Cecilia Dieleke: a 200 metros de Dakar

Por Diego Kviatek

A los 16 años, Cecilia Dieleke todavía tiene muchos sueños por cumplir. Récord argentino absoluto en los 100 metros espalda y múltiple medallista internacional, la joven nadadora se prepara ahora para afrontar el desafío más importante de su corta carrera: representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, donde competirá en los 200 metros espalda.

Detrás de las marcas y las medallas aparece una adolescente que todavía intenta dimensionar todo lo que consiguió en tan poco tiempo. Entre el orgullo de representar al
país y la ilusión de vivir por primera vez una experiencia olímpica, Cecilia se prepara para
llegar a Senegal con un objetivo claro: dejar al país en lo más alto.

Chocolate olímpico

La noticia más importante de su carrera llegó lejos de una pileta. No fue después de una competencia o mediante algún anuncio oficial de la Confederación Argentina de Deportes Acuáticos, sino tomando un helado. Fue su entrenador Walter Rodríguez quien, entre cucharada y cucharada, recibió un mail con la confirmación.

La alegría apareció enseguida, aunque la verdadera dimensión de la noticia tardó unos minutos más en llegar. Recién cuando Walter le dijo que iba a ser olímpica comprendió realmente lo que acababa de lograr.

“Les conté a mis papás que iba a ser olímpica y me abrazaron. Mi mamá se puso a llorar, mi papá no porque él nunca llora, pero estaba muy feliz. No lo podían creer. Yo no lloré, pero casi”, recuerda Cecilia.

La atleta nacida en la localidad de San Martín buscará defender la bandera en Senegal, y eso le genera distintas sensaciones. “Es un honor muy grande y muy emocionante escuchar el himno, sea yo quien esté en el podio o no. Intentar llevar a la bandera a lo más alto posible es muy lindo y me da un poco de escalofríos. Siento más orgullo que miedo o presión”, reconoce la nadadora.

Y es que Cecilia ya sabe lo que es escuchar el ‘Oid mortales’ en un evento grande; en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá 2026 conquistó tres medallas doradas y, si bien sueña con repetir la hazaña en África, tiene sus objetivos claros: “Mi objetivo principal es poder bajar mi tiempo y dejar al país en lo más alto”.

 

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De la colonia a la selección

La natación no apareció en la vida de Cecilia como un sueño olímpico. Llegó casi por casualidad, cuando sus padres la anotaron junto a su hermana en la colonia de la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester. Allí descubrieron que ambas tenían condiciones y las invitaron a formar parte del equipo.

Con apenas 11 años, Walter Rodríguez ya veía algo distinto en ella. El entrenador le repetía que tenía condiciones para llegar lejos, aunque todavía faltaba mucho para empezar a competir en los grandes escenarios. Recién a los 13 años Dieleke disputó su primer torneo internacional, y le fue tan bien que con sus marcas se clasificó a los Sudamericanos, lo que para ella era un Mundial en ese momento.

“Me di cuenta de que nadaba muy bien a los 11/12 años. En realidad Walter me hizo darme cuenta (se ríe). Después de mi primer torneo internacional me di cuenta del nivel que podía llegar a tener”, recuerda.

Años después, en los Juegos Suramericanos de la Juventud 2026, llegó otro momento inolvidable en la creciente carrera de Cecilia. Una vez finalizada la prueba, vio el tablero y se encontró con un tiempo de 1:00,42, que para ella significaba apenas un nuevo récord juvenil. Todavía no sabía que acababa de romper un récord argentino absoluto.

“Cuando vi la placa decía 1:00. Era la primera vez que lo lograba. No sabía que era récord absoluto. Walter me dijo que era récord argentino y me puse muy feliz”, cuenta Cecilia.

Pero detrás de esos logros también hay una rutina que poco tiene de adolescente. Cambiar de colegio para entrenar doble turno fue una de las decisiones más importantes de ese camino.

“El mayor esfuerzo fue cambiarme de colegio para poder entrenar doble turno. Me levanto a las 5:20, entreno, voy al colegio, vuelvo a entrenar, llego a mi casa alrededor de las diez de la noche. No veo tanto a mi familia. Ellos lo entienden y son los que más me apoyan”, explica.

 

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Debajo de la superficie

La competencia en la natación puede resultar más “objetiva” que en otros deportes. Aquí no hay una decisión técnica que determine quién merece un lugar: el cronómetro habla por sí solo. Quien registra la mejor marca clasifica y los nadadores saben que, aunque compartan equipo, también compiten permanentemente por un lugar.

Pero, lejos de convertirlos en enemigos, Cecilia asegura que la amistad dentro del equipo es más fuerte y que todos entienden las reglas del juego: “La competencia empieza y termina cuando estás en el agua, después no lo ves como rival. Incluso, cuando vemos que alguno está mal, vamos todos a ayudarlo, es lo más valioso del deporte”, destaca Dieleke.

Mientras los espectadores miran permanentemente el cronómetro, Cecilia simplemente piensa en respirar y tratar de no ponerse nerviosa, una presión que con el tiempo aprendió a manejar y hasta convertir en un impulso para alcanzar sus mejores tiempos: “Trato de pensar nomás en contar bien las vueltas”, cuenta entre risas.

Pero antes de la nadadora que sueña con hacer historia en el agua, hubo una chica a la que le encantaba otro deporte y que debió elegir qué camino seguir. “Hasta los 12/13 años hacía gimnasia artística. Me encantaba, pero tuve que elegir. Por suerte elegí bien”, reconoce Cecilia.

A los seis años, una chica “hiperactiva” a la que sus padres mandaron a una colonia junto a su hermana conoció un deporte que, sin saberlo, le cambiaría la vida. Una década después, aquella nena está a punto de cumplir el sueño de vivir unos Juegos Olímpicos desde adentro.

Si pudiera encontrarse con aquella Ceci que recién empezaba a nadar, hoy tendría un consejo para ella: “Le diría que siga nadando y haciendo lo que le gusta. Que todo termina dando sus frutos y que, cuando las cosas estén mal, intente no pensar en eso porque todo pasa”, reflexiona.

¿Y qué le diría aquella nena a la Cecilia de hoy? Probablemente no le daría ningún consejo. Solo tendría dos preguntas: “Me preguntaría cómo llegué tan lejos y qué lugares conocí”, imagina la joven nadadora.

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