Por Mateo Mekler
En 1965 una chica de 12 años cambió la historia del fútbol suizo. En una época en la que este deporte era “exclusivo para hombres” según la propia ley, Madeleine Boll, jugó un partido en las inferiores masculinas del FC Sion, algo que significó mucho más que un encuentro: marcó un antes y un después en su país.

En 1964, Boll ingresó a las divisiones juveniles del FC Sion. Se destacaba por la naturalidad con la que manejaba la pelota y por su gran técnica. Por esto, desde el club tramitaron la solicitud de una licencia para que ella pueda competir con el resto de sus compañeros. La Asociación Suiza de Fútbol le concedió al equipo suizo lo que pidió, al no darse cuenta de que era una niña.
Un año más tarde, el conjunto europeo derrotó 5-1 al Galatasaray por la UEFA Cup Winners Cup, la cual reunía a todos los clubes campeones de las copas nacionales de los distintos países del continente. Lo curioso no ocurrió en el trayecto de los 90 minutos, sino en un duelo previo. Ambos equipos acordaron que una de sus categorías juveniles disputara un partido de exhibición, en el cual Madeleine estuvo presente. Este contó con la presencia de canales de televisión y periodistas que viajaron para el partido principal, pero que igualmente decidieron verlo. Por esto, la presencia de esta niña no pasó desapercibida y la noticia se propagó con velocidad.

Madeleine Boll (derecha) durante un partido internacional contra Inglaterra en 1975.
En el momento que la federación suiza se enteró de la situación, le quitaron inmediatamente la licencia concedida. Desde la FIFA le entregaron una placa como “recuerdo” al momento en el que le quitaron el permiso de jugar, para cerrar el tema de una manera “pacífica”. Actualmente, se encuentra exhibida en el museo de la FIFA del fútbol femenino en dicho país.
La niña ya convertida en adulta, y en un símbolo de su nación, tras dedicarse por un tiempo al atletismo decidió volver a luchar por sus sueños en 1969, al firmar en el equipo femenino del Gommagomma de Milán. Durante ese año, viajó desde Suiza hasta Italia para disputar los partidos todos los fines de semana y, de este modo, demostró que la pasión no tiene límites. Allí se ganó el apodo de “Montagna Bionda” -Montaña rubia-, por el gran juego que demostraba en todas las canchas.
En esos momentos se fundaron varios clubes femeninos en el país y, en 1970, se creó de manera oficial la liga femenina. Hay un nombre que destaca en esta prematura edición: Jean Boll, primer presidente de esta organización y el padre de Madeleine. Esta última, decidió volver a sus tierras cinco años después para unirse al FC Sion femenino, en el que salió campeona en múltiples ocasiones.

Madeleine Boll, junto a “Maddi”, la mascota de la Eurocopa Femenina 2025.
En la Eurocopa Femenina 2025 disputada en Suiza, la mascota del torneo fue “Maddi”, una clara referencia a Madeleine Boll. Esto demuestra que el tiempo nunca se detuvo; las canchas cambiaron, las jugadoras y las reglas también, pero aquella niña de 12 años quedó en el recuerdo para siempre como alguien que jugó donde estaba prohibido soñar.




