miércoles, enero 7, 2026
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España, la otra Generación Dorada

Por Guido Fradkin

Como en 2006, el país ibérico se consagró campeón mundial en básquet masculino. Al igual que contra Grecia, los finalistas llegaban invictos y el resultado fue apabullante: 70-47. En China, la furia roja estuvo presente durante todo el desarrollo del encuentro, y terminó con un 95-75 sobre Argentina, que no lideró el marcador durante ningún trayecto del encuentro. Sin embargo, no fueron los europeos quienes tuvieron al máximo goleador del partido: Gabriel Deck, el santiagueño relegado en Real Madrid (15.6 minutos promedio en su primera temporada), convirtió 24 puntos (19 más que su media en la Liga ACB) y acortó la brecha en varias ocasiones para dejar a 12 la diferencia a falta de poco menos de 4 minutos para el final.

España, segundo en el Ranking FIBA y por lo tanto candidato al título, había dejado más dudas que su rival, con un partido “muy ganable” en los grupos que se complicó más de lo esperado como contra Irán y otro muy parejo como el 67-60 vs Italia, que tuvo como factor la mala puntería de Marco Belinelli (3/16 en tiros de campo) y una semifinal contra Australia que se definió en el segundo tiempo suplementario. De todas formas, y como dijo el técnico francés, Vincent Collet, ambas selecciones eran las mejores del torneo. Hoy, el porcentaje de tiros de campo convertidos fue bastante mayor al de Argentina (47.7% contra 36.1%), pero la clave fueron sin dudas los rebotes: 47 contra 27, trece de ellos ofensivos. Otro rubro que llama la atención son los tapones, 8-1 a favor de España, que dominó de principio a fin y es un justo campeón del Mundial de China 2019.

No resulta complejo poner un punto de partida en la historia dorada del básquet español. Habiendo anticipado el año anterior con los títulos en el Torneo de Mannheim y el Europeo Junior, en 1999 los “Juniors de Oro” se consagraron -de acá el pseudónimo- en el Mundial Junior de Portugal tras doblegar 94-87 en la final a Estados Unidos. En semis le habían ganado con lo justo (81-80) a Argentina, en una temporada que marcó el primero de los seis títulos de Sergio Hernández en la Liga Nacional -récord para un DT-.

En la transición de aquel 1999 hasta el día de la fecha se pueden mencionar resultados escandalosos: entre los cuatro mejores en los diez EuroBasket (3 bronces, 3 platas y los primeros 3 oros); tres medallas en Juegos Olímpicos (2º en 2008 y 2016, 3º en 2016) y dos Mundiales ganados (2006 y 2019).

El legado que dejaron los campeones de 1999 trasciende generaciones, tal como sucede en Argentina con la Generación Dorada. Pau Gasol era el único con concretas posibilidades de estar en China, pero una fractura en el pie izquierdo lo privó de disfrutar en Asia junto a su hermano, Marc Gasol, campeón y figura este año tanto en los Toronto Raptors como en su Selección, tal como lo hizo Lamar Odom en 2010, el único antecedente.

Haciendo una retrospectiva al que era el último duelo mundialista entre Argentina y España, que fue el triunfo de El Alma por 86-81 en Estambul para finalizar en el 5º puesto, podemos apreciar que en el hoy subcampeón se repite un solo nombre, Luis Scola. Todo lo contrario sucede en los ibéricos: los cinco jugadores que más minutos tuvieron a lo largo del torneo son los mismos cinco que estuvieron hace ocho años en territorio turco, lo que habla de un grupo de basquetbolistas que pusieron a su bandera en lo más alto en, por lo menos, una década.

Marc Gasol es el único bicampeón mundial de su país: con 21 años estuvo pero no participó en el agónico 75-74 de España sobre Argentina en las semis del 2006. En 2010 fue el máximo rebotero (10) y hoy, el que más asistencias dio (7), además de frustrar en reiteradas ocasiones la ofensiva argenta, con una sola falta personal durante sus 25 minutos en el parqué. Integró el Quinteto Ideal del torneo, al igual que…

-El mágico base Ricky Rubio. Recientemente traspasado a Phoenix Suns, fue el MVP (Jugador Más Valioso) tanto de la final como del torneo. No sólo fue el más eficiente de su equipo a lo largo de la competencia, sino también el que más puntos aportó (16.4 por partido, 20 hoy) y el que más cedió (6). En 2010, un veinteañero Rubio ya era fundamental dentro de la plantilla, con 18 de los 40 minutos jugados.

