martes, abril 21, 2026
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Tamara Vital, una mujer de fierro

Por María Lucía Sandoval

El sol empieza a salir en el horizonte. Olor a café y medialunas. Una foto que podría ser de una casa de familia un domingo a las diez de la mañana, pero es la postal de una joven promesa en la dirección de un equipo de automovilismo. Se acerca la hora de largada y el sonido de los motores, sumado al murmullo de los mecánicos, se empieza a escuchar cada vez más fuerte: se combinan y aceleran al ritmo de sus corazones. Los autos se acercan a la pista. Semáforo rojo, 3, 2,1, luz verde: largaron. Sus pulsaciones, a pesar de estar abajo del auto, también aumentan con la velocidad en la pista.

Es la primera vez que una escudería argentina conformada íntegramente por mujeres se lanza a competir en un mundo dominado por hombres como el automovilismo. Ahí está Tamara Vital, directora y encargada del equipo Vitarti Girl’s Team en el Top Race Junior. “Arranque en el mismo puesto en la escudería R36 Team, pero acá eran todos pilotos y mecánicos hombres”, resalta Vital. La escudería R36, que le abrió las puertas, es ahora su vecina en los boxes. Rodrigo Ortega, dueño de R36 y amigo de Vital, fue uno de los que le dio una mano para emprender este nuevo camino, un hito en el automovilismo. “Él -dice Vital- me dio algunas herramientas para probar ahí y ahora me da una mano en el mío”.

-¿Tenés algún referente en tu puesto?

-No tengo ningún ni ninguna referente en mi puesto, pero sí miro mucho lo que hacen los demás equipos que están en el Top Race hace años y también a los de las categorías de afuera porque se aprende mucho de allá.

El estilo único de Vital al mando del Vitarti Girl’s Team marca historia en Argentina en un contexto en el que el rol de la mujer empieza a resurgir aún más. Pero además, para coronar esta presentación oficial, la piloto Rocío Migliore consiguió el segundo lugar en la primera carrera oficial del 2021 en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez el 4 de abril. El auto blanco con detalles en rosa y celeste rugió como nunca. “No hay género para un deporte”, dice Vital, no como un lema, sino como la visibilización de la inclusión en el ámbito deportivo. Según estadísticas nacionales brindadas por las diversas asociaciones, hasta 2021 más de 150 pilotos de sexo femenino corren desde las categorías zonales hasta los campeonatos de karting, “teloneros” de otras competencias como el TC Mouras.

A Vital, la vida le deparaba un futuro en los autódromos pero nunca imaginó que sería de esta magnitud. El lugar al que de chica iba con su padre, madre y hermanos a alentar a la marca Chevrolet se convirtió en su segundo hogar y ahí emprendió un hito para miles de chicas y chicos fanáticos de los motores. “Nunca se me pasó por la cabeza el pensamiento de llegar a marcar historia en el automovilismo nacional porque la verdad que fue todo muy normal desde la creación y la comunicación con mis pilotos -admite-. Como dice el dicho: ‘El tiempo ubica a las personas en los lugares correctos’”.

Mediante las redes sociales, Vital conoció y comenzó el trato con algunas de sus pilotos y mecánicas. A las demás las conocía de los autódromos. Terminó de conformar su Team con Valentina Funes, Agustina Mattio y Rocío Migliore frente al volante. A diario y en plena pandemia fue poniendo a prueba todo lo que conlleva formar un equipo, algo que para ella es una rutina normal porque la costumbre de estar vinculada con el deporte la lleva en la sangre. Sin embargo, el día que le cayó la ficha de lo que estaba pasando fue el del debut, el 4 de abril en el Autódromo de Buenos Aires. “Al principio estaba súper relajada porque sé manejarme acá en distintos rubros, pero el domingo empecé a caer de lo que estábamos viviendo”, confiesa.

La incorporación del Vitarti Girl’s Team destaca un antes y después dentro y fuera de las pistas. Los pilotos, acostumbrados a competir entre ellos mismos, se alegraron de que se marque este suceso en el automovilismo y se incremente la presencia femenina. Facundo Di Gennaro, piloto del Yerobi Racing Team en el Top Race Junior, la conoce a Vital y no duda en demostrar la emoción: “Cuando me enteré que llegaba al Top Race Junior me puse muy contento porque a pesar de que no tenga mucha trayectoria, ver a un equipo completamente de mujeres es algo totalmente innovador”. Di Gennaro destaca que esto evidencia que así como ella puede, muchas jóvenes también son capaces y que el automovilismo no es un deporte de hombres.

“Cuando veas que es 99% imposible, ten el 1% de fé”, dice Vital. La frase la escuchó de una piloto mexicana y desde ese momento se convirtió en su inspiración diaria para todos los aspectos de su vida. Vital quiere traspasar el legado a las demás mujeres que sueñan con llegar en algún momento a las máximas categorías en cualquier rol, pero dice que las oportunidades son limitadas por cuestiones de género: “Estamos haciendo algo copado que puede ayudar a generar que más chicas se sumen. A veces no es miedos, sino posibilidades”.

Si hay algo que diferencia su escudería son sus cualidades de empoderamiento y su nombre tan distintivo: “Vitarti” proviene de cómo se llama el taller mecánico del que es propietaria y maneja con su novio en Tandil, donde juntaron sus apellidos para formarlo en uno solo; mientras que “Girl” -chica en inglés- fue seleccionado como una palabra que las diferencie del resto e identifique, además que es femenina. La opción terminó siendo “Girls” ya que las que eran en español no llegaban a convencer.

Esta disimilitud es solamente en el cómo se identifica a la hora de estar en la grilla de partida porque fuera de eso, sus colegas de rubro, al igual que los pilotos, están muy felices de compartir la profesión. Alejandro Leguizamón, propietario del DM Team en el Top Race Junior, resalta que este hito demuestra algo que siempre tuvo que haber estado presente en la sociedad: que las mujeres están igual de capacitadas que los hombres. “Es cuestión de actitud y tiene que ser algo natural que ocupen este lugar dentro del automovilismo -dice Leguizamón-. El caso de Vital es un ejemplo”.

No todo es fácil en cualquier ámbito ya que el machismo de alguna forma u otra está presente. Ser la cara visible del equipo conlleva a que también cumpla el rol de buscar los sponsors que aparecen en el ploteado del auto y no es tarea difícil. Al ser una escudería novata, las empresas femeninas aún no creen que existan pilotos mujeres que corran. “No es un trabajo simple aunque se piense que al ser nuevas va a ser más accesible. Es otra puerta cerrada dentro del automovilismo”, explica Vital.

La realidad es distinta a la que se vive en el extranjero, donde ciertos temas quedaron en el siglo pasado, pero en la Argentina todavía se hacen presente porque las empresas no creen que la pasión por los fierros corra por sangre femenina. Pero no es obstáculo para Vital. “El Vitarti está contando con mucho apoyo de los habitantes de los pueblos que somos cada una. A través de los sorteos y rifas que hacemos, la gente aporta entre 200 y 300 pesos, o aportan con el bono contribución. Entonces con este granito de arena se nos hace más fácil concurrir a las carreras hasta que la situación se normalice y las empresas confíen en nosotras”, dice Vital. Se estima que para disputar una sola fecha en el Top Race Junior 2021 se necesitan alrededor de 450.000 pesos.

La mirada empresarial no es la única machista. Muchos y muchas fanáticas del automovilismo juzgan que una mujer no puede manejar un equipo o un auto por el simple hecho de ser del sexo contrario al acostumbrado a ver en la pista o por alguna mala maniobra en los boxes. Las redes sociales son un reflejo de la sociedad que critica, que discrimina, que odia. “El machismo está fuera del deporte porque dentro está siempre la mejor predisposición. Ahí estoy súper tranquila porque siempre supe que de este lado esto no iba a pasar”, plantea Vital y establece un paralelismo respecto al recibimiento de sus compañeros con el de cierto sector de simpatizantes.

Hace cerca de una década que Tamara Vital viene formando parte del Top Race Junior pero la aparición del Vitarti fue sorpresiva hasta para sus propios amigos. Julián Ronaldo García, quien además de ser compinche de Vital es periodista en Carburando – principal medio de comunicación de la Argentina que cubre al deporte motor -,  muestra las veces que a Tamara los planes no se le daban: “A veces me contaba por WhatsApp que estaba armando un proyecto nuevo y quizá no se concretaba después. La recompensa llegó y ahora es un ejemplo para que más mujeres incursionen en el automovilismo”.

La vida tarde o temprano premia porque los motores empiezan a despertarse, y la historia a acelerar. Para Vital, el Top Race Junior es una familia en la que la paridad y la transparencia son las principales cualidades. “Mi deseo es seguir escalando en la categoría y tener a los tres autos dentro de la máxima, donde los motores son V6, pero también me gustaría estar en el Super TC2000”, dice. Como enuncia la famosa frase de Antoine de Saint-Exupéry, escritor de El Principito: “Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad

El Powerchair Football y su capacidad transformadora

Por Franco Welter

Garra, lucha y esfuerzo son algunas de las características que identifican a los guerreros de la vida que disfrutan y viven a flor de piel el Powerchair Football, un deporte que llegó a la Argentina para cambiar vidas.

