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Carta abierta a Diego Armando Maradona

Por Matías Huentelaf

El partido está chivo, Pelusa: tiranos un centro.

Diego, acá estamos, gambeteando la realidad en este suelo que te extraña. Desde tu paso a la eternidad, el país se transformó en un cambalache de los que duelen: Los jubilados siguen marchando los miércoles porque ya no les alcanza, pero acá nos plantamos, Diego, porque “hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados”.

La educación pública se desmorona a pedazos. Dos veces se votó una ley de financiamiento universitario y quedó ahí, mientras tanto, los docentes cobran miseria y se ven obligados a hacer malabares con otros laburos para que no falte un plato de comida en la mesa. En los márgenes, las villas siguen con la misma postergación de siempre, y los clubes de barrio agonizan, haciendo milagros para que los pibes sigan corriendo detrás de una pelota o refugiándose en el deporte.

El año pasado la UBA celebró un congreso en tu honor. Cientos de almas nos juntamos para mantener encendida tu llama, porque, tal como dice Valdano, sos el ausente más presente. El cierre fue pura emoción: apareció Dalma. Agradeció con el corazón en la mano, y las lágrimas de la gente caían con la misma fuerza que si te estuvieran abrazando a vos. Qué querés que te diga, Pelusa… te extrañan.

Por lo menos el fútbol nos dio un respiro. Argentina volvió a tocar el cielo en Qatar, bordándose otra estrella mundial, y nos regaló dos Copas América: una epopeya en el mismísimo Maracaná contra Brasil y otra en el país del norte, ese mismo suelo donde alguna vez te cortaron las piernas.

En el patio de tu casa, Román es el presidente de Boca; le ganó la pulseada a Macri en las urnas. Pero el traje de dirigente le pesa distinto: su gestión camina entre tormentas y, desde que asumió el sillón principal, el Xeneize no pudo gritar campeón. Aunque, a decir verdad, todo el fútbol argentino se volvió un bodrio indigerible. Con treinta equipos en Primera, el torneo es un desierto táctico, partidos aburridísimos donde ya nadie sabe bien a qué se juega. El año pasado, Di María pegó la vuelta a Rosario Central y —créase o no— le cocinaron un título de escritorio en las oficinas de la Liga Profesional; terminó festejando en una Traffic de regreso a Rosario. Una cosa increíble, Diego, de no creer, pero real.

Mientras tanto, el juicio por tu partida sigue siendo un manoseo infame. ¿Podés creer que las audiencias se suspendieron porque una productora pretendía filmar un documental? Otra vez la miseria humana intentando lucrar con tu sombra. Leopoldo Luque, Agustina Cosachov, Carlos Díaz, Ricardo Almirón, Mariano Perroni, Nancy Forlini y Pedro Di Spagna: esos son los nombres grabados en el banquillo de los acusados.

Mirá cómo vuela el tiempo, Pelusa… pensar que dentro de poco se cumplen cuarenta años de aquel partido eterno contra los ingleses, cuarenta años del día en que vengaste el orgullo de un pueblo con un puño rebelde y una corrida que todavía nos hace llorar. Dios sucio y pecador, el más humano de los dioses, como bien te definió Galeano. Hoy los argentinos extrañamos esa rebeldía tuya, ese pecho inflado plantándose de frente ante el poder. Hoy el panorama asusta: casi todos callan, nadie se anima a decir nada y parece que nos estamos olvidando de la lección más grande que nos dejaste, la de jamás agachar la cabeza frente a los poderosos. Ahora hacen lo que quieren con nosotros, Diego. Quieren convertir a nuestros clubes en empresas, quieren privatizar el último rincón de felicidad popular, nos quieren manchar la pelota… pero no van a poder.

Y como si fuera poco, Diego… Falleció el Indio. Se fue a hacer lo que quería. Se fue el último bastión del movimiento cultural más grande de la Argentina. Nos estamos quedando huérfanos, Pelusa, se fueron los únicos héroes en este lío. Pero nadie es capaz de matarte en mi alma, y menos a un pueblo que junto a ustedes fue feliz. 

El partido está chivo, Diego, tiranos un centro.

Marruecos y su modelo de desarrollo futbolístico 

Por Camila Fernández

El Mundial de Qatar 2022 marcó un antes y un después para Marruecos. Con una histórica clasificación a las semifinales, los Leones del Atlas se convirtieron en la primera selección africana en alcanzar esa instancia y captaron la atención de todo el mundo del fútbol. Sin embargo, aquel logro no fue una casualidad ni una sorpresa aislada, sino el resultado de un proyecto de desarrollo que lleva más de una década de trabajo. 