-El gran exterior Rudy Fernández es, por poco más de dos meses, el más veterano del plantel (34). Su tiro detrás del arco no tiene vigencia, pues promedió 41.7% entre los nueve duelos, en la estadística solo detrás de Juancho Hernangómez. Como en la edad, sólo Gasol lo superó en tiempo jugado, y tuvo el gran promedio de menos de dos faltas personales por partido. En la final fue el que más rebotes capturó (10), y hace 9 años tuvo un desempeño consagratorio: el que más jugó (32’), máximo goleador (31), rebotero (8) y asistidor (3). Además, en aquel entonces robó 4 pelotas, el doble de todo el resto del róster junto.

-El escolta Sergio Llull, que desde 2007 defiende los colores del Real Madrid, fue el tercer máximo asistidor (3.8) y, junto a Juancho, de excelsa participación durante todo el Mundial, el tercero en la lista de anotadores (84 tantos cada uno). Remitiéndonos al archivo, fueron 24 los puntos del chico que tenía 22 años en 2010, el tercero (como en todo) que más jugó a pesar de no haber estado desde el arranque.

Víctor Claver, que ganó los tres oros continentales como Rudy y Llull, se destacó en los rebotes ofensivos: casi 2 por juego, bastante más que cualquier compañero suyo. En la final fue clave en la faceta defensiva con dos robos. En la ofensiva bajó claramente su porcentaje (8.4 final), con solo dos intentos en sus 24 minutos de juego. En Turquía, también con 22, fue el único sin acción en el court.

Sergio Scariolo, como indica el Diario As, se convirtió hoy en un entrenador legendario. El italiano, que no tuvo inconvenientes en superar a su país natal, fue el estratega de la mayoría de los éxitos de su “segunda nación”; en tan solo 8 años ganó un Mundial (más un tercer puesto), los tres EuroBasket, la plata en Londres 2012 y el bronce en Río 2016. Además, desde mediados de 2018 es asistente de Nick Nurse en los Raptors, así que Marc no es el único con dos trofeos en casa. Sólo puede empeorar, tal como dijo el tano ya con la medalla colgada en el cuello.

Y es que es difícil que España no empeore. En todo el siglo es, junto a Estados Unidos, la Selección con más Mundiales ganados, sin haber aprovechado cuando lo albergaron en 2014. Al igual que Argentina, basado en el legado de una generación dorada, en algo que es mucho más que mística. Hoy el que tuvo el color más preciado fue España, y buscará esa misma suerte en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Seguramente con un mismo DT y plantel que ya hicieron historia en China. Y no tan lejos de ahí, lo intentarán en Japón, donde la roja y amarilla ya flameó en 2006.

El legado del hombre récord

Por Francisco Rodríguez

Al ritmo de Ricky Rubio, MVP del Mundial y de la final, y de Marc Gasol,  que se transformó en uno de los dos basquetbolistas en obtener en el mismo año el anillo NBA y el oro mundialista, su selección venció cómodamente al conjunto dirigido por Sergio Hernández. Aquel pívot de 2,16m y 116kg que tuvo que vivir bajo la sombra de su hermano Pau, un tipo sencillo y con un legado que trasciende lo deportivo, hoy se encuentra en el mejor momento de su vida.

Gasol nació el 29 de enero de 1985, en Barcelona. Creció en el Club Básquet Cornella, pero se marchó a Memphis con su hermano Pau, que se había convertido en nuevo jugador de lo Grizzlies. Allí, jugó en el Lausanne Collegiate School el 2001 hasta el 2003. Con números increíbles, el español se convirtió rápidamente en la estrella de su equipo. Su nombre deslumbraba al igual que su juego.

Sin embargo, Marc no quiso formarse en las universidades estadounidenses. Rechazó varias ofertas para hacer su debut profesional en su tierra. En 2003, desembarcó en el Barcelona para seguir los pasos de su hermano mayor. A pesar de haber participado poco en su primera temporada, fue parte del equipo campeón de la Liga ACB. Luego, en 2006, con 21 años, se mudó para el Akasvayu Girona, mientras atravesaba una etapa oscura de su vida.

Compartir cancha junto a un hermano debe ser una de las sensaciones más especiales que puede vivir un deportista. Pero, a veces, las comparaciones pueden hacer mucho daño. De la misma forma que es muy difícil ser el hijo de un exitoso jugador, a Marc no le fue sencillo ser el hermano menor de Pau, quizás el mejor basquetbolista español de la historia. En 2006, el joven estaba deprimido y con sobrepeso, se pasaba mucho tiempo encerrado en su casa.

Pero todo cambió cuando fue llamado para integrar la selección nacional que disputaría el Mundial de ese año, ante la baja de último momento de Fran Vázquez. Desde entonces, la vida del hoy jugador de Toronto nunca fue igual. Pasó de casi no jugar a ser determinante en la final del torneo contra Grecia, debido a la lesión de su hermano. España se consagraba campeona del mundo por primera vez, con la mejor generación de basquetbolistas de su historia, y Marc se convertía en una pieza clave para el presente y futuro de su país.