Una cancha de básquet, una pelota N°10, dos arcos, una silla de ruedas motorizada y pasión por el fútbol fueron lo suficientemente necesarios para dar pie a lo que hoy se ha convertido en un deporte mixto y busca transformarse en paralímpico. Cientos de deportistas a lo largo y ancho del país sueñan con ser convocados a la Selección Argentina y dar lo mejor en cada competencia.

La lucha por ver feliz a un hijo fue el puntapié inicial. Mariano Zegarelli y su esposa Lorena Lardizabal tuvieron como principal objetivo, desde un principio, permitirle a su hijo Valentino disfrutar de lo maravilloso que es el fútbol. Este pequeño gigante, fanático de River y de Lionel Messi, atraviesa una patología llamada atrofia espinal muscular, que le imposibilita caminar, pero no perseguir sus sueños día a día. Por eso mismo, en un viaje al exterior, sus padres conocieron el fútbol en silla de ruedas motorizada, algo que les llamó la atención y les hizo notar que era la actividad perfecta para que su hijo pudiera desenvolverse y practicar un deporte junto a sus amigos que se encontraban en su misma condición.

Muchas veces, una discapacidad se convierte en un impedimento que transforma a quienes la padecen en simples espectadores del fútbol. Powerchair llegó para cambiar eso: su misión es que esas personas cambien sus roles y se conviertan en protagonistas, probablemente de manera adaptada, pero protagonistas al fin.

El inicio fue duro. La planificación, los objetivos y la búsqueda de profesionales para llevar a cabo el proyecto no fue sencilla ni simple. Tras la creación de la Fundación Powerchair Football Argentina en 2012, sus presidentes, Zegarelli y Lardizabal, decidieron abocarse ciento por ciento al nuevo objetivo y sus primeras medidas consistieron en la difusión y el reclutamiento de deportistas que quisieran formar parte.

Pablo Giralt, periodista argentino, es uno de los padrinos de la Fundación y, desde el primer momento, notó que el proyecto que comenzó en la Argentina con la familia Zegarelli era realmente serio y que nació desde el corazón. “Powerchair es maravilloso, por el trabajo inmenso que hacen los chicos, pero principalmente por el apoyo de sus familias que los acompañan, que no faltan nunca, que los aplauden, que los aman, que están ahí al pie del cañón y que son los verdaderos artífices del crecimiento de cada uno de ellos”, comentó Giralt en DirecTV.

Poco a poco, el tiempo transcurría, distintas personas comenzaron a conocer el deporte y a sumarse a un proyecto que prometía y mucho. Cada pelota, cada jugada, cada instante y entrenamiento compartido no solo funcionaba como unión entre los jugadores, sino que también los llenaba de felicidad permitiéndoles cumplir su sueño.

Khaleb Manzur, quien conoció el deporte en abril de 2013 y actualmente juega en Los Tigres de Pacheco y la Selección Argentina, demuestra su felicidad por formar parte del Powerchair desde la fundación: “Desde un principio ha sido una experiencia única. Conocer a personas en mi misma condición y que todos podamos coincidir en el fútbol en silla de ruedas motorizada realmente me cambió la vida. Ser convocado a la Selección es algo incomparable. En cada momento que me pongo la camiseta, los nervios me ganan y la felicidad se apodera de mí, pero siempre que quiera y el nivel lo permita voy a dar todo para representarla de la mejor manera”.

Poco a poco, los deportistas comenzaron a elevar el nivel y la Fundación veía con buenos ojos la realización de competencias a nivel nacional. Los Tigres de Pacheco, Las Máquinas Guerreras de Rosario y Los Titanes de Córdoba fueron los primeros conjuntos que comenzaron a formarse en el país.

Mariano Zegarelli, presidente de la Fundación, comparte las sensaciones al ver a los deportistas dentro de la cancha: “Me encanta verlos crecer y jugar. Amo la competencia y, por eso mismo, siento que cumplo dos roles: uno como presidente de la Fundación, en cuanto a lo institucional, y el otro como hincha. Cada vez que los chicos entran al campo de juego, me transformo, pierdo la cabeza y me olvido de todo lo que pasa fuera de eso”.

Actualmente, son 11 las sedes que forman parte de la Fundación y compiten entre sí con el objetivo de transformarse en el mejor equipo de la Argentina. La Primera División de Powerchair está compuesta por siete equipos y se disputa a lo largo de siete fechas en las que todos son locales como mínimo una vez (el último campeón en 2019 fue Los Titanes de Córdoba).

Sin embargo, la Primera División no es la única competencia. También se disputa la Segunda, con una modalidad diferente que consiste en una sola fecha durante un fin de semana con formato de torneo en el que los equipos que acaban en las dos primeras posiciones ascienden a la Primera. Además, en diciembre de cada año, se juega la Copa Argentina, que reúne a todos los equipos del país.

Quienes también ocupan un papel importante en el fútbol en silla de ruedas motorizada son los árbitros. Pablo del Puerto, exárbitro de la AFA, recibió en 2015 la propuesta de dirigir los encuentros de Powerchair y desde un principio no dudó en dar el sí. Además, acompañó a la Selección Argentina al Mundial disputado en Estados Unidos en 2017 y luego convocó a colegas para realizar clínicas de capacitación. “Antes había personas que hacían de árbitro, imagino lo difícil que debía ser. Nosotros tenemos una experiencia de 20 años y hasta hay árbitros profesionales que dirigen en Primera que también se interesaron en el Powerchair”, asegura del Puerto.

Año tras año, los mejores jugadores de cada sede son convocados para formar parte de la Selección Argentina de Powerchair y disputar varias competencias internacionales, como la Copa América, la Copa Sudamericana y el Mundial organizado por la Fédération Internationale de Powerchair Football Association (FIPFA).

La Selección Argentina no tardó demasiado en amoldarse a la competencia internacional y ya en 2015, con un equipo unido y una idea de equipo consolidada, logró su primer título tras derrotar en un triangular a Brasil y a Uruguay en la Copa Sudamericana. La felicidad era inmensa, las familias alentaban y los jugadores se emocionaban tras la obtención de la Copa. Al siguiente año, la Selección repitió la historia, volvió a ganar la Copa y se convirtió en bicampeona de Sudamérica.

Tras un 2017 en el que no lograron hacerse nuevamente con el título, llegó el momento de renovar las esperanzas e ir en busca de la próxima edición. Para eso, desde la Fundación contrataron a Sebastián Tisera, quien se convertiría en el nuevo técnico de la Selección. Ya en 2018, y con un nuevo planteo de juego, Argentina volvió a coronarse en la Copa Sudamericana y fue tras la clasificación al próximo Mundial.

En 2018, Argentina se consagró campeona sudamericana por tercera vez.

Otra de las competencias de mayor nivel en las que participa el seleccionado argentino es la Copa América. Se disputa cada cuatro años y su primera participación fue en 2019, en la que no solamente logró un impresionante tercer puesto, sino que también dio batalla hasta el final ante una de las mayores potencias a nivel mundial, como Estados Unidos. “Gracias a los excelentes resultados y la clasificación final conseguimos el pase al próximo Mundial. Los chicos mejoran constantemente, tanto en la relación social con sus pares y familia como también en el aspecto deportivo”, afirma Tisera.

El 2020 iba a ser el año de preparación para la Copa del Mundo de Australia 2021, pero la pandemia de coronavirus imposibilitó la continuidad de los entrenamientos y la organización, ya que quienes practican el Powerchair son personas que integran el grupo de riesgo y deben tomar precauciones a un nivel extremo para resguardar su salud.

El desgano y la desmotivación por parte de los futbolistas, e incluso de sus familias, comenzaron a hacerse visibles tras la difícil situación atravesada. Por eso mismo, desde la Fundación, y gracias a la autorización del gobierno nacional, decidieron retornar con los entrenamientos tanto a nivel clubes como Selección junto a un plan de estrategia para recuperar el ritmo, que se transformó prácticamente en una “refundación”.

Los ojos están puestos en la Copa del Mundo de Australia que, como consecuencia del covid-19, se disputará en 2022. Zegarelli cuenta cómo se prepara el plantel: “Es nuestro próximo objetivo. Arrancamos con un plan sectorizado que consistió en que cada sede entrene en su club y luego formar un mix entre jugadores históricos de la Selección y otros deportistas que tendrán su primera experiencia para entrenar una vez por mes todos juntos y sellar nuestra idea de juego”.

La Fundación Powerchair Football Argentina es sinónimo de futuro. Como próximos objetivos planea centrarse tanto en el aspecto deportivo como en el institucional, con el propósito de seguir creciendo. En el ámbito relacionado al deporte tiene como idea continuar ampliando sus sedes y crear un gran centro de alto rendimiento para entrenar. Y en lo organizacional, buscar que los integrantes tomen un mayor protagonismo y lograr que la asociación junto a otras fundaciones se conviertan en una fuente de trabajo.

