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Santiago “Morro” García, entre la seriedad futbolera y la pasividad mendocina

Alejo Casado

A pesar de que esquiva a los defensores rivales con relativa facilidad, hay una marca que no supera con el porte físico ni con las habilidades futbolísticas: la personal, aquella que la hinchada de Godoy Cruz le hace luego de la finalización de los 90 minutos. No porque no pueda, sino porque no quiere. Santiago “Morro” García se queda todos los fines de semana, después del partido, la cantidad de tiempo que sea necesaria para que cada hincha que lo va a saludar, a pedirle una foto o una firma, se vaya con lo que fue a buscar. El último compromiso de la Superliga 2017/18 no fue la excepción. Cuando la totalidad de sus compañeros había abandonado el estadio Islas Malvinas, estuvo más de una hora para recibir y atender uno por uno a los fanáticos bodegueros que lo esperaban para obtener algún recuerdo de quien terminó como goleador del certamen con 17 goles en 27 fechas.

Fuera del verde césped, el Morro transmite tranquilidad, acompañada por humor y humildad. Así lo define su compañero y defensor de Godoy Cruz, Fabrizio Angileri: “A la hora de los partidos, el Negro es muy serio. Nos caga a pedos si jugamos mal. Pero en el vestuario es un personaje. Nos reímos mucho. Tiene buena personalidad y eso nos contagia. Además, es muy humilde”. Sin embargo, según manifestó García en una entrevista con el diario La Nación, la seriedad lo caracteriza al entrar a la cancha. “Cuando juego, soy serio. Soy de fastidiar a los compañeros, a los rivales, a los jueces. La gente que no me conoce piensa que soy un malhumorado o un soberbio”, declaró.

El morocho barbudo y cachetudo empezó a obtener la serenidad que requería al evitar meterse en problemas y al dedicarse a trabajar. “Yo no hablo. Voy a hablar en la cancha. Esperen el tiempo”, les dijo a los periodistas que lo interrogaron luego de haber quedado relegado al equipo de Reserva por decisión de Lucas Bernardi, técnico del equipo mendocino en 2017, debido a su sobrepeso, a pesar de que el propio García no se considera así, sino que detalla su cuerpo como “grandote y culón”.
Bajo ese contexto, mostró que las adversidades no lo vencen y que las supera a base de esfuerzo. Al igual que cuando le salió positivo un control antidoping en Nacional de Uruguay -club del que es hincha- en 2011, y cuando fue suspendido por tres meses al pelearse en un amistoso contra jugadores de Peñarol, en 2014, se repuso de la relegación sin poner excusas y sin echarle la culpa a terceros. Cuenta Sebastián Palacios, periodista mendocino de radio La Red, que García, puertas adentro y tras regresar al equipo de primera, le agradeció a Bernardi porque si no lo hubiese hecho poner en forma, no hubiera encontrado el nivel futbolístico que tiene hoy.

La gratitud por parte del uruguayo no terminó ahí. En lo que respecta a su paso por la Reserva, que duró dos meses, arregló junto al mediocampista Luis De Faría, por ese entonces capitán del equipo, la compra de un televisor para el vestuario del predio de Coquimbito, donde el plantel se entrena. Esto fue en agradecimiento a la ayuda que, tanto los futbolistas como el cuerpo técnico liderado por Diego Dabove, actual entrenador de la Primera, le habían brindado para recuperar su mejor rendimiento.

Cuando el árbitro pita el inicio del partido, no importa si es por los porotos o un amistoso de pretemporada, el montevideano transforma la cara y la actitud. Tiene al arco entre ceja y ceja y la palabra ganar en medio de la cabeza. Pero es consciente de que después de que el silbato suena tres veces al pasar los 90 minutos, lo que ocurre entre las líneas de cal, queda ahí. Afuera es otra cosa. Está la serenidad que Mendoza le contagia, algo que no se puede comprar ni tampoco se consigue fácilmente, como él mismo lo reconoce: “En Mendoza me siento muy feliz, muy querido y la verdad que eso no lo puedo pagar con nada. Encontré la tranquilidad que necesitaba en algún momento”.

