martes, febrero 17, 2026
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Genaro Larotonda: “Me di cuenta que tenía más facilidad en el deporte que en el estudio y eso me motivaba”

Por: Pedro Basla

Genaro Larotonda nació en La Plata en el año 1999. Hace casi ocho años comenzó a entrenar en el gimnasio Invictus y a soñar con dedicarse de lleno al kickboxing. Su gran performance en Argentina y su poca vocación por el estudio decantaron en que hoy esté en la ciudad neerlandesa de Breda con el objetivo de, algún día, ser campeón del mundo. No obstante, sabe que todo lo que pueda lograr es el fruto del trabajo que hay detrás.

-¿Cómo fue tu infancia en La Plata? ¿En qué barrio vivías y cuál era tu realidad económica? ¿Tenés amigos del barrio?

Me críe en el barrio La Loma, de la ciudad de La Plata. Mi situación económica siempre fue buena, mis amigos quizás estaban un poco más marginados, pero mi situación siempre fue buena. Estudié en el San Vicente de Paul y mi familia me sugería que tenía que continuar una carrera, pero yo tenía en mi cabeza lo que es la pelea. Empecé una, dejé a los dos meses y me dediqué de lleno al deporte. Hacía más de cinco años que venía entrenando y estaba obsesionado. Desde un principio tenía constancia y muy en claro lo que quería, por eso me aparté un poco del barrio, de las juntas y demás. 

-¿Cómo es tu relación con tu familia?

Tengo a mis papás y a mis dos hermanos, que son más grandes. Mi papá siempre fue muy correcto y me inculcó que tenía que continuar con una carrera universitaria, pero en la cabeza yo tenía pelear. Mi vieja quizás me ayudó más, siempre me bancó con el tema de las dietas y me apoyó desde el inicio, quizás hasta más que mi papá, porque él pensaba que me lo estaba tomando como un hobby, pero yo estaba haciendo las cosas en serio desde nivel amateur. Mis hermanos me apoyaron siempre y, hoy en día, se juntan a ver mis peleas en Europa.

-¿Cuál fue la carrera que habías empezado?

Ni bien terminé la escuela, mi viejo me decía que tenía que continuar una carrera universitaria, pero no era lo que yo quería. Entonces probé estudiando nutrición, pero a los dos meses dejé porque al mismo tiempo tenía la cabeza puesta en una pelea y se me hacía muy difícil.

¿Cómo eras en el colegio? ¿Eras de pelearte o eras más tranquilo? ¿Recordás la primera vez que te peleaste? 

El estudio nunca fue lo mío, los exámenes los pasaba como podía. Estudiaba, pero no tenía facilidad como mis compañeros. No tenía 9 y 10 pero sí 6, 7 y 8 en el boletín. La única vez que me peleé en el colegio fue contra un pibe más grande.

¿Cómo llegaste a incursionar en el kickboxing? ¿Desde un primer momento hiciste kick? 

Arranqué a entrenar un 2 de febrero, en pleno verano. Estaba con mis amigos y les dije vamos a probar esto, qué sé yo… Ellos dijeron que no y me mandé solo. A partir de ahí arranqué a entrenar en Invictus MMA, que es un gimnasio de artes marciales mixtas. Entonces empecé a hacer kickboxing, MMA y jiu-jitsu, todo mezclado. Entrenaba no sé cuantos turnos a la semana, pero me decidí por el kick porque me di cuenta que me gustaba la pelea en pie. A partir de ahí, mi objetivo era tener una carrera. Me di cuenta que tenía más facilidad en el deporte que en el estudio, entonces eso me motivaba.

-En Argentina peleaste y ganaste casi todo lo que disputaste, ¿Qué significó para vos eso en cuanto a tu nivel y también en que te hayan ido a ver tus amigos y tus familiares? 

-En Argentina tuve 14 peleas, gané 13 y empaté una. Obviamente trabajé durísimo para eso, porque desde un inicio me lo tomé muy profesional, aunque quizás peleaba de manera amateur. A lo mejor eso hacía gran diferencia, porque comía bien, me suplementaba y actuaba como un deportista profesional. Que mi familia y amigos estuvieran ahí fue un plus que se sentía muy bien. Todo eso fue gratificante. Ellos sabían el esfuerzo que había detrás de cada pelea y que me puedan ver en vivo, y no a través de una pantalla, me dio mucha más fuerza.

-Hace dos años estás en Países Bajos, ¿por qué tomaste la decisión de ir para allá?

Dentro del kickboxing hay muchos estilos, y uno de esos es el que se maneja acá en Países Bajos, que se llama dutch style. Era muy popular, entonces investigué a dónde podía ir a entrenar dentro de Países Bajos y miré muchos videos para practicar. Tomé la decisión de venir para acá porque me gustaba el estilo y porque sabía que hay mucho nivel. Entonces hice unas cuantas cosas para juntarme mi dinero y poder comprar el pasaje e, incluso, muchos familiares me ayudaron también para venirme para acá.

Su técnica de pelea, bien ofensiva. Foto: Instagram.

¿Cómo hiciste para poder juntar la plata? 

-Luego de haber dejado la facultad, tenía claro que quería venirme a entrenar a Países Bajos y hacer mi carrera. Entonces, como vivía con mis papás, no tenía muchos gastos y podía trabajar dando clases y ahorrar toda esa plata. Aparte de las clases, cada centavo que veía lo ahorraba y compraba euros, que eran carísimos. Mi familia me ayudó mucho. Mis amigos, unos días antes de viajar, vinieron con un sobre y me ayudaron. La intención de ellos me motivó aún más.

¿Cómo se lo tomó tu familia? 

Al principio quizás no estaba 100% convencida de mi decisión, pero al mismo tiempo veían que me movía para hacerme los papeles, juntar la plata y todo lo que significa mudarse a otro continente. Lo estaba haciendo por mi cuenta. Entonces, a partir de ahí, ellos cambiaron el pensamiento y me terminaron apoyando incondicionalmente.

-¿Cómo hiciste para llegar al Gimnasio en el que estás entrenando, que es uno de los mejores del mundo?

El gimnasio se llama Hemmers Gym. Lo conocí por internet y, a la vez, había muchos peleadores conocidos que entrenaban acá y me gustaba el estilo de pelea que tenían, de hecho lo intentaba copiar en Argentina. Me puse en contacto con el entrenador y desde ahí fue sencillo, saqué el pasaje y dije cuándo iba a ir, sin saber que me iba a quedar a vivir acá. La idea principal era por tres meses, pero tenía en mente que me quería quedar a vivir. Además, poder compartir entrenamientos con Marat Grigorian (uno de los mejores peleadores del mundo, con un récord de 63-11-1) es muchísimo. Cuando estaba en Argentina, mi motivación muchas veces era ver videos de él. Ahora entrenamos juntos y hasta me da consejos.

Hemmers Gym, el lugar que eligió para luchar por sus sueños. Foto: Instagram.

-¿Cuáles son tus objetivos a corto, mediano y largo plazo? ¿Te ilusionás con ser campeón del mundo? 

Actualmente estoy trabajando en un depósito de supermercado. Espero algún día poder dedicarme al 100% al deporte y no tener que ir a trabajar, poder vivir de las peleas, sponsors y demás, como un deportista profesional. En lo que queda del año tengo dos peleas confirmadas, estoy esperando a que llegue la fecha y entrenando para eso. También quiero seguir evolucionando como peleador, en lo técnico y en todo lo que abarca evolucionar dentro del deporte ¿A quién no le gustaría ser campeón del mundo? Tengo claro que todo es a su tiempo. Primeramente me gustaría ser un peleador de nombre con un buen récord de victorias y poder estar bajo un contrato en un evento grande algún día. 

Thiago Mamblona: “El atletismo me transmitió muchos valores que nada en la vida me los hubiera transmitido”

Por Matías Barrios

Thiago Mamblona es un atleta de 20 años considerado un “soñador y apasionado”. Corre y se prepara varios días a la semana en el Parque Domínico en Avellaneda -Provincia de Buenos Aires- a ocho kilómetros de su casa. Se mantiene del lema “si buscas resultados, entonces trabaja para obtenerlos”. Entrenar le sienta bien y, semana a semana, lucha duro para superarse y para competir, al menos, hasta los 30.

