jueves, junio 4, 2026
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Gabriela Sabatini: del frontón de River al salón de la fama del tenis

Por Gonzalo Basterra

“Quiero una raqueta de tenis”, dijo Gabriela Sabatini a los seis años, sin saber que 49 años más tarde recibiría el premio Philippe Chatrier en la Cena de Campeones de Paris e ingresaría para siempre en el salón de la fama del tenis. Es el premio más importante que puede recibir un tenista y se les concede a las personas que hayan realizado contribuciones significativas a este deporte, tanto dentro como fuera de la cancha.

Nació el 16 de mayo de 1970 en la ciudad de Buenos Aires y vivió su infancia en el barrio de Villa Devoto. Hija de Osvaldo Sabatini y Beatriz Garofalo, comenzó a jugar al tenis en el frontón del Club Atlético River Plate. Fue su hermano Osvaldo quien la incentivó. Él practicaba este deporte en el club de Nuñez y esto llevó a que Gabriela terminara inclinándose por esta disciplina.

En ese entonces, el profesor Daniel Fidalgo, de tan solo 20 años, era el encargado de la dirección del tenis en River. Un día se cruzó a la pequeña Sabatini jugando con la raqueta en el frontón del club. “Yo entrenaba a su hermano Ova en el club y la conocí un día jugando contra el frontón. Fue ahí cuando hable con sus padres para que se sume a la escuelita de tenis”.

Al poco tiempo de haber comenzado a entrenar, Fidalgo decidió hacerle un entrenamiento individual debido a que las condiciones innatas que tenía Sabatini eran mayores que la de cualquier otro chico del club. “Enseguida me di cuenta de las condiciones que tenía Gabriela. Era notable la facilidad que tenía para aprender. De todos modos, siempre priorice su felicidad por sobre lo deportivo”, recordaba el profesor, que a los ocho años tuvo que anotarla en un torneo por pedido de ella a pesar de que era muy chica. 

Veronica Platz, una joven que a los 12 años derrotó a Sabatini en un torneo juvenil, recuerda cómo fue su enfrenamiento con ella. “En ese momento le gané porque le sacaba cuatro años y había una gran diferencia en cuanto a lo físico. Pero en cuanto a la técnica, jugaba de igual a igual con todas las chicas más grandes. Creo que a su edad (8) nadie tenía las habilidades que tenía ella”. 

A los once ya se entrenaba como una adulta y comenzaba a tomar las cosas con mucha más responsabilidad. Su sueño estaba claro, quería ser tenista profesional y se lo había hecho saber a sus padres. Un año más tarde, obtuvo el Mundialito Juvenil disputado en la ciudad de Caracas, Venezuela. Luego, llegó el año 1984, los catorce años y algo más. 

Ese año, la niña que hace un tiempo jugaba contra un paredón, disputaba el torneo de Roland Garros Junior. Su nivel fue exhibido en todo el mundo. Se coronó campeona venciendo en la final a la búlgara Katerina Maleeva por 6-3, 5-7 y 6-3, y alcanzó el primer puesto en el ranking juvenil femenino. Esto le dio el derecho de jugar la edición senior del torneo parisino del año siguiente. “A los 14 años, Gabriela alcanzó el puesto número 1 del ranking sub-18 y fue ahí cuando nos separamos. Ella se fue para Estados Unidos con una agencia de representantes y comenzó su carrera profesional”, dice “Palito” Fidalgo. 

Llegó el 85 y nuevamente Roland Garros. En primera ronda se enfrentó a la suiza Lilian Drescher y le ganó con un doble  6-2. En segunda y tercera ronda, venció a las norteamericanas Penny Barg y Anne White. Finalmente derrotó a la sudafricana Rosalyn Fairbank en cuarta ronda para meterse en el cuadro final del campeonato.

Ahora solo quedaban las mejores y Sabatini debía medirse a la búlgara Manuela Maleeva en los cuartos de final. 6-3,  1-6 y 7-5 fue el resultado del partido. ¿La ganadora? Gabriela Sabatini. Con tan solo 15 años se metía en una semifinal de Grand Slam y se convertía en la jugadora más joven de la historia en alcanzar esta instancia. En semifinales la esperaba la estadounidense Chris Evert, número dos del mundo en ese entonces. Esta vez no pudo. Fue victoria de Evert, quien luego terminó coronándose en el torneo.

   Pese a no haberse podido consagrar, ese fue el comienzo de la era Sabatini. El mismo año en el que alcanzó las semifinales de Roland Garros, consiguió su primer título internacional en Tokio derrotando a Linda Gates en la final. 

Llegaría 1988, otro de los años más destacados de Sabatini en el tenis. Ya con más experiencia y algunos títulos ganados, llegaba a la definición del US Open, alcanzando por primera vez la final de un Grand Slam. Su rival fue la alemana Steffi Graf, quien la había derrotado en la final del Masters de 1987. La victoria se la llevó la germana y Sabatini quedaba a las puertas de su primer gran título.

