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El grito de gol más poético de Messi

Por Julieta Landriel

Pocas veces se lo vio a Lionel Messi gritar un gol de la manera en que lo hizo al minuto 95 contra Austria. Su segundo tanto del partido, quinto del torneo, y decimoctavo en Mundiales. La escena explotó desde que remató con zurda después del pase de Paredes y salió a correr como un nene. Uno de 38 años que en dos días cumpliría 39 y jugó desde el arranque con la intensidad que ameritaba. Se cayó al piso, vio cómo la pelota entraba y en el festejo largó pasión, bronca y cansancio. Un gol poético por el simple hecho de ser suyo, coronado con descarga emocional. 

El estadio estalló. En la tribuna vive su carrera: los hinchas no dejaron ni una de sus camisetas sin usar en el estadio. La “19” del Mundial 2006, en el que Diego Armando Maradona festejó desde el palco su debut y primer gol en Mundiales con la Selección (un 16 de junio en Alemania). Seguro que él hasta lo ponía de titular. La del Barcelona, no puede faltar. La del PSG, aunque no fue su etapa más feliz. Y esa rosa que muchos critican, pero lo revitalizó.

Fueron cinco los jugadores que defendían el arco cuando le pegó. Dos justo en la línea en la que rodó el balón. ¿Y el resto de los jugadores argentinos? Inmóviles. Desde la gambeta de Messi arrancada en el punto penal y jugada hacia la izquierda del área chica. Enzo Fernández amagó con acompañar, pero al verlo controlar prefirió quedarse mirando. Como un hincha más. Atrás, Leandro Paredes. El instante previo tenía que estar concentrado por si había otro rebote y a la vez casi saltaba de los nervios. Y Julián Alvarez, el mismo que a los 11 años había nombrado a Messi como su ídolo y al Mundial como su sueño.

El cronista Joaquín Bruno será envidiado. Fue el primero al que miró el ahora máximo anotador en solitario en la historia de esta competencia para gritarlo y chocarle las manos. Qué lujo. El número 10 que logra erizar la piel de todo un país (y del mundo del fútbol). Y de tal resiliencia que, después de errar un penal en el inicio, concluye coloreando la página en un abrazo de más de veinte personas en el campo de juego.

La pelota lo hizo campeón, su humildad lo hará eterno

Por Abigail Quiroz y Iara Montes Pérez

N’Golo Kanté, crecido en un barrio humilde de las afueras de París, fue criado en medio de una familia de inmigrantes originarios de Mali. Tras una infancia llena de golpes y con la muerte de su papá a los 11 años, pasó de recoger basura a convertirse en uno de los jugadores más reconocidos: campeón del mundo con Francia en 2018, figura de Chelsea y campeón de la Champions League en 2021.

A diferencia de muchas estrellas, Kanté no fue considerado promesa desde pequeño. Era bajito y físicamente débil para los estándares del fútbol profesional. El deporte le abrió una puerta pero nada fue sencillo para él, los rechazos llegaron antes que los aplausos. Mientras otros jugadores de su edad estaban en grandes equipos, él jugaba en categorías inferiores de Francia, incluso llamaba la atención su peculiar manera de llegar a los entrenamientos en monopatín, ya que no contaba con un vehículo para movilizarse.

Hasta que llegaría el Mundial Rusia 2018, donde sería un antes y un después en su vida. Aquel muchacho, reservado, se convirtió en una pieza fundamental de la selección francesa que conquistó el mundo. Mientras millones de personas celebraron la consagración de Francia, Kanté sonreía tímidamente detrás de la copa más deseada del mundo. Como si aún le costará entender que ese sueño imposible se había vuelto realidad.

Pero lo más extraordinario no fue el título, lo verdaderamente increíble fue que nada lo cambió. Ni la fama, ni los contratos millonarios y mucho menos las copas ganadas lograron borrar la esencia de aquel chico que aprendió a valorar cada oportunidad que le brindó la vida. Mientras otros se dejaban seducir por los lujos, el mediocampista siguió siendo el mismo hombre sencillo, amable y respetuoso que no se dejó caer por las batallas vividas porque primero había conquistado a sus compañeros y luego al mundo entero.

Hoy ese hombre, quien saluda desde la primera persona a la última que se encuentra en cada partido, o quien se queda a ayudar a los utileros después de un entrenamiento mientras que sus compañeros vuelven al vestuario, conserva intacta la esencia de aquel niño que soñaba en silencio, recordando al mundo que la humildad puede ser eterna.

Porque algunos futbolistas son recordados por los trofeos que ganan. Otros, por los goles que convierten. Kanté será recordado todavía por algo más difícil: demostrar que se puede llegar a la cima sin perder los valores en el camino.

En un deporte donde el brillo suele estar en los reflectores, él eligió brillar desde la sencillez. Porque levantó la Copa del Mundo, pero nunca dejó de tener los pies sobre la tierra. Al final el mayor triunfo de Kanté no fue ser campeón del mundo. Fue seguir siendo él mismo.

La FIFA se vende al mejor postor

Por Nazareno López

El Mundial 2030 tiene varios tintes históricos, no solo por el factor de ser el centenario de la primera Copa del Mundo, sino también por la cantidad de anfitriones que tendrá el certamen: seis países serán las sedes del torneo: España, Portugal y Marruecos albergarán casi en su totalidad el campeonato, mientras que Argentina, Uruguay y Paraguay tendrán un partido cada uno. Aún no se sabe si contará con 64 selecciones como quiere la CONMEBOL, para que los tres sudamericanos puedan disputar su grupo en su respectivo país, o si la FIFA mantendrá los 48 actuales.

La decisión del ente presidido por Gianni Infantino de contar con seis sedes diferentes fue criticada por hinchas, dirigentes y periodistas. Las distancias entre países como principal factor y cómo esto podría afectar al rendimiento de los jugadores. También recibió críticas Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL, por no sostener la candidatura sudamericana (Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile) y conformarse con solo tres partidos. Pero el principal problema y trasfondo que cuenta este mundial no es alguno de los ítems antes mencionados, sino el porqué de tantos países. Y ese porqué tiene nombre y apellido: Arabia Saudita.