¿Quién te transmitió esta pasión por el atletismo?

– Mi mamá participaba en carreras de calle de manera recreativa. Una vez me llevó cuando tenía nueve años y yo era malísimo, iba para atrás. Pero en 2012 me largué a correr solo en una prueba de tres kilómetros e hice 15 minutos y monedas. A partir de eso me gustó y me empecé a sentir bien.

En 2014 arrancó a entrenar distancias más cortas, dentro de lo que es el medio fondo, como 800 metros o dos kilómetros, lo que era acorde a su edad. Una vez que se centró de lleno en el deporte no lo abandonó más. 

¿Cómo conformás tus rutinas?

– Entreno entre cinco y seis días, alrededor de tres horas, dependiendo de los ejercicios. Trabajo la parte específica en la pista y, por otro lado, la resistencia y la fuerza. Son complementos que lo ayudan a uno a mejorar. Eso es específico en cada deporte y en cada disciplina que uno haga.

¿Te cuesta el día a día?

– Trabajo como profe de mini atletismo en el Parque Domínico y como entrenador de running en Lanús, dos veces por semana. También estoy cursando el profesorado de educación física. Es difícil encontrar un buen momento para dedicarse de lleno y buscar un salto de calidad para mejorar el rendimiento. Cuando se tiene, uno debe aprovecharlo. Invierto mucho tiempo en los tres ejes de mi vida (estudiar, trabajar y entrenar) y también trato de equiparlo con mi vida social. 

¿Con qué te quedás del atletismo?

– Destaco al deporte en general porque me transmitió muchos valores que nada en la vida me los hubiera transmitido. Y, en segundo lugar, a los deportes complementarios, como andar en bicicleta o nadar, que a su vez sirven para mejorar muchos aspectos. 

¿Tenés algún proyecto a corto plazo?

– Clasificar al Nacional sub23 de tres mil metros con obstáculos. Piden una marca de 10’20’’, que creo que estoy capacitado para lograrla. No sé todavía cuándo será la competencia, pero me preparo para ello. 

¿Y a largo plazo?

– Explotar todas mis capacidades en la pista hasta los 30 años o hasta cuando me cuerpo me dé. Y después probar correr 42 kilómetros y hacer alguna vez en mi vida un triatlón (natación, carrera y ciclismo).

¿Alguna meta alejada al deporte?

Recibirme de profe de educación física, terminar la licenciatura de alto rendimiento, hacer un curso de guardavidas y estudiar kinesiología. En 2020, con el tema pandémico, lo aproveché porque hice el curso de entrenadores de atletismo en la Word Athletic nivel 1 y también me uní a varias charlas de primeros auxilios sobre ciencias del deporte. 

Por otra parte, ¿considerás que el atletismo es infravalorado en el país?

– En Argentina no se le da tanta importancia como se merece a pesar de que trabaja todas las capacidades del ser humano: correr, saltar y lanzar. En los Juegos Olímpicos es el deporte madre, al igual que la natación, porque tienen posibilidades para cualquier persona y no cualquier deporte las brinda. Además, al no ser tenido en tenido en cuenta, los pone en un compromiso a los atletas, sobre todo a la hora de conseguir un sponsor.

¿Trataste el tema?

– Te piden ciertas exigencias. Por un lado, tener más de diez mil seguidores en las redes sociales, luego registrar un alto nivel y haber ganado algún campeonato. No poseo ninguna de los requisitos, pero sí conozco a mucha gente que tiene el nivel y no hay, ni siquiera, un sponsor que los respalde. No necesariamente debe ser una marca -como Nike, Adidas, Puma-, sino cosas que estén al alcance, como una verdulería o una dietética. Que sirvan para solventarse y que cubran los estudios médicos que son caros.

¿Qué mensaje le dejarías a los atletas?

– Que sigan porque es algo hermoso. Es un deporte abierto. Cuando uno es chico le puede servir, inclusive, para otros deportes. El atletismo es muy compañero, hacés muchas amistades, sobre todo en las competencias, y es lo que más destaco.

Thiago Mamblona es una demostración de constancia, esfuerzo, dedicación, amor, planificación y pasión por esta disciplina. Se considera una persona muy positiva que nunca se rinde y que no hay día que no quiera superarse.

Pequeñas distinciones. Participó en los Juegos Bonaerenses de Mar del Plata en dos oportunidades: en 2014 –en su primera experiencia- quedó octavo con un tiempo de 7’02’’ y en 2015 salió 5° con un tiempo de 6’47’’, ambas en los 1000 metros. Su mejor resultado en una competencia fue en 2018, en Concepción del Uruguay, donde logró una marca de 6’46’’ (salió quinto).

Diego Simeone, el gran motivador

Por Evelyn Leza

“Una vez estábamos comiendo unos alfajores, unas golosinas en el vestuario y justo entra el Cholo. Nos dijo que qué estábamos haciendo, nos mira y se va. Al rato vuelve con una bandeja llena de frutas, cereales, alimentos sanos”, recuerda José Shaffer, quien formó parte de Racing cuando Diego Pablo Simeone lo dirigió en 2006. Los detalles importan y hacen la diferencia a la hora de entablar una relación entre el  plantel y el cuerpo técnico. Sin ir más allá, a Shaffer le tocó debutar en Primera el 25 de febrero, el mismo día que Simeone dirigía por primera vez y recuerda esas palabras, las que le quedaron grabadas en el lugar donde comienza el extenso túnel del Estadio Presidente Perón: “Disfrutá el momento, es una gran oportunidad. Hacé lo mismo que hacías cuando jugabas en el barrio”.

Todo técnico tiene que transmitir a sus jugadores su idea de juego y principios. Simeone, entrenador de 51 años, hace hincapié en la importancia de jugar con pasión, de estar concentrado y motivado. Es aquí que se transporta al lugar donde todo pasa y que solo los jugadores y el staff tienen acceso: el vestuario. Varios de sus jugadores coinciden en la manera que tiene de hablar en la previa a un partido. Emiliano Insúa, quien fue dirigido por el Cholo en el Atlético de Madrid entre 2013 y 2015, es uno de ellos: “Lo que me quedó grabado es la motivación que preparan él y todo el cuerpo técnico antes de los partidos. Es algo único y que te hace salir a la cancha 120%. Le llega al jugador con los mensajes, que es lo más importante en el fútbol”. Valentín Viola, futbolista dirigido por Simeone en Racing en 2011, agrega que es un tipo muy eufórico y que está en todos los detalles.

Sin embargo, en todo deporte y más que nada en el fútbol, hay momentos complicados a causa de que los resultados no son los esperados y es allí cuando un técnico tiene que motivar a sus jugadores más que nunca. Un momento complicado fue cuando Gimnasia venció 2 a 1 a Racing por el Torneo local y Simeone, al finalizar el partido y con una tranquilidad que ni él sabe de dónde sacó, les dijo: “Dénse cuenta de que cuando se está mal, aunque estén dando todo, no se sale de la mierda. Entonces, cuando estén bien, peleen por seguir así. Aprendan de este momento, recuérdenlo, porque cuando uno está bien se olvida de que estuvo mal. Y de eso nunca hay que olvidarse”.

Ahora, por una cuestión de instinto, se piensa que fue formando la manera de comunicarse con sus dirigidos tras el paso de sus años como director técnico. Pero el Cholo, ya en su recorrido como jugador, fue desarrollando el modo de comunicarse en el vestuario, donde los tapones se escuchan nítidamente. Diego Maradona y Oscar Ruggeri, algunos de los que convivieron con él desde joven en el seleccionado argentino, fueron los que le marcaron la personalidad. Con solo mirarlos a los ojos, Simeone aprendía de los hechos que protagonizaron en el vestuario. De esta manera, cuando formó parte del Inter de Milán entre 1997 y 1999, protagonizó un acontecimiento con el brasileño Ronaldo en el que ambos tuvieron un cruce de palabras dentro del vestuario. Ronaldo era una figura reconocida a nivel mundial y Simeone ya era un apellido de peso, que había logrado dos títulos con el Atlético de Madrid: una Liga de España y la Copa del Rey. Quien rememora este hecho es su excompañero del Inter, el brasileño Zé Elías: “Ronaldo dijo que los premios eran iguales para todo el mundo, pero en esa escena intervino el Cholo, levantó la mano y dijo: No, los premios son para los que juegan y los que van al banco”.