Unas semanas más tarde, Sabatini y Graf volvían a verse las caras, pero esta vez en la final de los Juegos Olímpicos de Seúl. Nuevamente, Graf fue quien se quedó con el torneo. Pese a la derrota, Sabatini recordó en varias oportunidades que el momento del podio en donde le entregan las medallas a los deportistas, fue uno de los más importantes y que más la marcaron en su carrera. 

Tras los segundos puestos obtenidos en Estados Unidos y Corea, Sabatini cerraba el año disputando el WTA Tour Championship (Masters), un torneo anual que reúne a las mejores tenistas de la temporada. Era su gran oportunidad. Nuevamente llegó a la final. En el camino había dejado a Katerina Maleeva, a Natasha Zvereva y a Helena Sukova. Pam Schriver la esperaba en la final. Y como dice el dicho, la tercera fue la vencida. Sabatini se consagró venciendo a la norteamericana 7-5, 6-3 y 6-2. Fue el primer gran torneo que ganó la argentina y cerró el año 1988 como realmente lo merecía, campeona.

En septiembre de 1990, con más experiencia que años, Gabriela Sabatini volvía a llegar a la final del US Open. Al igual que dos años atrás, su rival era la alemana Graf. El primer set fue 6-2 para Sabatini. El segundo quedaba igualado 6-6 por lo que debían disputar el tie-break. Flushing Meadows se tiñó de celeste y blanco. Gaby ganó el tie-break y, por ende, se quedó con su primer y único Grand Slam. Aquella niña del frontón de River alzaba el trofeo en Nueva York y comenzaba a convertirse en una leyenda del deporte argentino.

Al año siguiente, Sabatini llegaba a una nueva final de Grand Slam. Fue en Wimbledon, la catedral del tenis. Una cara conocida la esperaba en el partido de definición, Steffi Graf. Esta vez, la alemana se tomaría revancha de la final perdida un año atrás en el US Open y ganaba el partido en tres sets. Ese día, la argentina estuvo a solo dos puntos de la consagración.

Fue la final del Abierto de Roma 1991 otro de los grandes hitos de la carrera de Sabatini. El 12 de mayo de aquel año, se enfrentó a la serbia Monica Seles en la final del torneo. La venció 6-3 y 6-2 y alzó el título por tercera vez en cuatro años. En 1992 volvería a ganar la final de dicho torneo, también contra Seles. “En esos tiempos, Roma era Gabylandia”, dice el periodista José Luis Domínguez. “Cuando iba a jugar ese torneo era la local, la gente le había tomado cariño”.

A fines de 1994, Sabatini volvió a ganar el Masters en Nueva York, esta vez frente a Lindsay Davenport. Unos meses más tarde, en enero de 1995 ganó su último título como tenista profesional en Sidney. Ese año también logró alcanzar las semifinales del Abierto de los Estados Unidos.

Pese a tener solo 26 años, la idea del retiro ya pasaba por la cabeza de la tenista argentina. Se encontraba saturada de la competencia y la exigencia que demandaba estar en la elite del tenis. También había comenzado a sufrir algunas lesiones que la alejaron de la cancha algunos meses.

En octubre de 1996, Gabriela Sabatini anunció su retiro en el Madison Square Garden de Nueva York. De esta manera, la pequeña de seis años que comenzó a entrenar bajo las órdenes de “Palito” Fidalgo dejaba de ser una jugadora y se transformaba en uno de los personajes más icónicos del deporte argentino. “Pese a que se veía que sus condiciones eran superlativas, uno nunca se imagina hasta dónde puede llegar un deportista. Creo que todo lo que logró no me lo hubiese imaginado cuando la conocí”, dijo Fidalgo.

27 títulos y 28 finales fueron las que obtuvo Gabriela Sabatini a lo largo de su exitosa carrera. Desde que se alejó de las canchas tenis, no se volvió a ver una argentina que se le asemeje. Hoy, a sus 48 años, se dedica a la realización de eventos solidarios, es madrina de las Escuelas Deportivas de Mar del Plata y hasta tiene su propia fragancia de perfumes. Siempre con la misma pasión y dedicación con la que jugaba al tenis. Del frontón de Núñez hasta meterse en el salón de la fama. Esa es Gabriela Sabatini. 

Tiempos de Tigre

Por Rodrigo Engel

En cada esquina de Perú reina una pieza que se identifica con la Selección que los devolvió a un Mundial luego de 36 años. En los kioscos, esos espacios en donde uno se pregunta cómo cabe una persona del otro lado del mostrador para concluir una venta de diario revista, flotan los posters de la dupla que logró ingresar en el corazón del pueblo para el resto de los días de quien está y para las anécdotas con sabor a gloria de quienes vendrán: Jefferson Farfán y Paolo Guerrero.

Sin embargo, en medio de la convulsión limeña, donde el caos es solo un minúsculo adjetivo para representar la andanza diaria, también se interpone, en el ventanal de un bar que apunta al núcleo de Miraflores, la imagen del muchacho de cabellera dorada. Ese mismo señor que los apartó del Mundial de España en aquel 2-2 agónico en La Bombonera de Buenos Aires, que decidió recoger la pluma para decirle mediante un papel a la historia que aún faltaba un capítulo por acabar.

