miércoles, abril 22, 2026
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Stud 69: el criadero de los campeones

Por Franco Sommántico

Es en pleno barrio de Palermo pero bien podría ser en cualquier pueblo del interior de Buenos Aires. No llegan cámaras de televisión ni periodistas, y tampoco vienen los hombres de saco y corbata ni las mujeres con tacos altos y perfumes importados que aparecen solo para los grandes premios. Las calles de la Villa Hípica son de una tierra tan seca que con solo caminar dos pasos levanta nubes de polvo. Sobre un costado se extiende, por algo más de una cuadra, una caballeriza baja, angosta, con techo de chapa, que se divide en cuartos cada dos o tres metros como si fuera un hotel berreta donde paran los asesinos en las películas de Hollywood. En el otro costado, justo enfrente de la caballeriza, se agrupan estacionadas las pickups típicas de la gente de campo que han venido esta mañana fría de comienzos de mayo a trabajar. Cuando ellos llegaron, cerca de las seis de la mañana, todavía era de noche y el frío calaba con mayor intensidad. Ahora está despejado y el sol ya forma parte del cielo.

 Arriba de cada cuarto hay un cartel de madera con el número del stud al que pertenece. En algunos casos es fácil distinguirlo, pero en otros el paso del tiempo parece haberles jugado una mala pasada y casi no se ven. El stud 69 es donde Javier Fren preparó los caballos con los que ganaron varias carreras jockeys consagrados como el brasileño Francisco Goncalves, Eduardo Ortega Pavón, Pablo Falero o Juan Cruz Villagra, y donde actualmente entrena a La Renoleta, una yegua que corrió a fin de junio Las Carreras de las Estrellas, uno de los eventos hípicos más importantes del país. Queda al fondo del camino sobre la izquierda, cerca de la pista donde se corren los grandes premios. El cartel está tapado por una enredadera que ocupa casi toda la pared. Estacionado frente al portón, un Peugeot 206 negro.

—Vení, pasá —dice una voz desde adentro.

El stud 69 es una réplica a escala de la caballeriza larga de la entrada. Tiene un pasillo de cemento donde se encuentran los rollos de pastura con los que alimentan a los caballos, y, a los costados, dos mini caballerizas con cinco boxes cada una. Un par de perros con cabeza de labrador y cuerpo de salchicha se acercan al portón con ladridos y algún que otro gruñido. Son hermanos, Yuyito y Mugre, y a juzgar por la velocidad con la que caminan, se nota que están viejitos.

—Estos dos son como Minguito y Aníbal —dice Javier Fren desde la mesa que utiliza como escritorio dentro del box que convirtió en oficina. Hay desparramadas algunas revistas de turf, una caja grande llena de antibióticos, papeles y un gato negro que se llama Iaia. En un rincón, al lado de la pared blanca, una bicicleta chica color rosa que utiliza su hija cada vez que va a visitarlo al trabajo. “¿Así que tenés que escribir sobre la vida de un cuidador?”, pregunta, “hacé una novela de terror. Este es un trabajo hermoso pero muy duro, muy sacrificado. Te tiene que gustar mucho”.

Antes de convertirse en cuidador, cuando Javier Fren tenía quince años, quería ser jugador de fútbol. Ya había pasado por las divisiones inferiores de Vélez, Argentinos Juniors, River y Racing cuando un día su padre, Carlos Fren, ex jugador de Independiente y Argentinos Juniors que dirigió a Deportivo Mandiyú junto a Maradona en el 94’, lo llevó a ver las carreras. Carlos Fren en esa época tenía caballos, y venía seguido a verlos correr. Javier Fren comenzó a acompañarlo y así fue como se empezó a interesar. Al principio, dice, le gustaban las dos cosas, pero después se terminó inclinando por el turf. Su idea era, una vez que terminara la secundaria —la única condición que le exigía su madre— estudiar veterinaria y ser cuidador al mismo tiempo.

En la facultad duró solo un cuatrimestre porque sentía que estaba perdiendo el tiempo, así que se puso trabajar como peón para Jorge Neer, que en ese entonces cuidaba los caballos de su padre. Con él aprendió todo sobre el oficio. Ahí le mostraron y le enseñaron cómo tenían que hacerse las cosas, porque hasta ese momento Javier Fren no había trabajado nunca con animales. Estuvo así durante algunos años hasta que una gente amiga le dio su primer caballo para cuidar, una yegua de la Quebrada que se llamaba La Metódica. Con ella ganó su primer carrera. Después le ofrecieron cuidar a otro, y otro…

Iaia, que hasta recién dormía plácidamente con la cabeza apoyada en la caja de antibióticos, se resbala y se cae de la mesa. Javier Fren detiene su relato y espera hasta que la gata suba de vuelta. La gata gira sobre sí misma un par de veces, se estira un poco y vuelve a acomodarse junto a la caja de antibióticos. Javier Fren continúa.  

Hoy tengo veinticinco caballos que mantengo en dos studs —el 69 y el 60— con la ayuda de seis peones. El turf genera muchos puestos de trabajo, pero un trabajo irreemplazable. Para explicar lo de irreemplazable usa como ejemplo una fábrica. Dice que en una fábrica de gaseosas si cambias al que pone las tapitas por otro no pasa absolutamente nada, en cambio, con los caballos, es mucho más específico porque requiere un conocimiento y una sensibilidad que no son para cualquiera. La gente que no conoce mucho en general relaciona todo con el burrero que pierde su casa y su familia en las carreras, dice, yo no digo que no pasé, por que pasa, pero son pocos los casos.

***

En el tercer box, con la vista clavada en la pared de costado, un caballo de pelaje marrón clarito, un café con leche con más leche que café, que cuando siente la presencia de alguien que no conoce mira de reojo y se pone nervioso. Yuyito y Mugre comienzan a ladrar. Un hombre en bicicleta se acerca a la entrada y pregunta por Javier Fren.

Anda por allá al fondo —responde Hugo Rotela, al mismo tiempo que se mete en el box con un cepillo en la mano.

El hombre va allá al fondo y se pierde dentro de la oficina de Javier Fren. Hugo Rotela es peón hace muchos años. Trae puesta una gorra y remera negra, bermudas de jean, un par de ojotas —no parece demasiado preocupado por el frío—, y ahora mismo le está cepillando el lomo a Super Bus. El caballo mueve bruscamente la cabeza, sube y baja los belfos y muestra, de vez en cuando, los dientes.

Cuando lo cepillo le dan cosquillas, en un ratito nomás sale a entrenar, por eso lo estoy dejando bien limpio —explica Hugo Rotela. Para cepillarlo se mueve alrededor del caballo como si nada, cruza hacia un lado y el otro por debajo de la panza, se escabulle entre las piernas y le pasa por detrás de la cola. La gente de campo dice que nunca hay que pasarle por detrás a un caballo porque se asustan y patean, pero Hugo Rotela lo hace igual, inconsciente. “Los caballos son como los seres humanos-dice- un día amanecen de mal humor y te pueden llegar a patear. Pero son tantos años acá adentro que ellos ya me conocen, me tienen mucha confianza y yo a ellos”.

Cuando termina de cepillarlo le improvisa una montura y lo lleva de tiro afuera del box, donde lo está esperando, con un cigarrillo sobre la comisura de los labios, Antonio Recuero —contextura física de jockey, casco naranja gastado, buzo Adidas azul potente, jeans, borcegos y rebenque en mano. Antonio Recuero se sube al lomo de un salto y el cigarrillo ni siquiera se le mueve. Lo toma de las riendas y, con un rebencazo, sale derecho para la pista de carreras. “Ahora es vareador, dice Hugo Rotela, y aclara que vareador es el encargado de entrenar a los caballos para que después lo corran los jockey. “Él antes era jockey pero está retirado”, dice. Parece que es bastante común para los jockeys convertirse en vareadores una vez que se retiran, algo así como los futbolistas, que cuando cuelgan los botines se dedican a ser entrenadores. Hugo Rotela saca de una caja que hay en el piso un pote oscuro, como de témpera, y se mete en el cuarto box. La yegua que está adentro se llama Central Blue, y cuando lo ve entrar a Hugo corcovea y se sacude.

Esta se pisó hace poco, ahora voy a curarla.