Además de la charla previa de cada partido en el vestuario, existe la del entretiempo, cuando por lo general se habla más de táctica y, por ende, de lo que fue sucediendo en el primer tiempo. En un entretiempo ante el Barcelona por La Liga española en 2016, el Atlético de Madrid perdía 2 a 1 en el Camp Nou. Simeone cuenta que les dijo a sus jugadores que estén tranquilos, que el partido era de ellos en los últimos diez minutos. Aunque quiso motivarlos, en esas paredes mayoritariamente pintadas de color blanco, no pudo lograr el empate. Otra situación diferente ocurrió en la Argentina, cuando se percató que un jugador se iba a sentir más cómodo en otra posición. Ese jugador era Viola: “Una vez me mandó a jugar con un lateral y en el entretiempo, como no resultaba, me dijo que vaya a jugar contra el central que era más lento, que se me iba a facilitar, y tenía razón”.

Simeone admite que sus charlas técnicas son mínimas y que duran entre cinco y seis minutos en el vestuario. En la final de la Copa del Rey de 2013 ante el Real Madrid, el Atlético venía de 25 partidos de no poder ganarle al clásico rival. De este modo, buscó la manera de llegarles a los jugadores y que salieran a la cancha con corazón y alma. “Cuando llegamos al vestuario nos puso un vídeo de la película Un domingo cualquiera y yo en particular estaba súper emocionado”, relata Filipe Luís, lateral brasileño que disputó 273 partidos en el Atlético. Simeone elegía ponerles previo al encuentro esa mítica película protagonizada por Al Pacino, quien interpreta a un entrenador de fútbol americano que lucha contra todo y contra todos para poder lograr sus objetivos. Juanfran, jugador afín del Cholo en sus inicios, narra que la celebración en ese vestuario, particularmente rodeado por azulejos azules, fue inolvidable ya que pudieron dar vuelta el marcador y ganar 2 a 1. 

Ahora bien, no fue la primera vez que lo implementaba ya que previo al encuentro como director técnico de Estudiantes de La Plata ante Gimnasia, cuando sus jugadores derrotaron 7 a 0 a su clásico rival en 2006, recurrió al mismo video de la película Un domingo cualquiera. Meses antes, tras su primer partido en Copa Libertadores y la eliminación en cuartos de final por penales ante San Pablo, el Cholo entró al vestuario y al ver a sus jugadores cabizbajos, les empezó a gritar pese al dolor que sentía: “¡Vamos a salir campeones! ¡Esto trae algo, se los digo yo, vamos a salir campeones!”. Y no se equivocó: Estudiantes logró ese mismo año la consagración en Primera División, luego de 23 años sin dar la vuelta olímpica.

Así es que un entrenador, que ha conseguido la gloria en muchos clubes, como Estudiantes, River y sobre todo en el Atlético de Madrid, con títulos nacionales e internacionales, nunca deja que sus jugadores se den por vencidos y tiene el pensamiento de que ellos deben estar convencidos de lo que quieren para lograr sus objetivos. Una personalidad que se muestra tal cual es, incluso atrás de la línea de cal. Y que lo afirma en el vestuario, tratando de que sus dirigidos dejen todo por los colores que representan. Exigente, pero sobre todo apasionado por lo que hace. El uruguayo Diego Godín, segundo jugador con más partidos (344) en la era Simeone en el Atlético, lo ratifica: “Sabe sacar siempre lo mejor de cada uno. Es su gran logro, transmitir al vestuario la facultad de tirar para adelante. Si un vestuario no está convencido, es muy difícil conseguir objetivos. Se pueden ganar partidos, pero no logros a largo plazo. Y él lo consiguió durante muchísimos años. Es una de sus grandes virtudes como técnico”.

Tamara Vital, una mujer de fierro

Por María Lucía Sandoval

El sol empieza a salir en el horizonte. Olor a café y medialunas. Una foto que podría ser de una casa de familia un domingo a las diez de la mañana, pero es la postal de una joven promesa en la dirección de un equipo de automovilismo. Se acerca la hora de largada y el sonido de los motores, sumado al murmullo de los mecánicos, se empieza a escuchar cada vez más fuerte: se combinan y aceleran al ritmo de sus corazones. Los autos se acercan a la pista. Semáforo rojo, 3, 2,1, luz verde: largaron. Sus pulsaciones, a pesar de estar abajo del auto, también aumentan con la velocidad en la pista.

Es la primera vez que una escudería argentina conformada íntegramente por mujeres se lanza a competir en un mundo dominado por hombres como el automovilismo. Ahí está Tamara Vital, directora y encargada del equipo Vitarti Girl’s Team en el Top Race Junior. “Arranque en el mismo puesto en la escudería R36 Team, pero acá eran todos pilotos y mecánicos hombres”, resalta Vital. La escudería R36, que le abrió las puertas, es ahora su vecina en los boxes. Rodrigo Ortega, dueño de R36 y amigo de Vital, fue uno de los que le dio una mano para emprender este nuevo camino, un hito en el automovilismo. “Él -dice Vital- me dio algunas herramientas para probar ahí y ahora me da una mano en el mío”.

-¿Tenés algún referente en tu puesto?

-No tengo ningún ni ninguna referente en mi puesto, pero sí miro mucho lo que hacen los demás equipos que están en el Top Race hace años y también a los de las categorías de afuera porque se aprende mucho de allá.

El estilo único de Vital al mando del Vitarti Girl’s Team marca historia en Argentina en un contexto en el que el rol de la mujer empieza a resurgir aún más. Pero además, para coronar esta presentación oficial, la piloto Rocío Migliore consiguió el segundo lugar en la primera carrera oficial del 2021 en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez el 4 de abril. El auto blanco con detalles en rosa y celeste rugió como nunca. “No hay género para un deporte”, dice Vital, no como un lema, sino como la visibilización de la inclusión en el ámbito deportivo. Según estadísticas nacionales brindadas por las diversas asociaciones, hasta 2021 más de 150 pilotos de sexo femenino corren desde las categorías zonales hasta los campeonatos de karting, “teloneros” de otras competencias como el TC Mouras.

A Vital, la vida le deparaba un futuro en los autódromos pero nunca imaginó que sería de esta magnitud. El lugar al que de chica iba con su padre, madre y hermanos a alentar a la marca Chevrolet se convirtió en su segundo hogar y ahí emprendió un hito para miles de chicas y chicos fanáticos de los motores. “Nunca se me pasó por la cabeza el pensamiento de llegar a marcar historia en el automovilismo nacional porque la verdad que fue todo muy normal desde la creación y la comunicación con mis pilotos -admite-. Como dice el dicho: ‘El tiempo ubica a las personas en los lugares correctos’”.

Mediante las redes sociales, Vital conoció y comenzó el trato con algunas de sus pilotos y mecánicas. A las demás las conocía de los autódromos. Terminó de conformar su Team con Valentina Funes, Agustina Mattio y Rocío Migliore frente al volante. A diario y en plena pandemia fue poniendo a prueba todo lo que conlleva formar un equipo, algo que para ella es una rutina normal porque la costumbre de estar vinculada con el deporte la lleva en la sangre. Sin embargo, el día que le cayó la ficha de lo que estaba pasando fue el del debut, el 4 de abril en el Autódromo de Buenos Aires. “Al principio estaba súper relajada porque sé manejarme acá en distintos rubros, pero el domingo empecé a caer de lo que estábamos viviendo”, confiesa.

La incorporación del Vitarti Girl’s Team destaca un antes y después dentro y fuera de las pistas. Los pilotos, acostumbrados a competir entre ellos mismos, se alegraron de que se marque este suceso en el automovilismo y se incremente la presencia femenina. Facundo Di Gennaro, piloto del Yerobi Racing Team en el Top Race Junior, la conoce a Vital y no duda en demostrar la emoción: “Cuando me enteré que llegaba al Top Race Junior me puse muy contento porque a pesar de que no tenga mucha trayectoria, ver a un equipo completamente de mujeres es algo totalmente innovador”. Di Gennaro destaca que esto evidencia que así como ella puede, muchas jóvenes también son capaces y que el automovilismo no es un deporte de hombres.