Responsabilidad. Honor. Y la posibilidad de estar ante “el desafío más grande de su carrera” fueron las palabras que cayeron de la boca de Ricardo Gareca a comienzos de marzo del año 2015, donde la banda roja ya brillaba en la presentación.

“Lo adoramos”, dijo un taxista apresado por dos turistas argentinos que le preguntan qué significa el Tigre para ellos, mientras un mural con su rostro acompañado de algunas letras -que formulan la frase “pensá en grande”- invaden la situación y zapatean al ritmo de la salsa peruana sobre las dudas.

“A nuestra generación le regaló el sueño de jugar un Mundial”, comentó Martin, uno de los jóvenes meseros de un bonito restaurante en la periferia inmediata del Parque Kennedy, cuyo verde se opaca ante el sin fin de banderas peruanas que flamean con las mismas esperanzas que la Selección Nacional flamea en Brasil.

La blanquirroja es marca registrada en la previa a cada partido por disputar. En el debut frente a Venezuela o ayer por la noche, donde la televisión deleitaba al público en cada intercepción de Pedro Gallese y gritó desde lo más profundo de su corazón la sutil definición de Guerrero que sentenció el 3-0 en el Arena Do Gremio ante Chile y regresó a Perú a una nueva Final de Copa América luego de 39 años.

Brasil, el mítico Maracaná y su característica localía a pura danza y color serán el próximo desafío. Los de Tité buscarán, desde la redonda y la gambeta, sanar con resultados, en tiempos donde los resultados marcan el tiempo y no el tiempo a los resultados, la herida abierta que dejó la bofeteada alemana en 2014. El precio será ese: enfrentar a once Tigres que no confunden la mirada cuando el fútbol los premia con una nueva oportunidad.

El arco más grande del mundo

Por Joaquín Méndez

Una brisa helada congela las orejas de las dos personas que caminan por avenida Udaondo, las tienen rojas, el viento rasga sus pieles. Escarba y escarba en lo más profundo de sus cajas torácicas, como si les arrancara el último aliento que posee. El frío duele. La noche con la temperatura más baja del año en Capital Federal pega fuerte en lo más vulnerables. “Me robaron todo hace tres días”, dijo un señor calvo mientras frotaba sus brazos en busca de un poco de calor. Tan sólo vestía una campera verde de tela fina y un pantalón emparchado. Pero al menos por un día, para ese señor, no todo fue soledad y tristeza.

El arco se abrió y se abrió para que se hagan muchos goles, miles de gritos al cielo, para todos los que quieran colaborar. River Plate abrió las puertas de su estadio para combatir la desigualdad y el hambre. En una de sus entradas recibió donaciones durante toda la noche como frazadas, abrigos y alimentos. Además, puso a disposición el gimnasio de Vóley para que las familias pudieran dormir con colchonetas, en un piso de parqué que ayudó a mantener el lugar a una temperatura placentera.  “Esto es la cartelera para mostrar todo esto, los clubes cumplen su rol social todos los días sacando niños humildes de las calles”, aseguró Juan Carr, titular de Red Solidaria, en una entrevista con El Equipo.

Y la cartelera hizo su efecto. Cientas de personas se acercaron a colaborar con la fundación, a tal punto que se llenó una montaña de 3 a 4 metros con donaciones. Algunas se repartieron a las personas que provenían de las oscuras calles de Buenos Aires y el resto, se repartirá el próximo viernes en Plaza de Mayo. Carr expresó su asombro por la cantidad de ayuda que obtuvo el evento: “Lo que pasó hoy es una locura, armamos todo rápido y mirá la repercusión que tuvo. Yo traje dos frazadas para una foto y así poder visibilizar, que era el principal objetivo. Pero se llenó todo”. Por otra parte, confirmó el interés de Vélez por realizar un acto similar próximamente.

La esperanza no sólo vino desde los colaboradores que llegaron para donar, sino también desde las propias personas que llegaron en busca de ayuda. Una decena de ellas, participaron activamente de la recolección, acomodando y apilando las cosas que fueron llegando. Se armó un equipo. Un equipo de lucha y con conciencia social en busca del bien común. Los más necesitados y los primeros que tendieron una mano para combatir al frío y la muerte. Muerte que ya se llevó cinco vidas en una semana. El último fue Sergio Zacarías de 53 años, uno de los detonantes del movimiento solidario de la madrugada según le afirmó Carr a El Equipo.

Hoy se se creó el arco más grande del mundo en el Monumental, celebrando la inclusión y las ganas de compartir el cariño que calentó los corazones de un centenar de personas indigentes. Hasta el Museo de River fue visitado por los huéspedes según contó Rodrigo Daskal, sociólogo y docente. La emoción invadió los rostros de las madres y los padres que encontraron un hogar para sus hijos, al menos por una noche. Aquellos niños, recibieron el amor del estadio, de las más de 70 mil personas que asisten a él cada día y gritaron gol, con cada manta que les fue tendida sobre los pies.

