miércoles, abril 29, 2026
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El arte de los vendajes deportivos

Por Guido Debenedetti

Todos los fines de semana se levanta a la madrugada y se toma su café. Se viste y agarra el bolso que dejó preparado el viernes por la noche antes de su pelea, el sábado. Su mano y tobillo le duelen, pero no dice nada. Menos de 24 horas pasaron desde su último entrenamiento, pegándole a la bolsa que simulaba ser un mortal. El recorrido es sencillo. Agarra el auto y en diez minutos ya está en el United Fight Club de Avenida Córdoba al 4000, lugar del combate. Siempre deseoso de competir en un lugar donde las peleas son
situaciones de todos los días.

―¿Cómo te sentís? ―le pregunta un compañero.
―Bien ―responde rápido y cortante, ajustándose las botas.

No se entendía la tranquilidad de alguien que en un sábado tan lindo iba a recibir una golpiza. Aunque Alexis Estevez siempre fue bueno ocultando las emociones, se notaba que estaba feliz. Ver el ring, las botas, los guantes y los jurados le provocaba una mini inyección de éxtasis en el cuerpo. Pero faltaba alguien fundamental en el combate y no se sabía cuándo iba a llegar.

El cutman o “el hombre de los cortes” es el experto más capacitado para vendar, coser y preparar a un peleador. En el caso de Alexis, su cutman es Nicolás Ruiperez, que ya tenía mucha experiencia en eventos de combate. El cutman sale únicamente en los combates pero su presencia es vital en un equipo de boxeo. Su habilidad y fuerte es la rapidez, dado que tiene que entrar y salir del ring en pocos segundos. Un cutman profesional de las artes combinadas mixtas, disciplina conocida como MMA, podría llegar a ganar en una noche aproximadamente 100 mil dólares dependiendo cuántas peleas haga y la importancia que tengan.

“Hay que tener en cuenta el perfil del peleador y, claro, los puntos débiles”, resalta Ruiperez. El peleador Estévez sentía un dolor en su mano izquierda, debido a un golpe mal ejecutado a la bolsa de entrenamiento. Sumado a ese dolor, su tobillo derecho había sufrido un esguince cuatro meses atrás por una patada que acabó en la rodilla de su compañero de entrenamiento doblándose la articulación.

El primer vendaje arrancó por la zona afectada de la parte superior de la muñeca izquierda. Una venda que contiene un elástico que se ajusta al dedo pulgar y hace de palanca para que la tela se mantenga tensa y ajustada en todo momento. Inicia con dos vueltas a la muñeca; luego el peleador abre la mano y la tela pasa por su pulgar formando una “X”. El proceso se repite dos veces más hasta que se decide pasar por la zona de los nudillos. En la zona fuerte de la mano se dan tres vueltas y se vuelve a la muñeca para completar el vendaje. El cutman logró una técnica milenaria en tan solo un minuto y treinta segundos. En total, vendar las manos le tardó tres minutos.

Conforme espera, al peleador se le llenan las manos de poder. Ya no tiene manos: tiene armas. Dos gemelos idénticos que se van a sincronizar en un desenfrenado ritmo y que van a terminar en la cara, pecho o piernas del contrincante. Pero lejos de terminar, el Chino, como muchos le dicen a Estevez, necesita mantenerse quieto. El cutman se movió a la parte inferior del peleador y le pidió que se acostara en la camilla. Es tiempo de vendar las partes más expuestas de un deportista profesional, los tobillos. En el combate, son los responsables de proporcionar patadas mortales a su rival dejándolo inconsciente por minutos. Un buen vendaje inferior le otorga al luchador estabilidad y confort para lanzar los golpes.

“El vendaje del tobillo se debe ajustar bien al pie del atleta, sin cortar la circulación”, recalca el doctor Marcelo Zenof, mientras toma unas vendas de su armario ubicado detrás de su escritorio. Y proporciona en su consultorio del sexto piso de Avenida Libertador, en el barrio de Recoleta, una masterclass de cómo vendarse el tobillo descalzándose.

―Es fácil ―arranca el doctor―. Hay que poner el tobillo en una silla tratando
de mantenerlo en 90 grados y luego se le dan tres vueltas a la planta del pie.

―¿Solo eso hay que hacer?

―No―responde el doctor, kinesiólogo y cirujano―. Después tenés que subir
a la parte superior del tobillo formando una “X”, darle dos vueltas más sin
ajustar, y repetís el proceso hasta que se te acabe la venda.

Si bien los movimientos del doctor Zenof no son como los del cutman por la rapidez de las manos, se nota que hay mucha práctica y años de experiencias en sus vendajes. Se los llama “vendajes funcionales” ya que no reducen por completo la movilidad de la articulación. Su propósito es prevenir y establecer una fuerte unión para que el deportista se sienta cómodo.

El blog de la Clínica de Fisioterapia Bailío de la provincia de Córdoba en España destaca que los vendajes existen prácticamente desde siempre, y que, en la prehistoria, el ser humano hacía uso de ellos para contener hemorragias y taponar heridas rudimentariamente. El primer vendaje del que se tiene registro es de Egipto, hace más de 5000 años. Gracias a las escrituras en las ruinas dentro de las pirámides, se conoce a Athotis como el primer médico entre los egipcios, al que veneraban como un Dios. Las vendas que usaban eran tiras de lino remojadas con el agua del río Nilo. A su vez, civilizaciones igual de antiguas como los babilonios demostraron en sus manuscritos la importancia de crear apósitos protectores contra enfermedades y lesiones.

En la línea histórica, los romanos contaron con Claudio Galeno, quien es considerado un padre de la medicina antigua. Gracias a sus descubrimientos e investigaciones, Galeno describió la importancia de la estabilidad de las

articulaciones. Propuso técnicas de inmovilización con el vendaje, que ayudó al tratamiento de lesiones y fracturas de la época. Como coincidencia, se conoce que Galeano completó sus estudios en Alejandría, Egipto, país donde se registró el vendaje más antiguo del mundo. En su paso por la ciudad egipcia, escribió Methodo medendi, su principal libro sobre el arte de la curación, que ejerció una enorme importancia en la medicina durante 15
siglos.

Pero si bien los vendajes acompañan cada día a los deportistas profesionales en sus prácticas hay situaciones en las que el vendaje tiene otro uso: ser cábala. Es el caso del chileno Iván Zamorano, que en el Mundial de Francia 1998 se vendaba la muñeca derecha dado que la primera vez que se vendó por precaución anotó tres goles. Una situación similar le ocurría a Juan Sebastián Verón, referente del club Estudiantes de La Plata, que se vendaba su rodilla derecha luego de haber superado una lesión y convertir un gol en su regreso. Tal es la seguridad del vendaje que Luis Suárez, delantero del seleccionado uruguayo, confesó: “En el Liverpool me hice un esguince en el dedo, pero no iba a dejar de jugar. Agarré y le dije a uno que me hiciera un vendaje: tres goles contra el West Bromwich con la venda”. A partir de ese partido, Suárez no volvería a jugar ni un amistoso sin su vendaje de muñeca.

Hoy las innovaciones en el campo del vendaje deportivo apuntan al kinesiotaping o vendaje neuromuscular. Que se pueden identificar por sus colores llamativos a la hora de colocarlos. Estos vendajes se utilizan para solucionar lesiones y dolores musculares sin restringir los movimientos como ocurre en algunos vendajes. También brinda alivio del dolor, mejora la circulación, corrige problemas articulares como posturales y disminuye la inflamación. Por lo general se utilizan en articulaciones difíciles de vendar, como la rodilla o los hombros.

Muchas son las razones para vendarse, pero aun así hay un porcentaje de deportistas principalmente amateurs que optan por no hacerlo. El vendaje en el deporte desempeña un papel crucial a lo largo de la historia y continúa siendo una práctica esencial en la actualidad, tanto en la prevención como en el tratamiento de lesiones, lo que permite competir y entrenar de manera segura y efectiva.

Los Pumas buscarán ante los All Blacks su primera final

Por Lautaro Mamone y Juan Sebastián Rinaldi

El seleccionado argentino de rugby se enfrentará a Nueva Zelanda, el próximo viernes a las 16.00 (Argentina), con la posibilidad de meterse en su primera final de un Mundial; con transmisión de ESPN y Star +.

Es la tercera vez en la historia que llega a las semifinales; en el 2007, también en Francia, quedaron terceros tras ganarle el último partido a los locales; mientras que en 2015, en Inglaterra, se ubicaron en el cuarto puesto luego de la derrota 24 a 13 con Sudáfrica.

Los Pumas vencieron 29 a 17 a Gales en los cuartos de final de Francia 2023. En la fase inicial habían comenzado con una derrota ante Inglaterra (27 a 10), pero tras vencer a Samoa (19 a 10), Chile (59 a 5) y Japón (39 a 27) obtuvieron el segundo lugar del grupo D. 