Un año después, Gasol fue elegido en el puesto 48 del Draft de la NBA por Los Angeles Lakers, pero nunca llegó a jugar en el equipo de Kobe Bryant. Anecdóticamente, en 2008, el pívot español fue enviado a Memphis en una operación que incluía el pase de su hermano al equipo angelino, donde luego sería campeón. Ya sin su hermano a su lado, a Marc debía trazar su propio camino.

Hoy, a sus 34 años, ya es bicampeón de Europa y del mundo, siendo parte del mejor quinteto de China 2019, y dos veces medallista de plata olímpica. Además, fue elegido mejor defensor del año de la NBA en 2013, integrante del quinteto ideal en 2015, tres veces All Star y consiguió su primer título NBA con Toronto Raptors esta temporada. Marc ya no es más la sombra de Pau, es un ganador absoluto, pero su legado va más allá del deporte.

A pesar de su fortuna -tan solo en esta temporada obtuvo 25,1 millones de dólares- el pívot es un tipo sencillo, que no se deja llevar por el dinero y destina una buena parte de este a diferentes causas. Marc lucha junto a su fundación contra la obesidad infantil en España y Estados Unidos, y está comprometido con el St. Jude Children Hospital, un centro oncológico infantil.

Más allá del básquet, el jugador de Toronto Raptors tiene pasión por la agricultura y la navegación. Cuenta incluso con un pequeño huerto que le sirve para desconectarse de las presiones rutinarias. Además, suele ir a pescar y a andar en kayak en soledad. Sus hobbies y su familia son sus cables a tierra.

En 2018, el ídolo de Memphis participó en el rescate de una migrante camerunesa en el Mar Mediterráneo. Remarca la lucha de Open Arms, una ONG que intenta proteger a migrantes que buscan llegar a Europa escapando de los conflictos bélicos y la pobreza de sus países: “Admiro a este tipo de personas, que hacen algo, que no esperan a que lo haga otro. Quiero ser un ejemplo para mis hijos, Julia y Luca”.

Luego de una temporada larguísima en la NBA, Marc decidió unirse a su selección para ganar el Mundial de China 2019. A pesar de no estar en su mejor forma física, antes de la final, promediaba 14,4 puntos; 5,3 rebotes; 3,7 asistencias; 1 robo y casi un tapón por partido. Gracias a su imponente presencia, el pívot dominó en ambos costados de la cancha. Fue clave en las semifinales contra Australia y también hoy contra Argentina con 14 puntos, 7 asistencias y 7 rebotes; sumado a una gran cantidad de acciones que no se reflejan en las estadísticas.

Su espíritu competitivo y su pasión por el deporte y por vestir la camiseta de su país motivaron a Gasol a no descansar este verano: “Realmente quiero más y más. He ganado mucho con la selección nacional desde que empecé a jugar en la categoría sénior, pero quiero seguir ganando y estar con estos chicos para seguir haciendo historia en el baloncesto español”. Hoy, su trabajo dio frutos nuevamente.

Un tipo sencillo, devoto a su país y a su familia, que entiende que el mundo no se termina en las líneas de la cancha de parqué, ni con una pelota que a veces puede entrar al aro y otras no. Marc pasó por momentos oscuros en su vida, peleando contra la sombra de su hermano para ser, hoy, uno de los mejores jugadores en la historia del básquet español, al lado de Pau. El hombre récord, uno de los dos ganadores de un anillo y de un oro mundialista en el mismo año, vive como nunca antes.

La Copa eligió a los españoles

Por Maximiliano Das

Parecían imbatibles. Frente a Serbia o ante Francia. Argentina ganó partidos de atrás para adelante, con la defensa como principal virtud. Férrea, molesta. “Insoportable”, la definió Nicolás Laprovittola luego de las semifinales. Pero aún faltaba el último paso. Como si no fuera suficiente vencer a los balcánicos, uno de los máximos candidatos a hacerse del título, y a los galos, que venían de derrotar a la siempre potente Selección de Estados Unidos, a pesar de las bajas de último momento, en cuartos de final. El último paso era contra España.

Sin moverse, sin siquiera respirar, en una esquina del parqué, mientras los jugadores hacían el precalentamiento, la Copa (LA Copa), descansaba en un soporte rojo. Sin siquiera moverse, sin siquiera respirar, la Copa elegía quiénes serían los que dos horas más tarde la alzarían lo más alto que puedan. A la Copa le gusta el cielo. No tiene manos pero quiere tocarlo.