Juan Carr es el director técnico de Red Solidaria y detrás, tiene un equipo dispuesto a brindar amor a cambio de un gesto, una sonrisa, un leve mueca de felicidad. Empatía. La misma que generan los clubes a diario, cuando cumplen con su rol social en los barrios de la Argentina, cuyo valor es incalculable y que de ninguna manera podría dar un saldo negativo. Lo que pasó esta noche fue histórico como tantas otras acciones de la fundación. Tiro paredes, jugó limpio y no paró de trabajar por su ideal. Ideal más que representado por sus jugadores, los que dan y los que reciben.

Y si de experiencia se trata, sobra y muchísimo. De hecho, el abuelo ya llegó al estadio. Comenzó a compartir su sabiduría, sus vivencias y su alegría. Estuvo colgado de la valla blanca en busca de su abrigo y luego, fue a buscar algo de comer. Ya obtuvo su plato de fideos bien calientes con salsa. Además, encontró un grupo de amigos con los cuales no paraba de reírse. Panza llena y corazón contento, se tiró hacia atrás sobre un colchón improvisado con bolsones, que le prepararon los más jóvenes. Respiró hondo y largó un suspiro largo. Se volvió a erguir y comenzó a charlar con los que le hicieron su cama, les explicó el juego. El juego de la vida, que a veces, en ciertos días, tiene el arco y la red tan grande como el de River.

Holanda a la final del Mundial por primera vez en su historia

Por Maximiliano Das

Aunque a veces se ve obligado a usar la casaca alternativa, el Seleccionado holandés de fútbol suele vestir de naranja cuando disputa un encuentro internacional. Un naranja fuerte, chillón. Fue así durante toda la fase de grupos, los octavos y los cuartos de final. Y las semifinales no fueron la excepción: en esta oportunidad, tenía en frente al conjunto sueco, que venía de eliminar a una potencia como lo es Alemania.

El encuentro se dio bastante lento, trabado en el mediocampo y con muchas interrupciones que no dejaban que se termine de acomodar ninguno de los dos equipos en el campo de juego, al punto de no generar una situación en el arco contrario que terminara en gol durante los 90 minutos reglamentarios.

Recién en el tiempo extra,  con la ayuda de una deficiente organización por parte de la defensa sueca, Jackie Groenen quedó sola. Y su camiseta dejó de ser naranja. No es del todo claro si fue por el calor o qué, pero la vestimenta era más colorada, más cálida. Cuando recibió el pase de Danielle Van de Donk -que, en realidad, era para Vivianne Miedema pero se había desviado- el público advirtió: no era más sólo una casaca, sino fuego. Y fue quizá ese fuego que la encendió, que le permitió a Groenen lanzar un disparo cruzado exquisito para que la arquera Hedvig Lindahl no tenga ni la más mínima oportunidad de evitar lo que sería la apertura del marcador.

Eventualmente, durante el festejo, la camiseta volvió a ser naranja, sin siquiera dejar rastro de aquel fuego que ardió. Las escandinavas intentaron por sus medios igualar el encuentro, pero no pudieron penetrar la sólida defensa holandesa.

El tiempo se terminó de consumir sin cambios en el marcador. Así, las holandesas, vigentes campeonas de la Eurocopa, accedieron por primera vez y en su segunda participación a una final de un Mundial, instancia en la que se enfrentarán con Estados Unidos, favorito por historia e individualidades, para definir a las campeonas. Por su parte, Suecia disputará con Inglaterra el bronce que les permitirá subirse al podio.

La historia dice que la AFA tiende a guiarse por los resultados

Por Fernando Bajo

El 1 de junio de 2017, Jorge Sampaoli asumía oficialmente como entrenador de la selección argentina. Claudio Tapia, Presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), aquel día aseguró: “Jorge va a ser el conductor de la Selección por cinco años”, y luego destacó: “Tenemos al mejor técnico del mundo”.

Varios meses después de la asunción del nuevo entrenador, Tapia siguió apoyándolo pese a que los resultados no eran los esperados. “Banco a Sampaoli aunque no pase la primera ronda del Mundial”, afirmó el máximo dirigente del fútbol argentino en mayo de 2018.

Sin embargo, el ciclo del hombre de Casilda duraría 15 partidos. Posteriormente a la eliminación en octavos de final de la Copa del Mundo de Rusia 2018, el 14 de julio, en su cuenta de Twitter la AFA anunció que habían llegado a un acuerdo mutuo para que Sampaoli dejara de ser el entrenador.

Es probable que la opinión de los dirigentes de la entidad madre del fútbol nacional sobre el santafesino haya variado en un par de meses. ¿Acaso las demás personas no están poniendo en cuestión los hechos cotidianos y modificando el punto de vista de las cosas constantemente? Lo que sí sería criticable, es que el proyecto a largo plazo del que Tapia habló se haya derrumbado por un resultado. Y si a los hechos se remite, lo más probable es que eso haya determinado la decisión final.