Hugo Rotela moja un trapo con el líquido desinfectante que saca del pote de témpera y empieza a frotarlo por las pezuñas del animal, que al principio se resiste, pero luego se deja tratar. Cuando termina de curarla, al cabo de unos quince minutos, sale del box. Afuera lo está esperando Antonio Recuero, todavía montado a Super Bus. Cuando ve salir a Hugo se apea de un salto y enciende un cigarrillo. Hugo Rotela le limpia las patas al caballo con una manguera, agarra el tridente que está tirado en el piso y pincha pilones de heno que va arrojando dentro del box de Super Bus.

—Le estoy preparando la cama —dice.

 El caballo relincha y se mueve para todos lados. Hugo Rotela dice que es porque está muerto de hambre. En el piso hay varios baldes llenos de avena que serán el almuerzo, pero todavía falta. Cuando termina de prepararle la cama agarra una manta verde y la ajusta con un cinturón a la panza del caballo para mantenerlo abrigado ahora que hace frío. Super Bus lo mira a Hugo Rotela y, solo en el momento en el que Hugo abandona el box, se relaja y descansa.

La Superliga ya tiene quien la premie

Por Tomás Agustín Maramarco y Tomás Otero

En una ceremonia llevada a cabo en el Teatro Astral, ubicado en el centro porteño de la Ciudad de Buenos Aires, se celebró la entrega de premios de la Superliga Argentina de Fútbol, que tuvo al campeón del último torneo como gran protagonista.

“Racing fue el primero en todo y este premio no es la excepción”, dijo Víctor Blanco, presidente de la institución. Además, destacó al capitán del equipo  Lisandro López: “Siento orgullo y satisfacción por el capitán que tiene Racing”.

En la primera parte del evento se premió a los destacados de la Copa de la Superliga y los ganadores fueron Néstor Pipo Gorosito como mejor entrenador, Javier Toledo por ser el goleador, con seis tantos y Walter Montillo, quien fue el mejor jugador de este torneo, en el que Tigre se consagró campeón.

Luego se distinguió a los mejores jugadores de la Superliga 18/19, comenzando por el arquero de Boca Esteban Andrada, Javier Pinola como mejor defensor, el mediocampista de Vélez Nicolás Domínguez fue el mejor en su posición y finalmente Lisandro López, capitán del Racing campeón, logró los premios al mejor delantero, goleador y jugador actitud del último torneo. También Matías Zaracho fue galardonado como la revelación de la liga y Eduardo Coudet como mejor director técnico.

Por otra parte, se realizó un homenaje a Rodrigo Mora, Pablo Guiñazú, Rodrigo Braña y Sebastián Bértoli, quienes este año han anunciado su retiro del fútbol profesional tras varios años de experiencia.

Una vez finalizada la ceremonia, el presidente de la Superliga Argentina de Fútbol, Mariano Elizondo, habló para El Equipo y dijo: “Siento mucha alegría de haber podido realizar este evento y además, es un orgullo que hayan venido todos aquellos jugadores, dirigentes, árbitros y cuerpos técnicos que hemos invitado. Esto es algo que se realiza en muchos países de afuera y está bueno que tomemos la misma iniciativa”. Además, habló del nuevo campeonato que comenzará en dos semanas y sentenció: “Esperamos seguir trabajando para que los clubes les paguen los salarios a los jugadores”.

Previo al comienzo del evento, Federico Beligoy, presidente del sindicato de árbitros argentinos, destacó la gran campaña que realizaron los equipos durante toda la liga y además se refirió a la llegada del VAR a la Argentina: “Queremos que cuando desembarque, sea de la mejor manera, estamos en pleno proceso de implementación pero esto es largo”.

“No le des la decisión al fútbol de retirarte”

Por Federico Pineda, Tomás Tesoriere y Juan Kitlain

El 22 de noviembre de 1988 será una fecha insignificante para gran parte de la población, pero para Claudio Cabrera no fue un día más. Ese día se enfrentaban Vélez y Estudiantes de La Plata en el José Amalfitani por la 19° fecha del Apertura de aquel año. La victoria para el Fortín por 5-4 no fue un resultado más en la vida del mediocampista que, en una jugada dividida, se rompió el ligamento lateral interno de la rodilla derecha, lesión que lo marcaría por toda su carrera. Pasó de tener posibilidades de ir al Mundial Italia 1990 -como el propio Carlos Bilardo se lo confesó- a sufrir 18 operaciones en su rodilla lesionada.

“Me operé y me pusieron un yeso. Cuando me presenté en la Selección hacía ejercicios de rehabilitación. Cuando empiezo a trotar me doy cuenta que cuando doblaba en las esquinas de la cancha me dolía”, cuenta. Entonces se hizo un estudio y ahí saltó que la dolencia aún continuaba y la operación no fue de ayuda en su recuperación. Sin embargo, el remedio fue peor que la enfermedad por pura responsabilidad de los profesionales de la salud a cargo de la Selección Argentina: “Madero y Coppolecchia son los dos médicos impresentables que me cagaron la carrera.  Ellos dieron la orden médica de cortar una de las dos guías que mantienen la rótula porque pensaban descomprimir la presión. Cuando se me va el efecto de la anestesia no podía extender la pierna.  Nunca les hice un juicio porque entre médicos se van a defender, no quería enfrentarlos. Hubo una mala praxis y me hicieron algo innecesario. Los estudios posteriores lo comprobaron”.

Esa maldita lesión lo sacó del fútbol por tiempo indeterminado, pero eso no significó su retiro. A pesar de no ser creyente en ningún Dios, la necesidad de tener fe lo mantenía dentro del fútbol:  “Desde la fe me acostaba y soñaba con un milagro de despertar algún día sin dolor. Yo quería volver a jugar a la pelota. Nada me interesaba más”. Hoy en día, vive con dolor en la rodilla derecha desde hace 25 años y expresó que uno ya se acostumbra a “convivir con el dolor”. Hay una operación que lo sana definitivamente, pero el deseo es más fuerte que su salud: “No puedo jugar más al fútbol si lo hago. Prefiero jugar y seguir con el dolor tratando de tener menos con calmantes”.

Chacho debutó con 18 años en la Primera de River con Alfredo Di Stéfano como entrenador y La Saeta Rubia, tiempo más tarde, tomó nota de sus condiciones y lo recomendó al Real Madrid. El club Merengue estaba siguiendo al argentino, pero la lesión truncó todas sus ilusiones con sólo 25 años. “Son preguntas que no tenemos la respuesta”, expresa 31 años después de su lesión en la rodilla. Sin embargo, la idea de salir de Buenos Aires no estaba en sus planes unas temporadas atrás: “Los dirigentes del Elche de España me llamaban y atendía yo como si fuera mi primo. No me quería ir, estaba acá cómodo. Ellos querían que viajará ya. Me negué. Al tercer llamado, ya no me llamaron más”.

No fue Di Stéfano el único que confió en él y el propio entrenador de la Selección Nacional lo observó en su paso por Huracán de cara al Mundial de México 1986, pero en ese momento Sergio Batista le ganó la pulseada en el plantel que, tiempo más tarde, se consagraría campeón en el Estadio Azteca. Ya no sería lo mismo para Italia 1990: “Bilardo me llamó y me dijo que quería contar conmigo para el próximo Mundial. Me aseguró que iba a ir a los Juegos Olímpicos en Seúl. Fui a esa competencia, pero después me lesione”.

Cinco años después de la lesión que desencadenó su pesadilla y tras un breve paso sin pena ni gloria por Boca, el médico Sebastián Rosasco le practicó una osteotomía en la zona que le sacó los dolores que tenía en la rodilla, aquellos que ya eran parte de su vida:  “Después de la operación, estuve con un estado de tensión esperando que se me fuera el efecto de la anestesia. No se me iba y yo me creía que era ese efecto”. Algo había cambiado.

Pero recién en 1996 pudo volver a pisar una cancha. A sus 34 años, se probó en Almagro y firmó contrato por seis meses para disputar el primer tramo de la B Nacional. A 11 días de cumplirse ocho años de la lesión en la rodilla derecha, volvió a jugar por la 2° fecha de la Ronda Campeonato ante Godoy Cruz: “Fue muy lindo porque sucedió algo que no esperaba.  Le ganamos 3-2 al líder del torneo y todos los pibes me levantaron en andas. Me llevaron a la popular y me aplaudieron. Fue muy emotivo”. Al finalizar su contrato, no continuó en el Tricolor y se retiró del fútbol profesional.