Mujeres al volante: Ianina Zanazzi y Aixa Franke se abren paso entre los fierros

Por Tamara Huergo Dubini

Ianina Zanazzi y Aixa Franke son mujeres pilotos de diferentes generaciones. Zanazzi corre desde 1998, tiene 39 años e hizo grades hazañas en varias categorías y casi logra correr contra pilotos de Fórmula 1 pero tuvo una larga pausa de 15 años para dedicarse a su familia, regresó el año pasado al Top Race para volver a encender esa pasión. Por su parte, Franke, de 28 años, trabajaba de promotora de carreras cuando estudiaba hasta que se recibió, juntó plata para cumplir su sueño de ser piloto y ya hace un año que corre: actualmente compite en Top Race Junior.

“Siempre estás bajo la lupa, hay muchos prejuicios que generan presión, cuando te salen las cosas bien es buenísimo, pero cuando te salen mal te mandan a lavar los platos. Lo que genera en tus contrincantes, no lo generás vos por ser mujer, sino que su entorno los hace sentir. Tenés que ser muy fuerte mentalmente, pero es parte del proceso”, expresó Ianina sobre las dificultades que tiene la mujer al ser piloto en diálogo con El Equipo.

 

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Para Aixa lo difícil es que no hay tantas mujeres en las carreras: ¨La carga social es lo más complicado. Sentís que no te va a salir bien porque solo hay hombres y no tantas mujeres. Después te das cuenta de que no hay mujeres porque no son buenas, sino porque no se animan. Hay que confiar en vos misma y así podés correr y hacer un montón de cosas más, hay que cambiar la cabeza. ¨

Aixa Franke como promotora en Turismo Nacional

La joven piloto es la pionera del Racing Girls, un club de mujeres fierreras y pisteras cada día más grande. Franke empezó este club para hacerse amigas dentro del ámbito y ahora lo usa para dejar un mensaje: “Hay muchas chicas que empezaron a correr o se acercaron a las actividades gracias al club. Por la pandemia está un poco parado. Ahora estoy con mucho trabajo y se me hace difícil dedicarle el tiempo a las Racings”, dijo y agregó: “Pienso que ya dejamos un recontra mensaje, voy a un taller y me reconocen, esto quiere decir que en algunas mentes ya se instaló el concepto de ‘Racing Girls’ que somos mujeres fierreras o pisteras y es un súper paso para la sociedad de ir progresando en la igualdad de género”. Además la ayuda las redes para esparcir su mensaje ya que es un portal para llegar y ayudar a la gente que es algo que le interesa mucho y es su forma de dejar su granito de arena.

En cuanto a Ianinna el mensaje que quiere dejar no es por la igualdad de género si no de auto-conocimiento y motivación: “Animarse. Gastar tiempo y descubrir cuál es tu pasión. Problemas tenemos todos y vamos a seguir teniendo, pero cuando estas agarrado a algo que te apasiona se te hace más llevadero. Lo experimento día a día. Aliento a la gente para que se la juegue, como mamá también lo hago con mis hijos”. Y continúo: “Ese es el mensaje, que no hay imposible y que hay animarse a vivir, a ser feliz y con respeto”. Zanazi destacó que otro mensaje que quiere dejar es el poder construir con el hombre y no estar compitiendo o midiéndose: “Hay cosas en el que el hombre es superior y sería una pavada que la mujer le vaya a pelear de igual a igual y viceversa”.

El lugar de la mujer en el automovilismo se está haciendo ver cada día más. Aun así, todavía hay comentarios que no suman, tanto de hombres como mujeres: “Siempre hay comentarios malos dando vuelta, sobre todo de mujeres pilotos que ya están hace años y la verdad me bajonea un toque porque siendo mujeres nos deberíamos apoyar”. Luego Franke añadió: “Después hay hombres que comentan de todo y gente que te ve de igual a igual y gente que no. Tuve comentarios muy malos, pero con la personalidad un poco más forjada lo vas manejando”. Cuenta que su actitud la sacó de su madre, una mujer fuerte y que siempre iba para adelante, quedó viuda cuando Aixa y sus hermanos eran chiquitos.

Ianinna Zanazzi comparó los cambios con respecto a la igualdad de género cuando empezó a correr y cómo es ahora: “Cuando empecé era más raro ver a una mujer en la pista. A los pilotos de mi generación les sigue molestando que una mujer les gane o los supere. Es el concepto que ellos tienen como hombre, sentir que una mujer es superior en algo hace que tengan menos valor como hombre. Es una pena porque yo respeté mucho el rol del hombre en el automovilismo, nunca los provoqué y a veces te encontrás que a la hora de competir contra vos lo hacen de forma desleal”, pero sí nota que las nuevas generaciones lo tienen más trabajado: “Es lindo ver que chicos de 6 años que corren en kartings, tengan naturalizado que compiten con chicas”. Y la primera piloto mujer en ganar Fórmula Súper Renault Argentina finalizó: “Yo siempre decidí no ponerme en el papel de víctima si no entender que parte de lo que me toco, es ir abriendo camino, hace que lleves la parte más dura y lo acepte. Voy viendo que cada obstáculo que se presenta y lo voy a tomar”.

Una piloto que es de otra generación y que corre por todas aquellas que no pudieron, en el tema de la igualdad no le gusta estar de ningún lado, pero lo lleva bien y con respeto, haciéndole entender que el automovilismo tiene las puertas abiertas para las mujeres. Una piloto joven que corre por ella y las mujeres, que quiere seguir la lucha de que la mujer no es solo una cara bonita en las carreras, que pueden competir, ser mecánicas y ser mejores con mucha voluntad y entrenamiento; que la mujer lo tiene todo para superar al hombre. Ambas grandes mujeres que compiten en el automovilismo y dejan enseñanzas y mensajes tanto para mujeres como para hombres.

La historia de algunas mujeres que marcaron un antes y un después en el automovilismo

El automovilismo y la desigualdad de género desde el primer regalo de cumpleaños

El automovilismo y la desigualdad de género desde el primer regalo de cumpleaños

Por Tamara Huergo Dubini

En la infancia lo primero que le regalan a una niña es una muñeca para jugar y al niño, en cambio, le regalan autos y una pista de carrera. Así es como empieza todo, un hombre que quiere correr autos seguramente sea por ese fanatismo que tienen por las carreras desde chicos. Es diferente si una mujer es piloto, si una se dedica al mundo de los autos suele ser porque alguien en la familia es o fue piloto, o si el padre es mecánico. Además siempre se usó el termino “manejás como mujer” o que el hombre maneja mejor cuando en realidad no hay diferencias.

El automovilismo es uno de los pocos deportes en donde la mujer y el hombre compiten en una misma categoría pero aun así, se lo considera como un deporte masculino. Hasta para algunos hombres, ser superado por una mujer sigue siendo una desgracia, cuando debería dar igual el género de quien se imponga en la competencia.

En Argentina solamente un 2% de mujeres tiene las licencias deportivas habilitadas para competir, tanto en autos como en motos. Es decir, solo hay 150 mujeres pilotos con licencia y no es que empezaron a competir este siglo, hay mujeres que compiten desde el siglo pasado, pero no es algo “común” ver alguna mujer en la pista de carrera y ni mencionar en la competencia más importante, la Fórmula Uno. Más de 800 pilotos participaron en la mayor competencia de carreras, únicamente 5 fueron mujeres.

El mundo está acostumbrado a que el hombre venda más en los deportes, esa costumbre fue creada por nosotros mismos, el conflicto es que hay mujeres muy talentosas que se merecen un lugar en las competencias pero no lo tienen. No hay que desmerecer a los hombres que realmente se merecen estar donde están, lo que se está buscando es que la mujer sea igual o tenga las mismas oportunidades si tienen las condiciones.

La historia de algunas mujeres que marcaron un antes y después en el automovilismo

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Por Tomás Randazzo

El automovilismo es un deporte que -a pesar del avance del movimiento feminista- aún conserva un entorno machista. Pero con el paso del tiempo se está volviendo cada vez más inclusivo, donde la igualdad de género toma cada vez más presencia. Un ejemplo sucedió en Arabia Saudita, donde hace tan solo dos años se llevó a cabo una reforma en la que las mujeres mayores de 21 obtuvieron el derecho de poder sacar la licencia para conducir. Este hecho resulta algo llamativo, ya que en otros países como Estados Unidos desde 1898 que las mujeres ya poseen este derecho. Genevra Delphine Mudge quedó en la historia por ser la primera en sacar su permiso para conducir. Además, es considerada para muchos la primera piloto de la historia.

Existieron varias mujeres que marcaron un antes y un después en este deporte, como es el caso de Dorothy Levitt, quien a sus 21 años consiguió ser la primera piloto en ganar una carrera. En 1905 estableció una marca y se transformó en la mujer que mayor distancia había recorrido hasta ese momento: 661 kilómetros. Lo consiguió en un viaje de ida y vuelta desde Londres hacia Liverpool.