En los últimos 13 años por la Selección argentina pasaron ocho técnicos. Luego de la renuncia de José Pekerman en 2006, el último que logró llevar a cabo un proyecto, asumió Alfio Basile hasta 2008, año en el que dimitió. Después del Coco fue el turno de Diego Maradona que comandó al Seleccionado hasta los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010, instancia en la que argentina fue eliminada. En consecuencia, llegó Sergio Batista hasta el final de la participación en la Copa América 2011 y en su reemplazó asumió Alejandro Sabella, uno de los que más perduró en el cargo. Posterior a la renuncia de Pachorra, el que tomó las riendas del equipo nacional fue Gerardo Martino. Sin embargo, cansado de la falta de apoyo de la AFA y los clubes, dejó el cargo en 2016. Edgardo Bauza, primero, y Jorge Sampaoli, después, completan la lista hasta llegar a Lionel Scaloni.

El nacido en Pujato, Santa Fe, está teniendo su primera experiencia como director técnico de un plantel mayor. En cada conferencia de prensa aclara que él está aprendiendo de los jugadores. Es curioso que el entrenador nacional sea alguien que no había dirigido nunca antes a una plantilla de primera división, pero, ¿por qué eso debería ser un requisito necesario?

Los dirigentes que eligieron a Scaloni deberán ser los encargados de evaluar su desempeño cuando finalice su contrato en diciembre de este año. Sin embargo, la evolución del hombre de 41 años desde que asumió hasta hoy es evidente. Incluso la Selección argentina terminó jugando mejor los últimos encuentros.

Lionel Messi, luego de la derrota ante Brasil avisó: “Empieza algo nuevo, algo lindo. Viene una camada buena, que demostró en esta copa que ama a la selección, que quiere estar y tiene futuro. Hay que darles tiempo y dejarlos seguir. Ojalá se los respete”. El historial marca que luego de cada competición, sobre todo si no se logra el título, los directores técnicos son despedidos o motivados a irse por cuenta propia. Messi no fue el único que apoyó la continuidad de este proceso. “Esto tiene que servir de experiencia, estar más unidos que nunca los jugadores, cuerpo técnico y periodistas”, declaró Nicolás Tagliafico.

Sin dudas a este equipo le queda mucho por mejorar y para eso será fundamental el trabajo del entrenador. Mientras tanto, el capitán argentino ya manifestó su postura. Ahora la decisión depende de los directivos de la AFA y quizás, por primera vez, el resultado no sea determinante en una decisión y la continuidad de un proyecto, sumado al pedido de los futbolistas, esté por encima de ello.

El partido del capitán

Por Daniel Melluso

Lionel Messi y la pelota. Esa que le fue esquiva en los cuatro encuentros previos de la Copa América. Esa con la que frente a Brasil se amigó, esa con la que llegó a un punto de entendimiento que permitió que el astro demuestre toda su categoría cuando la tiene entre sus pies.

“No está siendo mi mejor Copa América”, había declarado Messi, luego del triunfo albiceleste ante Venezuela por 2 a 0 en los cuartos de final. Es cierto que no estaba siendo su mejor versión, por lo menos si tomamos como referencia el nivel que muestra en su club, el Barcelona, pero con él en la cancha el rival se predispone de otra manera, lo obliga a que la atención esté puesta en él y libera a sus compañeros, que sin presión poseen más espacios para desarrollar el planteo del entrenador Lionel Scaloni.

Esta autocrítica que tuvo después del duelo ante La Vinotinto fue el puntapié para soltar todo el fútbol que desarrolló en la semifinal. La Canarinha fue el contrincante ideal, y la instancia también, para que el 10 encontrara aquello que estuvo buscando desde el inicio del certamen.

La derrota por 2 a 0, al igual que los dos penales no cobrados por el árbitro ecuatoriano Roddy Zambrano y la no intervención del VAR, a cargo del uruguayo Leodán González, no pudieron eclipsar la mejoría en el rendimiento del capitán del seleccionado nacional. Tampoco lo pudo hacer el fenómeno solar que se pudo observar, previo al cotejo, en Argentina, Chile, Colombia y Uruguay.

Al igual que en la competición, Messi fue de menor a mayor ante La Verde-amarela. Un primer tiempo con un bajo nivel del equipo de Scaloni, que repercutió tanto en el capitán como en el marcador que a los 19 minutos ya se había modificado a favor de los locales con el tanto del delantero Gabriel Jesús. Las intervenciones del 10 fueron pocas, pero no por eso insignificantes. A los 30 minutos, tras un centro que envió al área, el atacante Sergio Agüero impactó el balón con su cabeza, pero el travesaño fue el obstáculo que impidió el empate. Cinco minutos después, el astro gambeteó a tres futbolistas, volvió a habilitar al Kun, quien remató desviado, tras la marca de Marquinhos.