“Cuando veas que es 99% imposible, ten el 1% de fé”, dice Vital. La frase la escuchó de una piloto mexicana y desde ese momento se convirtió en su inspiración diaria para todos los aspectos de su vida. Vital quiere traspasar el legado a las demás mujeres que sueñan con llegar en algún momento a las máximas categorías en cualquier rol, pero dice que las oportunidades son limitadas por cuestiones de género: “Estamos haciendo algo copado que puede ayudar a generar que más chicas se sumen. A veces no es miedos, sino posibilidades”.

Si hay algo que diferencia su escudería son sus cualidades de empoderamiento y su nombre tan distintivo: “Vitarti” proviene de cómo se llama el taller mecánico del que es propietaria y maneja con su novio en Tandil, donde juntaron sus apellidos para formarlo en uno solo; mientras que “Girl” -chica en inglés- fue seleccionado como una palabra que las diferencie del resto e identifique, además que es femenina. La opción terminó siendo “Girls” ya que las que eran en español no llegaban a convencer.

Esta disimilitud es solamente en el cómo se identifica a la hora de estar en la grilla de partida porque fuera de eso, sus colegas de rubro, al igual que los pilotos, están muy felices de compartir la profesión. Alejandro Leguizamón, propietario del DM Team en el Top Race Junior, resalta que este hito demuestra algo que siempre tuvo que haber estado presente en la sociedad: que las mujeres están igual de capacitadas que los hombres. “Es cuestión de actitud y tiene que ser algo natural que ocupen este lugar dentro del automovilismo -dice Leguizamón-. El caso de Vital es un ejemplo”.

No todo es fácil en cualquier ámbito ya que el machismo de alguna forma u otra está presente. Ser la cara visible del equipo conlleva a que también cumpla el rol de buscar los sponsors que aparecen en el ploteado del auto y no es tarea difícil. Al ser una escudería novata, las empresas femeninas aún no creen que existan pilotos mujeres que corran. “No es un trabajo simple aunque se piense que al ser nuevas va a ser más accesible. Es otra puerta cerrada dentro del automovilismo”, explica Vital.

La realidad es distinta a la que se vive en el extranjero, donde ciertos temas quedaron en el siglo pasado, pero en la Argentina todavía se hacen presente porque las empresas no creen que la pasión por los fierros corra por sangre femenina. Pero no es obstáculo para Vital. “El Vitarti está contando con mucho apoyo de los habitantes de los pueblos que somos cada una. A través de los sorteos y rifas que hacemos, la gente aporta entre 200 y 300 pesos, o aportan con el bono contribución. Entonces con este granito de arena se nos hace más fácil concurrir a las carreras hasta que la situación se normalice y las empresas confíen en nosotras”, dice Vital. Se estima que para disputar una sola fecha en el Top Race Junior 2021 se necesitan alrededor de 450.000 pesos.

La mirada empresarial no es la única machista. Muchos y muchas fanáticas del automovilismo juzgan que una mujer no puede manejar un equipo o un auto por el simple hecho de ser del sexo contrario al acostumbrado a ver en la pista o por alguna mala maniobra en los boxes. Las redes sociales son un reflejo de la sociedad que critica, que discrimina, que odia. “El machismo está fuera del deporte porque dentro está siempre la mejor predisposición. Ahí estoy súper tranquila porque siempre supe que de este lado esto no iba a pasar”, plantea Vital y establece un paralelismo respecto al recibimiento de sus compañeros con el de cierto sector de simpatizantes.

Hace cerca de una década que Tamara Vital viene formando parte del Top Race Junior pero la aparición del Vitarti fue sorpresiva hasta para sus propios amigos. Julián Ronaldo García, quien además de ser compinche de Vital es periodista en Carburando – principal medio de comunicación de la Argentina que cubre al deporte motor -,  muestra las veces que a Tamara los planes no se le daban: “A veces me contaba por WhatsApp que estaba armando un proyecto nuevo y quizá no se concretaba después. La recompensa llegó y ahora es un ejemplo para que más mujeres incursionen en el automovilismo”.

La vida tarde o temprano premia porque los motores empiezan a despertarse, y la historia a acelerar. Para Vital, el Top Race Junior es una familia en la que la paridad y la transparencia son las principales cualidades. “Mi deseo es seguir escalando en la categoría y tener a los tres autos dentro de la máxima, donde los motores son V6, pero también me gustaría estar en el Super TC2000”, dice. Como enuncia la famosa frase de Antoine de Saint-Exupéry, escritor de El Principito: “Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad

El Powerchair Football y su capacidad transformadora

Por Franco Welter

Garra, lucha y esfuerzo son algunas de las características que identifican a los guerreros de la vida que disfrutan y viven a flor de piel el Powerchair Football, un deporte que llegó a la Argentina para cambiar vidas.

Una cancha de básquet, una pelota N°10, dos arcos, una silla de ruedas motorizada y pasión por el fútbol fueron lo suficientemente necesarios para dar pie a lo que hoy se ha convertido en un deporte mixto y busca transformarse en paralímpico. Cientos de deportistas a lo largo y ancho del país sueñan con ser convocados a la Selección Argentina y dar lo mejor en cada competencia.

La lucha por ver feliz a un hijo fue el puntapié inicial. Mariano Zegarelli y su esposa Lorena Lardizabal tuvieron como principal objetivo, desde un principio, permitirle a su hijo Valentino disfrutar de lo maravilloso que es el fútbol. Este pequeño gigante, fanático de River y de Lionel Messi, atraviesa una patología llamada atrofia espinal muscular, que le imposibilita caminar, pero no perseguir sus sueños día a día. Por eso mismo, en un viaje al exterior, sus padres conocieron el fútbol en silla de ruedas motorizada, algo que les llamó la atención y les hizo notar que era la actividad perfecta para que su hijo pudiera desenvolverse y practicar un deporte junto a sus amigos que se encontraban en su misma condición.

Muchas veces, una discapacidad se convierte en un impedimento que transforma a quienes la padecen en simples espectadores del fútbol. Powerchair llegó para cambiar eso: su misión es que esas personas cambien sus roles y se conviertan en protagonistas, probablemente de manera adaptada, pero protagonistas al fin.

El inicio fue duro. La planificación, los objetivos y la búsqueda de profesionales para llevar a cabo el proyecto no fue sencilla ni simple. Tras la creación de la Fundación Powerchair Football Argentina en 2012, sus presidentes, Zegarelli y Lardizabal, decidieron abocarse ciento por ciento al nuevo objetivo y sus primeras medidas consistieron en la difusión y el reclutamiento de deportistas que quisieran formar parte.

Pablo Giralt, periodista argentino, es uno de los padrinos de la Fundación y, desde el primer momento, notó que el proyecto que comenzó en la Argentina con la familia Zegarelli era realmente serio y que nació desde el corazón. “Powerchair es maravilloso, por el trabajo inmenso que hacen los chicos, pero principalmente por el apoyo de sus familias que los acompañan, que no faltan nunca, que los aplauden, que los aman, que están ahí al pie del cañón y que son los verdaderos artífices del crecimiento de cada uno de ellos”, comentó Giralt en DirecTV.

Poco a poco, el tiempo transcurría, distintas personas comenzaron a conocer el deporte y a sumarse a un proyecto que prometía y mucho. Cada pelota, cada jugada, cada instante y entrenamiento compartido no solo funcionaba como unión entre los jugadores, sino que también los llenaba de felicidad permitiéndoles cumplir su sueño.

Khaleb Manzur, quien conoció el deporte en abril de 2013 y actualmente juega en Los Tigres de Pacheco y la Selección Argentina, demuestra su felicidad por formar parte del Powerchair desde la fundación: “Desde un principio ha sido una experiencia única. Conocer a personas en mi misma condición y que todos podamos coincidir en el fútbol en silla de ruedas motorizada realmente me cambió la vida. Ser convocado a la Selección es algo incomparable. En cada momento que me pongo la camiseta, los nervios me ganan y la felicidad se apodera de mí, pero siempre que quiera y el nivel lo permita voy a dar todo para representarla de la mejor manera”.

Poco a poco, los deportistas comenzaron a elevar el nivel y la Fundación veía con buenos ojos la realización de competencias a nivel nacional. Los Tigres de Pacheco, Las Máquinas Guerreras de Rosario y Los Titanes de Córdoba fueron los primeros conjuntos que comenzaron a formarse en el país.