Por su parte, los All Blacks vencieron 28 a 24 a Irlanda para obtener su pase a las semifinales. El camino de Nueva Zelanda comenzó con derrota ante Francia en el partido inaugural (27 a 13), pero luego le ganaron cómodamente a Namibia (71 a 3), Italia (96 a 17) y Uruguay (73 a 0); logrando el segundo puesto del grupo A. 

En cuanto al historial, Argentina está muy por debajo de su rival ya que solo consiguió vencer en dos ocasiones a los kiwis y perdió 33 veces; hubo un empate. Si nos centramos en el Mundial, hubo tres partidos entre las selecciones y todos fueron para los oceánicos: 46 a 15 en la fase de grupos de 1987, 33 a 10 en los cuartos de 2011 y 26 a 16 en la primera fase de 2015. La particularidad es que en esos tres años los de negro se coronaron campeones.

La ventaja para el conjunto nacional es que se sacó la “espina” de nunca haberle ganado a los neozelandeses y además lo logró con gran parte del grupo actual, ya que las victorias argentinas fueron en 2020 y 2022. En la primera (Sidney, Australia), el resultado fue 25 a 15 y todos los tantos argentinos fueron de Nicolás Sánchez; mientras que la más reciente (Christchurch, Nueva Zelanda) terminó 25 a 18 y 20 puntos los hizo Emiliano Boffelli.

El plantel argentino festeja su primera victoria ante Nueva Zelanda, en 2020.

El otro duelo de semifinales tendrá como protagonistas a Sudáfrica e Inglaterra, que volverán a enfrentarse luego de la final del Mundial de Japón 2019, donde los africanos se quedaron con el trofeo. En cuartos de final, Los Springboks vencieron 29 a 28 al local, Francia; mientras que los europeos dejaron en el camino a Fiji, tras vencerlos 30 a 24.

 

Lanús y Zielinski, los retadores de las etiquetas

Por Manuel Rojo

La orden de apagar el incendio. El club como un departamento prendido fuego y el  entrenador cuál bombero al rescate. Ricardo Zielinski firmó en Lanús y será un nuevo capítulo en una novela sin fin. Un paradigma histórico ante una  necesidad urgente. El debate de la ideología generalizada y su importancia. Una eternidad  de frases hechas. El de los fines, las justificaciones y los medios. Un club con la imagen de  sus dirigentes acorralados por los socios, los cuales buscan explicaciones debido a la nula comunicación. La elección del Ruso y el dilema de los “sacapuntos”. 

Nadie se salva de las etiquetas. Zielinski jugó toda su vida en el ascenso salvo la época que  tuvo en Primera en Deportivo Mandiyú y en Chacarita, luego de ser parte del plantel que  devolvió al Funebrero a la máxima categoría. Se retiró prematuramente a los 32 años por  sus repetidas lesiones en las rodillas. Como entrenador siguió el mismo camino del barro.  Desde la Escuela de Fútbol de Carlos Bilardo, hasta reencontrarse con su currículum dentro  de la cancha. Ituzaingó, San Telmo y Chaca se volvieron a repetir. Anotó su nombre en  instituciones como Argentino de Quilmes, Laferrere, Temperley, Defensa y Justicia y El  Porvenir, entre otras. 

Una carrera que parece transitada con remos, pero a él lo enamoró su cotidianidad. Era  reflejo de su persona, porque él siempre se consideró un tipo simple. Llevó una vida  paralela al fútbol y tuvo emprendimientos en su barrio, Lanús Oeste. No porque no pudiese  vivir de lo que ganaba un jugador de la B, sino que nunca quiso depender de una profesión  en la cual el pago no estaba asegurado. Cuando un ajeno opina que la vida de otro es  difícil, suele decir que le tiene que gustar a lo que se dedica, como si fuera algo imposible.  Pero el que la transita se da cuenta de que no existe un termómetro de lo complicado o lo  sencillo, el sentimiento es importante. La pasión no se entiende. Eso es exactamente lo que  movía al Ruso por el ascenso. Laburó desde los 14 años. Empezó a jugar en las inferiores  de San Telmo en una etapa de su vida en la cual puede desenterrar las mejores anécdotas.  Viajaba en el último vagón del tren con los que se colaban. Dentro de ese grupito estaba  Diego Armando Maradona. Ambos bajaban en Pompeya, uno iba a la Paternal y el otro a  Isla Maciel. A veces tomaba el bondi para ir a entrenar, pero también solía ir en bote.  Quizás no era lo más productivo, pero era lo más divertido. Aventuras que compartió con  Marcelo Tinelli en la época de Reserva. Luego de su debut y de destacar en Primera fue  vendido a Argentino de Quilmes a cambio de un colectivo. No había plata, pero el  presidente del Mate era dueño de la línea 148 y la utilizó como método de pago ¿Cómo no  enamorarse de esto? 

La categoría “jugador de ascenso” se trasladó a su época de técnico. Según Zielinski, la ausencia de un mánager en su vida y su rechazo hacia el marketing o las relaciones mediáticas hicieron que su carrera en el banco se haga un poco más cuesta arriba. Él se considera un entrenador que se adapta a sus jugadores y los transforma en su actitud y  entrega en la cancha, más que en la técnica. Busca en sus planteles un paralelismo a su época como futbolista. Volvió a Primera con Chacarita en 2009 y luego lo hizo con Belgrano  en la promoción que mandó al Nacional a River por primera vez en su historia en 2011. 

Luego vino el cuento que todo el país reconoce. Clasificó a Belgrano a copas  internacionales, también lo logró con Atlético Tucumán y Estudiantes, en los cuales alcanzó  cuartos de final de Copa Libertadores. La etiqueta que le impusieron ya había vencido. Sin  embargo, sus cortos pasos por Racing e Independiente lograron que creen un nuevo mote.  El de “entrenador de equipos chicos”. 

La situación actual del país hace que el argentino se abrace más a los pocos rincones de su  vida que le mueven el corazón. Su club de fútbol es uno, pero también coincide con la  vuelta del descenso por tabla anual. Los estallidos sociales son cada vez más comunes en  varias instituciones y hay una palabra que reina en cada una de las situaciones.  Desesperación. Es como la sangre para los tiburones. Allí se meten los representantes,  políticos o incluso los empresarios ajenos al deporte. Muchos dirigentes ceden y el que  sufre es el socio. Dentro de este caos, muchas filosofías e ideologías construidas a lo largo  de los años se tienen que interrumpir o incluso desechar para salvarse del desastre, el cual,  para los equipos de Primera, significa irse a la B. Es ahí el momento en el cual aparece una  rama de entrenadores que la prensa catalogó de “sacapuntos”. Como si fuesen los únicos  capaces de sumar, aunque no vi que utilicen los mismos apodos para aquellos que  mencionan como exitosos, que según los medios son los campeones. Ese fue el motivo por el cual Zielinski arribó a Lanús, otra etiqueta a vencer. Sin embargo, si se repasa la historia  personal del Ruso y de la institución granate, a veces las justificaciones que carecen de un  orden futbolístico, encuentran sentido en el sentimiento. 

“Es del barrio” fue la respuesta. Los dirigentes de la institución de la zona sur del conurbano  bonaerense estaban rodeados por sus socios. El Granate ganó uno de sus últimos quince  partidos. La racha negativa comenzó con el equipo en puestos de Copa Libertadores, para  que hoy esté fuera de todo cupo a copas internacionales, sumado a la eliminación en Copa  Argentina ante Colón y ante el amanecer de una nueva lucha por el descenso el próximo año. A la salida del último encuentro contra Defensa y Justicia, un cordón policial interceptó  la salida de los hinchas que fueron a la popular del Estadio Néstor Díaz Pérez. Botellazos y  los famosos tiros al aire de las balas de goma. Un ambiente irreconocible para un club que  presumió ser un ejemplo. Sebastián Salomón, excampeón como jugador en 2007, fue otro  nombre que tuvo que abandonar el banco de Lanús. La respuesta del socio fue reunirse el  martes a la noche y pedir explicaciones ante una comisión directiva que perdió el rumbo de  los últimos años. Aún así, la historia granate no comenzó en la final del 2017 ante Gremio  por Copa Libertadores. 

Tiene sentido cuando los periodistas identifican a Lanús como un equipo que juega bien aunque el momento sea una excepción. En 1955 irrumpieron en el sur “Los Globetrotters”,  apodados así por el show que exponían los jugadores granates al público al igual que el  equipo de básquet que realizaba giras por el mundo. Ese plantel ganó la Copa Juan  Domingo Perón del mismo año y al siguiente consiguieron un subcampeonato histórico para  el club. La pelea había sido mano a mano ante River y se resolvió a favor del Millonario  sobre el cierre. No era normal que los “equipos chicos” peleen torneos, pero lo más  llamativo de ese Lanús era el juego por abajo y su protagonismo. Algo que se asociaba a  los clubes de más poder, mientras que los rivales resistían los enviones de la camiseta  pesada. El tiempo pasó, el Grana descendió a la B y luego a la C a fines de la década del  70’. Sus agrupaciones se juntaron y trabajaron para sacar el club adelante con la ilusión de  que vuelva a una época similar a la que Héctor Guidi, José Nazionale y Nicolás Daponte. Levantaban la bandera del sur en el país o los albañiles Ángel Silva y Bernardo Acosta  popularizaron las paredes del toque de pelota. 