A pesar de la ausencia de sus ojos, la Copa encontró a Marc Gasol, el gigante español de 2,15 metros, campeón de la NBA hace tres meses con Toronto Raptors. Lo señaló sin dedos. “Ése quiero que me levante”, gritó decidida sin sus cuerdas vocales.

Desde entonces todo fue en vano. La Copa se fue sin sus piernas a ver el partido desde otro rincón cuando terminaron de sonar los himnos de los parlantes del Wukesong Arena de Beijing. Arrancó el partido y España tomó la ventaja con una racha de 7 a 0 y cerró el cuarto con nueve puntos de diferencia sobre el seleccionado argentino.

Durante el encuentro, el combinado dirigido por Sergio Hernández tuvo pequeños momentos de reacción que los ibéricos apaciguaron. El último, a cuatro minutos del final, cuando El Alma tuvo la posibilidad de achicar la distancia a un solo dígito. Estaban doce puntos por debajo y la posesión era suya. Fue Luis Scola quien se encargó de lanzar el triple. El aro se le venía negando. Un poco por la defensa y otro poco por la mala suerte, aquella que acompañó a Argentina durante todo el partido. Cuando podía decidir sobre lo que pasaba en el juego, lo hacía en favor de los europeos. Y, como lo hizo, durante los 36 minutos anteriores, la mala suerte intervino y desvió la naranja que se dirigía a la red. Quizá fue la Copa.

Con las medallas doradas colgadas, los españoles alzaron la Copa hasta que los brazos se les despegaban del cuerpo. Con desazón, El Alma abandonó el parqué rumbo a los vestuarios con una clara muestra de tristeza en sus rostros y en sus gestos.

Sin embargo, Sergio Hernández comentó: “Hoy no perdimos el oro, ganamos la plata”. Porque también hay que dejar eso en claro. Este seleccionado argentino, el finalista, el que se fue con una presea plateada balanceándose en una correa que abrazaba los cuellos de los jugadores, no fue con las expectativas de ser campeón. Y se quedó en la puerta.

Lágrimas intrínsecas

Por Iván Fradkin

La frustración ante una eventualidad considerada negativa por el sujeto como inherente al ser humano. Las lágrimas forzadas por una dura derrota en el momento en que la ilusión de conseguir la dorada se apoderaba de nuestro raciocinio. Un histórico campeonato que evocó el recuerdo de felices épocas de antaño, una comparación absurda pero presente por un nuevo equipo inigualable. Inigualable como algo único. Porque eso son, únicos.

Dicen que el tiempo pone las cosas en su lugar, y me permito la intromisión para manifestar que, fuera de una lógica tristeza temporal, estos muchachos ya están puestos donde merecen: en la cumbre del baloncesto y el deporte argentino. Un deporte, el de la característica pelota anaranjada, tan azotado por cuestiones externas que obstaculizaron y detuvieron su desarrollo a lo largo de su historia, como la suspensión de los primeros campeones mundiales por recibir créditos y concesiones en una era amateur.

De esa prohibición a manos de la dictadura de 1955, liderada por Pedro Eugenio Aramburu, a que un capitán con un amor propio y una inteligencia inmensa levantara la voz para cuestionar los turbios y nefastos manejos de la confederación pasaron seis décadas. En el medio, un retroceso gigante en uno de los deportes más populares del país. En el medio, una generación que (no) se cansó de repartir alegrías después de una de las crisis económicas, sociales y políticas más grandes de la historia del país. En el medio, emociones gigantes.

Pero no todo queda en el medio; a posteriori, unos pibes que crecieron conmovidos por esos otros pibes que llegaron para enderezar la historia. Y replicaron su ejemplo, liderados por ese vestigio de los que siempre estarán presentes y ligados al básquet argentino. Porque ellos son el básquet argentino. Estos chicos, tupé de opinar nuevamente, también. Y son para los pibes que crecen picando la redonda lo que fueron los medallistas olímpicos para ellos, pero reducir esa cuestión a un metal sería injusto. Casualidad o no, en un nuevo momento de incertidumbre en las susodichas esferas, aparecen otros líderes y, especialmente, grandes jugadores de básquet y humildes personas para guiar al basket en la nación.

Cuando la emoción se apodera de los sentimientos y se llega al éxito de darlo todo y exaltar a un país entero, en un mini-mundo que siempre puso vastas trabas, se cumplió la misión con creces. Hoy serán plateados y el magnífico rival, digno de centenares de líneas y elogios, se colgará la dorada, pero esas lágrimas intrínsecas al individuo mañana se teñirán de oro y podremos dimensionar y valorar como corresponde lo que lograron.

