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De Rosario a la cima: Gonzalo Echenique y su camino a la élite del waterpolo

Por Thiago N. Etchegaray

Jueves 27 de agosto de 2009. Gonzalo Echenique se despide de su familia por última vez antes de emprender el viaje hacia Barcelona que lo cambiaría todo. Mientras asciende por las escaleras mecánicas del aeropuerto internacional de Ezeiza, observa cómo sus padres y sus hermanos se pierden de a poco entre la muchedumbre. Sabe que construir de cero su vida sin el bullicio que implica vivir entre 12 hermanos, lejos de Gimnasia y Esgrima de Rosario (GER) -su segunda casa- y sin alentar a Newell’s en la tribuna sur del Coloso Marcelo Bielsa será un desafío duro de afrontar. Abajo quedan las vivencias que lo formaron. Arriba, con 19 años y una valija en la mano, comienza una historia que todavía no puede imaginar.

Gimnasia y Esgrima de Rosario es reconocido en la ciudad. También es elegido por las familias rosarinas como el lugar donde sus hijos se vinculan con el deporte. No fue la excepción de los Echenique: Gonzalo y sus 11 hermanos -ocho mujeres y cuatro hombres- vivieron sus infancias ligadas al club y a las actividades de sus respectivas disciplinas. “Era de película cuando llegaban en manada a la sede Parque en las pretemporadas. Era una linda manera de acompañar”, cuenta Gabriel Martino, ex entrenador de GER y de la Selección Argentina de waterpolo.

Mientras unos eligieron el rugby, el tenis, el fútbol y el voley, Chalo lo siguió a su hermano Ignacio y se inclinó por la pileta. En un principio, encontró en la natación su pasión y la forma de olvidarse de la cotidianidad. Con el tiempo, transformó a la pileta en su hábitat natural, del que nadie lo puede sacar y donde abunda la tranquilidad. “En casa son once hermanos… Meterse a la pileta y no escuchar a nadie era un espectáculo”, recordó entre risas en una entrevista con La Capital en 2022. A los 12 años, su físico y velocidad llamaron la atención en los profes de waterpolo, quienes lo invitaron a probar. Quedó.

Su familia construyó una red de contención que, según cuenta Sonia Saglietti, madre de Gonzalo, permitió a todos sus hijos convivir, compartir y competir entendiendo que “en los deportes de equipo es esencial requerir de los compañeros para crecer”. El apoyo de los padres también fue persistente ante el crecimiento deportivo: hicieron el esfuerzo económico para que Chalo viaje a los torneos que fue convocado con las selecciones juveniles, como el Mundial Sub 20 de Los Ángeles 2007 con tan solo 17 años.

El waterpolo no es un deporte popular en Argentina. Ni siquiera es profesional. Aún está lejos de serlo. La falta de clubes que practiquen el deporte y promuevan su divulgación no ayudan. Todo es un conjunto que provoca que las figuras nativas decidan emigrar para no estancarse en su crecimiento deportivo. Y es en Europa, en países como Croacia, Hungría, Serbia, España e Italia donde ganan la técnica, los movimientos y la fricción que nunca encontrarán en Sudamérica. Están a otro nivel.

Se suele decir que los zurdos son más creativos, inteligentes y habilidosos en la práctica deportiva. Entre los 12 hermanos Echenique, sólo el décimo halló mayor habilidad en el brazo izquierdo: Gonzalo. Aunque no sabe por qué fue así. Escribe con la mano derecha, pero en el momento que le llegó la pelota en su primer entrenamiento, levantó la izquierda. Pasó y pasa.

“Tiene muchas virtudes, pero que sea zurdo ya lo hizo sobresalir del resto”, comenta Ignacio Echenique, el mismo que fue partícipe del arribo de su hermano al waterpolo. Lo primero que impactaba -e impacta- en su juego era lo intempestivo que resultaba al momento de atacar. La superioridad en las categorías juveniles era tal que comenzó a ser pieza fija del primer equipo de GER a los 15 años.

Si algo saben ciertos rosarinos exitosos en el deporte es cruzar el Océano Atlántico, como Lionel Messi alguna vez, sin certezas de qué los deparará. Ese primer paso fue la decisión de irse a España a jugar en el CN Montjuïc de Barcelona. Chalo decidió avanzar. Dejar atrás la rutina para soñar en grande tiene un costo que no figura en ningún resultado deportivo: el desarraigo, la adaptación a una nueva cultura lejos de Rosario y la exigencia de un deporte de élite, absolutamente diferente a lo que es el waterpolo en Argentina.

El esfuerzo, sin embargo, nunca lo hizo solo. El respaldo de su familia fue la base desde la que se animó a construir una identidad competitiva propia y lo empujó hacia lo más alto. Hoy, con 36 años, los frutos de su dedicación y perseverancia están a la vista: campeón del mundo con la selección de Italia en 2019 (NdR: adquirió la nacionalidad italiana en mayo de 2017 mientras jugaba en el Pro Recco), pentacampeón de la Champions League -su última conquista fue hace tan solo dos meses en el CN Barceloneta- y uno de los mejores jugadores del planeta. Un éxito forjado en Rosario, con la formación que solo el club y la contención familiar pueden dar, y que se consolidó en Europa a costo del sacrificio que implica soñar en llegar a la cima del deporte.

Hoy y siempre, los lápices seguirán escribiendo 

Por Juana Enrico 

La Plaza Dr. Bernardo Houssay, flanqueada por las facultades de Medicina y Ciencias Económicas, es el escenario diario de innumerables postales: el festejo eufórico de quienes se reciben con pintura y papelitos, el bullicio de los chicos que salen del colegio para ocupar las canchas y el color de las ferias artesanales entre semana. 

Pero hoy, a cincuenta años de la bautizada Noche de los Lápices, la plaza se convierte en el punto de encuentro donde cientos de estudiantes secundarios se nuclean para marchar hacia la Plaza de Mayo, llevando bien alto el testimonio de una memoria que sigue viva. 

Algunos sostienen carteles con la leyenda “la juventud tiene memoria”; otros dibujan sobre el cemento un puño negro que alza un lápiz rojo. En ese gesto, los jóvenes sintonizan con el invierno de 1976 en La Plata, cuando las aulas eran trincheras frente al terror y la censura. Tanto aquella militancia como los reclamos por el boleto estudiantil dialogan hoy con una urgencia distinta, pero igual de firme: defender la educación pública frente al desfinanciamiento y sostener el derecho a aprender sin que el futuro sea un lujo inalcanzable. La historia se pliega en las manos de esta generación y el frío de las diagonales platenses se vuelve pulso vigente. 