La transformación comenzó a tomar forma en 2009, cuando el rey Mohammed VI impulsó un ambicioso plan para convertir a Marruecos en una potencia futbolística. Una de las piezas centrales fue la creación de la Academia Mohamed VI, destinada a formar futbolistas preparados tanto técnica como tácticamente para competir al máximo nivel. A esto se sumó una fuerte inversión en infraestructura deportiva y una extensa red de captación de talentos en todo el país. Mientras muchas selecciones africanas apostaban por proyectos de corto plazo, Marruecos desarrolló un modelo sostenido en el tiempo. 

Con el lema “Primero formamos personas, luego futbolistas”, la Federación integra a expertos en psicología deportiva desde temprana edad para trabajar en resiliencia, gestión emocional y autoestima, preparando a los jugadores para competir al más alto nivel sin complejos 

La profesionalización de la estructura futbolística fue otro de los pilares del crecimiento marroquí. Bajo el liderazgo de Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación y una de las figuras clave detrás de la transformación del fútbol en el país, se impulsó una profunda modernización de la gestión deportiva. Como él mismo explicó, “el desarrollo del fútbol necesita una supervisión profesional de entidad”. Con esa visión, la Federación realizó importantes esfuerzos para fortalecer la formación de entrenadores, dirigentes y especialistas, brindando oportunidades de capacitación a través de los cursos impulsados por la Dirección Técnica Nacional tanto en el ámbito aficionado como en el profesional.

El punto de explosión llegó en Qatar 2022. Tras empatar con Croacia en el debut, Marruecos sorprendió al mundo al vencer 2-0 a Bélgica y 2-1 a Canadá para finalizar primero en un grupo que compartía con dos potencias europeas. En octavos de final eliminó a España por penales después de un empate sin goles y, en cuartos, derrotó 1-0 a Portugal gracias a un cabezazo de Youssef En-Nesyri. De esa manera se convirtió en la primera selección africana en alcanzar unas semifinales mundialistas. 

Aunque luego cayó ante Francia y finalizó cuarta tras perder el partido por el tercer puesto frente a Croacia, la campaña quedó grabada en la historia. Marruecos había demostrado que podía competir de igual a igual con algunas de las mejores selecciones del mundo. 

Lejos de tratarse de un éxito aislado, el crecimiento continuó en los años siguientes. En 2023 alcanzó los cuartos de final del Mundial Sub-17 y conquistó la Copa Africana de Naciones Sub-23. En 2024 obtuvo la medalla de bronce en el torneo olímpico masculino de fútbol y la selección femenina alcanzó los octavos de final del Mundial en su primera participación. En 2025, además, se consagró campeona africana Sub-17 y fue subcampeona continental Sub-20. 

Todos estos resultados confirmaron que el proyecto impulsado años atrás estaba funcionando. De cara al Mundial 2026, la ilusión es cada vez mayor. La selección se ha consolidado como una de las más fuertes de África y llegó a registrar una racha de 19 victorias consecutivas en partidos internacionales, una marca que refleja la regularidad alcanzada por el equipo en los últimos años. 

El Mundial 2026 aparece como la gran prueba para esta generación. Marruecos llega con una estructura consolidada, futbolistas que compiten en la élite europea y un proyecto respaldado por más de una década de planificación. Sin embargo, la ambición no termina allí. 

La mirada también está puesta en el Mundial 2030, que organizará junto a España y Portugal. Como parte de esa preparación, el país continúa desarrollando infraestructura de primer nivel y proyecta convertirse en una referencia futbolística dentro y fuera del continente africano.

Después de más de una década de trabajo, Marruecos dejó de ser una sorpresa para transformarse en una realidad. Qatar 2022 fue la confirmación de que podía desafiar a las grandes potencias. El Mundial 2026 será la oportunidad de demostrar que está preparado para competir entre ellas de manera permanente. 

Defender la Copa: los ciclos de 1982, 1986 y 2026

Por Felipe Maladesky

La Selección Argentina fue campeona en tres de las veintidós Copas del Mundo que se disputaron a lo largo de la historia. El Mundial de 2026 será la tercera ocasión en la que defenderá el título, en las anteriores dos se repitieron los entrenadores, Cesar Luis Menotti en 1982 y Carlos Salvador Bilardo en 1990. En este que está por comenzar. Lionel Scaloni volverá a estar al mando del equipo, con una base casi idéntica de aquellos jugadores que triunfaron en el Lusail, pero, ¿siempre fue así?

Para el Mundial de España 1982, la Selección no tuvo que disputar las Eliminatorias Sudamericanas. Al ser la campeona defensora tras ganar la Copa del Mundo en 1978, el equipo dirigido por Menotti clasificó de manera directa, por lo cual no tuvo esa instancia de competencia en la que muchos jugadores se ganan un puesto y otros lo pierden. Lo cierto es que hubo apariciones estelares, tres chicos campeones juveniles en Japón 1979: Ramón Diaz, Juan Barbas y Diego Armando Maradona, nada más y nada menos, haciendo su estreno mundialista tras quedar fuera de la nómina cuatro años atrás. Sumado a otros más experimentados como Jorge Valdano, Gabriel Calderón, Nery Pumpido, Julio Olarticoechea, Patricio Hernández, Santiago Santamaría, José Van Tuyne y Enzo Trossero. 