A fines del año 2024, la FIFA estaba intentando vender sin éxito los derechos televisivos del Mundial de Clubes 2025. Ninguna empresa estaba dispuesta a pagar los 1.000 millones de dólares que pedía Infantino. Sin embargo, el 4 de diciembre llegó la salvación: DAZN.

El medio británico adquirió los derechos globales del certamen luego de pagar el monto que había pedido la FIFA, en un movimiento que llamó la atención por el difícil momento que atravesaba la cadena, ya que contaba con pérdidas anuales de más de 1.000 millones de dólares y 7.300 millones desde el año 2019. Pero las dudas se despejaron en febrero del 2025, dos meses después de la firma de DAZN con la FIFA. El PIF (Fondo de Inversión Pública) es un fondo soberano de origen saudí que busca diversificar la economía de Arabia Saudita y mejorar la imagen del país, y que a través de su rama deportiva SURJ Sports Investment, se convirtió en accionista minoritario de la compañía británica inyectando 1.000 millones de dólares.

Según The New York Times, el PIF buscaba negociar con la FIFA los derechos televisivos del Mundial de Clubes y para poder meter en esa negociación la obtención de la sede del Mundial 2034.

¿Pero cuál es la relación entre las multisedes del 2030 y la negociación entre el PIF e Infantino? 

La FIFA establece un criterio de rotación continental para la elección de las sedes. Este factor no permite que una confederación sea candidata si esta fue sede en una de las ediciones anteriores, por este motivo, el Mundial 2034 tendría que ser en la AFC (Asia) o en OFC (Oceanía) sí o sí, porque lo precede el del 2030 que se habrá jugado en tres asociaciones distintas: UEFA por España y Portugal, de la CAF por Marruecos y de CONMEBOL por Argentina, Uruguay y Paraguay. También influye la actual Copa del Mundo 2026 que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México (CONCACAF). Por eso no fue casualidad que el 11 de diciembre del 2024, tan solo 7 días después de que saliera a la luz la venta de los derechos a DAZN, el Congreso Extraordinario de la FIFA anunció los partidos inaugurales del Mundial 2030 en Sudamérica y la confirmación de que la Copa del Mundo 2034 se celebrará en el país saudí.

Qatar 2022 fue el primer mundial en Oriente Medio y el de Arabia Saudita 2034 habrá sido el segundo en dicho territorio, y todo indica que no serán los últimos en estas tierras.

Partido a partido en donde no los hay

Por Matías Cuesta

Es miércoles 17 de junio. Ayer Argentina le ganó 3 a 0 a Argelia por la primera fecha de la fase de grupos del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026. Los goles los hizo un solo jugador: Lionel Messi. Hat-trick. Igualó a Miroslav Klose como máximo goleador de la Copa del Mundo. Una exhibición del diez argentino, que parece que no le pasa el tiempo.

Kansas City ya está vacía, son las diez de la mañana y no camina un alma por la calle. La pasión de los argentinos se fue de la ciudad, que parece desierta, algo raro para sus 508.090 habitantes en el área metropolitana. Se ven autos, pero no gente deambulando. “Hoy en día, casi todo el mundo trabaja desde su casa”, dice la cajera del café de turno.

Comienza el viaje a Dallas, donde Argentina tiene dos partidos, faltan seis días para enfrentar a Austria. De camino está Joplin. La última ciudad que atraviesa la Ruta 66 en el estado de Missouri tiene alrededor de 51.000 habitantes.

El primer tramo de la ruta en el estado de Kansas pasa por Galena, que sirvió como inspiración para la famosa película de autos: Cars. Idéntico a “Radiador Springs” -pueblo ficticio de la película- en casi todo sentido: corto, no hay gente por las calles, un solo local abierto y hasta una grúa oxidada, de donde sale el personaje “Mate”. Además, lo ambientaron con personajes, algo que obliga a los turistas a parar.

Siguiendo por la 66, se encuentra Miami, pero no la de Florida. Que, aunque la selección no juegue ahí, sigue lleno de argentinos. La ciudad está en el estado de Oklahoma, tiene una población de 13.000 habitantes y hasta un aeropuerto. Pero sus calles están vacías. A un nivel casi apocalíptico. Un solo café abierto.

En la ciudad de Tulsa no cambia nada por la tarde. Muchos más comercios abiertos; hay más de 400.000 personas en el centro, pero sin personas en los parques ni caminando en las calles. Solo autos estacionados, las cuadras llenas, ni un lugar para dejar el auto. Por la noche hay más movimiento, bares con mesas ocupadas para ver béisbol, no Colombia-Uzbekistán.

Al día siguiente, la Ruta 66 condujo a Stroud: un pueblo de menos de 3.000 habitantes. Si Miami era apocalíptica, Stroud es desértica. Una estación de servicio y una especie de kiosco, con bebidas, golosinas y cartas coleccionables de la NBL, NFL y la NBA. Hay una que sobresale, no por el nombre de Jim Thorpe, sino por el valor: no tenía. Encuadrada en la pared del mostrador donde exhibe las más costosas. “Es el orgullo de Stroud”.

Homenaje a Jim Thorpe en las calles de Stroud

Jim Thorpe fue uno de los deportistas más extraordinarios de la historia por su capacidad de sobresalir en múltiples disciplinas. Practicó atletismo, fútbol americano, béisbol y básquet a nivel profesional. En los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912 ganó las medallas de oro en pentatlón y decatlón; demostró una versatilidad excepcional. En el fútbol americano profesional también se destacó. Fue el primer presidente de la NFL en 1920 mientras jugaba para los Canton Bulldogs de Ohio. Su legado lo convirtió en un símbolo del deporte mundial y en uno de los atletas más completos.

A una hora en auto se encuentra la ciudad de Oklahoma, es tan bonita que te hace olvidar de lo anterior. La soledad de las veredas, los comercios cerrados, edificios abandonados. Todo eso se acaba cuando una ciudad sabe vivir el deporte. Es la casa de los Oklahoma City Thunder, equipo campeón de la NBA en 2025 y finalista de conferencia oeste en 2026.

En el centro de la ciudad hay alrededor de 700.000 habitantes. Al estar en Oklahoma, es muy normal ver personas armadas en las calles. Es uno de los estados más permisivos respecto a la portación. Con 21 años tenés la posibilidad de comprar cualquier arma de fuego sin permiso alguno. También para los alquileres, con solo tu registro de conducir argentino y $60 dólares, podés disparar 30 veces una Glock 9 milímetros semiautomática. Por eso la mayoría de comercios, sean gastronómicos, de entretenimiento o de venta al público, suelen tener un letrero en la puerta prohibiendo el ingreso de armas de fuego.