Aunque no todos pudieron elegir su destino, otros los dolores lo vencieron como Rodrigo Mora que se retiró del fútbol por intensos dolores en la cadera que hasta el día de hoy sobrelleva, y por otro lado Fernando Gago encontró la fuerza necesaria para dejar atrás tres roturas del tendón de Aquiles jugando para Boca en distintos superclásicos ante River y volverá a las canchas con la camiseta de Vélez. “Yo les dije a ellos que se sigan operando. El fútbol tiene un lado cruel. Siempre que esté a tu alcance, no le des la decisión al fútbol de retirarte. Me pone recontra contento que vuelva a jugar, que el pibe se sienta dentro”, cuenta Cabrera.

Aquí, el relato toma un tinte más oscuro y el propio protagonista expresó que este tipo de lesiones lleva a pensar en la posibilidad de terminar con la propia vida de uno: “Cada vez que yo salía del quirófano, al irse el efecto de la anestesia ya sabía que la operación había sido un fracaso. Nunca llegaba a dar una vuelta a trote, eso te mata mentalmente. ¿Saben lo duro que son esos meses de recuperación? Estás en el anonimato total, tenes unas mesetas que te levantas un día y decís estoy igual que ayer. A mi me paso lo mismo, yo durante muchos años pensé en estrolarme con el auto en la Panamericana. Pensaba ‘en que columna me la pongo’. Lo único por lo que no lo hice fue porque me decía ‘imagínate si quedo vivo en silla de rueda'”.

“Sé el día que me lesione. No se la fecha en que falleció mi mamá. No me la acuerdo ni nunca la pude registrar. Hace 15 se murió y hace 20 me rompí. Se que esta en el Cementerio de Boulogne, pero no sé en qué nicho. No soy ejemplo de nada. Mi vida no tiene mucho sentido si no está el fútbol. No tuve grandes emociones. Soy muy tímido e introvertido. En el único lugar donde era extrovertido era dentro de la cancha”, concluye.

El Huracán sobre patines, a la vanguardia nacional

Por Facundo Reboredo

Huracán es un equipo que siempre ha destacado en todos los deportes que tiene en su haber, y en el hockey sobre patines ha conseguido mucho prestigio debido a sus victorias.

Desde sus inicios en la disciplina, el Globo es uno de los equipos que más títulos ha cosechado en la disciplina, entre los que se destacan múltiples campeonatos como el Sudamericano, la Liga Nacional A y el Campeonato Argentino.

La práctica sobre patines es uno de los deportes que más logros le ha dado a Huracán, entre las cuales se encuentran dos primeros puestos en la Copa Internacional de Hockey que es organizada por la Federación Internacional del Patinaje.

El club es uno de los que más jugadores le provee a la selección Porteña, y también a la Nacional. Tanto es así que ha tenido varios jugadores que han alzado la Copa del Mundo de Patinaje.

El coordinador de la disciplina, Leonardo Duhalde, ya se ha consagrado campeón con el conjunto quemero en varias ocasiones: ganó el Campeonato Argentino en 1968, 1969, 1979 y 2000. “Es una de las competiciones que más me gustó ganar, es en la que todos los mejores del país, los campeones de los campeones se juntan, y se siente una adrenalina y una presión terrible. La victoria más importante fue la del 2000, ya que se jugó aquí, en nuestra sede”.

También dio su opinión acerca del evento el capitán del club quemero, Eduardo Barreiro, cuando dijo: “Es un campeonato muy importante, del cual participan los mejores de cada provincia. Huracán es uno de los mejores de la capital y es una obligación jugarlo siempre y mostrar nuestra mejor cara”.

Barreiro habló además de la Liga Nacional A, la competición más importante de la Argentina, en la que el Globo se ha consagrado en múltiples ocasiones, y que, según contó el líder del equipo, sueñan con conseguirlo este año.

Acerca de la capitanía y de su historia en el conjunto de Parque Patricios, dijo: “Llevar la cinta es un orgullo muy grande, y asimismo una responsabilidad enorme. Ser capitán de Huracán significa ser el líder de uno de los equipos más importantes del país. Es tratar de ser el ejemplo para que los más jóvenes lo sigan”.

El experimentado jugador cuenta en su palmarés con dos títulos sudamericanos y ocho campeonatos metropolitanos, de los cuales obtuvo seis con Huracán y dos con Español.

Quien también habló acerca de su magnífico presente y de lo que ya ha pasado a pesar de su corta edad, es Tomás Korosec, que ya ha participado en juegos juveniles y panamericanos con la selección.

El juvenil dijo: “Estoy en un gran momento, quizás el mejor de mi carrera hasta ahora. Vengo de anotar varios tantos en el último tiempo y espero seguir así, y que esto sea un gran salto en mi carrera”.

 “Es una gran oportunidad para demostrar que Huracán está para más y que puede vencer a los campeones del resto de las provincias, el Campeonato Argentino es un escalón para trepar a lo más alto del país, ya que están los mejores, y queremos levantar este trofeo por primera vez en mucho tiempo”, fue la opinión del joven acerca del torneo.

Racing Girls: pisteras que deconstruyen

Por Elio Avalos

Un Fiat 500 lujoso, reluciente y de llantas brillantes paró frente un surtidor de nafta en una estación de servicio en Belgrano. Aixa Franke, presidenta de Racing Girls, única comunidad pistera que incentiva la práctica femenina en el automovilismo, manejaba aquel suntuoso vehículo que captó la atención de un hombre canoso de aproximadamente sesenta años. El señor, sin demorar mucho tiempo, se dirigió hacia ella y le confesó lo impresionado que quedó al ver su coche. Ella, muy amable, le brindó las gracias. Pero la sorpresa fue grande cuando él pidió que le enviara las felicitaciones a su novio por tener el automóvil muy bien cuidado. Franke le contestó que era suyo. Sin embargo, él no le creyó y sostuvo que ella no podía ser la dueña. “Sos mujer, es imposible que lo mantengas vos”, ironizó el viejo. Aixa le preguntó si tenía algún problema. “¡Sí! El problema es que no es tuyo, es de tu novio”, le respondió. Ella señaló el Honda Civic gris modelo 92 que tenía “el señor canoso” y le dijo: “Pero mirá el cachivache que tenés vos, por eso te fijás en el mío”. Subió a su auto y se fue.

Tatiana Machuca, vicepresidenta de Racing Girls, tuvo una experiencia similar, pero aún más grave. “Las mujeres no pueden correr más porque no saben manejar”, le dijo Walter Gauthier, responsable de pista de un kartódromo, luego de que ella tuviera un accidente en la competencia a causa de una falla técnica. El acelerador del karting se le había atascado y no podía frenar. En consecuencia, perdió el control y recibió un corte profundo en la pera. Machuca recordó que “la llegada de la ambulancia demoró más de una hora”, y además que Gauthier “se negó a brindar sus datos”. Como si fuera poco, Tatiana pasó toda la noche en un hospital. Allí le proporcionaron catorce puntos de sutura por la herida y recién a las seis de la mañana del día siguiente recibió el alta. “El encargado de pista nunca me ofreció las disculpas ni jamás se hizo responsable por lo dicho y lo hecho”, contó Machuca.

Estas historias exponen la conducta machista y la discriminación de género que existe en el deporte motor de la Argentina. Aixa Franke y Tatiana Machuca conforman el primer binomio femenino del automovilismo argentino y son las fundadoras de Racing Girls, la colectividad pistera con más de 200 integrantes mujeres, que tienen entre 15 y 60 años, y cuentan con cuatro sedes distribuidas por Buenos Aires, Entre Ríos, Tucumán y San Juan.

“El objetivo es lograr que ellas se animen a cumplir sus sueños y finalizar con el estigma de que el automovilismo es solo para hombres. Pretendemos terminar con ese pensamiento de que si estoy engrasada soy una mecánica macho y no una mujer a la que simplemente le gustan los autos, que puede manejar y hacerlo muy bien”, contó Franke.

El colectivo realiza distintos talleres de concientización técnica y brinda diferentes charlas sobre mecánica para el cuidado y control del automóvil. Además, se organizan distintas reuniones y salidas.

El estacionamiento del Shopping Unicenter fue testigo del primer encuentro oficial de las Racing’s. “Había pilotos de cuarto de milla, todas eran muy fanáticas de los fierros. Sentimos cómo nos unía una misma pasión y fue muy emocionante”, recordó Franke y además afirmó que el mundo motor transitará por una “verdadera revolución femenina”, pese a ser un ambiente donde la mujer “siempre está propensa a recibir críticas”.

