Mbappé reabrió un debate que el fútbol ya no puede esquivar

Por Candela Guijo

Mientras el Mundial 2026 concentra la atención del planeta, Kylian Mbappé volvió a quedar en el centro de la escena. El capitán del combinado francés protagonizó un fuerte enfrentamiento con la Federación, donde amenazó con abandonar la selección tras oponerse a que su figura sea utilizada para promocionar casas de apuestas, una postura que sostiene desde hace varios años y que reavivó la discusión sobre la responsabilidad de los futbolistas frente al crecimiento de la ludopatía.

Antes del inicio de la Copa del Mundo, el delantero y varios de sus compañeros mantuvieron una tensa discusión con las autoridades francesas de fútbol por una campaña publicitaria de la plataforma BetClic. En el anuncio aparece junto a Rayan Cherki, Michael Olise, Ousmane Dembélé y Désiré Doué invitando al público a utilizar el casino online de la empresa, una imagen que generó malestar dentro del plantel.

Sin embargo, la posición del atacante del Real Madrid no es nueva. Durante la preparación para Qatar 2022 ya había rechazado participar en una sesión fotográfica organizada por la entidad francesa, debido a la presencia de patrocinadores vinculados con el tópico y determinados productos alimenticios.

En aquel momento, explicó públicamente los motivos de su decisión: “No estábamos de acuerdo en casos vinculados a marcas de salud alimenticia y de apuestas. Muchos de nosotros venimos de barrios donde estas cosas destruyeron a mucha gente”. Mbappé dejó en claro que su repudio no responde únicamente a una cuestión comercial, sino también a una preocupación social. Considera que quienes tienen una influencia sobre los jóvenes deben ser conscientes del impacto que generan con los productos y servicios que promocionan.

Su convicción contrasta con una realidad cada vez más instalada en la disciplina. En la actualidad, numerosos futbolistas promueven apuestas y ligas y clubes mantienen acuerdos millonarios. Estos sitios se convirtieron en protagonistas del negocio de la actividad.

Ese crecimiento también se refleja en Argentina. De acuerdo con un relevamiento del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, seis de cada diez adolescentes reconocieron haber apostado alguna vez y muchos comenzaron antes de cumplir los 18 años.

Frente a este panorama, un Mundial representa el escenario ideal para que la industria multiplique su alcance. La cantidad de partidos, las promociones constantes en redes sociales y en la televisión en las pausas de hidratación, la participación de influencers y símbolos del deporte convierten al torneo en una vidriera permanente para estas plataformas.

Al mismo tiempo, especialistas en salud mental advierten un aumento en las consultas relacionadas con las apuestas deportivas. Los casos ya no se limitan únicamente a situaciones de adicción, sino que incluyen cuadros de ansiedad, estrés, conflictos familiares y problemas económicos derivados del juego compulsivo.

Además, el fenómeno adquirió una nueva dimensión. Ya no son solamente los usuarios quienes buscan apostar: las aplicaciones usan algoritmos y piezas con personajes reconocidos para llegar de manera constante a potenciales clientes.

En ese escenario apareció el nombre de Emiliano Martínez. El arquero de la Selección Argentina quedó expuesto por su vínculo comercial con la empresa Bplay, reavivando una pregunta que atraviesa a todo el deporte: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de los atletas cuando reproducen este tipo de actividades?

Siguiendo esa línea, La Selección Argentina tiene entre sus principales auspiciantes a Betano y BetWarrior, esta última envuelta en una polémica en las últimas semanas tras realizar una versión animada de Diego Maradona creada con inteligencia artificial para invitar a “jugar con pelotas”. A su vez, la Liga Profesional de Fútbol cuenta con Bplay como sponsor principal, mientras que Boca Juniors luce a Betsson en el centro de su camiseta y River Plate exhibe a Betano y Codere. Demostrando que forman parte de la cotidianidad del fútbol.

Gran parte naturaliza esa relación, Mbappé eligió recorrer el camino opuesto. Su negativa volvió a poner sobre la mesa una disputa: el impacto social de una industria en pleno crecimiento y los límites éticos de quienes representan al deporte más popular del mundo. 

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