También contó con bajas de peso, René Houseman y Oscar Alberto Ortiz, quienes habian sumado algunas titularidades en 1978, no fueron parte de la convocatoria por razones físicas y futbolísticas, Omar Larrosa,  Rúben Pagnanini, Rubén Galván, Daniel Killer, Miguel Oviedo, Ricardo Villa, Ricardo La Volpe,  y Norberto Alonso, también presentes en la Copa disputada en Argentina cuatro años antes, tampoco formaron parte de la lista.

Los que se mantuvieron fueron 11: Ubaldo Fillol, Hector Baley, Daniel Passarella, Alberto Tarantini, Luis Galván, Jorge Olguín, Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Mario Alberto Kempes, Daniel Bertoni y José Valencia, un número alto de nombres que reaparecían, sin embargo, el resultado no fue el mejor. Superó la primera fase tras vencer a Hungría y El Salvador, pero en la segunda instancia perdió con Italia y Brasil, lo que significó la eliminación.

En el Mundial siguiente, ya con Bilardo a cargo, Argentina fue campeona del Mundo, razón por la cual tanto el técnico como siete integrantes del plantel estuvieron también en Italia 1990.

Jugadores como Diego Maradona, Sergio Goycochea, Oscar Ruggeri, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea, Sergio Batista y Ricardo Giusti se asentaron en el proceso. “Burru” contó en 2019 en una nota para La Nación que Bilardo repetía una frase constantemente: “Tenemos que defender el título, nos tenemos que matar”.

La mayoría de los campeones no repitieron la convocatoria, José Luis Brown, Daniel Pasarella, Luis Islas, José Cuciuffo, Héctor Enrique, Jorge Valdano, Pedro Pasculli, Ricardo Bochini, Sergio Almirón, Marcelo Trobbiani, Carlos Tapia, Claudio Borghi, Néstor Clausen, Héctor Zelada y Sergio Garré no estuvieron en la nómina.

Las caras nuevas le dieron frescura al equipo, Claudio Caniggia, Pedro Troglio, Néstor Lorenzo, Gustavo Dezotti, Abel Balbo, Roberto Sensini,  Pedro Monzón, José Serrizuela, Juan Simón, Edgardo Bauza, Gabriel Calderón y José Basualdo protagonizaron  una campaña que finalizó en subcampeonato luego de una polémica derrota ante Alemania por 1-0 con un gol de penal.

A diferencia de los procesos anteriores, la Argentina de Scaloni llega a la defensa del título en un contexto favorable: conquistó la Copa América 2024 y lideró con autoridad las Eliminatorias Sudamericanas rumbo a 2026.

Entre los cambios resaltan las desapariciones de Ángel Di Maria, retirado de la Selección en 2024, mismo caso para Franco Armani, Alejandro “Papu” Gómez, borrado después de Qatar, Paulo Dybala, afectado por sus lesiones, Ángel Correa, hoy ya jugando en el fútbol de México, Guido Rodriguez, quien perdió terreno en la consideración del técnico y Germán Pezzela, hoy suplente en River tras superar una rotura de ligamentos.

Los que van en busca del bicampeonato serán: Emiliano Martinez, Gerónimo Rulli, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi, Cristian Romero, Lisandro Martinez, Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes, Rodrigo de Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Exequiel Palacios, Thiago Almada, Lautaro Martínez, Julián Álvarez y Lionel Andrés Messi. 18  jugadores, con diferencia el número más alto de nombres que se mantienen, con el agregado que desde el 2022, la lista de convocados pasó de ser de 23 a 26 participantes.

Tres generaciones distintas, tres maneras de defender la gloria. Con más o menos cambios, todas debieron enfrentar el mismo desafío: sostenerse en la cima. Como resumió Lionel Scaloni en una conferencia de prensa previa al Mundial 2026: “no es normal haber conseguido todo esto que se consiguió”, una frase que refleja la dimensión de un proceso histórico que todavía no terminó y se encuentra ante una chance única.

Gustavo Alfaro: un entrenador sin límites

Por Celeste Benítez

“El escudo, que es lo que nos representa y nos define como equipo, está adelante y a la izquierda, donde está el corazón. El nombre de los jugadores está atrás y nunca van a estar por encima de un emblema”. Es el lema que Gustavo Alfaro lleva a todo equipo que entrena y que con el tiempo se volvió parte de su identidad; es un mantra que recita con convicción en cada declaración.

Alfaro es un hombre de metáforas y reflexiones, que en las entrevistas y conferencias de prensa le gusta citar a Borges, Menotti, Fangio, Bonavena, Fito Páez, Aristóteles, Einstein y Hemingway, entre otros. Es quien mantiene un perfil tranquilo dentro del campo de juego. “El mejor entrenador es aquel que encuentra la mejor estructura que contenga a los jugadores”, afirmó quien llevó a la Selección de Paraguay a un Mundial después de dieciséis años.