La MLS crece, pero sigue sin abastecer a la Selección

Joaquín Arias

Tomemos el hecho de que la Selección Argentina de Lionel Scaloni dispute sus dos primeros encuentros en Estados Unidos como una oportunidad para pensar en su liga doméstica más rutilante, la Major League Soccer (que incluye tres equipos de Canadá), un certamen destinado a relucir lejos de las luces del fútbol americano de la NFL, del béisbol de la MLB y el básquet de la NBA, pero que en los últimos años ha gozado de un crecimiento notable que se traduce en cifras.

Según una encuesta realizada en diciembre de 2017 por la consultora Gallup, el fútbol se ubica como el cuarto deporte más popular para los estadounidenses y la audiencia televisiva de la liga crece 13% anualmente. El valor de mercado de Atlanta United, por ejemplo, es de 38,79 millones de libras esterlinas –un monto más elevado que los £33,50 millones de San Lorenzo- y la MLS fue la séptima liga con mayor asistencia a los estadios en la temporada pasada, por encima de la Ligue 1 de Francia y la Eredivisie holandesa.

El revulsivo que potenció esta evolución fue, indiscutiblemente, la cantidad de jugadores de probada idoneidad que aterrizaron en el último tiempo. Desde Sebastian Giovinco, que llegó al Toronto FC desde Juventus en plenitud (28 años) hasta Wayne Rooney y Zlatan Ibrahimovic, que con 32 y 36 años, respectivamente, dejaron la Premier League, pasando por jugadores campeones del mundo como Kaká, David Villa, Andrea Pirlo y Bastian Schweinsteiger y de Champions League como Frank Lampard, David Beckham y Ashley Cole.

Esta clase de jugadores evidencian que la jerarquía individual es un activo y que el foco de discusión aún permanece alrededor de la pregunta ¿qué tan competitivo es el torneo? “Todos sabemos que esta liga no es como la Premier League o la Bundesliga. Puede ser frustrante en el campo, cuando algunas cosas discutidas en la reunión del equipo no se implementan o cuando alguien pierde una pelota o simplemente no tiene ojo para el compañero”, expresó Schweinsteiger, que juega en Chicago Fire desde 2017. Una perspectiva diferente la ofreció su compatriota Tostern Frings, que vistió la camiseta de Toronto entre 2011 y 2012: “El nivel es, obviamente, no tan alto como en la Bundesliga, pero no es tan malo como parece. Todo es muy profesional”.

En este contexto, rodeados de figuras, bajo la órbita de entrenadores con experiencia internacional como Gerardo Martino y Bob Bradley (entrenador de Estados Unidos en el Mundial de Sudáfrica 2010), ingresos en dólares y “la oportunidad de vivir un estilo de vida diferente al que vivieron en Argentina”, como comentó el ex director técnico de Portland Timbers, Caleb Porters, se desempeñan 22 jugadores albicelestes, entre ellos Diego Valeri, último MVP de la liga. El oriundo de Valentín Alsina, compañero de Sebastián Blanco en Portland, no es la excepción a la regla: no fue ni es tenido en cuenta por los entrenadores de la Selección Argentina.

A la primera lista de Scaloni la distinguió su apuesta por la renovación y la inclusión de futbolistas jóvenes y con proyección que se destacan en sus clubes. Algunos del fútbol europeo (Simeone, Cervi, Martínez), otros del fútbol argentino (Palacios, Vargas, Di Plácido), pero ninguno de la MLS, aunque varios se destaquen entre los Villa y los Ibrahimovic. Por caso, el volante ex Huracán Alejandro Romero Gamarra, de 23, es, junto con Giovinco, el líder en la tabla de asistencias de esta temporada, mientras que Luciano Acosta, de 24, aportó 10 pase gol y siete anotaciones en el DC United de Rooney.

El fútbol de Estados Unidos es visto como ese juvenil que crece pero que es etiquetado como eterna promesa. La MLS no logra que su principal competidor deje de ser la Superliga China. Quizá el día en que el nivel de los equipos se empiece a parecer al de sus figuras, los DT albicelestes y del mundo comiencen a encontrar soluciones en la tierra de oportunidades.