Aixa es de Bariloche y Tatiana nació en Estados Unidos, pero ambas están radicadas en Capital Federal y compiten en la Fiat 600 Light, categoría zonal que se inició en el 2000 para la práctica del automovilismo deportivo con un bajo presupuesto de preparación y mantenimiento del vehículo. Dicha competición está fiscalizada por la Federación Metropolitana de Automovilismo Deportivo (FRAD) y las distintas carreras se corren en tres autódromos destacados del país: “Roberto Mouras”, de La Plata; “Oscar y Juan Gálvez”, de Capital Federal y el Autódromo de Dolores.

Tuvieron que pasar más de 10 años para que una piloto mujer debutara en la Fiat 600 Light. Brenda Jhonson fue la primera en iniciarse en esta especialidad cuando el 5 de junio de 2011 se animó a correr. Por el momento, esta es la categoría con mayor presencia femenina en el automovilismo, con un total de 3 pilotos: Franke, Mahuca y Anabel Araujo, las tres integrantes de Racing Girls.

Otras competencias en las que se observa participación activa de mujeres son: TC Pista Mouras (1), Top Race Series (1),  APAC 1.4 (3), Fórmula Metropolitana (1), Agrupadas Federadas (1), Fórmula Entrerriana (1), CA.PI.COR (2), Campeonato Misionero de Pista (1), Monomarca Fiat del Atlántico (1), Turismo Sport 1850 (2), Fórmula Renault Pampeana (1), A.LM.A. Nueva Generación (1) y Copa Gol (1).

“Conocí esta comunidad a través de un amigo que me dijo que existía un grupo de chicas que iban a correr picadas en el Gálvez. No dudé y me contacté por Facebook con ellas. Pegamos muy buena onda y gracias a la gestión del club pude llegar a correr en Fiat 600 Light”, recordó Anabel Araujo, piloto de 36 años nacida en Zárate, pero radicada en Villa Urquiza. Tuvo su debut el pasado 24 de marzo. En aquella ocasión, finalizó octava en la general, junto a su pareja Walter Rincón.

“Nuestro amor es Tito, trabajamos mucho con Aixa para dejarlo impecable. Lo masillamos y lijamos todo el día”, afirmó Machuca. Tito, el Fiat 600 alquilado al taller de reparación Jame Sport, es el compañero fiel de carreras del binomio. Pesa alrededor de 600 kilos y tiene un motor 1.3 de inyección, similar al de un Palio, que alcanza los 180 kilómetros por hora. Este año tuvo su debut y espera con ansias el 3 y 4 de agosto para rugir su motor una vez más, en una nueva fecha de la competencia.

Ellas saben que cada carrera con “Tito” significa mucho más que hundir el pie en el acelerador. Aixa, Tatiana y Anabel corren para imponer respeto en todos los autódromos del país y terminar con la naturalización e imposición de una cultura patriarcal en el contexto social y deportivo del automovilismo. “Como dijo Charly, los dinosaurios van a desaparecer”, añadió Franke.

“Las chicas quieren ganarle a los chicos. No quieren un trato distinto por ser mujeres. Por suerte el pensamiento machista está cambiando. Sin embargo, lamentablemente sigo oyendo comentarios inoportunos. Hay gente que destaca más el físico de una mujer antes que sus virtudes deportivas. Son repulsivos y tristemente están hace tiempo en el ambiente”, reflexionó Rodrigo Bouvet, creador de Mujeres Fierreras, la página web de noticias relacionadas al desempeño femenino en las distintas categorías zonales, nacionales y mundiales del deporte motor.

Racing Girls también tiene una activa participación en las redes sociales. El club cuenta con un perfil oficial de Instagram, que tiene más de 18 mil seguidores, en el que se publican avisos, eventos, fotos y videos relacionados con las diferentes actividades que se desarrollan en la comunidad.

“Logramos un antes y un después en esta actividad para la mujer. Esto de pertenecer a una masa te hace pisar más fuerte. Realmente fue un clic. Hoy entrás en un taller y no te miran raro. Los mecánicos ya admiten que sabemos de la materia. Hay que animarse y creerse capaces de lograr nuestros deseos. Todas poseemos iguales condiciones y oportunidades que un hombre y no nos cansaremos, perseguiremos nuestros sueños a fondo hasta alcanzarlos”, finalizó Franke.

 

Saja: “La inteligencia de los líderes es fundamental”

Por Ian Rodríguez y Rodrigo Cabrera

Sebastián Saja tiene una corta experiencia como entrenador. El equipo que le dio la oportunidad de comenzar su carrera fue Guaraní de Paraguay, a fines de 2017. Luego, su única aventura en el fútbol argentino fue al mando de Agropecuario, con el que disputó la B Nacional. Pero cuando habla parece tener toda una vida dirigiendo. “Diego Simeone fue quien hizo que yo quiera ser entrenador. Hasta los 30 años no tenía claro qué iba a hacer, no proyectaba un futuro más allá del fútbol. Cuando me aproximé a los 30 años, tenía en claro que quería hacer algo relacionado al fútbol, pero no sabía qué. Y cuando lo tuve a él me transmitió esta pasión por lo que es entrenar”.

En relación al trabajo del entrenador y al tiempo que tienen para armar un equipo y plantear sus ideas fue contundente: “Si uno tuviera que decir cuánto tiempo lleva convencer a un equipo, diría que es un tiempo que en el fútbol actual no se tiene. Para poder uno transmitir algo, y que reflejen lo que vos pensás, lleva bastante tiempo”. Y lo vinculó a la Selección Argentina, argumentando que ese tiempo “es mucho menor, ya que el técnico cuenta con los jugadores solo unos días antes de afrontar una competencia”.

-¿Qué rol tienen los líderes de un equipo en ese proceso?

-La inteligencia de los líderes es fundamental. Ellos son los que van a llevar tu idea a las entrañas del grupo, y es muy importante que puedan comulgar con tus pensamientos y reforzarlos en el seno de un vestuario. Acompañado por supuesto de los resultados, que son los que terminan reforzando la idea, ya que es muy difícil poder convencer a un equipo sin resultados. Yo creo mucho en la comunicación, con todos los integrantes, pero principalmente con los referentes. Es muy importante para un entrenador contar con la opinión de los referentes, que son los que llevan el mensaje y, sobre todo, el estado de ánimo y los interrogantes que tiene un equipo. Para, a partir de ahí, tomar decisiones y reunir toda la información posible.

Simeone fue quien lo animó a ser entrenador, pero además fue alguien al que le importaban las opiniones de los jugadores y acudía mucho a la comunicación. El ex arquero de Racing lo describió como alguien que “se preocupaba muchísimo por las cosas que iba incorporando al equipo, por cada trabajo que iba haciendo. Se apoyaba muchas veces en mi posición, ya que el puesto te permitía tener una visión de lo que ocurría en la cancha y no tener que estar ocupado por correr atrás de la pelota o la marca, y muchas veces se acercaba y te preguntaba: ‘¿Qué te pareció este movimiento?, ¿qué te pareció cuando sube este lateral?’. Es un entrenador con una personalidad muy fuerte y que toma sus propias decisiones”.

-¿De qué otro entrenador incorporaste conceptos básicos para conducir un plantel?

-Manuel Pellegrini, al inicio de mi carrera, fue un entrenador que me demostró la mayor virtud que uno puede tener: la capacidad de gestión. Cuanto más alto vas en el nivel de los equipos, mucho más se necesita.

-En ese sentido, ¿cómo evalúas la gestión de Scaloni como entrenador de la Selección sin experiencia previa?

-Me pongo en su lugar y creo que es un desafío difícil y muy grande. En mi opinión, el técnico de la Selección debe tener un recorrido importante con un equipo para después poder transmitir toda esa experiencia a nivel internacional. Hoy es el entrenador y hay que apoyarlo. Me quedo, por otra parte, con una charla que tuve con Pellegrini, a quien le pregunté por qué no dirigía la selección de Chile y él me dijo que la selección tenía que ser el último escalón en la carrera de un entrenador. Creo que para un técnico lo más lindo es el día a día y dirigir al conjunto nacional no te lo da. Confío en el cuerpo técnico, pero creo que la Selección Argentina necesita de un entrenador con experiencia.

-¿Quiénes consideras que tienen la experiencia necesaria para serlo?