“Siento que mis raíces están en Rafaela. A veces el fútbol y la vida te empujan y te llevan a distintos lugares; el tema es que la esencia no te modifique”, expresó Lechuga, apodo que le puso su amigo de la infancia, Ricardo Borgoño, por los rulos que tenía de niño. Alfaro tuvo sus inicios en el deporte a los seis años, en el baby fútbol de Atlético de Rafaela. Allí se desempeñó como mediocampista, jugó 126 partidos y anotó seis goles. En 1992 llegó su momento de colgar los botines y agarró el silbato para dirigir a la Crema, el club que lo vio crecer.

Lechuga se considera un hombre tranquilo, memorioso y respetuoso, al que no le gustan los rótulos; por eso no está de acuerdo cuando en la jerga futbolera dicen que sus equipos son defensivos. Para él, la recuperación de la pelota es el primer gesto de solidaridad que hay en un equipo e intenta transmitir esa idea a sus jugadores.

Rafaela fue su primer paso como director técnico y luego dirigió a Quilmes, Belgrano, Olimpo, San Lorenzo, Arsenal de Sarandí, Rosario Central, Tigre, Gimnasia y Esgrima La Plata, Huracán y Boca. Su mayor logro en el ámbito nacional fue el ascenso del Aurinegro a la Primera División en 2002, tras ganar el campeonato de la Primera Nacional en 2001. Un suceso que Alfaro volvió a repetir, pero con el Cervecero, a quien clasificó a la Copa Sudamericana en 2004 y, un año después, a la Copa Libertadores. Esto marcó un punto de inflexión en su carrera como director técnico, que lo llevó a consagrarse campeón de la Primera División, la Supercopa y la Copa Argentina con el Viaducto. Aunque el premio mayor llegó con la obtención de la Sudamericana con el Arse en 2007.

Después de haber alcanzado tales logros, el rafaelino fue al fútbol internacional y estuvo al mando del Al Ahli de Arabia Saudita, por el breve lapso de un año, para luego pasar de los clubes a las selecciones nacionales. El primer seleccionado que tuvo bajo su mando fue el ecuatoriano, a quien llevó al Mundial de Qatar en 2022, pero no pudo avanzar de fase de grupos; lo mismo que le pasó dos años después con Costa Rica en la Copa América. Sin embargo, esto no lo detuvo y en 2024 se puso al mando de la Albirroja y la clasificó al Mundial de Estados Unidos 2026.

“Dirigir un Mundial es maravilloso, hay que trabajar mucho y dura poco. Ahí están los mejores y son las pruebas que te dan para ver dónde estás parado”, manifestó Alfaro de cara al torneo internacional de fútbol.

El hincha de Racing, más de una vez, dijo que el fútbol es esencialmente pasional y que él separa la pasión del trabajo, por lo que no suele gritar los goles. Aunque con Paraguay le pasó algo particular: le rompió el caparazón que decía tener y que no le permitía sentir lo mismo que los jugadores, la gente y un país que hoy se agita a través de una Selección nacional.

Con 63 años, el argentino disputará su segundo Mundial como director técnico. Su trayectoria de más de 30 años en el banco de suplentes lo llevó a dirigir a la Albirroja en su retorno a la Copa del Mundo, en la que deberá jugar contra Estados Unidos, Turquía y Australia.

Haití vuelve al Mundial: fútbol, esperanza y resistencia en medio de la crisis

Selección de Haití
Selección de Haití

Por Morena Sola Souto, Matías Ortiz, Nicolás Francolino, Leonel Librandi y Tomás Roselli

La selección haitiana se clasificó a la máxima cita mundialista por segunda vez en su historia, 52 años después de su única participación anterior, en Alemania 1974. En un país marcado por las crisis políticas y la ausencia de instituciones democráticas sólidas desde hace décadas, el fútbol se convirtió en un espacio de unión y encuentro para sus habitantes, ofreciéndoles un respiro frente a una realidad cotidiana atravesada por las dificultades.

El contexto social que atraviesa Haití le da aún más valor a la hazaña conseguida por el equipo dirigido por el francés Sébastien Migné, que se clasificó como líder de su grupo tras perder apenas uno de los seis partidos disputados. La particularidad es que no jugó ni un solo encuentro de la clasificación en territorio haitiano debido a la constante inseguridad que afecta al país y que impide la realización de eventos deportivos internacionales.

Desde 2021, Haití atraviesa una profunda crisis institucional tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse. Desde entonces, grupos armados han incrementado su control sobre amplias zonas de la capital, Puerto Príncipe. Incluso el Stade Sylvio Cator, principal estadio del país, permanece inutilizado para la actividad futbolística, mientras que la liga local ha sufrido reiteradas interrupciones en los últimos años.