Mariano Zegarelli, presidente de la Fundación, comparte las sensaciones al ver a los deportistas dentro de la cancha: “Me encanta verlos crecer y jugar. Amo la competencia y, por eso mismo, siento que cumplo dos roles: uno como presidente de la Fundación, en cuanto a lo institucional, y el otro como hincha. Cada vez que los chicos entran al campo de juego, me transformo, pierdo la cabeza y me olvido de todo lo que pasa fuera de eso”.

Actualmente, son 11 las sedes que forman parte de la Fundación y compiten entre sí con el objetivo de transformarse en el mejor equipo de la Argentina. La Primera División de Powerchair está compuesta por siete equipos y se disputa a lo largo de siete fechas en las que todos son locales como mínimo una vez (el último campeón en 2019 fue Los Titanes de Córdoba).

Sin embargo, la Primera División no es la única competencia. También se disputa la Segunda, con una modalidad diferente que consiste en una sola fecha durante un fin de semana con formato de torneo en el que los equipos que acaban en las dos primeras posiciones ascienden a la Primera. Además, en diciembre de cada año, se juega la Copa Argentina, que reúne a todos los equipos del país.

Quienes también ocupan un papel importante en el fútbol en silla de ruedas motorizada son los árbitros. Pablo del Puerto, exárbitro de la AFA, recibió en 2015 la propuesta de dirigir los encuentros de Powerchair y desde un principio no dudó en dar el sí. Además, acompañó a la Selección Argentina al Mundial disputado en Estados Unidos en 2017 y luego convocó a colegas para realizar clínicas de capacitación. “Antes había personas que hacían de árbitro, imagino lo difícil que debía ser. Nosotros tenemos una experiencia de 20 años y hasta hay árbitros profesionales que dirigen en Primera que también se interesaron en el Powerchair”, asegura del Puerto.

Año tras año, los mejores jugadores de cada sede son convocados para formar parte de la Selección Argentina de Powerchair y disputar varias competencias internacionales, como la Copa América, la Copa Sudamericana y el Mundial organizado por la Fédération Internationale de Powerchair Football Association (FIPFA).

La Selección Argentina no tardó demasiado en amoldarse a la competencia internacional y ya en 2015, con un equipo unido y una idea de equipo consolidada, logró su primer título tras derrotar en un triangular a Brasil y a Uruguay en la Copa Sudamericana. La felicidad era inmensa, las familias alentaban y los jugadores se emocionaban tras la obtención de la Copa. Al siguiente año, la Selección repitió la historia, volvió a ganar la Copa y se convirtió en bicampeona de Sudamérica.

Tras un 2017 en el que no lograron hacerse nuevamente con el título, llegó el momento de renovar las esperanzas e ir en busca de la próxima edición. Para eso, desde la Fundación contrataron a Sebastián Tisera, quien se convertiría en el nuevo técnico de la Selección. Ya en 2018, y con un nuevo planteo de juego, Argentina volvió a coronarse en la Copa Sudamericana y fue tras la clasificación al próximo Mundial.

En 2018, Argentina se consagró campeona sudamericana por tercera vez.

Otra de las competencias de mayor nivel en las que participa el seleccionado argentino es la Copa América. Se disputa cada cuatro años y su primera participación fue en 2019, en la que no solamente logró un impresionante tercer puesto, sino que también dio batalla hasta el final ante una de las mayores potencias a nivel mundial, como Estados Unidos. “Gracias a los excelentes resultados y la clasificación final conseguimos el pase al próximo Mundial. Los chicos mejoran constantemente, tanto en la relación social con sus pares y familia como también en el aspecto deportivo”, afirma Tisera.

El 2020 iba a ser el año de preparación para la Copa del Mundo de Australia 2021, pero la pandemia de coronavirus imposibilitó la continuidad de los entrenamientos y la organización, ya que quienes practican el Powerchair son personas que integran el grupo de riesgo y deben tomar precauciones a un nivel extremo para resguardar su salud.

El desgano y la desmotivación por parte de los futbolistas, e incluso de sus familias, comenzaron a hacerse visibles tras la difícil situación atravesada. Por eso mismo, desde la Fundación, y gracias a la autorización del gobierno nacional, decidieron retornar con los entrenamientos tanto a nivel clubes como Selección junto a un plan de estrategia para recuperar el ritmo, que se transformó prácticamente en una “refundación”.

Los ojos están puestos en la Copa del Mundo de Australia que, como consecuencia del covid-19, se disputará en 2022. Zegarelli cuenta cómo se prepara el plantel: “Es nuestro próximo objetivo. Arrancamos con un plan sectorizado que consistió en que cada sede entrene en su club y luego formar un mix entre jugadores históricos de la Selección y otros deportistas que tendrán su primera experiencia para entrenar una vez por mes todos juntos y sellar nuestra idea de juego”.

La Fundación Powerchair Football Argentina es sinónimo de futuro. Como próximos objetivos planea centrarse tanto en el aspecto deportivo como en el institucional, con el propósito de seguir creciendo. En el ámbito relacionado al deporte tiene como idea continuar ampliando sus sedes y crear un gran centro de alto rendimiento para entrenar. Y en lo organizacional, buscar que los integrantes tomen un mayor protagonismo y lograr que la asociación junto a otras fundaciones se conviertan en una fuente de trabajo.

Mujeres al volante: Ianina Zanazzi y Aixa Franke se abren paso entre los fierros

Por Tamara Huergo Dubini

Ianina Zanazzi y Aixa Franke son mujeres pilotos de diferentes generaciones. Zanazzi corre desde 1998, tiene 39 años e hizo grades hazañas en varias categorías y casi logra correr contra pilotos de Fórmula 1 pero tuvo una larga pausa de 15 años para dedicarse a su familia, regresó el año pasado al Top Race para volver a encender esa pasión. Por su parte, Franke, de 28 años, trabajaba de promotora de carreras cuando estudiaba hasta que se recibió, juntó plata para cumplir su sueño de ser piloto y ya hace un año que corre: actualmente compite en Top Race Junior.

“Siempre estás bajo la lupa, hay muchos prejuicios que generan presión, cuando te salen las cosas bien es buenísimo, pero cuando te salen mal te mandan a lavar los platos. Lo que genera en tus contrincantes, no lo generás vos por ser mujer, sino que su entorno los hace sentir. Tenés que ser muy fuerte mentalmente, pero es parte del proceso”, expresó Ianina sobre las dificultades que tiene la mujer al ser piloto en diálogo con El Equipo.

 

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Para Aixa lo difícil es que no hay tantas mujeres en las carreras: ¨La carga social es lo más complicado. Sentís que no te va a salir bien porque solo hay hombres y no tantas mujeres. Después te das cuenta de que no hay mujeres porque no son buenas, sino porque no se animan. Hay que confiar en vos misma y así podés correr y hacer un montón de cosas más, hay que cambiar la cabeza. ¨

Aixa Franke como promotora en Turismo Nacional

La joven piloto es la pionera del Racing Girls, un club de mujeres fierreras y pisteras cada día más grande. Franke empezó este club para hacerse amigas dentro del ámbito y ahora lo usa para dejar un mensaje: “Hay muchas chicas que empezaron a correr o se acercaron a las actividades gracias al club. Por la pandemia está un poco parado. Ahora estoy con mucho trabajo y se me hace difícil dedicarle el tiempo a las Racings”, dijo y agregó: “Pienso que ya dejamos un recontra mensaje, voy a un taller y me reconocen, esto quiere decir que en algunas mentes ya se instaló el concepto de ‘Racing Girls’ que somos mujeres fierreras o pisteras y es un súper paso para la sociedad de ir progresando en la igualdad de género”. Además la ayuda las redes para esparcir su mensaje ya que es un portal para llegar y ayudar a la gente que es algo que le interesa mucho y es su forma de dejar su granito de arena.