Lo mejor llegó en la segunda parte. Con un Messi más participativo, casi de enganche, las mejores situaciones no tardaron en llegar. A los 10 minutos del complemento, el rosarino tiró al arco, pero el balón dio en el palo derecho del arquero Alisson Becker. El juego continuó con Argentina proponiendo y Brasil replegado, esperando alguna contra.

A los 21, el jugador de 32 años dispuso de un tiro libre, el más claro de los que tuvo. Pateó, el esférico tenía destino de gol, pero esta vez el guardameta del Liverpool fue el villano que evitó que anotara. Estos contratiempos no lo hicieron decaer y él siguió mostrándose como opción de pase para sus compañeros, pero el tanto que marcó Roberto Firmino, casi seis minutos después, luego de una jugada polémica que había sido infracción de Dani Alves sobre Agüero dentro del área, apagaron al rosarino y al combinado argentino que se sumió en la impotencia hasta el final del partido, en el que mereció mucho más de lo que obtuvo. “No fueron superiores a nosotros”, expresó el del Barcelona, tras el encuentro que se disputó en Belo Horizonte. Más claro, imposible.

A pesar de esto, todavía no concluyó la excursión del conjunto nacional por tierras brasileñas. Aún queda el duelo por el tercer puesto ante el perdedor de Chile y Perú. Esa será otra historia, en la que Lionel Messi volverá a ser protagonista para darle el cierre a un torneo que les abrió el paso a nuevos jugadores que demostraron estar a la altura, de la misma manera que lo hizo el cuerpo técnico comandado por su tocayo, Lionel Scaloni.

La Selección y el plan contagio

Por Fernando Bajo

“Hoy demostramos que este grupo de jugadores siente la camiseta como nadie. Si tomamos conciencia de lo que hicimos hoy, todo lo que venga será positivo”, afirmó el entrenador de la Selección argentina, Lionel Scaloni, cuando comenzó la conferencia de prensa luego de la derrota ante Brasil.

Sin dudas que la caída dejará dolidos a los futbolistas argentinos. Pese a esto, la mayor virtud de Argentina, además de que jugó mejor que su rival, aunque no pudo mostrar esa superioridad en el resultado, fue que luego de mucho tiempo el equipo les contagió a los hinchas la misma pasión con la que se desempeñó dentro del campo. Lo que Scaloni había afirmado días atrás, que el objetivo era que la gente se sienta representada, se logró. “Espero que el hincha se quede con las cosas buenas y se sienta identificado con el equipo”, deseó el santafesino.

El sacrificio de Sergio Agüero, posicionándose casi de volante por la derecha cuando la pelota la tenía el rival. Las corridas de Lautaro Martínez para marcar a los defensores en la mayoría de los partidos de la competición. Las gambetas de Rodrigo De Paul. Los quites casi en el último segundo de Juan Foyth sobre la línea de fondo. Los pases inesperados de Leandro Paredes y los explosivos arranques con la pelota pegada al pie de Lionel Messi lograron que los hinchas se identifiquen con el juego de la Selección.

Si algo le faltaba a este equipo era llevarlo a cabo ante un rival de jerarquía y le tocó enfrentar a Brasil. Los 14 disparos del conjunto de Scaloni contra los tres del local y el control del partido,que hubo por momentos de parte de Argentina, terminaron de representar a los fanáticos en la cancha. Es entendible, fue el clásico ante Brasil, ¿quién no soñó los días previos, aunque no lo hubiese vivido, con la gambeta de Claudio Caniggia y la definición con el arco vacío en el Mundial de Italia 90?

Mucho se debatirá sobre la escasa utilización del VAR durante el encuentro. También habrá tiempo para analizar el desarrollo de juego. Argentina posiblemente tuvo errores y pese a ser mejor que su rival, este concretó las dos chances de gol que tuvo en los 90 minutos. Pero tampoco se podrá soslayar la entrega de los futbolistas argentinos que disputaron el encuentro más destacado desde que comenzó la Copa América y que logró que el hincha se identifique con el equipo.

La imagen de los fanáticos argentinos en la tribuna cantando mientras sacudían las camisetas entre una multitud de sus pares brasileños, que celebraban el triunfo de su equipo, representa casi a la perfección lo que sintieron los amantes del fútbol al ver el desempeño de la Selección argentina.

Queda el partido por el tercer puesto que se jugará el sábado. Luego los dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) serán los encargados de evaluar el ciclo de Lionel Scaloni en el conjunto nacional. Mientras tanto, el hombre que tuvo su primera experiencia como técnico y que aseguró que día a día aprende de los futbolistas, logró uno de sus propósitos.

Pasó un nuevo capítulo entre Brasil y Argentina. Quizás uno de los más importantes del último tiempo. Probablemente esta vez le tocó avanzar al que, futbolísticamente, menos se lo mereció. Pero así es el fútbol y después de todo menos mal que la Verdeamarela y la Albiceleste existen, en el fondo todos desean que este enfrentamiento vuelva a ocurrir. La revancha podrá darse dentro de un año. Tal vez, si sucede, el fútbol de revancha. Por el momento Scaloni avisó que, si se toma dimensión de lo que se logró hoy, el futuro será positivo. A lo mejor, el tiempo le da la razón.