Bernardello, de la tranquilidad de Canadá a su lugar en el mundo: Rosario

Gastón Adur

Es tranquilo, divertido, apasionado de Newell’s y más rosarino que el Monumento a la Bandera. Así lo definen los amigos a Hernán Bernardello, actual capitán de La Lepra, que luego de un paso por el fútbol de Europa y Colón en 2013 se fue a jugar al Montreal Impact de Canadá para poder vivir en paz con su familia.

El Cabezón, como le dicen desde chico, decidió desembarcar en Montreal luego del nacimiento de su hija en 2013, para encontrar paz y tranquilidad en la familia que estaba formando. “Tanto yo como mi mujer estamos muy contentos aquí. Es un lugar muy lindo”, declaró Bernardello, que vivió dos años en la ciudad.

Canadá tiene un clima frío, pero en la juntada de la familia Bernardello que se reunió para ver el clásico rosarino, había mucha calentura. La Lepra perdió 1-0 contra Rosario Central y en ese momento fue cuando, muy enojado -su hermano Gastón dice que muy pocas veces lo había visto así- le confesó a su familia que le gustaría regresar al país para jugar el próximo partido ante el Canalla.

La pasión por Newell’s que tiene fue más grande que su tranquilidad y decidió volver a Rosario. En su lugar natal lleva una vida tranquila y alegre, en la que anda en bicicleta, sale a correr, toma sol con su hija y se junta con amigos a comer asados. Pero, principalmente, está en el lugar que define como “la causa de su alegría”, porque se vuelve a sentir como cuando era chico.

Dicen que es imposible que un hincha de La Lepra tenga fanatismo por alguien de Rosario Central o viceversa, pero Bernardello es la excepción. Dentro de la cancha, en los clásicos, demuestra ser un cinco aguerrido de marca, que mete, raspa y juega contra el Canalla como si sus rivales fueran sus máximos enemigos a los que nunca más quisiera ver. Pero afuera, en la vida real, lejos de jugar como vive es un buen amante de la literatura de Roberto Fontanarrosa, hincha de Rosario Central.

Su hermano Gastón dice que Hernán es una amante de la lectura y que tiene muchos libros en su casa de campo ubicada en la localidad de Totoras, provincia de Santa Fe, en la que pasan con toda la familia las fiestas. El capitán de Newell’s tiene un librero con varias obras de Fontanarrosa, a quien considera el Lionel Messi de la literatura. “Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol”, confiesa que es su frase favorita del Negro.

El Cabezón se considera un afortunado de la vida porque pudo jugar contra “D10S”, como él denomina a Messi. “Me tocó enfrentarlo en categorías inferiores antes de que él se fuera a Barcelona. Es una persona digna de admiración tanto en lo futbolístico como en lo humano”, declaró Bernardello sobre su ídolo.

En su paso por el Almería de España, lugar en el que según él “vivió buenos tiempos”, se enfrentó a Messi y lo definió como “el mejor jugador de todos e imposible de marcar”. “Jugar con él en Newell’s sería mi máximo sueño”, enfatizó Bernardello, el capitán.

La Pochito no se rinde

Aixa Strycharski

Andrea “Pochito” Salazar, es una peleadora de Muay Thai que también compite en eventos de Kick Boxing y K1. Su presencia impone respeto. Eterna guerrera, todo lo que pone en su camino lo logra, es fuerte y capaz.

Su vida de deportista empezó de pequeña, era velocista. Después se dedicó a la gimnasia y luego, por un problema de salud, entró al mundo del arte thailandés hace 12 años. Fue pionera en este terreno, por aquel entonces sólo había cinco o seis mujeres entrenando. Pero ella nunca se sintió condicionada.

La vida del peleador no es fácil: “Bueno ahora es mucho más tranquila porque renuncié a mi trabajo en relación de dependencia hace una semana. Pero arrancaba muy temprano, a las 5.30 de la mañana. Desayunaba y me iba a trabajar hasta Banfield, yo vivo en Almagro, así que tenía una hora y media de viaje. Entraba a las 8 a trabajar y salía a las 15 o 16, llegaba a mi casa a las 18 y venía a entrenar, y hasta las 23 no volvía a mi casa. Pero ahí no terminaba: tenía que limpiar, cocinar, ocuparme de mi casa y de mis perros” explicó Pochito.