En 1992 Lanús regresó a Primera y hasta la fecha no volvió a descender. Dentro de estos 31 años pocos fueron los momentos en los cuales estuvieron cerca de bajar, pero si fueron  muchos los momentos de gloria, todos bajo un mismo paradigma. Las épocas del ascenso  con Miguel Ángel Russo o los de la Conmebol de 1996 con Héctor Cúper. Los sistemas de  juego no eran su coincidencia, pero el sentido de pertenencia destacó y convirtió a Lanús en  uno de los mayores y mejores exportadores de fútbol del país. Ariel Ibagaza, Carlos Roa,  Armando González, Ariel López, entre otras vueltas como la de Héctor Enrique. Las  llegadas ajenas que se reconvirtieron como si hubieran sido criados en la pensión del club  como Hugo Morales, Gabriel Schurrer, Marcelo Ojeda, Ángel Gambier y más. Todo  desembocó en un pensamiento que unía las inferiores del club como el fútbol por abajo con  atisbos de verticalidad. Una idea que germinó en la cabeza de Ramón Cabrero y que la  explotó como entrenador en el Lanús campeón del Apertura 2007. Bajo esa idea, la  institución continuó el proyecto con gente del club como Luis Zubeldía y el mencionado  Schurrer en el banco. El título no se volvió a repetir, pero el Grana se acostumbró a  clasificar todos los años a copas internacionales y pelear los campeonatos hasta el final.  Luego decidieron traer técnicos por fuera del club como los mellizos Guillermo y Gustavo  Barros Schelotto y luego Jorge Almirón. Ambos con mentalidad ganadora, de juego de  triangulaciones y posesión de la pelota que desembocó en la obtención de una Copa  Sudamericana en el 2013, de un campeonato en 2016 y de dos copas nacionales. Los  nombres idolatrados acompañaron el paradigma de las inferiores como Lautaro Acosta o  Diego Valeri, al igual que los ajenos como Maxi Velázquez o José Sand. 

El proceso finalizó en la final de la Libertadores en 2017, que también coincidió con la  muerte de Cabrero. Casi como si fuera una metáfora. A partir de ese momento hasta la  actualidad, Lanús tuvo seis técnicos al incluir a Zielinski. Algunos con una idea, otros con la  contraria. El ejemplo es este mismo año. Frank Darío Kudelka logró alejar al club de los  puestos de abajo y posicionó al equipo en la cuarta posición. El Grana no lograba un puesto  tan alto en la tabla desde el campeonato del 2016. Sin embargo, el entrenador nunca se  ganó el cariño de la gente por la baja productividad de sus jugadores en cancha. Los cuales  sí eran efectivos, porque las estadísticas los posicionaban como goleadores y con una de  las mejores defensas del país. Pero de nuevo, el juego no identificaba al hincha y cuando  Kudelka dejó obtener los puntos se tuvo que ir. Ahí los dirigentes tomaron la decisión de  que un entrenador del club como Salomón, el cual pregonaba el juego vertical, la pelota al  piso y que trabajaba con las inferiores, se haga cargo de la Primera. Aún así, cinco partidos  sin victorias alcanzaron para finalizar con el paradigma y devolver la desesperación. La  apuesta de Lanús se caracterizó por ser lo contrario a una apuesta en sí, Zielinski. 

Le decían Polaco de chiquito. Cuando alguien lo llama así, se da cuenta a que etapa de su  vida pertenece esa persona. Se cansó de caminar el barrio y ahora le tocará dirigirlo. El  hincha no tiene paciencia y tampoco le gusta lo que los medios hablan de él. Sin embargo lo  van a bancar, simplemente porque lo conocen de toda la vida. No es del club, así que no es  un propio, pero tampoco es un ajeno. Los casilleros en los cuales lo encerraron hicieron que  fueran a buscarlo. Zielinski y Lanús no sólo se juegan una historia institucional, sino también  la barrera del mito y la caracterización de las comillas en el fútbol. Sacar puntos no es para  cualquiera. Salir campeón tampoco. Pero lo más complicado es enamorar al hincha. Ahora el Ruso enfrentará otra etiqueta en su larga carrera. Antes, la del ascenso. También la del equipo chico. Luego, la del sacador de puntos. La nueva será el “entrenador del barrio”.

Boca, por la gloria en el Maracaná

Por Martino Betelu, Ivan Mander y Lucas López

Una nueva final de Copa Libertadores le espera a Boca el próximo sábado 4 de noviembre a las 17, frente a Fluminense en el mítico Estadio de Maracaná, en Rio de Janeiro. Esta será la duodécima participación del equipo argentino en la máxima instancia del certamen. Por otra parte, el conjunto carioca jugará su segunda final en la historia de la competición. Cabe recordar que el “Xeneize” conquistó seis veces el título, mientras que el Flu intentará conseguirlo por primera vez.

El elenco dirigido por Jorge Almirón es el primer equipo en la historia en alcanzar una final sin ganar un solo partido en fase eliminatoria. Todos estos finalizaron en empate, y tan solo recibió tres goles en mata-mata y cuatro en toda la Copa. Teniendo en cuenta que Boca es el equipo con la valla menos vencida, el comandado por Fernando Diniz, es el más goleador con 22 tantos a lo largo de la competición. Doce de estos goles los convirtieron a partir de octavos de final y Germán Cano, con doce, es el máximo artillero de la actual Libertadores.

El factor clave para el equipo argentino es una vez más, Sergio “Chiquito” Romero, quien se convirtió en el arquero con más penales atajados en tandas en una misma edición de Libertadores, con un total de 6 sobre 12. Además, tiene más del 50 por ciento de efectividad en remates desde los doce pasos, con un total de 12 sobre 23 desde su llegada al conjunto de La Ribera. Asimismo, en 16 ocasiones definidas por penales en la Copa, Boca se impuso en 11 de ellas, siendo el que más ganó en la historia. También de esta manera, alzó 3 de sus 6 trofeos en esta competición.

En lo que respecta a los torneos locales de cada uno, ninguno se encuentra en los primeros puestos, por lo que no se están clasificando a la próxima edición de dicho certamen. Por un lado, el tricolor se ubica séptimo en el Brasileirao con 41 puntos, a tan solo una unidad de posicionarse como el último clasificado. En la Copa de Brasil, fue rápidamente eliminado por su clásico rival, Flamengo, en los octavos de final. Por el otro, el “Xeneize” está en la undécima posición de la Zona B de la Copa de la Liga, a 5 puntos de clasificar a la siguiente instancia. En cambio, en la tabla anual, se mantiene en zona de Copa Sudamericana, a tan solo 4 unidades de la Copa Libertadores. En la Copa Argentina se metió en la semifinal luego de vencer a Talleres de Córdoba en la tanda de penales, tras el 1 a 1 en los 90 minutos. Su próxima parada será ante Estudiantes de La Plata. 

Por último, en lo que respecta a lo económico, tanto Boca como Fluminense, se aseguraron 7 millones de dólares en concepto de premios entregados por la Confederación Sudamericana de Fútbol por llegar a la final. El ganador recibirá la suma de 18 millones de dólares, lo que sería una gran suma para el conjunto argentino, necesaria por la difícil situación económica que atraviesa el país. 

 

Boleto para el Mundial de Clubes

Battaglia, en tiempos de volante central, intenta neutralizar a Pirlo en aquella final 2007 que finalizó 4 a 2.

Por Francesco Ingrassia Alvarado y Gianfranco Stumbo

El ganador de la final de la Libertadores obtendrá el cupo de CONMEBOL para disputar los Mundiales de Clubes 2023 y 2025. Boca, tricampeón mundial, buscará volver a jugar el torneo luego de aquel recordado 2007, en donde cayó ante el Milan por 4-2 en Japón. Por su parte, Fluminense intentará levantar su primer título internacional y de esta manera hacer su debut en la competición.

Hay siete clubes que ya están clasificados: Manchester City (Inglaterra), Al Ittihad (Arabia Saudita), Auckland City (Nueva Zelanda), Al Ahly (Egipto),  León (México) y Urawa Reds (Japón). 

El certamen mundial de este año se llevará a cabo en Jeddah, Arabia Saudita, desde el 12 hasta el 22 de diciembre, y los cruces ya están definidos. Manchester City se coronó como campeón de la UEFA Champions League, por lo que esperará a su rival en las semifinales. Del otro lado del cuadro estará el vencedor del máximo torneo sudamericano, que también debe aguardar por su oponente.

Esta edición del Mundial de Clubes será la última con el formato actual. La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) confirmó que el certamen no se realizará en 2024, ya que el nuevo sistema de disputa contempla a 32 equipos a partir de 2025 y se jugará cada cuatro años. El primero será en los Estados Unidos.