Viernes 19 de junio, faltan 2 días para que Argentina enfrente a Austria. En Estados Unidos es el Día de la Emancipación. Es un feriado federal que conmemora el fin de la esclavitud en Estados Unidos. Concretamente, recuerda el día de 1865 en que los últimos afroamericanos esclavizados en Galveston, Texas, se enteraron de su libertad. Al ser un día festivo oficial, las oficinas de gobierno, los bancos y el servicio postal cierran sus puertas mientras el país celebra la cultura e historia afroamericana.

Pero el deporte no frena, los Comets, equipo de béisbol de Oklahoma, reciben a los Sacramento River Cats. Los locales vencen 7 a 3 en diez entradas con un 4-0 en la novena y terminan la fiesta con un show de fuegos artificiales conmemorando en familia el Día de la Emancipación.

Ya sábado, Dallas parece Núñez, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un día de partido por eliminatorias sudamericanas. Por cuadra hay 4 o 5 argentinos de paseo, que recorren el centro de la ciudad. Ubicada en el estado de Texas, que tiene alrededor de 1,3 millones de habitantes, y que el 41% es de origen hispano o latino. Igual, mires para donde mires, hay una remera de Argentina, pocas de Austria.

Caminar por esta ciudad es recorrer un lugar marcado para siempre por la historia. En la Dealey Plaza resulta imposible no imaginar la caravana presidencial avanzando aquel 22 de noviembre de 1963. Está el antiguo depósito de libros desde donde se realizaron los disparos. Sigue siendo uno de los puntos más visitados de la ciudad. El silencio de muchos turistas contrasta con el ambiente mundialista que generan las camisetas de fútbol. Más de seis décadas después, el asesinato de John F. Kennedy es un acontecimiento que conmueve a quien visita Dallas.

Es domingo, y en el Klyde Warren Park los hinchas argentinos organizaron un banderazo para las 15, pero desde las 12 ya se vive la previa del Argentina-Austria. La plaza que está sobre la autopista 366 se transforma en la fiesta más popular de Dallas. Los simpatizantes de la selección no paran de llegar. Copan, a puro bombo y redoblante, un cántico constante que extienden hasta las 20, cuando empieza a bajar el sol.

Es lunes 22 de junio, Argentina le gana 2 a 0 a Austria por la segunda fecha de la fase de grupos de la Copa del Mundo. Lionel Messi fue el autor de ambos y se convirtió en el máximo goleador en la historia de la competición con 18 tantos en 28 encuentros. Otra exhibición del diez argentino; tiene 39, los cumplió este miércoles 24 de junio.

“La Desgracia de Gijón”: el día que Austria arregló con Alemania y eliminó a Argelia del Mundial

Por Juan Franco Gomez Sacks

Es viernes 25 de junio de 1982. En El Molinón, ubicado en Gijón, España, país en el que se desarrolla la Copa del Mundo, se enfrentan Austria y Alemania Federal por la tercera jornada de la fase de grupos. Es uno de los partidos más trascendentales que albergará esta ciudad en el certamen. De un lado, los bicampeones (1954 y 1974), que están obligados a la victoria para avanzar de instancia. Del otro, el Das Team, que llega como único líder del grupo 2 y que arrastra un buen desempeño de la edición disputada en Argentina, en la que compitió hasta la segunda ronda y derrotó, aunque sin chances de clasificar, a su ahora rival. 

Argelia, gran sorpresa de la zona, cumplió con su deber y superó 3-2 a Chile el jueves. Suma cuatro unidades, ya que en su estreno -es su primera participación- venció por la mínima nada más y nada menos que a los alemanes. Aunque cayó con Austria en el segundo compromiso, su triunfo ante el elenco sudamericano lo dejó bien parado como para seguir el camino. Una igualdad, una victoria del combinado de la dupla técnica Latzke-Schmidt o una goleada de Las Águilas por tres tantos o más, le otorgará el pase. En las gradas de la cancha de Sporting, se mezclan españoles, alemanes y austríacos, pero también hay algunos sectores ocupados por fanáticos de Los Zorros del Desierto, atentos y a la espera de un resultado favorable.

40.000 espectadores, cuando el reloj marca las 17.15, presencian el inicio del compromiso. Hay una incertidumbre que merodea por cada rincón del recinto. ¿Será Austria capaz de eliminar a esta potencia en primera fase por primera vez en la historia? Lo cierto es que el equipo que viste de blanco se hace dueño del primer tramo del encuentro. Y tiene las figuras necesarias como para hacerlo los 90 minutos. Harald Schumacher, en el arco, Paul Breitner, en el mediocampo, y el capitán, Karl-Heinz Rummenigge, en el ataque, son algunos de sus estandartes.  

Con el muslo derecho, el delantero Horst Hrubesch envía al fondo de la red un centro de Pierre Littbarski. Con ese grito, Alemania Federal hace los méritos necesarios para ser líder del grupo y avanzar de fase en tan solo diez minutos. Es un resultado con el que ambos pican su boleto a la próxima ronda. Enseguida, el arquero austriaco Friedrich Koncilia le tapa un mano a mano clarísimo a Wolfgang Dremmler. Todo parece indicar que los dirigidos por Juper Derwall no tendrán piedad y ratificarán su candidatura al trono. 

Robert Seeger, relator austríaco y a cargo de una transmisión en vivo para su país, contaría tiempo después: “Conduje desde Madrid hasta Gijón con la ilusión de ver cómo Austria eliminaba a Alemania”. La confianza en ese equipo era muy grande y la ilusión por dejar en camino a un gigante en la primera instancia estaba latente. “Al principio estaba asustado por si nos metían tres”, agregó, ya haciendo referencia al inicio del partido, con un escenario completamente diferente al que deseaba en la previa.