En este contexto, Migné ni siquiera ha podido visitar Haití desde que asumió el cargo en 2024. El seguimiento de sus futbolistas lo realiza desde Francia mediante videollamadas y herramientas digitales. Las convocatorias suelen definirse pocos días antes de cada fecha FIFA y los encuentros como local se disputan en Curazao y, en algunas ocasiones, en Aruba, países que ceden sus instalaciones para que la selección pueda ejercer una localía relativamente cercana.

Una de las claves del exitoso ciclo del entrenador ha sido el trabajo de scouting realizado en Europa y la incorporación de futbolistas con ascendencia haitiana nacidos en el exterior. Entre ellos se destaca el mediocampista Jean-Ricner Bellegarde, jugador del Wolverhampton inglés. Nacido en Francia e hijo de padres haitianos, disputó 25 partidos en la última temporada de la Premier League y debutó con la selección haitiana en 2025.

Otro caso es el del delantero Wilson Isidor, del Sunderland, una de las incorporaciones más importantes de cara al Mundial. A ellos se suman referentes históricos del plantel como Duckens Nazon, máximo goleador de la historia de la selección con 44 tantos, y el arquero Johny Placide, capitán del equipo, que afrontará el torneo con 38 años.

A los “Granaderos” les espera una zona exigente. La pentacampeona Brasil, la emergente Marruecos y la siempre competitiva Escocia integran el Grupo C del Mundial de Norteamérica. Haití disputará todos sus partidos de la primera fase en Estados Unidos. Debutará el 13 de junio frente a Escocia en Boston, luego se medirá con Brasil el 19 en Philadelphia y cerrará su participación en la fase de grupos el 24 en Atlanta ante Marruecos.

El único aspecto negativo dentro del clima mundialista está relacionado con una medida adoptada por el gobierno estadounidense que afecta a los ciudadanos haitianos. Las restricciones migratorias vigentes complican la posibilidad de que muchos simpatizantes puedan viajar para acompañar al equipo durante la competencia, limitando la presencia de hinchas en las tribunas.

Sin embargo, ni la dificultad de los rivales ni las complicaciones para contar con el apoyo masivo de sus seguidores logran apagar la ilusión. Para el pueblo haitiano, volver a disputar un Mundial representa mucho más que una participación deportiva: es una oportunidad para celebrar, aunque sea por unas semanas, una historia de esfuerzo, resistencia y esperanza en medio de la adversidad.

Emmanuel Sanon, el héroe humilde que puso a Haití en el mapa del fútbol

Dino Zoff y el haitiano Emmanuel Sanon
Dino Zoff y el haitiano Emmanuel Sanon

Por Báez Tomás, Genovesi Nahuel, Salgado Bautista y Vera Lena

Emmanuel Sanon fue uno de esos futbolistas que lograron algo mucho más importante que ganar títulos: convertirse en símbolo de un país entero. Nació el 25 de junio de 1951 en Puerto Príncipe, Haití, y desde joven se destacó por su velocidad, su inteligencia para jugar y su capacidad goleadora. Sin embargo, quienes lo conocieron siempre remarcaron algo más importante que sus condiciones futbolísticas: su humildad. Sanon tenía un perfil bajo, tranquilo, lejos de las grandes polémicas o de la necesidad de llamar la atención.

En Haití lo apodaban “Manno” Sanon y, con el paso del tiempo, terminó convirtiéndose en el jugador más querido y admirado de la historia del país. Su carrera comenzó en el Don Bosco FC, donde rápidamente mostró que estaba por encima del nivel habitual del fútbol haitiano. Allí ganó el campeonato nacional en 1971 y poco después dio el salto al fútbol europeo para jugar en el Beerschot de Bélgica. Para un futbolista haitiano de aquella época, llegar a Europa ya era algo extraordinario.

Pero la verdadera dimensión de Emmanuel Sanon apareció con la selección de Haití. A comienzos de los años 70, el país soñaba con clasificarse por primera vez a una Copa del Mundo. Haití no tenía la infraestructura ni el poder de las grandes selecciones, pero sí contaba con un grupo de jugadores talentosos liderados por Sanon. Durante las eliminatorias para el Mundial de 1974, el delantero fue decisivo y convirtió once goles, transformándose en la gran figura del equipo.

La clasificación al Mundial de Alemania Occidental fue histórica. Nadie esperaba que Haití pudiera competir contra potencias internacionales y mucho menos dejar una huella en la historia. Sin embargo, Emmanuel Sanon estaba preparado para cambiar eso.

El momento más importante de su carrera llegó el 15 de junio de 1974, en el partido entre Haití e Italia. La selección italiana era una de las favoritas del torneo y tenía en el arco a Dino Zoff, considerado uno de los mejores arqueros del mundo. Además, Zoff llevaba una impresionante racha de 1.142 minutos sin recibir goles con su selección.