-Es muy difícil. Hoy los técnicos que me gustarían no sé si la tomarían, justamente porque el puesto no te da el día a día. Para mí el ideal sería Simeone. Creo que lo que está haciendo Marcelo Gallardo en River es descomunal, tiene un liderazgo muy marcado. Argentina cuenta con muy buenos entrenadores, últimamente se ha desvalorizado un poco lo que es la experiencia en cuanto a la dirección técnica. En los últimos años parecía que los de “la vieja camada”, por decirlo de alguna manera, ya estaban grandes para dirigir. Yo no creo que sea así. Hay una tendencia ahora con los entrenadores jóvenes, sobre todo con metodologías nuevas y expresiones más difíciles, son los que más capacidad tienen, y no. La experiencia es muy importante también en el fútbol, entonces creo que Argentina tiene muchos entrenadores.

-¿Qué opinión tenés acerca de la Asociación del Fútbol Argentino?

-A mí me gustaría más orden. Todavía hay muchas cosas por ajustar. De a poco, ya hay clubes que a nivel institucional están trabajando muy bien, por algo han obtenido buenos resultados. Todavía queda mucho por corregir. Podrían volver a crear torneos competitivos a nivel local, volver a los tradicionales y no a los que se hicieron últimamente, empezando por el de 30 equipos y ahora bajando otra vez. Hay mucho por mejorar.

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 La difícil responsabilidad de los arqueros

De jugar en los potreros de Brandsen, el Chino pasó, en su adolescencia, a las inferiores de San Lorenzo de Almagro. Fue convocado a la Selección argentina Sub 20 y comenzó a destacarse por algo muy singular, era un arquero que pateaba bien los penales. Habiendo debutado en el 2000 en el club de Boedo, ganó el Clausura 2001, la Copa Mercosur de ese año y la Sudamericana de la temporada siguiente. En 2003 le llegó la chance de jugar en Europa, más precisamente en el Brescia de Italia. Tuvo un paso por Gremio en 2007 y en 2011 firmó con Racing, quizá el club con el que más se lo identifica. Allí se consagró campeón del Torneo de Primera División en 2014. Ya para 2017, el Chino decidió retirarse de la actividad en el Real Zaragoza de España.

Consultado por la actualidad de los arqueros de la Selección Argentina, quién visitó la camiseta del conjunto albiceleste en 4 partidos, dijo que “hay mucha competencia, este cuerpo técnico así lo permitió porque citó a ocho arqueros en muy poco tiempo”. Además, agregó: “Todos tienen continuidad en sus clubes, cosa que antes no pasaba. Hoy la Selección está bien, la elección está más abierta y eso obliga a los arqueros a que quieran ser titulares en sus clubes”.

-¿Es mejor para un arquero ya sentirse titular?

-Personalmente creo que, sobre todo en esta posición, te debes sentir titular. Argentina no ha tenido buenas experiencias con ir decidiendo el arquero titular sobre la marcha, ocurrió en el Mundial del 94’ con Goycochea e Islas, y terminó jugando Islas. Pasó en el Mundial 2002 con Burgos, Bonano y Cavallero, a último momento atajó Cavallero y tuvimos una mala experiencia también. Por eso, más allá de la poca continuidad que tenía Sergio Romero, él se sentía titular y en la Selección sostenía su puesto atajando de gran manera. Es un puesto como ningún otro.

Por otra parte, explicó un tema serio en cuanto a la vida de los arqueros luego del retiro: “El mayor porcentaje de suicidios en jugadores de fútbol es en el caso de los arqueros. Obviamente tiene que ver con la posición. Tenés que tener un coraje y personalidad especial, es muy difícil. Lo que sufre un arquero no lo sufre un delantero cuando erra un penal. Es muy grande la carga de presión y responsabilidad que tiene. No te podés esconder, si te comes un gol al minuto 4 debes jugar los 86 minutos que restan con esa carga, sobreponerte y no volverte a equivocar”.

Amplió este tema contando su situación personal, explicando que “mientras más consciente” fue de la posición que ocupaba, peor rindió. Saja agregó que eso se debió a que “no era consciente de la responsabilidad que tenía” y de las consecuencias de que le conviertan un gol. “A mayor consciencia era más difícil. El arquero, más que ser “un poco loco”, debe ser “un poco inconsciente”, concluyó.

-¿Quién fue tu referente bajo los tres palos?

-Siempre fue el italiano Gianluigi Buffon. Si bien está en los últimos años de su carrera, para mí fue lo que técnicamente era la perfección. El puesto tiene muchas condiciones técnicas y él fue el más completo de todos, en mi opinión.

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Fútbol y género

El oriundo de Brandsen hizo referencia a la participación argentina en el Mundial de Francia disputado entre el 7 de junio y el 7 de julio: “Lo que lograron fue espectacular. Esto le va a dar un impulso al fútbol femenino en Argentina muy grande. Me parece que lo que están logrando es buenísimo, porque han ido prácticamente sin ningún tipo de preparación, no desde el entrenamiento, sino que fueron sin herramientas”.

Luego, trazó una comparación con el presente del fútbol en Estados Unidos y Europa: “Hace poco estuve recorriendo Estados Unidos por un proyecto y el fútbol femenino te diría que está por encima del masculino. Lo practican en los colegios. En Europa, hubo un partido en la cancha del Atlético Madrid con 80.000 personas. Esto impulsará a que las chicas practiquen este deporte hermoso”.

Interrogado por si alguna vez le gustaría dirigir a un equipo femenino, su respuesta sorprendió a más de uno: “Ya lo hice. Fue en los torneos bonaerenses, cuando yo tenía 20 años”. Pero haciendo referencia a su futuro, respondió que “sin ninguna duda lo haría”.

Los Pumas de bronce, ese espejo donde mira una nueva generación

Por Gianfranco Savino

El rugby argentino tuvo un punto de quiebre en el Mundial de 2007 en Francia, cuando los Pumas lograron el tercer puesto histórico (máxima ubicación hasta el momento). Tras ese torneo, el entorno guinda fue un constante ascenso, tanto en torneos, volumen de jugadores y participación a nivel mundial, abrazados a un sentido de identidad y pertenencia: La selección Argentina es etiquetada por el mundo ovalado entre las potencias, tras consolidarse en el Rugby Championship, torneo en el que participan las cuatro mejores selecciones del sur (junto a Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica). Jaguares, franquicia argentina en el SuperRugby, se dio el lujo de disputar la final de la competición  frente a Crusaders, franquicia de Nueva Zelanda. Argentina XV, equipo por debajo de Jaguares que compite en torneos sudamericanos, es constante protagonista año a año.

La reciente incorporación de Jaguares XV en la liga Sudafricana, similar al proceso de Pampas XV, es otro fundamento para entender este presente. Con Pumitas, el seleccionado de menores de 20 años, que no para de crecer y competir de igual a igual frente a las grandes potencias, además de aportar jugadores a los planteles superiores. Y las asociaciones provinciales que crecen, mejoran y compiten año tras año, sobre todo la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), provincia que mayor volumen de jugadores posee y brinda a la Unión Argentina de Rugby (UAR).

Pero todo esto conseguido no es casualidad. Es en consecuencia de un legado Puma, porque quienes marcaron el quiebre, no se conformaron simplemente con lo conseguido en aquel Mundial, sino que tras el retiro continuaron enfocados en el crecimiento del rugby nacional. Agustín Pichot, medioscrum y capitán del 2007, ocupa el puesto de Vicepresidente de la World Rugby y es el representante de la UAR frente a asociaciones internacionales, lideró las tratativas para que los argentinos se sumaran al Rugby Championship, misión obtenida en 2012. También, se encargó de lograr que el Comité Olímpico reincorpore el rugby como deporte olímpico tras 92 años de ausencia. Además, intercedió en la incorporación de Jaguares al torneo del hemisferio sur, conseguido en 2016.

Otra persona clave, dentro de este crecimiento, es Marcelo Loffreda, Head Coach del staff del Mundial 2007. Desde el 2013 ocupó el cargo de asesor de selecciones y en 2015 sumó el rol de consejero de dirección deportiva en URBA, garantizando una enseñanza a jugadores en formación. Y Lucas Borges, wing durante el Mundial, se encargó de entrenar a las divisiones de Seven de la URBA, sumando la participación en clínicas de técnica de carreras a Ignacio Corleto, otro jugador mundialista.

