Corea del Norte y los pasajes de avión: la hazaña del Mundial 66

Por Bruno Di Perna

“No hagan un papelón”, fue el mensaje que dio el jefe de Estado norcoreano Kim Il-Sung a los futbolistas antes de viajar al Mundial de Inglaterra 1966. El panorama no era nada alentador tras ver el grupo de los asiáticos: Unión Soviética, Chile e Italia. Parecía que cumplir la orden sería una misión imposible, sobre todo tras perder 3-0 frente a la selección que lideraba Lev Yashin.

El segundo partido fue frente a la Roja, que en el Mundial de Chile 1962 logró el tercer puesto. Ya desde el primer tiempo Corea del Norte estaba en desventaja, tras un gol de penal a los 26 minutos. El partido siguió y la eliminación era prácticamente un hecho, como figuraba en todos los pronósticos. A falta de dos minutos para el final, Pak Sung-jin metió una volea desde el borde del área para lograr un empate milagroso bajo la lluvia de Middlesbrough.

Corea del Norte era una selección desconocida en la historia del fútbol. Jamás había participado de un torneo internacional. A pesar de esto, el proceso de clasificación se volvió accesible de un momento a otro. La FIFA otorgó únicamente una plaza para la Copa del Mundo en lo que inicialmente sería una lucha entre 21 selecciones de Asia, Oceanía y África. Tras esta decisión, sumada a tensiones políticas y problemas logísticos, casi todas las participantes boicotearon y decidieron no presentarse a las Eliminatorias. Únicamente dos decidieron jugar por la posibilidad de disputar su primer Mundial: Corea del Norte y Australia. El pasaje se definió en una serie a doble partido en una sede neutral. El país elegido fue Camboya, donde los asiáticos se impusieron con un global de 9-2 (6-1 y 3-1), en ambas ocasiones en el Estadio Olímpico de Nom Pen. De esta manera, Corea del Norte logró clasificar a su primer Mundial.

Antes de salir de Pyongyang, Kim Il-Sung realizó una visita al equipo. El por entonces jefe de Estado eligió a dedo a los 22 futbolistas que conformaron el plantel. Todos ellos eran militares de grado y casi ninguno había tenido experiencia en el fútbol profesional. Por último, dejó un mensaje a sus compatriotas: “No hagan un papelón y denle una alegría al pueblo”. Incluso el arribo trajo sus complicaciones. Al venir de un país comunista, hubo sectores en Inglaterra donde se planteó prohibirle la entrada a los Chollimas, pero esta idea fue rápidamente descartada. Los norcoreanos se alojaron en la ciudad de Middlesbrough, donde disputaron los tres encuentros de la fase de grupos.

Tras una derrota que era considerada digna ante Unión Soviética y un empate sobre la hora frente a Chile, las expectativas ya estaban más que satisfechas. Nadie se imaginó lo que iba a pasar en el partido con Italia. Ni siquiera los dirigentes, que ya habían sacado los boletos para regresar a su país. En el Ayresome Park, norcoreanos e italianos se vieron las caras. A estos últimos, el empate les alcanzaba para lograr la clasificación a los cuartos de final. Pero a la Azzurra se le complicó todo cuando Giacomo Bulgarelli chocó con Pak Sung-Jin y tuvo que retirarse lesionado a los 34’. Minutos más tarde, a tres del final del primer tiempo, Pak Doo-Ik la agarró como venía y puso el 1-0. En el segundo tiempo, los europeos fueron con todo a buscar el empate. Sin embargo, Ri Chan-Myong estuvo inspirado y fue clave con varias atajadas, para conseguir un triunfo que ni el más optimista hubiera esperado: “Detrás de mí estaba la portería, que era pequeña, pero detrás de la portería estaba nuestra nación. Si recibía un gol, caería el prestigio de Corea del Norte. Por eso defendí esa portería con mi vida”. Esta fue la primera vez que un asiático lograba superar la fase de grupos de un Mundial, además del primer triunfo de una selección de la AFC sobre un europeo y una campeona del mundo. La prensa italiana apodó a Doo-Ik como “El Dentista”. Esto fue para hacer notar el nivel de la selección que eliminó a la Azzurra. Este rumor se desmintió mucho tiempo después. El delantero norcoreano trabajó como obrero en una imprenta, para luego servir en el ejército.

Luego de clasificar a cuartos de final como escolta, Corea del Norte tuvo que cambiar los pasajes para mudarse a Liverpool. Luego de no conseguir ningún hotel, la Selección se alojó en el Loyola Hall, una residencia católica. Tras dormir en habitaciones aisladas, una rareza para el equipo (ya que acostumbraban a dormir juntos), Doo-Ik confesó que les costó conciliar el sueño con los íconos religiosos en las paredes. Ya frente a Portugal (que había eliminado a Brasil), los Chimollas sorprendieron al mundo: en 25 minutos ganaban 3-0. En ese momento apareció Eusebio, que anotó un póker y los Lusos ganaron por 5-3. Los norcoreanos fueron ovacionados por todo el Goodison Park. En su regreso, Doo-Ik comentó que fueron tratados como héroes: “Nos recibieron con honores. Jugamos un gran campeonato”.

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