 

Marcos Rojo, la gran ausencia

El marcador central fue expulsado en la semifinal frente a Palmeiras.

Por González Cristian y Felipe Beltrán

Marcos Rojo, el capitán de Boca, no disputará el encuentro decisivo del 4 de noviembre  frente a Fluminense por haber sido expulsado contra Palmeiras en la semifinal de la Copa Libertadores.

El central “xeneize” había visto la primera amarilla luego de cometer una jugada peligrosa frente al delantero brasileño del “Verdão”, Rony. El árbitro del encuentro, el uruguayo Andrés Matonte, le sacó la tarjeta a los cinco minutos del segundo tiempo. Dieciséis minutos más tarde, vio la doble amarilla por una muy fuerte entrada a Kevin por el lateral izquierdo del campo de juego.

La dupla central de Nicolás Figal desde que se recuperó de su lesión de ligamentos de su rodilla derecha, lesión de casi 10 meses, estuvo en el once titular en todos los partidos definitorios desde octavos de final hasta la gran final. Es una baja muy sensible del equipo argentino por ser el emblema y por su imponente presencia defensiva y aérea en el arco rival. 

Su posible reemplazante puede ser Nicolás Valentini, el tercer defensor preferido por Almirón, o Bruno Valdez, quién también ha sido utilizado como moneda de recambio en los últimos encuentros de Boca. Otra posibilidad que puede llegar a usar el entrenador es utilizar la línea de 3 con Figal-Valdez o Roncaglia-Valentini para un esquema táctico 3-4-3, 3-1-2-3 o 3-1-3-2.

 

Germán Cano, hambre de gol

El delantero argentino lleva 12 goles en 11 partidos en la Copa.

Por Tomás Succo y Thiago Boso

Germán Cano, delantero de 35 años de Fluminense, será la clave del equipo en lo que respecta a la próxima final de la Copa Libertadores, ante Boca Juniors. Luego de su última anotación frente a Internacional de Porto Alegre, llegó a la suma de 12 goles en 11 partidos. Convirtió en fase de grupos frente a Sporting Cristal, River Plate, en cuartos de final ante Olimpia y, por último, en la semifinal contra Internacional. Con sus 12 tantos, quedó a tan solo un gol de la cantidad total que convirtió Boca en toda la competición.

El argentino oriundo de Lomas de Zamora, debutó en Lanús en 2008, donde no tuvo un paso muy recordado . En su etapa en Independiente de Medellín,  se convirtió en uno de los ídolos del club, siendo el máximo goleador en la historia de la institución, con 129 tantos. Debido a esto, se posiciona como el segundo artillero del año en todo el mundo, con 36 goles en 50 partidos. Se ubica tan sólo por detrás de Erling Haaland, delantero del Manchester City, que cuenta con 37 tantos. 

 

                                                      

FiReLEAGUE Battle, el evento que marcó un antes y un después en la historia de los esports

Por Tomas Nucerino

Poder tener sentadas en una misma fila a personas con camisetas de cuatro equipos diferentes, es una imagen a la cual no están acostumbrados los argentinos. Que puedan alentar cada uno por su club sin ningún inconveniente, que el rival sea aplaudido en vez de abucheado y que, a pesar de la derrota de 9z, el equipo argentino se haya ido entre medio de manos para chocar y ovacionado por más de 10.000 personas. Esos fueron algunos de los momentos que se observaron aquel 8 de julio del 2023, durante la final de la FiReLEAGUE.

El Movistar Arena abrió sus puertas. ¿Para un recital de Luis Miguel? ¿De Duki? ¿De Pablo Lescano? No. Fue para el evento más grande en la historia de los esports en Argentina.

La euforia por ver a Dzhami “Jame” Ali, uno de los mejores tres jugadores del Counter-Strike Global Offensive (CS:GO), apoyar a 9z (el mejor equipo argentino de la historia) y presenciar la final de la FiReLEAGUE (el torneo más importante del año) fueron los motivos por los que 10.000 personas decidieron utilizar su sábado para asistir a una tarde-noche que quedará para el recuerdo, tanto para las personas que fueron horas y horas a jugar al cyber, como para aquellas que jamás pisaron uno.

La FiReLEAGUE Battle es el evento presencial final luego de un año de competición en el Counter-Strike Global Offensive argentino. Siempre se había realizado de manera online y transmitido a través de Twitch, pero para la edición del 2023 cambió. Por primera vez FiRe SPORTS, empresa que organiza este evento en Estados Unidos, España y Argentina, apostó por realizar la final de manera presencial. La decisión no fue tomada al azar. Durante la pandemia del COVID-19 comenzó un proceso de crecimiento exponencial en la industria de los videojuegos. Según la consultora internacional Newzoo, durante el 2019 en la Argentina hubo alrededor de 15 millones de jugadores de videojuegos, tanto a nivel profesional como amateur. La misma consultora en 2022 estima que hubo 23 millones de jugadores.

El juego más popular del país y del continente es el Counter-Strike Global Offensive. Leetify, página especializada en estadísticas del juego, prevé que hay 652.500 jugadores activos en Argentina, convirtiéndolo en uno de los 20 países con más jugadores del mundo. 

La duda que tenía FiReSPORTS era si, a pesar de ser el juego más popular, el público argentino conseguiría llenar un estadio, ya que nunca se había realizado un evento de esta magnitud en Argentina. “Al ser la primera vez de algo tan grande relacionado a los esports en el país, no teníamos referencias de ningún tipo. De lo que estábamos seguros era de que teníamos que ofrecer algo más que solo la final del torneo”, dijo Jerónimo Figueroa, cofundador de FiReSPORTS. Y vaya que lo hicieron. Cuando las entradas salieron a la venta, el público argentino se sorprendió con un agregado. Además de la final del torneo, se anunció un amistoso (“showmatch”) entre 9z Team e Imperial Esports.

Fundado por Francisco “Frankkaster” Postiglione en 2018, 9z Team es el mejor equipo argentino de la historia. “El violeta”, como lo identifican sus simpatizantes, llegó a estar entre los siete mejores equipos de CS:GO del mundo y fue el primer equipo argentino en clasificar a un Major, el torneo más importante del mundo. Los Majors equivalen a lo que significa un Grand Slam en el tenis o la Champions League para el fútbol. En el Major realizado en París a mediados de 2023, el pico máximo fue de 2.2 millones de espectadores simultáneos y el promedio de todos los partidos fue de 1.4 millones. Vitality fue el ganador y embolsó medio millón de dólares, la suma total de premios fue de 1.2 millones. 

Imperial Esports, el rival brasileño, no tiene tanta historia como equipo, pero el gran motivo por el que se buscó traerlo al país fue Gabriel “FalleN” Toledo. El brasileño es el mejor jugador sudamericano de la historia. Fue el único representante del continente en ganar un Major dos veces. “Lo pude conocer en un torneo de Brasil y ahí entendí por qué todos los que lo conocen dicen que tiene algo especial; más allá de su habilidad natural en el juego, la humildad con la que te habla te hace entender por qué es el líder de la región”, declaró Ignacio “Meyern” Meyer, jugador argentino de Bestia Esports.

Ver a 9z Team, el mejor equipo del país, contra FalleN, el mejor jugador sudamericano de la historia, era la mejor cartelera posible para lograr vender todas las entradas. Cuando salieron a la venta en mayo, los sectores delanteros se agotaron en cinco horas. Sin embargo, a falta de diez días para el showmatch, FiReSPORTS emitió un comunicado en el que confirmaba: “Por sucesos totalmente ajenos a nuestra organización, no será posible la visita de Gabriel “Fallen” Toledo con Imperial Esports debido a las noticias de público conocimiento, ligadas al convulsionado mercado de pases por la salida del Counter-Strike 2”. En agosto del 2023 se dio a conocer la salida de “Fallen” a Furia, el equipo mejor rankeado de América en ese momento. Los fanáticos mostraron su descontento por las redes sociales. A las pocas horas de dar la noticia, la organización confirmó que Virtus.pro, uno de los dos mejores equipos del mundo, iba a ser el nuevo rival de 9z. La llama de la ilusión volvió a encenderse, ya que el equipo ruso fue el ganador del Major de Brasil realizado en febrero de 2023. Con la euforia por ver a uno de los mejores jugadores del mundo, Dzhami “Jame” Ali, jugador de Virtus.pro, las entradas se agotaron y el Movistar Arena iba a estar completo. “Fueron horas difíciles, ni bien Imperial nos comunicó que no iban a poder venir comenzamos a buscar reemplazos. El evento tenía que salir adelante. Sabíamos que traer a alguien del calibre de FalleN iba a ser difícil, pero creo que lo logramos y la gente estuvo contenta con la llegada de “Jame” al país”, declaró Sabrina Tripoloni, organizadora del evento.