Actualmente cuenta con 13 encuentros y hace 5 años que empezó a pelear de forma profesional, la mayoría de ellas de carácter internacional. Salazar respira tranquila cuando cuenta que su familia siempre la apoyó. Sus abuelos la vieron pelear por la televisión. Si bien sus padres nunca la fueron a ver pelear, aún menos sus hermanos porque se vuelven “locos”; a ella nunca le importó, “Siempre fui muy independiente y ellos no tenían ningún tipo de influencia en mi vida” cerró la peleadora.

La Pochito, como la llaman sus alumnos, se está preparando para enfrentar en septiembre a la actual campeona Nina Loch, a la que ya tuvo el gusto de ganarle en una super fight. Pero la pelea que sigue tiene otro condimento; se disputa un título. Así que Andrea se puso a dieta: “uh, si, insoportable. Estás cansada y de malhumor, cuesta mucho. Ahora no peleo desde marzo, entonces ajustar la comida, la dieta me está costando. Me está costando humor, mucho cansancio físico, pero es parte de lo que nos gusta hacer exclamó con mucho fastidio.

La deportista, actualmente, se dedica de lleno a dar clases y a entrenar. Aunque ya no siente el estrés del compromiso que significa tener un trabajo en relación de dependencia, Andrea explicó que “el estrés existe igual, el peleador tiene una vida muy difícil. Mi trabajo en relación de dependencia me ocupaba tiempo pero económicamente me mantenía la cabeza tranquila. Ahora por el contrario estoy más libre de tiempo pero tengo la cabeza bastante intranquila con respecto a los gastos, a la economía, porque el país está pasando por una situación en la cual la gente lo primero que deja de hacer son los pequeños gastos: las clases particulares, el gimnasio, entonces se complica”.

El Muay Thai a nivel televisivo no existe. Creo que no se transmitieron muchas peleas de muay thai, por lo menos acá. Creo que ahora el evento de Cristian Bosch es transmitido por CN23. Obviamente, UFC logró un cambio enorme para todos los deportes de combate, no solamente en este país. Aunque aún está muy amateur Argentina con respecto al deporte, pero UFC abrió las puertas. Hizo evolucionar a muchos países como Brasil. Ellos tienen mucho apoyo del gobierno con respecto al deporte, los chicos que hacen deporte tienen torneos seguido, tienen su sueldo por dar clases, también de las empresas. Acá no conseguís eso ni por casualidad. Conseguir sponsors es casi imposible, porque no les interesa. Porque la difusión es poca, no van a poner plata en algo que no creen que vaya a funcionar” comentó desilusionada la luchadora.

A pesar de todas las piedras que la vida pone en el camino de esta gran mujer, ella sigue erguida para seguie poniéndole el pecho y una sonrisa a cada obstáculo. Y, entre risas soltó un mensaje que todos deberíamos apoyar: Estaría bueno que la gente apoyara un poco más. Nosotros defendemos la bandera muchas veces con plata nuestra. Yo he pagado muchísimos viajes para pelear y representar a mi país y nunca hubo una devolución. Así que sería bueno que empiecen apoyar un poco de la manera que sea, porque es un deporte como todos”.

No todas son risas, a pesar de ser una mujer muy fuerte también tuvo momentos en los que tiró la toalla.

-¿Alguna vez te sentiste con ganas de tirar la toalla?

-Si, dejé de entrenar varias veces, por problemas en el lugar donde estaba, o no me sentía cómoda porque obviamente como todo en la vida tiene un ciclo. Y llega un momento en el que todo se vuelve muy monótono y uno necesita avanzar un poco más y para eso tenés que tomar determinaciones y hacer cambios.

-¿Y te costaba tomar estas decisiones?

-Si, me costaba por una cuestión de respeto, de decir “ya no me siento cómoda o ya siento que culminé mi etapa acá o llegué a un techo en esta escuela y necesito cambiar. Me costó un poco hacerlo, y antes de hacer eso dejé de entrenar un poco.

-¿Y tus alumnos te siguen?

-(se sonríe) Si, mis alumnos me siguen, son re amorosos. A mi no me gusta mucho dar clases, tengo poca paciencia. Pero por suerte mis alumnos me siguen a todos lados.

