Por Paz Moral
Ella está lista en la línea de 23 metros. Espera que el árbitro dé la señal para convertir el penal australiano. Es el último. Si anota, Argentina es campeona del mundo por tercera vez en la historia. Suena el silbato. Corre hacia el arco. Entra al área. Va para un lado y para el otro. Con mucha tranquilidad, deja desparramada a la arquera en el suelo. Y con un remate de derecha, le pega a la pelota para que vaya hacia la red. Se da vuelta y es abrazada por las jugadoras de Las Leonas. Fundamental en una nueva definición, Sofía Cairó.
Elegante, sofisticada, juega al hockey con una templanza admirable. Se desempeña en el Club y Biblioteca Mariano Moreno que milita en el Primera C del Torneo Metropolitano de Buenos Aires. Es el claro ejemplo de que con esfuerzo y dedicación se puede llegar a la élite del deporte.
En la final frente a Países Bajos, fue quien manejó las riendas del equipo. Recuperó con total frialdad ante cada aproximación de las neerlandesas y pasó al ataque con una notable confianza, como si tuviera cientos de partidos en el conjunto albiceleste. De hecho, fue quien hizo la jugada que derivó al séptimo córner corto del encuentro y que más tarde, terminó en el empate de María José Granatto.
Después de la paridad en los 60’, fue la encargada en los shoot-outs de convertir el decisivo, como sucedió dos años atrás en París 2024, en aquel partido ante Bélgica por la medalla de bronce. Porque cuando el equipo la necesita, ella aparece. Es el fiel reflejo de cómo juega una Leona: con garra, corazón y sacrificio.
Con tan solo 23 años, Cairó fue una de las grandes figuras en esta nueva consagración de Las Leonas en una Copa del Mundo ante su histórico rival y de visitante. No quedan dudas que su nombre ya está en los libros del hockey sobre césped nacional.