Con el objetivo de hacer sentir cómodo al equipo ruso y presentarle lo mejor de la cultura argentina, el 7 de julio, FiReSPORTS organizó un asado entre los cuatro equipos que al día siguiente jugarían ante más de 10.000 personas. “Conocer la cultura, poder compartir con el rival un partido de fútbol y tomar vino son cosas que no solemos hacer cuando vamos a otros países; estoy sorprendido por la hospitalidad argentina y espero que podamos dar un gran show”, dijo Dzhami “Jame” Ali, jugador de Virtus.pro.

El primer partido fue la final de la FiReLEAGUE argentina. Bestia Esports había dejado en el camino a Windigo en las semifinales y llegaba como el gran candidato a quedarse con el título. Por el otro lado de la llave, Boca Juniors Gaming había superado por dos mapas a cero a LRV Esports y buscaba dar el batacazo. Los “xeneizes” ingresaron al escenario con la clásica canción: “Dale Bo, Dale Bo, Dale Boca, Dale Bo…”. Bestia ingresó sin cánticos, pero sí con la primera ovación de la tarde por parte del público, reconociendo su clasificación al Major de París y los buenos resultados contra equipos europeos de primer nivel. Con una final al mejor de tres mapas, no hubo sorpresas y Bestia se impuso por dos a cero, quedándose con la FiReLEAGUE argentina. Para Bestia haber ganado la final significó que obtuvo, además de 15.000 dólares, la clasificación directa a las Global Finals, certamen que otorga 250.000 dólares al ganador y le da la oportunidad de medirse contra los equipos más importantes del mundo.

Luego llegó la hora del partido principal y por el que la mayoría había pagado su entrada: 9z contra Virtus.pro. A diferencia de lo que se podría imaginar en otros deportes, Virtus.pro ingresó al estadio en medio de aplausos y manos para chocar en su caminata al escenario. Luego del ingreso de los rusos, había llegado el momento que todos estaban esperando: el ingreso de 9z. Las luces se apagaron y cuando la voz del estadio anunció la llegada del equipo argentino, todo el Movistar Arena se unió para gritar: “¡Para ser campeón, hoy hay que ganar, vamos vamos 9ce!”. Con la misma dinámica que la final anterior, el ganador sería el que lograra vencer en dos de los tres mapas. Virtus.pro dominó al equipo argentino y se llevó el amistoso por dos a cero, embolsando 100.000 dólares. “El resultado del partido importó poco; si bien el premio económico era grande, 9z sabía que el éxito del evento era el objetivo principal. Habiendo cubierto eventos internacionales, lo de hoy fue a ese nivel. Una gran puesta en escena, Counter hecho y derecho”, declaró Kevin Aiello, periodista especializado en esports.

No fue de una liga, ni de un equipo, ni de una empresa. Fue una manifestación del deseo de toda la comunidad de los esports en la argentina con el fin de poner al país como opción para desarrollar los mejores torneos del mundo. Todos juntos demostrándoles al mundo que solo con una final nacional y un amistoso, el público argentino es capaz de llenar un estadio. Imagínense si Valve, empresa dueña del Counter-Strike Global Offensive y que organiza los Majors, decide apostar por la Argentina. “Es una convocatoria que invita a soñar”, sentenció Francisco Postiglione, fundador de 9z Team.

 

Dos destinos y una pelota

Télam 23/11/2016 Chapecó, Brasil: Desconsuelo en los jugadores de San Lorenzo tras la eliminación de la Copa Sudamericana a manos de Chapecoenese, al empatar siin goles a en el estadio Arena Condá. Foto: Enviado especial /Alfredo Luna /cf

Por Miguel Souto

Según la mitología griega, los seres más poderosos y respetados de aquellas historias eran las moiras. Temidas incluso por los propios dioses. Eran representadas por tres mujeres de túnicas blancas con el semblante inquebrantable y en cuyas manos se encontraba el destino de todos. Se encargaban de repartir a cada mortal una porción de la existencia al determinar el principio y el final de cada vida. En contraposición, la filosofía entiende al destino como el resultado de una cadena causal. Es decir, que las cosas suceden porque otros elementos del mismo plano las desencadenan, muchas veces sin premeditación ni lógica aparente. Las personas se dirimen entre una existencia donde todos los sucesos ya fueron sellados y son insoslayables o una en la que cada quien es dueño (a medias) de sus acciones y consecuencias. Oscilan así entre el orden de lo establecido o el caos de lo indeterminado. Aunque en general, en el día a día, las personas no se detienen a pensar sobre las diferentes ramas con las que se puede interpretar el flujo universal. En general. Todo cambia cuando un tiro libre, una definición poco certera o un arquero con buenos reflejos, sentencian el final de 71 vidas. 

La mirada de Martín Cauteruccio bailotea indecisa entre la pelota y el área a la que deberá dirigirla. Hacia cualquiera de los puntos cardinales que vea hay una tribuna repleta de mareas verdes. El 1 a 1 en el Nuevo Gasómetro, este 0 a 0 parcial y una polémica regla que desempata por mayor cantidad de goles en condición de visitante, coloca al equipo brasileño en la final. El estadio Arena Condá desafía su límite de 12.800 personas. La gente, hecha bollos unos con otros, se aprieta fuerte de su espíritu como si de eso dependiera que los once jugadores que están en el campo con sus mismas camisetas puedan espantar la pelota que caerá en su área en instantes y aguantar 30 segundos más. Este equipo ignoto del municipio de Chapecó nunca jugó un partido internacional definitorio, ni siquiera ganó jamás el Brasileirao, y esos 30 segundos son todo lo que lo separa de su cielo. Los 30 segundos, y el tiro libre que hará descender a la pelota, vil y traicionera, sobre el punto del penal frente al arco que defienden. 

Agustín Torrico, arquero visitante, tiene el impulso de ir al ataque a sumar una chance más de gol, pero Néstor Ortigoza lo detiene haciendo un gesto con las manos. Con excepción de ellos dos, el resto del equipo espera en el centro del área brasileña. Apurado por el contexto, Cauteruccio da dos pasos hacia el frente y con la cara interna de su botín derecho manda a volar a la pelota con destino de área. Frente al arco defendido por los locales, los 16 jugadores, que hace un instante se arremolinaban entre sí, ahora corren en estampida hacia el punto donde se definirá mucho más que una semifinal. La esfera de cuero sintético viaja rápida en un arco bajo, casi recto. Con la altura suficiente para que no pueda ser despejada con facilidad y esa potencia impresa que hace dudar a las mejores defensas. Es Nicolás Blandi quien con todo su cuerpo a la vez logra frenar el centro y dejar la pelota, y el tiempo, detenidos en el límite del área chica; al alcance de su compañero Marcos Angeleri, defensor de currículum, pero atacante para la ocasión. Bajo los tres palos, Danilo, arquero de los verdes, espera el disparo inminente.

En el Arena Condá hay casi 13.000 hinchas. A esa cifra se le suma la gente que trabaja en el estadio, los encargados de la seguridad, los que venden Coca Cola, los periodistas, los fotógrafos, los alcanzapelotas, los jugadores que miran con impotencia desde el banco de suplentes, los técnicos, sus ayudantes, los médicos, los preparadores físicos, el árbitro, los líneas y el cuarto; los 22 jugadores en el campo. De todos ellos solo importan dos. Dos son los posibles caminos en los que, en este instante, se bifurca el cosmos. Dos son los destinos que se definen por la causalidad de los filósofos o los dictámenes escritos, vaya uno a saber cuándo, por las moiras de la mitología griega. En lo que pueda hacer Marcos Angeleri para enviar esa última pelota entre los tres palos y lo que pueda hacer Danilo para evitarlo. Cinco metros, dos jugadores, una pelota y el caos universal girando como una ruleta.

El defensor, con el cuerpo recto frente al esférico, lo remata con el empeine derecho y lo hace viajar sin colocación ni potencia hacia el arco. El disparo no es bueno, pero la distancia es tan corta que cualquier tiro que intente cruzar la línea de gol desde ese punto será peligroso. Danilo espera con sus dos pies plantados sobre la raya final. Ya no hay lugar para la razón ni el pensamiento. Ahora todo es instinto y reflejos. Una fracción de segundo. Ganar o perder. Morir o vivir. Extiende su pierna derecha y detiene la pelota a centímetros del límite donde termina un destino y comienza el otro. 

Es el final. Lo que sucede en el Arena Condá, ya no interesa. Un defensor que despeja, un árbitro que termina el partido, una hinchada que festeja el pase a la final por primera vez en la historia. Lo mismo da. Cinco días después, el plantel brasileño se tomará un vuelo chárter para viajar a Colombia, donde hubieran jugado la tan deseada final. El avión despegará excedido de peso, con menos combustible del indicado por las normas aéreas, con pilotos negligentes y finalmente se estrellará a las 21:58 de un 28 de noviembre en Cerro Gordo, a cinco minutos de la pista de aterrizaje. 71 personas perderán la vida, entre ellas Danilo, quien con su pie derecho le dió a su club el pase al partido más importante de su historia, el cual nunca jugará. 