Desde que el compromiso tocó los 30 minutos, no pasa mucho. Alemania Federal ha bajado su intensidad del arranque. Merece ganar por más, pero no puede sostener ese buen nível con el que apabullaba a su rival. Austria parece desordenada y agotada. Ha pisado el área contraria muy pocas veces y no ha generado remates claros al arco que defiende Schumacher. Se podría decir que se entró en un bache. Lo más destacado es una dura entrada de Dremmler sobre Prohaska, pero poco más. Y, ahora que el árbitro marca el final del primer tiempo, el público empieza a mostrar su disconformidad: ambos equipos se retiran hacia los vestuarios con una cortina de silbidos que se había empezado a originar con un toqueteo del equipo rojo detrás de mitad de cancha.

Los jugadores regresan al verde césped de Asturias para el segundo tiempo. Saben que los fanáticos no aguantarán un desempeño como el de los últimos minutos. Pero poco parece importarles. Ambas selecciones apenas avanzan. Prefieren pasar la pelota de un lado al otro. Sólo hay remates -o mejor dicho intentos- al arco. Todos se van muy elevados, como un tiro libre exageradamente sin fuerza por parte de Rummenigge. Si hubiese que hacer un compilado de las jugadas más peligrosas, este no debería incluir más que algunos pelotazos para avanzar metros o duelos aislados por la posesión del balón. Poco más. Los primeros momentos de este encuentro pertenecen a un partido aparte. Hace rato que dejó de jugarse al fútbol.

Algunas décadas después, Walter Schachner, un rebelde extremo austríaco que no respetaba lo que acontecía y que intentaba ingresar con el balón en el área alemana, citó unas palabras que le había dicho el defensor alemán Hans-Peter Briegel: “Pero hombre, no corras tanto”. Luego de su pretensión por buscar la igualdad, sus compañeros decidieron no pasarle la pelota. No querían echar a perder el plan. Además, fue uno de los dos amonestados de aquella tarde. 

“Vemos que muchas personas están abandonando el terreno de juego”, comenta la televisación española, que muestra su claro disgusto con este segundo tiempo. Con el marcador sin moverse más que por los minutos, se comienzan a ver algunos disturbios en las tribunas. En el córner izquierdo del arco que defiende Austria, hay un pasillo por el que suben efectivos policiales. Es que, ante lo que contemplan, algunos espectadores intentan meterse dentro del campo de juego. “Ya ven, ya ven”, se descarga el relator contra Breitner, el número 3 del conjunto triunfante, cuando no puede controlar una pelota en la medialuna adversaria. “Estamos en el último minuto del aburrimiento”, avisa el comentarista cuando se acerca el pitazo final.

El escocés Bob Valentine determina el final y Alemania celebra su victoria, pero los jugadores de Austria levantan los brazos porque también lograron el objetivo: clasificar a la próxima ronda. El estadio se deshace en chiflidos por parte de un público que se dedicó a cantar en contra de ambos equipos. “¡Fuera, fuera!”, “¡Argelia, Argelia, Argelia!” y “¡Que se besen, que se besen!”, fueron algunas de las letras elegidas. El complemento no fue más que un entrenamiento para dejar el tiempo pasar. Argelia finalizó en el tercer escalón, con la misma cantidad de puntos que los otros dos países por diferencia de gol, pero no pudo seguir en competencia en su primera Copa del Mundo, a pocos días de cumplir los 20 años de su independencia de la colonización francesa, lo que hubiese significado una enorme alegría para esa tierra. ¿Se acuerdan que hablábamos de Robert Seeger? Bueno, a cargo de la emisión en la TV pública austríaca, recomendó ¡apagar la televisión! Eberhard Stanjek, narrador alemán, dejó de relatar el compromiso en señal de repudio. 

El hecho tomó repercusión inmediata. El periódico El Comercio, de Gijón, decidió incluir el partido en dos de sus secciones: Sucesos, en la que había mayoría de noticias de robos, y, lógicamente, Deportes. “Unas cuarenta mil personas, presuntamente estafadas en El Molinón por 26 súbditos alemanes y austríacos” y “Timo a 40.000 espectadores”, respectivamente, fueron los títulos. El ABC español tampoco se quedó atrás y publicó: “Vergonzoso vals austro-húngaro en El Molinón, en perjuicio de Argelia”.

En 2007, Briegel, futbolista alemán, confesó que ese partido había sido arreglado entre ambos conjuntos: “Tomamos la decisión entre todos, ellos y nosotros, de no esforzarnos demasiado en el partido contra Austria”. Si bien la actuación dentro de El Molinón resultó más que evidente, lo cierto es que nunca se había podido comprobar. De hecho, la FIFA, ante el reclamo de Argelia, no pudo tomar ninguna represalia. Se trataba de un vacío legal. “Sólo me puedo disculpar ante los argelinos porque habían merecido clasificarse para la segunda fase”, finalizó el defensor. “Ver a dos grandes potencias rebajándose para eliminarnos fue un homenaje a Argelia. Ellos avanzaron con deshonor, nosotros nos fuimos con la frente en alto”, destacó el defensor Chaâbane Merzekane, integrante del plantel africano, mostrando más orgullo que rencor. 

Este partido marcó un antes y un después en la historia de los Mundiales y se catalogó como “La Desgracia de Gijón”. Fue tanta la disconformidad que la FIFA tuvo que modificar la regla. Para la edición de México 1986, todos los partidos definitorios de la fase de grupos se disputarían en el mismo día y horario, con el fin de evitar arreglos entre selecciones y perjudicar el espectáculo futbolístico. Desde este miércoles 24 de junio, en una nueva edición del máximo torneo a nivel países, se está desarrollando la tercera fecha de la primera fase, con los compromisos de cada zona a la par. Es decir, el cambio se mantiene. Algo que a Argelia le hubiese servido -y mucho- en 1982. Pero todos conocemos este famoso refrán: “El fútbol siempre da revancha”. El próximo sábado 27, el combinado africano enfrentará a Austria en Kansas, desde las 23, con un objetivo claro: vengar el amaño entre los europeos que les impidió avanzar de fase por primera vez. Quien triunfe, obtendrá la clasificación directa como escolta de Argentina. Es un cruce que se disputará en el césped estadounidense, pero que se viene jugando en cada imaginación de los habitantes argelinos desde hace 44 años. 