Equivocado sería, después de un actuación en equipo alucinante, poner nombres, porque los doce que tuvieron la posibilidad de saltar al parqué en China, el interminable y fastuoso cuerpo técnico, los que formaron parte de las novedosas eliminatorias pero no les tocó quedar en la lista final, los que acompañaron desde sus fundamentales pero poco vistosos roles y todos los que conforman la comunidad baloncestística formaron parte de esta hazaña. En esa comunidad nos encontramos los hinchas que, emocionados -perdón, difícil encontrar una palabra tan acorde-, estamos orgullosos y les decimos gracias. Nos vemos en Tokio.

 

La defensa argentina

Por Joaquín Álvarez

El equipo de Sergio Hernández se destacó en está Copa del Mundo por el compromiso y la actitud, tanto en ataque como en defensa. Ante Francia, Argentina logró su mejor partido defensivo, su rival tenía un gran poderío ofensivo con 89 puntos de promedio, terminó convirtiéndole 66 unidades, 23 menos de lo que venían anotando. La clave fue atacar al rival con una marca muy intensa e organizada.

Contra Serbia, Argentina también defendió bien ante un equipo mucho más alto, que en principio lo complicó en los tableros, pero con la rotación de internos se logró que no tengan mucha influencia en el juego y Serbia no hizo pesar mucho su altura en el marcador, sus torres no tuvieron un buen partido. Se jugaba al ritmo que quería Argentina.

El nivel defensivo fue bueno de todos los que ingresaron, jueguen pocos o muchos minutos, como Agustín Cáffaro contra Serbia, Máximo Fjellerup ante Francia o el mismo Tayavek Gallizi en los nueve minutos que disputó ante los franceses. Los jugadores de mayor rotación, tuvieron sus buenos partidos defensivos, Luis Scola contra Nigeria, Marcos Delía frente a Francia, Facundo Campazzo ante Serbia, Patricio Garino contra los galos. Todos estaban muy concentrados en la marca. Un equipo que dejó absolutamente todo en la cancha y venció caso cualquier tipo de pronóstico previo.

Francia se repuso y se llevo el bronce en el Mundial de China

Por Federico Flossdorf

El comienzo del encuentro no fue bueno para los europeos. En el primer cuarto apenas anotaron 11 puntos. Con cinco lanzamientos convertidos de 17, los galos arrancaron imprecisos. Por su parte, Australia estuvo sólido en ambos lados de la cancha. Patty Mills fue el estandarte en ataque con siete puntos en los primeros diez minutos.

El segundo cuarto lo volvió a ganar el conjunto oceánico. Sin embargo el juego estuvo interrumpido por los faltas al igual que todo el encuentro. Entre los dos equipos convirtieron 37 a lo largo del partido. Francia solo convirtió 10 puntos y llego al entretiempo con apenas 21 puntos, nueve por debajo de los australianos.

El segundo tiempo parecía ser de Australia. La aparición de Joe Ingles, máximo anotador australiano en el partido con 18 puntos fue fundamental. Los boomers, al comienzo del tercer cuarto llegaron a estar 15 puntos arriba de los europeos.

Sin embargo el 54% desde línea de tres comenzó acercar a los franceses. De la mano de Nando De Colo (19 puntos) y Evan Fournier (16 puntos), Francia emparejó el trámite y se fue al cuarto período perdiendo 42 a 46.

Los últimos 10 minutos fueron para los europeos. Francia recién llego a estar arriba del marcador a los 9:11 del último cuarto. Al ataque francés se sumo Andrew Albicy que con tres triples fue fundamental para que Francia meta un parcial de 25 a 13 y se lleve el bronce en este mundial.

Los australianos volvieron a fallar en el momento clave al igual que con España. Dos perdidas a falta de dos minutos para el cierre sentenciaron el partido. De esta manera, los oceánicos quedan nuevamente a las puertas de un podio mundialista, algo que nunca consiguieron en su historia.

Amateurismo en Japón y el modelo de Supercampeones

Por Marcos Cressi

El 15 de mayo de 1993, el antiguo Estadio Olímpico de Tokio estaba repleto de aficionados. Más de 55 mil espectadores esperaban el comienzo del partido entre el Verdy Kawasaki y el Yokohama Marinos. El enfrentamiento terminó 2-1 a favor de los visitantes, (uno de esos dos goles lo convirtió Ramón Díaz). Pero lo que pasó a la historia no fue el resultado del encuentro, sino el sueño cumplido de Kenji Mori y de Saburo Kawabuchi: la profesionalización del fútbol japonés luego de 28 años de amateurismo.

El deporte llegó a Japón gracias a oficiales de la armada británica que arribaron a Yokohama a fines del Siglo XIX, era caracterizada por la Revolución Meiji, una época de cambios en la que el Emperador con ese mismo nombre empezó a aumentar su poder, mientras que los samuráis lo perdieron después de la desaparición del shogunato, gobierno militar dirigido por el Shogun (un samurái).