El auge silencioso del fútbol femenino

Morena Beltrán

8 de abril de 2001. Boca y River se miden en la Bombonera por el Clausura. Juan Román Riquelme, luego de errar un penal y -en el rebote- convertir el gol, corre, abstraído, pidiendo pausa a sus compañeros. Se planta frente al palco de Mauricio Macri, presidente de Boca en aquel período, lleva ambas manos detrás de sus orejas y se queda, inmóvil. Con la misma quietud que aquel gesto, congelado, se transformó en un símbolo y se inmortalizó en el tiempo. El festejo del 10, que reclamaba una mejora contractual, reencarnó posteriormente en varias y varios futbolistas de diferentes clubes, países, etnias y nacionalidades.

17 años después de esta rebelión de Román -abril de 2018- el plantel completo de fútbol femenino, en la foto oficial previa al encuentro frente a Colombia por el cuadrangular de la Copa América, emula un Topo Gigio físicamente parcializado -llevan una sola mano por detrás de su oreja derecha- pero símil simbólicamente.

En Argentina, convivir con los extremismos es algo cotidiano. Lo que raramente sucede es que estos se combinen. El futfem quebró esa máxima. Mientras el número de chicas que practicaba la actividad se multiplicaba, AFA, en lugar de tomar estos índices como trampolín, lo guardó vagamente bajo la alfombra. No obstante, luego de dos años de amateurismo y sin competencia oficial, el fútbol femenino regresó para nunca más volver a cesar. Y, lejos de retractarse ante a la adversidad, la enfrentan. Porque así se quieren: escuchadas, organizadas y, sobre todo, dejar de ser invisibilizadas.

Las jugadoras están en conflicto con la dirigencia argentina. “700 camisetas. 600 shorts. 200 pares de medias. 100 botines. 200 buzos. 200 pantalones. 100 camperas. 100 pelotas. 200kg de yerba. 60 termos. Un contenedor con carne. Y la Selección Femenina peleando por ropa del 2010, por un viático digno, por un poco de RESPETO”, se aquejaba Laurina Oliveros, arquera de la Selección, en su cuenta de Twitter, al enterarse del equipamiento que sus pares masculinos llevarían a Rusia 2018. A diferencia de ellos, las chicas no cuentan con un salario ni perciben premios. El único pago es un viático diario que, a fines de 2017 rondaba los 150 pesos por entrenamiento y 450 si tocaba viajar. “Estamos tratando cambiar de adentro para afuera porque de afuera no viene nada. Queremos ser escuchadas, cosas mínimas por lo menos. La Selección Argentina me parte el corazón, discutimos, pedimos cosas mínimas. Hay muchas de las chicas que dejan su trabajo para venir y estar acá. Están perdiendo cosas, realizan un gran esfuerzo. Llegan cansadas, mal comidas, pero siempre entrenan. Esas cosas en la Selección no pueden suceder. Hay veces que nos dan ropa XL, somos mujeres, estamos representando a nuestro país. Da mucha tristeza. No pedimos fortunas, pedimos que nos respeten y que nos cuiden”, lamentaba Soledad Jaimes, referente y goleadora del plantel, en diálogo con Página 12.

En este contexto, la disciplina crece como el pasto de un campo abandonado. Coexistir a partir de la desidia, algo que no puede continuar. Por el derecho a dejar de ser amateurs en un espacio de exigencia profesional. Por el derecho a contar con un proyecto dedicado y honesto que funcione desde las divisiones formativas. Por el derecho a contar con terrenos dignos para entrenar y competir. Por el derecho acceder a un vestuario apropiado. Por el derecho a la difusión y no a la omisión mediática. Por el derecho a un salario digno para vivir del fútbol y no desvivirse por él.

Despojar la cancha de estereotipos, apostar a la equidad y posibilitar a tantas chicas la libertad de elegir el fútbol como recurso de vida, porque así se quieren y así las queremos.

Guiñazú siempre quiere más

Brian Miranda

“Él es anormal, siempre va más allá y busca superar los límites”, declaró Flavio Soares, preparador físico del Internacional de Porto Alegre (Brasil), sobre Pablo Guiñazú, uno de sus entrenados entre 2007 y 2012.

Hoy esa frase sigue vigente y se sostiene más que nunca. El “Cholo” encara con 40 años una nueva temporada con Talleres de Córdoba. Ni las lesiones ni la edad pueden hasta ahora sacarlo de las canchas.