Pero apenas comenzó el segundo tiempo, Sanon recibió un pase largo, corrió entre los defensores italianos y definió con enorme tranquilidad frente al arquero. Haití se ponía 1-0 arriba y el estadio entero quedó sorprendido. Años más tarde, muchos medios recordarían ese momento como una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales. El diario británico The Guardian lo describió como “uno de los partidos más memorables del Mundial de 1974” y señaló que Sanon “terminó con la histórica racha invicta de Dino Zoff gracias a un gol sensacional”.

Ese gol tuvo un valor enorme no solo por el rival o por el récord que rompió, sino porque representó algo simbólico: un pequeño país caribeño podía desafiar a una potencia del fútbol mundial. Aunque Italia finalmente ganó 3-1, el nombre de Emmanuel Sanon ya había quedado grabado para siempre.

Muchos años después, distintos periodistas y escritores siguieron destacando la importancia de aquel momento. El sitio brasileño Museu da Pelada afirmó que fue “uno de los goles más improbables de la historia de los Mundiales” y agregó: “Fue un gol que valió para toda una Copa del Mundo o incluso más”. Esa frase resume perfectamente lo que significó Sanon para Haití: no solo hizo un gol, sino que le dio al país un momento de orgullo eterno.

Sanon también logró convertirle a Argentina en ese mismo Mundial, marcando los únicos dos goles de Haití en toda su historia mundialista. A pesar de enfrentarse a selecciones muchísimo más poderosas, nunca mostró miedo dentro de la cancha. Jugaba con naturalidad, como si no sintiera el peso de la historia ni de los grandes escenarios.

Sin embargo, lo que más engrandeció su figura fue la manera en que vivió el éxito. Nunca se comportó como una estrella arrogante. En una época en la que muchos futbolistas comenzaban a transformarse en celebridades, Emmanuel Sanon mantenía una personalidad sencilla y reservada. Por eso, en Haití no solamente lo recuerdan como un gran jugador, sino también como una persona humilde y cercana.

El sitio La Monserga del Fútbol llegó a definirlo como “el mejor deportista haitiano de toda la historia y máximo goleador de su selección”. Esa valoración no tiene que ver únicamente con sus números, sino con el impacto emocional que tuvo sobre su gente. En un país marcado por la pobreza, la violencia política y las dificultades sociales, “Manno” representaba una alegría colectiva.

Además, la selección haitiana de 1974 atravesó momentos muy difíciles fuera de la cancha. El país vivía bajo la dictadura de Jean-Claude Duvalier y varios jugadores denunciaron años después presiones políticas y amenazas. Aun en ese contexto, Sanon siempre mantuvo la calma y evitó exponerse públicamente. Esa actitud reforzó todavía más su imagen de hombre sencillo y de perfil bajo.

Después de retirarse como futbolista, siguió ligado al deporte y dirigió a la selección haitiana entre 1999 y 2000. Nunca dejó de trabajar por el crecimiento del fútbol de su país. Falleció el 21 de febrero de 2008 en Orlando, Estados Unidos, a causa de un cáncer de páncreas. Su muerte provocó una enorme conmoción en Haití. Miles de personas participaron en homenajes y despedidas, porque para el pueblo haitiano Emmanuel Sanon no era solamente un exjugador: era un héroe nacional.

Hoy su figura sigue viva porque representa algo muy difícil de encontrar: un ídolo enorme que nunca perdió la humildad. Emmanuel Sanon demostró que no hace falta jugar en los clubes más famosos del mundo para convertirse en eterno. A veces alcanza con un gol, una actitud sencilla y el orgullo de representar a todo un país.

Haití, donde la resistencia nunca se apaga

Los hinchas de la selección de Haití
Los hinchas de la selección de Haití

Por Malena Genovese, Luisina Meccia y Fermín Legnani

En el Caribe hay un país que, aunque muchas veces aparece en las noticias por tragedias o crisis, guarda una de las historias más impactantes del continente: Haití. Entre calles llenas de música, mercados coloridos y una cultura marcada por raíces africanas, Haití carga con un pasado que todavía hoy influye en su presente.

Todo comenzó mucho antes de convertirse en un Estado independiente. Durante la época colonial, la isla era una de las más importantes para Francia gracias a la producción de azúcar y café, sostenida por el trabajo forzado de miles de esclavos africanos. Pero a fines del siglo XVIII, ocurrió algo que cambiaría la historia para siempre: quienes eran esclavos se rebelaron.

Después de años de enfrentamientos, Haití logró independizarse en 1804 y se convirtió en la primera república negra libre del mundo. La Revolución Haitiana no solo sorprendió a Europa, sino que también se transformó en un símbolo de libertad para otros pueblos de América. Derrotar al ejército de Napoleón Bonaparte parecía imposible, pero Haití lo consiguió.