Sofía cursa su anteúltimo año de secundaria. Tiene puesto ese guardapolvo blanco que es abrigo y marca de identidad para la escuela estatal. Con témpera en la espalda lleva la frase “treinta mil compañerxs detenidxs desaparecidxs presentes ahora y siempre”. Se la nota orgullosa mientras intenta organizar a sus compañeros en ronda, haciéndose lugar entre la multitud que sigue de largo en su apuro cotidiano. 

Unos ya se suman a esa columna al ritmo de “a donde vayan los iremos a buscar”; otros se acercan tejiendo conversaciones de a varios, en un murmullo que une. En tiempos donde desde los lugares de poder se valida el desprecio, donde el grito ahoga la escucha y el agravio se confunde con autenticidad, ver la calidez de esta juventud reunida desde el afecto y la memoria tranquiliza el aire. Medio siglo después, es la evidencia más clara de que, siempre y cuando exista alguien dispuesto a recordar, los lápices seguirán escribiendo.

A 50 años de la Noche de los Lápices: la aventura prohibida que unió a Estudiantes y a Gimnasia

Por Blanca Duarte

“Por suerte todavía aparece en las canchas algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”, el fragmento escrito por Eduardo Galeano parece describir la esencia misma de los pibes platenses de la década de los 70’. Eran esos “carasucia” rebeldes, pibes que entendían que la libertad no se pedía, se gambeteaba en la calle, en el aula y en la plaza. Pero la madrugada del 16 de septiembre de 1976, la dictadura militar intentó clausurar esa aventura. El chirrido seco de los frenos de los Falcon verdes rompió el silencio de las calles. Hubo un ruido sordo de botas derribando portones, llantos ahogados en la oscuridad y el metal helado de las armas apoyado sobre pijamas blandos. Grupos organizados bajo el mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz salieron a cazar a los que se salían del libreto. Esa noche, y en los días siguientes, diez estudiantes secundarios, chicos de entre 16 y 19 años que militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) por el Boleto Estudiantil, fueron arrancados de sus camas. Seis de ellos jamás regresaron. Quisieron meter en un calabozo la idea de un mundo libre, y en ese zarpazo atroz, también se llevaron pedazos de la identidad de los clubes de la ciudad.

Porque esos chicos, antes de ser nombres en una bandera de lucha, eran adolescentes comunes que ejercían la libertad en cada picado. Olían a tinta, a cigarrillos compartidos a escondidas en las esquinas y al sudor pastoso de las tardes de potrero. Discutían de política con la misma pasión con la que defendían un lateral. En una ciudad partida al medio por diagonales, sus corazones latían al ritmo de las tribunas de los dos gigantes locales, los únicos espacios donde la palabra libertad todavía se cantaba fuerte. Horacio Ungaro tenía 17 años y era un destacado ajedrecista que vestía con orgullo la camiseta de Estudiantes de La Plata, club al que llegó a representar en torneos interclubes; un estratega que sabía que los peones, cuando se organizan, pueden poner en jaque al rey. Del otro lado, en los tablones del Bosque, el dolor golpeó por partida triple: Francisco López Muntaner, Daniel Racero y María Claudia Falcone compartían los colores azul y blanco de Gimnasia y Esgrima La Plata. Llevaban la mística indomable del Lobo a las aulas. Incluso en el infierno del Pozo de Banfield, encapuchados y maniatados, el fútbol fue la última trinchera de su libertad condicional: el murmullo bajo para saber que el otro seguía vivo. El sobreviviente Pablo Díaz, fanático Pincha, recordaría años después cómo la pasión futbolera les devolvía los nombres en la negrura: “Estábamos enfrentados por el fútbol, pero unidos por una misma causa”.

Se cumplen 50 años de la Noche de los Lápices, la ciudad se une en un eco que demuestra que la aventura no pudo ser prohibida. En un contexto donde la memoria colectiva se defiende en las calles frente a los discursos que pretenden relativizar el horror, los clubes entendieron que su rol trasciende la pelota y que la identidad es un derecho soberano. En un acto de profunda reparación histórica, las comisiones directivas de Gimnasia y Estudiantes se abrieron a revisar sus viejos archivos de asociados. El Bosque y el Uno dejaron de lado los colores para fundirse en un abrazo administrativo y humano: la restitución de los carnets honorarios a los familiares de los jóvenes desaparecidos. Devolverles la condición de socios es arrancar sus nombres de la lista de la muerte para devolverlos al lugar del cual nunca debieron salir: el espacio público, la vida social, los domingos de tribuna en los que se es verdaderamente libre.

Ese trozo de plástico con sus fotos en blanco y negro, entregado a las manos temblorosas de sus hermanos o sobrinos, es la gambeta definitiva de la memoria sobre el olvido. Es el carasucia saliéndose del libreto cincuenta años después. La Plata ya no calla sus nombres y las paredes de los estadios hoy se visten con sus rostros pintados en murales eternos. Medio siglo después de aquella madrugada helada, las canchas argentinas demuestran que el terrorismo de Estado pudo quebrar cuerpos, pero nunca borrar la libertad de sentir una camiseta. Esos pibes siguen alentando en cada rincón, porque sus lápices siguen escribiendo la historia con la fuerza de unos colores que el horror jamás les pudo desvestir.

Qué es el efecto Messi que podría sufrir la AFA tras su retiro de la Selección

Por Thiago Maison

Lionel Messi se retiró de la Selección argentina y su decisión trascendió lo futbolístico, ya que la Asociación del Fútbol Argentino recibe un porcentaje alto de sus ganancias en relación al ahora ex capitán de la Albiceleste, por lo que su despedida impactará directamente en la economía de la entidad presidida por Claudio Tapia.

Para comprender la situación que atravesará el ente rector existe un concepto que esta vez aparece en su máximo esplendor: el efecto Messi. La AFA nunca había tenido que lidiar con él en su última etapa (post Leo), pero sí los ex clubes de la Pulga. Entonces, ¿qué marcan los antecedentes?

En el París Saint-Germain e Inter Miami aportó a la explosión de dos proyectos propios de la modernidad futbolística, que ya contaban con un capital suficiente para invertir sin límites dentro de las exigencias del fair play financiero para los franceses y la normativa vigente de la Major League Soccer para las Garzas.

Es decir, las expectativas en ambas instituciones ya eran altas por, entre otros motivos, la capacidad de adquisición que derivó en el armado de un plantel extraordinario, pero el público tiende a incrementar lo que espera de un equipo si Messi ficha por este, lo que permite la construcción de un resultado, deportivo y monetario, mejor al deseado antes del arribo del astro argentino.

Por parte del PSG, se ha informado un incremento del 112% en la búsqueda de vuelos desde Argentina hacia París cuando el rosarino firmó con los capitalinos en 2021, sumado a que Marc Armstrong, por entonces director de patrocinio del club, aseguró que la demanda de localidades en el Parc des Princes aumentó entre un 30 y 40%, de manera tal que se alcanzaron cifras récord en los ingresos por partido.