“El día que no disfrute dos días seguidos voy a abandonar. Hoy estoy acá sintiéndome como cuando tenía 18 y 20. Soy un hombre grande pero pensando como un pibe”, dijo Guiñazú a comienzos de este año. Fiel a su palabra, se ajusta la cinta de capitán del club cordobés en la Superliga 2018/2019.

A pesar de ser un jugador poco propenso a las lesiones, el cuerpo del experimentado volante le trajo ya mínimas dolencias que le impidieron dar el ciento por ciento de su rendimiento o, quizás, lo obligaron a descansar. Pero es un hombre que supera barreras constantemente, y a esos pequeños obstáculos que le pone su propio cuerpo, lo contrarresta con la fortaleza mental. “Su factor más importante es su cabeza, nunca se conforma, busca siempre dar más”, dijo Mauro Ceruti, su preparador físico en los últimos dos años en Talleres.

Guiñazú lo demostró en varias ocasiones: una de ellas fue en el comienzo de la última pretemporada, en la que superó unas lesiones para estar presente en el primer amistoso del equipo, y como es habitual, fue una pieza clave en el planteo de Juan Pablo Vojvoda, entrenador de Talleres, que terminó en victoria.

Un desgarro tampoco es un límite para el “Cholo”. Su mente y su característica “garra” hacen que termine de jugar el partido y se lleve los aplausos de todo el estadio, a pesar de las adversidades físicas. Lo dejó en evidencia en el partido contra Huracán por la Superliga 2017/2018.

Guiñazú es un jugador que, a base de su experiencia, comparte y transmite muchos valores a todos sus compañeros de vestuario, como la capacidad de liderazgo y la igualdad de condiciones y de voz que tiene cada uno, sin necesidad de poseer la cinta de capitán. Pero también los pone a prueba, y los convence y motiva de hacer lo que a él lo transforma, según Soares, en anormal: superar los límites. El ex compañero del Cholo en Internacional, Marcos Antônio de Lima, más conocido como “Indio”, remarcó esto: “Es un tipo positivo, batallador. Cuando nos cansamos, nos hace ir más lejos, nos da confianza”.

UAI, el joven equipo que pisa fuerte y que grita campeón

Morena Beltrán

UAI Urquiza pisó fuerte otra vez. Asomó cabeza en 2012 para no esconderse nunca más: entonces, solo se ausentó de la final en el Torneo 2016/17. Las chicas de Villa Lynch obtuvieron en julio su cuarto título luego de las conquistas del Clausura 2012, Apertura 2014 y el Torneo 2015/16 (sub-campeón Clausura 2013 y Torneo 2015).

Las Guerreras cayeron ante Boca por 2 a 1 en el Complejo Pedro Pompilio pero, de modo fulgurante, dejaron sin reacción a las Gladiadoras de la Ribera y lo dieron vuelta 4 a 0 en condición de local, con una actuación estelar de Mariana Larroquette, autora de los primeros tres tantos. El restante lo convirtió Florencia Bonsegundo, enganche habilidosa, que emigró al futbol español luego de la obtención del campeonato.

El plantel dirigido por Germán Portanova es el hueso más duro de roer en la actualidad; de hecho, llegó a la final de manera invicta. Por autoestima, técnica y entendimiento táctico, es, junto a Boca, el equipo de mayor jerarquía en el fútbol once de Argentina. Materia prima premium puesta en funcionamiento. Las jugadoras que lo integran son: Laurina Oliveros; Marina Delgado, Adriana Sachs, Johanna Masagli, Sofía Schell, Karen Vénica, Miriam Mayorga, Florencia Bonsegundo, Mariana Gaitán, Belén Potassa, Mariana Larroquette, Rocio Bueno, Milagros Menéndez, Anahí Arias, Solana Pereyra, Antonella Tassero, Natalie Juncos y Macarena Sánchez Jeanney.

¿Próximo ansiado destino? Manaos, donde la UAI representará al país en el certamen sudamericano más prestigioso: la Copa Libertadores, que dará inicio el 18 de noviembre y finalizará el 2 de diciembre. Las Guerreras partirán rumbo a tierras de Marta en busca de hacer historia donde las brasileñas, ampliamente favoritas, intentarán prolongar la hegemonía.