Por el lado UAR, varios Pumas de Bronce se sumaron a sus filas. Marcelo Longo se encuentra en el puesto de manager. Mario Ledesma es Head Coach de Pumas, y cuenta con Nicolás Fernández Miranda y Martín Gaitán como ayudantes, al igual que lo hacía en Jaguares la pasada temporada (Gaitán no formó parte del plantel mundialista debido a un inconveniente cardíaco, tras la colocación de un stent tuvo que abandonar el deporte a causa del contacto físico que este tiene. Sin embargo, el Negro Gaitán es como si fuera parte de este grupo de jugadores, considerado tanto por ellos como el staff). Y recientemente, se comunicó la incorporación de Juan Fernández Lobbe como nuevo asistente.

De un hermano de Bronce a otro, ya que Ignacio Fernández Lobbe es Head coach de Argentina XV; y previamente fue Felipe Contepomi, el ex goleador histórico de los Pumas y una de las figuras del Mundial ’07.

En esta línea, hay pumas de Bronce que siguieron colaborando dentro el campo de juego; como Juan Martín Hernández, el 10 del 2007, que perteneció al proceso Jaguar (2016-2018). Y Juan Manuel Leguizamón que sigue vigente, siendo el último Puma de Bronce que continua en la cancha.

Desde lejos, en un rol distinto, se encuentra Horacio Agulla, quien se desempeña como periodista en ESPN, especializado en rugby. Parece poco importante pero transmitir el deporte y provocar su promoción también es fundamental. Muchas generaciones de Pumas siguieron ligadas al deporte pero esta ha conseguido penetrar en la cancha y por fuera; y en la actualidad se empieza a ver cómo ese legado y un mensaje atravesado por el sentido de pertenencia conquista a la nueva generación.

River busca meterse entre los poderosos del vóley

Por Ignacio Lotitto 

El vóley es una disciplina que no pasa desapercibida en River y, año tras año, sigue fomentando a las categorías formativas para que el día de mañana el plantel profesional esté compuesto por deportistas formados en el club, que le permitan ir metiéndose entre las potencias del torneo argentino, Upcn y Bolívar.

Ya no se invierte en los pases y contratos elevados de los experimentados y, por eso, 14 de los 20 jugadores del actual equipo de Primera nacieron entre 1998 y 2000. Además, en el equipo hay solamente dos deportistas con larga trayectoria: Luis Gorosito (categoría 1979) y Renato Adornelas (categoría 1980), que están desde la vuelta a Primera, a mediados del 2016.

Luciano Vicentín es uno de los tantos ejemplos del crecimiento de las inferiores en la institución. Con 19 años recién cumplidos, ya formó parte de las distintas Selecciones juveniles y ahora está como sparring de la Selección mayor y afianzado como titular en La Liga A1. El punta receptor contó cómo fue su arribo a las categorías formativas del elenco de Núñez: “Llegué hace casi dos años. Yo jugaba en Paraná en La Liga A2 y un día vinieron a verme dos técnicos de River, fueron hasta mi casa, hablaron con mis viejos, nos contaron todo el proyecto y me ofrecieron jugar en inferiores y a partir de la segunda temporada en Primera”.

Desde la creación de La Liga en la temporada 1996/1997, el club estuvo presente en 15 de sus 23 ediciones, lo que lo ubica como el tercer equipo con más participaciones detrás de Obras de San Juan (19) y Bolívar (17). Se coronó campeón en el Torneo 1998/1999, venciendo en la final a Club de Amigos por 4 a 2 y, además, fue el ganador del Super 4 en el 2002/2003, tras ganarle a Bolívar 3 a 1 en el partido decisivo en el Luna Park.

La peor racha deportiva fue entre 2007/2008 y 2015/2016. Durante esos ocho años, River estuvo jugando solamente Ligas Metropolitanas y no competía en el máximo nivel, sino que jugaba, de vez en cuando, en La Liga A2. Sin embargo, el 4 de abril de 2016, el Millonario volvió a la Liga A1 tras vencer a Libertad. Ese día marcó un antes y un después en el club. El deporte volvió a llamar la atención de la comisión directiva y comenzaron a destinarle más dinero y más difusión. Fabián Muraco decidió abandonar su cargo de entrenador y contrataron a Fernando Borrero, un director técnico con experiencia de sobra.

Borrero recordó cuál era el objetivo que le habían propuesto cuando le ofrecieron el cargo: “Desde que River está en el ascenso se pensó en reforzar las inferiores con jugadores que tengan proyección de Liga. Desde que asumí seguimos con la misma política y con el pasar del tiempo la vamos reforzando. Muchos de los chicos que llegaron para reforzar las inferiores hoy están en las Selecciones Sub 23 y Sub 21. La idea está clara, que es seguir desarrollando abajo. La mayoría que habíamos empezado a desarrollar, ahora son titulares en la Primera”.

“También hay que saber que no te alcanza solamente con juveniles. Siempre, mínimo, necesitás un refuerzo que te dé el salto de calidad y los potencie a los demás. Obviamente que cuantas menos incorporaciones tengamos que hacer, para River es mucho mejor. Nosotros, en relación a los demás clubes de la Liga, nos sentimos en la categoría media/baja en cuanto a lo económico”, agregó el técnico.

El técnico Fernando Borrero festeja un triunfo con sus dirigidos.

Desde ese entonces, el club de Núñez lleva tres temporadas seguidas en el máximo nivel, y en el reciente torneo, quedó eliminado en cuartos de final contra Bolívar, el actual campeón sudamericano y el más ganador a nivel nacional, con ocho títulos. Pero el objetivo no es luchar por la consagración en el corto plazo, sino que es darles más importancia a las inferiores. Y dicho esto, vienen arrasando año tras año en todos los torneos de juveniles, menores e infantiles. Ser una cuna del vóley, eso es lo que busca River. 

El actual DT notó una mejora masiva de las inferiores en estos tres años que lleva en el club: “Para la primera temporada que dirigí tuvimos que contratar de urgencia a siete jugadores de larga trayectoria, y, por lo tanto, de un sueldo alto. En ese lapso los pibes se fueron afianzando en la Sub 21 y Sub 19, y hoy, más de la mitad del plantel son menores de 21 años. Esos son los frutos que se van viendo por apostar en ellos y en los formadores. Lo mejor de River hoy en día son las inferiores. Igualmente, hay que seguir esperando porque esto es un proyecto a largo plazo y que lleva tiempo”. 

El 23 de abril se cumplieron 20 años de la primera y única consagración de River en La Liga, de la mano del entrenador Marcelo Méndez, actual técnico del seleccionado nacional. Una de las trabas que le impide, por ahora, al club volver a soñar en ganarla otra vez es el nivel europeo que tienen los equipos con mayores fondos económicos, como Bolívar y Upcn de San Juan. 

En la presente temporada, el club de Núñez apenas pudo ganarles cinco sets sobre 26 disputados (tras dos partidos ante Upcn y cinco contra Bolívar). “Son equipos durísimos, pero a mí me sorprendió y me dejó contento saber que fuimos, por lejos, el equipo que más los contraatacó en toda La Liga. Tuvimos 120 contraataques más que los que vienen atrás nuestro”, destacó Borrero. “Para esos encuentros necesitás refuerzos contundentes, que te definan los puntos porque no les podés regalar nada. Es complicado mantenerles el ritmo y más con todos jugadores jóvenes”, se lamentó.

El capitán del equipo riverplatense, Luis Gorosito, expresó cuál es su rol en el día a día con los chicos, a los que les lleva 20 años: “Me siento el líder del plantel. Gracias a Dios para mí no es difícil convivir con personas tan jóvenes, y el día que sienta eso tendré que dar un paso al costado. Mientras tanto, yo disfruto con ellos todo lo que puedo, trato de ir a las salidas que planifican, ya sea cine, bar o boliche. Me siento parte de ellos”.

De frente, Luis Gorosito festeja un punto con sus compañeros.

“Tratamos de aprender de Gorosito, él pasó por millones de experiencias que nosotros todavía ni las tuvimos. Es una locura pensar que a mí me faltaban cuatro años para nacer cuando él ya estaba jugando en la Primera División de Argentina (1996). Todo eso lo tenemos que exprimir al máximo porque no sabemos cuánto tiempo le queda compartiendo cancha con nosotros”, manifestó Luciano Vicentín, nacido en 2000. 