Quizás si el centro hubiera caído sobre alguien más familiarizado con la definición, quizás si Angeleri hubiera ajustado un poco más el disparo, quizás si Ortigoza hubiera dejado que Torrico vaya a cabecear, quizás de no haber existido la ley del gol de visitante, quizás si a Danilo le hubieran fallado los reflejos… Es curioso pensar cómo funciona esto que llamamos destino. Que no se sabe si cambia de rumbo con cada capricho del azar o si ya fue escrito hace mucho por seres que habitan en los cuentos. La acción más intrascendente puede torcer el rumbo de muchísimas vidas, o tal vez nuestros intentos más desesperados de hacer un gol no sean capaces de cambiar aquello que inexorablemente será.

Scaloni, el entrenador esponja

Por Felipe Nigoul

César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo, los dos técnicos campeones del mundo con la selección argentina. Las dos escuelas. Un abismo separa a una de la otra. La obtención del Mundial los une. Uno u otro. Una división acorde a la famosa grieta del país. “Yo soy o blanco o negro, gris no voy a ser en mi vida”, decía Diego Maradona. Un día apareció el “viajero del tiempo”. Nacido en Pujato, Santa Fe, poco antes de que se iniciara el Mundial 1978 en Argentina. Lionel Scaloni, una síntesis. “Es una esponja”, dice Daniel “El Profe” Córdoba, quien dirigió a Scaloni en Estudiantes de La Plata en 1997.

El entrenador de 45 años puede armar un equipo con el clásico 4-3-3, ser ofensivo, con presión alta y larga tenencia de balón pero en el segundo tiempo puede meter un defensor por un delantero, formar una línea de cinco en el fondo y jugar al contragolpe. Como pasó en los octavos de final de Qatar 2022 ante Australia, cuando en el complemento, con el 1-0 a favor, sacó al Papu Gómez (delantero) por Lisandro Martínez (central). Scaloni es pragmático y modifica la manera de jugar dependiendo el rival y el momento del partido. Una forma de vivir su trabajo similar a la de Bilardo. Un loco de la táctica, un enfermo del pizarrón y del sistema defensivo para neutralizar al rival. Pero a la hora de declarar utiliza metáforas y desdramatiza la pasión del hincha argentino, como Menotti. “Mañana sale el sol, ganes o pierdas. Lo importante es cómo hiciste las cosas”, confesó luego de la victoria frente a México por la segunda fecha del Mundial, lejos de amenazar al plantel con estrellar un avión si caían derrotados, como lo hizo el Narigón luego de que la selección argentina perdiera con Camerún en el debut de Italia 1990.

Menotti, director de Selecciones Nacionales de la AFA desde 2019, mantiene una gran relación con Scaloni. Desde el comienzo el Flaco apoyó al técnico cuando los medios lo defenestraban. Hasta Claudio “Chiqui” Tapia, el presidente de AFA, no tenía plena confianza con el nuevo cuerpo técnico y creía que su paso iba a ser fugaz. Pero el Flaco le dio la tranquilidad a Scaloni de trabajar con tiempo. Y el tiempo le dio autoridad. Menotti siempre destacó el cuerpo técnico del pujatense: “Lleno de juventud y de exjugadores con un gran conocimiento del deporte”, exclamó tras la asunción. Y es justamente donde el menottismo y el bilardismo actúan en conjunto. Dentro del cuerpo técnico está Pablo Aimar (ayudante de campo), admirador del Flaco. “Aunque no lo tuve como entrenador, es fantástico compartir con Menotti. Mi nombre es Pablo César por él. Es como un chiste de la vida poder sentarme con él”, dijo el Payasito. También lo integra Luis Martín, el preparador físico aferrado a la escuela pincharrata que, como dijo Scaloni, “lleva una importante relación interpersonal con el jugador”.

Argentina tuvo planteles repletos de estrellas mundiales pero nunca logró mantener un estilo de juego. No existe un hilo conductor histórico como en Italia, Brasil o Alemania (a pesar de que actualmente vive una transformación de su táctica post Mundial 2014), los máximos campeones. Sin embargo, las selecciones argentinas que se destacaron tienen algo en común: la unión del equipo que contagia al hincha. Los equipos argentinos campeones del mundo fueron los grupos más unidos, los que tenían bien en claro su función. Eso genera en gran parte del apasionado una ilusión y se siente representado. Como cuando Argentina se consagró subcampeón del Mundial Italia 90 y miles de hinchas fueron a recibir al equipo a Ezeiza a pesar de no haberse consagrado campeón.

La selección argentina contiene dos ramas ideológicas muy fuertes. Menotti, referente del Huracán del 73 y campeón del mundo con la selección en el Mundial del 78. El público, los futbolistas, los periodistas que hablaban del fútbol argentino como “la nuestra”, que se basaba en el juego asociado, lírico, con muchos pases y gambetas, que destacaba lo bello y lo estético por sobre el resultado, tuvo finalmente una fuerte representación en la selección del 78. No solo jugaba lindo y estético, sino que era campeón del mundo. Luego del Mundial de España 1982 el Flaco dejaría su cargo de entrenador tras quedar eliminado en la segunda ronda.

Para reemplazarlo, Julio Grondona, el presidente de la AFA en aquel entonces, llamó a Bilardo. La antítesis del Flaco. Referente de Estudiantes. Al principio Don Julio, hincha de Independiente (gran rival del Pincha en las décadas del 70’ y 80’), no le cerraba. Tampoco a Menotti. Ambos técnicos tenían charlas. Discusiones muy largas. Exclusivamente de táctica. El Flaco se centraba en el sistema de juego asociado y el Narigón en recuperar y contraatacar rápidamente. La grieta no se produjo hasta meses después del reemplazo en 1983, cuando la selección perdió 2 a 0 en un amistoso frente al Valladolid, un equipo de tercera línea de la Liga de España. “No podemos regalar prestigio”, dijo Menotti después de la derrota. Siete años más tarde contestó el Narigón a minutos de haber perdido la final del Mundial de Italia 90 frente a Alemania: “El prestigio del fútbol argentino queda muy alto porque ser subcampeón del mundo en Europa es muy importante después de haber sido campeón en América (por el Mundial de México 86)”. Bilardo dejó la selección tras la obtención del segundo puesto.

Luego del menottismo y el bilardismo la selección tuvo 11 técnicos y, cual peronismo contra radicalismo, de izquierda o de derecha, invadía esa necesidad de representación en alguna de las dos escuelas. En cada plantel, desde afuera se lo identificaba con uno (José Pekerman-Menotti) u otro (Alejandro Sabella-Bilardo). No así Scaloni. El inexperimentado técnico que volvió a darle el título mundial a un país con toda su gente dentro. Scaloni impuso rápidamente su esquema de juego. Una mezcla de juventud y experiencia, con recambio generacional en algunas posiciones. Leandro Paredes, de buen pie, gran manejo de pelota pero sin marca, reemplazó a Javier Mascherano. Un cambio drástico. La distinta elección del estilo de los jugadores fue un pilar fundamental. “Lo que nos gusta a los argentinos es intentarlo en todo momento. Confiamos en un biotipo de jugador que nos lleva a tener alegrías. La gente se siente identificada cuando juegan estos chicos”, expresó Scaloni. Al mismo tiempo, se esmera para que la defensa no se desordene. Aunque el juego que plantee sea ofensivo, lo primero que analiza antes de un partido es qué flaqueos provoca cada jugador en la parte defensiva. Corrige y equilibra. Al tener un 5 de poca marca, como Paredes (luego Enzo Fernández en Qatar 2022), la línea de fondo tiene que ser agresiva y anticipar bien adelante para no dejar huecos. De ahí sale Cristian “Cuti” Romero. Si tiene que cortar, no tiene problemas. Tampoco en hacer faltas tácticas. A veces no tan tácticas.

El equilibrio: la pincelada de Ángel Dí María en la final de la Copa América 2019 contra Brasil en el Maracaná y las patadas hacia Neymar para que no avance. La sangre en el tobillo derecho de Gonzalo Montiel. Lionel Messi levantando la Copa. Desde el juego defensivo en aquel maracanazo, con dos remates al arco, hasta el equipo que supo ser protagonista y tomar las riendas del partido contra Francia en el partido definitorio por la Copa del Mundo. Scaloni entiende los momentos y ejecuta; no tiene un 11, tiene un plantel titular. Fab Spina, sociólogo, amante del fútbol e integrante del programa radial “Decime que Se siente”, de UrbanaBA (fana de Scaloni desde Cemento), dice que, a diferencia de los históricos técnicos argentinos que deciden todo y son las figuras principales, “Scaloni plantea lo opuesto, delega mucho en su cuerpo técnico de trabajo”.