Se va de la Copa, se trae una base

Por Santiago Carrodeguas

Una nueva derrota ante Brasil por Copa América, como las de aquellas finales del 2007 y 2004, volvió a poner el foco en un seleccionado argentino que no se creía favorito por el caos vivido en Rusia 2018 y ha terminado demostrándole a todos el peligro de infravalorarla.

En el arco, Franco Armani se asentó como el titular indiscutido. Si bien es cierto que la lesión de Esteban Andrada antes de comenzar el torneo le allanó el camino, ha despejado las dudas de los primeros partidos con la seguridad habitual que demuestra en River Plate. Seguramente repita el año que viene. Sin embargo, el Mundial de Catar 2022 es otro tema, ya que llegaría con 35 años. Si Gerónimo Rulli o Andrada no destacan demasiado y Lionel Scaloni no confía en alguien de gran presente, como el arquero del Niza francés Walter Benítez, volvería a disputar un Mundial.

La defensa fue casi siempre la misma, con Nicolás Otamendi y Germán Pezzella en la zaga central y Nicolás Tagliafico de lateral izquierdo. No obstante, Argentina demostró que le sigue faltando un especialista en el lateral derecho desde la renuncia de Pablo Zabaleta. Renzo Saravia había tenido un buen torneo en Racing pero no jugó bien en el debut ante Colombia. Milton Casco, aunque es lateral izquierdo, fue improvisado frente a Paraguay. Finalmente, el habitual central del Tottenham Juan Foyth, quien había actuado algunos partidos en esa posición, fue quien se quedó con el puesto. Anuló completamente a Darwin Machís y a Everton, provocando que este último fuese reemplazado en el entretiempo.

El centro del campo fue, quizás, la zona que más le costó encontrar a Scaloni, recién en el segundo tiempo frente a Venezuela. De aquella línea de 4 que empezó ante Colombia, con un Ángel Di María que parece haber disputado su último certamen con el seleccionado argentino, Leandro Paredes y Guido Rodríguez incómodos al tener que compartir el medio, y un Lo Celso que lucía perdido si no se movía al centro, solo sobrevivió Paredes, quien supo encontrarse como 5 organizador y de marca. A su derecha, Rodrigo de Paul, quien ni siquiera era titular, se ganó el puesto gracias a su capacidad de romper líneas enemigas, y al mismo tiempo, no descuidar la marca en ningún momento. Marcos Acuña fue el último que se sumo y aportó mucho con sus incontables carreras para ayudar a Tagliafico y sumarse al ataque cuando fuera necesario.

La delantera fue, seguramente, donde más evolucionó argentina. Solo hizo falta que se sumara un nombre, pero fue el que cambió todo. Los movimientos de Lautaro Martínez le dieron un acompañante ideal a Agüero y le sacaron la presión de crear peligro a Lionel Messi, de una floja Copa América salvo ante la Canarinha. Con esto, Argentina pasó de sufrir para patear al arco en los primeros partidos a generarle varias situaciones de gol a un gran equipo como lo es Brasil.

Ha sido un torneo de aprendizaje para Scaloni, quien ha fracasado en algunos aspectos y triunfado en otros. Si su objetivo principal era crear la base para el futuro, indudablemente lo consiguió. Sin embargo, no parece capacitado para llevar este proceso al siguiente paso. Los errores en los cambios y una actitud exasperante a la hora de declarar y en la cancha parecen difíciles de soportar. Sin embargo, no hay entrenadores con experiencia que quieran ocupar el puesto y, conociendo la habilidad de la AFA para improvisar, Argentina se arriesga a volver atrás si no continúa. Y eso es algo que, visto el progreso que la Albiceleste ha logrado, sería un error imperdonable.

La máquina de Ellis

Foto: fifa.com

Por Santiago Carrodeguas

La ausencia de Megan Rapinoe, quien había hecho el precalentamiento normalmente, hizo que Ellis eligiera a Christen Press como su reemplazante, quien cumplió perfectamente con su rol de anular la banda derecha del ataque inglés e hizo que Lucy Bronze y Nikita Parris no generaran peligro alguno. Press no solo se limitó a defender, sino que también se dedicó a atacar los espacios que dejaba la marca dócil de Bronze. Así marcó el primr gol Estados Unidos, luego de un centro de Kelly O’ Hara que remató de cabeza.

El dominio de las campeonas vigentes continuó, tratando buscando ampliar la ventaja. Mientras Julie Ertz anulaba a Jill Scott, mediocampista del Manchester City, Rose Lavelle hacía evidentes los problemas de Demi Stokes. El control del partido fue absoluto hasta que Inglaterra empató mediante un contragolpe en el que Mead habilitó a Ellen White, quien con 6 goles era hasta ese momento la máxima artillera del torneo, superando por uno a Alex Morgan.