A partir de esto, el fútbol fue creciendo y, en 1917, comenzaron a jugarse los campeonatos intercolegiales. Cuando la Asociación de Fútbol de Inglaterra (F.A.) se enteró de los torneos organizados por las escuelas japonesas decidió, en 1919, donar una copa hecha de plata. En 1921 se creó la Asociación de Fútbol de Japón (JFA, sus siglas en inglés) y ese mismo año se comenzó a jugar la Copa del Emperador, en la cual el ganador recibía el trofeo dado por la F.A, que actualmente ya no existe porque fue fundido durante la Segunda Guerra Mundial por la falta de metales. El primer torneo lo disputaron tres equipos y el campeón fue el Tokyo Shukyu-Dan. 

En 1936 Japón llevó a Alemania un seleccionado mayoritariamente universitario para participar de los Juegos Olímpicos de Berlín. El combinado nipón quedó afuera en los cuartos de final tras ser vapuleado 8-0 por Italia, que luego ganaría la medalla de oro. A partir de esta dura derrota, el fútbol comenzó a perder popularidad, mientras que el béisbol empezó a ganar más aficionados.

A partir de la creación de la Copa del Emperador, los equipos universitarios comenzaron a dominar esta competición. Se consagraron campeones en 25 oportunidades de las 35 disputadas hasta 1965. El club más laureado es la Universidad de Keio, con 9 títulos, cantidad que todavía no fue superada.

En 1965, un año después de los JJOO de Tokio 1964 en el que Japón llegó a los cuartos de final, se fundó la Japan Soccer League. Este torneo se basó en la liga japonesa de beisbol. Los equipos de la liga estuvieron formados por empresas que controlaron los mercados japoneses. En la primera temporada se anotaron: Furukawa Electric, Hitachi (electrónicas); Mazda, Mitsubishi Motors, Toyota (compañías automovilísticas); Yanmar Diesel (fábrica de motores), Nippon Steel (industria siderúrgica) y Nagoya Mutual Bank. Los futbolistas de los equipos de fútbol eran los trabajadores de la propia empresa.

Tres años después de la creación de la liga, la Selección de Japón disputó los JJOO de México 1968. Compartió el Grupo 2 con España, Brasil y Nigeria. Logró avanzar a los cuartos de final luego de vencer al conjunto africano y empatar con las otras dos selecciones. En esa instancia venció por 3-1 a Francia, pero luego en semifinales perdió 5-0 con Hungría. A pesar de la goleada, la participación nipona fue histórica por que consiguió una medalla de bronce luego de derrotar a los anfitriones en el mítico Estadio Azteca, con un doblete de Kunishige Kamamoto, una de las leyendas del fútbol del país del Sol Naciente.

A partir de esta histórica participación, las empresas les redujeron la jornada laboral a sus jugadores para que se pudieran entrenar por la tarde y comenzaron a atraer a jugadores extranjeros para intentar convocar público a los estadios.

A pesar de la venta de Yasuhiko Okudera al Colonia de Alemania, quien se convirtió en el primer japonés en jugar en Europa, la gente no se interesó por el fútbol hasta que en 1981 se empezó a publicar el manga de Súper Campeones. La serie creada por Yoichi Takahashi contaba la historia de un joven llamado Oliver Atom (u Ozora Tsubasa en Japón), oriundo de Shizuoka, quien soñaba en convertirse en futbolista profesional. A partir de esto, los jóvenes comenzaron a ir a las inferiores de los equipos de la JSL, y el gobierno japonés comenzó a utilizar al fútbol como una forma de combatir los suicidios de los adolescentes que durante aquella época comenzó a crecer.

A finales de la década de los 80’, el fútbol japonés comenzó a ganar nivel internacional. En la temporada 1986-87 el Fukurawa Electric (Actual JEF United Chiba) se consagró campeón del Campeonato de Clubes de Asia y se transformó en el primer equipo nipón en lograrlo. Al año siguiente, El Yoimuri SC repitió la hazaña y en 1990 el Nissan Motors llegó a la final, pero la perdió con el Liaoning FC de China.

A partir del regreso de Yasuhiko Okudera al fútbol japonés en 1986, los jugadores profesionales comenzaron a aumentar. A partir de esto, en 1988, se empezaron a reunir en un comité para evaluar la profesionalización de la liga. El propósito se logró en 1991 cuando se creó la Japan Professional Football League (J. League). Su primer presidente fue Saburo Kawabuchi, que junto con Kenji Mori fueron muy importante. La J. League empezó con diez equipos fundadores y en 1992 se jugó la J. League Cup, que se celebró como un torneo preparatorio para la primera liga en 1993. La ganó el Verdy Kawasaki tras vencer por 1-0 al Shimizu S Pulse en la final.