A su vez, el Barcelona es el fiel reflejo de lo que significa el efecto Messi, porque pertenece a la ciudad homónima que hasta principios de los ‘80 se conocía como una con turismo. Sin embargo, con la ayuda de la organización de los Juegos Olímpicos 1992 y la creación del Turismo de Barcelona, organismo encargado de gestionar y promover este rubro a nivel local, ha logrado en convertirse en una turística, lo que significa que este aspecto se ha convertido en parte íntegra de su salud financiera tras su conformación como metrópoli.

Pero, ¿qué tiene que ver Lionel Andrés en esto? Que él es un argumento fundamental en el crecimiento de Barcelona como destino en el siglo XXI, ya que en el fútbol, una de las principales industrias del ocio y del entretenimiento, las instituciones funcionan como multinacionales de tal y, al mismo tiempo, como promotoras turísticas y desarrolladoras de experiencias, en lo que implícitamente Messi es un exponente de aquellos ya que, con su presencia, se cumple el objetivo de esto: captar nuevos segmentos del mercado en base a la explotación de la potencialidad que tiene el atractivo original del sitio.

Actualmente, las entidades del deporte rey funcionan, en el ámbito del marketing, en base a la lectura de las expectativas de los socios y el público interesado con el fin de impulsar interacciones que satisfagan sus necesidades y deseos a la par del establecimiento de una relación duradera con ellos. Por eso, los futbolistas estrella se llevan gran parte del mérito en esto por la movilización que generan debido a su rol de símbolo promocional.

Por supuesto que, al tratarse de Messi, esto se multiplica a una escala incluso incalculable, porque su rendimiento deslumbrante generó una atracción inédita de masas al club de sus amores, lo que, con su figura a nivel publicitario en cada rincón tanto de la ciudad deportiva como del estadio, permitió que el museo del Barcelona, con la figura reluciente de su Espai, sector en el que se ubican diversas camisetas suyas junto a balones de oro y otras reliquias, se situara en el tercer puesto de las locaciones más visitadas de la ciudad en 2017, solamente por detrás del Park Güell y la Basílica de la Sagrada Familia.

Con la estadía de Lionel en el Culé, la capital catalana en 2019 alcanzó un 10,6% de presión turística diaria, lo que marca que, cada cien habitantes, había cerca entre 10 y 11 excursionistas. También, es un porcentaje que dobla al estándar en este rubro, que va desde el 1 hasta el 5% para considerarse moderado y que no está dentro del umbral de alerta por saturación.

Un futbolista capaz de llenar estadios por sí mismo, pero también de cambiar el panorama financiero de una ciudad entera (en la temporada 2013-2014 los blaugranas generaron una ganancia equivalente al 1,9% del PBI de su localidad), crear 19.451 puestos de trabajo (2018-2019) e incluso producir sobreturismo en aquella que tenga una extensión medianamente reducida, con la complicación preexistente de la convivencia de los distintos usos públicos del espacio en ella.

Por otro lado, la Pulga fue la responsable de la interminable llegada de sponsors en cada uno de los clubes en los que jugó, porque el sistema de patrocinio, que promueve el ofrecimiento de recursos financieros por parte de una entidad a cambio de que otra exponga públicamente su marca, es uno de los más interesados en relacionarse con el 10 debido a la ya mencionada capacidad de atracción de masas.

Asimismo, no todo fue ganancia para el Barça, porque cuando Messi dejó la institución, comenzaron las pérdidas a niveles exorbitantes. El valor de su marca cayó alrededor de un 11%, mientras que perdió 43 millones de euros únicamente en ventas de camisetas y Nike, patrocinador oficial, se mostró inflexible ante su decisión de bajar el monto de dinero a pagarle al FCB tras la partida de su máxima leyenda.

El impacto negativo de la salida de Leo escaló al punto de ver al Camp Nou teñido de blanco, color característico de Real Madrid, su clásico rival, en un partido ante el Frankfurt por Europa League 2021-2022 -disputó el torneo por primera vez en 17 años tras finalizar tercero en la fase de grupos de la Champions League-, como consecuencia de la baja demanda de entradas de la parcialidad local, sumado a la prácticamente nula intención del público neutral de asistir al encuentro.

Por ende, Lionel Andrés Messi Cuccittini no sólo dejó huella futbolísticamente hablando en cada uno de los clubes en los que estuvo, sino que también ha modificado involuntaria e implícitamente sus estrategias comerciales y economías con su presencia en el vestuario.

Aunque, la pregunta que resta resolver es: ¿cómo golpeará el efecto Messi a la Asociación del Fútbol Argentino? Y la respuesta es más que sencilla, porque, como la relación de la Pulga con el ente rector se volcó en un acuerdo implícitamente perpetuo en la decisión de poner su nombre en el predio de Ezeiza, homenaje que le permitió a la entidad presidida por Claudio Tapia desligarse de la polémica popular acerca de ciertos manejos dirigenciales del pasado que desencadenaron, junto a otras aristas de otras federaciones, la explosión del FIFA Gate.

Así, la AFA logró relacionarse indirectamente con el profesionalismo, la excelencia y la humildad del “10”. Eso derivó en la aparición de activos comerciales -sponsors- que, además de vincularse con la casa de los por entonces campeones del mundo, deseaban ligarse con la figura e imagen de uno de los mayores exponentes del deporte rey a nivel histórico, por lo que, en ese aspecto, los ingresos a priori no caerán y la tarea ardua estaría por la banda opuesta del terreno de juego.

Aquí aparecen las giras internacionales, las cuales le producen a la AFA, en promedio, una ganancia de tres millones y medio de dólares por cada encuentro disputado y, por lo tanto, USD 7.000.000 por cada serie de duelos completada.

Con Messi como el principal animador, los estadios se llenaban en medio del furor y el anhelo de verlo a él, el “10”, al menos una vez en vivo. Pero también surgieron experiencias exclusivas para acompañar al plantel de la Selección argentina a sus compromisos, en las que en el valor final se contabilizaba el traslado, el hospedaje y los tickets.

Estas funcionaron como una exposición clave para que la marca de la entidad madre del fútbol argentino se situara como una líder en su rubro, sumado a la generación constante de ingresos y, según Leandro Petersen, ex director comercial y de marketing de la AFA, la asociación de más de 100 sponsors.

Esto denota que el ente rector tendrá que afrontar una eventual caída de los ingresos en este rubro, ya que no contará con su líder y leyenda en las convocatorias, aunque podría combatirla apuntando a generar estabilidad en el rendimiento futbolístico para intentar emular esa ilusión del pasado, pero esta vez a nivel colectivo.

