Por: Iván Zigzag 

El Seleccionado catarí será uno de los dos países (junto a Japón) invitados a participar de la Copa América en Brasil, con la dirección del barco hacia la organización del próximo Mundial como objetivo en medio de enfrentamientos políticos con países limítrofes y la cara del poder como el principal artífice.

Es el ambiente oscuro por el que transita el deporte de nuestros tiempos, en donde los intereses económicos y diplomáticos son los que salen a traslucir y se destacan como los protagonistas de una obra que enturbió, intencionalmente o no, el marco escénico. Es que a pesar del sentimentalismo que generan los eventos deportivos en espectadores y críticos, en los últimos años países con un escaso recorrido en la historia del fútbol fueron tomando poderío por debajo de la mesa.

Estados Unidos y China, quienes realizaron una gran inversión para la profesionalización de sus Ligas (Major League Soccer y Superliga, respectivamente) con las contrataciones de jugadores de renombre internacional, y Catar que apunta al Mundial 2022, sobreponiéndose ante las miradas de reojo de otras Federaciones en su elección.

El seleccionado dirigido por el español Félix Sánchez Bas, último campeón de Asia, será el equipo del primer país árabe en recibir la Copa Mundial de fútbol, con la experiencia a sus espaldas en la organización de espectáculos deportivos con los Juegos Asiáticos de 2006 y con el valor agregado de convertirse en la Sede del Mundial de Clubes 2019 y 2020 (los últimos dos que mantendrán el actual formato de competencia).

El país del golfo arábigo es uno de las regiones con más poder económico del mundo debido a la obtención de petróleo y gas, ese poderío se traslada actualmente al peso que tiene en FIFA la familia Al Thani, que está a cargo del Estado asiático en una monarquía constitucional desde 1868. Con Hamad, padre del ahora príncipe y jefe político (Emir) Tamin Hamad al Zani, que derrocó en el 95’ al gobierno de su abuelo y 18 años después abdicó al mando a Tamin, estableció aún más la imagen de una dinastía familiar como la ideología implementada, en la que no se permite ninguna clase de oposición política.

En un paisaje que poco a poco fue cubriendo de nubes grises el cielo, se generó la elección de Catar como el próximo anfitrión mundialista entre la nubosidad de los cuestionamientos y críticas, con el foco de la conflictividad social y diplomática con sus vecinos (Arabia Saudita, Baréin y Emiratos Árabes Unidos), y otros del norte africano y Mar Arábigo (Libia, Yemén y Egipto), apartado a un lado. Esta problemática condujo al Estado catarí a un bloqueo que con el fin de aislarlo, cortaron con ellos vías de comunicación y rutas fronterizas, provocando una crisis que lo convirtió en el país con la mayor renta per cápita del continente.

Las relaciones entre estos países y Catar se rompieron por distintas causas, el primer motivo se basa en las acusaciones (con el aval de Trump y el gobierno estadounidense) por un supuesto financiamiento a grupos terroristas del Estado Islámico, hecho que el país asiático negó; el segundo es por el acercamiento político con Irán (ambos países comparten South Pars North Dome, el mayor yacimiento de gas licuado del planeta), y por último, un ciberataque a la Agencia de Noticias oficial catarí, Al Jazeera, por parte del Ejército Electrónico Sirio que provocó la prohibición de su señal en varias regiones por el contenido de mensajes en alusión al terrorismo y al extremismo.

El panorama de una fotografía que no permite distinguir su ya descolorida imagen, con las sombras de un ambiente que esconde sus escombros bajo la alfombra y refleja como cara y cruz de una misma moneda, por un lado, la invitación a la presente Copa América y la del 2020 (Junto a Australia) acrecentando el proyecto futbolístico encabezado por Sánchez Bas, y por el otro, el rumbo al cual se dirige el timón de una embarcación que navega ya no hacia La Meca, sino en dirección al océano del fútbol, en un trayecto rodeado de intereses que sobrepasan al entorno deportivo y ensucian con violencia la marea.