Hay que retomar al año 2009 para hablar de la creación del Torneo, fundado por la CONMEBOL, que decretó que, a partir de 2019, los clubes que no tuviesen fútbol femenino no podrán participar de certámenes internacionales.

Las diferencias primordiales entre el formato del género femenino y de su símil masculino son:

-Hasta la edición 2017, no podían participar clubes invitados de otras confederaciones.

-El certamen se realiza en un solo país, con la participación de un equipo invitado, más allá de los campeones de cada liga local.

-Se disputa un partido por el tercer puesto.

-Es la única competencia que promueve, junto a la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, la competencia entre clubes femeninos a nivel continental en el mundo.

UAI Urquiza intentará superar el tercer puesto, su mejor rendimiento -y el de Argentina-, alcanzado en 2015 (Boca, edición 2010, tercero y River, edición 2017, mismo lugar) y quitarle la corona a las rainhas do futebol, quienes, de 9 campeonatos disputados, obtuvieron 7. Sao José acomoda en su vitrina tres trofeos, Santos dos, Ferroviária uno, Gremio Audax (flamante campeón) uno, Sportivo Limpeño (Paraguay) uno y Colo Colo (Chile) uno.

Las casi tres décadas de la liga femenino en Argentina

Morena Beltrán

El 26 de octubre de 1991 dio inicio el primer Campeonato de Fútbol Femenino, integrado por ocho equipos: Boca Juniors, Excursionistas, Independiente, Yupanqui, Deportivo Español, Deportivo Laferrere, Sacachispas y River Plate. Luego de siete fechas disputadas, el 15 de diciembre, las Millonarias se consagró campeón.

Formato:

Desde su creación hasta 2001, sólo un campeón se coronaba anualmente. En 2001 se implementó el formato de Apertura y Clausura, el mismo sistema que en la Primera División masculina, para no volver a variar hasta 2015. A partir de esa temporada, el torneo fue alterado para durar un año calendario y se sumaron Almagro, Liniers y Defensores del Chaco.

En la temporada 2011-12, por primera vez, la AFA permitió que participaran, a través de invitaciones, equipos de instituciones no afiliadas a la asociación. De este modo, escuadras como UBA, Hebraica y Vélez de Mercedes, entre otras, pudieron competir.

En 2016 se fundó la Segunda División y la Primera volvió a mutar: con un piso de 10 equipos para que, gradualmente, con los ascensos y descensos, vaya aumentando el número de participantes. En aquel torneo descendió Puerto Nuevo y ascendieron Atlanta, Villa San Carlos y El Porvenir, de modo tal que la temporada 2016-17 contó con 12 equipos y la 2017-18, tras el descenso de Independiente y los ascensos de Morón, Excursionistas y Hebraica, con 14 equipos.

La edición entrante, 2018-19, dispondrá de dos ruedas de 16 fechas (partidos de ida y vuelta). Una vez finalizada la fase regular, comienzan los Play Offs de la Copa de Oro. Los dos primeros clasifican directamente a las Semifinales del torneo, mientras que del tercer puesto al sexto, integran una preliminar que los llevará a ocupar los otros dos lugares de esta Copa. El primero no solo será campeón nacional, sino que tendrá un boleto para participar de la Copa Libertadores.

Entre el séptimo y octavo puesto se clasifican a las semifinales de la Copa de Plata y del noveno puesto al decimosegundo puesto a la fase preliminar de la misma Copa. El anteúltimo no clasifica a nada mientras que el último desciende a la Segunda División.

Campeones:

Boca Juniors es el club con más campeonatos en la historia del fútbol femenino argentino. El equipo xeneize cuenta con 23 títulos en su palmarés, mientras que River Plate, su escolta, posee 11 trofeos. Luego sigue UAI Urquiza, revelación de los últimos años, con cuatro, y San Lorenzo, con dos. En 27 años, son los únicos equipos que han alzado la Copa de Primera División.

A nivel nacional:

El fútbol femenino es un fenómeno que ha tomado tal magnitud en los últimos años que, debido a la sobrepoblación, en 2012, el Consejo Federal (órgano interno de la AFA) incorporó el Torneo del Interior Femenino, competencia en la que clubes o selecciones de ligas regionales del interior del país podían participar.