Sin embargo, la independencia no trajo tranquilidad inmediata. Durante muchos años, el país quedó aislado económicamente y enfrentó gobiernos inestables, golpes políticos y enormes dificultades sociales. Aun así, su identidad cultural siguió creciendo a través de la música, las tradiciones populares y la mezcla de influencias africanas y caribeñas que hoy forman parte de su esencia.

Con el paso del tiempo, Haití también se volvió conocido por otro motivo: las catástrofes naturales. Su ubicación geográfica lo deja expuesto a terremotos y huracanes que muchas veces golpean con fuerza a una población ya vulnerable. El terremoto de 2010 fue uno de los momentos más difíciles de su historia reciente, especialmente en la capital, Puerto Príncipe, donde miles de edificios quedaron destruidos. Años más tarde, huracanes como Matthew volvieron a provocar graves daños en distintas regiones del país.

Pero Haití no es solo tragedia. También es arte callejero, ritmo caribeño, comida típica, playas paradisíacas y una sociedad que intenta salir adelante incluso en medio de las dificultades. En cada rincón aparece una mezcla de resistencia y orgullo nacional que forma parte de la vida cotidiana de los haitianos.

Y justamente esa combinación de lucha y esperanza vuelve a aparecer hoy en el deporte. Porque en unas semanas Haití disputará su segundo Mundial, un acontecimiento que va mucho más allá de lo futbolístico. Para muchos puede ser solamente un torneo, pero para los haitianos significa una oportunidad de mostrarse al mundo desde otro lugar.

Detrás de cada partido habrá una historia de superación: la de un país golpeado por crisis económicas, violencia e inestabilidad, pero que nunca perdió su identidad ni sus ganas de seguir adelante. Mientras algunos conocen Haití únicamente por las malas noticias, millones de personas intentarán demostrar dentro de una cancha que también existe talento, pasión y orgullo nacional.

Por eso, cuando Haití salga a jugar el Mundial, no solo representará a una selección. Representará a todo un pueblo que, pese a las dificultades, sigue soñando con escribir nuevas páginas de su historia y demostrar que todavía tiene mucho por contar.

El aprovechamiento de Estados Unidos

Por Lucas Svaluto

El Mundial de 2026, disputado en Estados Unidos, Canadá y México desató un intenso debate sobre el costo de las entradas. Un anuncio de la aerolínea Air Transat lo demuestra: “Ve a Inglaterra, entradas a USD 3.402. Ve a Inglaterra, boletos de ida y vuelta desde USD 779”. La comparación no deja lugar a dudas: para muchos seguidores, volar a otro país resulta más barato que pagar una entrada para un solo partido de la Copa del Mundo. Esta diferencia se acentúa cuando se suman otros gastos asociados, como el transporte local. Por ejemplo, NJ Transit anunció, inicialmente, que el viaje ida y vuelta desde Penn Station al estadio MetLife costaría USD 150 los días de partido, frente a los USD 13 habituales; tras la polémica, el precio se redujo a USD 98. En plataformas de reventa autorizadas por la FIFA, a mediados de mayo, la entrada más barata para la final del 19 de julio en el MetLife Stadium alcanzaba los USD 4.185, mientras que la más cara rondaba los USD 10.990.

Desde la FIFA se estableció un cupo reducido de entradas a 60 dólares para la fase de grupos, mientras que el resto de los partidos ronda los 120 dólares. Sin embargo, los hinchas denunciaron que las localidades más económicas son prácticamente imposibles de conseguir. En este contexto, estimaron que el costo total para asistir al Mundial – incluyendo entrada, traslado y alojamiento— no será inferior a los 6.000 dólares.ç

En cambio, un informe privado reveló que para un argentino, asistir al Mundial 2026 costará cerca de USD 8.000 per cápita. Una persona necesita hasta 11 Salarios Mínimos Vitales y Móviles para cubrir viaje, entradas, hotel y gastos básicos. Alentar a la Selección Argentina se convirtió en un desafío económico cada vez más difícil, según el informe de Focus Market para el Blog de Educación Financiera de Naranja X.

Los principales gastos son:

Entradas para ver a Argentina: mínimo USD 840

Hotel por 10 noches con desayuno: USD 4.100

Alimentación y gastos extras: USD 1.610

Vuelos internos y traslados: entre USD 1.300 y USD 1.450

El estudio comparó cuánto representa económicamente el Mundial para personas de distintos países. En comparación con los ingresos que requiere un argentino, en Austria el costo equivale apenas a 2,5 salarios mensuales. La situación es aún más compleja en países como Argelia, donde asistir a la Copa demanda más de 25 salarios.

Uno de los puntos que más aumentó en las últimas décadas fue el valor de las entradas: En el Mundial de Estados Unidos 1994, el precio promedio rondaba los USD 250. En esta edición, el promedio escaló hasta USD 3,395, lo que representa un incremento de 1.258% en 32 años y entradas diez veces más caras que en Qatar 2022.