En cuanto a Ianinna el mensaje que quiere dejar no es por la igualdad de género si no de auto-conocimiento y motivación: “Animarse. Gastar tiempo y descubrir cuál es tu pasión. Problemas tenemos todos y vamos a seguir teniendo, pero cuando estas agarrado a algo que te apasiona se te hace más llevadero. Lo experimento día a día. Aliento a la gente para que se la juegue, como mamá también lo hago con mis hijos”. Y continúo: “Ese es el mensaje, que no hay imposible y que hay animarse a vivir, a ser feliz y con respeto”. Zanazi destacó que otro mensaje que quiere dejar es el poder construir con el hombre y no estar compitiendo o midiéndose: “Hay cosas en el que el hombre es superior y sería una pavada que la mujer le vaya a pelear de igual a igual y viceversa”.

El lugar de la mujer en el automovilismo se está haciendo ver cada día más. Aun así, todavía hay comentarios que no suman, tanto de hombres como mujeres: “Siempre hay comentarios malos dando vuelta, sobre todo de mujeres pilotos que ya están hace años y la verdad me bajonea un toque porque siendo mujeres nos deberíamos apoyar”. Luego Franke añadió: “Después hay hombres que comentan de todo y gente que te ve de igual a igual y gente que no. Tuve comentarios muy malos, pero con la personalidad un poco más forjada lo vas manejando”. Cuenta que su actitud la sacó de su madre, una mujer fuerte y que siempre iba para adelante, quedó viuda cuando Aixa y sus hermanos eran chiquitos.

Ianinna Zanazzi comparó los cambios con respecto a la igualdad de género cuando empezó a correr y cómo es ahora: “Cuando empecé era más raro ver a una mujer en la pista. A los pilotos de mi generación les sigue molestando que una mujer les gane o los supere. Es el concepto que ellos tienen como hombre, sentir que una mujer es superior en algo hace que tengan menos valor como hombre. Es una pena porque yo respeté mucho el rol del hombre en el automovilismo, nunca los provoqué y a veces te encontrás que a la hora de competir contra vos lo hacen de forma desleal”, pero sí nota que las nuevas generaciones lo tienen más trabajado: “Es lindo ver que chicos de 6 años que corren en kartings, tengan naturalizado que compiten con chicas”. Y la primera piloto mujer en ganar Fórmula Súper Renault Argentina finalizó: “Yo siempre decidí no ponerme en el papel de víctima si no entender que parte de lo que me toco, es ir abriendo camino, hace que lleves la parte más dura y lo acepte. Voy viendo que cada obstáculo que se presenta y lo voy a tomar”.

Una piloto que es de otra generación y que corre por todas aquellas que no pudieron, en el tema de la igualdad no le gusta estar de ningún lado, pero lo lleva bien y con respeto, haciéndole entender que el automovilismo tiene las puertas abiertas para las mujeres. Una piloto joven que corre por ella y las mujeres, que quiere seguir la lucha de que la mujer no es solo una cara bonita en las carreras, que pueden competir, ser mecánicas y ser mejores con mucha voluntad y entrenamiento; que la mujer lo tiene todo para superar al hombre. Ambas grandes mujeres que compiten en el automovilismo y dejan enseñanzas y mensajes tanto para mujeres como para hombres.

La historia de algunas mujeres que marcaron un antes y un después en el automovilismo

El automovilismo y la desigualdad de género desde el primer regalo de cumpleaños

El automovilismo y la desigualdad de género desde el primer regalo de cumpleaños

Por Tamara Huergo Dubini

En la infancia lo primero que le regalan a una niña es una muñeca para jugar y al niño, en cambio, le regalan autos y una pista de carrera. Así es como empieza todo, un hombre que quiere correr autos seguramente sea por ese fanatismo que tienen por las carreras desde chicos. Es diferente si una mujer es piloto, si una se dedica al mundo de los autos suele ser porque alguien en la familia es o fue piloto, o si el padre es mecánico. Además siempre se usó el termino “manejás como mujer” o que el hombre maneja mejor cuando en realidad no hay diferencias.

El automovilismo es uno de los pocos deportes en donde la mujer y el hombre compiten en una misma categoría pero aun así, se lo considera como un deporte masculino. Hasta para algunos hombres, ser superado por una mujer sigue siendo una desgracia, cuando debería dar igual el género de quien se imponga en la competencia.

En Argentina solamente un 2% de mujeres tiene las licencias deportivas habilitadas para competir, tanto en autos como en motos. Es decir, solo hay 150 mujeres pilotos con licencia y no es que empezaron a competir este siglo, hay mujeres que compiten desde el siglo pasado, pero no es algo “común” ver alguna mujer en la pista de carrera y ni mencionar en la competencia más importante, la Fórmula Uno. Más de 800 pilotos participaron en la mayor competencia de carreras, únicamente 5 fueron mujeres.

El mundo está acostumbrado a que el hombre venda más en los deportes, esa costumbre fue creada por nosotros mismos, el conflicto es que hay mujeres muy talentosas que se merecen un lugar en las competencias pero no lo tienen. No hay que desmerecer a los hombres que realmente se merecen estar donde están, lo que se está buscando es que la mujer sea igual o tenga las mismas oportunidades si tienen las condiciones.

La historia de algunas mujeres que marcaron un antes y después en el automovilismo

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Por Tomás Randazzo

El automovilismo es un deporte que -a pesar del avance del movimiento feminista- aún conserva un entorno machista. Pero con el paso del tiempo se está volviendo cada vez más inclusivo, donde la igualdad de género toma cada vez más presencia. Un ejemplo sucedió en Arabia Saudita, donde hace tan solo dos años se llevó a cabo una reforma en la que las mujeres mayores de 21 obtuvieron el derecho de poder sacar la licencia para conducir. Este hecho resulta algo llamativo, ya que en otros países como Estados Unidos desde 1898 que las mujeres ya poseen este derecho. Genevra Delphine Mudge quedó en la historia por ser la primera en sacar su permiso para conducir. Además, es considerada para muchos la primera piloto de la historia.

Existieron varias mujeres que marcaron un antes y un después en este deporte, como es el caso de Dorothy Levitt, quien a sus 21 años consiguió ser la primera piloto en ganar una carrera. En 1905 estableció una marca y se transformó en la mujer que mayor distancia había recorrido hasta ese momento: 661 kilómetros. Lo consiguió en un viaje de ida y vuelta desde Londres hacia Liverpool.

La británica también fue quien popularizó el uso de los espejos retrovisores. Si bien es cierto que era un elemento que ya existía, pero aún no tenía la relevancia que posee en estos tiempos. La británica lo popularizó gracias a un manual de automovilismo que publicó en 1909, el mismo estaba titulado como “The Woman and the Car: A Chatty Little Handbook for all Women Who Motor or Who Want to Motor”, en español sería conocido como “La mujer y el automóvil: Un pequeño manual práctico para todas las mujeres que conducen o quieren conducir”.

Genevra
Genevra Delphine Mudge

La italiana María Teresa de Filippis fue la primera mujer en correr en un Gran Premio de Fórmula 1. Con solo 22 años alcanzó el lugar más alto del podio en los 10 kilómetros de Salerno-Cava de Tirreni, en la clase de 500 cc de la categoría de turismos en la que batió a sus rivales del género masculino.

En el GP de Francia de 1958 no se le permitió competir. El argumento del director del torneo fue que “el único casco que debe usar una mujer es el de la peluquería”. Ella no se rindió y ese mismo año se convirtió en la primera mujer piloto de la F1 manejando un Maserati 250F.

Clärenore Stinnes fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo en su auto. En 1927, a sus 26 años de edad, comenzó el recorrido desde Frankfurt, Alemania. El auto con el que realizó la travesía fue un Adler Standard 6, un modelo alemán muy avanzado en su época.

Junto a ella iban el fotógrafo sueco Carl-Axel Söderström y dos mecánicos.

Primero, cruzó los Balcanes, el Líbano y Siria. Pasó por Irán y luego, puso rumbo al norte hacia Moscú. A partir de ahí, se enfrentó al duro desafío de cruzar Siberia durante el invierno. Las frías temperaturas causaron problemas en el vehículo, fue ahí donde se hizo un punto de inflexión y los dos mecánicos que la habían acompañado por su viaje, decidieron regresar a Alemania.

Stinnes siguió junto al fotógrafo y tras superar Siberia, cruzó el desierto de Gobi que está entre los territorios de Mongolia y China. Fue en este punto en el que los dos mecánicos abandonaron el viaje y decidieron regresar a Alemania. A bordo de diferentes barcos alcanzaron Japón, Hawái, y finalmente, Perú. Allí se le rompió también una pieza del embrague y tuvo que esperar más de un mes a que le enviaran una nueva pieza desde Alemania. Luego, su ruta siguió por Buenos Aires, América Central, EE. UU y Canadá.