La británica también fue quien popularizó el uso de los espejos retrovisores. Si bien es cierto que era un elemento que ya existía, pero aún no tenía la relevancia que posee en estos tiempos. La británica lo popularizó gracias a un manual de automovilismo que publicó en 1909, el mismo estaba titulado como “The Woman and the Car: A Chatty Little Handbook for all Women Who Motor or Who Want to Motor”, en español sería conocido como “La mujer y el automóvil: Un pequeño manual práctico para todas las mujeres que conducen o quieren conducir”.

Genevra
Genevra Delphine Mudge

La italiana María Teresa de Filippis fue la primera mujer en correr en un Gran Premio de Fórmula 1. Con solo 22 años alcanzó el lugar más alto del podio en los 10 kilómetros de Salerno-Cava de Tirreni, en la clase de 500 cc de la categoría de turismos en la que batió a sus rivales del género masculino.

En el GP de Francia de 1958 no se le permitió competir. El argumento del director del torneo fue que “el único casco que debe usar una mujer es el de la peluquería”. Ella no se rindió y ese mismo año se convirtió en la primera mujer piloto de la F1 manejando un Maserati 250F.

Clärenore Stinnes fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo en su auto. En 1927, a sus 26 años de edad, comenzó el recorrido desde Frankfurt, Alemania. El auto con el que realizó la travesía fue un Adler Standard 6, un modelo alemán muy avanzado en su época.

Junto a ella iban el fotógrafo sueco Carl-Axel Söderström y dos mecánicos.

Primero, cruzó los Balcanes, el Líbano y Siria. Pasó por Irán y luego, puso rumbo al norte hacia Moscú. A partir de ahí, se enfrentó al duro desafío de cruzar Siberia durante el invierno. Las frías temperaturas causaron problemas en el vehículo, fue ahí donde se hizo un punto de inflexión y los dos mecánicos que la habían acompañado por su viaje, decidieron regresar a Alemania.

Stinnes siguió junto al fotógrafo y tras superar Siberia, cruzó el desierto de Gobi que está entre los territorios de Mongolia y China. Fue en este punto en el que los dos mecánicos abandonaron el viaje y decidieron regresar a Alemania. A bordo de diferentes barcos alcanzaron Japón, Hawái, y finalmente, Perú. Allí se le rompió también una pieza del embrague y tuvo que esperar más de un mes a que le enviaran una nueva pieza desde Alemania. Luego, su ruta siguió por Buenos Aires, América Central, EE. UU y Canadá.

Tras finalizar su travesía por el continente americano, un transbordador la llevó a ella y al fotógrafo de nuevo para Europa. Finalmente, llegaron el 24 de junio de 1929.

Cómo es la vida de los cuatro africanos que juegan al fútbol en Lanús

Por Nathalie Spandri

Si todos los caminos conducen a Roma, aquí la travesía se ubica en Villa Urquiza. En el barrio porteño de la Ciudad de Buenos Aires -donde el tráfico de Avenida Constituyentes y los pasos acelerados de la gente son agobiantes-, residen los cuatro africanos que están actualmente en el Club Lanús. Jugadores que recorrieron miles de kilómetros hasta llegar a la Argentina por un mismo motivo: el fútbol.

Son 7779 kilómetros, unos 480 minutos de vuelo, tres horas de diferencia horaria, el Océano Atlántico, culturas e idiomas, una valija cargada de sueños, hambre de grandeza y lágrimas por dejar atrás a sus familias es -entre tantas otras cosas- lo que separa a África de la Argentina. Los nombres propios de esta aventura: Ousmane N’Dong, Dabo Alphoseiny y Ousseynou Tall, quienes llegaron de Senegal, y Badjie Fabakary, de Gambia.

La llegada de los jugadores se produjo entre 2018 y 2019. Un agente africano se encarga de reclutar a los mejores talentos y contactar a la empresa Dodici -que hoy los representa-, la que se ocupa de las comodidades que necesiten una vez que aterricen en Argentina. A partir de ese arreglo se arma la logística. Los trámites de papeles suele ser lo más complicado del asunto. Tener la nacionalidad ayudaría en ciertas ocasiones, pero a Alphoseiny no le interesa obtenerla en un futuro, mientras que a N’Dong y Tall, sí les gustaría. Lo que remarcan es que nunca jugarían para la Selección Argentina.

Dabo Alphoseiny
Dabo Alphoseiny

Luego de un domingo de descanso, el lunes comienza otra vez la rutina: se despiertan entre las seis y siete de la mañana, se lavan la cara, se ponen la indumentaria del club, desayunan, agarran su bolso y salen hacia un nuevo entrenamiento. Durante esa hora de viaje desde Villa Urquiza hacia Cabrero y Guidi no falta el mate -ya tienen adoptadas algunas costumbres argentinas-, mientras de fondo suena algún tema del momento para levantar la mañana.

Depende el día, las circunstancias y lo que se tenga que afrontar, el plantel de Lanús lleva a cabo reducidos, trote, gimnasio o movimientos tácticos. Luego de esas dos horas de entrenamiento, la práctica termina. Las gotas de sudor chorrean sin cesar, se levantan la camiseta y la llevan hacia su frente para secarse. El cansancio muscular y mental queda atrás, la meta es siempre la misma: dar todo para llegar a Primera. Ousmane N’Dong o “Papá Ramos” (el apodo proviene de una fusión entre el nombre de su abuelo y el fanatismo por Sergio Ramos), lo logró. El 14 de noviembre de 2020, por la Copa Diego Armando Maradona, Luis Zubeldia confío en él, y desde el arranque integró la dupla central con Alexis Pérez frente a Newell’s. El Granate perdió 4-2 de local. Si bien no fue un dulce debut, la sensación de placer por pertenecer al equipo titular no se le borra por nada. En ese partido se convirtió en el primer senegalés en debutar en el fútbol argentino. Sus otros tres compañeros africanos todavía aguardan en la Reserva para dar el gran salto.

Ousseynou Tall
Ousseynou Tall

“Al fútbol lo considero mi trabajo. Es muy importante para poder salir adelante y ayudar a mi familia. Comencé preparándome en una academia e iba al colegio, pero no me gustaba, me escapaba en horas de clase y me iba a jugar a la pelota con amigos. Tenía unos 14 o 15 años, mi papá se enteró y ahí dejé los estudios”, dice N’Dong. “Después de eso hacía doble turno, a la mañana entrenaba con mi viejo y a la tarde con el Club Ángelo África, que queda en Dakar, de donde soy. Mi debut fue de muy chico, a los 16, porque era el más alto de mis compañeros. En ese momento era volante central”.

Entre la década de los 90 y 2000 sólo debutaron nueve jugadores africanos en la Primera División del fútbol argentino. El 24 de febrero de 1995 Alphonse Tchami, de Camerún, debutó en Boca. Dos días después lo hizo Ernest Mtawali. originario de Malaui, en Newell’s. Y seis meses más tarde el sudafricano Doctor Khumalo tuvo su paso por Ferro. En 1997 el ghanés Nii Lamptey en Unión de Santa Fe. Ya para 2005, el ugandés Ibrahim Sekagya jugó en Arsenal de Sarandí. Félix Orode, proveniente de Nigeria, llegó en 2009 a San Lorenzo y siete años más tarde su compatriota Okiki Afolabi aterrizó en Talleres de Córdoba. El anteúltimo fue Zé Turbo, de Guinea-Bissau, que dejó su huella en Newell’s en 2018. El último es N’Dong en Lanús.

La discriminación sigue siendo un tema de lucha tanto en la Argentina como en el resto del mundo. El racismo es motivo de amenazas y burlas en el deporte. En 2012, el capitán de Los Pumas, Pablo Matera, público tweets que causaron ruido en la actualidad: “Que linda mañana para salir en el coche a pisar negros (sic)”. En la final de la Eurocopa de 2021, los jugadores Marcus Rashford, Jadon Sancho y Bukayo Saka, de la Selección de Inglaterra que perdió frente a Italia, fallaron los tres penales de la definición. Inmediatamente recibieron insultos en redes sociales. “Pero no hay lugar para el racismo u odio de ningún tipo en el fútbol -escribió Saka en Instagram- o en algún ámbito de la sociedad. Hago el llamado para denunciar estas situaciones y así ganaremos. El amor siempre gana”. También en las canchas argentinas suelen entonarse cantos hacia el equipo rival o gritar ofensas a los grupos étnicos. “Estoy preparado para eso, no me afecta, no me importa ese tema. Dentro de los estadios es normal escuchar ese tipo de cosas”, dice N’Dong.

“Dama beugeu football” significa amor por el fútbol en wolof, la segunda lengua -la primera es el francés- hablada por el 40% de la población de Senegal y Gambia. N’Dong y Alphoseiny fueron incorporando con el tiempo el castellano en su vida y el lenguaje coloquial. Lo aprendieron escuchando a su entorno. Ousseynou Tall apenas sabe algunas palabras y Fabakary todavía no lo adoptó. Entre ellos se comunican en su idioma natal o en su dialecto.