 

El liderazgo detrás del silbato

Por Agustina Sequeira y Camila Pérez Fernández

Fue nombrado en el 2006 por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) como árbitro del año y es recordado por la polémica final de Alemania 2006. Horacio Elizondo es considerado como el mejor árbitro de la historia de Argentina y uno de los dos únicos argentinos en dirigir la final de un Mundial.

El quilmeño cuenta con una trayectoria de más de 1800 encuentros dirigidos, entre los que destacan 11 superclásicos y 23 clásicos. A nivel nacional fue el encargado de arbitrar el último partido oficial de Diego Armando Maradona y es el árbitro con más partidos entre Boca y River, con un total de 11 encuentros.

En el plano internacional, Elizondo arbitró 150 encuentros en total, de los cuales 22 fueron partidos de Eliminatorias, en especial las europeas convirtiéndose en el primer árbitro sudamericano y único argentino en dirigir allí; también dirigió tres finales de la Copa Libertadores y cinco partidos del Mundial 2006, es el único árbitro de la historia en dirigir la apertura y cierre de un Mundial.

Junto con Néstor Pitana en 2018, fue uno de los dos árbitros argentinos en dirigir la final de un Mundial. En su caso, fue seleccionado en Alemania 2006, donde Italia se coronó como tetracampeón luego de ganarle en la tanda de penales a Francia. Ese día Elizondo expulsó a la gran figura de ese Mundial, el francés Zinedine Zidane, en el último Mundial que jugó antes de retirarse.

En tiempos donde no existía el VAR, tras un cabezazo del mediocampista en el pecho de Marco Materazzi durante el tiempo suplementario como reacción al insulto proveniente del defensor italiano, el argentino tomó la decisión, luego de hablar con el cuarto árbitro, de sacarle la tarjeta roja.

Tras su amplia trayectoria y sus acertadas decisiones, Elizondo traspasó las fronteras del fútbol y desde su retiro en diciembre del 2006 transmite todo su conocimiento del mundo de las decisiones, el liderazgo y el trabajo en equipo.

Después de retirarse del arbitraje profesional, continuó ligado al fútbol desde roles de dirigencia y capacitación. Luego de una extensa trayectoria como árbitro internacional, pasó a desempeñarse como instructor y director arbitral en diferentes países. En Argentina trabajó dentro de la AFA, donde ocupó cargos vinculados a la formación y la conducción del arbitraje nacional. Con el paso de los años, comenzó a desarrollar proyectos internacionales de asesoramiento arbitral.

En 2023, la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) lo eligió para liderar la Comisión Nacional de Árbitros tras las denuncias sobre una presunta red de corrupción de partidos en la temporada de ese año de la División Profesional boliviana. Su llegada tuvo como objetivo reorganizar y recuperar la credibilidad del arbitraje en el país. En mayo de 2024 se retiró del cargo debido a su cargo en Costa Rica

Desde septiembre de 2024 hasta principios de 2025 fue presidente de la Comisión Arbitral de Costa Rica. Allí llevó a cabo un proyecto de profesionalización del arbitraje. Elizondo dejó una huella importante en el arbitraje de Costa Rica, especialmente por su liderazgo en la implementación del VAR.

Hoy 20 años después y con 62 años llega a la Copa del Mundo pero no es su rol habitual sino como técnico de los árbitros de México, esto fue gracias a que formó parte de un proceso que inició la Federación Mexicana de fútbol y además ya cuenta con experiencia en ese rol, ya que fue instructor de árbitros de Paraguay y Costa Rica. Y en Argentina fue director nacional de arbitraje.

Del seleccionado mexicano solo dos árbitros fueron los elegidos por la FIFA para dirigir en este Mundial.

Katia Itzel que por su destacada trayectoria internacional, su excelente técnica y su capacidad de dirigir torneos masculinos, es una de las únicas seis mujeres elegidas para arbitrar en esta Copa del Mundo. Si bien ya tuvo experiencia en torneos de alto nivel, ya que formó parte del cuerpo arbitral de los Juegos Olímpicos París 2024 y ha sido rankeada entre las mejores árbitras del mundo, este será su debut en un Mundial.

Por otro lado César Ramos, quien es uno de los árbitros más experimentados en México, es árbitro internacional desde hace más de diez años y este será su tercer Mundial consecutivo en el que va a dirigir.

Otro 24 de junio, una historia que sigue escribiéndose

Por Blanca Duarte y Thiago N. Etchegaray

El 24 de junio tiene un lugar especial en la historia argentina, no es una fecha más. Es el día en que se recuerda a Carlos Gardel y sus legendarios tangos. El día en que nacen hombres como Osvaldo Zubeldía, Juan Román Riquelme y Juan Manuel Fangio, que marcaron una huella imborrable en el deporte argentino. Cómo no nombrar a quien dejó la vida por la patria, el gran Sargento Juan Bautista Cabral, o al escritor Ernesto Sábato, lírico y emocionante como ningún otro. Nombres que dejaron su marca en la historia en aquello que hicieron. Y también, en 1987 en Rosario, es el día en que nació Lionel Andrés Messi Cuccitini.

Tal vez por eso resulta tan difícil encontrar las palabras justas. Porque Messi parece reunir un poco de todo lo que admiramos. Tiene el cariño popular que acompaña a Gardel generación tras generación. La obsesión y el hambre por superarse de Zubeldía. La sensibilidad para inventar algo distinto que tantas veces mostró Riquelme con sus pinceladas de fútbol. Y la grandeza de Fangio, capaz de ser el mejor sin necesidad de decirlo. Pero al mismo tiempo, Lionel no se parece a nadie.

Porque mientras los homenajes suelen mirar hacia atrás, él obliga a mirar hacia adelante. Hoy cumple 39 años y sigue escribiendo páginas nuevas. Llega a este cumpleaños compitiendo su sexto Mundial, llevando otra vez la camiseta argentina sobre los hombros e intentando dejarla en lo más alto (sí, otra vez). Llega después de marcar los tres goles en el debut ante Argelia y de convertir los dos tantos del triunfo frente a Austria. Cinco goles en apenas dos partidos. Cinco goles que alimentan la ilusión de todo un país y que lo convierten en el máximo goleador en la historia de la Copa del Mundo, otro récord en una lista interminable, incluso de los negativos: el jugador con más penales errados (3) en los Mundiales, marca que lo convierte aún más humano y que demuestra que no está exento de malos partidos.