Tras finalizar su travesía por el continente americano, un transbordador la llevó a ella y al fotógrafo de nuevo para Europa. Finalmente, llegaron el 24 de junio de 1929.

Cómo es la vida de los cuatro africanos que juegan al fútbol en Lanús

Por Nathalie Spandri

Si todos los caminos conducen a Roma, aquí la travesía se ubica en Villa Urquiza. En el barrio porteño de la Ciudad de Buenos Aires -donde el tráfico de Avenida Constituyentes y los pasos acelerados de la gente son agobiantes-, residen los cuatro africanos que están actualmente en el Club Lanús. Jugadores que recorrieron miles de kilómetros hasta llegar a la Argentina por un mismo motivo: el fútbol.

Son 7779 kilómetros, unos 480 minutos de vuelo, tres horas de diferencia horaria, el Océano Atlántico, culturas e idiomas, una valija cargada de sueños, hambre de grandeza y lágrimas por dejar atrás a sus familias es -entre tantas otras cosas- lo que separa a África de la Argentina. Los nombres propios de esta aventura: Ousmane N’Dong, Dabo Alphoseiny y Ousseynou Tall, quienes llegaron de Senegal, y Badjie Fabakary, de Gambia.

La llegada de los jugadores se produjo entre 2018 y 2019. Un agente africano se encarga de reclutar a los mejores talentos y contactar a la empresa Dodici -que hoy los representa-, la que se ocupa de las comodidades que necesiten una vez que aterricen en Argentina. A partir de ese arreglo se arma la logística. Los trámites de papeles suele ser lo más complicado del asunto. Tener la nacionalidad ayudaría en ciertas ocasiones, pero a Alphoseiny no le interesa obtenerla en un futuro, mientras que a N’Dong y Tall, sí les gustaría. Lo que remarcan es que nunca jugarían para la Selección Argentina.

Dabo Alphoseiny
Dabo Alphoseiny

Luego de un domingo de descanso, el lunes comienza otra vez la rutina: se despiertan entre las seis y siete de la mañana, se lavan la cara, se ponen la indumentaria del club, desayunan, agarran su bolso y salen hacia un nuevo entrenamiento. Durante esa hora de viaje desde Villa Urquiza hacia Cabrero y Guidi no falta el mate -ya tienen adoptadas algunas costumbres argentinas-, mientras de fondo suena algún tema del momento para levantar la mañana.

Depende el día, las circunstancias y lo que se tenga que afrontar, el plantel de Lanús lleva a cabo reducidos, trote, gimnasio o movimientos tácticos. Luego de esas dos horas de entrenamiento, la práctica termina. Las gotas de sudor chorrean sin cesar, se levantan la camiseta y la llevan hacia su frente para secarse. El cansancio muscular y mental queda atrás, la meta es siempre la misma: dar todo para llegar a Primera. Ousmane N’Dong o “Papá Ramos” (el apodo proviene de una fusión entre el nombre de su abuelo y el fanatismo por Sergio Ramos), lo logró. El 14 de noviembre de 2020, por la Copa Diego Armando Maradona, Luis Zubeldia confío en él, y desde el arranque integró la dupla central con Alexis Pérez frente a Newell’s. El Granate perdió 4-2 de local. Si bien no fue un dulce debut, la sensación de placer por pertenecer al equipo titular no se le borra por nada. En ese partido se convirtió en el primer senegalés en debutar en el fútbol argentino. Sus otros tres compañeros africanos todavía aguardan en la Reserva para dar el gran salto.

Ousseynou Tall
Ousseynou Tall

“Al fútbol lo considero mi trabajo. Es muy importante para poder salir adelante y ayudar a mi familia. Comencé preparándome en una academia e iba al colegio, pero no me gustaba, me escapaba en horas de clase y me iba a jugar a la pelota con amigos. Tenía unos 14 o 15 años, mi papá se enteró y ahí dejé los estudios”, dice N’Dong. “Después de eso hacía doble turno, a la mañana entrenaba con mi viejo y a la tarde con el Club Ángelo África, que queda en Dakar, de donde soy. Mi debut fue de muy chico, a los 16, porque era el más alto de mis compañeros. En ese momento era volante central”.

Entre la década de los 90 y 2000 sólo debutaron nueve jugadores africanos en la Primera División del fútbol argentino. El 24 de febrero de 1995 Alphonse Tchami, de Camerún, debutó en Boca. Dos días después lo hizo Ernest Mtawali. originario de Malaui, en Newell’s. Y seis meses más tarde el sudafricano Doctor Khumalo tuvo su paso por Ferro. En 1997 el ghanés Nii Lamptey en Unión de Santa Fe. Ya para 2005, el ugandés Ibrahim Sekagya jugó en Arsenal de Sarandí. Félix Orode, proveniente de Nigeria, llegó en 2009 a San Lorenzo y siete años más tarde su compatriota Okiki Afolabi aterrizó en Talleres de Córdoba. El anteúltimo fue Zé Turbo, de Guinea-Bissau, que dejó su huella en Newell’s en 2018. El último es N’Dong en Lanús.

La discriminación sigue siendo un tema de lucha tanto en la Argentina como en el resto del mundo. El racismo es motivo de amenazas y burlas en el deporte. En 2012, el capitán de Los Pumas, Pablo Matera, público tweets que causaron ruido en la actualidad: “Que linda mañana para salir en el coche a pisar negros (sic)”. En la final de la Eurocopa de 2021, los jugadores Marcus Rashford, Jadon Sancho y Bukayo Saka, de la Selección de Inglaterra que perdió frente a Italia, fallaron los tres penales de la definición. Inmediatamente recibieron insultos en redes sociales. “Pero no hay lugar para el racismo u odio de ningún tipo en el fútbol -escribió Saka en Instagram- o en algún ámbito de la sociedad. Hago el llamado para denunciar estas situaciones y así ganaremos. El amor siempre gana”. También en las canchas argentinas suelen entonarse cantos hacia el equipo rival o gritar ofensas a los grupos étnicos. “Estoy preparado para eso, no me afecta, no me importa ese tema. Dentro de los estadios es normal escuchar ese tipo de cosas”, dice N’Dong.

“Dama beugeu football” significa amor por el fútbol en wolof, la segunda lengua -la primera es el francés- hablada por el 40% de la población de Senegal y Gambia. N’Dong y Alphoseiny fueron incorporando con el tiempo el castellano en su vida y el lenguaje coloquial. Lo aprendieron escuchando a su entorno. Ousseynou Tall apenas sabe algunas palabras y Fabakary todavía no lo adoptó. Entre ellos se comunican en su idioma natal o en su dialecto.

Si alguien recorre las Avenidas Avellaneda y Nazca -en Flores- y Once, puede encontrarse con varios manteros -cuando la policía no los está sacando- de origen senegalés, que ofrecen regatear sus productos para poder venderlos. Ellos no tienen la misma suerte que los futbolistas que desembarcan en Argentina, muchas veces engañados por redes de trata, personas que les ofrecen infinidad de sueños que nunca se cumplen. “Allá hay menos trabajo y más gente. Si no sos empresario o jugador, buscás otras soluciones. La situación es complicada, la mayoría trata de rebuscárselas revendiendo artículos de indumentaria, accesorios. Hay muy poco dinero”, comenta Dabo Alphoseiny. Si bien existe, la clase media es la minoría. Predomina la alta y, sobre todo, la pobreza. Actualmente Alphoseiny ayuda a su familia, que pertenece a esa clase media, y que cuenta con un hogar y alimentos.

Badjie Fabakary
Badjie Fabakary

La puesta de sol está comenzando. Significa que se puede ingerir algún alimento luego de un largo día sin hacerlo. El Ramadán es la revelación del Corán. Dura 30 días y es festejado por 1900 millones de musulmanes en el mundo -96% de la población de Senegal lo practica-. Durante las horas de luz se debe ayunar completamente: el Ramadán es uno de los cinco pilares del Islam. Ese mes, N’Dong y Alphoseiny siguen entrenando, pero aún así practican sus fiestas a rajatabla aunque les falte su familia. “Entre las 18 y las 6 de la mañana no se puede comer. Iba a entrenar sin desayunar. Tampoco puedo tomar agua una vez finalizada la práctica de fútbol”, dice N’Dong.