Si alguien recorre las Avenidas Avellaneda y Nazca -en Flores- y Once, puede encontrarse con varios manteros -cuando la policía no los está sacando- de origen senegalés, que ofrecen regatear sus productos para poder venderlos. Ellos no tienen la misma suerte que los futbolistas que desembarcan en Argentina, muchas veces engañados por redes de trata, personas que les ofrecen infinidad de sueños que nunca se cumplen. “Allá hay menos trabajo y más gente. Si no sos empresario o jugador, buscás otras soluciones. La situación es complicada, la mayoría trata de rebuscárselas revendiendo artículos de indumentaria, accesorios. Hay muy poco dinero”, comenta Dabo Alphoseiny. Si bien existe, la clase media es la minoría. Predomina la alta y, sobre todo, la pobreza. Actualmente Alphoseiny ayuda a su familia, que pertenece a esa clase media, y que cuenta con un hogar y alimentos.

Badjie Fabakary
Badjie Fabakary

La puesta de sol está comenzando. Significa que se puede ingerir algún alimento luego de un largo día sin hacerlo. El Ramadán es la revelación del Corán. Dura 30 días y es festejado por 1900 millones de musulmanes en el mundo -96% de la población de Senegal lo practica-. Durante las horas de luz se debe ayunar completamente: el Ramadán es uno de los cinco pilares del Islam. Ese mes, N’Dong y Alphoseiny siguen entrenando, pero aún así practican sus fiestas a rajatabla aunque les falte su familia. “Entre las 18 y las 6 de la mañana no se puede comer. Iba a entrenar sin desayunar. Tampoco puedo tomar agua una vez finalizada la práctica de fútbol”, dice N’Dong.

En los hogares, las mujeres senegalesas se encargan de la comida. Los aromas de los platos tradicionales como ceebu jen (pescado con arroz y muchas especias) o dibi (cordero a la parrilla) se hacen presente. Aquí, Ousmane N’Dong, Dabo Alphoseiny y Ousseynou Tall extrañan esos sabores. Allá se ingieren más alimentos fritos y acá todo es mucho más sano. Sin embargo, ya adoptaron nuevas costumbres, y cada tanto se comen un buen asado, convirtiéndose en extranjeros con tintes argentinos.

El día que Riquelme fue jugador de Temperley

Por Alejo Zalazar

Es domingo 13 de julio del 2003, el cielo se encuentra nublado y hace mucho frío en el Sur del conurbano bonaerense, la temperatura ronda los 4° C, los árboles alicaídos y sin hojas piden la vuelta de la primavera. A pesar de este pésimo contexto, los hinchas y vecinos del barrio de Temperley se hacen presente en el Estadio Alfredo Beranger para conmemorar que se cumplen diez años desde que la institución volvió a jugar de forma profesional, tras estar clausurado por dos años, ya que el club había presentado quiebra.

Para celebrar el hecho, se disputa un partido amistoso en el que participan los futbolistas de Temperley que jugaron luego de la clausura y grandes jugadores reconocidos del fútbol argentino. El gran artífice, por quien se lleva a cabo el evento, es el futbolista Mauro Navas, un gran ídolo y referente de la institución gasolera, ya que tuvo la predisposición de invitar a cada uno de los jugadores.

Navas llega al estadio y mientras va camino a los vestuarios no deja de sorprenderse por la cantidad de gente que se arrima a ver el encuentro. Ya posicionado en los camarines, cambiándose junto con sus compañeros, recibe el llamado de una persona que se encarga de la seguridad del club, diciéndole que Juan Román Riquelme está en las adyacencias del Beranger con su camioneta 4×4. Navas, cuando escucha el comentario, queda sorprendido, ya que, a pesar de que había invitado al Diez para participar del evento, no puede creer que su amigo Román, con el cual habían entablado una amistad hace unos meses atrás en España, haya aceptado la invitación.

Inmediatamente, el futbolista del Leganés de España hace pasar a Riquelme. El jugador del Barcelona llega al vestuario junto con su hermano Cristian. En ese instante, mientras se pone la camiseta de Temperley, Román le pregunta a Navas si puede jugar su hermano, y sin dudarlo acepta el pedido.

Una vez preparados, los dos equipos salen a la cancha, ambos con las camisetas del Gasolero, una de color celeste y la otra azul. El equipo celeste está conformado por los futbolistas que jugaron luego de la quiebra del club: Alejandro Coronitti; Walter Céspedes, Cristian Cuenca, Gabriel De Cesare, Alejandro Faravelli; Rubén Maciel, Alejandro Rey, Ramon Aranda, Walter Martín; Gerardo Losas y Fernando Marro. Por otro lado, el equipo azul se encuentra constituido por grandes figuras del fútbol argentino y otros referentes de Temperley: Sergio Grecco; Mauro Navas, Cristian Smigiel, Claudio Úbeda, Carlos Mac Allister; Custodio Méndez, Héctor González, Jorge Giménez; Juan Román Riquelme; Cristian Riquelme y Cristian Diaz.

Cuando salen los equipos al campo de juego, desde la tribuna 9 de Julio, Jorge Omar Tancredi, hincha fanático del Celeste, con unas muletas, dado que semanas atrás había sufrido un esguince de tobillo, mira: con los ojos llenos de lágrimas, no puede creer que está viendo a su máximo ídolo, a Riquelme, con la camiseta del club de sus amores. Instantáneamente Tancredi y los hinchas presentes, desde las cuatro tribunas del Beranger, empiezan a ovacionar al Diez, con el grito: “Riqueeelme, Riqueeelme”.

Mientras lo ovacionan, dentro del campo de juego, el presidente de Temperley, Jorge Adrián Colas, les entrega unas plaquetas a las cinco familias -Colas, Allende, Ahualli, Pecorelli y Romano- que hipotecaron sus hogares para poder levantar la quiebra y que el club volviera a abrir sus puertas.

Una vez transcurrida esta serie de acciones, los dos equipos se acomodan en el césped. El joven árbitro, Patricio Loustau, toca el silbato y da comienzo al encuentro, que tendrá dos tiempos de 30 minutos cada uno.

En los primeros minutos, Riquelme, fiel a su estilo de juego, se hace cargo de la pelota “Signia” blanca, y maneja los hilos del partido. A los 5 minutos del primer tiempo, el equipo azul mete el 1 a 0, gracias al remate de Héctor González. Seguidamente  se hace un amplio dominador del encuentro. A los 15 minutos, tras una serie de pases, Román queda de frente al arco custodiado por Coronitti. El Diez, con su magia intacta, saca un derechazo potente y coloca la pelota en el palo derecho del arquero. De esta forma, los azules se ponen 2 a 0 arriba en el marcador.

Loustau mira su reloj y decide finalizar la primera etapa. Los dos equipos se van al descanso, para tomar un poco de agua o alguna bebida isotónica. Mientras tanto al Diez se le acercan algunos niños que están de alcanzapelotas y firma una serie de autógrafos.

Finalizado el entretiempo, los dos equipos, con algunas variantes, se posicionan nuevamente dentro del campo de juego. En el conjunto celeste ingresaron: Lautaro Barile, Walter Parodi, Marcelo D’Aloia, Fabian Morzolin y Cristian Calvo. Por otra parte, en los azules, entraron Claudio Medina, Guillermo De Lucca, Hugo Casajouz, Guillermo Rocaro y José Barella. Mientras los otros jugadores se acomodan, Riquelme ya está listo para jugar. Loustau pone el balón en el punto blanco colocado sobre la mitad de cancha y por medio de su silbato negro da comienzo a la segunda mitad.

En los primeros minutos se instala un juego muy pasivo por medio de los dos conjuntos, fiel característica de un partido amistoso. Hasta que en un momento el Diez decide agarrar el balón, y ve a Losas -jugador del equipo celeste- que viene de frente con las piernas entreabiertas; inmediatamente, a Román se le prende el foco y le tira un delicioso caño. El público, al visualizarlo, empieza a ovacionarlo con el grito “Riqueeelme, Riqueeelme”.

Minutos más tarde, con la pelota en otro sector del campo, Riquelme y Losas dialogan sobre el caño.

La próxima cerrá las piernas —le dice Román con una enorme sonrisa en su rostro.

—Te voy a hacer caso, entonces —comenta Losas con una gran carcajada.

Sobre el final del encuentro, a los 29 minutos del segundo tiempo, D’Aloia, jugador del equipo celeste, saca un disparo desde el punto del penal para descontar en el marcador. Seguidamente Loustau toca el silbato y termina el encuentro. El resultado final es victoria por 2 a 1 del equipo azul sobre los de celeste.

Una vez finalizado el partido, los jugadores y otras personas que están dentro del campo de juego se acercan a Román para pedirle una foto. Entre ellos está el futbolista del equipo celeste Walter Martin, con su hijo en brazos, que se acerca a Riquelme y le pide la foto. Luego de sacarse varias fotos, a Riquelme se le acercan decenas de periodistas. Allí está Juan Pablo Marrón, entonces periodista de un medio partidario de Temperley.