Hay una particularidad en este equipo y es que el entrenador, Fernando Borrero, y el jugador más veterano, Luis Gorosito, compartieron cancha cinco años en Vélez, durante 1999 y 2004, en el final de la carrera deportiva del actual director técnico. “Fernando siempre fue igual, súper profesional y súper serio. Como compañero era igual que ahora, siempre dispuesto a escuchar y debatir. Mi llegada a River se debe a él porque ya me conocía de haber jugado juntos y siempre confió en mí. Sinceramente, no lo veía entrenando a equipos, pero gracias a su seriedad y compromiso, desde que se retiró en 2004 hasta ahora, estuvo dirigiendo todos los años y eso lo logran pocos”, sostuvo Gorosito.

En cuanto al objetivo deportivo que tienen a corto plazo, los dos referentes coinciden en que van en busca de La Liga Metropolitana de División Honor porque sienten que todavía no están para competir por el título de la Liga Nacional en los próximos años. El capitán del equipo aclaró: “Todavía no sé cuantas temporadas más voy a jugar, pero por lo menos hasta que siga yo, no nos imagino ganando el torneo nacional por sobre Upcn y Bolívar”.

“Mi papá es boxeador”

Por Gregorio Gajate

La ciudad de Chacabuco, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, es una planicie sin elevaciones con un clima típico de la región pampeana, con veranos templados e inviernos frescos. No hay lagos, ni cascadas, ni animales exóticos.

Es el segundo piso del Círculo Católico de Obreros de Chacabuco, hay gente entrenando, bolsas colgadas, un armario viejo de chapa con un equipo de música arriba reproduciendo algún cuarteto de Sabroso, cuadros en la pared con notas de diarios de los 80’ o 90’, una gigantografía del Papa Francisco y un cinturón de campeón del mundo.

Sergio logró el título argentino supergallo en 1990, cuando apenas tenía veintiún años, y el sudamericano al año siguiente. Está vestido con una camiseta negra, campera de jogging gris, pantalón tres cuartos y zapatillas azules. Tiene el pelo corto, canoso, y la nariz chata como todo boxeador.

Los otros dos hombres que están en el cuadrilátero son más jóvenes y boxean –o guantean, si hablamos en lunfardo. Sergio no. Sergio es un tipo mayor que apenas supera el metro setenta, que pesa cerca de sesenta kilos, y dice:

¡Bien, Manuel! Seguí, seguí, dale.

Los dos boxeadores tienen guantes azules, casco y protector bucal. Nicolás Falabella, “El Colito”, es dos o tres categorías más grande que “Junior”, por lo tanto, más alto y pesado. Junior es Manuel Liendo. Manuel Liendo es hijo de Sergio Liendo, o tal vez no. Tal vez tenga razón Sergio: “Para mí es como mi amigo”.

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Abajo, en el primer piso, hay una confitería enorme donde los chacabuquenses se juntan a tomar algún que otro café y mirar fútbol. Al fondo tiene un mostrador viejo con unas banquetas. Más adelante hay entre veinte y treinta mesas con cuatro sillas cada una, todas de madera, antiguas, pero que lucen como nuevas.

Mirá –dice Sergio, y apoya el cinturón de campeón mundial junior arriba de la mesa, este se lo gané a Paul Kaoma en 1993.  Era durísimo el africano, pero le entró una mano en el final del segundo y lo noqueé.

El cinturón es de cuero color verde y pesado, muy pesado. La forma del centro no es redonda como los que uno ve en la tele, este es más ovalado, de latón. En el medio, en forma de arco, dice International Champion”, y más abajo hay un boxeador grabado, encerrado entre banderas del mundo, y en grande:WBC (WorldBoxing Council, o Consejo Mundial de Boxeo en español).

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A mediados de 1970, con apenas unos meses de vida, Sergio llegó desde Río Cuarto, Córdoba, a Chacabuco. Su padre había fallecido al caerse de un andamio y él, junto a sus siete hermanos, fueron recibidos en el Hogar del Niño. A los doce empezó a trabajar en una lavandería. Salía de ahí e iba a entrenar fútbol y boxeo. Cuando cumplió catorce se fue solo a Capital Federal a seguir entrenando boxeo, y un año después entró a la selección argentina. 

Ahí era distinto-dice Sergio- Estaba mejor. Vivía en el CeNARD (Centro de Entrenamiento Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Y hasta me daban hospedaje, comida, entrenamiento y ropa.

Entre 1985 y 1989, Sergio peleó cerca de setenta veces. Durante esos años consiguió el título argentino, el sudamericano y el latino. En 1988 se clasificó a los Juegos Olímpicos de Seúl, pero no pudo ir por una hepatitis que lo afectó meses antes.

En esa época aprendí muchísimo. Me levantaba a la mañana bien temprano para entrenar, a la tarde hacíamos el segundo turno, y a la noche el tercero. Vivíamos para eso. Entre entrenamientos hice un curso de masajes con el mismo profesor de boxeo, que es de lo que vivo hoy en día.

En junio de 1989, ya curado de la enfermedad, debutó como profesional con una victoria en la ciudad que lo vio crecer. Ese año peleó nueve veces en seis meses y terminó invicto con un récord de 9-0, ganando seis de ellas por knockout.

¿La pelea más importante de mi carrera? Y, mirá, si le preguntas a la gente te van a decir que la más trascendente fue la del año 1995 contra Naseem Hamed. Es lógico que piensen eso, peleé contra el campeón mundial que encima llegaba invicto tenía un récord de 16-0. Ese morocho sacaba los golpes de abajo de la cintura y eso estaba permitido sólo en Inglaterra, donde hacía de local. El profesional tiene que sacar los golpes de arriba de la cintura. A mí me enganchó así, con una derecha que sacó desde las rodillas, y mira que aguanté con varios boxeadores importantes –en el CeNARD entrenaba con noqueadores como “Locomotora” Castro o Juan Coggi, pero esa piña me hizo más daño que cualquier otra.

Sergio cuenta que le costó mucho volver a sentirse cómodo arriba de un ring. Subía al cuadrilátero y tenía miedo, guanteaba y tenía miedo. Miedo de que le pegaran, de que lo cortaran, de que lo lastimaran. No estaba seguro con un tipo enfrente, por más acolchonados que sean los guantes, protectores bucales o casco que usara, se sentía mal.

Pero para mí no, para mí las peleas más importantes fueron contra Rubén Condorí. Él ya había sido campeón mundial cuándo lo enfrenté por primera vez. Boxeamos siete veces -5-1-1-, y salieron unas peleas espectaculares. Rubén por la experiencia y yo porque le hacía frente. Aprendí mucho en esos duelos. Me acuerdo de que la pedían para la tele, por eso boxeamos tantas veces. Es lo que más me quedó de mi carrera, pelear con Condorí.

En la actualidad, Sergio entrena gratis a pibes de entre catorce y veinticinco años, y les regala guantes, vendas, ropa o zapatillas que necesitan para poder seguir entrenando.

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Manuel Liendo es un poco más alto que su padre, pesa unos setenta kilos y es boxeador profesional. Tiene tatuajes, muchos tatuajes: un rosario un poco más abajo del pecho con los nombres de sus padres Sergio y Daniela, una cruz cristiana en su brazo derecho, varios más en el antebrazo, y un poco más arriba, en el hombro, el perfil de un caballo. El más llamativo, el que cualquier persona miraría si lo viera desde arriba de un ring, es el que lleva en el pecho, justo por debajo del cuello, ese dice “Familia”.

Manuel Liendo nació en Río Cuarto y se fue a vivir a Chacabuco a los catorce años con el objetivo de ser jockey, pero se encontró con que no le daba el peso   –un jockey puede pesar hasta sesenta kilos-. Ya se entrenaba con su padre en el gimnasio, pero hacía solo algunas cosas, no tenía un entrenamiento de boxeador.

Un día me llamaron de un pueblito cerca de Chacabuco – cuenta Liendo padre-, me dijeron que les faltaba un chico de peso welter para boxear. Le pregunté a Manuel si se animaba y bueno, le fue bien, ganó y desde ahí no paró más.

El 15 de noviembre de 2013, Junior debutó como profesional en el Polideportivo Municipal de Chacabuco y noqueó a Mauro Jesús González en el primer round.  

Peleó por el título interino latino de peso wélter de la OMB a mediados de 2018 pero perdió por knockout técnico, y hace un mes retó al campeón sudamericano de peso wélter y también perdió por la vía del knockout.

Su récord actual es 19-3 y el mes que viene pelea por un título, en estos días se está evaluando contra quién. 