Justamente Morgan, quien había marcado cinco en su debut contra Tailandia y luego no había podido continuar su racha goleadora, supo que era el momento de actuar. Tirándose atrás, a la banda y siendo un fantasma para Stephanie Houghton y Millie Bright, las centrales inglesas. Luego de un centro de Horan, la 13 se filtró por el sector de Stokes y cabeceó para poner en ventaja a las campeonas

Durante todo el complemento, Inglaterra dirigió un ataque furioso sobre el arco de Alyssa Naeher. Estuvo cerca, sobre todo luego del penal que les otorgó la árbitra brasileña Edina Alves Batista. Parris, la lanzadora designada, había fallado ante Argentina y Noruega, por lo que le cedió la presión a Houghton. La capitana no tuvo mejor suerte y ejecutó un tiro bajo al palo izquierdo que Naeher no tuvo problemas para detener.

Este torneo fue una gran prueba para Phil Neville, quien fue designado en su cargo sin tener experiencia previa. Claramente, no estuvo a la altura de un grupo de jugadoras candidatas al título en los papeles. Nunca se decidió en el arco, puesto en el que alternaron Karen Bardsley y Karly Telford. Telford, la elegida para este partido, mostró dudas para cortar los centros y esta indecisión, probablemente, fue una de los motivos por los que Inglaterra se tendrá que conformar con pelear por el tercer puesto.

Messidependencia y emancipación

Por Santiago Carrodeguas

-¿Pueden jugar juntos, los dos, en una selección, dónde sea?

Lionel Messi se quedó mudo. No estaba acostumbrado a tanta exposición y desconocía cómo resolver la situación. Apenas era su primera temporada con el Barcelona y una de sus primeras convocatorias al combinado nacional, que afrontaba las Eliminatorias para el Mundial del 2006. Al final, se limitó a poner cara de no tener ni idea de qué responder y Juan Román Riquelme se cansó de su indecisión:

Vos decí que sí, boludo. Decí que sí le dijo en broma antes de volver a su seriedad habitual. Riquelme, en ese entonces en el Villarreal de España, nunca había sido amigo de la prensa. Quizás, al reconocerse en los nervios de aquel chico rosarino, decidió ayudarlo el tiempo que permanecieran juntos. Cuatro años después de aquel consejo, Riquelme se despedía del seleccionado argentino tras pelearse con el técnico Diego Maradona.

Fue el mismo Maradona quien, ansioso de moldear a Messi a su imagen y semejanza, le ofreció vestir el número ’10’ y la cinta de capitán. No obstante, Messi le terminó demostrando que, en cuanto a personalidad, eran tan parecidos como el agua y el aceite. Es inútil hacer caudillo a un hombre que va 20 veces al baño antes del partido, sentenció Maradona años después de su renuncia al cargo.

Más allá de eso, Messi se dio cuenta de que, al igual que Riquelme, no le gustaba dar entrevistas. Hablaba muy bajo y mirando al piso, como si estuviera confesando las travesuras que hacía en la cancha. Posiblemente, si hubiera tenido la habilidad para defenderse con la palabra en su juventud, muchos detractores no hubieran podido instalar mentiras como verdades a medias.

Luego de su ascenso meteórico al Olimpo del fútbol, se empezó a decir que, si Argentina quería volver a ganar, el equipo se tenía que armar alrededor de él. Esto no solo le dio beneficios cuando el engranaje funcionó, también lo hizo ser el foco de las críticas si los resultados no eran buenos. De ahí nació la palabra Messidependencia, que contradecía el juicio anterior al considerar que su figura era tan grande que terminaba perjudicando a sus compañeros.

Por más que se debatiera en estudios de televisión, nunca fue un problema para su equipo. Sencillamente, sus compañeros sabían que absorbería la presión y les facilitaría el partido, aunque tuviera que bajar hasta mitad de cancha para iniciar el juego, muchas veces soportando una marca pegajosa y los abucheos de su propia hinchada.

Ya con 32 años, decidió que este era el momento de hablar. Primero en radio, en la 94.7, y luego en TyC Sports y Fox Sports. Tuvo ganas de soltar, de contar todo lo que calló tras el dolor de perder aquella final del Mundo y las dos de Copa América. No le habló a los entrevistadores, sino que se comunicó directamente con la gente y buscó, aunque fuera un poco, volver a ser una figura terrenal.

Eso no se limitó tan solo al trato con los medios, que continuó con las declaraciones post victoria ante Venezuela en las que aceptó que no está en su mejor nivel en esta Copa América y se quejó del estado de las canchas, sino que se extendió al terreno de juego con los saludos a sus compañeros antes de empezar los partidos. Por fin, aceptó su rol como capitán y está dispuesto a cumplirlo a pesar de que el equipo, dado su bajo nivel ahora mismo, parezca un adolescente que se rebela contra él y ya no quiera depender tanto de sus virtudes. Después de todo, han descubierto que su ídolo, aunque parezca tener el don de la inmortalidad en ciertos momentos, no estará ahí para siempre.