Matías Manna, analista de video de la selección y cerebro de la Scaloneta, dijo que no hay que sobreanalizar a los rivales (¿qué más menottista que eso?). “Ya me escribió, ya me mandó todo”, declaró Scaloni minutos después de conocer los rivales de la fase de grupos (¿qué más bilardista que eso?). Mientras que Menotti y Bilardo, hombres de saco y corbata, exponen todo su saber ante las cámaras y son los líderes, Scaloni, que se pasea hasta por su casa con el conjunto de la selección, le habla a Aimar como si en realidad su ayudante fuera su jefe, como tras el gol de Messi a México que le daba los tres puntos fundamentales para seguir en el Mundial. Aimar lloraba. Scaloni quebró en la final. El que desdramatiza la pasión del hincha argentino, el que advierte que el fútbol es solo un deporte, cuando Montiel convierte el penal de la consagración mundial, se tapa la cara con las manos, rompe en llanto y como un niño abraza a cualquier alma que se le cruce.

Scaloni parece tener una balanza al lado de su cama y al levantarse cada día de su vida le pone 100 gramos de bilardismo para un lado y 100 gramos de menottismo para el otro. Con el tiempo es probable que se hable de “scalonismo”, una rama ideológica de fútbol. También, una filosofía de vida. El equilibrio. Escuchar y hacerse oír. Equivocarse y aprender del error. Ensuciarse para limpiar. Una esponja.

El partido fantasma que evitó una invasión

Por Martín Macías

Feliz año nuevo. El primero de enero es un día de festividad; resaca; descanso y alegría, acá y en todo el mundo. Por lo menos en la generalidad, obvio. El cambio de década en el calendario -sea para bien o mal- nos marca a todos: a los que podemos festejar y a los que están lejos de casa, por A o por B. Lamentablemente, no todos los primeros de enero fueron un buen día en la historia. Al menos, durante siete años, entre 1939 y 1945.

La declaración de guerra del Rey Jorge Sexto del Reino Unido a la Alemania comandada por el señor del bigote, el primero de septiembre de 1939, desató calamidades a diestra y siniestra. No hubo terreno segmentado en el mapa europeo que no sufriera las consecuencias de un conflicto bélico a la altura de la antecesora “Guerra Mundial”, producto del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria. Todos los frentes se vieron afectados; incluso, los que menos tenían que ver en la disputa: el fútbol, por ejemplo.

El deporte rey en su tierra natal, Gran Bretaña, sufrió el golpe más duro: varios de los jugadores de toda la isla tuvieron que abandonar la cancha para tirarse a la fría tierra de las trincheras aliadas y enemigas, acompañados de metal caliente y un cementerio de esquirlas a sus pies. Los pocos suertudos que no viajaron para arriesgar su vida en un conflicto de intereses hicieron lo posible para que la pelota no se desinfle. Aún con todo el panorama desolador, cada una de las conglomeraciones independientes entre sí optó por organizar torneos de nivel regional con el fin de calmar al público. Sacarlos del trance, incluso, en una fecha tan potente y significativa.

Arrancó el año 1940. La Liga Escocesa de Emergencia por la Guerra -Scottish War Emergency League- empezó casi a la par del conflicto global. El primero de enero, como es costumbre en el Reino Unido, hay fecha. Se juega. El torneo, dividido en dos zonas -Este y Oeste- nos regaló de entrada un clásico: Edimburgo, capital de Escocia, se paralizó -no solo por la guerra- para presenciar un electrizante partido entre el Hibernian Football Club y el Hearts of Midlothian. 15 minutos de viaje en auto separan a ambos equipos entre sí; una rivalidad eterna los une en vida y muerte.

El río Forth acolcha con sus aguas al distrito de Leith, uno de los tantos que componen a Edimburgo. El puerto es un punto clave de desembarco de máquinas acuáticas para la ciudad, el país y cualquier comerciante externo. La Luftwaffe, fuerza aérea del ejército alemán, tenía un plan perfecto de invasión a través de la boca del puerto, donde yace el antiguo yate de la Corona Británica, el “Real Britannia”: la capital conecta al resto de ciudades del Reino Unido; por ende, la rentabilidad de ingreso para los alemanes y sus tropas era ideal a través de la segunda ciudad más grande de Escocia.

Las coincidencias del anuncio-amenaza alemán; la accesibilidad del puerto de Leith y la casualidad de disputar un clásico de nivel nacional parecen sacadas de un cuento de Fontanarrosa. La fecha 12 de la Zona Este de la Liga Escocesa abrió el lunes -y el año- a las 14 horas con un Easter Road, estadio del Hibernian, recibiendo un estimado de 14.000 personas -2000 más que el aforo general-. Un día ideal.

El remanente de entradas pudo haber sido mayor si no fuera por el conflicto bélico, que obligó a hinchas de los Hibs y los Jambos -también a los neutrales- a combatir en las trincheras. Con tal de acompañar a todos los que no estaban, la cadena BBC decidió transmitir el partido por radio. Esto iba a ser un arma de doble filo para el transcurso del partido e, incluso, de la historia: por un lado, había que asegurarle a los hinchas una cobertura acertada y englobada; por el otro, la desdicha de la amenaza germana al pie del cañón. Cualquier general de alto rango podría escuchar las indicaciones del encuentro y atacar Forth Lock, en el puerto, a menos de 15 minutos de viaje del estadio. La Wehrmacht lo tenía todo para inclinar a sus pies a Gran Bretaña entera si llegaba a las vías del ferrocarril de Edimburgo.

Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. La tradición del clásico a principio de año no iba a ser interrumpida por un problema climático ni por una guerra. Nada de nada. Acá es donde Leo Hunter, Redactor en Jefe de la BBC, designó al relator Bob Kinsley para brindarle un servicio especial a los radioyentes pendientes al partido; no sin antes demandarle, con lujo en el énfasis, una pequeña condición: recalcar, desde que inicia hasta que termina la transmisión, que en Edimburgo había un sol que rajaba la tierra. La Luftwaffe no atacaría en esas condiciones, lo que arruinaría el efecto sorpresa de las tropas.

Bob, con más dudas que certezas, saltó a la cancha -de manera retórica-, se puso los botines y empezó a jugar su partido. La tarea comandada por Hunter, aunque fuese más que vital, no iba a ser nada fácil. Edimburgo amaneció tapado, de pies a cabeza, por un sinfín de nubes que, lejos de premonizar una tormenta, marcaban la agenda de lo que iba a ser el resto del día: un nubarrón británico, se podría decir, característico de la isla. Espeso como un pote de dulce de leche. Un smog atroz que dificultaría el relato y, también, la visión de Kingsley.

Minutos previos a que el árbitro Peter Craigmyle esforzara la garganta para dar el silbatazo inicial, todas las nubes que sobrevolaban las 14 mil y pico de cabezas en el estadio empezaron a bajar, como si de un ascensor antiguo se tratara, lentamente sobre el verde y desteñido césped del Easter Road, para hacerle “marca en sombra” a los jugadores. El público alrededor solo podía confiar en dos fuentes: el silbato del árbitro y el grito de alguna de las almas empilchadas con la ropa de su equipo. El tercero era Bob, que se encontraba en la misma situación que ellos.

Consternado desde la tribuna de relatores, nuestro encargado empezó a transpirar frío: ni él ni Hunter, que se encontraba a su lado para corroborar que todo saliera bien, podían creer su mala suerte. La niebla era tal que, aún con las formaciones confirmadas, solo podían reconocer a dos jugadores en todo el terreno: al 11 del Hibernian, John Donaldson, y al 7 del Hearts, John Gilmartin. Cuando los silbidos de las gradas comenzaron a aturdir a propios y extraños, el comentarista se percató de que, quiera o no, tenía que empezar el relato.

El terreno de juego era un telón de pura niebla. Acá, donde las papas queman y el fuego arde como nunca, es donde hay que sobreponerse a la adversidad. Ni aún estando a dos metros de la cancha se podía divisar lo que por dentro se vivía. La transmisión, ya empezada, no podía dar marcha atrás. A Bob, quizá, se le prendió la lamparita en el momento exacto: de entrada, tenía que destacar el soleado día que acompañaba el partido en Edimburgo, lo cual era un invento para despistar a las fuerzas alemanas . Entonces, ¿por qué no inventar, por completo, un relato de fútbol?

Los únicos atentos a lo que pasaba en cancha eran los jugadores y Craigmyle. Ni la vista forzada del mejor oculista de la ciudad podía enganchar alguna jugada en ese momento. Poco a poco, entre los hinchas presentes en el estadio que escuchaban el relato, empezaron a palpitar más y más el partido: Bob, salido de sí, le agregó un condimento especial y transformó la incertidumbre en un partidazo. “¡Falta del equipo local y tiro libre para el Hearts!”; “¡Gran atajada de James Kerr!” -el arquero visitante-; “¡Hay gol del Hibernian, señoras y señores!”. Todo pasó en su cabeza. Y sí, en todo momento recalcó que el soleado día era inmejorable para la ocasión. Los ojos de 14 mil hinchas escoceses eran los de un hombre de traje igual de ciego que ellos.