En conclusión, la Asociación del Fútbol Argentino no se salvará de tener que afrontar el efecto Messi en su etapa final, por lo que no tendrá como desafío reemplazar a la Pulga, una tarea a priori imposible desde cualquier perspectiva, sino que deberá encontrar la fórmula para mantener el estable el valor de su marca y continuar generando por sí misma aquello que tuvo a Lionel como máximo exponente: los ingresos millonarios.

Sergio Batista: “Me gustaría volver a dirigir”

Por Franco D’Amore Cristos

“Me gustaría volver a dirigir en los países asiáticos, Bahrein, China, Qatar, y enseñarles lo que aprendí”, comenta Sergio “Checho” Batista, a metros del Centro Profesional de Fútbol que lleva su nombre, dentro del predio de Argentinos Juniors.

Uno de los apellidos que argumentan el pseudónimo del Bicho como “El Semillero del Mundo” es Batista, la familia en general, “Chino”, “Checho” y “Bocha”. Si bien Sergio debutó en Argentinos, consiguió la Copa Libertadores de 1985 y el campeonato del mundo con la selección argentina en el Mundial de México 1986, todos los Batista están ligados al club. También hay nuevas generaciones de Batista: un tal Ciro, de apenas 10 años, nieto del “Checho” que juega en las divisiones infantiles de Argentinos Juniors quien, ante la atenta mirada de su abuelo, tuvo un buen desempeño en la victoria de su categoría por 1 a 0 contra Platense por la decimosegunda fecha del torneo.

“Todos los domingos vengo a ver el fútbol infantil y, además de seguir a mi nieto, me divierto y veo cómo progresan los chicos, eso es lo más importante”, cuenta.

Ciro es el marcador de punta por izquierda de la categoría 2016 y, más allá de su rol como defensor, se proyecta muy bien al ataque. Tanto así que por la tercera fecha del campeonato ante Lanús, su categoría ganó 2 a 1 con un doblete de tiros libres de él.

En cuanto a sus hermanos, Norberto “Chino” es el coordinador de fútbol juvenil del club y el menor de los tres, Fernando “Bocha”, también ocupó el mismo rol y ahora es entrenador de la selección de Costa Rica. Vínculo total y generacional entre la familia y el club. Según el “Checho” es una relación recíproca: “Argentinos es nuestra casa, hace más de 50 años que estoy acá y más allá de que uno le dio títulos al club, no alcanza con todo lo que nos dio”.

Días previos a la final del Mundial 2026, Claudio Tapia, presidente de la AFA, les regaló una plaqueta conmemorativa a cada campeón del mundo en México 86′. En Estados Unidos, el “Checho” recibió el presente y, sobre el subcampeonato del mundo del seleccionado argentino comenta: “No es fácil ser campeón del mundo y al año siguiente ser subcampeón, sé lo que se siente (N.d.R: estuvo en México 86’ e Italia 90’), pero estos chicos dejaron todo aunque no tuvieron el mismo rendimiento a nivel juego como en el Mundial anterior”.

Post Mundial surgieron algunas teorías conspirativas en las redes sociales que atentaban con la ética del plantel argentino. Ideas que proponían que Argentina fue amenazada y obligada a perder la final, por mostrar y presumir una bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” en la instancia anterior contra Inglaterra: “Es muy difícil decirle a un jugador de fútbol en una final del mundo que no la tiene que ganar, más complicado es que acepte. La realidad es que España nos ganó bien y fue muy superior a nosotros”, aclara el Checho.

Con respecto al buen desempeño del Argentinos Juniors de Nicolás Diez, entrenador de la Primera División, que va puntero en la tabla anual y en su zona a falta de 8 fechas, uno de los ídolos de el Semillero del Mundo destaca: “El equipo está muy bien, hay muchas satisfacciones pero también te puede tocar perder. Todos los hinchas están pensando en coronar, pero falta. Últimamente las campañas son muy buenas”.

Juegos Nómadas Mundiales: los argentinos que fueron a competir al corazón de Asia Central

Por Valentino Franco

“¿Si fue lo mejor de mi vida? No lo fue, lo es y lo va a seguir siendo”, relata Ignacio Repetto, al recordar el momento en que desfiló junto a la bandera argentina en la ceremonia de inauguración. 40.000 almas acudieron al evento. Y entre ellas, hubo tres que merecen un subrayado. Vladimir Putin, presidente de Rusia; Xi Jinping, presidente de China; y Narendra Modi, Primer Ministro de la India. Pero, más allá del mensaje político que envuelve la reunión de los tres mandatarios de las principales potencias asiáticas, cabe preguntarse qué ameritó tal junta fuera de una cumbre. La razón recae en los Juegos Nómadas Mundiales, un evento deportivo que congrega a todo un continente y cuyo existir yace en mantener vivas las actividades de los pueblos milenarios que una vez allí habitaron. Aunque, claro, ese Mundiales no está por demás; países de todo el mundo fueron recibidos en Kirguistán para la sexta celebración de los Juegos. Y Argentina no se quedó afuera.

Entre epopeyas asiáticas y culturas milenarias

Son como un primo menor de los Juegos Olímpicos, pero con deportes alternativos, ya que constan de todos sus elementos principales: un programa de disciplinas, medallero, delegaciones y ceremonias de apertura y clausura. Así como su propia Organización los define, son un “proyecto iniciado por la República de Kirguistán en 2014 para preservar y promover la herencia de las civilizaciones nómadas mediante el deporte, la cultura y el conocimiento”. Lo cierto es que el origen e inspiración de esta peculiar celebración radica en los sucesos descritos en la Epopeya de Manas; en el poema, 20 veces más largo que La Odisea de Homero, se siguen las aventuras de Manas, un caudillo kirguís que unifica a las tribus de su pueblo y lucha frente a los invasores. Es en uno de los tantísimos capítulos que se menciona la muerte de un líder llamado Kökötöy Khan, cuyo funeral se convierte en una reunión que congrega, a modo de tregua en plenos conflictos, a una inmensa cantidad de pueblos desde el oeste musulmán hasta el este chino. Allí, todos medían su destreza mediante carreras a caballo, lucha y arquería.

Del poema épico de Manas surgió un programa de lo más variado, desde los juegos de mesa hasta la lucha a caballo.

Los Juegos tuvieron continuidad durante la primera semana de septiembre -fecha que no es al azar: para la cultura nomádica, este mes representa el fin de la migración, y la nueva temporada debe nacer a partir de una celebración- y abarcaron 43 disciplinas, 22 más que la edición de Astana 2024. Se dividieron en nueve categorías: Juegos nacionales (2), Carreras a caballo (10), Competiciones a caballo (4), Lucha nacional (12), Deportes de fuerza tradicionales (4), Juegos intelectuales (3), Arquería tradicional (2), Arquería a caballo (2) y Caza con animales (4). Si se debe destacar a un deporte y a un deportista durante los Juegos, no habría duda alguna. El kok boru, una especie de pato que enfrenta a dos equipos de 12 jinetes por lado, fue la sensación. Ah, y en vez de jugarse con una bocha de cuero, los jugadores se disputan una carcasa de 33 kilos que emula el cuerpo de una cabra -la cual deben introducir en el arco rival para sumar-. La estrella definitiva del evento, sin embargo, fue Reza Gheitasi, el iraní de 2,08 metros y 170 kilos de peso que desplumó la categoría de +90 kilos de tayak tartysh, una disciplina en la que dos oponentes forcejean, enfrentados y con los pies apoyados en una base que los separa, por una vara de madera.