¿Si nos llevamos bien? Sí, obvio. Somos muy compinches. Manuel es como un amigo para mí. Y a él –dice Sergio Liendo señalando a Valentino, su otro hijo de ocho años, que está sentado junto a él desde el inicio de la charla—, lo tiene como un hijo. Están muchísimo tiempo juntos y el más grande le da todos los gustos. No vivimos juntos, pero compartimos todo el día prácticamente y nos llevamos muy bien. Me veo bastante parecido a Manuel cuando tenía su edad, la única diferencia y a la vez problema que tenemos, es por la comida. A él le pones una fuente de milanesas y se las come todas si quiere. Yo no, no era así, me cuidaba más. A la hora de boxear se notan algunas diferencias. Mi hijo es pegador –o noqueador, como se dice en el mundo del boxeo-, tiene la mano más pesada. Manuel tira pocas piñas, pero durísimas. En cambio, yo era el típico boxeador rápido y ágil, que tiraba piñas muy seguidas y a una tremenda velocidad.

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Faltan veinticinco días para la pelea. Junior se levanta a las seis de la mañana y se viste con un short, remera deportiva y zapatillas para correr. Va hasta la cocina y desayuna algo liviano. Luego sale de la casa y va hasta la Plaza General Paz corriendo, donde hace el entrenamiento diario que le recomendó su entrenador, o su papá, o su amigo. Una hora más tarde, termina la rutina y regresa caminando. Toma unos mates con la novia y a las ocho se va a la obra a trabajar como albañil.


Pasado el mediodía vuelve, se viste con ropa deportiva y entrena, tranquilo, sin subir mucho las pulsaciones. Esta vez en su casa, en el patio. Ahí hace algunos movimientos de boxeo, salta la soga, le pega a la bolsa en diferentes posiciones, hace flexiones y abdominales. 

El tercer turno lo hace en el gimnasio que queda en el segundo piso del Círculo Católico de Obreros de Chacabuco, donde hay gente entrenando, bolsas colgadas, un armario viejo de chapa con un equipo de música arriba reproduciendo algún cuarteto de Sabroso, cuadros en la pared con notas de diarios de los 80’ o 90’ y un cinturón de campeón del mundo, el de su padre.

Brasil, Bolsonaro y la falsa apolítica del fútbol

Por Joaquín Méndez

Un documento de 65 páginas. Reglamento disciplinario de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Artículo número 13. Se encuentra dentro del Capítulo Primero de principios disciplinarios. Ítem B. Otras infracciones. Punto 2. D: “El uso de gestos, palabras, objetos u otro medio para transmitir cualquier mensaje no apropiado en un evento deportivo, particularmente si es de naturaleza política, ofensiva o provocativa”. Brasil campeón de la Copa América 2019, que organizó y en la foto del título, aparece en el medio de la escena el presidente Jair Bolsonaro. 

Sorprendente la imagen donde se ve a Bolsonaro con el trofeo en manos que acababan de obtener los jugadores del seleccionado brasileño, tras ganarle por 3 a 1 Perú. Quizás se esperaba que el protagonista principal del acontecimiento sea Dani Alves, el mejor lateral del torneo y el más ganador de la historia del fútbol con 40 títulos o, Everton el joven delantero de Gremio, o la regularidad en el juego del jugador del Barcelona Arthur.  En el fútbol de FIFA, se prohíben las manifestaciones políticas. ¿Acaso no es motivo de sanción para dicha acción para Brasil o sus jugadores? 

Como se puede apreciar, en ese momento todavía estaban dentro del campo de juego y a pocos minutos de que el encuentro haya finalizado. Si un jugador sea de Brasil, o de cualquier otra nacionalidad, cometiera una infracción dentro del campo de juego al terminar el partido, recibiría sanción. No es cuestión de perjudicar al país campeón, sino de pensar ¿por qué la posible sanción sería sólo para los jugadores? ¿Acaso la imagen de una exitosa Brasil junto a su presidente no mejora su imágen o no impacta en la opinión pública? La comunicación formó y ocultó información a lo largo de la historia a través de acontecimientos deportivos.  

Por si surgen algunas dudas leamos el Punto F: “Cualquier otra falta de orden o disciplina que se pudiera cometer en el estadio o en sus cercanías antes, durante y a la finalización de un encuentro”. La manifestación política es motivo de sanción y por lo tanto, se puede considerar a la imagen del Brasil campeón como una indisciplina. Además, estás dos puntos coinciden con el Reglamento de Seguridad en los estadios de FIFA. En el punto 60, ítem 1. Acción Política: “Se prohíbe terminantemente la promoción o el anuncio por cualquier medio de mensajes políticos o religiosos o cualquier otro acto político o religioso en el estadio o sus inmediaciones antes, durante y después de los partidos”. Lo indica la norma pese a que los actos políticos ocurren constantemente en nuestras vidas. Por ejemplo, que la señal internacional no transmita ciertas acciones de juego, que puedan generar polémica o incite al uso del VAR, es una decisión política para no generar incertidumbres en el público el periodismo. 

Los hechos mencionados ocurren todos dentro del campo de juego pero la discusión o lo que genera dudas es lo que se considera político o no político. Está implícita la política en cada rincón del fútbol y del Mundo. Tomar una decisión es de carácter político. La interpretación de un árbitro o su manera de dirigir lo es, un planteo táctico o una identificación con determinada manera de vivir el deporte. Todas las decisiones que se toman en torno al fútbol es política, porque la vida del ser humano tiene esa particularidad. ¿Por qué el reglamento le prohíbe eso a los jugadores y entrenadores? 

La contradicción de estos documentos de los entes que organizan las competencias y regulan el deporte es evidente. Esto afecta a los derechos de los protagonistas, sin capacidad de reclamo o visibilización. La sanción es sostenida únicamente por la subjetividad de los que la emplean y sus intereses. No tiene nada de malo que Bolsonaro se tome una foto con el plantel, lo curioso es que se ignore la manifestación o pase desapercibida la repercusión que genera. No es casualidad que suceda, más lógico hubiera sido que aparezca Tité, su entrenador.

Y si en la historia del deporte siempre se sancionó a los deportistas por gestos o imágenes “políticas”, ¿por qué ésta no? El gesto “Black Power” que realizaron los estadounidenses Tommie Smith y Jhon Carlos en el podio por los 200 metros en los Juegos Olímpicos de México 68, en protesta contra el racismo, generó revuelo mundial y los deportistas luego fueron sancionados porque atentaban al contenido apolítico de paz del deporte. La expulsión del futbolista argentino Roberto Muñoz durante un partido en una Liga Regional de Río Negro tras homenajear a un veterano de la Guerra de Malvinas es otro ejemplo. Todas acciones realizadas dentro del estadio, pero no se mide a todos con la misma vara. 

¿Cuál es el motivo por el cual se vulneran los derechos de los deportistas? ¿No se les permite ser individuos con capacidad de razonamiento? ¿No se viola el derecho a la libertad de expresión, cuando no se les permite manifestarse? ¿Los jugadores juegan en la selección de un país, pero no podrían visibilizar problemáticas del mismo ya que su única obligación es brindar un espectáculo dentro de la cancha?

Pese al rechazo del público brasileño al presidente Jair Bolsonaro cuando ingresó a otorgar los premios de la competencia, el mismo se atribuyó en la imagen una victoria con sonrisas. Una victoria de Brasil como país y organización, en contradicción con las marchas sociales que hubo durante su desarrollo. La política se atribuyó un triunfo, la distracción, como en el Mundial 78, en la última dictadura militar que comandaba Jorge Rafael Videla. Eso para la CONMEBOL hasta el momento no fue considerado de carácter político aunque en su propio reglamento lo contempla. 

Brasil no es la máquina que atropellaba rivales con su jogo bonito, pero es el equipo más consolidado del continente. El legado de los laterales brasileños bien en alto con Dani Alves como representante, la velocidad de Everton en el extremo izquierdo, el equilibrio defensivo que otorga Casemiro, la influencia de Arthur y el oportunismo de Gabriel Jesús llevaron al efectivo conjunto de Tité a la obtención de su novena Copa América. En la foto, permanecerá impune un sonriente Bolsonaro, que usó al equipo para un acto político e infligió dos reglamentos el de CONMEBOL y el de FIFA. En la historia, permanecerá impune una organización, que elige a su parecer, quien aplica a su reglamento.