La vida misma decidió que, aún con el clásico más importante del país jugándose en simultáneo -el Old Firm entre el Celtic y el Rangers de Glasgow- el año nuevo comience con un verdadero partidazo que nadie, ni el propio relator, vio en verdad. Bob, exaltado, cerró la transmisión a la par de un hecho casi que inimaginable: paró con la emoción en el momento que vio a Donaldson, el 11 de Hibernian y su única referencia en el campo, irse al vestuario. El problema es que lo sacaron sus propios compañeros de equipo, porque el partido había terminado hacía, aproximadamente, diez minutos.

Hay dos puntualidades que, por culpa del clima más británico nunca antes visto, Bob se perdió: en primer lugar, Craigmyle -el árbitro- terminó el primer tiempo dos minutos antes de llegar a los 45 minutos, y fue a buscar a los dos equipos para que vuelvan a jugar lo que faltaba; por el otro, es que en el éxtasis de su partido ficticio, no pudo divisar el verdadero resultado final. En su cabeza, el Hibernian y el Hearts empataron 3 a 3; en la planilla oficial, el visitante ganó 6-5, en lo que significó uno de los encuentros más apasionantes en la historia del clásico de Edimburgo. Ah, y Donaldson -nuestro gran amigo- metió tricota, pero no se llevó la pelota a casa.

La cortina de humo funcionó. Kingsley le dio una cucharada propagandística a los alemanes, con un partido que no existió y unas condiciones climáticas de fantasía. Sin saberlo, Bob salvó a Escocia y al Reino Unido con su habilidad. Pero, vamos a ser sinceros: qué partidazo que se perdió, viejo.

En la planilla figura que el Hearts empezó a la cabeza gracias a Donaldson, con un gol a los 15’ del primer tiempo; en menos de dos minutos, empató el local. Así, sucesivamente, hasta llegar al entretiempo con un 4-3 en ventaja para los visitantes, que ampliarían en el complemento. El Hibernian lograría empatar con un doblete de John Cuthbertson. Finalmente, Tommy Walker marcó el sexto de su equipo a falta de cinco para ir a las duchas. Una locura, en absoluto. Aún así -sin miedo a equivocarme- creo que todos los oyentes hubiesen preferido que el partido se diera tal cual lo inmortalizó Bob con su maravilloso y emocionante relato.

Nora Köppel, ex atleta olímpica argentina, sobre el levantamiento de pesas y la discriminación: “Llegué a no querer ponerme una malla”

Por Guillaumet Muzzio

¿Quién diría que esa pequeña niña nacida en Tucumán podía llegar a tanto? ¿Quién diría que esa adolescente que hasta los 15 años pesaba 50 kilos y se dedicaba a la gimnasia artística hoy iba a tener semejante carrera? Nora Köppel, deportista que practica la halterofilia y que representó a Argentina en dos Juegos Olímpicos (octavo puesto en Sídney 2000 y noveno en Atenas 2004), hoy tiene 51 años y el pasado 26 de agosto se consagró en el Campeonato Mundial Master 2023 para mayores de 35 años.

-¿Qué tan importante fue para vos ese último título logrado en Polonia?

-Fue una experiencia hermosa. Poder viajar a un país tan lindo, competir con gente muy profesional y con un gran nivel. Si bien no estuve muchos días, estuvo todo muy bueno.  

-Para alguien que no conoce la disciplina, ¿qué es la halterofilia?

-El objetivo es levantar el máximo peso posible por encima de la cabeza y con la técnica adecuada. Aunque suene muy fácil, tiene muchas complicaciones y entrenamiento de fondo.

-¿Cómo es la rutina de una persona que se consagra campeona del mundo a los 51 años? ¿Cuántas horas y cuántos días a la semana entrenás? 

-Hoy estoy entrenando de dos a tres horas por día. Normalmente lo hago cinco días a la semana aunque a veces agrego un día más. Si descanso suelo hacerlo o los jueves o los domingos, que doy clases.

-¿Desde qué edad hacés ejercicio? 

-Toda la vida entrené. De más chica hacía gimnasia artística. Es más, la musculación la empecé mientras hacía gimnasia, a eso de los 14. 

-Estuviste desde los 14 entrenando y recién debutaste a los 25. Para la halterofilia, ¿esa edad está bien?

-En realidad no, más para ser mujer, que por lo general debutamos más jóvenes. Vos pensá que si hubiera seguido con la gimnasia artística, a esa edad posiblemente ya hubiese estado retirada.  

-En algunas entrevistas contaste que a lo largo de tu carrera sufriste discriminación, ¿cómo repercutió eso en vos?

-La verdad, a esta altura y con mi edad ya no me afecta, pero al principio era bastante feo. Llegué a no querer ir a la playa y ponerme una malla. La discriminación con inseguridades es algo muy feo y la podés llegar a pasar muy mal. 

-¿Por qué pensás que te burlaban o te discriminaban de esa manera?

-Para mí no es tanto por tener el físico que tengo, sino por ser diferente, porque no solo discriminan a alguien que es muy musculoso, también lo hacen si sos gordo o si sos flaco, o lo que sea, te molestan en general por ser diferente. 

-Además de la gimnasia artística y la halterofilia competiste como profesional en crossfit, ¿cómo fue esa experiencia? 

-Fue muy linda. Me reclutó un tipo de Estados Unidos por videos que yo hacía entrenando y me llevó a competir para allá. Tuve la suerte de poder recorrer todo el país. 

-¿Qué es lo que te enamoró de ese deporte? 

-Lo más lindo es el superarse día a día y ver cómo tu esfuerzo tiene sus frutos, además del ambiente de equipo que se forma en los gimnasios con tu coach o con los que están al lado tuyo. No es un deporte tan individual como parece.  

-¿Qué se siente representar al país en un Juego Olímpico? Vos lo hiciste dos veces y casi que tres, ya que en Beijing 2008 te dislocaste un hombro un día antes de que comenzara la competencia y no pudiste participar…

-Más allá de esa lesión fue una experiencia hermosa, pude cumplir un sueño. La primera vez me sentí totalmente realizada, no lo podía creer. Si bien nunca logré entrar al podio estoy muy contenta con lo que conseguí.  

Iván Marcone: “El objetivo es pasar a cuartos de final del torneo para clasificar a una copa internacional”

Por Aramís Sturba

Iván Marcone llegó a Independiente en el 2022 en medio de un panorama económico desalentador y envuelto en una situación compleja desde el plano institucional. El oriundo de Sarandí nunca ocultó su fanatismo por el Rojo y siempre reconoció que su sueño era llevar puesta esa camiseta.

Cuando alguien se refiere al conjunto de Avellaneda, por lo general usa términos como “El Paladar Negro” o “Rey de Copas”, aunque la actualidad y los años recientes demuestran otra cosa. Las últimas generaciones vieron al club hundido en deudas millonarias, inhibiciones y pálidas tras pálidas -descenso en 2013 en el medio-. El mediocampista surgido de Arsenal tuvo breves pasos por Cruz Azul de México y el Elche de España y  se consagró campeón de la Primera División del fútbol argentino con Lanús y Boca. 

-¿Qué análisis hacés del rendimiento de Independiente en los últimos partidos?

-En líneas generales es positivo. Si bien empezamos perdiendo la primera fecha de la Copa de la Liga, con la llegada de Carlos Tevez el equipo se pudo renovar y pudimos entender rápido lo que quería proponer él y se está viendo reflejado en la cancha, así que estamos contentos. 

-¿Y en lo personal?

-Creo que también es bueno. La mayoría de los jugadores teníamos desconfianza e inseguridades pero gracias al cuerpo técnico pudimos encontrar nuestra mejor versión y los buenos rendimientos  individuales hacen que colectivamente el equipo funcione bien.

-Recientemente ganaron el clásico de Avellaneda por 2-0. ¿Cómo manejaron la presión de jugar este partido en el contexto actual? 

-Sabemos que los clásicos son partidos aparte y que todos quieren ganarlo porque son finales. El hincha lo quiere ganar y lo vive de forma especial, así que de nuestro lado como futbolistas tenemos que manejarlo con tranquilidad y soltura. Por suerte salió todo bien. 

-¿Y vos cómo sostenés lo anterior, siendo hincha del club?

-En mi caso lógicamente es más grande la ansiedad y las ganas de querer jugarlo y ganarlo, pero hay que estar con la cabeza fría para que no te juegue en contra. Sobre todas las cosas, hay que confiar en el trabajo que uno hace día a día.

-Sobre Carlos Tevez, ¿pensás que se adaptó bien a la situación?

-Es muy cercano al futbolista y siempre te escucha y está atento a todo. Se nota que se adaptó al club y el grupo lo recibió con los brazos abiertos. Me animaría a decir que éste es recién su comienzo como entrenador porque la verdad tiene un futuro enorme por las ganas que le pone a su trabajo.

-¿A qué aspiran como equipo? ¿Sueñan con el ingreso a una copa internacional?

-La idea es sumar la mayor cantidad de puntos posibles para despegarnos de la zona de abajo, lo que nos permitirá no pelear por el descenso de categoría. Después tenemos que pasar a los cuartos de final del torneo y logrando eso podremos estar más cerca de clasificar a una copa.