El kok boru durante un enfrentamiento entre Kirguistán y Kazajistán por los WNG de este año.

Los cuatro mosqueteros que alzaron la bandera en Kirguistán

La delegación argentina que arribó a Bishkek estuvo compuesta por cuatro atletas: Ignacio Repetto, Francisco Ghisletti, Mateo Bilbao y Martín Marino. Todos compitieron en el flanco de Juegos intelectuales, poblando la categoría de celeste y blanco: Francisco y Mateo en mangala turco, Martín en toguz korgool e Ignacio en oware.

Las tres disciplinas son ramificaciones de la familia de los milenarios juegos de mesa mancala, por lo que comparten grandes similitudes en sus principios básicos. Entre ellas, la presencia de un tablero, hoyos con fichas y una misma mecánica: tomar, por turnos, todas las fichas de un hoyo, dejarlas de una en una dentro de los hoyos siguientes en sentido antihorario con el objetivo de que la suma de fichas que haya quedado en los pozos rivales le permita al jugador robárselas y dejarlas en su montoncito (en oware, por ejemplo, si tras el turno del jugador la cantidad de fichas de alguno de los pozos del rival es de dos o tres, el jugador las captura). Asimismo, los orígenes, según el juego, varían. El mangala turco, como su nombre lo indica, es oriundo de Turquía; el toguz es originario de Kirguistán, mientras que el oware proviene de Ghana y del África Occidental de manera general.

Pero, ¿con cuánta experiencia gozaban los argentinos a la hora de llegar a una cita como los Juegos Nómadas? ¿Tendrían una carrera consolidada? Como Repetto contó, “Tenemos un año y pico de trayecto; en Hungría, hace unos años, conocimos a un hombre que había participado en una edición anterior de los Juegos. Nos encantó la idea y nos propusimos prepararnos para participar”. Sí, por increíble que parezca, a la hora de conocer la existencia de la competición, la delegación argentina aún desconocía de los deportes que eventualmente los llevarían a participar. “Poder ganarle a los africanos, que son las eminencias del deporte, es mi objetivo a cumplir”, manifestó con entusiasmo el jugador argentino de oware, previo al anteúltimo día de competencia. Dicho y hecho, logró su meta: en la jornada siguiente, salió victorioso en sus dos emparejamientos, uno ante un oponente de Nigeria y otro ante uno de Tanzania.

Pese a no haber alcanzado puestos de medalla, el rendimiento final de los representantes de Argentina fue más que positivo. Marino 5-2 (toguz korgool), Ghisletti 4-3 (mangala), Bilbao 4-3 (mangala) y Repetto 3-4 (oware). Un balance combinado de 16 victorias y 12 derrotas, frente a rivales de mucho mayor recorrido en el rubro. “Acá hay gente que tiene equipos, que van a torneos y juegan hace años. Dijimos ‘Vamos a divertirnos’, pero la diversión quedó en el día uno. Ahora ver los resultados es muy satisfactorio. Esto es un puntapié inicial impresionante; vinimos a los ponchazos, pero con esto quedó demostrado que el argentino si quiere puede. Ojalá dentro de dos años podamos venir con diez veces más cantidad de la que vino esta vez”, sintetizó Bilbao sobre el desempeño nacional.

No son mayoría las disciplinas pertenecientes al programa de los Juegos Nómadas que tengan un ente regulador internacional, un calendario de competencias fijo o un ranking oficial. Los juegos de mesa anteriormente nombrados no son la excepción al panorama, y, menos aún, cuentan con una federación nacional propia. Sin embargo, sí se encuentran amparados por una entidad. CODASports es la asociación encargada de nuclear a 115 deportes y juegos de carácter alternativo en Argentina.

Será en Tatarstán, Rusia, la próxima edición de los World Nomad Games. Entre medio, dos años de preparación y torneos definirían si los cuatro delegados argentinos, del mismo modo que plantaron bandera en las montañosas villas kirguises, darán el presente también en las llanuras orientales de Europa. O, mejor aún el caso, tal vez al programa nomádico se suban otros locos que, sin vergüenza alguna, se crucen al otro lado del mundo para competir de igual a igual con los dueños de casa en sus propios deportes. Porque donde haya un argentino, la famosa coronación de gloria estará al acecho.

Bautista Alonso Rigone: el futuro opuesto de la Selección Argentina de vóley

Por Nehuén Zuñiga

Es 16 de enero de 2026, la Selección Argentina Sub 17 de vóley, en Comodoro Rivadavia, se clasifica a la final del torneo Sudamericano y va en busca del boleto al Mundial frente a Venezuela. Argentina va 2 set a 1. En el tercer set van 22-19 en puntos. Santiago Quaini le arma la pelota a Bautista Alonso Rigone, el chico de 16 años con una altura de 1,90 metros nacido en Mar del Plata, que juega de opuesto junto a su hermano mellizo Manuel en la selección y en Once Unidos de Mar del Plata. Bautista salta, se eleva y remata la pelota con potencia con su brazo derecho a la izquierda del armador venezolano y logra poner a la selección cuatro puntos arriba. El partido pasa a la historia ya que minutos después consiguen los dos puntos que le faltaban para cerrar el encuentro y ganar el set por 25-21. Obtuvo su boleto al Mundial y logró quedar en el cuarto puesto con la Selección.

La Selección cayó por 3-1 en la final contra Brasil . Pero para Bautista Alonso Rigone no fue todo tristeza ya que fue premiado como el mejor opuesto del torneo Sudamericano y además con su hermano lograron un título personal con la Selección, que es que luego de 30 años de la dupla de los mellizos Nicolás y Martín Efrón, son la segunda dupla de mellizos que comparten equipo y que disputan un torneo Sudamericano juntos.

Alonso Rigone inició su camino en el vóley a los 14 años, en el Club Don Bosco de Mar del Plata. Aquella etapa de formación le sirvió para probar alternativas en la cancha hasta encontrar su lugar definitivo como opuesto, posición desde la cual explota su rol de definidor y principal carta de ataque. Juan Ignacio Macció, ex armador de la Selección Argentina en 2012 y actual jugador de la Primera y director técnico de la Sub 16 de Once Unidos, contó sobre la capacidades que tiene el jugador desde los 14 años y lo difícil que fue enfrentarlo: “Él ya rápidamente impresionaba por sus capacidades atléticas, físicas, su capacidad coordinativa; entonces ya se vislumbraba que era uno de esos chicos que por más que uno lo esté enfrentando y planifique una estrategia, a tan corta edad, ya resolvía como un jugador grande”, expresó el ex armador de la Selección.