Según el análisis, el aumento se debe a la venta de derechos de televisión, el impacto del marketing digital, la globalización del fútbol, los sponsors internacionales y la expansión comercial de los clubes.

Irán–Estados Unidos, un conflicto que escaló hasta el fútbol

Por Farid Esper

Como se podía prever, la situación política entre Irán y Estados Unidos fue más allá del conflicto bélico y se entrometió en el deporte. A diferencia del resto de los países, que se hospedan en Estados Unidos, el plantel asiático debió alojarse en suelo mexicano. Luego, los días de partido, el plantel se trasladará a la ciudad donde se dispute el encuentro (dos veces a Los Ángeles y una a Seattle) y regresará a México para descansar y entrenar.

Irán fue uno de los primeros países clasificados a la competencia (25 de marzo de 2025), y desde ese momento, sus dirigentes comenzaron a tramitar las visas necesarias para ingresar al país. Finalmente, luego de más de un año de espera, los futbolistas recibieron la aprobación del pedido, aunque el presidente de la Federación de Fútbol de Irán, Mehdi Taj, no tuvo la misma suerte: le rechazaron el visado y por consiguiente, se le negó la entrada al país.

El departamento de Estado de EE.UU. respaldó su decisión al sostener que había emitido los visados necesarios para que la selección iraní pudiera competir en el torneo. Además, advirtió que no permitiría que “abusaran de este sistema para introducir terroristas en Estados Unidos”.

Una de las grandes noticias que resonó en el mundo del fútbol fue la medida que tomó la FIFA respecto a las entradas de Irán. Cada selección participante del torneo recibe el 8% de los boletos de cada uno de los partidos que dispute, para así asignarlos a sus hinchas.

Esta mañana, la Federación Iraní de Fútbol emitió un comunicado en el cual comparte que la máxima entidad del deporte le quitó sus entradas correspondientes a pesar de que miles de simpatizantes ya habían organizado su itinerario para acompañar a su selección. En el documento se pone en duda la injerencia de consideraciones ajenas al deporte y de carácter político en la organización del mayor evento futbolístico del mundo.

“Privar a los aficionados iraníes del acceso a su asignación legítima y oficial de entradas es una acción contraria al espíritu que ​rige las competiciones internacionales y al principio de igualdad entre los países participantes”, agregó el comunicado.

La transformación de los campos de juego para el Mundial 2026

Por Ignacio Mazzo

Con Estados Unidos, Canadá y México como países anfitriones de la Copa del Mundo 2026 y 48 selecciones en competencia, la organización enfrenta el desafío de estandarizar los campos de juego. Esta situación expone una diferencia importante entre la logística comercial de los grandes estadios norteamericanos y los requisitos técnicos del fútbol profesional.

Para este campeonato, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) permitió el uso de sistemas híbridos o bases artificiales, siempre que se coloque una capa temporal de pasto natural sobre la superficie sintética. La mayoría de los estadios seleccionados en Estados Unidos y Canadá pertenecen a equipos de la National Football League (NFL) y la Canadian Football League (CFL), donde el césped sintético es lo habitual. Debido a esto, los administradores de los recintos iniciaron un proceso de adaptación en poco tiempo.

Estadios ubicados en ciudades como Atlanta (Mercedes-Benz Stadium), Dallas (AT&T Stadium) o Nueva Jersey (MetLife Stadium) debieron modificar sus campos para instalar pasto natural. Este cambio no se realiza por motivos estéticos, sino que responde a las demandas médicas y técnicas de los equipos. El césped natural amortigua mejor los impactos, ayuda a controlar la temperatura del terreno y permite un movimiento del balón más predecible, factores que contribuyen a cuidar la condición física de los jugadores de alto rendimiento.

Sin embargo, la colocación de pasto natural temporal sobre estructuras diseñadas para alfombras sintéticas genera desafíos de seguridad. Una de las principales preocupaciones es la formación de desniveles o separaciones entre los bloques de césped. Si las raíces no se asientan correctamente en la base provisional, el terreno podría levantarse durante movimientos bruscos, lo que incrementa el riesgo de lesiones en las articulaciones. Además, muchos de estos estadios tienen diseños cerrados o techos retráctiles que limitan la luz solar y la ventilación, dificultando el mantenimiento del pasto.

Algunas delegaciones internacionales ya han manifestado inconvenientes por este motivo. Por ejemplo, la selección de Japón tuvo que cambiar su lugar de entrenamiento debido al estado deficiente de las canchas auxiliares. Este panorama también involucra factores financieros y ambientales, ya que los sistemas avanzados de riego y mantenimiento consumen una cantidad importante de recursos, especialmente en zonas propensas a altas temperaturas. Una vez que termine el torneo, muchos de estos estadios volverán a utilizar césped sintético. Este escenario demuestra que el equilibrio entre los intereses comerciales y las condiciones óptimas de juego sigue siendo un aspecto complejo en la organización del evento.