El campeonato es conformado por dos zonas de cuatro equipos cada una, en la que se enfrentan todos contra todos. Los vencedores de cada zona, por acumulación de puntos, clasifican a la final de torneo, a partido único. Las ocho escuadras que participan son las campeonas de ocho regiones distintas.

El placer de estar cerca

Juan González

“Me estaba limpiando una chomba, que yo me había manchado, con una rejilla y la tenía de frente. Nos miramos y nos dimos un beso. Pero justo limpiándome una chomba sucedió.” No fue el modo más romántico pero así resultó la primera salida de Fernando Telechea con Carina, su esposa con la que tuvo a sus dos hijas: Felicitas y Julieta. A las tres las tiene presente en alma y, también, en cuerpo ya que tiene los nombres de ellas tatuadas: La de sus hijas en el brazo izquierdo y el de su mujer en la pierna derecha debajo de una flor. Siempre que marca un gol besa sus nombres en el festejo porque si no se le “enojan” en casa.

Juntar papas hasta los 20 años no parece el inicio de la vida de un futbolista, y menos si se arranca en un equipo del Federal B, torneo ya inexistente, a los 26 y se debuta con su primer club profesional a los 28. Pero así es la vida de un delantero que siempre estuvo apegado a su familia. El goleador de Aldosivi, que arrancó en el pequeño club de Balcarce, siempre los tiene presentes en cada decisión que toma en torno a su carrera deportiva.

Cuando tuvo que salir de su ciudad natal y abandonar el trabajo y la familia para dedicarse a su carrera deportiva, Telechea confesó que ese movimiento fue un salto en lo emocional al ser la primera vez que se alejaba de ellos. Ese dolor de separarse de su familia desapareció con la llegada de su mujer e hijas.

Es por eso que cada vez que llegaba un club que lo quería, decía que lo hacía por el bien de ellas. Así fue también como salió de su anterior equipo, Patronato de Paraná, del que confesó que sinceramente se tenía que ir porque había otros temas primordiales, como en este caso su familia. No estaba en sus planes pero por adentro suyo sabía que a pesar del buen rendimiento que tenía en el equipo, su vida fuera de la cancha era lo más importante. La lejanía de separarse de ellos, como sucedió con sus padres en Balcarce, era un factor que no iba a soportar otra vez.

Actualmente vive en Mar del Plata, a 64 kilómetros de su ciudad natal, Balcarce, y ya en el final de su carrera, los sentimientos siguen siendo los mismos que al principio: el placer de tener cerca a sus seres queridos.

Una bandera, la televisión y el silencio ruidoso

Joaquín Arias

Domingo 26 de agosto, 17:45. Estadio Gigante de Arroyito, zona norte de Rosario. Central estrena como local su condición de líder de la Superliga Argentina de fútbol y la ilusión que despierta la punta del campeonato es tan grande como el compromiso de visibilizar la delicada coyuntura atravesada por la educación publica nacional.

En una de las tribunas populares, la que cada dos semanas ocupan Los Guerreros, barra brava del conjunto rosarino, se exhibe desplegada una bandera a través de la cual se exige “Con la educación no se jode”, en mayúscula, letras azules y fondo amarillo. Una muestra de apoyo que no abunda en las canchas argentinas pero que, cuando ocurre, suele ser ignorada por la televisación. En este caso, fue difundida a través de las redes sociales y gozó de un gran rebote, producto de publicaciones de periodista tales como Juan Jurado, de Fox Sports, y Federico Lamas, de Diario Popular.

Es probable que esta clase de pancartas, en caso de ser mostrada, pueda generar un efecto contagio y, en consecuencia, ser replicada en otros estadios del país. Quienes tienen la responsabilidad de elegir mediante un click si hacen visible o no estos gestos de respaldo y deciden omitirlos, acostumbran a escudarse en su presunto apartamiento de cualquier acto que pueda ser considerado político.

Esa justificación es, en sí misma, un acto político. El silencio es un acto político. Y hace ruido. Y más aún si detrás de ese silencio ruidoso el futuro de un país entero parecería estar último en la tabla de posiciones.