Román. Fue una sorpresa para la gente, porque hasta diez minutos antes de empezar el partido decían que eras la sorpresa y nadie sabía que vos ibas a estar —comenta Marrón, con su grabador en mano.

Para mí es una sorpresa que Mauro me haya invitado. Me puso muy contento —afirma Román, con una leve sonrisa.

Finalizado el diálogo con los periodistas, Román abandona el campo de juego junto con su hermano Cristian, con toda la gente coreando: “Riqueeelme, Riqueeelme”. El Diez, como broche de oro, para cerrar un día perfecto, se saca la remera con la que jugó y decide arrojarla directo a los hinchas. El partido quedará en muchos de los corazones de los hinchas de Temperley.

Damián Akerman: el camino a la gloria

Foto: Fabián Acuña

Por Camila Valente

Era la noche del 6 de junio de 2017 y el Estadio Nuevo Francisco Urbano estaba vestido de gala. La gran noche había llegado. El sueño estaba a punto de hacerse realidad. Las tribunas se encontraban colmadas de hinchas eufóricos que se abrazaban y sonreían. Las banderas rojas y blancas, los globos, los tirantes y el papel picado, los bombos y trompetas. Todo estaba preparado.

Las más de 32.000 almas que se encontraban en las tribunas estaban a punto de ver realizado su sueño: si el Club Deportivo Morón le ganaba a Platense, cortaría con una racha de 27 años sin salir campeón y ascendería a la Primera Nacional cuatro fechas antes de que finalizara el torneo de la Primera B Metropolitana. En los tablones todo era emoción y euforia, gritos y llantos anticipados de emoción.

¿Qué pasaba adentro del vestuario?

Debajo de la Platea Filiberto Ferrante, en el vestuario local, había un hombre. O no, un superhéroe. Sí, el superhéroe de todos los hinchas del Gallito: Damián Emilio Akerman. Estaba sentado en su lugar habitual, haciéndose una sola pregunta: “¿Será este el día en el que logre salir campeón con el club que tanto amo?”. Algo en su interior le decía que sí.

Akerman, el delantero nacido en Porteña, provincia de Córdoba, el 25 de marzo de 1980, había llegado a Deportivo Morón en 2003 y, entre los tres períodos en los que estuvo en el conjunto del Oeste del Gran Buenos Aires, había logrado convertirse en el máximo goleador histórico y en el jugador que más veces había vestido la camiseta rojiblanca. Ese hombre esperaba con ansias el momento en el que sus objetivos personales se convirtieran en un logro grupal que le diera una alegría a todo el pueblo moronense.

“Sabía que estaba cerca de conseguir lo que siempre había soñado, lo que me faltaba en el club. Estaba muy ansioso por jugar. Me imaginaba un partido con una victoria y el festejo posterior. En el vestuario, obviamente, había mucha ansiedad y nerviosismo. Son muchas sensaciones las que se cruzan por la cabeza y por el cuerpo en ese momento”, expresa ahora Akerman.

“En la previa había tres claros candidatos a pelear por el campeonato. Por plantel, cuerpo técnico e historia en el ascenso: Morón, Platense y Defensores de Belgrano eran los favoritos”, explica Carlos Lema, relator de TyC Sports, que esa noche sería el encargado de describir las jugadas para una transmisión que sería histórica. “Particularmente, Walter Otta venía de tener una muy buena campaña con Villa Dálmine y armó un plantel con hombres de peso como Akerman, Rodrigo Rengo Díaz, Javier Bicho Rossi o Nicolás Minici, más chicos con gran futuro, como Valentín Perales”, añade Lema.

El partido comenzó y, desde el arranque, se notaba que Morón y su goleador histórico estaban decididos a levantar la copa esa noche. A través de un tiro libre, el Rengo Díaz puso en ventaja a Morón, que ya empezaba a ver materializado su deseo. Minutos más tarde, Akerman bajó la pelota en el área, levantó la cabeza y asistió al Bicho Rossi, que puso el 2 a 0 parcial que hizo delirar a la hinchada.

La temperatura rozaba los diez grados y el viento era muy frío. ¿Quién iba a sentir otra cosa que no fuera el calor que producía tanta euforia? La gente saltaba y cantaba, los minutos pasaban y el ascenso estaba cada vez más cerca. Hasta que llegó el gol de Platense que generó algunas dudas y llevó a ese presente un pasado que nadie quería recordar.

Sin embargo, los segundos transcurrieron y Yamil Possi, árbitro del encuentro, pitó el final, haciendo real la vuelta del Deportivo Morón a la segunda categoría del fútbol argentino.

Martín Lara, hincha fanático del Gallo y autodeclarado “akermista”, emana emoción cada vez que habla de su ídolo, del hombre que le hizo festejar 160 goles y que fue una de las piezas clave de ese ascenso que parecía estar destinado a no ser, pero que finalmente llegó. “Que esa noche lo haya visto a Damián con la camiseta número 9 de Morón, en plena vigencia, siendo el máximo goleador del equipo en ese campeonato y referente fue, y es, definitivamente, una alegría inmensa”, describe Lara.

El hecho de que el ascenso se le haya negado tantas veces al conjunto del Oeste y que el cordobés haya vivido en primera persona la frustración de la triste final con Defensa y Justicia en Varela del 2006 -cuando Morón perdió el ascenso en solo tres minutos- o el partido contra Deportivo Español que, ese mismo año, también dejó al Gallito afuera de la pelea, reforzaba la idea de que Akerman merecía dar la vuelta con el club de sus amores.

Mariano Sebastián Rey, periodista partidario del club del Oeste, expresa: “Con Damián pasaba algo similar a lo que ocurría con Messi y la Selección Argentina: sabíamos que había estado muy cerca en varias ocasiones y, claramente, se merecía lograr ese objetivo que se le venía negando”.

“En el plantel campeón de 2017, Damián tuvo un rol protagónico. Fue el goleador del equipo con 10 tantos en 23 partidos, así que, en ese sentido, creo que fue un acierto haberlo traído de nuevo al club. En el primer año y medio que estuvimos al frente del plantel él jugó mucho y, con el tiempo, cuando perdió un poco de terreno, siguió sumando desde afuera, aportando desde el lugar que pudiera”, resalta Walter Otta, director técnico de Morón en ese entonces. “Desde que llegó al club, Damián tenía un solo objetivo: ascender. Cuando nosotros lo llamamos para volver, él estaba en Tristán Suárez. Acordó ganar menos dinero para poder cumplir su sueño. Verlo disfrutar y haber sido testigo de la felicidad que sintió, hizo que valiera la pena todo el sacrificio que hizo por sumarse al plantel”, agrega Otta.

Además, el entrenador hace hincapié en otra característica fundamental del goleador: su humildad. Ese valor que lo llevó a ganarse el corazón de la gente y de sus compañeros, de todas las personas que lo acompañaron en ese camino que parecía no encontrar el rumbo, pero que llegó a buen puerto.

La buena onda, la simpatía y la solidaridad fueron factores claves que destacaron al “superhéroe” y que lo convirtieron en una pieza importante del equipo que se coronó campeón. “Yo sabía que era mi última oportunidad para hacer realidad mi sueño en Morón. Tenía claro que no me iban a quedar muchas chances, fundamentalmente por mi edad”, cuenta Akerman, quien en ese momento tenía 37 años y, como todo deportista, empezaba a contemplar “el peso de los años”.

Hay quienes dicen que “todo esfuerzo tiene su recompensa”, y vaya si Akerman tuvo que esforzarse para poder obtener el resultado que esperaba. Sin embargo, lo más lindo que tiene la historia de Akerman es que no solo luchó por sus sueños. Ese hombre que llegó con 22 años a Morón destinó 15 años de su vida a trabajar y pelear por el deseo de miles de personas. Porque la gente del Gallito, durante mucho tiempo, cargó con un dolor enorme, con la ansiedad y necesidad de ver a su equipo campeón.

Ese “superhéroe” no batalló solo por sus objetivos, sino que cargó sobre sus espaldas con la necesidad de mucha gente que gritó y festejó cada uno de sus goles, que celebró con él en cada victoria y lloró en cada derrota. Damián Akerman, ese hombre humilde y solidario, casi sin darse cuenta, tomó los sueños de miles de hinchas, los metió adentro de una pelota de cuero y jugó con ellos hasta que despertó al gigante dormido y unió a todo el Oeste en un solo grito: “¡Morón campeón!”