Al siguiente año, en 2025, ya con experiencia y destacándose en Don Bosco, los hermanos Alonso Rigone se incorporaron a Once Unidos de Mar del Plata, donde consolidaron su juego y dieron el salto hacia el seleccionado Sub 17 que dirige Leonardo Nocenti. “Nosotros los empezamos a observar cuando tenían 15 años y ya se notaba un diferencial físico importante. Las características más destacables que tienen es el potencial físico de ambos”, declaró el entrenador.

Bautista Alonso Rigone, al regresar de la selección, fue promovido a la Primera División de Once Unidos y logró junto a su equipo el ascenso a la Liga Nacional de Voleibol Argentina, tras vencer en la final a Racing de Castex. El marplatense afinó la lectura de juego, el saque y el remate, que con su agresividad cierra puntos en momentos decisivos y de mucha presión.

Sin embargo, Bautista, quien de manera constante anota puntos, es un chico introvertido, que no se comunica con el equipo, sino que sus compañeros para entenderlo y seguir la dinámica del juego, tienen que seguir sus gestos y conocer sus movimientos dentro de la cancha. Lo que también tiene, es una buena capacidad de escuchar a sus entrenadores y de obedecer sobre lo que le piden. “Bauti es de esos jugadores que me encanta dirigir porque aplica un montón de conocimientos y los desarrolla”, declaró Macció, en cuanto los conocimientos que tiene el opuesto. Nocenti coincidió con Macció: “Tiene una personalidad tranquila. Es de preguntar mucho. Entiende el juego y siempre está dispuesto a aprender e incorporar conceptos, y eso le da un potencial a futuro porque no es de quedarse con lo que tiene; siempre va por más, quiere corregir y perfeccionar sus técnicas”.

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Jugar en la Selección conlleva un peso enorme y sea la categoría que sea exige al máximo nivel y entrenamiento. Bautista Alonso Rigone, en medio de un entrenamiento físico con la camiseta de su país, el 27 de abril tuvo una lesión inesperada. Mientras hacía sentadillas con la barra, por un simple mal apoyo en los trapecios, sufrió una microfractura en la cervical que lo obligó a dejar de lado dos meses su deporte favorito. Sin embargo, nunca se le cruzó por la cabeza dejar el vóley, y esperó a recuperarse para seguir entrenando y seguir aumentando su nivel.

Bautista Alonso Rigone logró con su Selección un subcampeonato Sudamericano, un premio individual y quedar cuarto en el Mundial. El marplatense seguirá siendo ese chico introvertido que no se comunica con sus compañeros en el medio del partido y que no da arengas, pero cada vez que arranque un encuentro y la pelota se eleve de su lado en la red, “Bauti” volverá a rematar para obtener un punto y poner arriba a la Selección.

Cuando el deporte también pesa: salud mental en los atletas

Por Federico Oliver

Hablar de deporte suele llevar inmediatamente a pensar en sus beneficios: actividad física, disciplina, concentración, bienestar y vínculos sociales. Sin embargo, detrás del entrenamiento y la competencia también existe una dimensión que durante mucho tiempo quedó relegada: la salud mental.

En el deporte, como en cualquier otro ámbito, las personas atraviesan emociones, frustraciones y momentos de presión. En el alto rendimiento, esas situaciones pueden adquirir características particulares. Las expectativas de los aficionados, los medios, los entrenadores y el propio atleta pueden convertirse en una fuente importante de estrés. A esto se suman las lesiones, los malos resultados y la exposición permanente.

La salud mental de un deportista no es un aspecto separado de su rendimiento. Incluye la manera en que gestiona sus emociones, enfrenta la presión y se relaciona con su entorno.

El lado positivo del deporte

La práctica deportiva también puede contribuir al bienestar psicológico. El material consultado señala que la actividad física está relacionada con la liberación de sustancias como endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina. También puede contribuir a reducir el riesgo de ansiedad y depresión y favorecer habilidades como la concentración, la disciplina y la resiliencia.

Pero esos beneficios no significan que los deportistas sean inmunes a los problemas de salud mental.

La diferencia puede estar en las condiciones en las que se desarrolla la práctica. No es lo mismo entrenar por recreación que competir por un lugar, representar a un club, buscar una clasificación o construir una carrera profesional.

Cuando ganar deja de ser suficiente

En la alta competencia, la presión puede provenir de diferentes lugares. La afición espera resultados, los medios analizan cada actuación, los entrenadores exigen rendimiento y el propio atleta puede establecer expectativas cada vez mayores sobre sí mismo.

Las lesiones representan otro desafío. Una lesión no solamente puede impedir entrenar o competir: también puede generar frustración, ansiedad y afectar el estado de ánimo del deportista.

Además, en determinadas disciplinas aparecen preocupaciones particulares relacionadas con el peso, la imagen corporal o la exposición individual. El material diferencia, por ejemplo, entre deportes de categoría por peso o estética, deportes colectivos y disciplinas individuales de alta exposición, ya que cada uno presenta dinámicas que pueden requerir diferentes formas de acompañamiento.

Hablar también forma parte del entrenamiento

Uno de los principales cambios en los últimos años fue comenzar a hablar públicamente sobre estos problemas.

Atletas de élite como Simone Biles y Ricky Rubio contribuyeron a visibilizar la salud mental dentro del deporte y a mostrar que atravesar dificultades emocionales no significa carecer de fortaleza.

La aparición de estas voces también ayuda a cuestionar una idea arraigada en determinados ambientes deportivos: que mostrar vulnerabilidad es incompatible con ser competitivo.

Reconocer lo que sucede, pedir ayuda y contar con espacios seguros para hablar son herramientas que pueden formar parte del cuidado integral de un deportista.

No todos necesitan las mismas herramientas

La forma de acompañar a un atleta también depende de su edad y del nivel en el que compite.

En las categorías infantiles y formativas, el material pone el foco en la detección temprana y la construcción de entornos seguros, evitando que los resultados deportivos se conviertan en el centro de la experiencia. Entre las herramientas mencionadas aparecen las tutorías individuales y espacios de expresión.

Durante la etapa juvenil y universitaria, el énfasis está puesto en reducir el estigma y fortalecer las redes de apoyo. En el alto rendimiento, en cambio, aparecen herramientas de evaluación y protocolos específicos para acompañar situaciones de crisis.

Esto muestra que hablar de salud mental en el deporte no implica aplicar una única solución para todos. La edad, la disciplina, el nivel competitivo y las circunstancias personales pueden modificar las necesidades de cada atleta.

