Por Franco Sommantico 

Falta poco para que empiece, en el Challenger de Buenos Aires que se está llevando a cabo dentro del Vilas Racket Club, el Kid’s Day. El departamento Gen10s de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) —encargado de organizar el evento— inició en enero con un programa de fortalecimiento en el desarrollo de los chicos que participan en las categorías sub 10.  Romina Puglia, su directora, dice que generaron un sistema de competencia con una metodología y una pedagogía especial, alineada para que todos los chicos tengan un desarrollo en el tenis adecuado a su edad y adaptando las medidas de las canchas, las raquetas y los materiales.

Para esta tarde armaron un registro donde por medio de la página web de Gen10s los chicos que se sumaron al proyecto fueron invitados a participar del evento. “Invitamos a registrados, a los que participan en interclubes en sub 10 de la AAT y a todos los niños de las escuelas de tenis” dice Puglia. Para esta tarde calculó unos doscientos chicos, y si no le acertó, pegó en el palo.

A las seis de la tarde, cuando termina el partido entre Leonardo Mayer y Federico Zeballos y se retiran de la cancha, todos los chicos que estaban amontonados en las tribunas esperando este momento bajan corriendo. En poco tiempo las escaleras y los pasillos del club se aglutinan de niños y niñas vestidos con sus conjuntos deportivos marca Babolat o Head y sus raqueteros, que muchas veces son más grande que ellos. Mientras los encargados de la organización terminan de acomodar las mini-redes de manera horizontal sobre la cancha, los padres sacan fotos desde las tribunas. Sonreí, Valen, grita uno, y una pulga vestida de Fila que parece un fantasma —la ropa le queda tres talles más grande— mira hacia arriba y sonríe.

De a poco van ingresando. Romina Puglia los acomoda en grupos de a doce y les va diciendo donde tienen que esperar, porque los jugadores todavía no han venido. En los parlantes del estadio suena Tini Stoessel y su “no me vuelvo a enamorar”. Un padre grita desde la tribuna, “¿!Podés bajar la música?!” Se estaba queriendo comunicar con su hijo y no lo escuchaba. El que maneja los parlantes le hace caso, y mis oídos le agradecen.

Ahora están todos los chicos en grupos de doce detrás de un cono naranja. A algunos le tiemblan las piernitas, están nerviosos. Otros, los más desenvueltos, aprovechan hasta que vengan los jugadores para pelotear un rato entre ellos. De pronto Romina agarra el micrófono y dice: “Buenas tardes chicos, van a pegar dos o tres pelotas y después vuelven para atrás. !Hoy van a jugar con profesionales! Les damos un fuerte aplauso a Federico Delbonis, Sebastián Baez, Juan Manuel Cerundolo y a todos los que estarán colaborando”. La gente se pone de pie y aplaude. Los niños miran con los ojos bien abiertos, no lo pueden creer, y es que ellos no discriminan según el ránking o la cantidad de torneos ganados, para ellos son todos de la misma especie, jugadores profesionales, y con eso les alcanza y sobra.

Federico Delbonis tiene puesto un jogging gris, una remera blanca con puntos negros y zapatillas deportivas pero no de tenis. Desde el parlante dicen dos o tres cosas más y empiezan a pelotear, siempre por turnos. Los fotógrafos se pasean por la cancha buscando la toma perfecta. La fotógrafa del evento se mueve para todos lados buscando los mejores ángulos. Los chicos mientras juegan remarcan los gestos de los golpes que aprendieron en las escuelas de tenis para hacer quedar bien a sus profesores y con la ilusión de que el profesional que esté enfrente lo note y con suerte se lo diga. Pero eso no sucede, o al menos no se escucha. A veces uno hace un gran punto y mira hacia la tribuna, buscando a su padre para ver si lo notó. En un momento Federico Delbonis se acerca a un grupo de nenas y les dice: “Hola chicas, ¿cómo andan, todo bien?”. Las nenas primero lo miran hacia arriba y después responden, todas juntas y mostrando los dientes: “Siiiiiiiiiiiiiiiii”.

Cuando anuncian el final del evento la mayoría de los nenes se acercan a Delbonis y le dicen cosas. Por el volúmen de la música es imposible saber qué le están diciendo, aunque un nene se acerca a la parte de la tribuna en donde está su padre y le comenta: “Papi, papi, ¿No pasa nada si le dije que quizás vayamos a verlo a la copa Davis?”  El padre sonríe.

Cuando los de organización terminan de reunir a todos en la red para sacar la foto final, la fotógrafa se para enfrente. Espera a que todos se terminen de acomodar y, cuando por fin está todo quieto, se concentra y aprieta el botón. !Click! Y la foto:

Fotos: Julieta Villareal