Los años lo convirtieron en un veterano de mil batallas. Pero hay algo que el tiempo todavía no pudo quitarle: el entusiasmo de un pibe. La alegría por competir. Las ganas de seguir desafiándose. La ilusión de volver a empezar cada torneo como si todavía tuviera algo que demostrar.

Durante años imaginamos este momento de otra manera. Pensamos que a esta altura estaríamos recordando sus hazañas, como si ya hubiera terminado su recorrido. Pero, una vez más, Leo volvió a romper todos los pronósticos. Volvió a sorprendernos. Mientras el tiempo avanza para todos, él sigue encontrando la manera de emocionar. Por eso este cumpleaños no se trata solamente de celebrar una fecha, sino de agradecer.

Agradecer al chico que salió de Rosario persiguiendo un sueño detrás de una pelota. Agradecerle al capitán que nunca dejó tirados a los suyos. Al futbolista que soportó derrotas, críticas y desilusiones hasta llevar a la Argentina a lo más alto. Y también al hombre que, después de muchas caídas se levantó para ganar todo y que, aun así, sigue encontrando motivos para competir y querer más. Agradecerle a Lionel, pese a cargar con la mochila más pesada que supo cargar alguna vez un mortal, su lucha incansable por resistir hasta el final para cosechar (al fin) los frutos de la victoria. Un animal competitivo que llegó a la cima del mundo.

En una fecha atravesada por tantos nombres que dejaron su huella vale recordar a Juan Bautista Cabral. Y aunque las comparaciones no son exactas, hay algo que los une: su entrega por Argentina y la decisión de dejar la bandera en lo más alto. Messi lo hizo a su manera, mediante gambetas, asistencias, goles y una fidelidad inquebrantable (que se mantuvo a pesar de los momentos más duros de su carrera) a la Selección durante más de dos décadas.

Hay ídolos que marcan una época. Messi hace tiempo que dejó de pertenecer solamente a una. Los que lo vieron debutar todavía lo disfrutan. Los que crecieron con él ya lo cuentan entre los grandes recuerdos de sus vidas. Y los más chicos aún siguen descubriéndolo mientras el 10 maravilla al planeta fútbol con sus milagros. Leo marcó su legado en todas las generaciones.

Quizás ahí esté la verdadera dimensión de su historia. No en los números, aunque los tenga todos. No en los títulos, aunque los haya ganado todos. Ni siquiera en los récords, aunque siga derribándolos cuando muchos creen que ya no queda nada por conquistar. La grandeza de Lionel Andrés está en otra parte. Está en haber sostenido la excelencia durante más de dos décadas. En haber cargado con expectativas que ningún otro futbolista conoció. En haber atravesado derrotas, críticas y desilusiones sin dejar de intentarlo. En haber llegado a la cima y quedarse allí. Está en haberse convertido en el parámetro de lo inimaginable.

Y en ese punto, cuando ya parece que todo está dicho, aparece otra forma de entender su historia.

El 24 de junio también nació Ernesto Sábato. Un hombre que dedicó su vida a buscar palabras capaces de contener emociones, contradicciones y sueños. Alguien que entendió que lo importante no siempre es explicar, sino lograr que algo quede resonando en quien lo lee. Tal vez por eso la coincidencia no sea casual. Porque hay personas que encuentran su forma de dejar huella a través de lo que escriben, y otras que lo hacen desde lo que hacen sentir. 

Messi eligió otro lenguaje. No escribe novelas ni ensayos. Compone sus obras con una pelota en los pies. Lo suyo no se lee: se vive. Se recuerda en una gambeta, en un pase imposible o en un gol que queda guardado para siempre en la memoria de millones de personas.

Y como ocurre con todo aquello que deja huella, el paso del tiempo no lo desgasta, lo vuelve más grande.

Quizás por eso este pibe de 39 años trasciende los récords, los títulos y hasta las comparaciones. Porque mientras muchos de estos héroes de nuestra historia pertenecen al recuerdo, él continúa construyendo su presente. Y tal vez sea la mejor manera de entender este nuevo 24 de junio: no como el cumpleaños de una leyenda del pasado, sino como otro capítulo de un libro que se niega a terminar y con más historias por contar.

El pibe de 39

Por Jorge Acevedo

El 16 de junio de 2006 un tal Lionel Andrés Messi esperaba su momento sentado en el banco de suplentes. Tenía apenas 18 años, el pelo casi por los hombros y la “19” en la espalda. Todavía no era el mejor del mundo, tampoco el capitán ni el emblema de una generación. Era un chico al que señalaban como el futuro.

En el Mundial de Alemania, ese futuro se hacía presente. Messi daba sus primeros pasos en una cita mundialista, debut y una historia de amor que hasta hoy sigue latente.

La selección argentina goleaba a Serbia y Montenegro por la segunda fecha del grupo C en la Copa del Mundo. El partido estaba resuelto cuando José Pekerman miró hacia el banco y tomó una decisión. A falta de quince minutos, llamó a Messi. El joven rosarino ingresó por Maxi Rodriguez y pisó por primera vez el césped en un Mundial. Nadie lo sabía en ese entonces, pero aquel cambio abrió una historia que atravesaría dos décadas y seis Mundiales.

Porque aquel chico no entró para cumplir. Entró para dejar una marca. En apenas unos minutos asistió a Hernán Crespo y luego convirtió el sexto gol argentino. Debut mundialista, asistencia y gol. Como si quisiera presentarse ante el planeta de una sola vez, se convirtió en el jugador más joven en marcar un gol para la selección, uno de los muchos que haría representando a su país.

Veinte años después, la escena parecía imposible.

El 16 de junio de 2026, la vigente campeona del mundo debutó en el Mundial. Con muchas expectativas ya que Argentina nunca pudo ganar en su estreno luego de ser campeones del mundo. El mismo Lionel Messi salió a la cancha en Kansas con el pelo un poco más corto y la “10” en la espalda. Dos décadas después de aquel estreno en Alemania seguía ocupando el mismo lugar: el centro de la escena.

A los 38 y casi 39 años, cuando la lógica del fútbol suele hablar de despedida, Messi eligió responder con tres goles ante Argelia y alcanzó la marca de Miroslav Klose como el máximo goleador en la historia de los Mundiales con 16 goles. A diez minutos del final dejó el campo ovacionado por miles de argentinos que se pusieron de pie para despedirlo. Como si supieran que cada función puede ser una de las últimas. Como si quisieran agradecerle veinte años de magia en apenas unos segundos de aplausos.