El papel de los entrenadores

El cuidado de la salud mental tampoco debería recaer exclusivamente sobre el deportista.

Los entrenadores y demás integrantes de los equipos que acompañan a los atletas ocupan un lugar importante porque pueden ser quienes primero observen cambios en el comportamiento, el aislamiento o una disminución del bienestar. El material plantea la necesidad de capacitarlos para reconocer señales de alerta y saber cuándo recurrir a profesionales especializados.

Eso no significa que un entrenador deba diagnosticar. Su función puede estar relacionada con escuchar, acompañar y facilitar el acceso a la ayuda correspondiente. Los clubes, federaciones, escuelas y equipos también forman parte de esa red. Crear espacios donde hablar sobre salud mental no debería entenderse como una amenaza para la competitividad, sino como una parte del cuidado de quienes hacen posible el deporte.

Una herramienta para volver al presente

Entre las técnicas mencionadas en el material aparece la regla 3-3-3, una estrategia de grounding que busca dirigir la atención hacia el entorno físico cuando aparecen ansiedad o pensamientos acelerados.

Es una herramienta sencilla que puede utilizarse como recurso para recuperar la atención sobre el presente, aunque no reemplaza la atención de un profesional cuando una persona atraviesa un problema de salud mental.

El objetivo, en definitiva, no es eliminar las emociones difíciles del deporte. La frustración después de una derrota, los nervios antes de una competencia o el enojo durante una lesión forman parte de la experiencia deportiva.

El desafío está en que esas emociones puedan ser reconocidas y acompañadas antes de que se conviertan en un problema mayor.

Cuidar al atleta también es cuidar a la persona

El deporte puede construir disciplina, vínculos y bienestar, pero el resultado de una competencia no define el valor de quien compite.

Detrás de cada camiseta, cada medalla y cada resultado hay una persona que también puede sentir miedo, frustración, ansiedad o agotamiento. Entenderlo no significa quitarle importancia a la competencia. Significa comprender que el rendimiento deportivo y el bienestar emocional no deberían estar enfrentados.

Porque entrenar el cuerpo es parte del deporte. Cuidar la mente también.

 

Si una persona atraviesa una crisis emocional o necesita hablar con alguien, en Argentina puede comunicarse con la Línea 135 de prevención del suicidio. También se encuentra disponible el 0800-345-1435 desde todo el país. Ante una emergencia, también puede recurrirse al 911.

Ángel Cappa y el malogrado sueño de salir campeón

Por Lucas Schiariti y Matias Rodriguez

El estilo de juego del ex DT era caracterizado por el toque, la posesión y el juego ofensivo. Ha tenido dos equipos que reflejaron a la perfección esa idea de juego vistosa: Racing en el Apertura 1998 y Huracán del Clausura 2009. Sin embargo, Cappa es más recordado por quedarse en la puerta de obtener, por primera vez, la gloria local en esas ocasiones a pesar de haber estado cerca.

En sus comienzos en “la Academia”, el club estaba golpeado institucional y económicamente, sumándole el pedido de quiebra de su presidente Daniel Lalín. Esto no fue impedimento para transformar a sus dirigidos en un espectáculo futbolístico. Rubén “el Mago” Capria, Ángel “Matute” Morales, Diego Latorre, Marcelo “Chelo” Delgado y Pablo Bezombe fueron algunos de los futbolistas que brillaron en esa campaña. Sin embargo, por ser el único del esquema ofensivo que se dedicaba a defender, el que más destacaba sin duda era Pablo Michelini. El talento sobraba en el cuadro de Avellaneda, pero tenía el desafío de pelear el campeonato con nada más y nada menos que Boca Juniors, dirigido por el “Virrey” Carlos Bianchi.

Seguramente, el partido más recordado del “tiki-tiki” académico fue el baile ante Independiente en la Doble Visera por la 3º fecha del Apertura. Racing se imponía 2 a 0 en el primer tiempo, pero, en el minuto 39, un apagón en el estadio provocó que el show que estaban dando quedara suspendido y se reanudara días después. Finalmente, se quedó con el clásico por 3 a 1 y se subía a la punta de un campeonato que lo tendría como protagonista. Sin embargo, a falta de tres jornadas, el “Xeneize” seguía invicto y con una ventaja considerable. Tras igualar frente al Rojo, Boca dejó sin chances matemáticas a sus perseguidores y se coronó campeón en La Bombonera. Los de Cappa no pasaron del empate frente a River Plate y quedaron relegados al tercer puesto, detrás del Gimnasia de Carlos “Timoteo” Griguol.

Tras la frustración por no lograr el título, Cappa tendría revancha once años después, pero esta vez con Huracán. Tomó las riendas de un equipo con una realidad futbolística delicada y, de cara al Clausura 2009, lograría consolidar su estilo de juego para volver a poner al club en la pelea, buscando su primer campeonato personal como director técnico en el fútbol argentino. Un verdadero equipazo con jugadores como Javier Pastore, Mario Bolatti, Patricio Toranzo y Matías Defederico que se ganó el reconocimiento general tanto de hinchas propios como neutrales. Pasaban las fechas y “Los Ángeles de Cappa” enamoraban aún más a los futboleros y la ilusión era cada vez más grande. Goleada 4 a 1 a Racing, 4 a 0 a River, victoria frente a San Lorenzo y primer puesto en soledad. Parecía que el sueño de salir campeón finalmente se iba a cumplir.

Llegó el último partido. El puntero y el escolta Vélez, de Ricardo Gareca, se enfrentaban en el José Amalfitani. Los de Liniers estaban a dos puntos y si ganaban daban la vuelta frente a su gente, pero a los de Parque Patricios con un empate les bastaba. El encuentro fue tenso y se demoró por una fuerte caída de granizo. Se recordará el gol mal anulado al defensor Eduardo Domínguez que le podía valer la estrella a Huracán, además de una serie de polémicas. A pocos minutos del final, con el marcador 0-0, el árbitro Gabriel Brazenas no sancionó una clara falta del delantero Joaquín Larrivey sobre el arquero Monzón. De esa misma jugada nació el gol de Maximiliano Moralez a los 38 minutos del segundo tiempo, que le dio la victoria por 1-0 y el campeonato a Vélez, dejando al “Globo” como subcampeones y en la puerta de lograr la coronación.

Agustín Hoffmann: del barquito a los Juegos Olímpicos

Por Diego Kviatek

A los 16 años, Agustín Hoffmann ya se prepara para vivir el momento más importante de su corta carrera. El campeón argentino juvenil de iQFOiL ya cuenta con experiencia en competencias internacionales y ahora tendrá por delante el mayor desafío de su carrera: representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, donde competirá en la clase Techno 293.