Sergio Hernández, el estratega del mundial

Por Federico Flossdorf

Previo al comienzo mundial, el entrenador argentino había mencionado en una entrevista con TNT Sports cual sería una de las claves de Argentina para competir ante los equipos mas poderosos de la competencia: ”No somos los mas altos, no somos los mas fuertes y no somos los mas rápidos. Eso lo suplimos con la competitividad pero sobre todo con un enorme entendimiento del juego”.

Las palabras las ha demostrado en hechos. Argentina en su camino a la final eliminó a dos de los máximos candidatos a ganar esta competencia como Serbia y Francia. En cuartos de final toco el equipo de los balcanes y la estrategia funcionó a la perfección. Postpartido, Hernández dijo que la clave era mantener un goleo alto y su equipo lo hizo.  Con un 76 por ciento en tiros de tres Argentina le anotó 97 puntos a Serbia. De hecho el técnico rival, Sasha Djordevic, elogió al equipo Argentino: “Campazzo nos dominó, esta es su victoria. Scola es un líder, quizás una de las mayores leyendas del baloncesto. Felicitaciones tanto al entrenador como a todo el equipo de Argentina, merecieron esta victoria”.

En semifinales el rival era Francia. Y otra vez Hernández reafirmó con hechos lo que mencionó previo al mundial. Argentina basó su juego en la defensa. La ejecución de los jugadores fue perfecta y permitió que los franceses solo anote 66 puntos. Hasta ese partido los galos promediaban 89 unidades por encuentro.

En este caso fue el pívot francés, Rudy Gobert, quien elogió al seleccionado argentino: “Fueron el mejor equipo esta noche. Desde el primer hasta el último minuto. Fueron más agresivos. Argentina jugó mucho más en conjunto que nosotros. Saltaron las líneas de pase y nos incomodaron un montón. Fue un dominio completo”.

Sin embargo Hernandez no trabaja solo. Junto a él están sus asistentes, por Silvio Santander, Gabriel Picatto, Juan Gatti y Maximiliano Seigorman. Nadie conoce mejor a los rivales que su equipo de trabajo, quienes se encargan del estudio y el análisis conocidos como scouting. Además los hace participar en los partidos. Se vio en este torneo cómo le cedió la pizarra a Santander para que dibujara una jugada.

En una entrevista con Clarín, explicó cual es su objetivo en un equipo. Cada vez tengo menos dibujos y más deseo de que mis jugadores, con un bagaje menor de diagramas, puedan ejecutar según lectura de juego una opción u otra. La idea es tener al equipo entrenado para que ni siquiera tengan que pensar, sino ejecutar en función de lo que está sucediendo”.

El coach argentino dijo que es el mejor equipo que ha dirigido a lo largo de sus carrera. El oriundo de Bahía Blanca esta ante uno de sus máximos desafíos con la Selección Argentina. En frente estará España, aquel rival que lo eliminó en las semifinales de mundial 2006 de Japón.

De menos a más: Argentina y España son los finalistas

Por Maximiliano Das

En Beijing serán las ocho de la noche del domingo una vez que se haya retirado el público que fue a ver qué equipo entre Francia y Australia se quedaba con el último escalón del podio. Cuando ya hayan llegado quienes verán el último partido del Mundial de básquet. Incluso ya habrían hecho el precalentamiento los jugadores.

A las ocho de la noche de Beijing habrá diez basquetbolistas en el parqué. En el medio, un árbitro lanzará la pelota hacia arriba para que dos pivots se disputen la naranja en el aire y así tener la primera posesión. Recién entonces comenzará a correr el cronómetro. El que importa. El de 40 minutos netos divididos en cuatro tiempos de diez. Y cuando ése cronómetro llegue a cero, unos alzarán sus brazos como festejo y otros agacharán la cabeza. Quizás lloren. Por felicidad o por frustración. Pero primero serán las ocho de la noche en Beijing.

En Argentina, a más de 19 mil kilómetros, serán las nueve de la mañana cuando el referí lance el balón al aire. Y a diferencia de cualquier domingo a las nueve de la mañana, la gente estará bien despierta, atenta. Enfrente, su mayoría, tendrá un televisor sintonizado en el canal de la TV Pública, quienes tengan servicio de cable podrán optar por TyC Sports y quienes reciban la señal satelital, por DirecTV Sports.

Particularmente en Argentina, a más de 19 mil kilómetros de Beijing y a las nueve de la mañana, porque será el seleccionado argentino el que dispute el último partido, la final del Mundial. Enfrente tendrán al combinado español, liderado por Ricky Rubio y Marc Gasol, ambos jugadores de la NBA, el último, campeón en la pasada temporada con Toronto Raptors.