Seis días después la selección afrontó su segundo partido en fases de grupos, y como si lo anterior fuese poco, lo volvió a hacer. A 40 años de los dos goles del Diego a los ingleses, por esas casualidades del destino, Leo marcó un doblete ante Austria, convirtiéndose en el máximo goleador en la historia de los Mundiales con 18 goles.

El “10” y capitán de la selección argentina, por si algunos se preguntaban en qué condiciones llegaba a su sexto Mundial respondió de esta forma, jugando al fútbol. Haciendo lo suyo, a lo que nos tiene acostumbrados, la rutina de lo extraordinario.

Veinte años separan aquellas dos imágenes. En una aparece un chico, de pelo largo, que entra al campo con los ojos llenos de ilusión. En la otra, un campeón del mundo que abandona la cancha bajo una ovación y dueño de récords que parecían inalcanzables.

Entre aquellas dos imágenes pasó una vida. Cambió el número de la camiseta. Cambió el peinado. Cambiaron los compañeros, los entrenadores y los estadios. El único que permanece es Messi.

Porque dos décadas después de su debut mundialista, el pibe de 18 años sigue estando ahí. Hace 20 años era el futuro, hoy a los 39, sigue siendo el presente.

Permanece Messi, pero también la sensación de privilegio. La sensación de estar viendo a Lionel Andres Messi Cucittini mientras todavía juega al fútbol. Y quizás por eso cuesta tanto imaginar el fútbol cuando ya no esté ahí.

¿Colombiano o ecuatoriano? El caso que pudo dejar a Ecuador sin Mundial

Por Matías Cohen

El 5 de mayo de 2022, a poco más de seis meses del inicio del Mundial de Qatar, la Federación de Fútbol de Chile presentó una denuncia ante FIFA contra Byron Castillo y la Federación Ecuatoriana de Fútbol. La acusación apuntaba directamente a la identidad del futbolista: Chile sostenía que Castillo había nacido en Colombia y que utilizó documentación falsa para representar a Ecuador durante las Eliminatorias Sudamericanas.

La denuncia cayó como una bomba en Sudamérica. Ecuador cababa de clasificarse al Mundial tras terminar cuarto en las Eliminatorias, mientras que Chile había quedado eliminado. Si FIFA aceptaba el reclamo y le daba por perdidos a Ecuador los partidos en los que participó Castillo, la tabla podía modificarse por completo. Chile soñaba con meterse en Qatar desde los escritorios. Perú, que había terminado en repechaje, también siguió de cerca el caso y luego se sumó a las apelaciones.

El foco de toda la discusión estaba puesto sobre Byron Castillo. Según la denuncia chilena, el futbolista no era ecuatoriano sino colombiano, nacido en Tumaco, Nariño. Además, aseguraban que incluso su fecha de nacimiento había sido adulterada. Mientras en Ecuador defendían la legalidad de toda la documentación, desde Chile presentaban informes, certificados y hasta investigaciones judiciales realizadas años antes dentro del propio territorio ecuatoriano.

La situación escaló todavía más meses después, cuando apareció un audio difundido por el Daily Mail en el que supuestamente se escuchaba a Castillo reconociendo haber nacido en Colombia y admitiendo inconsistencias en sus documentos. El material recorrió el continente y volvió a instalar la idea de que Ecuador podía quedarse afuera del Mundial a semanas de Qatar. Sin embargo, la Federación Ecuatoriana cuestionó la validez del audio y sostuvo que nunca pudo comprobarse de manera oficial que la voz fuera del jugador.

Mientras el debate explotaba en medios, redes sociales y programas deportivos, Byron Castillo atravesaba uno de los momentos más difíciles de su carrera. El propio futbolista reconoció públicamente que pensó en abandonar el fútbol por toda la presión generada alrededor del caso. También habló de insultos en los estadios y de una situación que, según él, “venía de años”.

El primer fallo importante llegó el 10 de junio de 2022. El Comité Disciplinario de FIFA rechazó la denuncia chilena y dio por cerrado el caso. Para el organismo, Byron Castillo era elegible para jugar con Ecuador y no existían motivos suficientes para aplicar sanciones deportivas. Chile apeló inmediatamente la decisión y Perú acompañó el reclamo. Sin embargo, el Comité de Apelaciones de FIFA volvió a fallar a favor de Ecuador en septiembre de ese mismo año. Pero la historia no terminó ahí. Chile y Perú llevaron el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo, el TAS, la máxima instancia judicial del deporte mundial. Allí el conflicto tomó otra dimensión. Ya no solo se discutía si Castillo podía jugar para Ecuador, sino también si la Federación Ecuatoriana había utilizado documentación irregular durante las Eliminatorias.

Finalmente, el 8 de noviembre de 2022, el TAS emitió el fallo definitivo. El tribunal concluyó que Byron Castillo sí era elegible para representar a Ecuador, por lo que la clasificación al Mundial no se modificaba y la selección seguía dentro de Qatar 2022. Sin embargo, el TAS también determinó que la Federación Ecuatoriana había utilizado un documento con información falsa. Por eso, Ecuador recibió una sanción de tres puntos menos para las próximas Eliminatorias rumbo al Mundial 2026 y una multa económica de 100 mil francos suizos.

El castigo terminó siendo menor a lo que pretendían Chile y Perú, que buscaban directamente la exclusión de Ecuador del Mundial. Byron Castillo, por su parte, no recibió una sanción deportiva individual. Aun así, la polémica alrededor de su nacionalidad lo persiguió, incluso, después del fallo.

Ecuador disputó el Mundial de Qatar sin ningún problema, aunque Castillo finalmente no integró la lista definitiva de convocados. La Federación Ecuatoriana evitó exponer el caso en plena Copa del Mundo y decidió dejar afuera al jugador que, durante meses, puso en duda la clasificación.

Noventa minutos en contra

Por Luna Lorenzo

Mientras el Mundial descubre nuevas figuras, también se convierte en el escenario de las últimas funciones de una generación que marcó una época. Entre estadios llenos y nuevas promesas, algunos futbolistas disputan algo más que una Copa del Mundo: juegan contra el reloj. 