Detrás de la tabla aparece un adolescente que combina entrenamientos, viajes y colegio mientras persigue un sueño que lo acompaña desde que decidió dedicarse al windsurf. Entre los sacrificios propios del alto rendimiento y la presión que él mismo se impone, Agustín se prepara para llegar a Senegal con una premisa por encima del resultado: disfrutar la experiencia y dejar a la Argentina lo más alto posible.

Un nuevo rumbo olímpico

Agustín estaba a punto de volver a su Mendoza natal cuando recibió un mensaje que esperaba desde hacía años. El último día de concentración en Buenos Aires, mientras se preparaba para subirse al auto y emprender un viaje de más de mil kilómetros, el director técnico nacional juvenil, Hernán Vilá, le comunicó la noticia que desató su euforia.

“Me escribió Hernán Vilá y me dijo: ‘Prepará la valija que nos vamos a Senegal’. Lo primero que hice fue tirar todo lo que estaba haciendo, correr, saltar y darle un abrazo a mi viejo”, recordó Hoffmann.

Desde que Agustín decidió dedicarse al windsurf en 2024, tuvo un objetivo en la mira: los Juegos Olímpicos de la Juventud. El abrazo con su padre no fue algo casual, sino el resultado de años de preparación y esfuerzo tanto de él como de toda su familia.

“Nos emocionamos los dos mucho porque han sido muchos años de viajar y viajar, meterle huevos, muchas horas en el agua y tener la oportunidad de ir a unos Juegos Olímpicos Juveniles es una locura”, reconoció el mendocino.

La clasificación a Senegal le permitirá cumplir un deseo que tiene desde chico: vestir el uniforme argentino en una competencia olímpica. Además, el mendocino reconoció que no esperaba vivir esta experiencia a tan corta edad.

“Es todo lo que quise siempre, poder representar a mi país. Siempre quise llevar a la Argentina a lo más alto”, aseguró Hoffmann, que reconoció a Carlos Espínola, Santiago Lange, Mateo Majdalani y Eugenia Bosco como algunos de los grandes referentes de la vela nacional.

El representante argentino en la categoría Techno 293 tiene como principal objetivo disfrutar la competencia y no “comerse la cabeza” por la presión. Si tiene que poner en números lo que para él sería un buen resultado, apunta a terminar entre los mejores 10 o 15.

Un cambio optimista

“Un día vi un barquito y dije ‘qué divertido, quiero navegar ahí’”, recordó el argentino sobre sus primeros pasos en la vela.

A los 8 años, Agustín comenzó a navegar en la clase Optimist, un tipo de embarcación ligera. El mendocino fue campeón de su provincia en 2019, 2022 y 2023. Por un tema de edad, debió dejar la clase y comenzó a dedicarse de lleno al windsurf.

“El cambio fue muy drástico. Fueron muchas caídas de por medio, pero al día de hoy digo que fue de las mejores decisiones que tomé pasar del Optimist al windsurf. No lo dudé tanto porque por un tema de edad tenía que dejar la modalidad y el windsurf siempre me gustó desde chiquito”, explicó Hoffmann.

Desde el comienzo, lo que lo enamoró del windsurf fue la sensación de planear e ir mucho más rápido en el agua, chocándose con las olas.

“Pasar de un barco que va a 8 km/h a una tabla de windsurf que alcanza 40/50 km/h es una locura”, aseguró el mendocino.

Su padre navegaba en Optimist cuando era chico, aunque no le gustaba demasiado. Sin embargo, el legado familiar en la vela no viene solo de una generación, sino de dos: su abuelo fue campeón sudamericano en la clase Penguin.

“La vela siempre estuvo en mi familia, solo que yo no lo sabía”, reconoció Agustín.

Actualmente compite en la clase iQFOiL, en la que, según explicó, la tabla “vuela” sobre el agua. Pero en Dakar, el argentino lo hará en una clase completamente distinta: Techno 293, en la que la tabla navega apoyada sobre el agua.

Este cambio de clase también le requerirá un cambio físico importante: en iQFOiL necesita más peso y fuerza, mientras que para Techno necesita ser más liviano. Hoffmann explicó que lo más importante en su preparación física será bajar de peso y mejorar el cardio para poder adaptarse a las condiciones de la regata.

Pero el Techno se parece mucho al Optimist en la forma de correr las regatas, por lo que aquellos seis años en Optimist le servirán como experiencia para afrontar el gran desafío en los Juegos.

Navegar la presión

Agustín tiene 16 años, pero competir en el alto rendimiento hace que se pierda parte de la vida adolescente que sus amigos sí disfrutan.

“Yo me pierdo muchas juntadas. Capaz vuelvo de un viaje y hay un chiste que no entiendo. Pero al mismo tiempo termina dando frutos todo el esfuerzo puesto”, contó Hoffmann.

Sin embargo, ese sacrificio no es en vano. En noviembre competirá en los Juegos Olímpicos de la Juventud y, en diciembre, hará lo mismo en el Mundial juvenil, dos competencias que inclinan la balanza y reafirma su idea de que “vale totalmente la pena”.

Hoffmann va al mismo colegio desde los 4 años y recibe apoyo por parte de sus profesores cada vez que viaja por el windsurf. Incluso, cuando lo necesita, entrega los trabajos más tarde. En su casa hay una regla de oro: si no aprueba en la escuela, no viaja.

“Anoche trasnoché porque tenía que entregar un montón de trabajos hoy, por suerte llegué a entregar todo”, contó entre risas el mendocino.

“Yo me pongo mucha presión a mí mismo. A veces me digo: ‘Te tiene que ir bien, si no todo lo que hiciste es al pedo’”, reconoció el windsurfista, que dejó en evidencia su autoexigencia a la hora de competir, luego de tantos años de entrenamientos y sacrificios

Sin embargo, él mismo reconoce que ese pensamiento no es del todo justo. En los momentos en los que los resultados no son positivos, entiende que todo el trabajo previo lo ayuda a crecer como deportista y como persona.

En el reciente Sudamericano, tuvo una presión concreta: finalizar como el mejor argentino para clasificarse al Mundial Juvenil, y decidió tomarse la competición de otra manera más sana.

“Yo me lo tomé mucho más a la ligera y disfruté muchísimo el campeonato. Le puse muchas pilas, me cagué de risa en el agua. Por suerte me fue muy bien”, recordó Hoffmann.

A los ocho años, un chico que vio un pequeño barco y decidió probar suerte en el Optimist dio el primer paso de un camino que todavía desconocía. Ocho años después, aquel nene está a punto de representar a la Argentina en unos Juegos Olímpicos de la Juventud. Si pudiera volver a ese momento, Hoffmann no dudaría en recomendarle tomar la misma decisión.

“Le diría que lo haga, que siga para adelante y no frene nunca. Que se divierta y disfrute el proceso porque todo termina llegando”.