De la cancha a los escritorios: los jugadores que se convierten en dirigentes

Por Federico De Luca

Johan Cruyff sabía muy bien cuál era el destino del negocio del fútbol. Cuando se retiró como entrenador en 1996 ya tenía en la cabeza desde qué lado quería seguir involucrado en ese mundo que vivió toda su vida. En 1999 se fundó el Johan Cruyff Institute con el objetivo de involucrar y educar a los deportistas, atletas y profesionales en la gestión deportiva. Con esta introducción te recibe el sitio web del Johan Cruyff Institute: “La gestión deportiva es el campo de la educación relacionado con la industria del deporte. La industria deportiva ha tenido un impacto en la economía mundial cada vez mayor en los últimos 20 años, con inversión en infraestructura pública, movilización de recursos y creación de nuevas profesiones y puestos de trabajo. Hoy en día es uno de los sectores profesionales con más crecimiento económico, creando oportunidades para aquellos que aspiran a un futuro en el mundo del deporte”.

En mayo de 2020, la institución desembarcó en Argentina a través de un convenio con Racing. El acuerdo era un beneficio para los socios y trabajadores del equipo de la provincia de Buenos Aires en cuanto al acceso a los programas de formación académica en Gestión Deportiva, Marketing Deportivo y Patrocinio, Administración y Coaching.

A partir de la llegada de Diego Milito, ex futbolista e ídolo de La Academia, Racing comenzó a allanar un camino directo a la profesionalización de todas las áreas. Ese es el proyecto que defendió el ex secretario técnico hasta el último día que ejerció desde esa función. Pero para que ello se lleve a cabo se necesita el respaldo de toda la comisión directiva y que todos apunten hacia el mismo objetivo. La disconformidad de Milito nacía en que los dirigentes no lo dejaban actuar con libertad, tal como prometieron cuando asumió en el cargo. Tal fue el agotamiento que en noviembre de 2020 dejó la secretaría técnica de Racing y mediante un video en sus redes sociales se despidió de los hinchas y aclaró que su renuncia partió por diferencias con el presidente Víctor Blanco: lo que para el ídolo era una inversión en infraestructura, capacitación y desarrollo de áreas profesionales e institucionales, para el dirigente era un gasto. Lejos estuvo la dirigencia de respetar los ideales que conllevaba ese acuerdo con el Instituto Johan Cruyff.

Desde la ex secretaría técnica aclararon que no es lo mismo un dirigente deportivo que un dirigente político. El primero se capacita para gestionar deportivamente un club a través del orden, de la metodología y de optimizar recursos. Y en el fútbol argentino hay un rechazo a lo nuevo: a algunas personas no les conviene que esté todo tan planificado.

Gabriel Heinze anticipó algo de esto en 2016, en una entrevista para el diario La Nación, realizada por el periodista Cristian Grosso: “Con estos dirigentes el fútbol argentino no tiene escapatoria, todo evolucionó en el mundo, todo cambió… menos ellos”. Y agregó: “Tienen que entender que debe venir gente nueva, gente joven. Con otras ideas, que hayan vivido otras cosas”. En aquel entonces Heinze era el entrenador de Argentinos Juniors. Y fue muy preciso al explicar qué pasa con el futbolista que se involucra en la política de un club: “Chocan con gente que tiene todo armado y no quiere que venga alguien a sacarles el lugar. Se juntan, y comienzan a trabajar para que el nuevo no tenga poder de decisión. Entonces, ¿qué hace el futbolista? Se termina yendo. Y nadie puede convivir con esta gente”.

En el momento en que Milito decidió dar un paso al costado, desde la comisión directiva comenzaron una reestructuración y recurrieron nuevamente a un exfutbolista, pero esta vez para ocupar el cargo de mánager: Rubén Capria. Su primera elección fue la designación de Juan Antonio Pizzi a cargo del plantel, pedido que fue cumplido. Finalmente, el entrenador fue destituido de su cargo luego de una derrota, en el clásico de Avellaneda, contra Independiente. Llegar a la final de la Copa de la Liga, le permitió al director técnico permanecer en su cargo, pese a que después de la derrota 5 a 0 frente a River Plate en la Supercopa Argentina, su continuidad se mantuvo permanentemente en el ojo de la tormenta. No era la idea de un proyecto a largo plazo lo que lo retenía, sino el gasto elevado que implicaba destituirlo. El mánager de Racing lo bancó hasta último momento. De hecho, hasta se rectificó y afirmó que a Pizzi lo volvería a elegir cien veces más. Pero su convicción no fue suficiente para convencer a la cúpula dirigencial.

El director técnico juntó su pertenencias y se despidió con este mensaje: “No encontramos respaldo para continuar. Con el único que hablaba era con Capria. Nunca me había pasado no tener relación con los dirigentes, el fútbol argentino a veces se maneja de una forma que uno no está acostumbrado”.

Juan Simón, ex defensor de la Selección argentina y de Boca, entre otros clubes, se desempeñó como mánager del Xeneize durante el período 2014-2016. La restricción en la libertad de acción y sin injerencias en las determinaciones deportivas lo llevaron a tomar la decisión de alejarse.

Simón explica desde sus palabras el rol de mánager: “Es un nexo entre dirigentes, cuerpo técnico y plantel. Debe ser multifuncional, conocer de reglamento, de economía. Se utiliza para delegar funciones; el directivo se encarga de la parte ejecutiva y nuestra tarea se torna a lo deportivo”.

Franco Cristaldo, Andrés Cubas, Tomás Pochettino, Rodrigo Bentancur, Cristian Erbes, Sebastián Palacios, incluyendo a Carlos Tevez y Fernando Gago, que se formaron en las inferiores, reflejan el proyecto que ideaban Simón y el Vasco Arruabarrena para Boca: potenciar el material de las inferiores y pocas incorporaciones en los mercados de pases.

La visión de Simón es positiva en cuanto a que los jugadores profesionales se involucren en las cúpulas dirigenciales. Ahora remarca los casos de Enzo Francescoli en River, el de Milito primero y el actual de Capria en Racing, el Consejo de Fútbol en Boca y Agustín Alayes en Estudiantes de La Plata, entre otros. Además, enfatiza: “Es mucho más llevadera la relación entre un mánager y un director técnico porque hablan el mismo idioma”. Aunque en su caso, Simón no sólo limitó su conocimiento volcado al fútbol, primordialmente en el reglamento por ser agente FIFA. Trabajó a la par de abogados, gerentes y tesoreros, fortaleció la confianza de estos al estar interiorizado y desarrollado con los números, algo que considera un plus fundamental.

Hay quienes afirman que a través de la gestión deportiva se puede transformar la vida. Así lo expresó Juan Sebastián Verón, quien fue presidente de Estudiantes y es actual vicepresidente, en el Foro de Innovación Social Tecnología 2020. “Buscamos no solo transformar desde lo deportivo, sino también desde lo humano y por eso el fútbol tiene un complemento que es la parte educativa. En este sentido, Estudiantes avanzó muchísimo en la tecnología que se pone al servicio del futbolista desde lo formativo y eso convive con el deportista dentro de la institución”, dijo el ídolo del Pincha, que estableció relaciones con la organización Fútbol Con Corazón con el objetivo de complementar el deporte con la parte pedagógica. Desde el principio del mandato, en octubre de 2014, el proyecto de la comisión directiva comandada por Verón mostró un fuerte compromiso con la educación de sus juveniles para brindarles la chance de insertarse en el mercado laboral o continuar una carrera académica.

Juan Román Riquelme se involucró directamente en la política de Boca desde un cargo ejecutivo. La decisión de postularse como vicepresidente segundo en la lista encabezada por Jorge Ameal-Mario Pergolini fue directamente para competirle a Christian Gribaudo, candidato que quería continuar el legado macrista de Daniel Angelici. Apenas comenzaron a ejercer funciones, se le delegó las determinaciones futbolísticas al consejo de fútbol (integrado por Bermúdez-Delgado-Cascini). Con el pasar del tiempo, la fórmula se desgastó y los conflictos comenzaron a aparecer. Por diferencias con el consejo de fútbol, Pergolini decidió renunciar y su lugar como vicepresidente primero lo ocupó Román. A pesar de las tareas ejecutivas que implica este cargo, reiteradas veces Riquelme aseguró que su objetivo es lograr la séptima Copa Libertadores, una obsesión que apasiona a todos sus hinchas, y que tratará de formar el mejor plantel para alcanzar el objetivo. Para eso, se propuso llenar el club con gente que ya conoce la presión de uno de los equipos más grandes de Argentina. Al igual que Verón, al estar directamente involucrado en la política administrativa, Riquelme disfruta de esa libertad que en otros puestos no se les asegura a los ex futbolistas.

La tendencia de los ex jugadores profesionales sumergidos en la política de los clubes es cada vez más acrecentada y podemos imaginarnos los próximos que desembarcarán en ese universo: Milito nuevamente en Racing, Tevez en Boca, un deseo que parece tener desde su regreso al club en 2015, o Maxi Rodríguez en Newell’s. Es cuestión de tiempo que aparezcan nuevos y reclamen esa ansiada libertad para impulsar una evolución del fútbol argentino.

