Por Roberto Aboian

Los superclásicos en toda su historia han sido determinantes para el futuro de jugadores y técnicos. Muchos han pasado a la fama como también al exilio siendo olvidados. Marcelo Gallardo ha ido llenándose de gloría con cada una de sus victorias ante su acérrimo rival. No fue el caso de Rodolfo Arruabarrena y Guillermo Barros Schelotto, que luego de sus derrotas decidieron no continuar en Boca. Hoy, Gustavo Alfaro, llega como un nuevo contrincante de la bestia y que buscará ponerle fin a su racha dominadora.

Este análisis estará centrado primero en las claves de las victorias de Gallardo sobre Arruabarrena y Barros Schelotto, y luego en las similitudes y diferencias en el estilo de juego que impone Alfaro en sus equipos en relación a los entrenadores antes mencionados.

En la noche del 7 de mayo del 2015, por la ida de los octavos de final de Copa Libertadores, Boca intentó adueñarse de la mitad de la cancha con Fernando Gago, Nicolás Lodeiro y Pablo Pérez. Los nombres como la idea eran acertados, pero el mayor error fue por donde gestó el juego. Boca en vez de explorar las bandas, decidió atacar en su mayoría por el medio y todos sus avances fueron cancelados por el tándem de Matías Kranevitter y Leonardo Ponzio o los centrales. Con el paso de los minutos, River presionó y se encimó constantemente sobre Cristian Pavón y Jonathan Calleri para que no puedan ser opciones de pase, generando que los mediocampistas de Boca tengan que lateralizar para encontrar los espacios. Esto aumentó considerablemente las chances de que el equipo de Gallardo pueda cortar alguno de estos pases o provocar un error para que luego fuera aprovechado. Con el paso de los minutos este fue el detalle que marcó el partido: un mal pase de Gago a uno de los interiores fue interceptado y desencadenó la jugada que terminó en el infantil penal de Leandro Marín que luego Carlos Sánchez capitalizó para que el local pudiera llevarse la victoria por la mínima.

En la vuelta la historia ya es más conocida. River presionó las salidas de Boca generándole una incapacidad de gestación de juego a Gago, quien estuvo la mayor parte del primer tiempo lateralizando entre los centrales dada la inexistencia de espacios por donde jugar. En el entretiempo sucedió el hecho del cual se hablaría por muchos meses, dejando a Boca eliminado luego de una fase de grupos magistral con puntaje perfecto.

El enfrentamiento siguiente fue ni más ni menos que en la final de la Copa Libertadores del 2018. Boca llegaba mejor que River, habiendo vencido contundentemente por un 4-2 en el global a Palmeiras. Los de Núñez, por su parte, habían pasado de ronda con un penal lícito en los últimos segundos ante Gremio.

En el partido de ida, River Plate, gracias a sus cinco jugadores en el mediocampo, superó a Boca en los primeros minutos del juego. Marcelo Gallardo cuenta, meses más tarde de aquella final, que aquel planteo táctico no fue casual ya que ellos sabían que los mellizos Barros Schelotto plantearían el 4-3-3 de siempre.

Sin embargo, ocurrió un imponderante. La lesión de Pavón implicó un cambio táctico en Boca, que comenzó a formar 4-4-2 con Ramón Ábila y Darío Benedetto, ingresado por el lesionado, en la delantera generando que River dejara de ser el dominador del encuentro, gracias a la presencia de un jugador más en el medio de la cancha por parte de los locales.

De ahí en más el partido fue parejo. Boca tuvo más aciertos como también más errores, y el encuentro terminó 2-2 quedando la serie abierta.

Por la historia que todos ya conocen, el duelo final se dio en Madrid. River Plate volvió a apostar a sus cinco jugadores en el mediocampo,aunque sin efecto, por lo que Boca supo dominar en su totalidad el primer tiempo yéndose al descanso arriba del marcador con un excelso gol de Darío Benedetto.

El mal armado del plantel por parte de los Barros Schelotto y la inclusión de Juan Fernando Quintero implicó que River pudiera entrar de nuevo en el partido. La circulación del balón fue clave y con varios jugadores xeneizes diezmados, River consiguió el empate de la mano de Pratto.

Los últimos minutos del encuentro fueron todos de River, que dominó a su rival sin darle respiro. La expulsión de Wilmar Barrios agravó aun más la cuestión y los cambios tardíos y obligados por parte de Barros Schelotto vaticinaron lo que fue la consagración de River en el partido más importante de la historia de los superclásicos.

Tanto Rodolfo Arruabarrena como Guillermo Barros Schelotto inculcaron en sus planteles tácticas muy ligadas al ataque, a la posesión y a la amplitud posicional. El caso de Gustavo Alfaro es todo lo contrario.Busca la solvencia defensiva con dos líneas de cuatro dándole suma importancia a compacticidad de sus equipos, y es ahí donde puede estar la clave.

El único antecedente de un superclásico dirigido por ambos entrenadores es el que se jugó en la actual Superliga en el Monumental. Alfaro paró un 4-4-2 ultradefensivo que imposibilitó a Gallardo gestar el juego que tanto caracteriza al River de los últimos años. Este planteo de todas maneras, implicó que el arco de Armani quedara bastante lejos en los momentos que Boca recuperó el balón. La idea táctica de Alfaro funcionó para no perder, aunque no fue del todo satisfactorio porque no pudo llevarse los tres puntos.

De todas maneras, el empate no le sirve a ninguno y en algún momento el equipo de Alfaro deberá tomas los riesgos necesarios para atacar y es ahí donde más cómodo se siente River, que es recuperando rápido y entablando contrataques letales.

El partido de ida del martes será un duelo de estilos en el que al parecer el que más cómodo se sentirá es Alfaro. Gallardo, por su parte, tendrá la ardua tarea de penetrar aquel bloque defensivo que planteará Boca. Lo que sí es seguro es que será un partido más que interesante considerando las decisiones que deberán tomar los entrenadores para doblegar a su rival.