En los hogares, las mujeres senegalesas se encargan de la comida. Los aromas de los platos tradicionales como ceebu jen (pescado con arroz y muchas especias) o dibi (cordero a la parrilla) se hacen presente. Aquí, Ousmane N’Dong, Dabo Alphoseiny y Ousseynou Tall extrañan esos sabores. Allá se ingieren más alimentos fritos y acá todo es mucho más sano. Sin embargo, ya adoptaron nuevas costumbres, y cada tanto se comen un buen asado, convirtiéndose en extranjeros con tintes argentinos.

El día que Riquelme fue jugador de Temperley

Por Alejo Zalazar

Es domingo 13 de julio del 2003, el cielo se encuentra nublado y hace mucho frío en el Sur del conurbano bonaerense, la temperatura ronda los 4° C, los árboles alicaídos y sin hojas piden la vuelta de la primavera. A pesar de este pésimo contexto, los hinchas y vecinos del barrio de Temperley se hacen presente en el Estadio Alfredo Beranger para conmemorar que se cumplen diez años desde que la institución volvió a jugar de forma profesional, tras estar clausurado por dos años, ya que el club había presentado quiebra.

Para celebrar el hecho, se disputa un partido amistoso en el que participan los futbolistas de Temperley que jugaron luego de la clausura y grandes jugadores reconocidos del fútbol argentino. El gran artífice, por quien se lleva a cabo el evento, es el futbolista Mauro Navas, un gran ídolo y referente de la institución gasolera, ya que tuvo la predisposición de invitar a cada uno de los jugadores.

Navas llega al estadio y mientras va camino a los vestuarios no deja de sorprenderse por la cantidad de gente que se arrima a ver el encuentro. Ya posicionado en los camarines, cambiándose junto con sus compañeros, recibe el llamado de una persona que se encarga de la seguridad del club, diciéndole que Juan Román Riquelme está en las adyacencias del Beranger con su camioneta 4×4. Navas, cuando escucha el comentario, queda sorprendido, ya que, a pesar de que había invitado al Diez para participar del evento, no puede creer que su amigo Román, con el cual habían entablado una amistad hace unos meses atrás en España, haya aceptado la invitación.

Inmediatamente, el futbolista del Leganés de España hace pasar a Riquelme. El jugador del Barcelona llega al vestuario junto con su hermano Cristian. En ese instante, mientras se pone la camiseta de Temperley, Román le pregunta a Navas si puede jugar su hermano, y sin dudarlo acepta el pedido.

Una vez preparados, los dos equipos salen a la cancha, ambos con las camisetas del Gasolero, una de color celeste y la otra azul. El equipo celeste está conformado por los futbolistas que jugaron luego de la quiebra del club: Alejandro Coronitti; Walter Céspedes, Cristian Cuenca, Gabriel De Cesare, Alejandro Faravelli; Rubén Maciel, Alejandro Rey, Ramon Aranda, Walter Martín; Gerardo Losas y Fernando Marro. Por otro lado, el equipo azul se encuentra constituido por grandes figuras del fútbol argentino y otros referentes de Temperley: Sergio Grecco; Mauro Navas, Cristian Smigiel, Claudio Úbeda, Carlos Mac Allister; Custodio Méndez, Héctor González, Jorge Giménez; Juan Román Riquelme; Cristian Riquelme y Cristian Diaz.

Cuando salen los equipos al campo de juego, desde la tribuna 9 de Julio, Jorge Omar Tancredi, hincha fanático del Celeste, con unas muletas, dado que semanas atrás había sufrido un esguince de tobillo, mira: con los ojos llenos de lágrimas, no puede creer que está viendo a su máximo ídolo, a Riquelme, con la camiseta del club de sus amores. Instantáneamente Tancredi y los hinchas presentes, desde las cuatro tribunas del Beranger, empiezan a ovacionar al Diez, con el grito: “Riqueeelme, Riqueeelme”.

Mientras lo ovacionan, dentro del campo de juego, el presidente de Temperley, Jorge Adrián Colas, les entrega unas plaquetas a las cinco familias -Colas, Allende, Ahualli, Pecorelli y Romano- que hipotecaron sus hogares para poder levantar la quiebra y que el club volviera a abrir sus puertas.

Una vez transcurrida esta serie de acciones, los dos equipos se acomodan en el césped. El joven árbitro, Patricio Loustau, toca el silbato y da comienzo al encuentro, que tendrá dos tiempos de 30 minutos cada uno.

En los primeros minutos, Riquelme, fiel a su estilo de juego, se hace cargo de la pelota “Signia” blanca, y maneja los hilos del partido. A los 5 minutos del primer tiempo, el equipo azul mete el 1 a 0, gracias al remate de Héctor González. Seguidamente  se hace un amplio dominador del encuentro. A los 15 minutos, tras una serie de pases, Román queda de frente al arco custodiado por Coronitti. El Diez, con su magia intacta, saca un derechazo potente y coloca la pelota en el palo derecho del arquero. De esta forma, los azules se ponen 2 a 0 arriba en el marcador.

Loustau mira su reloj y decide finalizar la primera etapa. Los dos equipos se van al descanso, para tomar un poco de agua o alguna bebida isotónica. Mientras tanto al Diez se le acercan algunos niños que están de alcanzapelotas y firma una serie de autógrafos.

Finalizado el entretiempo, los dos equipos, con algunas variantes, se posicionan nuevamente dentro del campo de juego. En el conjunto celeste ingresaron: Lautaro Barile, Walter Parodi, Marcelo D’Aloia, Fabian Morzolin y Cristian Calvo. Por otra parte, en los azules, entraron Claudio Medina, Guillermo De Lucca, Hugo Casajouz, Guillermo Rocaro y José Barella. Mientras los otros jugadores se acomodan, Riquelme ya está listo para jugar. Loustau pone el balón en el punto blanco colocado sobre la mitad de cancha y por medio de su silbato negro da comienzo a la segunda mitad.

En los primeros minutos se instala un juego muy pasivo por medio de los dos conjuntos, fiel característica de un partido amistoso. Hasta que en un momento el Diez decide agarrar el balón, y ve a Losas -jugador del equipo celeste- que viene de frente con las piernas entreabiertas; inmediatamente, a Román se le prende el foco y le tira un delicioso caño. El público, al visualizarlo, empieza a ovacionarlo con el grito “Riqueeelme, Riqueeelme”.

Minutos más tarde, con la pelota en otro sector del campo, Riquelme y Losas dialogan sobre el caño.

La próxima cerrá las piernas —le dice Román con una enorme sonrisa en su rostro.

—Te voy a hacer caso, entonces —comenta Losas con una gran carcajada.

Sobre el final del encuentro, a los 29 minutos del segundo tiempo, D’Aloia, jugador del equipo celeste, saca un disparo desde el punto del penal para descontar en el marcador. Seguidamente Loustau toca el silbato y termina el encuentro. El resultado final es victoria por 2 a 1 del equipo azul sobre los de celeste.

Una vez finalizado el partido, los jugadores y otras personas que están dentro del campo de juego se acercan a Román para pedirle una foto. Entre ellos está el futbolista del equipo celeste Walter Martin, con su hijo en brazos, que se acerca a Riquelme y le pide la foto. Luego de sacarse varias fotos, a Riquelme se le acercan decenas de periodistas. Allí está Juan Pablo Marrón, entonces periodista de un medio partidario de Temperley.

Román. Fue una sorpresa para la gente, porque hasta diez minutos antes de empezar el partido decían que eras la sorpresa y nadie sabía que vos ibas a estar —comenta Marrón, con su grabador en mano.

Para mí es una sorpresa que Mauro me haya invitado. Me puso muy contento —afirma Román, con una leve sonrisa.

Finalizado el diálogo con los periodistas, Román abandona el campo de juego junto con su hermano Cristian, con toda la gente coreando: “Riqueeelme, Riqueeelme”. El Diez, como broche de oro, para cerrar un día perfecto, se saca la remera con la que jugó y decide arrojarla directo a los hinchas. El partido quedará en muchos de los corazones de los hinchas de Temperley.