Cuando Maradona jugó al fútbol cinco en San Vicente

Por Nayla Suco

“Una tarde de camino a la cancha de Boca, mi nieto grita: ‘En ese auto va Diego’. Mi yerno Fito pisa el acelerador y logra ponerse a la par en un semáforo de Almirante Brown, la avenida que sale de La Bombonera. Le grité: ‘Diego, en el 91 comí con vos’. Me miró, se golpeó las manos y me dijo: ‘¡Viernes a la noche en San Vicente, viejo!’. Se acordó, aún habiendo pasado 28 años de aquel partido”, rememora el reconocido DT sanvicentino Rubén Arenas.

Eran las seis de la tarde cuando Rubén Barciocco, encargado por aquel entonces del buffet del Depo, barrió la vereda del club como casi todos los días. Sobre el boulevard estacionó un Fiat 1 color bordó que venía a alta velocidad, mucha más de la que ese modelo de auto originalmente gozaba. “¿A qué hora es el partido?”, le preguntó Maradona. Barciocco revoleó la escoba y comenzó a aplaudirlo. 30 segundos después balbuceó: “A las nueve”.

El mejor futbolista del mundo estaba a horas de debutar como jugador de fútbol cinco con el Club Social y Deportivo Parque. También suspendido, lo que explica su presencia en un barrio ubicado en el sur de la provincia de Buenos Aires. La triste noticia la había dado a conocer el Comité de Disciplina de la liga italiana el 6 de abril de 1991, 13 días antes de ese partido con San Vicente. La historia entre el genio de la Argentina y el césped se dejaba de escribir por 15 meses a causa de un doping luego del encuentro entre Napoli-Bari.

Quien pensara que Maradona era capaz de permanecer tanto tiempo lejos de la pelota no estaba dotado de razón. “El lunes era el día en que nosotros practicábamos en Club Parque. Diego, que ya estaba de regreso en la Argentina, se dio una vuelta y nos dijo que quería jugar. Le contestamos que jugábamos el viernes en Sanvi, y él afirmó que el viernes estaría ahí. Nadie le creyó”, relata entre risas Norberto El Chino Batista, integrante del plantel del Club Parque y amigo de Maradona.

¿Cómo era posible que Diego Armando jugara un partido de fútbol cinco? Lo cierto es que su nombre estaba en la lista de buena fe del Club Parque gracias a Sergio el Checho Batista, quien todos los años lo ponía con bajas expectativas de que un día finalmente se diera. Por otro lado, la liga que se llamaba Fútbol de Salón estaba regida en ese momento por la Asociación Metropolitana de Fútbol de Salón y no por la FIFA, que le había prohibido actuar al Diez en toda actividad nacional e internacional que estuviera afiliada a ella, como la AFA.

La esperanza de los sanvicentinos que se estarían enfrentando al Club Parque era mucho más que baja. “Cuando fui a buscar la planilla a la asociación que quedaba en Congreso, uno de los que me atendió me dijo: ‘Estén preparados porque para el partido del viernes está fichado Maradona’. Ni lo imaginamos, de hecho ni abrimos la boca para no generar falsas expectativas en el pueblo”, narra Marcelo Razeto jugador del plantel del Club Deportivo San Vicente.

Aquel pueblo finalmente fue testigo de esas cosas que ocurren una sola vez. Maradona regresó a las 8 de la noche al club. Los dedos de una mano alcanzaron para contar las personas presentes antes de su llegada, pero ni bien puso un pie en la institución, hubo pruebas de velocidad entre los pueblerinos y no quedó lugar para siquiera un suspiro. “Los vidrios del buffet temblaban, la gente estaba prácticamente dentro de la cancha, tuvimos que cerrar las puertas”, cuenta maravillado Arenas.

Diego comenzó el precalentamiento, pelota va, pelota viene. El tipo con las zapatillas Pumas sin atar y la camiseta de la Sampdoria (el rival en el último partido que jugó con el Napoli) era el protagonista de aquella felicidad colectiva. Los fans morían por abrazar y besar a su ídolo, querían comprobar que era real. Pero lo respetaron, nadie se le abalanzó. Quizás ese comportamiento infrecuente hizo que Diego, solito, sin que nadie se lo pidiera, se lanzara a la tribuna para sacarse fotos, ni una ni dos ni tres: cientas.

Los fotógrafos de prensa, en cambio, tenían acalambrado el dedo de tanto apretar el botón de la cámara. Lógico, estaban haciendo su trabajo. Pero a Diego le importó poco y nada. “‘Bueno, basta, se acabó, córtenla o les pego un pelotazo’, gritó Maradona y amagó a darnos un bombazo. Estaba muy malhumorado con la prensa”, recuerda Daniel Caldirola, fotógrafo en aquel entonces del diario La Nación.

El fastidio retornó durante los minutos iniciales del primer tiempo. 2 a 0 iban ganando los locales. “En la gesta del segundo gol la pelota había quedado sobre la línea pero no se había ido y el Deportivo San Vicente finalmente convirtió. Vino Diego con las manos atrás y me dijo: ‘¿No ves, no ves que la pelota se fue afuera?’. Sacadísimo, a los gritos. Y yo le respondí: ‘Cállate la boca o te saco’. Me miró y largó una carcajada terrible”, revive Arenas, quien además de encargarse del buffet fue árbitro asistente de manera imprevista y necesaria en ese contexto de caos.

Maradona le gesticulaba al árbitro con una estudiada teatralidad. Ricky,  como apodó Diego a Arenas porque le veía un parecido a Ricky Maravilla, invalidó la mayoría de sus reclamos. “No sabía las reglas. No sabía que el gol era fuera del área, tampoco que los laterales y córners eran solamente con la mano”, relata Gustavo Cerdán, director técnico de aquel plantel del Club Deportivo y Social Parque.

Le costó diez minutos aclimatarse. El cinco inicial integrado por Landeira, Lara, Batista, Lamas y Maradona se fue al descanso 3 a 2, con dos goles de Diego.

El pívot de San Vicente, Néstor Ponciolo, contó que su padre al final del primer tiempo entró al vestuario y le dijo: “¡Néstor, a Maradona le tenés que marcar la zurda!”. Tan obvia como ridícula e imposible fue su petición que todos se quedaron callados por un instante, y se echaron a reír segundos después.

“Los cuatro goles que nos hizo en el segundo tiempo, de todos los colores y ángulos, no me asombraron, para nada. Lo que sí me llamó la atención fue verlo tan feliz por lo que estaba haciendo, ver tanto disfrute en su cara. Porque uno siempre vio un tipo enojado, rebelde, viste… Esa noche fue uno más de nosotros”, recalca Ponciolo.

El partido terminó 9 a 4 a favor de Parque, que con la victoria se posicionó en la cima del torneo con cuatro puntos. Maradona entró intempestivamente al vestuario de los pibes del Depo y los invitó a sacarse una foto.

“Se puso coqueto para la cena. Su asistente le pasó el desodorante, las cadenitas de oro y la ropa. Tenía un peinado bien italiano, el pelo brilloso, un brillo distinto, que te llamaba la atención”, recuerda Razeto. Se sentó en la parte de adentro de la U que formaron los anfitriones con las mesas. Como en casa, o ni siquiera, Diego sirvió y no dejó que le sirvieran. Ofreció vino de una damajuana a cada uno de los que estaban ahí.

“Qué grandísimo este asado”, le dijo Diego a Rubén Barciocco. Vaya a saber si lo elogió porque de verdad estaba espectacular, o porque hacía ya dos horas que había comido una empanada y tomado un vaso de vino que le regalaron en un bar ubicado en el cruce de la Avenida Juan Domingo Perón y la Ruta 210  de Alejandro Korn, cuando iba de camino al club.

Podría haber sido un soberbio, pero la realidad es que el tipo estuvo de entrecasa. “Mientras comía las costillitas con la mano le dijo a un compañero: ‘Che Zurdo, ponete hielo ahí. Aflojá en la semana, no juegues, descansá”, recuerda Razeto. “Se dirigió a cada uno por su apodo, ¿entendes eso?”. Como si se tratara de los amigos de toda la vida. Eso ya era bastante, o mejor dicho, demasiado. No era normal que la estrella mundial le prestara atención a los sobrenombres de unos pibes que acababa de conocer.

Se hicieron las dos de la mañana y Diego decidió regresar. Con él se llevó una damajuana del vino berreta que esa noche lo conquistó: Viñas riojanas. Hacía 26 días estaba jugando en la liga de Italia, la más importante del mundo en aquel entonces. Podría haber elegido irse de vacaciones con su familia a cualquier lugar del mundo, pero el genio pasó sus horas en San Vicente. El principal animador de la rueda de la fortuna del fútbol esa noche lució como un hombre inocente, despojado de toda fama y fortuna.

Y quizá fue eso, un rato a la sombra de la gloria, un pueblo que lo desarraigó del mundo exitista en que vivía. Esa noche Diego no jugó al fútbol, jugó a la pelota, interrumpió y no escuchó a la tristeza, y fue tanta la alegría que sintió, que sentenció: “No voy a volver a jugar al fútbol profesionalmente, solo al fútbol cinco con ellos, mis amigos”.