Por Valentina Campano
A simple vista, una competencia de aguas abiertas puede parecer solamente nadar varios kilómetros hasta llegar a la línea de meta. Pero detrás de cada carrera hay horas de entrenamiento, descanso, alimentación, recuperación y preparación mental. Para un deportista de alto rendimiento, competir no empieza cuando se tira al agua: es un proceso que ocupa gran parte de su vida.
Sofía Garcés tiene 18 años y hace varios años que la natación forma parte de su rutina. Este año compitió por primera vez en el circuito mundial de aguas abiertas y también participó del Mundial Juvenil que se realizó en Santa Fe, del 3 al 6 de septiembre. El campeonato reunió a 273 atletas de 39 federaciones. En los 10 kilómetros de la categoría 18-19 años, Garcés terminó en el puesto 15 entre 31 nadadoras, mejorando el 16.º lugar que había conseguido en el Mundial de 2024.
Según cuenta Garcés, este año compitió en cuatro etapas de la Copa del Mundo: Egipto, Ibiza, Cerdeña y Setúbal. Para afrontar ese calendario, su preparación estuvo marcada por una rutina exigente. “Mi semana normalmente tiene diez entrenamientos de agua y tres o cuatro sesiones de gimnasio y una de yoga”, cuenta. Los días de doble turno empiezan a las 5:45 de la mañana, cuando entra al agua y entrena hasta las 8. Después, dependiendo del día, continúa con el gimnasio y por la tarde vuelve a nadar, generalmente entre las 15 y las 17:30.
Pero la preparación no termina cuando sale del agua. La alimentación, el descanso, la recuperación, los controles y el trabajo psicológico también forman parte del entrenamiento. Para Garcés, entender eso fue una de las claves para crecer como deportista. “No es solamente meterse al agua y nadar muchas horas, hay un montón de cosas que tienen que funcionar juntas”, explica.
A esa exigencia se suma la necesidad de organizar una vida que, a los 18 años, también está atravesada por el estudio, la familia y los amigos. Hay días en los que está cansada o en los que simplemente quiere hacer una vida más normal. Por eso, encontrar un equilibrio también se convirtió en parte de su preparación.
Según cuenta Garcés, a los 15 años tomó una de las decisiones más importantes de su carrera: dejar su lugar de origen para continuar con su preparación deportiva. No fue solamente cambiar de club. También tuvo que alejarse de su familia, cambiar de colegio y dejar atrás a sus amigos. Al principio fue difícil y tuvo que aprender a manejar sola sus horarios, las comidas, el dinero y la organización de su día. Con el tiempo, esa experiencia también se convirtió en parte de su crecimiento. “Hoy miro para atrás y entiendo que esa decisión fue una parte muy importante de la deportista y de la persona que soy”, sostiene.

La preparación también cambia cuando se trata de aguas abiertas. A diferencia de una pileta, donde las condiciones son más controladas, en el río o en el mar aparecen factores que el deportista no puede manejar: la corriente, el viento, las olas, la temperatura del agua y los movimientos de las otras nadadoras. A eso se suman los kilómetros y el cansancio. Durante una carrera hay que mantenerse concentrada y tomar decisiones mientras el cuerpo empieza a sentir el esfuerzo. Para Garcés, aprender a adaptarse fue uno de los mayores desafíos de la disciplina, pero también una de las cosas que más disfruta.
Otro aspecto importante es la preparación psicológica. Garcés trabaja con una psicóloga y considera que no alcanza solamente con estar bien físicamente. Uno de sus principales aprendizajes fue entender que el resultado final no siempre depende completamente de ella. Por eso, antes de una competición importante intenta concentrarse en lo que puede controlar y valorar el trabajo realizado, más allá del resultado.
Representar a Argentina también tiene un significado especial. En el Mundial de Santa Fe pudo hacerlo cerca de su familia, sus amigos y muchas de las personas que la acompañaron durante su crecimiento deportivo. Ponerse la gorra argentina, según cuenta, le genera orgullo, pero también responsabilidad. A sus 18 años, todavía le cuesta dimensionar todo lo que tuvo que atravesar para llegar a competir por el país.
Mientras la natación ocupa una parte importante de su vida, Garcés también piensa en su futuro. Este año decidió hacer de manera virtual el curso de Entrenadora Nacional de Natación para poder combinarlo con los viajes y las competencias. El próximo año tiene pensado comenzar la carrera de Nutrición. Sabe que combinar una carrera universitaria con el alto rendimiento será otro desafío, pero también entiende que tendrá que volver a hacer lo que ya aprendió durante estos años: organizarse y encontrar un equilibrio.
Su próximo objetivo será disputar su último Sudamericano Juvenil e intentar conseguir una plaza para los Juegos Panamericanos de Lima. La experiencia internacional de este año, según cuenta, le permitió conocerse mejor y entender en qué aspectos todavía tiene que trabajar.
A pesar de todo lo que ya vivió, Garcés siente que aún está empezando. Comenzó a nadar desde muy pequeña y desde entonces pasó por competiciones, viajes, momentos difíciles y decisiones que la hicieron crecer. Los resultados son una parte del gran camino que viene teniendo, pero no son lo único que define su carrera.
Sofía Garcés destaca que en el alto rendimiento arribar a la llegada encierra muchas horas de trabajo que no se ven: entrenamientos, gimnasio, descanso, alimentación, viajes, estudio y también momentos en los que toca dejar de lado algunos planes. Para Sofía Garcés, todo eso forma parte de un mismo propósito: seguir creciendo dentro de la natación sin dejar de lado la persona que quiere ser fuera del agua.