El tiempo del estadio marca los noventa minutos. El de ellos marca otra cosa.

En cada Mundial nacen héroes. Un pibe desconocido convierte un gol inesperado, una selección sorpresa elimina a una potencia y una nueva generación se abre paso entre los flashes. Así funciona el fútbol. Así funciona el tiempo. Pero mientras el Mundial 2026 busca a sus próximos protagonistas, hay otra historia que se desarrolla en paralelo: la de los futbolistas que saben que cada partido puede ser el último con su selección.

No hace falta que lo digan. Se nota en los gestos.

En la forma en que observan el himno antes del encuentro. En los segundos que se quedan mirando las tribunas cuando termina el calentamiento. En los abrazos que duran un poco más de lo habitual.

Durante años fueron el presente del fútbol. Acumularon títulos, derrotas, lesiones, récords y elogios. Crecieron bajo la mirada de millones de personas y se acostumbraron a convivir con la presión. Sin embargo, ni la fama ni el talento pudieron negociar con el tiempo. El Mundial 2026 les recuerda una verdad incómoda: ninguna carrera es eterna.

La historia de los Mundiales está llena de finales de ciclo. Pelé se fue en México 1970 levantando la Copa. Diego Maradona tuvo su última función en Estados Unidos 1994. Zinedine Zidane cerró su recorrido mundialista en Alemania 2006. Cada generación tuvo sus héroes. Cada héroe tuvo un último partido.

Lo particular de este es que parece reunir varias despedidas al mismo tiempo.

Entre los futbolistas más veteranos del torneo aparecen nombres que definieron una era. Lionel Messi disputa la competencia con 38 años. Cristiano Ronaldo llegó a los 41. Luka Modrić atraviesa el torneo con 40. Son jugadores que comenzaron sus carreras profesionales cuando muchos de sus compañeros actuales todavía cursaban la escuela primaria.

Si existe un apellido capaz de resumir esta generación, es Messi.

El capitán argentino llegó a Norteamérica para disputar su sexta Copa del Mundo. Debutó en Alemania 2006 con apenas 18 años. Veinte años después sigue jugando el torneo más importante del planeta. Entre aquel primer partido y este presente pasaron 28 encuentros mundialistas, un nuevo récord que se suma a su trayectoria.

Y como si fuera poco eligió empezar este Mundial escribiendo otra página histórica.

El 16 de junio, en Kansas City, Argentina debutó frente a Argelia. La expectativa estaba puesta en saber cuánto podía aportar un futbolista que se encuentra a días de cumplir 39 años. La respuesta llegó en forma de exhibición. Messi convirtió los tres goles del triunfo argentino y firmó el primer hat-trick de su carrera en una Copa del Mundo. Argentina ganó 3 a 0 y el capitán volvió a ocupar el centro de la escena.

Pero esa actuación fue apenas el inicio. Seis días más tarde volvió a ser determinante ante Austria: marcó los dos goles de la victoria argentina y elevó su cuenta personal a cinco tantos en apenas dos partidos.

Con esas conquistas alcanzó los 18 goles mundialistas y se convirtió en el máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo. También se transformó en el primer futbolista en disputar seis Mundiales y en el jugador de mayor edad en marcar un hat-trick en la competencia.

Algo parecido ocurre con Cristiano Ronaldo. También alcanzó la marca de seis participaciones mundialistas y continúa siendo una referencia para Portugal. Su carrera atravesó más de veinte años en la élite y lo convirtió en uno de los nombres imprescindibles para entender el fútbol del siglo XXI.

Luka Modrić representa otro caso singular. El croata, de 40 años, sigue siendo el cerebro de una selección que sorprendió al mundo durante la última década. Su presencia en este Mundial es la continuidad de una historia que parecía terminada varias veces y que siempre encontró una página más para escribir.

Neymar también forma parte de esa generación que se resiste a abandonar el escenario. A los 34 años disputa su cuarta Copa del Mundo y llegó al torneo después de atravesar uno de los períodos más difíciles de su carrera. Una grave lesión de rodilla sufrida en 2023 lo mantuvo alejado de la selección brasileña durante más de dos años, pero logró regresar a tiempo para integrar la lista de Carlo Ancelotti. Su presencia en Estados Unidos, México y Canadá excede cualquier análisis sobre su actualidad futbolística: con 79 goles en 128 partidos es el máximo goleador de la historia de Brasil y uno de los futbolistas más influyentes que produjo el país en las últimas décadas. 

En los entrenamientos ya no corren igual que antes. El cuerpo empieza a enviar señales que durante años permanecieron ocultas.

Sin embargo, hay algo que sigue intacto. La experiencia.

En los vestuarios se transforman en otra cosa. Los más jóvenes los escuchan porque crecieron viéndolos por televisión. Los observan con la misma admiración con la que antes ellos observaban a sus propios referentes.

“Ellos tienen la capacidad para leer los momentos, es algo que no se mide con estadísticas. Por eso son distintos”, expresa con los ojos llorosos Lautaro, un chico de 26 años que mira el partido entre Argentina y Austria con sus amigos en un bar de Don Bosco. 

Y mientras eso ocurre, el fútbol mira hacia adelante.

Kylian Mbappé continúa escalando posiciones entre los máximos goleadores mundialistas. Jude Bellingham lidera el recambio inglés. Lamine Yamal representa el futuro de España. Son nombres destinados a ocupar el lugar central cuando la generación de Messi, Ronaldo, Modrić y Neymar abandone definitivamente el escenario.

El ciclo se repite. Siempre se repite.

Dentro de algunos años, cuando se recuerde este Mundial, tal vez lo más valioso no sean los números. Ni los goles. Ni las marcas históricas. Ni el campeón. Tal vez lo que permanezca sea la imagen de cuatro gigantes compartiendo una misma Copa del Mundo mientras el tiempo intenta alcanzarlos.

Messi. Ronaldo. Modrić. Neymar.

Nombres que definieron una era. Una generación. Y acompañaron la vida de millones durante más de veinte años.

Y por eso cada partido tiene un significado distinto. Porque los noventa minutos en cancha terminan. 

Pero las leyendas encuentran otro lugar para seguir jugando: los recuerdos de millones que crecieron junto a ellos.