Los mismos rivales disputaron un amistoso de preparación para la Copa del Mundo, apenas 19 días antes del encuentro decisivo. Aquella vez no jugaron ni Facundo Campazzo -aún estaba en duda para el arranque de la competencia por un esguince sufrido contra Rusia- ni Gasol y el resultado fue 84-76 para los ibéricos.

A la final llegan ambos equipos invictos: España tuvo sus dificultades para vencer a Puerto Rico, Irán e Italia, pero luego derrotó a Serbia, uno de los candidatos -si no el mayor-, y superó a Polonia en cuartos de final. Frente a Australia acabó en empate los cuarenta minutos netos y el primer tiempo extra, pero en el segundo impusieron su carácter y tomaron una ventaja que los oceánicos no pudieron remontar.

Argentina, por su parte, arrancó la competencia ante el débil seleccionado de Corea del Sur, continuó su recorrido ante Nigeria -“el partido que tenía que ganar”, según indicaba el ranking de FIBA, que ubicaba a su próximo rival, Rusia, por encima suyo-. El Alma derrotó también al combinado ruso y clasificó como líder a una segunda fase en la que se encontró y venció a Venezuela y Polonia. Finalmente, se impuso sobre la Selección serbia y la francesa como el menos favorito en ambos partidos.

De menos a más, ambos equipos recorrieron todas las instancias para disputarse la medalla dorada, la copa y el escalón más alto del podio en el encuentro decisivo. A las ocho de la noche de Beijing. A las dos de la tarde de España. A las nueve de la mañana de Argentina.

Análisis de España, el rival en la final

Por Roberto Aboian

El camino de España en la FIBA World Cup es excelso, contabilizando siete victorias y cero derrotas, al igual que Argentina. En la fase de grupos, venció sin inconvenientes en el debut a Túnez por 101-62, luego hizo lo propio con Puerto Rico (73-63) e Irán (73-65) clasificándose como primero del Grupo C. En la segunda ronda se llevó la victoria ante Italia (67-60) en un ajustado encuentro y dio golpe frente a Serbia, la selección primera preclasificada. En la fase final, primero venció cómodamente a Polonia (90-78) con una gran actuación de Ricky Rubio (19 puntos, 9 asistencias y 5 rebotes, y luego, para clasificarse a la final, superó a Australia por 95-88 teniendo antes que pasar por dos tiempos suplementarios con una tremenda performance de Marc Gasol sumando 33 puntos, 4 asistencias, 6 rebotes y 2 tapones.

El estilo de juego de España es predominantemente defensivo (promedia 69,2 puntos en contra por partido, un numero levemente inferior al de Argentina) destacándose una marca personal asfixiante que obliga al rival a jugar cerca del perímetro. A su vez, con los interiores cierran los caminos a la zona pintada evitando así las penetraciones. España también tiene grandes cualidades en ofensiva. Manejan muy bien la pelota generando una alta fluidez en el circuito de distribución. Esto se puede apreciar en las 23,1 asistencias por partido.

Las principales figuras del equipo son Ricky Rubio y Marc Gasol. El base de los Suns promedia a lo largo de todo el certamen 15,9 puntos, 4,3 rebotes, 6,4 asistencias. Rubio es el cerebro del equipo y es desde su juego de donde se gestan las jugadas. Sus números en materia de anotaciones y asistencias son los más altos del equipo español. Por su parte, Gasol, la torre de 2.15 metros es la referencia en la zona pintada. El pívot que hace poco se proclamó campeón en la NBA, suma 14,4 puntos, 5,3 rebotes y 3,7 asistencias siendo sumamente efectivo en ambas pinturas, sea para defender o anotar. En el partido ante Australia rompió el récord de mayor cantidad de puntos anotados en un partido de un Mundial.

Sergio Llull y Víctor Claver son muy importantes en la distribución del balón junto a Rubio y por sus contribuciones en anotaciones de media y larga distancia. El valenciano Claver tiene un 74,1% en tiros de dos puntos y aporta junto a Rudy Fernandez y Gasol en defensa. Por su parte, Llull, gracias a su experiencia, fue decisivo en el suplementario ante Australia con sus tiros por fuera del perímetro.

Estadísticamente hablando, Argentina supera a España en cantidad de puntos anotados por juego (87,6 sobre 82,9), igualan en el área de rebotes con 34,7 por lado y los europeos superan en materia de asistencias (23,1 a 20.3).

Ambos equipos demostraron un juego de alto vuelo a lo largo del certamen para llegar a la fase final. España lidera el historial, pero con el gran momento de Argentina, es posible soñar con acortar esa diferencia.