argentina se consagró campeona del mundo por tercera vez y Scaloni pasó de ser aquel entrenador interino al técnico que devolvió la Copa del Mundo después de 36 años.
A partir de ahí llegaron más logros, como el bicampeonato de América en 2024. Y en medio de este Mundial de 2026, Scaloni suma cien partidos al mando de la Selección y se afianza como el segundo entrenador con más presencias en la historia. Pero quizás, el mayor impacto de este ciclo no se pueda medir en títulos. Scaloni acostumbró a toda una generación de chicos a ganar. A ver a la Selección clasificarse con comodidad a los grandes torneos, a dominar las Eliminatorias, a competir de igual a igual contra cualquier potencia. Una costumbre que, durante muchos años, parecía imposible.
Hoy, millones de argentinos “elegimos creer” y nos sentimos representados por este equipo. Tal vez, dentro de algunos años no recordemos exactamente cuántos partidos dirigió Lionel Scaloni o cuántos ganó. Pero sí vamos a recordar que hubo un momento en el que Argentina necesitaba empezar de nuevo. Y el hombre que llegó para dirigir apenas unos amistosos terminó convirtiéndose en el entrenador más exitoso de la historia de la Selección. Entonces… después de todo esto, ¿cómo van a convencernos de que la magia no existe?




