Por Mateo Mekler
Austria y Argelia empataron 3-3 en la última fecha del grupo J del Mundial 2026 y se clasificaron a la siguiente instancia aunque, inevitablemente, despertaron los recuerdos de uno de los partidos más polémicos de la historia de este deporte: “La Desgracia de Gijón”. Se dice que la revancha llega siempre, pero el fútbol parece ser una excepción a la norma.
En el Mundial de España 1982, durante la última fecha del grupo B, Alemania Federal, Argelia y Austria llegaban con chances de pasar a la siguiente fase. El seleccionado argelino tenía tres puntos tras vencer a los germanos en el debut y tras caer ante los austríacos. Su última parada fue contra Chile, a quienes vencieron 3-2 y se quedaron con seis puntos.
El grupo se cerraría al otro día, con el encuentro entre la selección teutona y la austríaca, pero se contemplaba un gran detalle en la previa: si Alemania Federal ganaba 1-0, ambos países pasarían a la siguiente instancia. A los 10 minutos de la primera parte, el delantero alemán Horst Hrubesch marcó el único gol del partido, ya que el resto del tiempo no hubo prácticamente ninguna intención de cambiar el resultado y Argelia quedó eliminada. El estadio era una caldera, chiflidos por parte de los espectadores españoles y billetes arrojados al campo de juego por fanáticos argelinos. Aquel suceso fue catalogado como “La Desgracia de Gijón”. Después de ese torneo, la FIFA sacó una nueva regla, la cual establece que los últimos encuentros de cada grupo del Mundial deben jugarse al mismo horario.

Este sábado Austria y Argelia se volvieron a ver las caras en un partido que estuvo lleno de emociones. El empate le servía a ambos, ya que les permitía avanzar a la siguiente fase, pero a veces el sentimiento pesa más que los números. Hasta los 2’ del tiempo adicionado el resultado iba 2-2, y en la cancha se podía ver un encuentro similar a lo que fue aquel ocurrido en 1982 en la última fecha, pero alguien apareció para tratar de reescribir la historia: Riyad Mahrez. Un minuto más tarde, se infiltró entre los defensores de Austria y convirtió el 3-2. Parecía que la “venganza” estaba servida, pero el fútbol no se destaca por ser un deporte de justicia. Saša Kalajdžić, quien ingresó en el conjunto austríaco sobre el final, recibió una pelota en el área chica, y tras tocar la pelota por única vez, con un cabezazo decretó el empate definitivo.

Riyad Mahrez estableció el 3-2 parcial que dejaba como escolta a Argelia.
Quizás el tiempo quería que terminara de una forma diferente. Quizás el fantasma de “Gijón” comenzaba a desaparecer lentamente con el gol de Mahrez, pero el fútbol, siempre caprichoso e incontrolable, parece ser que tenía otros planes. Hay historias que no buscan tener un final feliz, sino volver a ser contadas.




