El frío que une al mundo: una jornada de aguas heladas frente al Perito Moreno

Por Lisandro Torres Pagani

El despertador sonó antes de que amaneciera. A las 7.30 de la mañana, un grupo de micros partió desde El Calafate rumbo al Parque Nacional Los Glaciares. El destino estaba a unos kilómetros de distancia, pero el paisaje hacía sentir que el destino del viaje era mucho más lejos: escarcha sobre la ruta, montañas cubiertas de nieve y, al final del camino, el imponente Glaciar Perito Moreno custodiando las aguas del Lago Argentino.

Allí, donde el termómetro marcaba cinco grados bajo cero en el agua durante las primeras horas del día y apenas alcanzó los 2,5 °C cuando comenzaron las competencias, se disputó una nueva fecha de la Winter Swimming World Cup. Casi 300 nadadores de Argentina, Chile, Perú, Rusia, España, Brasil, Colombia, República Checa, Alemania, Bélgica, Suiza, México, Venezuela, Uruguay, Ecuador y Reino Unido llegaron hasta la Patagonia para desafiar uno de los escenarios más extremos del circuito internacional de aguas frías.

Antes del inicio, enormes trajes térmicos rojos caminaban de un lado al otro del predio, eran los salvavidas que estaban por cualquier emergencia que sucediera en el agua. Entre puestos de masajes, médicos, voluntarios, zonas calefaccionadas, bebidas calientes, espacios para guardar pertenencias y áreas de recuperación, los competidores intentaban conservar el calor corporal hasta el último instante.

La llegada del gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, alteró por unos minutos la tranquilidad del lugar. Junto a Matías Ola, ex nadador que organizó el evento, y Daniel Scioli, actual Secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, encabezó la apertura oficial de un evento que pretende consolidar a El Calafate como escenario mundial del deporte y posicionar a la Argentina dentro del mapa internacional de la natación en aguas heladas.

Ni siquiera algunos inconvenientes con el audio de los micrófonos lograron romper la expectativa. Cuando comenzó la ceremonia, una cantante de ópera interpretó el Himno Nacional Argentino. Después llegaron las presentaciones. Durante unos segundos, el silencio fue absoluto. De pronto, la calma desapareció. Los gritos invadieron el lugar y una explosión de energía acompañó el inicio de las pruebas. Los nadadores respiraban profundo al entrar a la pileta, se escuchaban sus fuertes suspiros antes de la largada.

En el agua no había margen para el error. Los cubos flotantes que sostenían la pileta se movían constantemente con el oleaje del lago, mientras los competidores avanzaban impulsándose únicamente con los pies al llegar a cada extremo, sin realizar el giro tradicional de una piscina convencional. En su afán por ganar, algunos incluso terminaban golpeándose contra los límites de la estructura.

El ruso Sapozhnikov Vladislav fue uno de los protagonistas de la jornada al marcar el récord mundial en los 200 metros pecho con 2 minutos y 35 segundos. Sin embargo, los tiempos pasaban a un segundo plano frente a las historias que ofrecía cada carrera.

Uno de los nadadores, reconocido por su simpatía durante toda la jornada, sufrió un fuerte dolor de estómago en plena competencia. Se detuvo unos segundos al quedar desorientado, recuperó la referencia del recorrido y continuó hasta cruzar la meta. Minutos después, todavía sonriendo, explicaba que durante la carrera la adrenalina hace olvidar el frío.

Luego, una nadadora chilena llamada Emilia explicó su experiencia previa antes de meterse al agua helada: “Va a ser mi primera vez nadando en aguas gélidas, ni siquiera probé el baño de hielo, simplemente he preparado la mente. Todo según yo es mental, claramente me se los estilos de natación y con esa base todo se va a encaminar. Se siente imponente estar presente en un evento tan grande como este, pero a la vez, va a ser una aventura y experiencia nueva para toda la vida. Es maravilloso”.

Cada llegada despertaba una reacción distinta. Había gritos, abrazos y lágrimas. Nadadores envueltos en sus enormes camperas intentaban recuperar la temperatura corporal mientras confesaban la emoción que les generaba representar a su país en un escenario tan emblemático. Otras apenas podían mantenerse de pie por el esfuerzo realizado. Exhaustos, caminaban lentamente hacia la zona de recuperación.

Desde la costa del Lago Argentino, familiares alentaban sin quitar la vista del agua. Entre cada prueba, los turistas continuaban navegando frente al glaciar, mezclando el espectáculo deportivo con uno de los paisajes más impactantes de la Argentina. La competencia convivió con el turismo en un evento que solo fue posible gracias a las autorizaciones del Parque Nacional y al cumplimiento de estrictos parámetros ambientales.

La organización busca que la ciudad forme parte de manera permanente del circuito internacional de aguas frías, similar al de los tradicionales campeonatos de los países nórdicos. También pretende impulsar el turismo, ya van varias temporadas que se viene registrando una baja en la cantidad de visitantes y quieren lograr que quienes llegaron por la competencia regresen para conocer nuevamente El Calafate.

Mientras tanto, el público parecía tener otro objetivo inmediato: conseguir un vaso de chocolate caliente. Las filas crecían alrededor de los puestos de bebidas apenas terminaba cada prueba, buscando recuperar algo del calor que el frío patagónico se llevaba.

Con más de 700 personas entre familiares, trabajadores y organización, la Winter Swimming World Cup se convirtió por un día en un punto de encuentro para deportistas de todo el mundo. Cuando cayó la tarde, los festejos comenzaron a apagarse. Algunos revisaban sus tiempos con una sonrisa; otros analizaban, decepcionados, los segundos que los habían separado de un mejor resultado.

Poco a poco, cada uno volvió a subir a la combi en la que había llegado esa mañana. El camino de regreso fue el mismo, aunque ya no parecía igual. Atrás quedaban el agua helada, los gritos de la largada y el Perito Moreno como testigo de una jornada en la que el frío dejó de ser un obstáculo para convertirse en el gran protagonista.

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